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Sobredosis.
30 de noviembre de 2010
El Gato en el Espejo (Gato Negro)

Imagen Tomada de: Cat In The Mirror - ©2009-2010 ~ABcreatorOfGrotesque
A veces, cuando me siento a escribir es porque tengo algo en la garganta a punto de salir, es porque tengo una idea merodeando en mi mente sin detenerse, es porque mi corazón quiere estallar en llanto, sea de dicha o de tristeza. Es cuando el aliento me reforma en constantes suspiros y me sumerge en un juego de adivinanzas y aforismo.
Una buena canción suele acompañar este tipo de relatos, más reflexivos que literarios, este tipo de entradas en las que una buena dosis de sinceridad se ve opacada por una alta dosis de metáforas, por un símil de posibilidades regadas por toda la conciencia.
No estoy en una buena temporada, lastimosamente la vida da unos giros imperdonables, cambia de estación el reloj y mi conciencia se ve afectada con todas las proporciones del caso en un ruedo de melancolía y actos depresivos. Letras muertas que se dejan nacer aun sin ser discutidas con el comité de censura y reformas. Quisiera ser un poco más estable, un detalle de sensatez que me permita beber con calma del amargo vino barato, que me deje reflexionar de manera positiva y no como un acto impositivo de rivalidad conmigo mismo.
Ella me lo recuerda en todo momento, el secreto está en saber perdonar, en querer renacer y en un cuerpo nuevo exorcizar todos esos odios y esas culpas que me trinan día a día. No logro ubicarme, algo ha salido del carriel, algo me tiene flotando en andamios de infelicidad.
Necesito un buen motivo para detenerme en el camino haciendo un alto productivo. Necesito una idea feliz que me retorna ese estado natural de dicha y buena vida. Necesito volver a sonreír, encontrarme, volver a lo básico, seguir en la perseverancia y retomar el liderazgo perdido con los años, necesito re-fortalecer mis andanzas, necesito muchas cosas, pero al igual que hace cinco años, mi vida se envuelve en un torbellino de temores, de una cobardía absoluta propia de mendigos, me encierro en una jaula inmensa en proporciones, pero pequeña de soluciones, me dejo cegar con la luz del sol por miedo de salir de la caverna.
Extraño intensamente muchas cosas, otras me asustan, estoy en ese lado en el que la sinceridad es más molesta que los consejos de un buen adulador.
Lo confieso, me he llenado de odio, me es imposible perdonar. Tengo una cicatriz que con el transcurso de los días se humedece con sangre fresca, un ardor insoportable que me envenena la conciencia y me mata neuronas por doquier. Aun no sé si el odio es el propio ejercicio eclesiástico de la autoflagelación, de la culpa que no perdona, o, si es propio de esas acciones que me han afrentado algunos sujetos que sin importarles los medios, me han herido para cumplir sus fines.
Sí, he perdido la fe, la esperanza de creer en que todos pueden ser buenos, en que nadie hace daño a los amigos, en que la hipocresía sólo es propia de políticos y empresarios. Pero lo he vivido en carne magra, no puedo dejar rodar esos recuerdos, esa memoria tan cotidiana que me da condenas en tazas de café. Sí, lo odio, a él y otros más, pero no puedo devolver el tiempo, no puedo retener los recuerdos. No puedo dejar de darle importancia a aquello que ha sido dominado por el tiempo.
No sé si sea catarsis u otra dignidad propia de poetas y sofistas, pero debo decirlo, debo escribirlo, tan negro como la noche, tan lejano como el viento, tan tenebroso como la dignidad de un ciervo herido.
Puedo permitirme mentir un poco, puedo permitirme ser cruel, puedo permitirme engañara y dejarme engañar, puedo permitirme muchas cosas, pero nadie me quitará lo que puedo escribir, en cambio, yo puedo deletrear lo que puedas leer.
Puedo mirarme al espejo y seguir haciendo preguntas, puedo caminar y revisar estantes en calles mundanas, puedo retomar los sueños, puedo ser un estúpido, puedo ser lo que soy.
Puedo encontrarme al otro lado del espejo, puedo dejar mi garganta estallar, puedo dejarme cegar, puedo amar, puedo odiar, puedo escribir sin ser ni dejar de ser.
Puedo ser a veces un Gato Negro.
AV
26 de octubre de 2009
En Clave Estigia

Imagen Tomada de: http://www.onekind.co.uk/art/largemain/500/MK0005.jpg
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Matt Brown - Cat's Eyes - 10" Art Print
Como un escalofrío frío y tácito, tambalean los pasos y el silencio se hace grande, la luna busca sus argumentos lejos de la noche mientras se duermen las acciones en grandes distancias. Junto a la cama se escucha el respiro de la nostalgia, se acaparan cariños en canciones que ya no suenan en la radio, en geografías de la soledad, en la perdida memoria del tiempo. Con el afán de los domingos se bebe a sorbos un café que nadie quiere, frío como el amanecer del lunes los espacios se van desgastando junto al espejo, la duda se cuela en las aulas y el cansancio en los horarios de laburo.
Nuestras fuerzas de octubre van culminando con el tradicional afán de un noviembre que reza por fuera.
No es pecado querer ni mucho menos crimen escapar, subastarse en horas y páginas rayadas, no hacer nada, no hablar tampoco es causal de despido ni de castigo, no se puede ahogar con limonada lo que con limón no sana, no se puede alimentar de presiones minutos pasajeros con agujeros de sal en nuevos ropajes, no dar identidad ni pasar bajo palabra otras amenazas, conmigo no.
No se esconde el verso del suicida poeta que figura en el espacio perdido, no se explica la belleza de Munch en sus pinturas ni en sus locuras, conmigo no se escribe en prosa ni se baila con ritmo.
