1 de abril de 2025

EL OPTIMISTA

 




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Tenía la cabeza llena de artimañas y seres rastreros de muchos colores y texturas, la órbita de sus ojos vitoreaba palabras, como un calamar atrapado en una red de pesca. Se sentía incómodo, golpeaba el brazo del sillón con premura, su mente viajaba a una velocidad que hace años luz no hacía, era una especie de renacer mental o incluso, de un posible malestar existencial.

Se levantó con toda seguridad y tomó el teléfono, ubicado a una distancia sin importancia se desplazó como una sombra en la arena. Levanto el auricular y marcó sobre el disco, un número de siete dígitos, necesitaba conversar con alguien antes de que su mente estallara en una sinfonía de dudas.

-     ¿Alo? –

-     Si, aló. Buenos días. -

-     Buenos días, comuníqueme por favor con Melquisedeck. –

-  Se ha comunicado usted con Melquisedeck. –

-    Hola Melquisedeck, está usted en comunicación telefónica con Alirio. –

-   Hola Alirio, he notado en su voz un tono amistoso y familiar, sospeché que se trataba de usted. –

-   Mi amigo Melquisedeck, permítame si su tiempo es favorable, extenderle un espacio de diálogo, presencial por supuesto, y que sea con una bebida fría, me es perentorio hablarle, así como usted, escucharme. –

-    Alirio, mi tiempo es valioso y escaso, así que no veo problema en podernos saludar y beber alguna cortesía de su parte. –

-  Gracias Melquisedeck, nos vemos si está de acuerdo, a las en punto, sobre la salida del sol. – 

-      Si Alirio, estoy de acuerdo, Entonces nos vemos allá, a las en punto, sobre la salida del sol. Sugiero, además, llevar abrigo, Doña Clementina nos ha informado al grupo de mensajería de la comunidad, que por hoy habrá clima templado. –

-     Gracias Melquisedeck, procuraré llevar abrigo. –

-  Antes de finalizar estimado Alirio permítame elevarle consulta: ¿Sobre qué temática en específico me convoca con tal premura y ansiosa cordialidad? –

-   Oh excúseme Melquisedeck, ha sido una total afrenta de mi parte convocarle a una cita sin darle primero los puntos de atención. –

-  No se preocupe Alirio, lo noto en desacostumbrada preocupación, es usual fallar en esas nimiedades. – 

-  Gracias Melquisedeck por entenderme, ahora para dar respuesta a su consulta, debo de señalar que ha ocurrido algo extraordinario, por ello mi interés en convocarle. –

-    Claro cómo no. ¿De que asunto va esto? –

-    He visto a un ser humano, Melquisedeck. –

-     ¿Un ser humano? –

-       Un ser humano. –

-     ¿En dónde has visto a un ser humano? –

-     Allá, al fondo de la posada, cerca de la residencia de Emilia y su hermana, Apolonia. –

-     ¿Están ellas enteradas de tu avistamiento? –

-   No Melquisedeck, he guardado silencio, pero me es imposible olvidar la desagradable apariencia de sus extremidades, ver esas falanges en cada miembro me hace sentir vértigo, incluso, devolver intenciones. –

-   No es para menos amigo Alirio. ¿Prefieres exponerme el caso en detalle allá a las en punto, sobre la salida del sol? –

-     Prefiero, Melquisedeck. –

Colgó el auricular y mirando un punto fijo en la pared, entró nuevamente en reflexión, su mente tomaba vuelo nuevamente, ahora su afán era llegar a las en punto, pues su deseo de hablar con alguien había sido cumplido.

Se puso un sombrero de ala ancha y cerrando la puerta de su elevador, se retiro para encontrarse con su cordial amigo, sobre la salida del sol.

AV

28 de marzo de 2025

Una ingrata reflexión de viernes (Marzo)



 

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Es viernes, llueve con el consuelo de que la jornada para muchos ha llegado su final, como una cortina de agua que nos permite sentarnos a pensar sobre los logros y pendientes que quedaron sobre la taza vacía de café.

