10 de octubre de 2014

Proyecto 31: Un Regalo.






Entrega número seis. Volviendo a los subjetivo de mi ser, a lo más egoísta de mi intelectualidad, de mis caprichos y mis impulsos, lo más intransigente y testarudo de mi deseo. Nos encontramos nuevamente aquí, en nuestro punto de encuentro literario, en las reflexiones que día a día hacen parte de este Proyecto 31, de esas ocasionales fiestas de la memoria.

Haciendo un recuento de esos que solo los desamparados suelen realizar, arranco al mejor estilo de Proyecto 24 a rememorar lugares y personajes donde un cumpleaños ha sido celebrado.
Desde el 2005 en el tradicional Tin Tin Deo de la ciudad de Cali, pasando por el gran 2007 con concierto de Andrés Calamaro incluido y fiesta en la psicina hasta altas horas del amanecer, derivando en ese horrible 2010 de silencios y sonrisas hipócritas, o por qué no, de esos maravillosos 2012 y 2013 en que en el mismo Bar, en la Ruta 66 se convidaba con propios y extraños hasta encontrarnos aquí, en pleno 2014.

No haré mención a las diferentes celebraciones de cumpleaños porque ese será un tema propio, tendrá su lugar y su momento en este proyecto tan particular, pues qué historias saldrán de allí corriendo como ardillas a campo abierto, quien lo sabe, pero por ahora no nos desviemos de esta entrega. Hablar de un regalo, no propiamente con motivo de cumpleaños es una travesía muy inclusive, un juego de la memoria dónde son más las risas que las lágrimas, porque comprendamos una cosa señores, hasta las despedidas son regalos que nos da la vida.

Tengo memoria de momentos que me arrancaron sonrisas y hasta carcajadas de felicidad, inclusive de placer producto de una buena broma o de un regalo que en verdad me ha llegado al corazón. Por supuesto, sin sonar a mal agradecido – aunque así lo sea -  también hay regalos que me han provocado darle un golpe al remitente sea ya por el mal gusto o por el gesto con el que se da el regalo, a la final, cuestión de puntos de vista.

Hay regalos inolvidables, porque esa persona que los da hace que así sean: Imposible olvidar dos serenatas seguidas de cumpleaños. En 2008 el 18 de octubre día sábado, gran concierto de Andrés Calamaro en la Plaza de Toros. El 16 de octubre de 2010 día sábado, gran concierto de Juan Gabriel en el estadio Pascual Guerrero. En ambas ocasiones fue la misma persona la que me premió con ese regalo como detalle de cumpleaños, más que la persona que me lo dio (siendo totalmente sensato) fue el detalle en sí lo que me movió el alma, pues ver a estos artistas en vivo era algo para mi indescriptible. En este 2014 tenemos el sábado 18 de octubre a Franco de Vita de concierto, seguiré esperando si se da la posibilidad de ir o no a dicho espectáculo.

Regalos como los de los abuelos siempre serán el mejor recuerdo que tanto niños como adolescentes tendrán para la memoria, para la vida. Los abuelos son esos seres perfectos que nunca en la vida les veremos ni hemos visto defectos, son esos seres encargados de dar sentido a la infancia, de darle amor a lo que todavía no sabemos que se llama amor. Inolvidable para mí mi primer guitarra, aquel invierno de 2002.
Un gran cumpleaños fue también gracias a mis amados padres, mi primer piano en esa temporada de 1997, o aquel 1998 cuando recibí mi primer disco de Grupo Niche, en ese entonces, “A Prueba de Fuego”.

De los amigos tengo grandes recuerdos, tanto buenos como malos.

Ese cenicero que Doña Gata me regaló con tanto amor, acompañado claro, de esas esmeraldas que para la vida quedarán. A Paulina a quien la vida me la puso en el camino como esa hermana menor que nunca tuve, a ella jamás le olvidaré ese cuadro con la dedicatoria por aquel diciembre del reiterativo y caprichoso año 2007.

Por supuesto que también hay regalos infames como el gesto de desprecio que acompañó la anónima entrega del regalo de amigo secreto en el 2013, un llavero cargado más con desprecio que con la verdadera intención de dar algo de corazón, pero prometo solemnemente que algún día os narraré esa historia en este Blog.
Regalos que levantaron más rabia que felicidad hay en la memoria de todos, otro caso además del anterior, es aquel Portarretrato con el collage de imágenes de mi ex pareja de ese entonces, fotos sobre fotos, haciendo un recorrido por las vivencias juntos, hasta allí digamos es un detalle muy bello adornado con un Portarretrato muy fino, el malicioso detalle nació precisamente en que la relación ya había terminado y sentí una presión inmensa en mi interior con ese gesto, para que la relación se fuera a retomar.
Me sentí sobornado, chantajeado, sentí que me obligaban a retomar una relación que no quería retomar, si quería a la persona en cuestión, pero sabía que no valía la pena volver a su lado… un año después el tiempo me dio la razón, hoy en día ese portarretrato sigue vigente pero ahora conservando  una fotografía de mi madre, la primer mujer que amé en mi vida.

Siendo más fieles al presente, me siento muy contento con quienes me rodean, quienes me han regalado su tiempo y escucha, a ellos con prontitud espero corresponderles con el deseo y la experiencia del caso. Adoro los regalos de mi Leona, esas cartas de amor, los peluches que adornan mi habitación (Fausto y Mayonessa), los Vasos para el Café, los corazones de cartulina y cada chocolate que endulza mi día, es vitamina del amor para el alma, es mi presente y mi emoción.

Comprometernos a hablar de un regalo es pues un ejercicio que más que convicciones nos lleva es a las ficciones de la vida, nos confronta los deseos con los recuerdos, abrimos ese baúl de esperanzas para buscar la posibilidad de recibir esa bicicleta que nunca recibí de niño, o ese Super Nintendo (SNES) que nunca llegó. 
O el lamentable escenario donde vemos a todos recibir regalos y sabemos que no hay nada para nosotros porque llegamos de sorpresa a una reunión que por supuesto, nadie nos esperaba y ello nos remota a esa diciembre de 2009, en NY donde un paquete de 12 medias era el mejor detalle que se podía convidar, digamos que de ese suceso nace la “Leyenda de las Medias Grises”, historia que también prometo contarles en alguna oportunidad.

Soy de los que agradece más una compañía y un gesto de sensatez que un detalle material, pero bueno, somos humanos por favor, ¡claro que necesitamos regalos materiales!, nunca dejaremos de ser niños. Siguiendo la línea del entonces proyecto anterior y a una semana de mi onomástico (cumplo años el próximo 18 de octubre), comparto con ustedes una humilde y breve lista de regalos que me gustaría recibir de celebración, lo hago claro, con la intención de facilitarle a vosotros la tarea de pensar qué detalle podría gustarme, pues bien se y comprendo lo difícil que es comprar algo para alguien, en especial si ese alguien es un testarudo, intransigente, arrogante, complejo, prepotente y exigente como yo.

