Imagen creada con IA.
Bernardo siempre ha tenido fe, ha sido optimista y
practicante de los sacramentos que la religión católica demanda, tal como se lo
enseñó su madre durante sus años de infancia. Creció como buen hombre y amable
vecino, estableciendo amistades de sincera cortesía, estudió en la universidad
una ingeniería que le recomendaron y de allí se especializó luego en seguridad
cibernética.
A día de hoy vive en la misma casa donde creció, su madre
una amable señora de vieja escuela le acompaña y le apoya en todas sus ocurrencias,
su abuela, doña Carmela también vive con él, quizás su mayor sustento emocional
y su consejera de vida.
Un jueves con la lluvia coqueta de febrero se acercó a la
oficina de uno de sus clientes, una corporación fabricante de dulces y
comestibles químicos, allí le recibió Patricia, una asesora administrativa que coordina
la llegada de proveedores y consultores externos.
Patricia lo remitió a la oficina de Gabriel, un caballero
contemporáneo a Bernardo, quien le entregó unos diseños al parecer, secretos.
Al finalizar la conversación Bernardo fue dirigido a la
oficina de Isaac, el gerente general de la compañía, quien con el
agradecimiento sincero que le caracteriza, obsequió una botella de whisky y una
caja de chocolates belgas.
Bernardo no acostumbra a tomar licor y mucho menos whisky, sí ama los chocolates y suele compartir con su madre y abuela ese placer, por lo tanto, al salir de las instalaciones de la compañía le regaló la botella de licor a Gabriel con quien preciso desde años atrás ha ido entablando una amistad que trasciende los compromisos laborales.
A pesar de la lluvia tomó un
taxi y se dirigió a casa, allá se sentó a leer los diseños que recibió y
comprendió el agradecimiento recibido, se trataba de un proyecto de alta
complejidad que requería desmontar y re diseñar el sistema digital de la
empresa, algo que tomaría tiempo, no preciso por los diseños sino, por los
esquemas de seguridad a implementar.
Allí pasó encerrado el día viernes y luego el fin de
semana, solo salía para tomar algo y cumplir con sus necesidades sanitarias. El
lunes retomó el aseo general y se sentó ahora con ropa limpia a seguir trabajando,
el martes también, el miércoles atendió algunas diligencias que su abuela le
pidió le apoyara, pero el jueves nuevamente se sentó a trabajar hasta poder
terminar aquel reto industrial.
El viernes, más cerca de marzo que de enero, recibió la
llamada de Gabriel, se trataba de una adecuación en los diseños de último momento,
algo que al parecer el gerente decidió en días pasados.
Sin ninguna queja aprobó las recomendaciones y salió directo
a la compañía, se saludó con Patricia, se saludó con Gabriel, se saludo con
Isaac. Regresó a casa con las instrucciones que preciso sugerían rediseñar en
su totalidad el proyecto.
Bernardo estaba cansado pero no dejaba de trabajar con la
sonrisa que todo ingeniero tiene al momento de cumplir con un proyecto de ese calibre,
el pago era además noble y excesivamente justo. Llegó a casa y compartió la noticia
con su abuela, doña Carmela le dio algo de consuelo y le animó a tomarlo con
mejor semblante.
Esa misma noche de viernes, guardó el proyecto inicial y abrió
uno nuevo, quizás como respaldo, quizás como artefacto de memoria, quizás como
evidencia de una venganza futura. Empezó a revisar los nuevos diseños y
comparando con los anteriores notó que era incluso más débil que el original,
pueda sea un trabajo más ligero, pero pensó, con la desconfianza que todo
diseñador tiene en su corazón, que podría ser una trampa para que el sistema
falle y se le acuse o peor, se le cobre por las pérdidas que la compañía
pudiese adquirir.
Se acostó a dormir y allí en lo profundo de sus sueños
vio a una mujer caminar, era alta y vestía un elegante traje púrpura, no tenía rostro
y sus piernas eran de color verde aceituna, sin pies, solamente una sombra que
variaba de color. La extraña mujer le saludó con una voz que emulaba sonidos electrónicos,
poco se le entendía.
El sábado despertó tarde, primera vez en muchos años que
Bernardo no madrugaba, con preocupación fue a bañarse quedando un largo rato la
ducha, deseando, pensando, improvisando soluciones para entender el sueño.
Se vistió de manera deportiva, una sudadera verde y la
camisa de su equipo de fútbol favorito. Doña Carmela le saludó y le sirvió el
desayuno, un tazón de cereal de colores con leche y un huevo frito. Mientras comía
Bernardo le contó del sueño a la abuela, ella, con la sabiduría de los años le
dijo que no prestara atención pues si no lo entendía ahí mismo, era preciso
porque no había nada que entender entonces.
Bernardo aprobó las sabias palabras de su abuela y subió
a sentarse en su escritorio a empezar con los diseños que estaban pendientes.
Allí duró todo el fin de semana hasta agotar su paciencia, el lunes llamó a
Gabriel y le pidió apoyo para conseguir una extensión de plazo de entrega.
El martes siguió trabajando y su amigo, Gabriel le llamó
para informar que el gerente esperaba pronto el proyecto terminado, que si
mucho daba otra semana de espera.
Bernardo trabajó con pereza, con el malestar del tiempo
perdido en el primer proyecto, avanzó como pudo pero sin satisfacción, por el
contrario, los sueños con la extraña mujer regresaban con frecuencia, la noche anterior
la voz electrónica era más audible, legible. Al llegar el fin de semana el diseño
estaba en su etapa final, creería Bernardo que listo para la acción.
Una voz femenina le saludó, era ella, la mujer de la voz
electrónica, estaba de pie sobre la entrada de la habitación, era evidente que
no tenía pies, más bien una especie de tentáculos al final de sus piernas, de muchos
colores. El traje púrpura no era un traje de tela, era preciso su cuerpo desnudo,
pero sin orificios ni pechos, mas bien una ilusión profunda de mucho color.
Al no tener rostro era difícil saber de dónde provenía la
voz electrónica, que en ese instante le saludaba con un tono agudo. Bernardo
estaba asustado pero no quería moverse, la mujer presente posó una mano larga y
fría sobre la computadora, su tacto estaba borrando toda la información, el
equipo quedaba formateado sin posibilidad de recuperar nada.
Bernardo intentaba gritar por la frustración del acto mismo, la figura de la mujer puso otra mano sobre la boca de él y el frío era tan fuerte que sentía que le quemaba, de un momento a otro pudo sentir que unos ojos amarillos le miraban fijamente y de ellos la voz electrónica era ahora femenina e imponente.
"Te dije que no hicieras ese proyecto".
Carmela Salió de la cocina para brindar a su nieto una
porción de fruta pero no lo encontró en su habitación. Lo buscó por toda la
residencia y sin saber de su paradero pensó que quizás habría salido, aunque él
no suele salir los sábados.
Bernardo tenía frío, estaba en un universo oscuro, muchos
colores destellaban en todas partes cada cierto tiempo, a su lado la mujer de voz
electrónica le señalaba algo, un camino, una pared, una puerta, algo que en
medio de la oscuridad estaba.
Bernardo desapareció porque alguien necesitaba que desapareciera el proyecto.
AV.



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