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8 de abril de 2025

Tareas (la mañana puede esperar)

 


Imagen tomada de: https://www.ukposters.co.uk/canvas-print-f992127589


Con la ferviente lluvia de los tiempos de abril me acomodo en el caprichoso momento de querer madrugar a trabajar. Madrugué porque debía de atender una importante reunión, de esas que se convierten en compromisos de mediana complejidad.

Me serví un café y con el sabor dulce del deber cumplido procedí a preparar el material de resto de labores, todo como debe de ser en el menester desempeño de un joven de cuarenta y un octubres de vigencia. 

Con el ferviente calor de los años me dejo atrapar por la maraña de pensamientos que adornan mi tiempo, esas ocurrencias que una a una se van decantando en forma de tarea, informe, correo o explicación, todo junto como un trueque de formalismos y espejismos de la vida adulta.

Quizás incluso, en el devenir de los buenos tiempos, una balada acompaña en el parlante de una oficina a quien con juicio busca dar la mejor versión sí mismo, por demás la mañana puede esperar, aunque la lluvia no se detenga del otro lado de la ventana.

Siempre tenemos una intención y un buen mensaje que compartir a quien en la distancia extrañamos, damos plegarias por su bienestar. Intenciones que repetimos siempre, porque no es otro el propósito que esperar lo mejor de los demás.

Sentado sobre un escritorio atendiendo los pormenores de cada asunto, un silencio abordó con prematura frialdad la mente de este, su buen amigo y escritor. El vacío de las ideas, el frío de un insensato momento que abraza la espalda, la mirada que se cruza con la pared de enfrente para hacer simbiosis de lo innecesario.

Un vacío tan grande que en la quietud de una nube caprichosa, se ha perdido cualquier idea o tarea que se estaba ejecutando. Un inesperado estado catatónico que resumido en pánico nos ha engendrado el miedo mismo, al mañana pendiente.

Ahora que se retoma actividad cotidiana pero con algo de cautela, queda en el escritorio la frase extinta: Hay que dejarse atrapar por la maraña de pensamientos que adornan al tiempo libre.

Aun cuando sea tiempo perdido.

AV

28 de marzo de 2025

Una ingrata reflexión de viernes (Marzo)



 

Imagen tomada de: https://easy-peasy.ai/ai-image-generator/images/atmospheric-rain-scene-lone-figure-stray-cat


Es viernes, llueve con el consuelo de que la jornada para muchos ha llegado su final, como una cortina de agua que nos permite sentarnos a pensar sobre los logros y pendientes que quedaron sobre la taza vacía de café.

Algunos, descuidados o con afán, salieron de sus recintos dejando aquella taza sin lavar, una ligera marca oscura con formas abstractas en su fondo, una señal de esperanza, de ser recordada por su vacío.

Un vacío que alguna vez fue bebida, una taza que en su momento fue motor de productividad, un momento que se convirtió en salario, en escape, en el anhelo de llegar a casa bajo una cortina de agua que abraza a la ciudad.

El ánimo de un día que da premisa a un fin de semana de cierre de mes, un mes que en letras de varios poetas y transeúntes se ha hecho eterno, cumpliendo quizás la abandonada tarea de enero. Esa infame gira de noventa días en cuatro semanas.

Un marzo que como castigo divino fue bañado en agua de manera permanente hasta robarle la energía a aquellos hogares alejados de la realidad. Hasta robarnos besos donde no había palabras justas.

Hogares que con afán han escapado de la prudencia y se han envuelto en maromas varias para completar el sustento de una factura que no da espera. Un afán por demás, poético, diría Estanislao.

¿Habrá prisa más inexacta de aquel que busca en el tiempo una promesa de un mundo mejor? ¿No es pues el tiempo el único recurso renovable que los dioses lloran? ¿No es la lluvia un paraje de tiempo inexacto?

Dejamos la voz en susurros de días variopintos.

En besos monocromáticos, que alguna vez fueron susurros variopintos.

Días como el de hoy que inició con noticias provechosas para el joven oficinista del siglo XX, que en sus horas permitió el conocer nuevos comensales a quienes dio gusto probar un poco del Café Especial que se suele brindar en reuniones y diatribas.

Café que llega desde el norte del Valle, una región próspera y eterna, suspendida en una promesa, una región que con estadísticas se ha reconstruido entre paisajes y demagogias.

Congelada en el tiempo, suspendida, a veces, alterada.

De un buen café a un almuerzo coqueto de frijoles y plátano maduro, de un afán a un deseo de descanso, de otra reunión a la misma mesa con la taza de café vacía, de esa reunión a un compromiso, de allí a ver la lluvia aparecer a través de la ventana.

Un día que llega con el consuelo del mañana arrepentido, de esa tarea que desde el jueves dejamos a la espera de ánimos y pretensiones, de este viernes que nos llevará con el caer de la noche a un encuentro de buenos amigos, buenos vecinos, buenas conversaciones.