De hecho si es usted de los que vive fuera de Cali no se preocupe, que Avianca, Coordinadora o Servientrega o cualquier compañía de mensajería hace toda entrega contra reloj y puerta a puerta, solo confirmen para darles la dirección a dónde deben de enviar la ofrenda.

Sin más preámbulo: 31 Regalos de Cumpleaños:

  1. Una Botella de Vino, Malbec o Carmenere por favor.
  2. Una Botella de Chivas Regal, sea de 12 o 18 años preferiblemente.
  3. Una Caja de Tabaco Negro Cohiba.
  4. Una Loción (o Perfume). Preferiblemente de Perry Ellis o Lacoste.
  5. Libros, muchos libros: De Novela Histórica, de Terror, de Poesía Norteamericana, no sé, sorpréndanme.
  6.      La Camiseta de River Plate 2014, es hermosa.
  7.      Corbatas, muchas corbatas.
  8.      Un Saco tipo Blazer de color Rojo oscuro, o Azul.
  9.      Ceniceros decorativos, coleccionables.
  10.   Afiches de Marilyn Monroe, Superman, de Pink Floyd.
  11.   Un Maletín.
  12.   Objetos coleccionables alusivos a Superman.
  13.   Una Caja de Chocolate Negro.
  14.   Marcadores Borrables para así dictar mis clases con más pasión (?)
  15.   Un tablero de Acrílico (Borrable) para trabajar en mi casa.
  16.   Camisetas deportivas alusivas a Personajes, Superhéroes y demás.
  17.   La Camiseta del Valencia CF (Guiño – Guiño).
  18.   La Colección en BluRay de Superman.
  19.   Bufandas, muchas Bufandas (Pero ni por el *** que sean de colores alusivos a la cultura Reggae)
  20.   Gatos: De madera, de Porcelana, de Barro, Metálicos, etc. Gatos para adornar la casa.
  21.   Un afiche alusivo a las obras de Salvador Dalí.
  22.   Unos Audífonos bien coquetos.
  23.   Una Bicicleta.
  24.   Unos Patines en Línea.
  25.   Una Invitación a comer a Ruta 66.
  26.   Unas Gafas de Sol.
  27.   Sudaderas para practicar deporte. (Es en serio ¬¬ )
  28.   Unas Zapatillas para practicar deporte. (Ibíd.)
  29.   Un Zippo.
  30.   Una Agenda 2015.
  31.   La Myth Cloth de los Caballeros Dorados de Libra yAcuario (Ojalá los 12 Caballeros Dorados)

Finalmente, lo que vuestra voluntad considere que no esté en esta lista pero que lo consideren propio para mí.

Por todo lo demás, gracias a todos.

AV


9 de octubre de 2014

Proyecto 31: Un Sentimiento




Vivir intensamente, dejarnos llevar por la melodía de una canción, de esas que nos alegran el día o simplemente nos lo dejan azul. Somos seres que caemos a la voluntad de las emociones, de las pasiones y las reacciones, venimos de año en año madurando para dar lo mejor de nosotros aunque a decir verdad, hay momentos donde también queremos exilio completo y no dar nada a nadie.

Así son los sentimientos, son esa inestable forma de vida que nos llena el cuerpo de vitalidad, que nos empujan a tomar decisiones, algunas apresuradas pero que a la distancia de los años siembran reflexiones como las que hoy entonamos en azules letras. Hablar de mis sentimientos es abrir esa puerta que muchos desconocen, es emprender un guión de motivos para justificar acciones, para ser más humano de lo que suelo ser, es abrir el hermetismo de una vida llena de muchas lágrimas y sonrisas, de envidiosas expresiones, de odiosas afirmaciones, de juguetonas intenciones, abrir de par en par las puertas de esa intimidad con la que he sabido sortear mis afectos o por qué no, ocultar mis defectos.

Un sentimiento poderoso es el amor, esa energía que nos recorre el alma cuando pensamos en alguien o escuchamos su nombre. Más que amor, esa ansiedad infinita que nos lleva de un lado a otro sin medir distancias, tan fuerte que hasta puede matarnos de felicidad. Pero no es solamente ese amor por una persona, también lo puede ser por una mascota, como en mi caso, mi hija de ojos amarillos y patas blancas, la Julieta.

El amor es esa magia que también podemos sentir por los procesos, los logros o esfuerzos. Amor por el trabajo realizado, por la profesión que se ejerce o inclusive, por los nuevos aprendizajes que se dan, querer nuestro trabajo, nuestro empleo. Amarlo, sentirlo en el alma y dar día a día lo mejor de uno mismo para que ese empleo, esa labor, sea un lugar maravilloso lleno de armonía y satisfacción, en mi caso, ese amor por la docencia.

Amor por amigos y familiares, la familia es lo que uno decide que sea, más allá de los padres están también otros familiares como primos, tíos, sobrinos, abuelos. Expandir ese núcleo en abrazos y nostalgias, suele ocurrir en mi caso que además de ser una familia muy pequeña, somos de poco contacto con el exterior familiar, raras las veces en que un viaje o una llamada se pasan por nuestra agenda, o por lo menos, desde el lado de los Vargas.
Por su parte, los amigos son esa familia que día a día construimos y conservamos, los elegimos porque algo nos atrae, nos conquista, los conservamos porque algo ven ellos en uno, se van, porque algún ciclo se ha cumplido o peor, algún corazón se ha roto.

Así como el amor nos lleva a mover mundos enteros, también hay sentimientos que nos hacen quedar en parálisis, que nos atan al vacío, nos roban las ideas y las ganas de vivir, nos llevan a la depresión en sus más salvajes niveles. Sentimientos como la Frustración logran en mí esa dosis letal de veneno, esa justa cantidad de ser autodestructivo, ingrato, lozano. 
Y es quizás ese espíritu autodestructivo que logra la frustración que de allí nació el miedo en su más natural estado; No soy de fácil asustarme, bien saben algunos que tuve un Cine Club en la ciudad especializado en el cine de terror y fantástico, fue un bonito proyecto que duró cerca de 2 años, también saben que en temas de lo paranormal soy más bien fan a espectador. No es ese tipo de miedo al que hacemos referencia, es más bien el miedo al fracaso, al recibir de nuevo a la frustración como una invitada non grata en casa.

