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Hay personas que con la
naturalidad de su forma de ser y pensar, abren espacio en nuestras vidas,
personas gratas que se dibujan en cerámica o viajan entre mensajes llenos de
afecto.
Magia que del universo brota en únicas canciones, como animales que danzando en el bosque invocan a las más pura de las deidades.
En mi particular recorrer he atravesado caminos llenos de flores y una que otra grieta sobre el asfalto. Callejones donde he aprendido a entender lo valioso de un saludo, lo noble de una excusa y lo inmenso de un abrazo. Caminos en el que nombres y apellidos fueron dejando sus saludos en abrazos y apretones de mano, donde quizás aprendí que a todos por igual se les da la confianza con el mismo peso de un adiós.
Creo, porque soy un felino lleno de fe, que la inocencia de cada persona nos evoca relaciones de crecimiento permanente. Las intenciones por supuesto emergen en sonrisas, y yo desde la estima y el enigma, me considero por demás, un ingenuo soñador que carga en sus brazos la sonrisa de todo aquel y aquella que me han encomendado su ternura.
Días en que el sol es espectador
de un calor amigable, donde las distancias se resumen en anécdotas, en una
llamada.
También hay días en los que llueve, como hoy, porque febrero llegó coqueto, con gotas de agua que viajando entre corrientes de aire se posan en cuanto camino exista.
Una lluvia que se convierte discreta, tímida, elocuente.
Porque cuando llueve, allí, en el
vacío de las calles húmedas y asfaltadas, se recuerdan nombres de personajes
que nos hacen bella la vida.
Un ronronear del agua sobre el camino, que en recuerdos varios, se convierte en un grato placer donde se comparte el agua con todos aquellos que desesperados danzan buscando refugio.
Distancias que conectadas con el fluir del viento sirven para escribir algo insulso como estas letras, algo teledirigido a quienes nos declaran afecto en sus pensamientos, donde los ojos profundos nos llevan a universos llenos de vida, de emociones que no tienen nombre, aún.
Una distancia que se convierte discreta, tímida, elocuente.
Porque cuando recorremos caminos a causa de las ocupaciones del día a día, lo cotidiano se nos vuelve paisaje, con lluvia o sol, o ambos unidos en una travesura literaria, giramos sobre las sombras de las flores y los helechos. Nos llenamos de pasos apresurados para que el día siguiente, sea jueves, porque el miércoles, a pesar de estar lleno de ternura sigue vacío por culpa del calendario.
Llueve un miércoles, podría incluso, llover mañana jueves.
No es la lluvia sino, el deseo mismo de danzar bajo las gotas de agua, un camino de buenos recuerdos y gratas intenciones sin importar la distancia, porque donde el deseo y la ternura florecen, los mensajes llegan.
Mañana es jueves, mis estimados.
AV
2 comentarios:
Cada línea está compuesta de emociones ligeras y duraderas. Me encantan tus escritos. Quiero ver el libro.
Es un gusto enorme leerte !
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