25 de julio de 2010

Alas del Caribe




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Siempre emprendemos un viaje con alguna intención o motivación guardada distinta a la original, para esta ocasión como cualquiera de los viajes de corte académico que he emprendido, siempre el deseo de reconocer el territorio me ha abrazado con más afán que el mismo deseo de aprender, y es precisamente en ese sentido que para esta ocasión un buen viaje siempre va acompañado de una bitácora que respalde lo vivido y aprehendido, sin embargo, más que una bitácora de viaje se ha decidido realizar un encuentro literario entre lo vivido y lo literario, jugar a estar.

Los viajes siempre van acompañados de soledades personales. Siempre me he caracterizado por emprender caminos de manera independiente, recorrer las calles a mi modo de ver la vida y alejarme en lo posible de aquellos formatos de turismo que recomiendan las oficinas de cultura o la prensa escrita. Al igual que cuando inicias la lectura de un libro, los viajes siempre se deben arrancar con la expectativa de una historia por conocer, una trama por construir a base de cotidianidad y un amor por el vuelo de la imaginación.

El Caribe colombiano no es la excepción y más que una tierra costera y con riqueza cultural es, a palabras de algunos pensadores, una nación diferente en la que se tejen las historias de toda una nación, una tierra distinta en donde a pesar de conformar el territorio nacional es a su vez otro mundo lleno de aquella magia que tanta tinta le permitió a los literatos producir.

La primera consigna en estas experiencias es ser fiel a las convicciones, no permitir que los principios caigan en la ambigüedad del turismo o en la seducción del comercio, sólo pertenecer y estar, aprender a inmiscuirse sin interferir aquello que nos recibe. Muchas son las lecciones que se traen de regreso a casa, las posturas de vida y las lecciones soportadas. Un enorme viaje literario donde el libro más importante estaba compuesto por una tapa de océano y unas páginas asfalto.

Una importante tarea llevaba consigo esta partida: Reflexionar y reconsiderar, estudiar y evaluar, observarnos en el espejo de la soledad esa sumatoria de hechos que se deben consensuar entre razón y corazón, darle un nuevo aire a un camino de vida que ya este año cumple su vigésimo séptimo aniversario. Construir el carácter que se ha forjado y darle más herramientas de peso para el proceso de alquimia y orfebrería, para la vida y la muerte.

Curiosamente lo primero que conocí del Caribe Barranquillero no fue su tierra, por el contrario, el primer contacto visual directo fue con las nubes, atravesar los cielos y observar desde la ventanilla del avión cómo desde los aires se ve la virginidad de tierras y el dolor de predios, como el brazo del Magdalena y la cintura del Atlántico se aferran a una curva de tierra ceñida por la nostalgia de los hombres. Observar desde una ventanilla un azul lleno de profundidad, tan claro, tan lejano, tan propio del pasado, un azul que quiere ser reconquistado con letras y canciones, un azul que no se hace proclamar sucursal o embajada, pero que lleva toda la realeza de miles de años en un soplo de vida dispuesto a dar vuelo a las alas de la imaginación, a un Caribe que parece más una galería que un lienzo.

El Caribe no es un lienzo dispuesto a ser dibujado por amores y pasiones culturales, es en todo el sentido de la palabra una galería llena de vida y de arte, de sangre y contaminación, de placeres y curiosidades, de sal y de asfalto, de hombres que aman a las mujeres y mujeres que mandan a los hombres, de una tierra que ha aprendido a olvidar para no sufrir, ha aprendido que el mejor color para una obra no es el azul del cielo que lo observa desde arriba sino, el invisible y transparente color de una cultura que le protege de todo rencor y dolor.

Mi primer contacto fue con el cielo despejado, y casualmente, el que necesitaba observar: Un territorio en el que se me invitaba a alzar las alas y dar vuelo a la imaginación, luego, al llegar a tierra, sería pues el momento de dar alas a la razón y el corazón.

AV

3 comentarios:

Juanma dijo...

que bueno tenerlo de vuelta... y espero podernos sentar a escuchar mas historias de tu aventura caribeña...

Anónimo dijo...

Primero, q buena portada, (foto, cuadro) digna de su presentacion y ahora escrito...
Q hermoso se siente leerte, y al mismo tiempo imaginar paso paso tu relato..
pero supuesto espero leer mas de este corto viaje que haz hecho!!
:)

Anónimo dijo...

.... una tapa de océano y unas paginas de asfalto.... me encanta!!!!!