Frustración como aquella ocasión en que perdí mi oportunidad de graduarme del pregrado por culpa de un miserable que se aprovechó de los esfuerzos y oportunidades de otro, Frustración cuando se sintió que el propio equipo de trabajo no respaldaba el liderazgo de una campaña que uno orientaba, inclusive esa frustración de saber que se hizo bien el trabajo pero que por razones ajenas a la humanidad y a la razón se perdió la posibilidad de conservar un empleo por el que se hizo esfuerzo y méritos para obtener.

Es precisamente la frustración la que lleva a que el autoestima sea un ascensor, sea lo más próximo que podamos encontrar en común con la regla de las mujeres.

Todos en la vida hemos caído en los odios, desde los odios banales y superficiales, hasta el que yo llamo, el odio Nietzscheano, ese prepotente y torrencial sentimiento que siendo aún más fuerte que el amor nos lleva a tomar calma para pensar decisiones que solo conllevan a un desgaste de vida.
Hablar de odios como sentimiento es ser sensatos con el pasado, porque si alguien odia su presente, entonces ese es ya un problema de gravedad que requiere la intervención de un psicólogo con premura, claro, no es que esté bien quedarnos en el pasado tampoco.

Personajes hay por todos los rincones de la memoria, pero esos a los que creemos, nos hicieron daño (y digo creemos porque en realidad nunca terminamos por conocer el contexto completo) es a los que guardamos ese odio, en ocasiones, contra natura.

El agradecimiento en cambio, es esa puerta de amor y pasión, es ese gesto que nos hace doblemente humanos, ser agradecidos con la vida, con la deidad que nos convoque, con la institución que nos apoya, con el amigo que nos apoya, con la familia que nos sigue, con el empleo que nos representa. Gratitud con el universo que conspira, sentirnos “bendecidos y afortunados” o por qué no, sentirnos únicos y especiales.

Es el agradecimiento la llave que abre más puertas que cualquier persuasión o mentira, de hecho, en la vida hemos impreso más Hojas de Vida que Cartas de agradecimiento, hemos enviado más correos pidiendo favores que dando las gracias por algún asunto.

Culturalmente no nos encontramos educados para ser dueños de nuestros sentimientos, y como lo es el caso de esta reflexión propia del Proyecto 31, se me hace casi imposible definir un sentimiento o llegar a un punto histórico que pueda describir todo lo que en anteriores escritos he plasmado, creo, en efecto, que si existe un sentimiento que me da la cuerda necesaria para vivir del amor, enfrentarme a mis miedos y frustraciones, que me enreda en odios y desprecios, que me logra evadir en caminos misteriosos pero siempre con gratitud y reconocimiento, es en parte, la nostalgia.

Ser nostálgico como los poetas que rememoran a sus musas que dejaron escapar, o ser nostálgico como los dioses que recuerdan a sus obras, que admiran y envidian a su vez a los humanos. Ser nostálgicos como los abuelos que agradecidos por lo vivido observan a sus frutos crecer y dar nuevas semillas, con esa esperanza de querer revivir tantas cosas como también dejar ir muchas más.

Ser nostálgico como un libro que nos cuenta una buena historia, o como un amigo, que nos invita a escribir una buena historia juntos.

Ser nostálgicos con lo cotidiano.


AV

8 de octubre de 2014

Leslie Singer: Lléveme a “gasiosiar”




Poco soy de admirar a las personas, no porque no crea que algunas lo merezcan; sino por el miedo a verlas fallar y condenarme a un dolor de decepción, que desde mi punto de vista, es de los peores. Sin embargo, me he quitado las prevenciones a la hora de darme la oportunidad de compartir experiencias con gente que quizás ya admire y simplemente no reconozca en voz alta.

Me encontré con él por casualidad, casualidades creadas; como todas las de hoy en día con tantas opciones virtuales de conocerse. La contemporaneidad es de esas condiciones que aumentan valor en las relaciones y lo digo porque somos infinitamente opuestos, pero coincidimos en calendarios y encontramos la forma de extender las charlas por horas. Él, hincha de Nacional, yo del América; él adicto al café, yo no puedo ni olerlo; políticamente embebido, políticamente desinteresada; felino, canina; cine de terror, acción dramática. Así y todo, esas idas a tomar limonada y café, me conquistaron.

Es de los mejores amigos que tengo, no siempre presente, pero nunca faltante. Su intensidad, obsesión con las ideas y manías, como esa de tomar una taza de café con un vaso de agua, lo hacen un humano, pero libre de miedos, sin miedo a ser, sin miedo a estar con él únicamente. Su único miedo, está en la incapacidad de pensar y materializar sus ideas, perderse de las letras agrupadas en hojas de papel o no volver a darle vida a líricas que sus oídos no sepan escuchar.

No es de consejos directos, esos salen dentro de las conversaciones, inteligente y sagaz, pero cauteloso y reservado; nunca será el alma de la fiesta, pero ahí estará. Es amigo de sus amigos, por más cliché que se lea, a la gente se le ha olvidado qué es ser un amigo y afortunadamente él está para recordarlo. Me dijo que soy una de sus personas favoritas y para mí, eso es todo un halago, pues ser humano no es fácil y si adicionalmente se puede ser uno bueno: he logrado mi cometido.

Asados, comitivas, “baño en piscina”, planes comunes; porque somos gente común. Sí, lo admiro, principalmente porque su sencillez lo hace elegante. Quien no busca intencionalmente que la luz lo ilumine individualmente, se abre paso a ser protagonista. Admiro que sea el dueño de su vida, sus historias, sueños, ideas, fracasos, tropiezos, aciertos. Se hace responsable de cada cosa que le sucede sin buscar culpables fuera de él.

Hago parte de Proyecto 31 #P31, por su llamado y le agradezco considerarme. Gracias Miau, por haber llegado y haberte quedado, por habernos ido a “gasiosiar”. 

Las cosas que procuran permanencia en el corazón, sobreviven a la inestable memoria. 

7 de octubre de 2014

Proyecto 31: Un lugar.




Somos seres de costumbres, más si se refiere a mi modo de vida. Además de costumbres, podría afirmarme como un ser de rutinas, un ser metódico, conforme, de viejas pasiones, que se incomoda hasta la médula cuando le cambian un plan o una idea inicial. Soy de esos que se les desgarra el alma con la impuntualidad de las personas, de esos a los que se les encoje el corazón con la prepotencia de otros, con la falta de carácter, con el vacío de los corazones urbanos.

Soy un ser de ciudad que adora el campo, perfectamente puedo pasar una larga temporada en el campo, no sé si desarrollando labores de campo como tal, pues no he sido formado en esos menesteres pero quizás si me interese aprender a hacerlo. Soy de ciudad, de grandes ciudades, admiro el poder del hombre manifestado en la arquitectura, en sus grandes obras de concreto, de las metrópolis como espejo de lo que realmente somos.

