5 de febrero de 2016

Hay Lugares.



Imagen tomada de: www.easternstate.org
“Saying Goodbye to the Ghost Cats”
Tracy Lynn Kendig (2012)

Hay historias que nacen para contarse como un recuerdo vivido de lo que se podría aproximar al amor. Cuentos que se escriben para reseñar aprendizajes y lecciones que lleven a la reflexión y la contemplación. Discursos inclusive, que derivan en parábolas, que se desquitan de la ciudad en imaginarios sociales. Hay historias que no contamos porque las relegamos a la fantasía, las dejamos en el armario y allí, encerradas junto a los cadáveres las silenciamos, porque nos da miedo, porque no las entendemos, porque nadie quizás nos las vaya a creer.

Hay lugares que tienen su magia, encantadoras plazas donde nacen los primeros versos de un poema, pasillos que en su silencioso espacio son confidentes de murmullos de oficina, bancos que en sus filas reseñan las anécdotas de infieles y testarudos, sillas de cafetería, de transporte público, de salas de espera, eternos lugares para convidar recuerdos y anhelos, escenarios de lo real donde lo ficticio se vuelve elocuente al unísono con el aburrimiento.

Existen canciones que narran esas historias, que detallan aquellos lugares o re inventan la magia de la palabra en arreglos musicales que dan felicidad o eterna tristeza a todo cuanto se vive o rememora. Vivimos de imaginarios sociales, de contarnos delante del otro esa necesidad de experimentar sus cuentos.

Aquellas historias que no son contadas por lo general salen a la luz en espacios de intimidad, en susurros de una noche de copas, en residencias lejos de lo urbano, en paseos de encuentro con la naturaleza o en el diván de un profesional de la salud mental. Historias que nos dejamos convidar porque el morbo es más poderoso que el miedo, porque lo desconocido nos hace cómplices cuando hallamos empatía en el sufrimiento o placer del otro, en el modo en que nos narramos lo que callamos.

Desde siempre he tenido cierta sensibilidad a estos encuentros, a estos cuentos, a los misterios del discurso hecho poesía urbana, a las banalidades de un cuento mal contado, a los miedos de un closet cargado de brujas y demonios, de duendes y aparecidos. Historias acompañadas de rock, de baladas, de salsa romántica, de vallenatos, sin importar la edad el cuento persiste.

En alguna oportunidad conversamos de ello en este espacio de lectura, otras aún siguen en vigente construcción y las demás por lo general terminan en ficciones y relatos , en todo caso son historias que rematamos con un poco de locura para darle placer a las palabras que rebuscamos para hacerlas entendibles, de algún modo, nos sentimos atraídos por el peligro y la estupidez, no es que sea vano dejarlo en plegarias y dogmas, pues también aprendemos a convivir con los mitos y los hitos, con los retos de la conciencia y lo espiritual, lo ininteligible.

Con algunas amistades hemos sido testigos de situaciones paranormales o científicamente indemostrables, poéticamente expresables y visceralmente sensibles. Con otros hemos tenido cierta flexibilidad espiritual (?) y en el resto de los casos, hemos sido total víctimas de la mente y la realidad, dicotomía de la locura.

A lo largo de los años uno aprende a convivir con tales hitos, pero siempre llega una situación sorpresa que cambia el paradigma o remueve vísceras, por lo general son situaciones en las que es mejor guardar silencio y hacer memoria para saber si se identifica algo en especial o, casos en que es mejor prestar demasiada atención por si se trata de una nueva etapa de exploración indeseada (?)

Los hospitales son los escenarios por preferencia aptos para la aparición o inspiración de este tipo de material anecdótico y esta semana no fue la excepción. Por razones que no vienen al caso no entraré en detalles pero mi padre se encuentra en la unidad de cuidados intensivos desde hace algunos días, producto del tratamiento ha sido sedado para evitar complicaciones de algún tipo, así pues, mi madre y yo hemos turnado nuestras jornadas para ir a visitarle y cuidarle mientras siga en la clínica.

Esta mañana al llegar al lugar de los hechos mi padre me recibió con la sonrisa que lo caracteriza, comenzó a quejarse de todo (propio de un señor de su edad) hasta que inició la narración de unos sucesos que al finalizar no tuve más opción que considerar a) “Que traba tan hijuemadre la que le dio el medicamento” o b) Que sueño tan bárbaro el que tuvo” que viene siendo casi lo mismo que la opción a.

Conversamos por largo momento en medio de las incongruentes frases hasta que fijó su mirada y me señaló: “mire papi lo que llegó” haciendo referencia al techo de la habitación, justo en la entrada. No vi nada y tampoco entendía que trataba de decirme. - “¿no lo ve?” - me preguntó insistentemente, preocupado de que yo no lo viera o le creyera lo que me decía. Por supuesto que no, y ante mi respuesta hizo un gesto de sorpresa, como si se diese cuenta consigo mismo que algo no andaba dentro de lo normal.

Nunca me dijo qué o quién era (cambió el tema con prontitud). No supe de qué se trataba. 

En el transcurso del día señalaba personas en el pasillo que no estaban, mencionaba a unas bailarinas que iban y venían, mentaba de gente que ya se iba y que lo esperaban, que llamara al médico para que lo dejara salir, inclusive, al ver frustradas sus intenciones de retirarse de la camilla, se molestaba. Durante toda la mañana estuvo observando sin entender qué era real o no.

Delirios (quizás)

Me toma  por sorpresa porque mi padre jamás ha sido una persona de creencias o sensibilidad a estos temas tan volátiles, pero las miradas no mienten, el lenguaje corporal tampoco. Verle en ese estado (acuso también a la opción de los sedantes y medicamentos, pero no del todo) y convencido de la presencia de lo que no se podía observar era a mi juicio una señal de algo que jamás entenderé.