Algunos, descuidados o con afán, salieron de sus recintos dejando aquella taza sin lavar, una ligera marca oscura con formas abstractas en su fondo, una señal de esperanza, de ser recordada por su vacío.

Un vacío que alguna vez fue bebida, una taza que en su momento fue motor de productividad, un momento que se convirtió en salario, en escape, en el anhelo de llegar a casa bajo una cortina de agua que abraza a la ciudad.

El ánimo de un día que da premisa a un fin de semana de cierre de mes, un mes que en letras de varios poetas y transeúntes se ha hecho eterno, cumpliendo quizás la abandonada tarea de enero. Esa infame gira de noventa días en cuatro semanas.

Un marzo que como castigo divino fue bañado en agua de manera permanente hasta robarle la energía a aquellos hogares alejados de la realidad. Hasta robarnos besos donde no había palabras justas.

Hogares que con afán han escapado de la prudencia y se han envuelto en maromas varias para completar el sustento de una factura que no da espera. Un afán por demás, poético, diría Estanislao.

¿Habrá prisa más inexacta de aquel que busca en el tiempo una promesa de un mundo mejor? ¿No es pues el tiempo el único recurso renovable que los dioses lloran? ¿No es la lluvia un paraje de tiempo inexacto?

Dejamos la voz en susurros de días variopintos.

En besos monocromáticos, que alguna vez fueron susurros variopintos.

Días como el de hoy que inició con noticias provechosas para el joven oficinista del siglo XX, que en sus horas permitió el conocer nuevos comensales a quienes dio gusto probar un poco del Café Especial que se suele brindar en reuniones y diatribas.

Café que llega desde el norte del Valle, una región próspera y eterna, suspendida en una promesa, una región que con estadísticas se ha reconstruido entre paisajes y demagogias.

Congelada en el tiempo, suspendida, a veces, alterada.

De un buen café a un almuerzo coqueto de frijoles y plátano maduro, de un afán a un deseo de descanso, de otra reunión a la misma mesa con la taza de café vacía, de esa reunión a un compromiso, de allí a ver la lluvia aparecer a través de la ventana.

Un día que llega con el consuelo del mañana arrepentido, de esa tarea que desde el jueves dejamos a la espera de ánimos y pretensiones, de este viernes que nos llevará con el caer de la noche a un encuentro de buenos amigos, buenos vecinos, buenas conversaciones.

Buenas conversaciones quizás, o grandes seriados y películas en la intimidad de la casa, en completa soledad, en grata compañía, en minúscula intención de reflexión.

Los viernes no se puede insistir en la reflexión porque su ingrata labor, cobra factura en el ánimo de los sábados vespertinos, la pasión de los adolescentes del ayer que hoy no quieren madrugar, de un despertar que ve al sol salir por la ventana, como un búho vigilante sobre la almohada.

Como una cortina de agua que nos prepara para el domingo.

AV

27 de marzo de 2025

Parafraseando (Musas)

 




Imagen tomada de: https://collections.artsmia.org/art/72892/cats-gerhard-marcks

Cats (1921) By: Gerhard Marcks; Publisher: Müller & Co. Verlag, Potsdam, Germany; Printer: Staatliches Bauhaus.


El tiempo es una musa constante en estas letras, la lluvia puede ser quizá un permanente testigo de los contextos donde se escribe este noticiero lleno de seres y apropiadas costumbres, de beneficios y oficios adquiridos, un blog de escritos en exceso amigables, pero nocivos como el azúcar.

Se disfruta re pensar cuanta mínima situación sea atrapada en el momento inoportuno, porque preciso, para poder ser costumbristas y escribanos, es la imprudencia del mirar y el escuchar la que nos atañe en historias varias.

