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tomada de:
Es
martes, un día cualquiera de septiembre similar a aquellos del septiembre anterior,
afanes que con el correspondiente año fueron asumidos con la fuerza de voluntad
de cada momento.
Para
2025 por ejemplo ejercía la paciencia de un evento internacional que con la
ingratitud de un poeta, terminó en un puente roto lleno de astillas y rocas
rodantes. O aquel septiembre de 2024 que con la ansiedad del que nada sabe, estábamos
caminando en línea recta a una cueva llamada COP 16.
Para
el septiembre de 2023 las lágrimas fueron y continuaron siendo la cortina de un
paradigma en exceso humano, redescubrir todo a vísperas de viajar a Santiago,
con la iluminada fracción de segundo de que una nueva vida podría aparecer
(emerger).
A
la final cada martes de septiembre puede ser un simple día con sus horas
destinadas al quehacer de las jornadas, del descanso o por qué no, de la pereza
misma hecha proteína.
De
repente suena esta
canción, casual e inoportuna. Un clásico donde la soledad quiere encontrar
consuelo en un nuevo día.
Un
martes cualquiera pero de hoy, de 2026 aparece nuevamente aquello que se me
había escapado en las tardes de julio. La paz de un trabajo designado.
Habría
sido mejor no avanzar y quedarnos encerrados en el vacío de una existencia que
se estaba postergando en tareas y tareas.
Escribir
fue la primera de las acciones que se abandonaron, que quedaron en la oscuridad
de un día cualquiera.
Como
aquel cuento donde todo inicia un día cualquiera de marzo, en el que las
casualidades dejan de ser un símbolo y tropiezan con la ignorancia del
optimismo. Creer que todo estaría bien al día siguiente nos trajo hasta aquí,
un día cualquiera de septiembre, un martes para ser preciso.
Una
buena canción de Duran Duran y la frescura de una oficina con aire
acondicionado al mediodía no es más que el escenario propicio para reaccionar,
caer en la cuenta que todo ha sido suficiente hasta hoy.
Poder
soltar ese pesado piano que en la espalda tanta cargaba gestaba, verlo caer y quedarse
estático, sin sonido, junto a los pies.
Ver
que aquello que considerábamos una simple tarea terminó en una pesada manera de
resolver asuntos que no debían porqué ser nuestra responsabilidad.
Un
martes cualquiera pero de hoy es pues, un simple día en el que la confianza por
el siguiente, llegó, para seguir esperando.
Hay
un piano en el suelo, junto a los pies, como una carga que ha caído.
Hay un cuento sin final, junto a un piano, a los pies, como una carga pendiente.
AV.



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