Hay historias que nacen para contarse como un recuerdo vivido de lo que se podría aproximar a anécdotas o cuentos chinos, historias que no contamos porque las relegamos a la fantasía, las dejamos en el armario y allí, encerradas en la memoria junto al silencio las vamos desdibujando porque nos da miedo, porque no las entendemos, porque nadie quizás nos las vaya a creer.

Hay lugares con sus propias historias,

                                                                           

                              … sus propios personajes.

AV


(seguramente continúa)

31 de enero de 2016

Sin Título (Hoja en Blanco)



Cat Portraits by the artist: Gail Bartel (2008-2016)

Hay días en que pasamos el tiempo pensando en los menesteres pendientes, en lo difícil que se hace aterrizar una idea y darle forma en una hoja en blanco, días en que la presión del tiempo es más fuerte que la confianza en uno mismo, momentos en que dejamos que el tiempo se desperdicie en pensamientos etéreos  y no en pensamientos constructivos, en ideas que aporten o acciones que permitan dar forma a lo que solo existe en la mente. Este es de esos días.

Suceden ideas una tras de otra pero ninguna con fines de quedarse en algo concreto, se disipan los temores pero a su vez, se desdibujan las seguridades, caemos en una espiral intermitente de ansiedad y confusión, días en que nos dejamos vencer por la hoja en blanco, no es que sea una aproximación a la literatura o una labor de reflexión, es digamos, un compromiso de crecimiento profesional el que se estanca en esa página desnuda, compromiso que se quiebra en el vacío de las ideas, la nulidad de las voces perdidas.

Las preocupaciones aparecen como telaraña en casa abandonada, se van corrigiendo a sí mismas para alardear de sí, se ubican en cada rincón y van consumiendo cada optimista impulso que exista en el interior. Preocupaciones que se van guardando en tiempos justos hasta estallar en sí, nos corroboran su placer por la hoja en blanco, por la historia no escrita.

Nos frustramos un poco, pero también nos desnudamos ante la insensatez del deber incumplido, nos doblamos en una constante duda, salimos en defensa de nuestro silencio y disimulamos al mundo el sufrimiento que se carga; disipamos las ideas en frascos vacíos, llenamos de tinta la pluma, dejamos en blanco a la hoja.

Cargamos nuestras mentes de culpas y acumulamos los fracasos o pendientes del ayer con el reciente, dejamos que como bola de nieve aumente el sentimiento, como la leche que se riega cuando hierve, como la espuma que sube cuando se calienta, como las mentes que se apagan cuando estallan los dolores y las imperfecciones.

Somos seres de costumbres, la culpa y la indignidad se impregnan, se aprehenden como un imán a la nevera, le damos sentido a lo bello aun a sabiendas que es precisamente lo bello lo que nos deja en muda sincronía; espacios vacíos que se rellenan con sentimientos insensatos, que se acumulan como polvo bajo la alfombra, que se desdibuja como la humedad en las ventanas un día lluvioso de verano.

Duele, pero no se sabe que ocurre.

Nada se escribe. Solo el silencio se percibe, el aroma a cigarrillo ronda por la habitación y sella en ella los recuerdos de la memoria. Difícil es además, cuando de la culpa nace el resentimiento y en él el instintivo deseo de auto-agresión, la complejidad del alma por las oportunidades perdidas o desperdiciadas, por las emociones desechadas y claro, las expectativas frenadas.

Nada se escribe, ni un título o rótulo, queda todo en el vacío dando de sí vueltas y vueltas, como el perro que quiere morderse la cola, dando vueltas en un mismo espacio sin pretender lograr algo. Se convierte tedioso soportarse a uno mismo, pero más tedioso es dar cabida a todos los seres queridos en un mismo silencio y pretender que a todos se les debe de sonreír sin siquiera intentar explicar lo que por dentro ocurre.

El poeta es un mago que descubre la sensibilidad del mundo en un papel sin exponer la suya, un incendiario que construye su propia casa en las ideas para quemar en un escrito sin publicar. 
El poeta a la final no es más que eso, un fabricante de poesía que desdibuja lo que para otros puede ser simplemente una anécdota o un deseo.

Un mundo lleno de letras donde en ocasiones estas no se juntan para dar un final legible, un universo comprendido por miles de historias y experiencias, de ideas finitas, de religiones y canciones, un cosmos que trae dentro de sí la dicha resuelta que los malaventurados buscan en las calles.

Una casa gigante, amarilla, con patio trasero, una reja verde, en otros tiempos de color azul, un recuerdo en la casa grande, la casa amarilla. Las hojas secas cayendo sobre el pavimento, el niño que observa sobre la ventana. Solo estos recuerdos aparecen de manera fugaz, nada y mucho que ver con la necesidad de producir escritos académicos o profesionales, nada que relacionar con poesía o literatura, solo reflexiones.

Solo aflicciones y desencantos.

Palabras vacías;

... hojas en blanco.

AV


26 de enero de 2016

Cuestión de Nostalgia (I)




Imagen tomada de: https://s-media-cache-ak0.pinimg.com/236x/98/24/1a/98241a860b827620b2bcedbd0910be72.jpg 


A partir de la nostalgia comenzamos a construir un nuevo mundo donde no caben ni los estereotipos sociales de la buena educación ni mucho menos las exigencias de ley con que se acostumbran a formar a los empresarios y ejecutivos del mañana. Las escuelas de negocios (mal llamadas Administración de Empresas) comenzaron a cambiar el modelo de enseñanza, los llamados clásicos siguieron siendo clásicos pero ahora las teorías administrativas del mañana (realmente del ayer) comenzaron a fijarse en temas propios de las ciencias humanas.

Preocupaciones como el discurso gerencial, la apariencia física del personal, la identidad con los productos de la compañía (y no con la empresa en sí), el cambio en las modalidades de contratación (tercerización) y una fuerte desregularización del empleo invocando al neo empleado a ser su propio jefe o emprendedor, han dado a que la administración de negocios sea ahora un asunto cada día más propio de las ciencias sociales y la estrategia y no de las ciencias de la organización. 