Soy de los que adora salir a comer, me gusta comer bien y disfrutar del conocimiento del hombre en la cocina, pero también disfruto de la grasa, de esa vitamina CH que llamamos. Soy de los que disfruta salir a escuchar buena música, de encontrar una mesa dónde conversar, de encontrar una rutina donde comenzar. Así comienza este recorrido mental, este viaje por el pasado, por donde hemos dejado huella o quizás, por donde acostumbramos a que nuestras huellas se queden para esperarnos.

Al ser un personaje de costumbres soy a la vez, un sujeto de nostalgias, recordar con gran placer a mi Girardot del alma, ese universo de más de 30 grados centígrados de temperatura donde mi infancia se revolcaba entre hojas secas caídas de los árboles, entre el silencio de las calles interrumpidos por un chicharra, por los gritos de niños en callejones donde había juegos y aventuras. Esa ciudad donde alguna vez volví porque era mi misión hacerlo, aquel rincón de mundo donde la familia nació.

Recordar para vivir esos lugares a los que se dejó más que el tiempo y la rutina, se les dio identidad o quizás, fueron esos espacios los que nos dieron identidad. Café El Solar en la Javeriana de aquel 2002, lleno de tazas de “icopor “ y amigos rodeando la misma mesa, sonriendo y haciendo de la vida una oda al punk. Porque fuimos personajes de una tragicomedia, fuimos ese grupo de ocho civiles envueltos en cotidianas historias pero que cuando nos juntábamos, en ocasiones nueve, hacíamos de nuestro mundo un lugar perfecto para contar, fuimos esa reunión de solitarios, de viajeros, de esos que nos fuimos conociendo en la marcha y no en el inicio como carta de presentación.

O entender pasados años, la Bogotá del 2001 en el que mi apartamento era un punto de encuentro para esos espejos del presente. Vivir la dicotomía entre la esfera de lo racional y la locura, aprender a conocerme a mí mismo, entenderme como persona, verme como un camino y un hogar, compartir mi soledad y mis silencios con entes fuera de este mundo, alejarme de mi cordura o quizás, aferrarme a ella para poder sobrevivir a episodios que nunca terminé de comprender, quizás porque se trataba de eso, del ininteligible conflicto por un lugar, un territorio.

Continuar nuestra marcha, y de allí los recuerdos a ese maravilloso 2003 cuando nació el entonces mentado proyecto, en aquel centro comercial deambulando tarde por tarde, día tras día, allí, en Café & Café, de lunes a domingo, soñando, dibujando ideales en servilletas, en mesas metálicas rodeadas de nuevos y viejos amigos, de extraños que serían años más tarde hermanos, y de hermanos que años posteriores serían solo fulanos. Ser la oficina de las ilusiones, ese fotograma de las pasiones por las letras y la cultura, y sin querer serlo, esa inspiración para darle carne y hueso, nombre y pasado a lo que fuera pues “Nocturno 2003: Toma la Palabra”.

Fue ese café de encuentros y desencuentros, allí, dónde vi a la Siberiana por primera vez, donde sus azules ojos se clavaron como una canción de Maná y nunca pudieron salir de mi mente provocando más daño que felicidad. Ese café dónde conversé con Oriana y logramos hallar puntos en común, dónde nos dijimos adiós para siempre con Maria Fernanda, dónde nos dimos la oportunidad de intentarlo con doña Martha, dónde dimos vida a tres versiones de un Festival de Arte y Poesía en el que nadie creería que fuese posible materializar, donde me equivoqué con Mónica, o porque no, donde me clavé a la cruz por querer imaginar lo inimaginable.

Ser seres de rutina nos hace únicos pero no especiales, qué mejor evidencia que la disyuntiva del pasado con los lugares donde ocurren las cosas, ese Café Mulato de los años 2007 al 2009, una bienal de muchas tazas de porcelana, de muchas tortas de chocolate, cajetillas de Marlboro Rojo, amigos, cerveza y reuniones, reuniones, reuniones y más reuniones. Ser nuestro punto de encuentro, nuestro espacio de desencuentro. Inolvidables las noches en Caffeto Bar como mesero y tiempo después como Barman, porque allí también conocí seres maravillosos como mi hermano Sam, como el gran Carlos Cuervo.

Ser especiales porque los lugares son los que nos dan la huella, nos transforman. Cada que vamos a un lugar y lo acogemos como propio, lo estamos envolviendo en nuestro encanto y ese lugar claro está, nos está envolviendo en su universo, nos hace suyos, nos roba la energía vital para dejar allí esas carcajadas o lágrimas, esas historias para contar.

Hablar de paseos, de experiencias, de frustraciones y melancolías, de amores y estallidos de felicidad, todo pude ubicarse en un lugar especial, en un rincón y bajo un árbol, son los lugares comunes los que nos encuentran, nos unen; sea en esta ocasión que buscamos esa reflexión para sabernos ubicar en ese lugar especial donde queremos dar prioridad, por cuestiones del presente proyecto 31, sernos fieles en la memoria.

De muchas vueltas y revueltas siempre llego a la misma parte, a la mesa vacía. A esa estética de la cotidianidad, darle el nombre que mejor podamos dar, café, Bar, Restaurante, Cafetería, darle la identidad que mejor nos plazca a la final siempre es ese el lugar al que después de muchos octubres de vida llego por cordialidad, por mera necesidad de superviviencia.
Darnos un lugar en la mesa, comprender que no interesa de qué ocasión se trate o cuál sea el motivo de convocatoria, es allí en la mesa donde damos en común nuestras ideas, donde dejamos los sueños puestos a merced de nuestros interlocutores, donde escuchamos y recibimos del otro lo mejor que ese ser considera, nos puede brindar.
Ese lugar donde las hipocresías se descubren, donde las mentiras caen, donde el sufrimiento desaparece porque precisamente allí, en la mesa, es donde se discuten los placeres, sean estos en forma de comida, de alguna bebida o simplemente de una mirada que nos dice en el fondo, que todo va a salir bien.

Darnos un lugar especial en la vida del otro, aprender a sentarnos y a acompañarnos, a sernos vida para dar y recibir. Muchas mesas son a las que he llegado en el tren de la memoria, pero solo después de recorrer todos aquellos años es que descubrí pues, que no era el Café o el Restaurante, la cafetería o Bar el que hacía que fueran especiales aquellas tardes de sábado dónde planificábamos el entonces Proyecto Nocturno, ni esas semanas enteras de discusión para sacar un proyecto de campaña que al tiempo veríamos como fallido, sería la voluntad de cada persona por querer que las cosas salgan bien y den los mejores frutos, la voluntad de cada personaje, porque en algo venimos llevando el común y es que venimos convirtiéndonos en ese soporte que cada mesa necesita, que cada grupo, familia, parche o comunidad quiere de sí misma.

