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5 de mayo de 2026

Aquel día. (Emanuel Contreras Hitschfeld).



Imagen creada con IA: https://chatgpt.com/


Emanuel estaba tan emocionado que la razón la había dejado en el bolsillo de su saco, el cual quedó colgado en un perchero junto a la barra del restaurante. Se encontró con Michelle desde temprano, alrededor de las tres de la tarde, para atender a sus meseros en la apertura del restaurante y tener algo de privacidad con la joven visitante.

El primer sorbo de cualquier trago siempre viene cargado de una expectativa de vida sin definir, el amargo sabor con la frescura de dos cubos de hielo rompe la quietud del alma que le convoca, surge una sonrisa amistosa que pretende conquistar al mundo conocido y en el a quienes le rodean.

Al momento de ver llegar a Michelle Cristina sintió algo de poder en su mente, la deseaba desde siempre pero nunca se había lanzado a pretenderla, solo hasta la noche anterior cuando una fuerza mística del universo le motivó a posar su mano izquierda en la pierna, ella, con una sonrisa coqueta dejó que el brillo de sus ojos le diera el permiso para acariciarle, como un llanero domando a una bestia para montarla.

Para aquel martes de marzo, Emanuel se vistió de camisa blanca, unas tirantas azules que daban una especie de juventud a su ya madura presencia, para que su cabello blanco guardara estilo europeo a las intenciones mismas de conquistar a la dama que llegaba a su recinto.

Michelle de su parte estaba tranquila, sus ojos oscuros dejaban emanar un brillo insensato, cualquiera lo tomaría como el tesoro mismo de la juventud, pero otros más estudiados, lo denominarían como el halo de luz del inframundo, dos ojos oscuros que absorben la vida de aquellos mortales que preciso, se quieren entregar a la muerte del modo más placentero posible, algo que en la literatura de Clive Barker se puede interpretar como el placer desconocido de todo mundo terrenal.

En el grupo de chat Alfonso había escrito desde temprano, excusando que debía de atender compromisos que el jefe había solicitado de último momento, Marino y Fabio ya habían confirmado asistencia pero llegando a la hora de siempre, sobre las cuatro o cinco de la tarde.

Jose Isidro nunca se comunicó, quizás, pensó Emanuel, estaba aún cansado por todo el vino que se había tomado la noche anterior, a decir verdad, insistió Emanuel en sus pensamientos, había sido una noche muy especial, porque preciso, Michelle estaba más abierta, más amistosa, más coqueta.

Michelle cumplió la cita que preciso había prometido en aquel beso sensual que despidió el casual diálogo de noche de lunes. Al llegar a su apartamento escribió un mensaje a Emanuel para informar que estaba bien, terminando después el diálogo con algunos stickers coquetos, cerrando la noche con un beso virtual y una selfie donde prometía que pasaría al día siguiente a compartir la tarde, porque según ella, se merecían un espacio juntos.

Salió del hotel a las dos de la tarde, dejó las tareas pendientes a cargo de dos auxiliares, informó al gerente del área comercial que estaría atendiendo temas familiares, por lo que se retiraba temprano.

Siguiendo las enseñanzas de la abuela Aurora, pasó por la galería de Alameda y se compró algunas yerbas que luego, en un vaso de vodka, se sirvió mezclando con semillas y otros polvos que solo un erudito prestigiador, salamanquero puede a bien entender. Se roció un poco de agua de rosas sobre el cuello para amenizar su aroma de hembra en celo, guardó en su cartera algunas hojas de romero y laurel, un frasco con gotas de algo que nadie sabe que es y su billetera con el dinero suficiente para echar gasolina al automóvil en la estación de servicio.

A las tres y algunos minutos después se estacionó en el elegante barrio El Peñón. Al frente de la Casa Azul, con su fachada blanca colonial, vio las puertas cerradas aún, sabía que apenas estaban dando apertura. Un mesero Salió para botar una bolsa de basura grande, saludó con un ademán distante y dio permiso para que pudiera entrar, allí vio a Emanuel esperándola en una mesa al fondo, estaba ansioso, tenía un vaso de vodka en sus manos, tremenda coincidencia.