Quizás es una visión que recoge en gran medida las decisiones de urgencia que en la década de los noventa se tomaron en gobiernos morosos en América Latina. La esencia del endeudamiento pasó al discurso de lo cotidiano y se convirtió en un ejercicio “snobista”, se lograría a llegar ser persona aquella que recibiese un crédito financiero.

Preocupaciones que tienen más de nostalgia que de revolución industrial. Es menester entender que tanto las preocupaciones gerenciales como los cambios en la contratación y los asuntos organizacionales dejaron de ser labores de la industria, pasaron a ser secciones de jefaturas administrativos, luego a ser sectas de profesionales de la psicología y por último pero no menos importante, son interpretaciones culturales donde los Politólogos, Sociólogos y Antropólogos comienzan a definir el perfil de las organizaciones transformadas. Cuestión de Gestión Humana que llaman.

Es una nostalgia que pesa además porque quienes están ahora en cargos ejecutivos y gerenciales son precisamente aquellos que vivieron su infancia (real infancia) bajo el Ojo de Thundera, bajo las ocurrencias de un conejo burlón como Bugs, bajo las acciones violentas de grandes pensadores como Stallone, Willis, Schwarzenegger o modelos ejemplares como Basinger, Kinski, Kelly Lebrock, Shiiffer, Fox o inclusive la eterna Amparo. Se trata de una nostalgia que en la década de los 80s fue marcada por la calidad de productos que hoy son ley del mercado. ¿Qué ha ocurrido? Quienes toman las decisiones en el presente sabe que su poder adquisitivo no es ajeno sino que les pertenece a tanto nivel que su egoísmo se convierte en una política de consumo.

Tanto el desarrollo tecnológico como el desarrollo de identidad deben de derivar en el individuo, su rol individualista será premiado por el consumo popular y con ello el mercado tendrá cada vez mayores segmentos o nichos de atención. Las legiones del cine, las series de televisión, las marcas de ropa que ya no existe o modelos de zapatería o estampados que no volvieron son tendencia en los últimos 5 años a raíz de esas decisiones gerenciales. El teletrabajo que fue tendencia en la década de los sesenta retoma ahora su lugar, porque es más importante la independencia productiva del empleado que el gasto que genera su presencia en una planta física.

El individualismo se toma las mismas formas de realizar las transacciones comerciales y relaciones de mercado. No hay tiempo para reunirnos, pensemos solos y aprobemos propuestas por videollamada o chat. Si nos reunimos, que sea para firmar o para decir adiós. ¿de dónde viene este modelo? ¿Suena algo familiar?

La urgencia de la guerra en el cine y la televisión daba la representación rebelde que la música respaldó desde finales de los setenta, las crisis económicas que no dieron a familias funcionales un lugar al padre y la madre en la mesa del comedor sino, que el televisor de la sala fue la base de la educación. Niños que odiaron el ausentismo y ahora de adultos detestan las multitudes, porque reaccionan a la ausencia con rechazo. Jóvenes que en el cine de terror, acción, ciencia ficción y comedia desahogaron emociones y construyeron líderes, fanatismos, son los coleccionistas del hoy, los productores de sus propios deseos.

El mercado debe de esperar, porque cada vez menos colectiva será la manera de relacionarnos cuando los jóvenes de ahora sean gerentes. O dicho de otro modo, los cargos gerenciales serán removidos y solo tendremos sujetos con nombres propios. El discurso ampliará sus explicaciones a las marcas y productos, no al sujeto que los diseña o comercializa. No importará quien tome las decisiones o qué día habrá junta de negocios.

Quizás la nostalgia es la base de todo porque una sociedad que reprime su consumo es una sociedad que rechaza con fervor las ideas “innovadoras”, pero en esa lucha de Innovación y Nostalgia ambos extremos salen ganadores porque ambos comienzan a generar valor en la comunidad, pero en el medio se queda el modelo gerencial estandarizado, el del jefe, el del gerente, el de recursos humanos, el de los horarios de entrada y salida, el de las prestaciones sociales. Ese modelo, terminará por asfixiar a quienes temen por emprender (o desregularizarse), terminará por quebrar una burbuja de relaciones comerciales (guetos), se someterá a nuevos mercados intentando absorberlos sin darse cuenta que ya están sometidos.

Todavía existen empresas que prometen ascensos.

Todavía existe la nostalgia.


AV

23 de enero de 2016

Fronteras, Monumentos y Canciones.



Imagen tomada de: http://nabi767.deviantart.com/art/Nabi-still-in-the-Night-Forest-572328388 
Nabi (still) in the Night Forestby.
Traditional Art / Drawings / Illustration / Storybook
©2015-2016 

Las canciones son fronteras para el corazón, felicidad armoniosa que llega con trova y bebidas que le acompañan. Las canciones son musas que sirven a quienes buscan en el amor un camino para la vida, musas que alimentan los argumentos y le dan vocabulario al silencio que escapa lentamente de soliloquios y muecas cobardes.

El mundo es lo suficientemente amplio para comprenderle por su dimensión misma de divinidad y banalidad. Es una frontera constante de moralismos y argumentos, de explicaciones sobre lo invisible y lo increíble, de reiteradas frases de pensadores ya fallecidos donde el mensaje siempre reduce al ser humano al deber ser y el comportamiento adecuado. Fronteras donde lo superficial es en ocasiones lo más sensato que se pueda tomar para comprender en sí lo simplista que es la vida.

Los amigos son conocidos que van tomando nombre con la cordura y el paso del tiempo, barreras que se van saltando en la soledad de las ideas y se conjugan en la banalidad de las reuniones cotidianas. Personajes que construyen momentos con las mismas manos con que adecúan recuerdos en vidas pasadas. Son seres eternos, que se desvanecen en distantes compromisos pero que tarde o temprano aparecen de regreso para dar la mano al que la ha soltado.

