14 de julio de 2008

MISIÓN CUNDINAMARCA PARTE I


Semejanzas y remembranzas, historias marcadas en calores que superan los 30 grados de temperatura, que al ritmo de una cerveza se enfrascan en una memoria olvidada y sedentaria, años que han dejado huella en sonidos urbanos propios de la periferia, de esas calles que son iguales, de esas esquinas que son respetadas por la presencia de una tienda o una panadería, de esas casas grandes que reciben al tiempo como un invitado y no como un testigo o una evidencia. Singular al olvido, he dejado de paso mis verdaderos recuerdos de infancia y mis emocionantes noches de vacaciones, épocas marcadas por la unión de lo familiar, por lo socialmente aceptado y por la soledad compartida con esos extraños que nos ven llegar.

Sin conocer aun la maniobra literaria de García Márquez, ya retrataba como tatuaje en acuarela esas mágicas historias del folclore nacional, esas misteriosas odas que nos encasillan en un largo historial de anécdotas, quizás las mismas que dieron inspiración a esos escritores del magdalena medio. En estos casi 25 años de edad, quizás diez u once de ellos fueron masacrados por la felicidad y pasión de las vacaciones fuera de casa, vacaciones que sirvieron de colchón para enmarcar otra vida, otra personalidad, otros riesgos y otras oportunidades para aprender a conocerme. Si bien somos hijos del tiempo y herederos del espacio, también somos víctimas del olvido, a pesar que la piel nunca olvida.
Extrañas sensaciones empiezan por abandonar mi inconsciente y de manera sumisa comienzan a manifestarse en imágenes o deja vu recurrentes a mi cotidianidad, en ese orden de ideas y es que haciendo caso a mi extraña capacidad de asombro me siento a relatar esas vivencias que al mejor estilo de los Vargas he comenzado a olvidar, a recordar, a extrañar e inclusive a rechazar.

Misión Cundinamarca nace como respuesta a esas exigentes noches en la que los sueños me dicen y suplican revierta mis pasos para mirar al pasado, para entenderlo y tratar de convertirlo en un nuevo presente, en un detalle simbólico para mi tierna extraña manera de comportarme. Misión Cundinamarca da inicio a esas clases de vida y de madurez que del puente para allá empecé a vivir, exactamente en el puente que conecta a los departamentos del Tolima y Cundinamarca, sobre ese misterioso y poco fiable río Magdalena.

Empecemos por lo pasado, por lo que ya se vivió y se extraña de manera uniforme, donde las prioridades de la memoria me recuerdan esos años llenos de tamal tolimense, donde las calles eran el escenario principal de una casa habitada por cerca de cuatro generaciones, juntas y mezcladas, donde la cena no era importante, donde el desayuno era un rito familiar encabezado por ese abuelo autoritario y mezclado con la ternura de los años, esos diciembres que se vuelven punto de partida de estas letras, sin etiquetas por supuesto, solo letras y signos.

Cada familia al llegar la temporada decembrina estipula ciertos ritos o monumentos que se juntan con los deseos de la fraternidad y la unión, para los Vargas era cita obligada asistir a la celebración de la navidad y el recibimiento del año nuevo en la casa de los abuelos, era un manjar literario vivir esas semanas de fin de año.

En algunos clanes familiares uno comienza a conocer a sus pares o semejantes en ritos como lo son los Velorios, los aniversarios o las fiestas especiales como las bodas de oro o los matrimonios. Nuestra primera moción de orden social, basada en principios morales de tradiciones partidistas se reveló en el hogar de aquel clan en un verano especial, a diferencia de las demás relaciones familiares no fue un diciembre el que nos integró bajo un desayuno patriarcal sino, un verano marcado por las brisas de julio que soplaban junto a las corrientes del majestuoso río Magdalena. Don Leónidas Vargas Moreno cumplía 90 años de vida y alrededor de ese suceso todos los Vargas hacían presencia en la Casa Grande, la misma casa donde aprendí a escribir más allá de unas planas o unas técnicas de caligrafía, a escribir para contar.

Bajo las palabras de mi abuela Olga, mi infancia se resumía en juegos y desvanes propios de la niñez, sin entender lo que a mi alrededor ocurría me mezclaba en conversaciones de adultos simulando ser uno de ellos, sentado sobre la silla mecedora de mi abuelo me apoderaba de ese poder simbólico que en él giraba, esa potestad de patriarca que en la familia rondaba, siendo el último Vargas en el orden de importancia de ese árbol genealógico, miraba con asombro esos escalones de madera que a la entrada de la Casa Grande daban paso a la segunda planta, allí, entre la entrada y los escalones la silla mecedora hacía presencia al mejor estilo de los reyes medievales, aquel trono que todos querían honrar pero que con la ignorancia de la infancia yo habitaba siendo un feliz nieto de la casa.

Aquel verano fue la primera pista de una vida hecha en vacaciones y memorias, hoy casi dos décadas más tarde me siento con la curiosidad del Huérfano a indagar sobre esos pasos y esos suspiros que ya en mis noches de insomnio me trastornan y me llaman, esas señales que comienzo a sentir y que por obligación misteriosa comienzo a tratar de imprimir en crónicas y olvidos.

Letras que me llaman cual camino se ha perdido en la memoria y la piel.

AV.

4 comentarios:

Carolina Moreno dijo...

Un delirio de recuerdos se me asoman por borbotones de sabores de la casa de la abuela, de los bailes de la tía y de las conversaciones de los adultos... de los juegos cómplices de los niños y de climas diferentes, el tuyo y el mío.

Excelente excusa para viajar de nuevo, cerrar los ojos y sonreir cómplice al pasado, a los rios y a la música...

Gracias por aparecer.

Hannaluna dijo...

Empacar las maletas de la memoria y repasar con los dedos, albumes del pasado...

recuerdos....

Una sOla palabra contenida en tanto por decir.

recuerdos...

Y parece que tu hermosa musa ha cobrado un nuevo nombre: recuerdos..

Voy sedienta de letras hacia los prox 2 capItulos... me gusto. Si,, me gusto..
(sorry por las tIldes este pc no tiene)

Luna.

:: Theraq :: dijo...

Pues, necesita unos retoques y me gustaria una distinción mas clara entre el encabezado y la historia como tal. Como siempre el estilo es único; me gusta.

Shanad dijo...

Comienzo leyendo serie, que por lo que intuyo es la compilación de tus memerias de vida. Me encanta sentir cierta identificación con tus anécdotas, con tus vivencias y sobre todo, con tu lenguaje, con la narrativa de ese periodista y escritor que llevas dentro y que espero, nunca se extinga.