No es encontrar un lugar en las letras o la imaginación, sino, en el corazón de cada persona, aprender a sentarnos juntos, escucharnos y dejar fluir nuestras intenciones.

Darnos un lugar en el otro.


AV

6 de octubre de 2014

Proyecto 31: Un Proyecto.





Desde la infancia siempre hemos sido seres de proyectos, de metas. Nos hemos cruzado con ideas locas que nos invitaban a vivir grandes experiencias y aventuras, a persuadirnos con propuestas excéntricas con tal de salir del tedio, de darle utilidad al tiempo libre.

A pesar de entonces, realmente hemos sido personas reflexivas que desde su entorno hemos querido transformar la realidad, como si no nos gustara en la que vivimos y pues bueno, siempre ha sido cierta esa afirmación. Se nos ha llegado a ocurrir infinidad de ideas con tal de hacer de este mundo, de este contexto, un lugar diferente, o quizás, la misma tajada de pan pero con distinto sabor, querer hacer y ser de este espacio un hogar mejor para aquellos que lo han perdido todo o de los que nunca han ganado nada.

Tal como lo mencionamos, desde pequeños hemos sido seres de proyectos, no solo de mi parte hablo, de seguro me atrevería a lanzar tal afirmación en nombre de todos aquellos nacidos antes de la década de los noventas. Por una parte, por la gran influencia de la Televisión Educativa de entonces y por el perfil de los súper héroes de cada día, de otra parte, porque el exceso de tiempo libre incitaba a que nuestros padres nos ocuparan en actividades o grupos infantiles, todo con la excusa de hacernos mejores personas y brindarnos educación para la vida, como sería el caso de los Boy Scout, o academias deportivas – en su mayoría de fútbol – o centros de aprendizaje de idiomas, entre otros.

Un proyecto personal arrancaría pues de muchas maneras, para mi caso particular podría reseñarles bastantes, desde lo más íntimo y personal hasta lo más superficial e innecesario, porque para vivir he nacido y si de algún modo me he sentido partícipe de este mundo ha sido precisamente de la mejor manera que lo he podido interpelar: Viviendo de él y juntando cada una de sus migajas en mis ideales, aprender a transformarlo.

Se podría comenzar por hablar de alguna venta de comidas que de niño se me ocurrió, o de ese fallido equipo de fútbol que armamos con los del vecindario alrededor de los doce años. Podríamos mentar quizás ideas tan ingenuas para la vida como el de realizar un festival de cuentos para jóvenes en aquellos inicios del año 2000, cuando recién llegaba a Cali de Medellín, sería un pusilánime ejercicio de intercambio de visiones con dos compañeras, una del colegio y  otra que apareció por referencia de terceros, a la final terminaría siendo solo excusas para estar con una fulana que me agradaba y no para construir lo que años más tarde sería la razón de mi existir en aquella década que iniciaba.

En el transcurso de mi vida he sido merecedor de muchos premios de cuento y poesía, algunos pocos de novela, pero en su mayoría todos han sido alrededor de la temática de cuento e idiomas, por aquello del 23 de abril. Precisamente para ese año 2000 ganaría el premio nacional de cuento, en ese entonces organizado por un  medio de comunicación muy importante del país, posterior a esa bonita experiencia y reconocimiento esperaría la publicación de un libro o alguna obra de mi parte pero no ocurrió nada, más allá de un diploma y un reconocimiento público en un periódico local, no se obtuvo nada más. No sé si realmente fue ingenuidad de mi parte o desconocimiento de las bases del concurso o qué se yo, no sé si fuese simplemente un concurso de esos que solo buscan promover talentos y ya, sin comprometerse a nada, no sé realmente que haya sido, pero era lo que necesitaba.

Desde aquel entonces y bajo la influencia de aquel Medellín 2000 tomé la decisión de ayudar a las generaciones que vendrían detrás de mí, y fue así como nació uno de mis proyectos más importantes en la vida, incluyendo pues el fiasco de esfuerzo de aquel finales de 2000 e inicios de 2001.

Con “Toma la Palabra” arrancó lo que sería un ciclo quizás muy bello de mi vida, porque precisamente gracias a esa idea loca que años más tarde se volvería obsesión y culminaría en Gestión es que nacieron muchas otras ideas y conocí a muchas personas especiales, desde novias hasta grandes amigos y enemigos del camino.

Fue en Bogotá alrededor del año 2002 donde se logró materializar el primer esfuerzo de Toma la Palabra gracias a la atención y dedicación de seres que para hoy, son muy queridos: Diana Romero, Yessy, César Muñoz, en fin. Se logró realizar el Primer Encuentro Regional de Escritores Jóvenes Bogotá 2002: Toma la Palabra, lastimosamente para la ejecución del evento solo pude estar presente como participante, pues tuve que abandonar al comité organizador meses atrás a razón de que regresaría a vivir a Cali.

En Cali logramos que la idea naciera por igual, un gran grupo de personas a las que quiero mucho y admiro y de las cuales, a algunas ya había mencionado en aquel Proyecto 24 , fue que materializamos el proyecto en un inolvidable 20 de agosto de 2003, con precisamente el I Encuentro Local de Poesía Cali 2003: Toma la Palabra.

A partir de ese año comenzamos a organizar más versiones de tan bello proyecto pues su filosofía de trabajar y dar a conocer al talento joven siempre se conservó hasta su final, en ese visceral año 2010, inclusive, para 2009 ya habíamos ganado un reconocimiento de la Alcaldía de Cali por ser la mejor propuesta juvenil de Proyectos para la población juvenil. Fue un bonito premio, porque nunca nos habíamos inmiscuido en esas cosas de la política.

De manera paralela también apoyé muchos proyectos sociales como voluntario, pero siempre ahora que hago la reflexión obré de la misma manera: Mi fin y punto de partida siempre fue apoyar con ideas o contactos, con esfuerzo o tiempo los sueños de los demás, ayudarles a materializar sus sueños en acciones, pues no quería (y aún hoy día pienso igual) que la frustración ganara esa batalla o, que una excelente idea que podría ayudar a muchas personas no pudiese ser real por falta de recursos o ideas.