Los libros se permiten leerse una y otra vez, quizás para acompañarnos a envejecer de manera digna y elocuente. Inventar excusas en historias que se escribieron desde mucho antes de que naciéramos, libros que también han nacido mucho después que nosotros y siguen siendo válidos a la hora de proponernos historias para la vida.

Son viajes que vamos tomando con cautela, porque los libros y los amigos son lo que nos permite comparar lo que se siente con lo que se sabe. Porque el mundo es lo suficientemente amplio como para limitarlo a una sola canción, o a dos, ¿por qué no? Mejor preguntarnos de donde viene lo divino, hacernos hijos en cada madre y cada padre, darnos amor en cada espacio que el olvido conquista, darnos melodías en cada silencio.

Hacernos eternos en lo cotidiano, hacernos amplios en lo idiota que pueden llegar a ser los hombres, esos egoísmos que se olvidan del origen y la palabra, que dan a la cultura un factor más histórico que natural, que hace de las ciudades un territorio habitable y no un actor analizable. Somos así, ajenos a lo que los hombres en sus tiempos han dado a relucir en monumentos y documentos  que a la final ni construyen héroes, ni recuerdan leyes, solo letras y hechos que se redactan según el discurso de los vencedores.

Hacernos en lo cotidiano más allá del esfuerzo y darle prioridades a los sueños. Ser materia y esencia, creer en lo que permitimos creer, darnos la oportunidad de ascender en lo elemental y confiarnos  en cada palabra que nos fue dada con amor. Solemos dar expectativas e impulsos a muchas iniciativas pero a la final olvidamos que el proceso es un eco que merece ser protagonista por igual.

Vienen retos y el  mundo si bien se hace con distancias más cortas sigue siendo amplio a merced de la humanidad, seguimos idolatrando monumentos y documentos, pero poco o nada de personas y momentos. Seguimos construyendo casas sobre sueños en vez de soñar por encima del hogar.

Continuamos forjando nuestras canciones a lo elemental de nuestros gustos perdiendo a diario dicha capacidad de asombro, dejar lo especial en lo desconocido por haber preferido lo amargo de la comodidad. Ser rutinarios, ser confiados, encontrarnos en el espejo y dejarlo allí sin importar si brilla o si se raya.

El ser humano está sometido a múltiples redes de interdependencia, los intelectuales le llaman globalización a dicho fenómeno, otros un poco más filosóficos le exceden a tal fenómeno la confianza misma a punto de definirle como un acto de hipermodernidad, trascendemos en el discurso, logramos abarcar miles de palabras para re interpretar viejas costumbres y necedades.

Múltiples redes de interdependencia que terminan por ser herramientas de construcción de muros y callejones sin salida. Fronteras musicales, ideológicas, de dogma, de sexo, de preferencia electoral y de diseño de marca. Fronteras que terminamos por darles el honroso primer puesto en originalidad en vez de comenzar a derribarlas, pero de ahí lo especial de la dicotomía. 

¿Quién sometería a la humanidad a una banalidad artística llena de libros y canciones que versen sobre las mismas ideas? ¿Quién olvidaría que el hombre no es más que hombre y las banderas no son más que cortes de tela? ¿Quién se pregunta  lo filosófico de los monumentos en vez de lo artístico de las estatuas?

Continuamos buscando héroes, forjando padres y hermanos, tejiendo redes de dependencia mayores a las que habíamos conquistado con el mercado. Terminamos por darle excesos de realidad a lo habitable.

Terminamos por ponerle precio a las musas y al silencio.



AV

22 de enero de 2016

De Momentos y Personajes.




Digital Art / Drawings & Paintings / Animals
©2013-2016 Henkkab.


Llega un momento en la vida en que sabemos qué queremos y como lo queremos, momento en que damos el paso a tomar decisiones importantes y le damos cabida cada vez a menos personas en nuestras emociones y acciones. Momentos donde no siempre la felicidad se comparte con los amigos sino que se guarda para sí, momentos donde el silencio nos marca la pauta y la duda, porque también se aprende a dudar y a fallar ¿quién dijo que para madurar hay que dar muestra de sabérselas todas?

Llegan días en la vida en que dejamos que todo ocurra sin dar parte alguno, situaciones donde vamos mejorando con el tiempo hasta convertirnos en mejores personas, soñadoras, encantadoras, llenas de vitalidad y ganas de abrazar al planeta entero, días en que aunamos fuerzas y mordemos en silencio nuestros labios, dejamos que el cuerpo aguante las presiones de la cotidianidad y seguimos sonrientes ante quienes nos observan, por dentro, de manera casi que natural, vamos quemando calorías con el pensamiento, con las preocupaciones mismas de la vida.

Llegan personajes a nuestras vidas que nos van marcando el paso y nos van dejando enseñanzas. Grandes amigos a los que vamos dando el rótulo de familiar al ganarse con los días y los años nuestro corazón, nos van encantando con sus favores y sonrisas, su naturalidad e interés por nuestras condiciones. Personajes que se hacen llamar amigos pero que a la hora de avanzar solo son pocos los que realmente cargan la responsabilidad de la permanencia.

Llegan momentos en que al día día sabemos lo que queremos, cómo lo queremos, con quién lo queremos. Momentos en que nos vamos dando cuenta de lo importantes que son los sueños y el esfuerzo, de igual manera las caídas y las puertas cerradas. Importantes situaciones que nos ponen en reflexión constante, casi que de manera taciturna nos llevan a la nostalgia de los días pasados; vernos envueltos en grupos y reuniones de toda índole, aprendemos a sacar prioridades y a decidir con quién queremos compartir cada momento y con quién queremos compartir cada pensamiento.

Ha llegado el momento – una vez más – en que se aprende a decir “no”, en que se aprende a hacer el quite  a las malas intenciones, a los malos amigos, a las malas noticias y claro, al mal trato. Etapas de la vida donde se decide con quién no se quiere estar, es más fácil de lo que se cree, querer decirnos a nosotros mismos NO, alejarnos de aquellos fulanos que nos comparten falsa empatía, rechazar esas reuniones o lugares que nos dan incomodidad, ¿por qué debemos de soportar tales personajes o situaciones?