No se presiona al heredero con sueños del padre ni al enamorado con afanes del orgullo, no se le escribe con plegarias ni letanías a quien bien sabe leer el sentido del amor en la vida de los otros, no se redactan naciones en aventuras de guerreros ni en valentía de guerrilleros, no se transforma al hombre con sueños o con sonrisas disfrazadas de sangre. No se perdona ni el más mínimo sentimiento de orgullo cuando el café sigue frío sobre la mesa sin amante o pretendiente que lo beba, no se cuestiona al mojado después de que cruza la frontera.
Mirar en la ventana y dejar que la brisa siga su curso, alimentar la locura con olvidadas canciones, dejarse besar por el licor y fumar un cigarrillo en noche vieja, vagar por la magia del arte y sufrir con el descuido de la ciencia, ser veloz a la dulzura de tus agujas y escuchar miles de consejos sin argumentos, dejarnos subastar en el mercado improvisados deseos, desechar papeles de amor en ridículas sensaciones de soltería y tiempo perdido de camas sin vengadores. Dejar al lunes el trabajo del martes, el martes a merced del miércoles, el jueves con la insistencia del viernes, al viernes declararlo día de feria, el sábado pagar el luto y el domingo yacer sobre el césped de un lunes abandonado.
Cobarde o no, miles de preguntas se encierran bajo camisas de alquiler, mezclando con mesura el cianuro con vino, arte con política o sueños con adicciones, dejar en el plano material los suvenires de tus afanes, escaparme de tu malicia y hundirme en trincheras de indecisión. Quizás los permisos se le piden a la vida aun estando exento de ella, las incomprensiones a veces no se solucionan conversando, mucho menos bailando y aun lejos de la realidad persiguiendo.
Quizás duele, quizás sea un malestar que de octubre a noviembre toma colores oscuros, quizás sean días que desde septiembre se pierden con alta factura de deuda, la importancia se está dando con la misma insensatez con que se paga una deuda, el tiempo se pierde con el mismo rigor de una eucaristía, las huellas del pasado pisotean los besos del presente, triste como el despecho y el orgullo es también la duda, se cuestiona con la misma fuerza con que se abraza a un ser querido, sus rencores no provienen del dolor sino del ardor de un nuevo entender.
No se trata ahora de escuchar ni de perder valores en juegos de enamorados, recorrer calles hallando explicación a las emociones o indagar en las heridas de un guión, se puede querer en la incondicionalidad de la palabra, en la legalidad del sentimiento y en el olvido de la juventud, encontrar nueve vidas en miles de orillas, olvidar dolores de toda la vida, silbar canciones sobre la playa o naturalizar el color del amor en cuadros de texto.
Vuelves a tomar el remo de la Laguna Estigia para darle ruta a los perdidos sin notar que ahora la barca te pertenecerá con eterna practicidad, servirá el tiempo como remedio o como veneno.
Servirá la duda como cuarto menguante de la locura.
AV
16 de marzo de 2009
Soberbia
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Quiero aprender a tocarte, dejarme fingir por un impulso de honestidad y meterle cobardía a la autoestima. Prenderme de tu vestido y marcharme con sinfonías que quizás los demás ignoran o piensan que son solo notas de alquiler.
Me situaba en esa esquina donde los gatos murmuran entre sí, sabía perfectamente que la gaseosa no estaba fría y que nuestra cena no era nuestra, me quedaba de pie y protestaba en mis adentros por la falta de comida, por la falta de ritmo en nuestro constante cruce de miradas.
Me prohíben cometer adulterio, me insinúan las reglas del todopoderoso y me encierran en misterios que la fe no percibe, se me escapa la nostalgia con voces y cantos góticos que quizás el teatro municipal no recuerda. Me desvivo por escalar tus ojos, por ubicar suavemente mi nariz en tu piel y dejarme drogar con el olfato de una picardía, dejarme morder por el pecado de saber lo que se hace y dejar de creer en vos por un momento.
Mi guitarra suena sola, los acordes aparecen y desaparecen, el cuerpo se dibuja en trazos y mi gata duerme confiada de lo que sucede.
Un vaso de agua suda sobre la madera del mesón, un vestido largo se expone en la ventana y oculta nuestra inspiración en el vino que no se ha bebido. Sabemos a ciencia cierta que la fe se oculta en el ropaje de los nuevos hijos de dios, los actuales, los que tenemos mañas y mañanas, los que nos equivocamos de tarea simplemente nos aferramos a los oficios de nuestras amistades.
Algunas sonríen y ansían poder, otros se esconden para ahogarse en absurdos silencios, otra ronda por las calles de la confusión y se oculta en el bullicio de la ternura, otra le vende su alma al trabajo para no caer en la cuenta de las fallas del amor. Uno que otro cree que todo está bien, como yo, que sigo pensando en vos como un ser tierno e inofensivo.
Sin asumir roles musicales, dejo las notas musicales me transporten lejos de acá, que me encierren en el aire y me ahoguen con la soledad del placer, esa satisfacción donde sonríes a tus adentros sin importarte que te vean, como cuando compras un disco nuevo, cuando dejas que te sorprenda esas música por la que tantos idiomas has exiliado.
Lejos, en el sur de toda esta cotidianidad nos espera nuevas sinfonías, inconclusas en su totalidad, como los ángeles de la soledad, los amigos de la soberbia o los rituales de la lujuria.
Sigo sudando, sigo postergando palabras al vacío, con rosas y espinas, con hojas blancas y tinta negra, palabras adecuadas que se vacilan en brindis y homenajes.
Sigo cometiendo errores, sigo cometiendo pasiones para vivir, sigo contando silencios para vos.
AV