Se acercó meneando sus caderas con la intención de querer derrumbar a un imperio completo, quería que al saludarle, sintiera su aroma a rosas en el cuello y cómo no, posara su mano en su cintura, una especie de ritual para ensillar a las bestias más feroces del mundo no conocido.

Le abrazó y dando un beso en la mejilla, cerca a la oreja derecha, susurró un coqueto “buenas tardes Don Emanuel”, aquel acento paisa era un arma contundente para amansar a cualquier general.

Emanuel la abrazó y mientras sentía un fresco aroma a rosas y a perfume de mujer en el cabello lacio de Michelle, dejó caer suavemente su mano a la cintura de esta, intentando aprisionarla contra su propia humanidad, aquella débil y ya domada humanidad.

Brindó un poco de vodka a la señorita, pero ella prefirió un vino.

Conversaron como nunca lo habían hecho antes, a pesar de las muchas ocasiones en que ella se sentaba en la barra durante casi diez años de visitas casuales, no frecuentes.

Como un juego de espías, Michelle habló de las dificultades de su trabajo y la difícil tarea de evadir hombres inescrupulosos que solo la buscan para pretenderla, recalcó de su rol de mujer en una industria machista y de las complejas relaciones con sus compañeras, porque entre mujeres, sentía que había una competencia desleal y cruel.

Emanuel escuchaba con la ternura de quien quiere proteger a una indefensa señorita que vive sola en una ciudad que no da espera a los desesperados.

A las cinco de la tarde ya había movimiento de clientes en el restaurante, que para esa hora, era más bien un bar de encuentros y desencuentros. Alfonso llegó con el afán de siempre, saludó a Emanuel y preguntó por José Isidro, su amigo. Emanuel le respondió el saludo con un gesto de no saber y le ignoró retomando la conversación con la joven Michelle, quien preciso reaccionó a la defensiva con la llegada de Alfonso, se presentó de una manera distante y trató de ignorarle en el acto.

Alfonso insistió en saber alguna novedad de los muchachos, Emanuel con el afán de deshacerse de su infantil amigo, le convidó un vaso de whisky, además de convidar una promoción de 2x1 para mantenerle alejado.

Alfonso sintió un frío que daba la impresión de ser un mordisco en la pantorrilla, una especie de calambre que le recorría el lado derecho del cuerpo, pensó que era Michelle que lo atacaba, pero retomó la calma a sabiendas que esas ideas solo sucedían en las películas de ciencia ficción que tanto le gustaban.

Se retiró y sentándose en la barra de la Casa Azul, sacó la Tablet para preparar la que sería su intervención en el club de debate de los martes. Envió un mensaje en el chat grupal para dar la noticia de que habría 2x1 en whisky, y asimismo, intentó escribirse con Jose Isidro quien para esa hora, ya no estaba en este mundo terrenal.

Michel observaba con disimulo a Alfonso, bien entendía que era una persona noble y de buenas intenciones, amigo cercano de Emanuel y con la madurez de un adolescente que quizás, terminaba siendo su virtud más grande a pesar de la edad.

Se acercó un poco más a Emanuel, ahora era ella la que posaba sus manos en las piernas de él, sonreía y con el brillo muladar de su mirada se dejaba vulnerable ante los deseos de aquel chileno que superaba los cincuenta años de vida.

Acariciaba su pierna y luego sus muslos, la conversación se hacía difícil ante las constantes interrupciones, si no eran los meseros pidiendo autorización para algunas decisiones, eran clientes que llegaban buscando el saludo del anfitrión. Comenzaba a desesperarse.

En esa tanda de interrupciones y saludos llegaron Ignacio, Marino y Fabio Andrés. A todos los saludó, en especial a Ignacio a quien ya había tenido la oportunidad de conocer muchos años atrás, un fulano que no le daba preocupación alguna, pues estaba lo suficientemente ocupado callando a sus propios demonios como para enterarse de las intenciones que tenía aquella tarde.

Si alguien la miró con desdén fue Marino, pero solo por unos segundos, a la final se retiró y se acomodó con los demás amigos de la cita de martes. Alfonso insistía en invitar a Emanuel a que se uniera a la conversación, pero en aras de evitar que todos sus planes fallaran, Michelle acariciaba con más intensidad la pierna de este.

