17 de julio de 2010

El sueño de la Mandrágora



Imagen Tomada de: http://i207.photobucket.com/albums/bb196/CeLeStiaL-MySTiC/Animals%20And%20Nature/BlackCatFaeryForest.jpg

Al igual que la leyenda de la mandrágora, el hombre siempre ha querido superar su condición de ser humano, inclusive, vacilar al universo una broma pesada y pretender ser inmortal por encima de cada una de las virtudes y condiciones que se le han brindado. La mandrágora en su desespero ha permanecido callada en el profundo bosque y en innumerables leyendas, querer eternizarse en sus intenciones de ser un ser superior a su condición de vegetal, más allá de su entendimiento como ser irracional, sólo busca su placer y su redención.

Todos los seres cumplen una tarea indispensable en el sano equilibrio de la vida, de hecho la vida es precisamente lo que se define como una relación de costo – beneficio entre distintas especias hasta lograr un solo ecosistema. El hombre, en sus desespero por romper barreras y robarle a la inocencia el derecho a decidir, ha sufragado en actos violentos manchas inolvidables de sangre en santos lugares donde la nieve o la niebla jamás imaginaron lo imposible, la sed de poder, la avaricia, los celos e inclusive la misma ira han servido de pecado para darle a la razón y al entendimiento la ciencia necesaria para la construcción de herramientas y armas mortales, capaces de matar a inocentes mamíferos, de acribillar a seres submarinos para arraigarlos en tierras que estos desconocen, virtudes como la disciplina y el amor han sido tergiversadas para llegar en renglones sueltos a implorar a nombre de una fe desconocida el destino de una naturaleza que ve morir sus orígenes en viejos árboles, en talas indiscriminadas y pieles comercializadas más lejos de lo que la cordura puede dar, darle al significado de la naturaleza y el ecosistema un mero sustantivo. Darle muerte al significado de la vida.

Cada uno de los ciclos del universo da a una raza en particular el donde del equilibrio, primero lo fueron las plantas, posterior a ella llegaron los insectos, con el tiempo las aves lograron migrar conocimiento y amor, años más tarde llegaron los reptiles e inclusive la misma especie mamífera. Cuando el turno de hombre toco base en la pirámide se inventó el fuego, el pecado más grande de todos los pecados, no por ser la llama un objeto de sanción o injuria no fuera suficiente para un mismo fin, de hecho la esencia del cosmos se había desaparecido con la misma llama con que se daría vida a una hoguera en la selva.

No se olvidó de la inocencia, pero se pecó en la ciencia, se dieron espacios de discusión en escenarios donde jamás se debería haber dado discusión alguna, la sangre se volvió alimento para aquellos que querían dominar lo que los insectos y las aves protegieron por miles de años, inclusive se inventó la música, una manera descuidada de darle sentido a la voz de una naturaleza que veía en el fuego la muerte de aquello que la lluvia y la brisa protegieron de por vida.

La invención del universo dio nombre científico a las cosas, pero mientras los hombres se debatieron en armas y argumentos, la mandrágora continuaba con su sueño de ser mujer. Le suplicó a la luna darle un calé y con él un nombre, una piel, una esencia, un alma; el error que le castigaron los dioses a aquella especie no fue su deseo de ser humana ni mucho menos de pisar tierra, fue su ignorancia. La juzgaron al igual que a una sirena, le prohibieron el cielo eterno y le negaron las agallas, le censuraron pulmones e inclusive hasta el derecho a derramar sangre le fue negado, ningún dios estaba en la desidia de otorgarle el beneplácito de dar un nuevo bípedo a la tierra que sangraba costa de la raza humana, aquella raza que se consideraba superior y guardiana de los seis elementos del cosmos.

Aire, tierra, fuego, agua, espíritu y cosmos. Las hadas dejaron de ser hadas para convertirse en inmensos cedros, los duende dejaron sus cuevas y se transformaron en grandes volcanes, las sirenas fueron castigadas y terminaron su travesía en submarinas corrientes de aire, los elementales se exiliaron en los cielos y fueron torrentes y temporales, fueron seres de agua y aire, fueron vengadores de lo que los insectos no lograron contener. Los faunos y las valquirias se mezclaron en lo que los civilizados ignorantes llamaron mitos, las leyendas fueron cuevas y los ánimos de supervivencia sólo se resguardaron en lo que la imprenta siglos más tarde denominó como libros.

