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Tenía la cabeza llena de artimañas y seres rastreros de muchos colores y
texturas, la órbita de sus ojos vitoreaba palabras, como un calamar atrapado en
una red de pesca. Se sentía incómodo, golpeaba el brazo del sillón con premura,
su mente viajaba a una velocidad que hace años luz no hacía, era una especie de
renacer mental o incluso, de un posible malestar existencial.
Se levantó con toda seguridad y tomó el teléfono, ubicado a una distancia
sin importancia se desplazó como una sombra en la arena. Levanto el auricular y
marcó sobre el disco, un número de siete dígitos, necesitaba conversar con
alguien antes de que su mente estallara en una sinfonía de dudas.
- ¿Alo? –
- Si, aló. Buenos días. -
- Buenos días, comuníqueme por favor con Melquisedeck. –
- Se ha comunicado usted con Melquisedeck. –
- Hola Melquisedeck, está usted en comunicación telefónica con Alirio. –
- Hola Alirio, he notado en su voz un tono amistoso y familiar, sospeché que se trataba de usted. –
- Mi amigo Melquisedeck, permítame si su tiempo es favorable, extenderle un espacio de diálogo, presencial por supuesto, y que sea con una bebida fría, me es perentorio hablarle, así como usted, escucharme. –
- Alirio, mi tiempo es valioso y escaso, así que no veo problema en podernos saludar y beber alguna cortesía de su parte. –
- Gracias Melquisedeck, nos vemos si está de acuerdo, a las en punto, sobre la salida del sol. –
- Si Alirio, estoy de acuerdo, Entonces nos vemos allá, a las en punto, sobre la salida del sol. Sugiero, además, llevar abrigo, Doña Clementina nos ha informado al grupo de mensajería de la comunidad, que por hoy habrá clima templado. –
- Gracias Melquisedeck, procuraré llevar abrigo. –
- Antes de finalizar estimado Alirio permítame elevarle consulta: ¿Sobre qué temática en específico me convoca con tal premura y ansiosa cordialidad? –
- Oh excúseme Melquisedeck, ha sido una total afrenta de mi parte convocarle a una cita sin darle primero los puntos de atención. –
- No se preocupe Alirio, lo noto en desacostumbrada preocupación, es usual fallar en esas nimiedades. –
- Gracias Melquisedeck por entenderme, ahora para dar respuesta a su consulta, debo de señalar que ha ocurrido algo extraordinario, por ello mi interés en convocarle. –
- Claro cómo no. ¿De que asunto va esto? –
- He visto a un ser humano, Melquisedeck. –
- ¿Un ser humano? –
- Un ser humano. –
- ¿En dónde has visto a un ser humano? –
- Allá, al fondo de la posada, cerca de la residencia de Emilia y su hermana, Apolonia. –
- ¿Están ellas enteradas de tu avistamiento? –
- No Melquisedeck, he guardado silencio, pero me es imposible olvidar la desagradable apariencia de sus extremidades, ver esas falanges en cada miembro me hace sentir vértigo, incluso, devolver intenciones. –
- No es para menos amigo Alirio. ¿Prefieres exponerme el caso en detalle allá a las en punto, sobre la salida del sol? –
- Prefiero, Melquisedeck. –
Colgó el auricular y mirando un punto fijo en la pared, entró nuevamente en reflexión, su mente tomaba vuelo nuevamente, ahora su afán era llegar a las en punto, pues su deseo de hablar con alguien había sido cumplido.
Se puso un sombrero de ala ancha y cerrando la puerta de su elevador, se retiro para encontrarse con su cordial amigo, sobre la salida del sol.
AV