Poder viajar y extender nuestro reino a imaginarios de otras latitudes es un premio a quienes se han atrevido a dejarlo algo atrás, dejar de pensar como siempre es menester tarea de cabildantes y maestros de escuela, nosotros, los que caminamos con las manos guardadas en el pantalón somos más bien de soñarnos en paraísos prometidos: Un crucero por el río Nilo, un viaje en globo por Capadocia, un viaje en tren por Suiza, una tarde en Puerto Colombia o simplemente, una caminata en las montañas de los Andes.

Cada quien tiene sus paisajes mentales, sus deseos internacionales, cada quien como decía, tiene sus paraísos prometidos, esas postales de lo sagrado.

Me es difícil cómo no, darle aliento a palabras que en el más popular de los sentidos se abren paso en entradas esporádicas, porque aun cuando es cotidiano, el sentido de esta página es más casual que las nubes en el cielo. Sin forma ni destino, sin itinerario ni cronograma, como una esmeralda en la arena del mar, que siendo confundida con un trozo de vidrio, encuentra la paz en lo mundano del ego humano.

Pero es ese aliento el que hace de lo inusual, un eco romántico de frases bien organizadas. Como la música, como la pintura, como un buen vaso de jugo de lulo, de esos que deja bigote.

Procuro encontrar el mérito a cada descuido, me esfuerzo incluso en darle nombre a todo ello que para los viajeros es un paisaje sonoro. Porque de esta vida somos pasajeros, somos como el miedo a perder que nos va llevando en rutinas, como el amor por la soledad que nos va empujando en vergüenzas, somos palabras sin sentido en los labios correctos.

No está de más buscar un tema central y sobre tal acontecimiento escribir un buen cuento o una reflexión que conlleve a algún aprendizaje, no está mal, ni de más, no está, incluso. No somos gestores de experiencias ni mentores de cotidianas referencias, somos pasajeros, insisto.

Somos parte del tiempo.

AV

26 de marzo de 2025

Pesadilla (El visitante)

 




Algunos de mis amigos cercanos tienen a bien saber de mis intimidades cuando surgen novedades casuales, de esas irresponsables que sacuden vidas y nos derivan en preocupaciones.

Por ejemplo, conversaba con Diego Alejandro de cómo la vida pierde los colores y en ellos, se van imágenes que quizás pensábamos estaban prestas a ser admiradas. 

Reflexiones que se avecinan en estas letras que por más que intenten ser amistosas, suelen ser ingratas y hasta complejas, unas reflexiones que se destinan ser olvidadas, así como a veces, se olvidaron de mí. Por demás no es otra la visita a este noticiero que lo inmarcesible de lo cotidiano, de esos sucesos que se van iluminando en minutos pendencieros.

Cruzamos frases de profunda paciencia con seres que nos incomodan, pero somos igual de tratados al pesar de una ilusión que ronca con el tiempo.

En compañía de Martina, la mayor, dormía a profundidad hasta que el onírico universo de las deidades me hizo sentir, pensar, que un visitante de misteriosa procedencia se arrojara sobre la cama, a altas horas de la madrugada. En ese salto, impetuoso por demás, Martina atacaba y atrapaba a quien yo no podía ver.

Volví a quedar dormido con el pensamiento latente de que mi negra había atrapado a aquel invasor, pero es ese el misterioso empuje de lo que no entendemos lo que me hizo despertar horas más tarde, abriendo los ojos con una pregunta en particular: ¿Dónde está y qué fue lo que atrapó Martina?

En evidente condición no había nada sobre la cama, Martina seguía durmiendo como la dama que es, yo, sentado sobre el borde simplemente pensaba si fue un sueño o si realmente algo ocurrió.

Una cotidianidad de empujones, de bromas, de silencios, de partituras regadas sobre el suelo, como una alfombra de papel que espera a la pintura caer en una tarde de oficios.

Sin entender qué era o qué fue, sin saborear al invisible capricho de lo que no entendemos, como señalaba el señor Colón: un tema incompleto porque le falta respuesta.