Buenas conversaciones quizás, o grandes seriados y películas en la intimidad de la casa, en completa soledad, en grata compañía, en minúscula intención de reflexión.

Los viernes no se puede insistir en la reflexión porque su ingrata labor, cobra factura en el ánimo de los sábados vespertinos, la pasión de los adolescentes del ayer que hoy no quieren madrugar, de un despertar que ve al sol salir por la ventana, como un búho vigilante sobre la almohada.

Como una cortina de agua que nos prepara para el domingo.

AV

4 de marzo de 2025

Fragilidad (Agua)

 


Imagen tomada de: https://www.tokyoweekender.com/tw-community/tw-creatives/tw-creatives-chaykov-giant-cat/

Giant City Cat. By: Chaykov.


Una gota de agua cae, se desliza sobre la corrugada superficie de una palmera, mojada y sin orientación deja en desilusión sus hojas rígidas producto de un fuerte temporal, de una permanente soledad, acompañando una avenida.

Un grupo de hormigas se refugia bajo el castillo de arena, una infraestructura estéril, libre de violencia, cargada de expectativas y agua, mucha agua.

A la distancia, sobre una ventana cerrada, una paloma se equilibra en el borde de un edificio olvidado por la modernidad, paloma que con su grisáceo plumaje, gorgorea con la cabeza ladeada buscando una oportunidad sobre el cableado urbano, esas cuerdas de paz que conectan a la ciudad.

Abajo, en la entrada del edificio, está Ernesto, un saludable canino de pelaje rubio, largo, lacio. Con la lengua afuera deja notar que su cuerpo pide agua, tiene sed, pero el agua está llegando desde arriba, las profundidades del cielo ingrato de la ciudad.

Abajo, otra vez abajo, aparece Marcelo, un ingrato estudiante de posgrado, quien con una bufanda tejida por su madre, pretende evadir el frío de una ciudad atravesada por sueños ajenos. 

Quizás Marcelo espera que su peludo amigo, Ernesto, proceda a orinar con prontitud, pues el clima no permite salir hasta el parque, pero allá, en el olvido de los callejones, hay muchos colegas de Ernesto que escondidos con miedo como abrigo, esperan que la lluvia deje vivir.

La vida pues, como un presagio del tiempo, se estremece ante un nubarrón que proveyendo a las calles de riachuelos, juega coquetamente con el tiempo de los enamorados, aquellos jóvenes que en el pasar del tiempo se quedaron a la espera de cruzar la ciudad para encontrarse en un beso cordial.

No se trata de que el tiempo sea un enemigo, porque en el ciclo de los hechos, no hay bandos ni perfiles, solo agua y a veces, sed.

Lejos, en alguna casa habitada por tres generaciones, una gotera invade la paz de una mujer mayor. Mujer que hoy la reconocen sus vecinos como líder comunitaria, liderazgos bajo una permanente gotera. En aquella casa, cuando el agua invade la rutina, las palabras obscenas invocan la gestión del gobernante de turno, pero el agua sigue su curso, viajando por un lado se encuentra con los riachuelos ya mencionados, se une como una danza arcana y viaja buscando al río.

Una balada romántica se escucha en el radio de la cocina, la mujer de edad avanzada, cierra los ojos recordando otros tiempos, de igual ingratitud con el agua, pero de mejores compañías, porque en esos tiempos el amor era más fuerte que el cambio climático.

Canciones que juegan con la memoria, goteras que crean canciones en los tejados, palomas que gorgorean haciendo el coro de un bullicio cotidiano.

Una palmera que en un acto de ternura se sacuda ante el insistente coqueteo del viento.

Una ciudad que con sus ojos marrones, carga el universo en suspiros permanentes. Ernesto ya encontró donde orinar, pero Marcelo no sabe hacia dónde voló su bufanda. Sigue pensando si realmente valía la pena salir a perseguir aquellos sueños ajenos.

Tan frágil, como una gota de agua.

AV


26 de febrero de 2025

Lluvia (A la distancia)

 


Imagen tomada de:  https://www.whgsales.shop/?path=page/ggitem&ggpid=2789928 


Hay personas que con la naturalidad de su forma de ser y pensar, abren espacio en nuestras vidas, personas gratas que se dibujan en cerámica o viajan entre mensajes llenos de afecto.

Magia que del universo brota en únicas canciones, como animales que danzando en el bosque invocan a las más pura de las deidades.

En mi particular recorrer he atravesado caminos llenos de flores y una que otra grieta sobre el asfalto. Callejones donde he aprendido a entender lo valioso de un saludo, lo noble de una excusa y lo inmenso de un abrazo. Caminos en el que nombres y apellidos fueron dejando sus saludos en abrazos y apretones de mano, donde quizás aprendí que a todos por igual se les da la confianza con el mismo peso de un adiós.