Quizás para algunos su condición laboral le lleva a permear sonrisas por escaramuzas, a soportar malas compañías a cambio de esa estabilidad que se busca para el hogar, allí es de total comprensión – y apoyo – pero en esta oportunidad lo que convoca la reflexión es el entorno social o familiar, nada tiene que ver con las incómodas reuniones o “amistades” que se construyen en la vida laboral, por el contrario, mucho y todo tiene que ver en nuestros espacios íntimos, nuestra cotidianidad, pero ¡ah vida miserable!, aquella que se ha construido si las únicas amistades con las que se cuenta, son las del entorno laboral.

Aprendemos a enamorarnos y a trascender más allá del amor, a encontrar que amor es construcción constante, que escogemos a las personas que escogemos porque son precisamente aquellas las que nos alimentan el alma día a día, pero que así como se ama, se castiga también. Se construye y el sencillo ejercicio de construir trae consigo esfuerzos y sacrificios, entrega, disposición, madurez y mucha seriedad para asumir el control de cada paso que se da – ahora en pareja – ser consultores uno del otro, consejeros, reguladores, amigos y claro, enamorados.

Llegan tiempos en que reflexionamos más allá de lo que nos permite la filosofía, le damos rienda suelta a las emociones y desde ellas es que salimos a la vida a dejar en claro nuestras posturas, dejamos que las intenciones aparezcan desde la pausa del momento y no desde a constancia de las ideas. Somos impulsivos, efusivos, evasivos, egoístas, narcisistas. Somos humanos ¿qué más se puede esperar?

Hemos convertido a la naturaleza en nuestro nuevo universo cultural eliminando de ella toda condición natural, producto de ello, hemos convertido pues a nuestra humanidad en un total conjunto de toma de decisiones que poco o nada se tienen que basar en la intuición, hemos dejado de lado la supervivencia del territorio por el ahora discurso y metodología. Hemos hecho de nuestra condición humana un abanico de métodos y reflexiones, de momentos y personajes.

Hemos olvidado ser recolectores para convertirnos en pensadores.

AV

11 de enero de 2016

Días Nuestros (2015)





El año concluye como los días dejan en sí caer las horas a la noche, las palabras se vuelven elocuentes y los abrazos aparecen de repente en toda escena familiar. Las distancias se acortan y ahora con el respaldo de la tecnología, los mensajes se hacen más allegados y efectivos, se descubren nuevas ansiedades y se renuevan miedos, las promesas de año nuevo se caen en el pavimento con el transcurrir de las horas, el nuevo año llega y nosotros aquí, viéndole pasar.

A once días del  nuevo año comenzamos por ver que la rutina se torna más real, que regresan las horas de antes y del mismo modo nos dejan sobre el escritorio los pendientes de esos meses que dejamos escapar. 
Pasadas dos semanas es que nos vemos dibujados en recuerdos de aquello que no se cumplió de año inmediatamente anterior. Imaginarme a golpes en cada día del año, en cada preludio, en cada obsesión, en cada rabieta y sonrisa.

Ver el año que terminó con la lupa del día once de año siguiente, como si los primeros diez días hubiesen sido un mero formalismo del descanso y la procrastinación, o por qué no, de la mera irresponsabilidad de la pereza y la rebeldía.

Rebuscamos frases célebres o aforismos para dar mayor importancia a nuestras tardes en redes sociales, nos desubicamos con las canciones de cada momento y balbuceamos en esas tareas pendientes, bueno, aquí mi tarea pendiente de iniciar de nuevo.

Un enero que llegó con regalos del sur de la Florida, enero en el que los amigos se reunieron y destaparon sus emociones, enero en que en un pic nic cerca al museo de arte moderno vimos pasar la tarde, dejamos los regalos al costado y renovamos el beso de amor que tras 21 días habíamos dejado en pausa. Un enero donde finalizaron los miedos de año anterior y comenzó por dejarse conquistar por retos que el mismo año quince daba en silencios pausados. Un enero donde conocí a Melissa.

Febrero insensato y casual, febrero de aprendizajes, febrero con sabor a queso y a plátano verde, al calor del río Atrato. Un febrero de suspiros y sueños en pareja, de empezar en casa de nuevo, de dar clases en donde siempre se quiso estar, donde siempre se pudo soñar. En marzo nos hicimos amigos de Fiona, una sencilla señorita de ojos grandes y ladridos fuertes, un marzo además que dejó consigo las flores de la amistad a piel, un marzo donde cumplió años el hombre más viejo de mundo, marzo donde nos fuimos encontrando en la crisis hasta hacer parte de ella, hasta inundarnos en las metas de otros y entender pues, que a esas metas es que no nos debemos de someter.

Un marzo des-complicado hasta llegó abril, un abril cargado de pésimas películas de terror (cortesía de Diego Alejandro),un abril en el que nos enamoramos más y más, porque el amor es una institución que se construye día a día, un sentimiento que se conserva en el más frágil de los elementos de la vida, un concierto de El Buki en Cali.

Abril de chikungunya, abril del cumpleaños del mejor de los amigos. En mayo nos decepcionamos de las oportunidades y abrimos paso a la fuga, mes en el que me aparté de las malas administraciones y decisiones permeadas por la avaricia y la celebración indebida de cargos, un mayo en el que los amigos nos unimos para tomar decisiones pero que a la final fueron las más egoístas decisiones las que se quedaron en su lugar.

En mayo todo comenzó de nuevo, nos alejamos de algunos, de otros tomamos la certeza de darles un segundo plano, a otros, el mismo viento se los llevó hasta desaparecerlos del panorama cotidiano. No fuimos a Bogotá  porque nos dejó el avión pero viajamos a Sevilla, primero a Tulua, así sucesivamente fuimos llenando los compromisos del amor hasta hacer frente a la familia de la mujer amada, me presenté ante mis suegros y cuñados, ante mi nueva familia.