Martina, quizás, esté escribiendo su versión de los hechos, de la pesadilla, del visitante, del cansancio de las 04:00 am, del devenir de la cotidianidad en sus bigotes, de todo en cuanto ella asuma como los caprichos de una gatuna adversidad.

De un visitante que se dejó atrapar.

AV

22 de marzo de 2025

Encuentros. (No)

 



Imagen tomada de:  https://fineartamerica.com/featured/portrait-of-cat-in-linol-cut-graphic-design-generative-ai-art-momente.html?product=greeting-card

Portrait of Cat in linol cut graphic design. By: Art Momente

No.

Ni siquiera intentando con algo de magia, de esa que cae de las estrellas en tiempos de lluvia, incluso, en condiciones favorables como un suspiro enamorado o una bendición de madre a hijo, se logrará el favor de los dioses para sonreír donde alguna vez hubo soledad y amargura.

No es pertinente dar a la amargura un lugar de importancia, como un sabotaje a cualquier proyecto de felicidad, tampoco es pues, que la felicidad sea un proyecto costoso o ambicioso, más bien, son nimiedades en medio de grandes ciudades pobladas.

Reflexiones, aflicciones, acciones.

Nos invitamos en el espejo a conversar sobre lo justo, la transición misma de un estado de ánimo a un pensamiento de consuelo, en ese espejo, donde las sonrisas son nuestra contraparte, nos dejamos seducir por la idea misma de que estamos haciendo lo correcto.

Nos construimos en imaginarios de vidas pasadas, de ocurrencias que en el tiempo de los perdedores, sugerimos volverlo a intentar. Pero es que en precisa melancolía, no es pertinente volverlo a intentar, porque en las despedidas hay manifestaciones profundas, palabras o excusas, igual da, todo como un tormento de emociones que abre heridas, que rompe todo lo que la ilusión alguna vez decoró en buenas intenciones.

Tal vez.

Salir a caminar con las manos guardadas en los bolsillos como mecanismo de defensa, bajar la cabeza y mirar en detalles las líneas que separan el pavimento, para no pisarlas. Una nube coqueta sonríe dejando caer algo de agua, una lluvia ligera, de esas que nos rememoran lo impertinente que es hablar de amor en llanuras de grises trovadores.

Quizás.

Ayer, como el día presente, no son más que etapas de transición en las ideas del joven poeta, del verdugo que camina cazando minutos, de ese ser lleno de buenas intenciones que se acongoja ante el gris de un mundo que reitera lo excelso de los dioses, los imaginarios que desvisten al estado de ánimo.

De aquellas ocasiones en que sentados en un andén nos quedamos reflexionando para acaparar las mejores ideas, en alguna de ellas, haya pues consuelo, exista una minúscula intención de felicidad, de momentos en donde somos espectadores del mundo, de unas ganas insaciables de hablar de todo, de las historias que se nos cruzan, de las múltiples avenencias que los dioses suelen corregir.

No hay modo alguno de que se nos convierta en paisaje el silencio de los malaventurados, no hay tiempo que logre dejar atrás el universo mismo que en aquellos ojos se pueda observar, no hay suspenso en las frases del adiós, porque incluso en las sensatas conversaciones los dioses suelen tomar nota de todo aquello que los humanos solemos compartir, porque la palabra es humana y en ella, nacen las deidades desesperadas.

Todos queremos volverlo a intentar, pero incluso, a veces, solo a veces, la vida no es suficiente.

No.


AV


17 de marzo de 2025

Nada que perder. (Lunes)




Imagen tomada de: https://www.pictorem.com/616405/cat%20angry%20oil%20painting%20angry%20cat.html


Amanece la semana con lluvia, como un presagio de que todo sigue en su curso, como una semana que responde a las mismas necesidades de la anterior aun cuando el domingo fue un simple ciclo de reflexión.