Emanuel entendió que el bullicio de la Casa Azul sería contraproducente para sus planes románticos con Michelle, además de no querer ser visto con prejuicios por parte de sus clientes al estar con una señorita en evidencia, muchos años menor que él. Con un susurro le convidó ir al apartamento, un sencillo, pero muy elegante aparta estudio en la zona, cerca de allí.

Aceptó con la condición de que fueran en el carro de cada quien, ella le siguió en el trayecto hasta un edificio de esos viejos y tradicionales.

Ella estacionó en la calle sobre la acera de enfrente. Él entró el carro al sótano del edificio. Durante unos minutos le esperó hasta que apareció en la portería, con un ademán saludó al guarda de seguridad y salió para orientar a Michelle, pero ella en un acto de justa tetra, le sugirió más bien entrar al carro y seguir al apartamento de ella.

Emanuel aceptó de inmediato cuando recibió un beso en la boca dos segundos después de que escuchara la propuesta.

Se subió al carro de la señorita Rueda Palacios, adentro el ambientador daba la sensación de un jardín de flores, ella le miró de reojo y soltó una carcajada de complicidad, se desabrochó un botón de la blusa para que su busto quedara expuesto al interés ya evidente, de Emanuel Contreras.

Alrededor de las siete de la noche el cerro de las tres cruces ya se iluminaba con los colores de las luces que le adornaban, el cielo en un azul oscuro cubría a la ciudad como un telón de fondo, el tráfico de un martes cualquiera era lento, pero seguro.

Emanuel empezó a sentirse mareado, quiso bajar el vidrio de su lado del carro, pero Michelle sugirió mejor subir la potencia del aire acondicionado.

Al llegar a la desviación de la calle quinta con calle segunda, Emanuel comenzó a notar que todo se iba oscureciendo, la ciudad y sus colores desaparecían de manera tenue, el gran Hotel que se podía ver desde el puente que comenzaban a circular, se desvanecía en una humarada negra donde lo humano dejaba de ser evidente.

Giró su mirada al frente y se sorprendió al no ver absolutamente nada, todo era oscuro, incluso al interior del vehículo.

Michelle Cristina Rueda Palacios dejó de ser la dulce señorita de pantalones ajustados y cabello negro lacio, para convertirse en un espectro de formas indescriptibles, de lo que aparentaba ser su rostro unos inmensos dientes emergían.

Emanuel se dio cuenta en ese instante que ya no estaba en el carro de Michelle, estaba en una bóveda negra sin principio ni final, sin lados ni esquinas, sin sentido de la vida no orden natural.

Intentó gritar pero sobre sí saltó aquella deforme bestia que a modo de un beso, le arrancaba cada parte de sí, le mordía como un ave carroñera que despelleja un cuerpo inerte.

Emanuel sentía dolor, pero no podía gritar, por el contrario, ese dolor se iba convirtiendo en nubes que brillaban ligeramente en la oscuridad. En un último intento por pedir ayuda abrió sus ojos como le fue posible, encontrando a lo lejos, en medio de lo negro de la nada, la figura de Jose Isidro Segundo, su amigo, quien desorientado lo miraba con una expresión de confusión.

Ambos intentaron saludarse, a pesar de lo negro de la nada.

AV.


27 de febrero de 2026

Los Dioses ocultos (Saturnino)

 



Imagen creada con IA: Chatgpt.

Nos reunimos bajo el calor de un café, un dulce de pandebono y una torta de zanahoria, brindamos por la bondad de los tiempos modernos y dimos un paseo histórico por la nota de aquellas canciones que sin tener idea del nombre fueron el mástil de una edad incomprendida.

Mafalda, de cabello verde, como el color de un corazón puro fue la sensación, junto a esta un interesante marrano de apariencia variopinta con puntos y destellos que reflejaban su principal misión en la vida: Ser anfitrión de los seres cósmicos del universo, en caso claro, de que algún día lleguen y requieran de un guía terrestre.

Cada conversación iba descubriendo una etapa vivida, el saberse amable ante las incógnitas de los tiempos difíciles, el hallarnos vivos en un universo de cuestionables casualidades.

Cuentos, canciones e historias.

Encontramos en una misma mesa la pasión por lo sencillo y el poder de lo inverosímil, nos dejamos sorprender por la gentileza de un pincel y la resistencia de un buen recuerdo.