Las ansias de poder y el amor por lo inmortal dieron a los bípedos un ropaje que hizo inútil cada uno de los vellos que la naturaleza les brindó por siglos, inclusive se cortaron el cabello para rechazar lo que la protección de las valquirias consideraban necesario, la brisa de los elementales, y el fuego duendes de antaño no transformaron la tierra, la dieron por entregada al ingenio de una ciencia naciente, sólo la música fue el más noble acto de los mortales con ropaje que un cielo grisáceo pudo agradecer.

Fueron silencios eternos en una nueva era.

AV

15 de julio de 2010

tristitĭa




Imagen Tomada de:Ian Lind’s Photo Blog
"The view from Kaaawa"

Suena el reloj, levanta la mirada y con el equipaje en mano se despide con un breve suspiro ante el nublado cielo de julio. Pasado junio sus prioridades no se consensuaron ni se disociaron, cada caminante admite banda sonora propia o silencio eterno, no existen términos ni matices grises en un trayecto lleno de adrenalina.

Cada vida se dibuja en un sinfín de correcciones y acertijos, desconocidas musas y postergadas explicaciones, desaciertos e infidelidades a la memoria. Cada corazón se sumerge en su propio latir, en ese latir y con un reloj presionando a la cordura apretó fuertemente la maleta contra su espalda y tomó rumbo bajando la colina sin retroceder mirada alguna.

Desértica imagen del olvido, con abrigo y bufanda, inseguro en ocasione y taciturno en otras se dirigió con rapidez cuesta abajo, no pretendía emerger ni sacrificar tiempo perdido, sólo busca placer y conocimiento, inclusive el exceso de información fue lo que le exilio de aquel estad de sueños sobrepuestos y sugerencias reencauchadas, amores furtivos, familiares fugitivos, amistades fusiladas.

Cerca al próximo escalón del trayecto un paisaje inexistente le detuvo, paredes azules, murales llenos de mensajes de protestas, himnos del rock tallados en inmensas cárceles de olvido y desfachatez, cerca a un bar un recuerdo se bebe cada nostalgia que los amigos le heredaron; cual herramienta de aseo desfilan las emociones en una noche aplastada por el frío verano, vientos fuertes y árboles acongojados por el hedor de un tiempo que no existió, héroes que se olvidaron, cuentos que se tergiversaron y se demandaron en cuentos infantiles, memorias de la cultura popular llevadas a páginas gastadas por la imprenta de un nuevo milenio.

Observando el cielo sigue su camino declama letras de contratos sin firmar, murmura canciones y su mirada perdida entre las nubes choca con un pasaje oscuro lleno de gotas de agua, patea sin pasión los obstáculos y se da una oportunidad entre tanta muchedumbre, invisibles como los aromas, terco como el amor, intransigente como la pasión del periodismo, inevitable como una copa de vino, volando, susurrando, delirando en rincones no existentes.

Cada caminante suele escabullir su rumbo en notas musicales, darle sentido a su soledad e inventarse trayectos de compañía mientras le dura la vida en un reloj gastado por el tiempo. Se imagina en otro universo, camina más a prisa y se deja guiar por los encantos de un nuevo paisaje, ahora se halla ante una inmensa arboleda, quizás una alameda o algún enjambre gigante de malos recuerdos, no importa, se sigue el camino y se toma impulso a ritmo de corrientes, zigzaguea y cruza un par de puentes, amarrado a su equipaje deja en un cuento la evidencia de que algún día estuvo allí, se convierte en un ser abstracto e impersonal, en un objeto de colección.

Su piel se estremece en un sentido pésame de la vida, se siente en una paradoja extraña de la vida, se prefiere detener a continuar girando en círculo en un parque sin sentido, revisa con cautela su equipaje y se desprende de detalles que le fueron importantes en otro momento, sólo conserva su información y se desviste ante la tentación de un nuevo modo de vida, sólo busca sentido en lo que la filosofía ha descartado como origen del universo.

Tan abstracto e impersonal como el sigiloso llanto de un neonato, submarino de pensamientos e infundido en dudas, camina sin perseguir nada, no pretende llegar a ninguna parte a pesar que se da prisa para no llegar tarde, el reloj le presiona, la ventaja de la vida se deja alcanzar por la impaciencia del tiempo, de las noticias perdidas, de las fotografías estampadas en nubarrones y murales, de aquellos himnos del rock que leyó en los murales de ayer.