Un lunes que nos promete una semana de reuniones y eventos ya programados en agenda, no hay espacio para citas o encuentros extra laborales, todo se fija como un horario de aprendices que paso a paso queremos evadir, pero que a la final somos simplemente un producto de buena conducta.

La semana pasada con la misma lluvia y otros ecos, fue de aquellas en que las emociones y un par pensamientos se salieron de control, situaciones que me acongojaron en el menester de un aprendiz. Una semana que tallando mi sombra contra las paredes de lo cotidiano me exigieron callar cuando en el fondo quería gritar.

Somos seres en exceso sensibles, aprehendemos de cuanto nos ocurre, del viento que nos susurra pasados vividos, de la luz del sol que nos señala en pasos encubiertos, del aroma a tierra húmeda que nos advierte de esos pensamientos mezquinos, del amor que queremos dar y se nos pierde al fondo de una taza de café.

Días que con sus quejas y reclamos no sientan en el banquillo de lo ineludible, nos persigue como un cuento de terror para que reinventemos su final a sabiendas pues, de que la esencia de la historia es la misma.

Alguien tiene que caer.

Fue una semana, como me lo explicaba mi amiga Isabella Bedoya, donde marzo con su energía nos tomó a todos por sorpresa, porque es evidente, nadie espera nada de marzo. Días dispuestos a re conocernos en los complejos trayectos de las emociones.

Tener que navegar entre la decepción y la frustración, ubicarnos en tramos de rabia, donde el malestar quiere insultar y gritar, pero la sapiencia nos lleva a callar y sonreír. Excelentísimas deidades que nos nombran cada error o cada descuido como si fuese la receta de un menú pretencioso, con invitados lúgubres llenos de parsimonia.

Conversaba pues, que la semana se cerró con decepciones que quizás ya estaban advertidas: “Allí no es”.

Recalca mi gran amiga Gloria Eugenia.

Y es que allí nunca fue, podría responderle con esa amabilidad que siempre deparo para con ella, un ser de luz en tiempos de cavernas.

La frustración del deber cumplido y el mérito revertido, de esas soledades que se abrazan en mente y cuerpo aun rodeado de amigos, sin importar si la cerveza está fría o el café dulce. Sin tener mérito abrazar la crisis y aprender de ella o dejar, en los aprendizajes un par de canciones de rock n roll.

Una semana que inicia con lluvia como secuela de la que se fue, de esa que nos dejó muchas emociones de las que juro, sigo aprendiendo sin saber la cátedra a la que me han inscrito.

Días sospechosamente pasajeros, días de amigos y allegados preguntando por nuestro bienestar, personajes que a modo coloquial o de profunda amabilidad se preocupan por nuestra situación actual, a quienes todo podemos convidar, confesar o contrariar.

Días, como hoy, que no tenemos nada que perder.

AV

4 de marzo de 2025

Fragilidad (Agua)

 


Imagen tomada de: https://www.tokyoweekender.com/tw-community/tw-creatives/tw-creatives-chaykov-giant-cat/

Giant City Cat. By: Chaykov.


Una gota de agua cae, se desliza sobre la corrugada superficie de una palmera, mojada y sin orientación deja en desilusión sus hojas rígidas producto de un fuerte temporal, de una permanente soledad, acompañando una avenida.

Un grupo de hormigas se refugia bajo el castillo de arena, una infraestructura estéril, libre de violencia, cargada de expectativas y agua, mucha agua.

A la distancia, sobre una ventana cerrada, una paloma se equilibra en el borde de un edificio olvidado por la modernidad, paloma que con su grisáceo plumaje, gorgorea con la cabeza ladeada buscando una oportunidad sobre el cableado urbano, esas cuerdas de paz que conectan a la ciudad.

Abajo, en la entrada del edificio, está Ernesto, un saludable canino de pelaje rubio, largo, lacio. Con la lengua afuera deja notar que su cuerpo pide agua, tiene sed, pero el agua está llegando desde arriba, las profundidades del cielo ingrato de la ciudad.