En aquel escenario se identificaron a los dioses y sus caprichosas maneras de hacernos entender el cómo la vida funciona con sus caminos y trochas. Como si detrás de todo lo conocido existiera un universo lleno de colores y muchas estrellas, donde cuentos e historias se transforman en canciones y anécdotas.

¿Cómo se llamarán aquellos dioses ocultos? ¿Existirán acaso, como seres sintientes que determinan la coalición de ideas o miedos en un caprichoso juego de casualidades y coincidencias? ¿Somos una coincidencia de aquello que no tiene nombre?

Prometimos ir a comer algo en una siguiente oportunidad, esperar que esos dioses nos den las señales de que el camino está apto para su tránsito, dejarnos seducir por la insipiente idea de que algo superior nos controla.

Aquellos entes que de mil nombres responden al llamado de los humanos, seres que suelen por demás, ser testigos de ocasiones no planeadas, tanto encuentros como citaciones a tomar café o una ingenua bebida de cerveza negra que, en el coqueto devenir de los zancudos, puede servir de inspiración para una tarde soleada de febrero.

En silencios placenteros donde se cruzan las miradas en un silencio enternecedor, surge el interrogante: ¿Y ellos cómo se llaman?

En ese mismo silencio una voz elocuente y femenina sentenció: Saturnino.

Con el último sorbo de café tibio se pudo entender que esos dioses ocultos no eran más que excusas poéticas para nombrar lo que estaba sucediendo: Una delicada conspiración del universo para coincidir dos soledades. Mafalda, con su cabello verde parecía aprobar la revelación desde la imaginación de lo cotidiano. El marrano cósmico, anfitrión de visitantes improbables, brillaba con un destello más intenso de redondos colores naranja sobre una base azul de pintura.

Sentados frente a frente, compartiendo una torta de zanahoria en una mesa genérica, se escuchaba una plegaria que en broma de los dioses era custodiada por una bachata contemporánea.

En ese instante se llegó a la conclusión de que aquella tarde no terminó en despedida, sino en un comienzo.

Una constante.

AV.

24 de febrero de 2025

Colores (La Gata).

 


Imagen tomada de: https://www.ebay.com/itm/196019961745 


Nos encontramos a la hora pactada.

Ella, bella como cada idea en la que suelo convertirle, yo, como cualquier ingenuo, a la expectativa de un saludo formal.

Nos disfrazamos de amigos para entrar en el amable gesto de la consejería, nos disfrazamos de desconocidos, para poder conversar sobre la infancia y las historias que nos han dado una pauta en el ejercicio de ser adultos. Nos disfrazamos de hermanos, siendo ambos hijos únicos, para entendernos en los dolores de esas experiencias de soledad y curiosidad.

Fuimos conversando sobre todo lo que nos permite la vida configurar, caminamos con las palabras en cada paso, nos ajustamos en amables silencios. Silencios que para mi son importantes, porque en el silencio es preciso donde suelen florecer las más bellas intimidades de quien tiene algo por decir, del grito que busca en confesión dar todo en un solo intento.

Silencios que con cada paso fuimos llevando de un restaurante a una cafetería. Conversamos, porque teníamos historias pendientes de un ponqué y un café.

Nos inventamos juegos, y en este empezamos a adornar a una sencilla estatuilla de una gata, de esas que hay en múltiples escenarios de producción artística local. La elegimos, porque era el momento de elegirla.

Ella, con su sonrisa me preguntó: ¿Y cómo la vamos a pintar?, yo, que vengo de un universo en tonalidades Technicolor, asentí con un breviario de esos que ya poco se ven: 

- De todos los colores.

Siempre caemos ante la sorpresa, no importa el color.

Ella pidió un Té de frutos rojos, algo salvaje y placentero para quien quiere dar calma a un alma joven, Yo, huyendo de mi superyó, reiteré la costumbre de tomar una taza de café americano.

Otra taza, para contar otras historias.

Hablamos de temas que incluso se me hacen en exceso vivos a pesar de que fueron situaciones vividas en el tiempo pasado, desde los años noventa hasta aquellas invocaciones de tiempos indefinidos.

Conversamos, porque teníamos algo que dejar ir, algo que acompañase a un Té de frutos rojos y un café.

