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IV.
Ramiro Camelo Prada nació en Bogotá, un diciembre lleno
de lluvia y detonación de bombas en el centro de la ciudad, una época violenta
en la historia de Colombia que por sugerencia de analistas y politólogos, era
mejor no nacer. Cursó sus primeros años de educación en el Liceo Asociado de
Bogotá, una cooperativa de maestros que pretendía enseñar desde el ejemplo y más
allá de la teoría de Freire.
Terminó sus estudios bachilleres e inició ingeniería
civil en la universidad católica a la que asisten los ciudadanos de bien, los becados
y a veces los desamparados, allí conoció diferentes amistades y romances, todos
culminando con el desespero de huir del país, en especial durante los primeros
años de la década del dos mil cuando las torres gemelas dejaron de ser una
referencia geográfica y se convirtieron en un hito histórico.
Con la campaña presidencial de 2010 logró un puesto de
trabajo a sus jóvenes veinte años, allí desempeñó labores de coordinación de
cuadrillas de voluntariados en la zona sur occidente de Bogotá, hasta crecer en
el absurdo mundo de la política y ser un referenciado congresista electo en el
año 2026.
Se hizo elegir con la promesa de mejorar la calidad de
vida de quienes no tienen tiempo para pensar en la vida, incluso propuso
control político a través de herramientas tecnológicas para controlar a los
políticos que patrocinaron su campaña, algo coloquial en el qué hacer de la vida
electoral colombiana.
Finalizadas las votaciones el pasado 08 de marzo, inició
una gira de agradecimiento a sus respectivos votantes (cuadrillas), desde la
Guajira hasta Nariño. La primera parada sería en el Valle del Cauca, algo romántico y jovial.
Sus ojos negros como una promesa y su cabello crespo como
una idea, fueron quizás el atributo más atractivo para enamorar a dos lideresas
de la comuna 22 de Cali, atributos respaldados por el sello del partido
político de oposición y la chequera del clan de militancia.
El martes tomó vuelo para iniciar la gira por el
sur del país, además de saldar deudas, necesitaba comprometer liderazgos. Llegó
a Cali a las 08:45 de la mañana siendo recibido por un cielo despejado y un
clima fresco, lo suficiente para un visitante del centro del país.
Acompañado de un asesor de comunicaciones y una asistente
de tareas varias, solicitó un servicio de Uber en el aeropuerto, había agenda
que atender desde mediodía en el hotel Hilton y la distancia demandaba premura.
Una camioneta de alta gama pasó a recoger al electo
senador y sus dos acompañantes, Augusto Bejarano Moreno era quien conducía, con
gafas oscuras cubría sus castaños ojos, una sonrisa de mármol y brazos gruesos
de piel morena daban la bienvenida al equipo. Ramiro le saludó con desdén si
quitar la vista del teléfono móvil, César Andrés, el asesor de comunicaciones
saludó con voz baja con algo de pena, Valeria, la asesora de oficios varios encantada
con la apariencia del señor conductor dejó fluir un saludo coqueto y sonriente.
En total silencio avanzaron por la avenida principal en
dirección a la ciudad de Cali, el electo senador revisaba en su teléfono
mensajes de sus diferentes grupos de apoyo, uno de estos llamaba su atención:
El partido de gobierno ganaba dos curules más en el Senado.
Con preocupación empezó a observar que en el grupo de
chat de sus copartidarios se agitaba la discusión por la posible pérdida de
votos en ciertas mesas de la capital, comenzaban las acusaciones de un lado a
otro intentando resolver la métrica electoral con stickers y grabaciones
de audio sin trascendencia.
Ramiro dejó salir una palabra obscena con tanta furia que
el joven Augusto se sorprendió perdiendo levemente el control del vehículo,
detrás de este un intenso conductor avanzaba transportando pasajeros en una
buseta clásica modelo 89, curiosamente, el mismo año de nacimiento de Ramiro.
Augusto Logró frenar con precisión y buscó una de las orillas de la vía para salvaguardar el susto, pero quien no daba espera era preciso el viejo conductor de la Empresas de Buses del Sur, un caballero de madura edad y muchas frustraciones camufladas en el volante.
El siniestro fue inevitable.
El golpe dejó volcada la camioneta en la que Augusto transportaba
al Senador Ramiro y sus dos acompañantes, el giro al momento de estrellarse
lastimó a Valeria contra la ventana y a César Andrés contra el espaldar de la
silla de enfrente. Ramiro quedó ileso, premio al uso correcto del cinturón de
seguridad.
Detrás de ellos un bus color azul quedó volcado de lado,
dejando catorce pasajeros heridos y un fallecido, el conductor.
Una ambulancia llegó al lugar de los hechos alrededor de
las nueve de la mañana, de ella bajaron dos paramédicos con mirada tenue y un cansancio
en el alma que nadie podía adivinar. Estaban de luto por lo ocurrido con sus
colegas al sur de la ciudad.
En la cuenta de X de un periódico local comenzó la persecución
de seguidores con un confuso titular:
“Electo Senador del partido opositor causa accidente en la vía Aeropuerto – Cali, dejando más de quince heridos y un fallecido”
AV.