Abajo, otra vez abajo, aparece Marcelo, un ingrato estudiante de posgrado, quien con una bufanda tejida por su madre, pretende evadir el frío de una ciudad atravesada por sueños ajenos. 

Quizás Marcelo espera que su peludo amigo, Ernesto, proceda a orinar con prontitud, pues el clima no permite salir hasta el parque, pero allá, en el olvido de los callejones, hay muchos colegas de Ernesto que escondidos con miedo como abrigo, esperan que la lluvia deje vivir.

La vida pues, como un presagio del tiempo, se estremece ante un nubarrón que proveyendo a las calles de riachuelos, juega coquetamente con el tiempo de los enamorados, aquellos jóvenes que en el pasar del tiempo se quedaron a la espera de cruzar la ciudad para encontrarse en un beso cordial.

No se trata de que el tiempo sea un enemigo, porque en el ciclo de los hechos, no hay bandos ni perfiles, solo agua y a veces, sed.

Lejos, en alguna casa habitada por tres generaciones, una gotera invade la paz de una mujer mayor. Mujer que hoy la reconocen sus vecinos como líder comunitaria, liderazgos bajo una permanente gotera. En aquella casa, cuando el agua invade la rutina, las palabras obscenas invocan la gestión del gobernante de turno, pero el agua sigue su curso, viajando por un lado se encuentra con los riachuelos ya mencionados, se une como una danza arcana y viaja buscando al río.

Una balada romántica se escucha en el radio de la cocina, la mujer de edad avanzada, cierra los ojos recordando otros tiempos, de igual ingratitud con el agua, pero de mejores compañías, porque en esos tiempos el amor era más fuerte que el cambio climático.

Canciones que juegan con la memoria, goteras que crean canciones en los tejados, palomas que gorgorean haciendo el coro de un bullicio cotidiano.

Una palmera que en un acto de ternura se sacuda ante el insistente coqueteo del viento.

Una ciudad que con sus ojos marrones, carga el universo en suspiros permanentes. Ernesto ya encontró donde orinar, pero Marcelo no sabe hacia dónde voló su bufanda. Sigue pensando si realmente valía la pena salir a perseguir aquellos sueños ajenos.

Tan frágil, como una gota de agua.

AV


1 de marzo de 2025

Tranquilidad (Malos pensamientos)

 



Imagen tomada de: https://images.app.goo.gl/o7fyTr639wBNFnEb6 

A SMURF CAT WALKING IN THE FOREST

 

Muchas veces caemos en pensamientos producto de la saturación, nos alejamos de ese momento de paz para cuestionar cada acción, para poner en duda cada situación que vivimos.

Se nos hace exagerado notar cómo lo que teníamos en calma se nos va desestabilizando de la manera más absurda posible. Recuerdo a mi gran amigo Julio César, quien caminando en un descuido, dejó caer el teléfono móvil en un volcán, perdiendo toda comunicación, fuera del país.

Un genio, a decir verdad.

Situaciones coloquiales como perder el autobús o dejar caer un billete de alta denominación sin darnos cuenta. Alguna vez, producto de la irresponsabilidad y el júbilo de la edad, dejé caer una alta suma de dinero, mucha, para darme cuenta de la pérdida tres días después.

Un hombre astuto, a decir verdad.

Nos preocupamos mucho a decir verdad, preciso caso por andar en ocupaciones innecesarias. En otra ocasión, fui a visitar a un viejo compañero en el otro extremo de la ciudad, al llegar al recinto entré en cálida armonía a saludar a la familia, todos reunidos en la sala, conversando, sorprendidos por mi llegada. Amablemente me recibieron y se presentaron.

Mi amigo, hombre valeroso y honrado, me llamó con un susurro tierno, dejando notar en su mirada que yo estaba dentro del apartamento equivocado.

Detalles.