Ella, adornada con una sonrisa en el rostro me daba la orientación suficiente para yo construir ideas de un mundo inevitable. Yo, con la mirada perdida en dos universos color marrón, me guardaba las palabras para así no perderme.

Pintamos a la gata con los colores que elegimos, fuimos dejando salir de manera creativa las palabras, las preguntas, las anécdotas y cómo no, los silencios.

Fuimos dejando escapar a cada niño de nuestro lugar, a aquella niña que podía levitar, a aquel niño que de manera insensata se encerraba en la música.

Dejamos a los colores abrazar a la gata para que fuera una sola en medio de dos contadores de historias.

Al finalizar la tarde, nos levantamos y mirándonos fijamente nos preguntamos:

- ¿Y ahora quién paga la cuenta?

Con una ligera sonrisa nos pusimos de acuerdo y dejamos los cuentos elevar por todo el espacio de la cafetería:

-  La gata invita.

AV

15 de enero de 2015

Una Flor.




Imagen Tomada de: http://wall4all.me/walls/animals/cute-female-cats-lovely-8564-2560x2160.jpg


Una flor se regala cuando hay sentimientos que quieren apoderarse de ese vacío que la melancolía puede llenar si uno se descuida, sirve además, para adornar esas esquinas vacías de vida que encomendamos en el hogar.  Darle utilidad a esos muebles que se niegan a guardar recuerdos a cambio de servilletas y manteles.

Somos personajes ilustres en el relicario de recuerdos de nuestras madres, a ellas, la más ejemplar de las mujeres es a quienes debemos de ofrendar las mejores flores de cada jardín, traer a su morada la más vistosa de las Margaritas, Heliconias o Claveles, darle Girasoles, un Bonsái quizás, caer en las Violetas o por lo menos, en cuadros de gran pintura donde la acuarela se humedezca con el papel y haga de su aroma, la más viva de las rosas.

Regalar una Flor nos hace humanos porque desprendemos de lo natural, un detalle que para siglos atrás era más artificial. Dejamos a la codicia construir un poema y de allí, de sus versos y soneto, arriesgamos la prosa hasta la más infame de las intenciones, nos convertimos en seres ingratos, hacemos de la ausencia una costumbre irremediable que nos hace ser groseros con el prójimo y bueno, hacemos de una flor la mejor de las herramientas para brindar homenaje cuando el amigo ya ha partido al más allá, lejos del acá.

La más opaca de las ventanas, con sus vidrios empañados y sus cortinas deshilachadas puede ser la más hermosa de las casualidades cuando una flor se posa sobre su  base, allí, sola, única, sin prisa y con mucho por decorar, pasar de ser una simple ventana a transformar todo un hogar en un bello encuentro familiar.

Una flor es la manifestación poética de lo que la luna jamás fue capaz de ser en manos de una mujer. Es la fortuna más delicada  que un hombre ambicioso pueda ostentar entre sus pertenencias, se hace a sí misma una quimera de llanto y sonrisas, vuelve en alquimista a aquel origamista que transforma al billete de lotería en flores de papel.

Somos seres de costumbre y seguimos tradiciones, a las tradiciones sumamos misticismo y fanatismo. Al fanatismo le sembramos convicciones y a las convicciones le alimentamos con intenciones, a la final todas las intenciones las embellecemos con flores, flores frescas o flores secas, Popurrí para el centro de mesa, o una corona para la familia del que ya no volverá.

Regalar un libro de poemas de Pablo Neruda a la persona de la que se está enamorado es pues, regalar inspiración. Ahora bien, regalar el libro de las preguntas, para encontrar las respuestas en una flor, en un libro para la eternidad es pretender en cada página que la vida nos cuestione de una bella manera, nos invite a su cuestionario de sanidad, a ese recoveco del alma donde las flores son importantes por su aroma y no por su color, por su comodidad y no por su utilidad.

En la estética es donde nos encontramos y damos valor de cambio a cada premisa del tradicionalismo, del historicismo del amor. Serenatas y poemas, flores e invitaciones a cenar, Margaritas, o quizás claveles, seremos lo que el amor nos permita ser, nos enamoramos porque permitimos ser flores en el alma del otro, nos entristecemos porque marchitamos la dignidad en un adiós, por más error que sea o descuido que merezca.