Inolvidable ese año 2004 en el que logramos crear un Comité dedicado a la Participación Estudiantil en la Javeriana, inolvidable, porque fue un proyecto que generaciones atrás venían intentando y fue mi generación, quizás a modo de herencia, quizás a modo de mérito, la que logró crear tal comité, unificar la participación estudiantil y sentar un punto en común de diálogo con las directivas de la institución. Nos convertimos casi que en la cuarta Decanatura de la universidad, fueron tiempos bellos en los que los intereses particulares de nadie interfirieron en algo que trabajaba en nombre del bien común.

Conocí a mis niños en el 2010, a la Fundación Semillas de Amor, otra idea a la que llegué por favores de otros y no por intereses personales, pero allí quedó el amor y quizás allí mismo fue dónde mi amistad con seres humanos maravillosos como Rita o Charlie se fue fortaleciendo gracias a un amor en común: Los niños de la fundación. Logramos recaudar fondos para una Fundación que en ese entonces estaba más dedicada al abandono, una Fundación que no contaba con un Plan propio o una estrategia para su sostenimiento, fueron gratificantes tardes de sábado y recorridas por emisoras y canales de TV para pedir ayuda y claro, lo logramos.

Se nos ocurrió integrar a la comunidad de Tuiteros de la ciudad, porque había que reunirnos a conversar, también fundé un periódico en el colegio, un grupo de Teatro, un programa de Radio, tuve un Cine Club, participé de programas de Magazine en TV, bastantes ideas de servicio social y voluntariado se me ocurrieron, y otras muchas apoyé, imposible olvidar aquel 2006 cuando llevamos a los hijos de los entonces recicladores del Basuro de Navarro a un domingo de paseo a Pance, con almuerzo y juegos, fue espectacular, logramos financiar una idea tan simple pero llena de amor en un plazo de tiempo en el que nadie creería que fuéramos capaces, quizás porque no es que no creyeran en nuestra intención sino, que quizás no creían era en el proyecto, en la esencia misma de las cosas.

Se podría mencionar no solo proyectos míos sino, de mis amigos o de conocidos, porque somos una generación de proyectos, una generación que se inventa actividades con el fin y principio real de ayudar a otros, de eso es posible que tengamos una deuda grande con nuestros padres porque fueron ellos los que nos dieron ese espíritu aunque a mitad del camino, se nos intentaran cortar las alas.

Un proyecto, de vida.


AV

5 de octubre de 2014

Vanessa Fernández: Una Historia de Ayer






Era una mañana de Septiembre de 1993, era mi primer día de clases en un colegio nuevo, compañeros nuevos. Claro, estaba asustada y a la vez ansiosa de quienes serían los que llamaría amigos; pero ahí estaban Sharon, Isabella, Lina lastra, Mónica Viña, Fabio, Nicolás, Daniel y mi gran loquito Armando José Vargas alias " la Mano peluda". Pero más adelante hablaré del por qué de este particular apodo.

Con el pasar de los años algunos de estos personajes tomaron rumbos diferentes de amistades.  Pero armandin pinguin seguía siendo parte de mi llaverito de amigos. Ahí seguía este gran personaje que a hora se llama Don gato Vargas.  Él Sabia sacarme el maguila… eso sí, pregúntenle el porqué de mi apodo. ... 

(Espacio).

¿Quién era Armando en la secundaria? Armando en bachillerato era callado, no en el sentido de ser tímido. Tu lo podrías ver sentado en el escritorio y sentir sus ojos puestos en ti;  sino Sabías qué estaba haciendo lo tomarías por mal camino, pero simplemente te estaba analizando para convertirte en UNO de sus personajes de alguna de sus increíbles historias.

También tenía (y espero que siga) una hermosa habilidad para componer canciones. No es por dármelas (risa) pero si a mí no me gustaban, él trataba de mejorarlas, aunque casi nunca sucedía... Si no me equivoco, fue precisamente de ahí que nació La Mano Peluda, porque él escribía y escribía sin parar como canciones, como historias, podía escribir dos cuadernos de 500 hojas por lado y lado en menos de una semana.
Sus personajes éramos sus amigos, las personas que eran importantes para él.  

(Espacio)...

En ocasiones podía pasar de calladito a insoportable, a un punto que había que gritarle para que nos dejara tranquilas (Lina Valcke, Ochoa, isa entre otras compañeras).

Hubo un tiempo que él (como todos) tuvo sus altos y bajos momentos, pero sabía (y aún lo sabe) que yo siempre estaría allí para escucharle. Creo que esos momentos eran cuando él se encerraba en su mundo y sus mejores composiciones venían a flote.

(Espacio)...

Pero también hacíamos travesuras juntos, como el crear “termobasquet” con mi termito que adoraba, creo que él fue el inventor de eso. También inventábamos historias de miedo para asustar a  Isabella, y otra de la cual no me siento muy orgullosa, creo que todos probamos por primera  vez alcohol y cigarrillos en mi 12vo cumple. Pero fue ese día y ya, él se volvió fumador empedernido en la fría Bogotá. 

Cuando terminamos la secundaria., Bogotá fue el destino que eligió para conseguir una de sus metas y convertirse en escritor, distancia que no nos separó ya que años más tarde nos volvimos a reencontrar en la Javeriana Cali, para estudiar comunicación juntos, carrera que no finalizamos juntos ya que él se fue por ciencias políticas.

Algo que nunca le dije es que me sentí muy orgullosa cuando se lanzó para representante estudiantil, y ganó. Creo que la Universidad ha sido la mejor etapa de armandin... Lastimosamente él y yo ya no somos maguila y la Mano peluda, pero él sabe muy bien que cuando me necesite siempre estaré allí para ayudarle, escucharle o en lo que sea, porque como siempre he dicho: amistades no son las que hablan todos los días o se ven todos los días, amistad se define cuando ESA persona que tu llamas amigo está presente cuando más lo necesites, y tu sabes armandin pinguin que ESA soy yo para Ti.... 



4 de octubre de 2014

Proyecto 31: Una Lección.



Siempre por razones varias emprendemos acciones que nos llevan a un aprendizaje, situaciones que nos sumergen abiertamente a dilemas o dicotomías que con el paso de los días o inclusive años miramos en retrospectiva para tomar de ellas una lección, sea porque sufrimos mucho o porque nos cansamos de una determinada situación.

Hablar de lecciones aprendidas es una tarea pendiente que como seres pensantes debemos asumir con calma, pues a todos nos llega ese día dónde más que suerte es la vida misma la que nos habla y deja sus mensajes, esos pedazos de vida lleno de misterios y colosales heridas. Las lecciones, como bien se le puede denominar, siempre llegan como consecuencia de nuestras palabras o actos, pocas son las ocasiones que provienen de palabras de un guía o un maestro, algún amigo o familiar, de un jefe o inclusive un compañero de trabajo, estas por supuesto tienen también su tinte melodramático y es precisamente en campos como el amor donde abundan esos golpecitos de la vida, esos pedazos de muerte.