Vimos el concierto filarmónico de Star Wars, conocimos a la princesa Leia más joven de esta galaxia.

Junio es hermoso porque los amigos se unieron en otro importante evento, en una ronda de canciones que terminaron con todo el amor del mundo alrededor de un pastel de corazones, un junio que dejó consigo libros y más libros (cortesía también de Diego Alejandro), un junio en que terminamos una tesis para iniciar otra, un junio en que el amor llegó a su año nuevo. Jugamos bolos, jugamos Bingo, jugamos a escapar, jugamos hasta la última noche del mes.

Julio gallardo e infantil, conocimos a los Minions y con ellos nos motivamos a comer tres cajitas felices porque eso es lo que hacemos los amigos, vimos Pixeles juntos en el cinema, porque eso es lo que hacemos los amigos, salimos a tomar el té y claro, salimos a bailar con las primas de Rita Shirley. River Plate campeón de América.

En agosto tomamos juguitos en Japy, Diego Alejandro llegaba de  viaje de Ipiales y  la señorita que vendía los jugos prometió llevarlo a conocer Caleñas la próxima vez que viniera a Cali. Agosto lleno de música, de cerveza, de rock & roll. Jugamos Monopolio, comimos sobre-barriga y festejamos el milagro de la vida, el triunfo de una nueva etapa. Iniciamos semestre en la universidad pública, viajamos a los años 20 y retomamos la docencia ahora en la universidad claretiana.  Los Guayacanes florecieron llenando de color la ciudad.

Volvimos al río Atrato, festejamos en Bandola, jugamos Risk por primera vez en años y dimos adiós al mes con la mejor de las intenciones hasta que llegó septiembre.

Negro como el olvido, como las sombras que traen consigo dudosas intensiones, septiembre de cumpleaños de amigos, pero también de malas noticias para la salud  familiar. Septiembre de visita del Papa a Cuba y de Aterciopelados a Cali, septiembre del Caribe Funk, septiembre de los Vargas y los Higuera, de terminar experiencias y aprender de otras vidas.

En octubre festejamos la vida, vivimos la sonrisa de mis padres, subimos a 32° y con los mejores amigos sonreímos en cuanta selfie dibujamos en la red, leímos a Stephen King, comimos hasta más no poder y esperamos una lasaña que solo en diciembre llegó. Un octubre que me acercó a las nuevas amistades que El Buki me regaló en el año quince, amistades como Karen Melissa y Felipe, el mismo señor Jesús Trujillo y los pequeños anfitriones de la ruta 66.

Encontrar de regreso a Sammy, comenzar a tomar café en una taza especial, llevar cosechas a la casa, viajar por el Quindio y cerrar noviembre con otra visita al río Atrato.

Los mejores atardeceres del año los viví en el Chocó, pero los mejores atardeceres del año los compartí con mi amada en las calles de Cali, Palmira y el eje cafetero, hasta que la quise enamorar un poco más, hasta que en noviembre decidimos juntos amar nuestras noches.

Llegó diciembre y ya estábamos estrenando un nuevo hogar, llegó diciembre y dejamos de contar historias para vivir de pleno, llegó el episodio séptimo de “Star Wars”, llegó el momento de reflexionar.

Llegó enero y en otra oportunidad reflexionaremos sobre lo que fue diciembre y enero, y qué mejor tarea pendiente que continuar escribiendo, qué mejor inspiración que recopilar lo que se robó el silencio.

Lo que quedó con el atardecer.


AV.

11 de noviembre de 2015

Antropología, No.





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Esta semana de viajes y deberes, tuve la oportunidad de reunirme con la Decana de la facultad de humanidades de una prestigiosa universidad. Conversamos de lo bueno y lo malo de la democracia, de los retos de la región para con la comunidad y claro, del reto que la academia asume a diario con la política.
Vimos de reojo el resultado de las elecciones recientes y con ello comprendimos que gran parte de la población está aun permeada por los vientos del miedo y el costumbrismo político, no sabemos si se trate de un caudillismo con rejo o si por el contrario, es una apatía elevada la que legitima a los pocos que salen a votar por los mismos de siempre, como se expresaría mi madre o mi abuela cuando este tema sale en la mesa.

Abrimos el panorama a todo tipo de debates, desde la inter-culturalidad hasta la banalidad misma de los informes que el Ministerio de Educación demanda a sus instituciones de educación superior.

Recordé a modo de anécdota aquel tiempo en que ejercí mi labor profesional para la realización del registro calificado de una universidad privada en el sur-occidente del país, le compartí mi visión de las exigencias que con decoro realizar el Estado a sus universidades, de cómo un buen plan de trabajo y una seria estrategia pueden servir de base para obtener sin mucho sufrimiento la aprobación en el proceso en mención. Más con satisfacción que otra cosa, explicaba a mi compañera de mesa de la importancia de lograr procesos y dar importancia a todos los detalles, en especial si de certificar a la institución o al programa se tratase.

Pasamos la página y ella comenzó a compartirme un poco de su vida, mencionó su profesión y luego la posterior formación en posgrado que tuvo. Coincidimos en una universidad y de un salto recordamos de lo bueno y bello que es ser de la estirpe de Javier, de cómo una identidad nos forja como hermanos y nos comprometemos en ayudarnos en cualquier camino que la vida nos encuentre.

Proseguimos en la reunión – de la manera más informal del mundo – y comenzamos a revisar la propuesta de formación académica que de mi parte se había entregado el pasado mes de septiembre. Fue grata la respuesta, gustó y convención, tanto que se dispuso el debate a revisar la viabilidad o no de subir de categoría el documento y convertirlo en un proyecto de formación en Posgrado. Ahí comenzamos a deshuesar al humano que todos llevamos dentro.

