8 de febrero de 2026

La Suerte de Bernardo Cordero.

 


Imagen creada con IA. 

Bernardo siempre ha tenido fe, ha sido optimista y practicante de los sacramentos que la religión católica demanda, tal como se lo enseñó su madre durante sus años de infancia. Creció como buen hombre y amable vecino, estableciendo amistades de sincera cortesía, estudió en la universidad una ingeniería que le recomendaron y de allí se especializó luego en seguridad cibernética.

A día de hoy vive en la misma casa donde creció, su madre una amable señora de vieja escuela le acompaña y le apoya en todas sus ocurrencias, su abuela, doña Carmela también vive con él, quizás su mayor sustento emocional y su consejera de vida.

Un jueves con la lluvia coqueta de febrero se acercó a la oficina de uno de sus clientes, una corporación fabricante de dulces y comestibles químicos, allí le recibió Patricia, una asesora administrativa que coordina la llegada de proveedores y consultores externos.

Patricia lo remitió a la oficina de Gabriel, un caballero contemporáneo a Bernardo, quien le entregó unos diseños al parecer, secretos.

Al finalizar la conversación Bernardo fue dirigido a la oficina de Isaac, el gerente general de la compañía, quien con el agradecimiento sincero que le caracteriza, obsequió una botella de whisky y una caja de chocolates belgas.

Bernardo no acostumbra a tomar licor y mucho menos whisky, sí ama los chocolates y suele compartir con su madre y abuela ese placer, por lo tanto, al salir de las instalaciones de la compañía le regaló la botella de licor a Gabriel con quien preciso desde años atrás ha ido entablando una amistad que trasciende los compromisos laborales. 

A pesar de la lluvia tomó un taxi y se dirigió a casa, allá se sentó a leer los diseños que recibió y comprendió el agradecimiento recibido, se trataba de un proyecto de alta complejidad que requería desmontar y re diseñar el sistema digital de la empresa, algo que tomaría tiempo, no preciso por los diseños sino, por los esquemas de seguridad a implementar.

Allí pasó encerrado el día viernes y luego el fin de semana, solo salía para tomar algo y cumplir con sus necesidades sanitarias. El lunes retomó el aseo general y se sentó ahora con ropa limpia a seguir trabajando, el martes también, el miércoles atendió algunas diligencias que su abuela le pidió le apoyara, pero el jueves nuevamente se sentó a trabajar hasta poder terminar aquel reto industrial.

El viernes, más cerca de marzo que de enero, recibió la llamada de Gabriel, se trataba de una adecuación en los diseños de último momento, algo que al parecer el gerente decidió en días pasados.

Sin ninguna queja aprobó las recomendaciones y salió directo a la compañía, se saludó con Patricia, se saludó con Gabriel, se saludo con Isaac. Regresó a casa con las instrucciones que preciso sugerían rediseñar en su totalidad el proyecto.

Bernardo estaba cansado pero no dejaba de trabajar con la sonrisa que todo ingeniero tiene al momento de cumplir con un proyecto de ese calibre, el pago era además noble y excesivamente justo. Llegó a casa y compartió la noticia con su abuela, doña Carmela le dio algo de consuelo y le animó a tomarlo con mejor semblante.

Esa misma noche de viernes, guardó el proyecto inicial y abrió uno nuevo, quizás como respaldo, quizás como artefacto de memoria, quizás como evidencia de una venganza futura. Empezó a revisar los nuevos diseños y comparando con los anteriores notó que era incluso más débil que el original, pueda sea un trabajo más ligero, pero pensó, con la desconfianza que todo diseñador tiene en su corazón, que podría ser una trampa para que el sistema falle y se le acuse o peor, se le cobre por las pérdidas que la compañía pudiese adquirir.

Se acostó a dormir y allí en lo profundo de sus sueños vio a una mujer caminar, era alta y vestía un elegante traje púrpura, no tenía rostro y sus piernas eran de color verde aceituna, sin pies, solamente una sombra que variaba de color. La extraña mujer le saludó con una voz que emulaba sonidos electrónicos, poco se le entendía.

El sábado despertó tarde, primera vez en muchos años que Bernardo no madrugaba, con preocupación fue a bañarse quedando un largo rato la ducha, deseando, pensando, improvisando soluciones para entender el sueño.

Se vistió de manera deportiva, una sudadera verde y la camisa de su equipo de fútbol favorito. Doña Carmela le saludó y le sirvió el desayuno, un tazón de cereal de colores con leche y un huevo frito. Mientras comía Bernardo le contó del sueño a la abuela, ella, con la sabiduría de los años le dijo que no prestara atención pues si no lo entendía ahí mismo, era preciso porque no había nada que entender entonces.

Bernardo aprobó las sabias palabras de su abuela y subió a sentarse en su escritorio a empezar con los diseños que estaban pendientes. Allí duró todo el fin de semana hasta agotar su paciencia, el lunes llamó a Gabriel y le pidió apoyo para conseguir una extensión de plazo de entrega.

El martes siguió trabajando y su amigo, Gabriel le llamó para informar que el gerente esperaba pronto el proyecto terminado, que si mucho daba otra semana de espera.

Bernardo trabajó con pereza, con el malestar del tiempo perdido en el primer proyecto, avanzó como pudo pero sin satisfacción, por el contrario, los sueños con la extraña mujer regresaban con frecuencia, la noche anterior la voz electrónica era más audible, legible. Al llegar el fin de semana el diseño estaba en su etapa final, creería Bernardo que listo para la acción.

Una voz femenina le saludó, era ella, la mujer de la voz electrónica, estaba de pie sobre la entrada de la habitación, era evidente que no tenía pies, más bien una especie de tentáculos al final de sus piernas, de muchos colores. El traje púrpura no era un traje de tela, era preciso su cuerpo desnudo, pero sin orificios ni pechos, mas bien una ilusión profunda de mucho color.

Al no tener rostro era difícil saber de dónde provenía la voz electrónica, que en ese instante le saludaba con un tono agudo. Bernardo estaba asustado pero no quería moverse, la mujer presente posó una mano larga y fría sobre la computadora, su tacto estaba borrando toda la información, el equipo quedaba formateado sin posibilidad de recuperar nada.

Bernardo intentaba gritar por la frustración del acto mismo, la figura de la mujer puso otra mano sobre la boca de él y el frío era tan fuerte que sentía que le quemaba, de un momento a otro pudo sentir que unos ojos amarillos le miraban fijamente y de ellos la voz electrónica era ahora femenina e imponente. 

"Te dije que no hicieras ese proyecto".

Carmela Salió de la cocina para brindar a su nieto una porción de fruta pero no lo encontró en su habitación. Lo buscó por toda la residencia y sin saber de su paradero pensó que quizás habría salido, aunque él no suele salir los sábados.

Bernardo tenía frío, estaba en un universo oscuro, muchos colores destellaban en todas partes cada cierto tiempo, a su lado la mujer de voz electrónica le señalaba algo, un camino, una pared, una puerta, algo que en medio de la oscuridad estaba.

Bernardo desapareció porque alguien necesitaba que desapareciera el proyecto.

AV.

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