Enciende un cigarrillo y se detiene por un instante. Frente a un puente elevado consulta con la profundidad del paisaje el destino de aquel cruce, solo inmuta lamentos y sube escalones, se detiene en el borde e intenta escabullirse en un arbusto de melancolía, le da sentido figurado a la vida, como cualquier metáfora brinca sobre la base y corre hasta llegar al otro extremo, no es de día ni de noche, sin sol y sin estrellas que criticar sólo encuentra nubes y profundidades, desespero y enemistades, se halla en su propia espiral. Se sostiene a base de caminos.

El Reloj deja de sonar.

AV

14 de julio de 2010

Las Hojas del Tiempo


Imagen Tomada de: http://martineroch.net/

The Golden Fleece

Sentía que estaba en mi espalda, sólo el ventilador irrumpía en el silencio y frío ambiente de una noche cualesquiera que fuera, cada voz se susurraba en la conciencia, no se consentía duda alguna, sólo temores y desvaríos. La pantalla del computador serviría de reflejo en una oscura habitación que entre mi espalda sólo databa de silencios, el humo del cigarrillo huía en búsqueda del exterior, el insomnio no sería motivo de costumbre, quizás a diferencia de noches anteriores ésta sería una tumba compleja de recuerdos, de temores, de enemistades y de fantasmas. ¿Quién dijo que los fantasmas no existen?

El pasado es un hermoso carrusel con propia banda sonora, con aromas particulares y sueños inusuales, en la costumbre de la noche se bebe y se duerme, se escribe y se recuerda, se da oda a la nostalgia y con un lujurioso halo de misterio se cuestiona el sentir de lo humano sobre lo superficial, con el frío de un verano inexistente las letras del temor se acomodarían a la búsqueda de una excusa para no temerle a lo ya temido.

Existen sueños con la capacidad de dejarnos perplejos, sueños llenos de realidad, al mejor estilo de un recuerdo se pasan por nuestras manos y nos observan desde lo incomprensible, el ritmo de cada palabra dicha en el sueño, de cada paso dado o de cada paisaje visitado se camufla con la inexplicable sabiduría de los wiccanos, de esa misteriosa esencia de tratar de entenderlo todo, de amar la realidad y serles ateos a los sueños.

Quizás la fuerza del pensamiento me ha retomado en el suicida ejercicio de rememorar el pasado, me duele es quedar con la duda de saber si es un recuerdo hecho ficción o si fuese una vivencia hecha tiempo vivido, amar la duda como el suicida que ama el todo y la nada a la vez; tan desesperante como las noches en que la depresión no cuestiona ni castiga sino que alienta y sugiere, dejar que el estado REM de nuestra noche se despliegue más allá de las sábanas, viajar entre el frío de un plano no terrenal y el frío de un invierno tropical. Dejar de lado las sábanas, pensar que se está en casa pero a su vez sentirnos en otro mundo, volver al pasado en el cuerpo inmaterial de un desdoblamiento, de un sueño mal vivido o de un terreno sin suelo y sin techo, de un mundo que estalla sin que lo sepamos.

He regresado a la casa grande, a diferencia de todos los sueños anteriores no estuve en su interior, no se me permitió entrar, lo más cercano fue la calle de enfrente observando como el único familiar que recuerdo barre las hojas secas del tiempo, con su vestido de flores de colores rojas y amarillas, su cabello corto entre rubio y cano, sus ojos marrones y sus rosadas mejillas, todo un imaginario aferrado a una escoba recogiendo lo que los árboles han desechado, quejándose de la vida, en un silencio tan íntimo como el dolor sugeriría otra oportunidad. Sin saber si mi presencia era real o no levantó la mirada y unos inmensos ojos azules me miraron fijamente, no pude moverme, sólo quedé estático en el tiempo. Sentí como si pasaran las horas, los días, inclusive los años. Lo curioso es que nunca logré comprender el color de los ojos a sabiendas que su original iris era marrón y no azul.

Nuevamente aparecí en otra calle, una larga carrilera abandona de tren, polvo con aroma a olvido y esquinas con casas acabadas por la desidia del tiempo, la nostalgia cubriendo las nubes daba paso a un imperdonable sol amarillo que daba color a todo el escenario, me saludó un viejo habitante, piel canela y crespos sobre su cabeza, me invitó a caminar por cuanto barrio y vereda rodaban la región, en cada parada me recordaba que era un político importante de la región como si me insinuase algo impertinente.