En primera instancia dialogamos sobre la urgencia de comenzar a crear programas de Maestría en la facultad para con ello mejorar las posibilidades de alcanzar una acreditación institucional, sueño que toda institución de educación superior tiene, y para esta oportunidad mi propuesta académica caía a la perfección, ¡qué mejor que una maestría en temáticas sociales!

Continuábamos la cita, exponía mi interlocutora que crear más especializaciones no sería del todo una buena idea pues ya contaban con 2 programas de especialización en una facultad que tiene pocos programas de pregrado, lo mejor sería ir por la senda del Magister, si bien el interés rondaba por las ciencias sociales, no hallaba aún una ciencia que le respaldara la idea misma de crear el programa y al llegar mi propuesta comprendería pues, que el reto estaba en las ciencias sociales y las ciencias administrativas como un híbrido de herramientas y conocimientos.

De mi parte todavía no concebía que un decano de una universidad dictara tal propósito como un tema rutinario de agenda, quizás mi condición de consultor externo me daba esa idea o tal vez, mi desapego con la región me permitía entender la falla de tal caso, pues se buscaba más un programa por cumplir un mercado que una propuesta que respondiera como tal a la región.

Las reflexiones son necesarias y con ellas el debate académico, siempre abiertas las posturas a cada caso y si no hay caso, pues dejar que fluya entonces el argumento por su propio cauce, a la final cada intento de razón cae en otro intento de razón, la ratio cae  pues en una espiral de motivaciones y pocas veces, encuentra en ello nuevas inspiraciones epistemológicas.

Desde el escritorio y con la informalidad de la conversación, proseguimos con el anhelo de posgrado, ahora la decana dejaba en evidencia su interés por una propuesta que sentara sus bases en la Sociología como ciencia social o, en la Comunicación Social como disciplina de reflexión, inclusive girar en torno a las humanidades o preferiblemente hallar un punto de equilibrio entre la gestión y la ciencia y allí es precisamente donde llegaba yo.

Siguieron las vacilaciones y fue allí cuando sentenció la conversación o por lo menos, mi interés por el proyecto: (…) dentro de las ciencias sociales a considerar y viendo los profesionales a entregar a la región, no vemos a la antropología como una propuesta académica viable, pues nadie sabe a ciencia cierta para qué sirve una maestría en esta ciencia.

Guardé silencio, porque eso es lo que hacemos los guapos.
Cerré mi cuaderno, porque eso es lo que hacemos cuando terminamos de prestar atención.
Crucé mis piernas como los doctores de la capital y mirándole fijamente sentencié con una humilde pero muy poco discreta frase: Qué interesante, ¡cuéntame más!

La decana prosiguió su exposición de motivos y fuimos llegando poco a poco a acuerdos y tareas de parte y parte para con la propuesta, permitirnos construir entonces nuestra meta académica y dejar la documentación necesaria para un escenario de trabajo viable para el año 2016.

Al salir de la oficina no terminaba de entender cómo era posible que alguien con tales credenciales diera un no rotundo a la antropología como ciencia, más si de una universidad se trataba, más si la región la demanda, y mucho más si la movilidad académica y estudiantil le permite a cualquier fulano desempeñar su profesión fuera de la tierra que le vio estudiar.

Al llegar a la portería de la institución educativa y como un cómodo aplauso de la vida encontré un monumento que edificaron en los años 70s como homenaje a la diversidad y a la academia, el mismo en su placa conmemorativa expresaba lo siguiente: “(…) Conocimiento en biodiversidad étnica y cultural”

Ironías.


AV 

4 de noviembre de 2015

Otro fin de semana.





Un fin de semana maravilloso como punto de partida de cualquier reflexión. Un fin de semana de compañía familiar, de salir de la urbe y encerrar a la cotidianidad en un amplio espectro de naturaleza y silencio.

Escapar de las calles y los afanes, de las letras del estudio y el trabajo (porque si, ahora soy estudiante de nuevo), de las ventanas que nos muestran el mundo de afuera pero que nos impiden disfrutar porque primero hay que terminar los pendientes del interior. 

Escaparnos de las dudas del tiempo y aprender que cada día trae su afán, que el amor es una institución que se construye y no un sentimiento que surge de la nada, entender que la familia es la más grande de las empresas y la más delicada de las burbujas, que somos producto de nuestra historia pero, es a esa historia a la que le debemos una explicación como hijos, hermanos, amigos y pareja.

Así pues ha sido un fin de semana maravilloso en términos generales, porque se compartió con la familia esa intimidad que la cotidianidad nos arrebata, se compartió el comedor para conversar de los sueños y las metas y no del día a día con sus corbatas e informes. Se compartió el tiempo libre con la búsqueda de lo necesario para hacer del presente una máquina de producir sueños y expectativas, un fin de semana de reflexión, de entender que el amor maternal y paternal es infinito, que lo importante es aprender de las derrotas del pasado, que nuestro presente es ahora, que el amor es la máquina de hacer crispetas.

Como todo en este Blog, hay canciones que nos acompañan cual banda sonora del camino, canciones preferidas o que se ajustan a los momentos que se van dando en las horas, este fin de semana quizás fue el silencio el que nos permitió escucharnos y hacernos una banda sonora a costa de palabras y reclamaciones, con la base del entusiasmo y el amor por el otro. Entendernos como unidad, como equipo, como familia.

Un fin de semana donde abrimos la bóveda para sacar los materiales de los que tenemos hechos los sueños, porque nos llegó la hora de sentarnos a conversar y en un unísono decirnos cuánto queremos que todo ocurra. Soñarnos el Castillo Azul y descubrirnos en la mirada que todo tiene su proceso, que hogar es lo que nace en el alma y no los ladrillos que se apilan en el costado. Pensar a modo de reflexión que el color es lo importante, que no es dejar nada a la víspera, pero que debemos de sabernos esperar a cada momento con su afán respectivo, imaginarnos en el mesón conversando sobre lo que en otra fecha se hacía a la distancia.