Regalemos vida, quizás, semillas para sembrar, quizás besos envueltos en abrazos y cargados de mucha vitamina. 

Demos al otro que no está un homenaje en vida, invitemos a su hogar una salida a tomar esa bebida que hace mucho no receta, hagamos de las familias el centro del universo, la ronda musical de cada  batalla. Vivamos dentro de los corazones de los desesperados para así en cada página escribir un poema, quizás un poco de Neruda, porque como bien Pablo lo ha encomendado a su literatura, para nacer se ha nacido, desde un Canto General, o por qué no, desde una canción desesperada; todo desde la virtud, el amor, la ternura, pero también desde la cobardía, la osada manifestación de pereza y cinismo, el cartelismo de los que necesitan reconocimiento, el poemario de la juventud.

Me agradan a fondo esos personajes que permiten que la ficción construya sus pensamientos, que se desvanecen en historias para germinar en ideas. Es que compañeros de lectura, a una mujer enamorada se le enamora con la más ficticia de las verdades, las intenciones que salen del corazón, nosotros por su parte, como hijos del sol, nos enamoramos por la más real de las mentiras: El futuro que queremos visitar.

Las flores son para la vida, las historias para construir vida, los recuerdos para pavimentar los pasillos de la nostalgia, los amigos para justificar las salidas, los amores, los amores son para construir vida dentro de cada poema, dentro de cada canto desesperado o amargado.

Escapar con confianza de una rutina es buscar en lo que nos es constante, una razón de ser y qué mejor ejemplo de ello que el oficio de Jardinero. Por su parte, la literatura se ha encargado de sembrar dudas y prejuicios, instalar miedos y confrontar conocimiento a lo largo de la humanidad, como si no fuese suficiente con ser humanos y codiciosos.

Regalar una Flor, es el acto más humano para aquellos que se desapegaron de su humanidad y enfundaron la túnica de la individualidad. Regalar un libro es lo más humano que podemos soportar, en especial por aquellos que aún siguen buscando su humanidad en letras y saberes.

Regalar un libro de Pablo Neruda es pues, Regalar una Flor hecha poesía.



AV

30 de diciembre de 2010

Belleza Americana



Imagen Tomada de: http://abduzeedo.com/20-beautiful-pictures-cats "waiting for my cat prince" by: Paulo Gabriel Porto Alegre - Brazil.

Hay lugares casuales en los que se puede apreciar la belleza de una mujer sin caer en lo obsceno o hacer viraje en lo vulgar. En la jornada de hoy estuvimos recorriendo algunos almacenes y centros de comercio y sin proponerlo, daba en el punto de encuentro de todo tipo de belleza de las honorables herederas de Eva.

Nuestra primera estación de paso fue en el sur-este de Miami, un local comercial exclusivo de artículos deportivos. En la búsqueda de mi regalo de navidad que no fue, entramos al almacén y vaya sorpresa para mi gusto al disfrutar la vista con la admiración por la belleza femenina de todo tipo de mujeres en edad adulta dedicadas a una vida deportiva. Mujeres con sudaderas, con ropa ligera y un cuerpo trabajado con los mejores esfuerzos de las diferentes disciplinas deportivas sería pues un buen lugar para ir a recrear la vista, similar, a la esperanza que se despierta en un Gimnasio.

Terminada nuestra visita, continuamos el recorrido a otro tipo de local comercial, un almacén de artículos del Hogar, especializado en los dispensarios de Cocina, Baños y zonas de decoración (jardinería en su mayoría) que sin saberlo, terminó siendo el almacén ideal para ir a mirar mujeres bellas mayores para un joven de mi edad. Algunas con la evidencia de una cirugía plástica /estética, otras con el paso de los años de manera lenta y cuidadosa, quizás el vestuario o la manera de caminar, diferentes razones pueden ser, pero en todas, siempre latente la posibilidad de disfrutar de una buena “catana” para dejarnos asombrar.

Todas de todo tipo y para diversos gustos: Rubias, peli rojas, castañas, de ojos claros, ojos oscuros, altas, de mediana estatura, con silueta natural pero seductora, con cirugías y atractivas. Algunas mayores de los 40, otras disfrutando de las virtudes de los 30. En todos los casos una belleza ´particular´ buscando artículos para el hogar.

