19 de marzo de 2026

En Tránsito: El Caudillo.

 


Imagen creada con IA: Gemini.google.com 

 

IV.

Ramiro Camelo Prada nació en Bogotá, un diciembre lleno de lluvia y detonación de bombas en el centro de la ciudad, una época violenta en la historia de Colombia que por sugerencia de analistas y politólogos, era mejor no nacer. Cursó sus primeros años de educación en el Liceo Asociado de Bogotá, una cooperativa de maestros que pretendía enseñar desde el ejemplo y más allá de la teoría de Freire.

Terminó sus estudios bachilleres e inició ingeniería civil en la universidad católica a la que asisten los ciudadanos de bien, los becados y a veces los desamparados, allí conoció diferentes amistades y romances, todos culminando con el desespero de huir del país, en especial durante los primeros años de la década del dos mil cuando las torres gemelas dejaron de ser una referencia geográfica y se convirtieron en un hito histórico.

Con la campaña presidencial de 2010 logró un puesto de trabajo a sus jóvenes veinte años, allí desempeñó labores de coordinación de cuadrillas de voluntariados en la zona sur occidente de Bogotá, hasta crecer en el absurdo mundo de la política y ser un referenciado congresista electo en el año 2026.

Se hizo elegir con la promesa de mejorar la calidad de vida de quienes no tienen tiempo para pensar en la vida, incluso propuso control político a través de herramientas tecnológicas para controlar a los políticos que patrocinaron su campaña, algo coloquial en el qué hacer de la vida electoral colombiana.

Finalizadas las votaciones el pasado 08 de marzo, inició una gira de agradecimiento a sus respectivos votantes (cuadrillas), desde la Guajira hasta Nariño. La primera parada sería en el Valle del Cauca, algo romántico y jovial.

Sus ojos negros como una promesa y su cabello crespo como una idea, fueron quizás el atributo más atractivo para enamorar a dos lideresas de la comuna 22 de Cali, atributos respaldados por el sello del partido político de oposición y la chequera del clan de militancia.

El martes tomó vuelo para iniciar la gira por el sur del país, además de saldar deudas, necesitaba comprometer liderazgos. Llegó a Cali a las 08:45 de la mañana siendo recibido por un cielo despejado y un clima fresco, lo suficiente para un visitante del centro del país.

Acompañado de un asesor de comunicaciones y una asistente de tareas varias, solicitó un servicio de Uber en el aeropuerto, había agenda que atender desde mediodía en el hotel Hilton y la distancia demandaba premura.

Una camioneta de alta gama pasó a recoger al electo senador y sus dos acompañantes, Augusto Bejarano Moreno era quien conducía, con gafas oscuras cubría sus castaños ojos, una sonrisa de mármol y brazos gruesos de piel morena daban la bienvenida al equipo. Ramiro le saludó con desdén si quitar la vista del teléfono móvil, César Andrés, el asesor de comunicaciones saludó con voz baja con algo de pena, Valeria, la asesora de oficios varios encantada con la apariencia del señor conductor dejó fluir un saludo coqueto y sonriente.

En total silencio avanzaron por la avenida principal en dirección a la ciudad de Cali, el electo senador revisaba en su teléfono mensajes de sus diferentes grupos de apoyo, uno de estos llamaba su atención: El partido de gobierno ganaba dos curules más en el Senado.

Con preocupación empezó a observar que en el grupo de chat de sus copartidarios se agitaba la discusión por la posible pérdida de votos en ciertas mesas de la capital, comenzaban las acusaciones de un lado a otro intentando resolver la métrica electoral con stickers y grabaciones de audio sin trascendencia.

Ramiro dejó salir una palabra obscena con tanta furia que el joven Augusto se sorprendió perdiendo levemente el control del vehículo, detrás de este un intenso conductor avanzaba transportando pasajeros en una buseta clásica modelo 89, curiosamente, el mismo año de nacimiento de Ramiro.

Augusto Logró frenar con precisión y buscó una de las orillas de la vía para salvaguardar el susto, pero quien no daba espera era preciso el viejo conductor de la Empresas de Buses del Sur, un caballero de madura edad y muchas frustraciones camufladas en el volante.

El siniestro fue inevitable.

El golpe dejó volcada la camioneta en la que Augusto transportaba al Senador Ramiro y sus dos acompañantes, el giro al momento de estrellarse lastimó a Valeria contra la ventana y a César Andrés contra el espaldar de la silla de enfrente. Ramiro quedó ileso, premio al uso correcto del cinturón de seguridad.

Detrás de ellos un bus color azul quedó volcado de lado, dejando catorce pasajeros heridos y un fallecido, el conductor.

Una ambulancia llegó al lugar de los hechos alrededor de las nueve de la mañana, de ella bajaron dos paramédicos con mirada tenue y un cansancio en el alma que nadie podía adivinar. Estaban de luto por lo ocurrido con sus colegas al sur de la ciudad.

En la cuenta de X de un periódico local comenzó la persecución de seguidores con un confuso titular:

“Electo Senador del partido opositor causa accidente en la vía Aeropuerto – Cali, dejando más de quince heridos y un fallecido”

AV.

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