28 de febrero de 2026

Un Café. (Punto de encuentro)

 


Imagen tomada de: https://mx.pinterest.com/pin/564146290842014474/

Quienes a bien tienen la oportunidad de conocer un poco sobre mi vida, saben que mi gusto por el café comenzó como un ejercicio de consumo desde muy joven, quizás Maria Fernanda fue una de las primeras influencer en el tema logrando mi vinculación total, pero el paso del tiempo me llevó a conocer personajes que sirvieron de cómplices en este bello ejercicio de consumo.

Si bien tuve un paso agradable por puntos de encuentro como Café & Café, Lumao y el incomprendido OMA, fue realmente el ejercicio académico el que a bien me llevó a Sevilla, tierra cafetera de Colombia. Desde el Café Especial y sus variedades de preparación fui adquiriendo preferencia y gusto, algo que con la música se me fue dando de manera natural.

Tuve la oportunidad con mi madre, de tomarme un café en Montmartre y disfrutar de ese pintoresco punto de encuentro, entre restaurantes, tiendas de artesanías, souvenirs y pintores entusiastas, acosados por turistas y envalentonados por el amor al tiempo.

Quizás fue una experiencia mucho más bonita (me gusta esa palabra), el tomar en Venecia un mocaccino, no fue preciso en la plaza de San Marcos sino entre callejones, al fondo, escondido en un interesante local de repostería y buena música. Había que disfrutar del tiramisú, con un café cargado, a la italiana, en compañía de mi madre y escuchando un bandoneón en una vieja radio colgada de una cadena sobre la pared, como si estuviéramos en años atrás, en lo más íntimo de la naturaleza humana.

Tengo el grato recuerdo de compartir con Diana, en la Recoleta, un café fuerte y de pésima calidad, pero de grata compañía en donde la ausencia de amigos es ley y la migración una condición. A decir verdad el poder compartir tan sencilla bebida con amistades y mi familia es a la final lo más íntimo que puedo brindar como acto de amor.

No se trata de banalizar o romantizar, ninguno de aquellos extremos, es por lo cordial del caso, satisfacer un gusto adquirido con el valor de una buena compañía.

Tan impredecible como el café de la mañana que nos da la vitalidad para soportar este mundo insensato, o aquel café que posterior al almuerzo nos lleva a la esperanza de continuar. Tal es el recuerdo de aquellas tardes en Quibdó con un calor selvático, húmedo e insensato, tomando un café instantáneo en un vaso de plástico (todo mal).

Una cita perfecta puede darse en cualquier hemisferio del planeta si la compañía es la indicada y si en ese encuentro hay la correspondencia a cada palabra y sus ideas. El café termina siendo un hilo que guía las sonrisas de quien piensa en el prójimo y sus atributos.

No en vano la soledad es una consejera que requiere de un buen café para tomar decisiones. Tardes en Santiago de Chile esperando a saber qué calle tomar, con la excusa de un pan tieso pero un café honesto y amargo. Una jarra de café filtrado en Niteroi (Río de Janeiro) para esperar la tarde lluviosa de diciembre, un café de alta calidad a precio de baja autoestima.

Noches de poesía y literatura en Cafés que se convirtieron en restaurantes y de allí en viejas salas de baile. Siempre puntos de referencia para la reflexión superficial de un mundo que se desmorona.

Sigo viajando a Sevilla y disfruto no solo del café como bebida sino del punto de encuentro como oferta cultural, entendernos que en la mesa se sirve la bebida pero en el paisaje y sus habitantes se sirve la amabilidad de un mundo que puede ser mejor.

Recientemente pude participar de actividades de trabajo con los empresarios y líderes de tal municipio y preciso, el afán de los desorientados hizo que volviera a casa y olvidara comprar el café prometido. Será en otra visita.

Por el momento me propongo seguir disfrutando de la vida y sus misteriosas formas de tomarnos un café en gratamente, como el profesor Wilmar que me regaló un café campesino, mi amigo Jhon Jairo que me convidó una muestra de Café de Tailandia o la posibilidad de salir a cualquier lugar del mundo a exponer nuestros mejores deseos.

Un café que nos convoque en cualquier punto de la ciudad de Cali o sus alrededores, un viaje que sirva de encuentro casual en cualquier esquina del mundo, donde los amigos están presentes, como Iván en Barcelona o Vanessa en Miami, o por qué no, aquellos que en la misma ciudad a veces están ausentes como un viejo cuento de fantasía.

O un viaje eterno al café de sus ojos.

AV.

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