Hablar de una lección aprendida por supuesto que se ciñe en esta ocasión a alguna que de mi parte pueda definir como la gran lección de la vida, pero claro, me falta mucha vida por recorrer así que para efectos de una llana reflexión es presentable ante ustedes limitarme a lo que llevo de vida, aprender a escoger el mejor error de mis errores, o por qué no, el mejor acierto de mis descuidos.

Si lo conversamos desde el amor, una gran golpe de muchos que fueron reiterativos fue el afamado error de jamás dejar a la mujer que te ama por la que te gusta, pero claro compañeros, esa es una lección de vida que todos debemos (debimos ya) aprender en los dulces caminos de la juventud; muy conceptual también si lo hablamos desde lo profesional, donde la permanencia y la persistencia son la base de la disciplina, lección que también en algún rincón de la escuela o la vida se tuvo que aprender.

Referirnos esa gran lección de la vida o en mi caso, a esa gran lección que se reseña en este Proyecto 31 es abrir esa puerta que para algunos es la zona de pánico o de otro modo, pueda conocerse como esa ventana a la adultez o vejez, pues entrar a cuestionar nuestros aprendizajes es vincularnos emocionalmente con nuestros errores, esos miedos que han estado intactos en el baúl de la memoria.

Observarla como una actividad de reflexión inicialmente, pero darle ese sin sentido de identidad más como pretexto de miedo, de existencialismo, caer en el fatalismo o simplemente en la contemplación de lo que se ha vivido. Invitarnos a hallar esa gran lección es poder disfrazar esos argumentos con los que adornamos nuestro discurso, pues bien cada vez que damos un consejo estamos compartiendo las lecciones aprendidas con nuestros semejantes, estamos de manera casi que irresponsable dando guía a aquella persona que está pasando por una situación que ya vivimos y que logramos superar o porque no, logramos fracasar y fue precisamente el fracaso el que nos dio el aprendizaje que hoy ofertamos como consejo o sugerencia.

Son constantes las lecciones aprendidas producto de mis errores, porque si de algo me puedo confiar es precisamente de ser un perfecto transeúnte, de dejar en virtud de la suerte retos o experiencias que en su momento se pudieron haber prevenido, o por lo menos, atendido de la mejor manera. Una gran lección aprendida y que con corazón y gran agradecimiento recuerdo fue precisamente la que me dejó Carlos Cuervo hace ya más de diez años: aprender a sonreír sin importar el contexto o el remolino que nos destruye por dentro, pero insisto, no es esa la lección que invitaría a compartir con vosotros como un señuelo de este mentado (e intenso) proyecto, porque de seguro a todos la vida nos ha golpeado con la intención de hacernos comprender la importancia de una sonrisa.

Pueda que me arriesgue, pero es parte de las lecciones aprendidas en estos 31 octubres, el arriesgarse a opinar o dar fe de un conocimiento que para alguien pueda ser de gran ayuda. Una lección no sé si la mejor o la “Lección Madre” de todas me la dio mi padre en plena infancia, pero jamás permití que se me olvidara, fue una noche conversando sobre temas varios de la vida hasta que por alguna razón que desconozco concluyó el diálogo con lo que hoy es pues, la gran lección aprendida: “El mejor negocio en la vida hijo, no es tener dinero ni propiedades, no se trata de tener riqueza ni pertenencias, el mejor negocio es tener amigos”.

Se puede interpretar de todas las maneras posibles, se puede llevar en el bolsillo como una carta de presentación, inclusive, se puede usar como escudo para llevar una vida social altamente activa, puede ser de utilidad o no para quien la escuche o lea, puede de hecho, no significar nada y caer en un simple lugar común como un Graffitti o un trino de Alejandro Jodorowsky en Twitter, puede hasta ser de inspiración para una canción de Arjona, o un Neo Bolero de Maná.

Los consejos pueden ser lo que uno quiere que sea, lo que queda pues, son las lecciones que nos marcan el camino, que nos guían y orientan, nos quedan son la  voluntad de aprender, de ser y dejar ser, de vivir lo que a nuestro criterio es el vivir del día a día.

Es una lección aprendida de muchas, otras por supuesto no se terminan nunca de aprender, como aquella de no descuidar la maleta en la universidad, en todo el año que duró el posgrado siempre la dejé tirada en cuanta cafetería y restaurante recorrí con mis compañeros, esos ángeles que siempre me recordaban que había dejado la maleta.

Una lección para toda la vida, para todos los días.


AV

3 de octubre de 2014

Proyecto 31: Una Canción.




Desde muy cachorro he sido fuertemente influenciado por la música, el manejo de mi tiempo libre y la manera de sacar provecho a mis actos ha estado acompañado de alguna canción, de algún ritmo o sonsonete. He sido desde joven un ser demasiado musical, desde un melómano que disfruta de grandes artistas y producciones, hasta un insensato y curioso que ha acudido a la composición y reproducción de ritmos para encontrar nuevos, para saciar ese placer sonante de estar siempre en conexión con el universo.

Hablar quizás de música es lo que más ha caracterizado a este Blog – y a mi vida por supuesto – pues me atrevería a afirmar que cada etapa de mi vida ha contado con su propia banda sonora, desde gustos musicales derivados del ocio hasta elegantes canciones pre seleccionadas para acompañar mis momentos de estudio o producción intelectual.
De una parte podemos resumir todo en lo que en aquel 2007 definimos con Proyecto 24 como las 24 Canciones más Significativas  para mi vida, y sí, realmente lo fueron, tendría que sumarle a cada una de ellas otra más, por aquello de que han transcurrido desde entonces ya siete años y con ellos muchas experiencias y aprendizajes, también tristezas y dolorosas partidas y como no, han surgido nuevas canciones y tendencias musicales.

Recuerdo mucho las influencias de Juan Luis Guerra en mi infancia, aquel año de 1990, un año espectacular: Recordar en casa desde temprano en la mañana aquellos juegos de fútbol que se daban en Italia, recorrer los almacenes de La 14 y estar en la zona de galletas Noel, aquel manjar de principios de década rodeado de adultos, y yo un infante de siete octubres de vida asombrado viendo una gran torre de galletas de todos los colores, allí siempre recordaré esa mágica melodía de “Burbujas de Amor” del maestro Guerra. Imposible olvidar las canciones de Jerry Rivera o Victor Manuelle en años posteriores, en una pre adolescencia muy marcada por el romanticismo de esta nueva ola de la salsa que para entonces, agradaba a grandes y chicos.