Estas distracciones nos van encerrando en malos pensamientos, porque nos sentimos derrotados, avergonzados. Nos caemos en el pozo de la tristeza, la desesperación nos engaña con maldiciones o plagas de mala suerte. Es que no es natural perder dinero o sufrir el daño de equipos en un periodo de tiempo corto, como si la vida quisiera vernos caer, como si la derrota fuera en esencia, una temporada y no un concepto.

Nos abrazamos en silencio, perdemos la tranquilidad y en auxilio corremos tomando decisiones a veces, desacertadas. Nos pasamos noches en insomnio, involuntario por supuesto, pero incluso las noches tienen su coqueto proceder para robarnos la calma.

En soledad y con las paredes como testigos abrimos la mente a deidades de toda índole, esperando que alguna de estas traiga la calma y el milagro que nos excusa. 

No se trata por demás pretender caer en el fanatismo de una actitud positiva fáctica. No siempre la vida es rosa o se mejora con una intensión de ánimo, no siempre los problemas se sobrellevan con gratas compañías o una taza de Té de frutos rojos.

A veces, los genios y astutos ciudadanos, requerimos de un abrazo, pero detrás de aquel abrazo se necesita también dinero, trabajo, comida, sustento, porque los problemas son pequeños demonios malcriados que hay que alimentar para que desaparezcan.

No se trata de inventarnos escenarios de tranquilidad, incluso, los malos pensamientos son ramificaciones de un árbol más complejo, un árbol que en sus frutos brinda veneno, brinda salud. Brinda, de acuerdo a la temporada, el sustento que la vida debe (debería) de soportar. 

Somos seres que colapsamos fácilmente, pero podemos apoyarnos en el silencio de quien con su afecto, nos espera, nos acompaña, nos aconseja, nos alimenta, de ese sujeto que abre su vida para abrazarnos aun cuando el deseo de estar solos es inmarcesible.

Mis mejores deseos, mis palabras para un mundo distinto, a quienes sufren hoy de estas temporadas de derrotas y retos, mis palabras de aliento.

Una calma que se pueda recuperar.

AV

28 de febrero de 2025

Una Semana (Decisiones)

 


Imagen tomada de: https://www.saatchiart.com/en-co/art/Painting-Cat-With-Rose/150107/128005/view 

Cat With Rose Painting By: Nikola Golubovski [Macedonia]


Esta semana ha sido bien particular, alejada de cualquier nota musical o tremenda prosaica cotidiana, intenté salvar el mundo pero recordé que primero debo de salvarme a mi.

Desde los grandes retos de una enemistad inculcada por un capricho de los dioses, hasta encuentros gratos con amigos que a la distancia poco se dejan ver, se ha vivido esta semana como una tregua, quizás.

Retos que en el afán de querer limpiar el sucio andar de los aventajados, se convierten en problemas de índole existencial, de sabernos humanos y demonios, de desesperarnos en la ignorancia de la solución: Queremos ser salvados, queremos ser verdugos, a veces incluso, se nos olvida querer.

Una semana que alcanzando a la inestable fiebre de marzo, me obligó a sentarme a callar. A escupir cuanta palabra obscena me tejiera el alma, reconocer en mi malestar el hilo rojo de un monstruo más grande que si dejo salir, no puedo corresponder.

Como todos los santos que deambulan en silencio entre paredes, fui observando el curso de todo aquello que tanto anhelo, encontrándome en aquellos ojos cafés donde el universo reposa como una bóveda de bonitas intenciones. En esa bóveda, segura y distante, donde se escuchan canciones y se acaricia una belleza magnética, una belleza que con luz propia danza en su esencia poética, en el verbo del olvido que este ingenuo soñador quiere aprender a recitar.

Fui observando el caminar de los que me aconsejan de buena fe, de amigos que como ángeles y Santos, aparecen de vez en vez para guiar mi escandalosa manera de exigir la verdad. Aquellos compañeros de oficina, de mesas de café y de bares de la noche, que se reúnen para halarme la paciencia y en su debilidad, sembrarme la nota musical necesaria.