Junto al almacén, quedaba una tienda de mascotas, tienda en la que se vende todo tipo de cosas aptas para el cuidado de esos seres a los que tanto amamos, nuestras mascotas. Para mi deleite, observaba que entraba y salía de dicho almacén un número considerable de féminas en comparación con la cantidad de hombres asistentes. La edad era la variable más dinámica de todas, pudiendo observar bellas señoritas adolescentes hasta interesantes madres de familia, todas preocupadas por el cuidado de su mascota mientras yo, me dejaba preocupar por esas sensibles damas de gran corazón.

Al finalizar el día fuimos a un famoso almacén de artículos para dama, puesto que mi abuela y mi madre querían averiguar algunos cosméticos y dejarse tentar por alguna que otra promoción. No podía creerlo pero sí disfrutarlo, estaba pues, nuevamente en un centro de encuentro de grandes proporciones para la belleza femenina. Jovencitas, jóvenes, damas, señoras, señoritas, otras no tan señoritas, todas asistiendo a comprar sus productos favoritos sin importarles los precios, yo, disfrutando de la variedad de damas, podría afirmar que me sentía en un casting para un comercial de United Colors of Benetton.

Lo grandioso de la belleza femenina es precisamente la naturalidad con que se muestra, en ocasiones un traje sencillo o un movimiento sencillo de cabello, una mirada despistada, una manera inocente de caminar, unos zapatos, un jersey, cualquier situación cotidiana para la vida podemos captarla con la atención de ese segundo de vida y darle grandes dimensiones a una belleza que para otros está opacada.

La mejor belleza siempre afirmamos está en nuestra tierra y como no, siempre diremos que las mujeres de nuestra ciudad son las más bellas. En ese y todos los casos, es la belleza la que se considera universal y no territorial. Ahí el secreto del éxito de último almacén que visitamos, un breve pero claro mensaje de Victorias Secret´s.

La belleza también se lleva por fuera.

AV

26 de noviembre de 2007

Belleza Subliminal



Respira profundo, déjalo salir, muerde la inocencia de la tarde. Húmeda como la nostalgia, como las gotas de sangre que escapan de una herida casual, innecesaria voluntad de crecer, pésima actitud de madurar, déjalo salir, que se haga ajeno, que no te reproche los vacíos de la cama, que no te desvele con su silbido nocturno.
Húmedo como la sal cuando sale del mar, como la brisa de agosto que cae con hambre, como el calor del hogar después de partir, déjalo salir, expresarse, mutarse, arriesgarse.

Ante el espejo no preguntes, no cuestiones, mira de reojo e identifica tus líneas, busca el mensaje en el tocador, mira en el techo el reflejo de la conciencia, del blanco que te vigila cuando duermes, del límite del ego. En ocasiones disimulas la beldad bajo un velo de estiércol, formado de palabras y opiniones, maquillado con imágenes externas, de juguetes prestados, de juicios y criminales.
Naces cuando la hora de expulsarte te toma por sorpresa, te educaron con el pudor de la paternidad, te alimentaron con noticias y regaños, te dejaron en celo, te ilusionaron con viajes para el cuerpo, con blusas y jeanes tejidos a mano, como la piel, como el ego, que los tejiste a mano mientras masturbabas la presencia de otros.

Echaste a la basura las oportunidades de amar al prójimo, te vendiste en caminos pavimentados, en rutas que viajan sin ti, pero que atreviste a cruzar. Naciste para ser amada, deseada, besada, olfateada pero nadie ha sido capaz de lamerte, te dejan en celo, con el calor de la sexualidad temprana, te recordaron el celo que en el hogar fue el regaño de cada desayuno. Licor, licor, licor.

Burbujas de pasión inconsolables, bajo una ducha fría y solitaria desvelas tu cuerpo de manera esotérica. Vives como mascota prestada, en cautiverio eterno, con el alma al aire buscando tierra, acosada por nubarrones, dejada al margen de esa belleza que en la cotidiana muerte de tu base y pestañina ilusionas a caminantes y sonajeros. Un beso lo soluciona todo pero no promete sexo, no promete paz, no promueve vida, solo la reproduce con tu misma sangre y tu misma belleza, llena de subliminales criminales, llena de amores lejanos, amores que no has conocido en vida.

Necesitas suerte para retomar el rumbo.