Una canción como se mencionó en aquel Proyecto 24 será recordada siempre por la razón que se le acuse, otras están en el anonimato del Blog, pero una fuerte tendencia siempre las ha traído a estas letras. Caso como lo fue Soda Stereo, ese eterno Sentimiento Stéreo que todos llevamos por dentro, o canciones que marcaron partidas y desapegos, desapegos, esos pedacitos de muerte.

Quizás pueda tomarme muchas páginas para explicar una sola canción, tarea más que difícil, imposible. Puedo quizás, pero solo quizás, atreverme a recorrer la memoria y con ella disfrutar de su melodía, ejercicio que se ha intentado dar desde principios de este post lamentablemente no es total el recorrido que se pueda dar, ni suficientes las canciones que se puedan mentar; al mejor estilo de Proyecto 24 podría intentar dar con un listado de 31 canciones, pero ese ya no es el propósito de este nuevo proyecto, porque la intención, la invitación ahora es pues visitar la reflexión como a ese familiar que hace mucho no vemos, visitar las emociones y los sentidos y darle autocrítica a lo que nunca ha sido cuestionable.

De esta manera, hablar de una canción es para mí hablar pues,  de un universo, de una identidad, hablar de nosotros mismos en quizás esos casi cuatro minutos que puede durar la rola en el estéreo.

Una canción,

Una canción, un silencio.

Si hay una canción que me devuelve el alma a recorrer cada rincón de mi vida, a darle color nuevamente a cada texto y contexto de lo que he vivido, una canción que pueda darme en los libros lecturas y escrituras es una en particular.
Una canción que me permite saberme entender y conectarme fuertemente con mi lado sensible, permitirme producir nuevas creaciones literarias, casi que una oda a la inspiración.

Alphaville es una agrupación musical que nació en el año de 1983, es decir, hace 31 años. Su primer disco fue “Big en Japan” y con este material fue que lograron el ascenso musical de su carrera, como dato de interés esta agrupación antes de llamarse como se le reconoce, optó primero por usar el nombre de “Forever Young”, para el momento de publicar su primer disco fue que decidieron cambiar de identidad pero ese nombre quedó grabado para la historia al ser utilizado para una canción; Forever Young  es precisamente esa canción que me ha permitido darle atención a aspectos que no le había dado importancia en otras latitudes. Es una canción que además de su letra, su melodía se deja acariciar, se deja distraer, como duende travieso me transporta a otros mundos y a otras letras, me cuestiona, me lleva a las páginas de Victor Hugo para recorrer esa Francia romántica, pobre, sádica, enferma, histórica, miserable.

Es una canción que me seduce en su desesperado grito de buscar una vida mejor, me invita a conectar los puntos, querer ser joven por siempre, querer ser sensato con los deseos, querer ser alguien para alguien, ser ese eje que le da fuerza y vida al que ha perdido la fe.

Forever Young es pues quizás una de esas canciones que ocupan un lugar de privilegio en mi memoria y mis gustos, una canción que también tiene ahora 31 años de haber llegado a la radio, de haber dejado huella en los jóvenes inconformes. Hay muchas canciones, lo sé, no puedo ser infiel ni insensato con mi pasado o mis gustos musicales – que por cierto son muy variopintos – pero sí debo ser sensato con esa canción especial, no porque me recuerde a alguien, tampoco porque sea una canción que su composición haga referencia a problemáticas sociales o de amor que sean importantes, no es una canción que instrumentalmente hablando sea única o especial, de hecho es básica, simple.

Es una canción quizás porque se conectó conmigo, o yo con ella, da igual.

Es una canción que bien podría darme tema de conversación en un café o en un salón de clases, porque al escucharla es como si se activara ese espíritu poderoso de la razón que tenemos en el interior y pidiera salida, pidiera espacio para hablar e interactuar con otros, compartir puntos de vista, dejar fluir las ideas y ser sensato con el corazón. Quizás no sea la mejor canción de la historia de la humanidad, ni sea ese “Let it Be” que llevo como rezo sagrado al culto, sea simplemente una canción que supo llevar en sí esa fuerza que para entonces llevaba acumulada en mi interior.

Forever Young.


AV

2 de octubre de 2014

Proyecto 31: Primera Estación.



Desde hace más de 31 semanas (alrededor de hace casi 8 meses) inicié la idea de dar pauta a un nuevo ciclo de letras, aprovechar que se avecina mi onomástico en su versión 31 y con él la oportunidad de dar paso a la reflexión y por qué no, a la ilusión. Fueron semanas en las que la procrastinación y otros males de la humanidad hicieron de mi idea inicial un próspero ideal que no lograría aterrizar en letras reales sino hasta el día de hoy, en otras palabras, fueron 8 meses difíciles.

Al igual que ocurrió hace siete años con el Proyecto24  en esta oportunidad regreso con un conteo similar a los hechos significativos de mi existencia. En esta oportunidad el ejercicio viene acompañado de un ingrediente especial, los amigos.
El fin de este nuevo proyecto es lograr la escritura de mis mejores reflexiones, replantear visiones de la vida o darle cabida a ideales del descuido, más que un conteo o Top 31 (como fue el formato del Proyecto 24), es mas bien darle espacio a 31 reflexiones, a 31 costumbres, a 31 ideas o por lo menos, a 31 excusas para darle vigencia a este blog personal.

Como bien mencionaba, el espíritu de esta nueva oda es la presencia de 31 personajes (algunos que no han confirmado nada a la fecha de hoy)  que han sido de parte mía, escogidos como pilares o representantes de algún aspecto importante de mi vida, sea del pasado o sean del mismísimo presente que junto a su compañía van escribiendo a diario esos titulares de la cotidianidad.

Sonará a excusa o quizás a un lugar común, pero más allá de lograr dar visibilidad a mis pensamientos y frustraciones, a mis rincones y ensoñaciones, darle a este mes de octubre el punto de partida a mi año 31, y con este año que arranca, al Proyecto 31, excusa perfecta, diatriba imperfecta, canción de cuna o comercial de inspiración, cualesquiera se ahora la bandera que cubra esta iniciativa, rodará en las mentes de quienes seguramente levanten interés por esta vacía, descuidada y por qué no, renovada vida que he tenido.

No será un asunto autobiográfico, aunque pueda caer en ese terrible lugar común, pueda que se convierta en un ejercicio de redescubrirme, de identificarme ante mi otro yo, pueda a la final, sea solamente como me lo señaló una gran amigo un tiempo atrás, sea solamente un mero ejercicio de narcicismo y arrogancia, pero como los que me conocen del alma lo saben, se me es factible ser intransigente y egoísta.

A vuestra merced: Proyecto 31.


AV