La última parada fue en una vereda muy extraña, distinta al seco y asfixiante calor del pueblo, era una húmeda y selvática casa escondida entre un sendero que se alejaba de las calles y se transformaba con el verde de las hojas de palma, sin darme cuenta viré a mi espalda y de inmediato me encontré en el interior de la casa grande, en el segundo piso, con la reja blanca enfrente de mi rostro. Me apoyé en ella y pude ver a la familia de Ricardo –mi vecino de infancia– conversar en el patio vecino.

Me desperté con una sensación más infiel que el mismo frío de las noches cuando el silencio se apodera de mi soledad y mi turba cotidianidad. No recuerdo muy bien cada parada con el mentado político local, pero sí recuerdo que en cada una de ellas se me presentaba con honores a familias y pobladores traicionados por la riqueza, recuerdo que en cada parada se me recordaba la profesión, el oficio del tiempo y las penas del olvido.

Recuerdo bien que no fue un sueño normal y es un pasado que jamás he vivido.

AV

28 de junio de 2010

Páginas de Partida


Imagen Tomada de:
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“The Tiger”
By: Joël Le Montagner

La naturaleza humana nuevamente se convierte en un renglón de observación en este blog, no es cuestión de psicología hacia los otros o de simular un ejercicio sociológico, no me compete ni profesional y moralmente ser árbitro de las consecuencias o causas de la debacle de sociedad que podemos forjar. Sin embargo, es claro que somos seres complejos, desnaturalizados y dispuestos a llegar a extremos sin importarnos en ocasiones el sentir o pensar del prójimo.

Vivir en comunidad es una estampa que no todos tienen interiorizada, inclusive el más imbécil de los mortales cuando se siente solo es que reconoce el valor de la distancia o el significado de unas palabras. En ocasiones recuerdo las acciones emprendidas para el beneficio de alguno o de alguna, la manera como a pesar de mi insensible manera de tomar decisiones siempre custodiaba el bienestar del prójimo, lo curioso de este relato es que precisamente ese prójimo en ocasiones siempre era la misma persona. Un ser lleno de falsas ideas, una persona que nunca ha sido agradecida con la vida ni con los “amigos”, una persona que no ha trabajado en su vida por conseguir lo que se merece, por el contrario, ha sabido (y con un buen trabajo) manipular o abusar de la confianza que otros depositan en él.

Como un sentimiento de supervivencia su rol de victima siempre se ha constatado en el renglón de todas las planas de la vida, con cara de inocente y esa mirada de torpe logra ablandar la frialdad de las mujeres, sus amistades de dudosa permanencia y desinterés, feliz buscando el amor en seres que a duras penas comienzan a entender el significado de dicha palabra. Malcriado, indeciso, torpe, ingenuo, abusivo, mediocre, ladrón. Es increíble lo que un sentimiento de odio o de ira puede influir en la pluma de un artista, pero en este caso la luna no menguará para hacerle una cuna a dicho sujeto, en mi caso, me es incapaz encontrar objetividad cuando su estado de naturaleza se define por el abuso y la falsedad.

Vivir en comunidad es una estampa que no todos tienen interiorizada, inclusive el más débil de los mortales cuando se siente solo es capaz de reconocer los valores que otros no han intentado evidenciar, sin embargo, sin importar lo insensibles o frías que puedan ser las decisiones conocemos seres en el camino que se amarran a la pata de la cama con su propia sábana, seres que prefieren sacrificar su capacidad de vuelo por un miserable miedo que ni el más mago de los artistas puede controlar. Seres que han decidido ser la más baja criatura en el ecosistema urbano, seres que han preferido ser tratados como unos miserables ineptos a demostrar su luz y brillar por vez propia y ante los ojos de todos, seres que merecen ser triunfadores pero su maldita cobardía los encierra con un velo que les pinta el paradigma de la vida con colores atemporales.

Conozco personas que me logran sacar de ruta con su actitud olímpica de ganar medallas a costa del silencio de muchos, específicamente me endeuda con el cielo la paciencia perdida cuando dichos seres gustan por costumbre juzgar a las personas sin siquiera conocerlas o entenderles, sin siquiera tomarse el trabajo de interactuar hasta el fondo, sólo se evidencian con la superficialidad de su carne y se dejan justificar por su inepta manera de comprender los misterios del universo.

