15 de septiembre de 2026

El piano entre los pies (Martes)

 



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Es martes, un día cualquiera de septiembre similar a aquellos del septiembre anterior, afanes que con el correspondiente año fueron asumidos con la fuerza de voluntad de cada momento.

Para 2025 por ejemplo ejercía la paciencia de un evento internacional que con la ingratitud de un poeta, terminó en un puente roto lleno de astillas y rocas rodantes. O aquel septiembre de 2024 que con la ansiedad del que nada sabe, estábamos caminando en línea recta a una cueva llamada COP 16.

Para el septiembre de 2023 las lágrimas fueron y continuaron siendo la cortina de un paradigma en exceso humano, redescubrir todo a vísperas de viajar a Santiago, con la iluminada fracción de segundo de que una nueva vida podría aparecer (emerger).

A la final cada martes de septiembre puede ser un simple día con sus horas destinadas al quehacer de las jornadas, del descanso o por qué no, de la pereza misma hecha proteína.

De repente suena esta canción, casual e inoportuna. Un clásico donde la soledad quiere encontrar consuelo en un nuevo día.

Un martes cualquiera pero de hoy, de 2026 aparece nuevamente aquello que se me había escapado en las tardes de julio. La paz de un trabajo designado.

Habría sido mejor no avanzar y quedarnos encerrados en el vacío de una existencia que se estaba postergando en tareas y tareas.

Escribir fue la primera de las acciones que se abandonaron, que quedaron en la oscuridad de un día cualquiera.

Como aquel cuento donde todo inicia un día cualquiera de marzo, en el que las casualidades dejan de ser un símbolo y tropiezan con la ignorancia del optimismo. Creer que todo estaría bien al día siguiente nos trajo hasta aquí, un día cualquiera de septiembre, un martes para ser preciso.

Una buena canción de Duran Duran y la frescura de una oficina con aire acondicionado al mediodía no es más que el escenario propicio para reaccionar, caer en la cuenta que todo ha sido suficiente hasta hoy.

Poder soltar ese pesado piano que en la espalda tanta cargaba gestaba, verlo caer y quedarse estático, sin sonido, junto a los pies.

Ver que aquello que considerábamos una simple tarea terminó en una pesada manera de resolver asuntos que no debían porqué ser nuestra responsabilidad.

Un martes cualquiera pero de hoy es pues, un simple día en el que la confianza por el siguiente, llegó, para seguir esperando.

Hay un piano en el suelo, junto a los pies, como una carga que ha caído.

Hay un cuento sin final, junto a un piano, a los pies, como una carga pendiente.

AV.

14 de septiembre de 2026

Hoy me encontré (Septiembre)

 


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Me with my headphones ignoring everyone By: ZIHAM.

Hoy mientras subía a mi oficina, en un descuido de la vida mi mente se fue en medio de la música que escuchaba. Recostado contra una de las paredes del ascensor y unos audífonos puestos, escuchaba esta canción, en ese momento, en tales minutos fue que la vida me tomó del brazo y me haló a una espiral de recuerdos.

La voz indescriptible pero inolvidable del necio de Liam Gallagher guiaba mis pensamientos, los arreglos musicales y de fondo las cuerdas, eran un telón preciso para perderme en alguna parte.

Recordé a personajes que hoy no frecuentan mis días, que fueron importantes y por supuesto protagonistas. Recordé lugares que ya no visito, a sus comensales y sus detractores, empecé a caer en un halo de nostalgia que en el cosmos de lo inmarcesible, estaba esperándome.

Sentía que se repetía, que insistía en aquella voz ronca, que caminaba en mis recuerdos como un reclamo o por qué no, una advertencia, porque para nacer hemos nacido (Neruda), y de eso hace mucho que no escribimos ni documentamos. Preciso podemos observar en este relato que se ha estancado la producción de letras del blog, pero es preciso señalar, que el estancamiento responde a la frustración de los tiempos que nos dan tanto por contar pero poco por actuar.

En alguna parte de mi mente se sigue esperando el momento oportuno para actuar, el necesario llamado de lo que no tiene nombre para proceder con las palabras y las reflexiones, los cuentos y sus continuidades.

En los días inesperados donde los amigos están ocupados, donde la ingratitud y la distancia se visten en el relicario de excusas para no llamar, no visitar, no responder. Me acuso y me asiento como culpable, porque en esa mente confusa y callada hay demasiado por resolver.

Resolver cuestiones que el trabajo trajo consigo como una montaña de quejas y requerimientos que perdieron su orden, robaron las horas de tránsito y sellaron los tiempos de deliberación. Un cansancio repulsivo que logra alejar al mejor de los ignorantes, destruyendo su motivación y carisma para sellar todo en una taza de café: ser el oficinista promedio.

Que buena canción que en el trayecto de cinco pisos, logra hacer reflexionar al oficinista de temporada, que robando un poco de sentido común ha pintado en la realidad de un soliloquio, las pretensiones de una vida que se dejó de vivir entre julio y septiembre. Recuerdos de luces y sombras que ya no están en ninguno de los anaqueles del hogar, de cuentos e ilustres personajes que salieron porque se cansaron de esperar, de miles de minutos que con sus cuentas se convirtieron en espacios vacíos, silencios al frente de una pantalla, mudas intenciones de reflexionar.

Daños que nos quedaron por culpa de una cotidianidad contaminada por las malas decisiones de quienes preciso, deben de contener toda capacidad de tomar cuestionables decisiones.

Un trayecto de 30 segundos en un ascensor que una vez más, una vez más, nos recuerda que siempre “es más fácil divertirnos cuando no tenemos nada.”

Una vez más.

AV.