Poder bajar en una octava tanta diatriba.

[Solloza]

Fui escuchando a quienes hace años estuvieron en mi Walkman, interpretar sus nuevas canciones, divertirnos en grata compañía con el deseo sublime de un buen comentario.

Una semana que nos permitió comer crispetas, tomar jugo de mandarina y un buen café especial. 

Entender que para salvar al mundo primero hay que conocerlo, comprender que para poder salvar al mundo, lo segundo que hay que hacer es merecerlo. Hacer lo posible para salvar al mundo, desde el local escenario de nuestra vida, una vida que está en compañía permanente, aún si no sabemos el nombre de todos los que caminan por allá, en la frontera entre el cansancio y el deseo.

Nos centramos en proyectos que contra el dios del tiempo, logramos cumplir, pero sufrimos, porque deseamos ganar.

Una semana en la que siempre nos espera un libro de Pablo Neruda y un beso con sabor a Chipotle.

AV 

26 de febrero de 2025

Lluvia (A la distancia)

 


Imagen tomada de:  https://www.whgsales.shop/?path=page/ggitem&ggpid=2789928 


Hay personas que con la naturalidad de su forma de ser y pensar, abren espacio en nuestras vidas, personas gratas que se dibujan en cerámica o viajan entre mensajes llenos de afecto.

Magia que del universo brota en únicas canciones, como animales que danzando en el bosque invocan a las más pura de las deidades.

En mi particular recorrer he atravesado caminos llenos de flores y una que otra grieta sobre el asfalto. Callejones donde he aprendido a entender lo valioso de un saludo, lo noble de una excusa y lo inmenso de un abrazo. Caminos en el que nombres y apellidos fueron dejando sus saludos en abrazos y apretones de mano, donde quizás aprendí que a todos por igual se les da la confianza con el mismo peso de un adiós.

Creo, porque soy un felino lleno de fe, que la inocencia de cada persona nos evoca relaciones de crecimiento permanente. Las intenciones por supuesto emergen en sonrisas, y yo desde la estima y el enigma, me considero por demás, un ingenuo soñador que carga en sus brazos la sonrisa de todo aquel y aquella que me han encomendado su ternura.

Días en que el sol es espectador de un calor amigable, donde las distancias se resumen en anécdotas, en una llamada.

También hay días en los que llueve, como hoy, porque febrero llegó coqueto, con gotas de agua que viajando entre corrientes de aire se posan en cuanto camino exista.

Una lluvia que se convierte discreta, tímida, elocuente.

Porque cuando llueve, allí, en el vacío de las calles húmedas y asfaltadas, se recuerdan nombres de personajes que nos hacen bella la vida.

Un ronronear del agua sobre el camino, que en recuerdos varios, se convierte en un grato placer donde se comparte el agua con todos aquellos que desesperados danzan buscando refugio.

Distancias que conectadas con el fluir del viento sirven para escribir algo insulso como estas letras, algo teledirigido a quienes nos declaran afecto en sus pensamientos, donde los ojos profundos nos llevan a universos llenos de vida, de emociones que no tienen nombre, aún.

Una distancia que se convierte discreta, tímida, elocuente.

Porque cuando recorremos caminos a causa de las ocupaciones del día a día, lo cotidiano se nos vuelve paisaje, con lluvia o sol, o ambos unidos en una travesura literaria, giramos sobre las sombras de las flores y los helechos. Nos llenamos de pasos apresurados para que el día siguiente, sea jueves, porque el miércoles, a pesar de estar lleno de ternura sigue vacío por culpa del calendario. 

Llueve un miércoles, podría incluso, llover mañana jueves.

No es la lluvia sino, el deseo mismo de danzar bajo las gotas de agua, un camino de buenos recuerdos y gratas intenciones sin importar la distancia, porque donde el deseo y la ternura florecen, los mensajes llegan.

Mañana es jueves, mis estimados.

AV