Tantas cosas de las relaciones humanas me disgustan al punto de desear no querer estar con esos seres, sin embargo me queda la tranquilidad de saber que en esta inconsciencia siempre hay una historia sin terminar, una fantasía sin redactar.

Siempre se tratará pues de seres ficticios, obtenidos de grandes obras literarias que han logrado asumir el rol que muchos humanos tienen sin necesidad de salir de las páginas, no me invento personajes ni relaciono actitudes con nombres ni sustantivos, estos saben cuando la historia les repite su propio nombre, por el momento es mejor seguir en esa ficción descontrolada.

Esa paz que sólo los libros nos pueden brindar.
AV

25 de junio de 2010

Pretexto de Partida (Carta para Ocy)



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“Pyramids Of The Sea”

By: Mattijn

Piénsalo bien, no hay mal que dure suficiente para secar lágrimas, no hay lágrimas suficientes para humedecer la nostalgia. No se puede revelar una fotografía sin ser tomada ni mucho menos caminar sobre las aguas cuando ni siquiera se ha aprendido a nadar, no olvides que las nubes jamás están estáticas, vuelan, se escabullen entre corrientes de aire y entre cada tejado dejan un halo de luz que traspasa la página en blanco que ahora lamentas.

El hogar esta cerca de todo aquello que te rodea, está hecho de piel y de un bello plumaje, quizás por ello las aves son migratorias, coquetean con las nubes y de vez en vez con un frío lago o alguna ola pasajera del mar; el corazón lo tenemos todos los seres vivos en señal de protesta, inclusive la más infiel de las aves deja su nido cuando no se le ha enseñado a volar, por ello aquellos golpes dejan heridas que el tiempo intenta curar. Traspasarnos la memoria en un sueño profundo y aprender a escuchar los ruidos de la calle, tener valor para ver quien somos en vitrinas comerciales, doblar en la esquina y dejarnos por fuera de la cotidiana humildad.

Querer desaparecernos de las cuatro paredes que rodean al mundo, irnos lejos en una marcha llena de búsquedas y preguntas, lamentarnos por las despedidas que no se hicieron y jugar a las escondidas mientras los demás duermen. Ha llegado el amor, lo has recibido con el mismo peso con el que le has dicho adiós al amor eterno, le has dado sal a un dulce plato de comida, de una partida de toda la vida, de un juego donde ni siquiera las aves consideran suficiente.

No mereces llorar, no hay lágrimas suficientes para aturdir una canción, no hay lamentos suficientes para escribir obituarios o epitafios de duelo. Bellos ojos claros, bella esperanza felina, lamentos cotidianos, despedidas furtivas, páginas en blanco.

Sabes que tienes la fuerza del viento, que posees la sabiduría de una ronda infantil que recrea en imágenes el secreto del universo, la eternidad de la infancia, el aroma a café de las mañanas y el amargo sabor a Vodka en las aventuras de viajero. Como cualquier diario sueñas esa luz que no devuelve corazones pero que lamentas sin tener razones o acertijos concluidos, darle fin al tiempo en que brillabas y saberse la clave secreta de esa compuerta que te va abrir al mundo.

No eres de allí, naciste para viajar, para recorrer el mar y susurrar olvidos con las nubes, dejar de ser sedentaria en un rincón de lágrimas y en el vagón de la vida. Tu carrilera es más sólida que la cama a la que te atas cuando duermes, eres más guerrera que el mártir que has elegido por abrazo, al castigo que has elegido por vacaciones, al olvido que has dejado de remembrar.

Sigue diseñando tu hoja de ruta, dale a tu currículo una carta de navegación que sobrepase los límites de la cartografía, dale vida al mar que no tienes en tus calles, dale una pista de aterrizaje a las aves que abandonaron el nido, despídete del paso anterior, toma aire, levanta la cara y alza el vuelo.

Todos tenemos un mal día.

AV

23 de junio de 2010

Subtexto de Partida



Imagen Tomada de:
http://www.flickr.com/photos/53782220@N00/2052509303
“Little did they know…
21 de noviembre, 2007
By: Mattijn


Y Allí estaba, sólo el sonido del ventilador…

Ese silencio que con su presencia marca cada pauta de la vida, nuestra rutina y nuestros agravios simplemente dan bulla y distracción, en ese momento fue justamente cuando lo vi, no lo escuché, lo vi fijamente; Un silencio puro, como el de la casa grande, me vi sentado en una calle decorada por hojas secas y casas de una sola planta en frente, a mi espalda una inmensa casa amarilla, a su lado una gran casa blanca y a su izquierda una casa rosada. No relato la sensación de estar allí sentado en el asfalto jugando con una moneda, porque más que una sensación era un recuerdo marcado por el fallecimiento de un ser querido.