Un fin de semana maravilloso por donde se le mire, porque los fines de semana comienzan con viernes y fue precisamente el viernes donde se sintió el afecto y cariño de los amigos, de la pandilla que uno tiene para la reflexión y la diatriba, de esos “zopencos” que están a la disposición de quien les escribe, esos personajes que se juntan en miedos y sonrisas, en querellas y pendientes, de todos y de todo para una misma función: Vernos en la vida progresar.

Un fin de semana para reflexionar – evidentemente – y agradecer a su vez, a los días vividos, clara rebeldía en el despertar, al aire libre en el campo quindiano, en el hermoso paisaje del eje cafetero. Permitirnos recorrer caminos de parques naturales y compartir con los animales, ver peluches y saberlos apreciar, desear, ver el amor de muchas maneras.

Un fin de semana al fin y al cabo donde lo normal brilló por su ausencia, porque en medio de toda la rutina del cariño y el afecto, se expandió la esperanza en una unidad familiar, en una exagerada sonrisa de fantasía. Así es el amor por supuesto, infinito, incomprensible, fuerte, eterno, rebelde.

Fue otro fin de semana, sin duda.

Otra razón para vivir y soñar.



AV

30 de octubre de 2015

Temporadas.



A sad cat by Ruby125.
Digital Art / Photomanipulation / Animals & Plants©2009-2015 Ruby125


Se incendian los bosques y las montañas en Colombia, los valles se están secando poco a poco hasta arder en sed, los Chigüiros no tienen ya quién les cante ni la soledad tiene quien la juzgue. Canciones rodean por doquier las intenciones de buena voluntad para hacer algo que dé real solución a la crisis ambiental.
Crisis, porque no es un efecto natural, da casual reflexión que los desastres naturales no son de origen natural sino, de origen humano. Es octubre de por dios, lluvias e inundaciones al por mayor, lo nuevo son los incendios forestales, lo viejo es la estupidez humana, lo eterno: La voluntad política que no soluciona.

Hoy me levanté más reflexivo que de costumbre, entender en los diarios los cambios por los que nuestro mundo comienza a sufrir y pretender sentir nada es algo a lo que no puedo esquivar en la comodidad de mi silla. Tampoco puedo ser gestor de eternas luchas cuando es la razón humana la que siembra esas mentadas tragedias.

Me levanté reflexivo  y encuentro la normalidad de la prensa en los chismes políticos de pasillo, porque la prensa comenzó a convertirse en una sala de belleza donde se cuentan historias y especulaciones de funcionarios dejando al análisis fuera de toda posibilidad.

Observar en esas noticias que fulano o sutano asumieron o abandonaron, que llamaron o dijeron, que estuvieron o volvieron, que este fue capaz o que aquel no alcanzó a cumplir. Dejémonos de vainas, el mundo arde y la prensa malgasta el papel.

Desde la comodidad de mi silla me dejo afectar por lo que sufren animales salvajes huyendo de las llamas, o lo que sufren los animales callejeros (mal llamados domésticos) con las fuertes lluvias e inundaciones, o lo que sufren los abandonados ciudadanos, los que no tienen techo porque el hogar es la calle. Sentirnos sensibles ante las desavenencias del mundo, frágiles al sentido mismo de la falta de humanidad en estos tiempos de odio y reflexión, porque nadie espera nadie, todos luchan contra todos, sabio es Rodolfo, hijo de Rosario, estúpida es la humanidad que pende de su misma voluntad.

Me dejo afectar porque son tiempos difíciles, no solo afuera donde se sufre de sed o de hambre, también en casa, también en el corazón, inclusive en el armario. Son tiempos de cambio que llegan sin presagios y van derrumbando una a una las ilusiones de un estado de comodidad, cambios que hacen que la familia se una y se atrape en una burbuja de desesperación; Noches que nos hacen reflexionar sobre lo bonito del amor y lo grato que es hacer del mismo, un modo de vida, una religión. Inventarnos sacrificios o abandonar hábitos para construir nuevos mundos, nuevos sueños, darle esa voluntad a lo que nos hace vibrar.

Cambios que ocurren porque la vida es un eterno ir y regresar. Cambios que llegan en forma de amigos, de libros, de tazas de café o perfumes. La felicidad es parte del cambio pero no nos deja exentos de  reflexión ni sensibilidad.
Estamos en octubre y a la mañana de hoy me levanté sensible y con la cabeza puesta en todo lo que aqueja este pequeño  universo, quizás el poder de la música que nos orienta en las emociones, tal vez el malestar en la cultura y juzgar a sus civiles con los rituales mismos del Halloween, quizás entonces, la soledad del alma cuando el tiempo pasa y nos deja sus versos.

Quizás, quizás, quizás.

Me dejo afectar porque ya no puedo pretender ser un infame que sigue por la vida mientras todo pasa, porque soy humano y hago parte de ese defecto al que llamo voluntad, porque me dejo inspirar por lo que duele, por lo que traspasa las escamas, porque las canciones también son egoístas y nos llevan a pensamientos o personajes, a recuerdos o cicatrices, porque la vida misma es un juego de recuerdos y esperanzas.

Es momento de construir y exigir a la vez, a uno mismo, porque no tenemos a quién más delegar la responsabilidad de la vida, la deidad misma de lo humano es nuestra propia conducta, nuestra habitable manera de dar al mundo lo mejor de nosotros, de las reflexiones que imprimimos o publicamos, de lo social que pueda llegar el mensaje, o el grito.

Temporada de dulces, de regalar amor, de abrazar a los que queremos, temporada de cambios, de aprendizajes, de sueños y esperanzas, de amigos y conocidos, de juegos y festivales, de canciones y graffittis, de jardines y estaciones de buses, temporada de cambios insisto, de hablar de cambios pero seguir en la comodidad de la silla, de ver el mundo arder, de ver a la política arder.

De hablar de todo un poco,

… de salir a caminar.


AV