Creo, porque soy un felino lleno de fe, que la inocencia de cada persona nos evoca relaciones de crecimiento permanente. Las intenciones por supuesto emergen en sonrisas, y yo desde la estima y el enigma, me considero por demás, un ingenuo soñador que carga en sus brazos la sonrisa de todo aquel y aquella que me han encomendado su ternura.

Días en que el sol es espectador de un calor amigable, donde las distancias se resumen en anécdotas, en una llamada.

También hay días en los que llueve, como hoy, porque febrero llegó coqueto, con gotas de agua que viajando entre corrientes de aire se posan en cuanto camino exista.

Una lluvia que se convierte discreta, tímida, elocuente.

Porque cuando llueve, allí, en el vacío de las calles húmedas y asfaltadas, se recuerdan nombres de personajes que nos hacen bella la vida.

Un ronronear del agua sobre el camino, que en recuerdos varios, se convierte en un grato placer donde se comparte el agua con todos aquellos que desesperados danzan buscando refugio.

Distancias que conectadas con el fluir del viento sirven para escribir algo insulso como estas letras, algo teledirigido a quienes nos declaran afecto en sus pensamientos, donde los ojos profundos nos llevan a universos llenos de vida, de emociones que no tienen nombre, aún.

Una distancia que se convierte discreta, tímida, elocuente.

Porque cuando recorremos caminos a causa de las ocupaciones del día a día, lo cotidiano se nos vuelve paisaje, con lluvia o sol, o ambos unidos en una travesura literaria, giramos sobre las sombras de las flores y los helechos. Nos llenamos de pasos apresurados para que el día siguiente, sea jueves, porque el miércoles, a pesar de estar lleno de ternura sigue vacío por culpa del calendario. 

Llueve un miércoles, podría incluso, llover mañana jueves.

No es la lluvia sino, el deseo mismo de danzar bajo las gotas de agua, un camino de buenos recuerdos y gratas intenciones sin importar la distancia, porque donde el deseo y la ternura florecen, los mensajes llegan.

Mañana es jueves, mis estimados.

AV

23 de noviembre de 2007

November Rain

¿A qué sabe la limonada? A limón.
¿A qué sabe la lulada? A lulo.
¿A qué sabe la demora? A soledad.

Jueves…

Ya es Viernes … (1:34 AM) y aun la lluvia de jueves sigue cayendo, con mayor intensidad, con mayor frescura, con ráfagas de insomnio, propia del invierno, propia del pasado, gotas que caen golpeando con odio el suelo, como si su trayecto fuese una maldición y viesen en el suelo un culpable de su desgracia.
Son gotas con remordimiento, detestan llover en madrugada, les da frío. Detestan caer y no ser observadas, gotas que espantan gatos, gatos que espantan silencios, silencios que incomodan verdades, verdades que dan dolor de cabeza, cabezas que no sirven para nada, nada.

¿Es el génesis una calumnia? No, sólo el principio de todo.
¿Son las goteras revoluciones húmedas? Para nada, simplemente es agua que cae.
¿Es la opinión pública un bien público? Carajo ya estoy hablando mierda.

Viernes…

Ya es viernes y la lluvia de jueves cae con amargura, no hay héroes entre nosotros, solo imprudentes. El agua cae en el patio, riega las plantas, sigo sentado en mi soledad, taciturno, reflexivo, olvidado, amargado. Veo sombras sin dueño danzar contra las plantas, no me interesa conocer su procedencia, sólo escucho inapropiadas versiones de la locura y la soledad confundiendo mi fe por la naturaleza y sus elementales. Quiero escapar, quiero gritar, me quiero esconder, me decreto culpable y pasajero, me declaro autómata por necesidad.
Estoy cansado de que no me dejen dormir.

Me encanta ver el agua caer, me encanta ver la lluvia desde mi balcón, entre más fuerte mejor, porque siento el vértigo de las calles rendidas ante el poder de Gaia, pero sólo lo disfruto con un cigarrillo en la mano. Hoy no hay cigarrillos, no hay aguapanela, no hay vino, no hay nada, solo gotas que caen, que dibujan lágrimas en el vacío, que despedazan esquinas en la multitud, duermen al sol, susurran a la luna, niegan a las estrellas y estrellan nubes sin identidad, es la fuerza del agua, la vida de nuestro cuerpo ajena a nuestra esencia, es agua que cae, es un día que apenas comienza, sin sol, sin estrellas, con agua, sin inspiración, sin mi, sólo noviembre y el agua.

Para cerrar:

Adán: “dios, ¿por qué hiciste a Eva tan linda?
Dios: “Para que la ames”.
Adán: “¿Y por qué la hiciste tan tonta?
Dios: “Para que te ame”.
Mis recomendados:

- Canción: My Inmortal (Evanescence)
- Película: Perfume de Mujer (Con Al Pacino haciendo de ciego)
- Programa de TV: Scrubs (Por Sony lunes a viernes 10:30 PM)
- Libro: Opio en las Nubes (de Rafael Chaparro Madiedo )

Suerte y que sigan su rumbo !!