En la esquina la familia Luna atendía su negocio de consolas, gran mayoría de jóvenes y niños llegaban y jugaban por hora a un precio que para entonces era justo, la locura del fútbol y otros juegos era la importancia de entretenerse una tarde de julio. Con pantalones hasta las rodillas y una camiseta blanca con un Mickey Mouse estampado identificaron mi presencia junto a un viejo árbol con pintura blanca en su tronco, estaba de regreso.

Ayer como cualquier martes me senté a leer en mi café de confianza y hojeando páginas colombianas me transporté en la literatura caribeña, el aroma a sal y la brisa seca de un Caribe colombiano con más deudas que historia me remontaron a la naturaleza y belleza de esta tierra enclaustrada en herencias robadas. La Casa Tomada denunciando las atrocidades de la United Fruit Company, la ribera del magdalena evidenciando una crisis de Cólera que viajaba desde Mompós hasta las murallas de la Cartagena de Genoveva; cada letra escrita por los grandes pensadores de esta costa no pertenecía a esta historia, por el contrario hablamos de dos tierras distintas: La tierra del olvido donde la amapola y el plátano fueron sembrados con sangre, y la tierra del pánico donde los amores se pagaron con sangre.

Seguí hojeando las páginas y viajando a ritmos acelerados en contextos olvidados, lejos en el pacífico colombiano se divisaban unas estrellas negras escritas en otros tiempos, donde la avenida primera de Quibdó chocaba en franca rebeldía con la ficticia fanaticada de un tango gardeliano en la plazoleta del Astor en Medellín, de occidente a oriente también se narraron personajes que invocados por la sangre dieron una denuncia a la patria que ha traicionado a sus lectores, a sus campesinos, a sus viajeros, a sus fusiles.

Con cada letra me veía recorriendo Colombia, mochila a un lado y con guayabera viraba la historia escrita en un país que no ha sido leído, porque lastimosamente aquí en Colombia la literatura nunca ha sido leída, solo ha sido citada y referenciada, ni el nobel de literatura ni el príncipe de Asturias, la reivindicación no se doctrinaba en las escuelas, las universidades decidieron leer panfletos y murales, los ciudadanos ni la prensa querían comprar, sólo citar autores y escritores, poetas fracasados que “Sin Remedio” recorrieron el norte de una capital donde todo pasaba y en la que las cosas siempre eran iguales a las cosas, donde en la esquina del Dari un gran edificio vigilaba a los desesperados que no tenían fortuna, inclusive, donde el cine decidió que era más importante matar que amar.

Este silencio me reunió en mi escritorio con la historia leída en la tarde del martes, como cualquier esquina los silencios llegan para ser vistos, para honrarnos o culparnos, la nostalgia da asco cuando llega en la realidad, pero la amamos y la volvemos melancolía cuando la escribimos en ficciones y novelas; precisamente pensando en mis amigos amados, en la historia no contada, en la barbarie del sagrado corazón, en mis viajes en un tiempo que no ha sido materializado, fue que me encontré sentado nuevamente en las cercanías de la calle 20, como si la misión Cundinamarca empezase de nuevo o por el contrario quisiera un homenaje al mejor estilo de los olvidados y los fusilados.

Rodeado de hojas secas y en el cuerpo de un niño con trece octubres de vida, observaba el caer de la tarde mientras que en mis espaldas se lloraba el fallecer de mi abuela. Aquella tarde de martes tomándome un café, pensando en mi deuda histórica con la tierra literaria e imaginándome con un cigarrillo en caminos directos a los llanos, o quizás nuevamente al río magdalena, llegó el silencio que me arrastró a otra deuda, no una deuda histórica, sino una deuda literaria.

Cada silencio debe ser observado, no escuchado. Cada libro debe leerse pero también difundirse, en especial cuando las grandes denuncias de la historia han sido ignoradas en el Congreso de la República y publicadas en la literatura de la república, inclusive, después de haber sido demandadas.

Allí estaba el sonido de ventilador, allí estaba el silencio con su hedor.

AV