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14 de mayo de 2026

La despedida (Jueves)

 


Imagen creada con IA: https://chatgpt.com/

 

La despedida de un ser querido siempre trae además de la tristeza de rigor, el vacío inminente de una vida descocida, un conjunto de emociones que entre el anhelo y la nostalgia conjugan las más efímeras ganas de dejar todo atrás.

La policía llegó a la residencia sobre las cinco y treinta de la tarde, casi una hora posterior al amargo descubrimiento. En la sala estaba Abril de Caicedo tomando un café, los ojos de cargar la tristeza eran suficiente evidencia para comprender el dolor que agobiaba a todos. A su lado estaba acostada Rebeca, se recogía sobre sí misma en señal de una tristeza felina. 

Marino conversaba con uno de los oficiales de policía, explicaba que llevaban dos días intentando contactarle ante el sospechoso silencio, pero solo hasta esa tarde lograron ingresar. Fabio Andrés estaba con Alfonso, intentaba darle el consuelo que no entendía, quería brindar calma pero era preciso el corazón de Alfonso un órgano inconsolable.

En medio de las declaraciones a la policía Marino recordó los extraños mensajes, mencionó al agente de aquella actividad por demás sospechosa y delictiva, la urgencia de que fuera investigada la fuente.

A las seis de la tarde una ambulancia retiró el cuerpo en dirección a medicina legal, además de analizar la causa de muerte era perentorio oficiar todos los trámites para el posterior sepelio.

Sin saber qué decir, Marino sugirió a todos salir a cenar juntos, acompañarse en la tristeza del descubrimiento, quizás ir a alguna parte a compartir la melancolía del caso. En ese instante Alfonso cruzó su mirada con Marino, una profunda decepción los abordó a todos de nuevo, recordaban pues, la ausencia de Emanuel y la Casa Azul.

Sara Carolina y Julio Washington estaban confundidos, miraban para todas partes. Al momento de entrar Ignacio al restaurante, Julio logró atraparlo antes de que cayera al suelo en su totalidad, sin embargo, momentos después de acomodarlo en una silla, empezó a desvanecerse hasta desaparecer.

Ambos estaban sorprendidos, nadie podría dar explicación alguna de lo ocurrido. Con el teléfono móvil buscó el contacto de Ignacio y le hizo una llamada, la cual nunca salió, quizás porque el teléfono estaba apagado o fuera de cobertura.

Julio caminaba de lado a lado sin entender nada, estaba asustado, quería incluso correr a una iglesia y pedir la bendición del párroco, necesitaba con premura entender lo que ocurría. Sara, con la calma de quien no tiene nada que perder, se levantó y comenzó a guardar todos los implementos de la barra del bar, cerró la caja registradora y le pidió a Julio que se retiraran, era mejor descansar, de seguro que sí.

Julio comprendió la intención y obedeció a Sara Carolina, en ningún momento hablaron de lo ocurrido, como si se tratase de un pacto silencioso de ignorar todo.

Al llegar a su apartamento, se quitó las botas y se sentó sobre su cama, revisaba en la aplicación de chat uno a uno los contactos de Emanuel, necesitaba encontrar alguna forma de llegar a Michelle.

Alrededor de las ocho de la noche se quedó dormida, el cansancio y el calor de un extraño día miércoles le había ganado la batalla.

Comenzó a soñar, de extraños universos y fragmentos de recuerdos se fueron conjugando estrellas de colores y muchas formas abstractas, una profundidad tan oscura que el brillo de lo inexistente se vislumbraba bello y etéreo.

Sara Carolina sentía que volaba, o flotaba.

Marino llevó a la madre de Jose Isidro a cenar, desde el apartamento en el barrio El Peñón, tomaron rumbo al barrio Centenario, para buscar algún restaurante grato para la cena. Fabio acompañó a Alfonso en el carro de este hasta su apartamento, para que descansara y mejor al día siguiente con más ánimos, asumiera el cruel relato del día vivido. Ambos, tanto Marino como Fabio, conducían los correspondientes vehículos y en las mismas condiciones, pasaron por la Casa Azul, no porque la vía fuera parte de ese sector de la ciudad sino, por la costumbre de querer observar ahora a quién ya no está.

Sara Carolina viajaba en un profundo sueño que se sentía dulce, eterno, tranquilo.

Alfonso llegó a su apartamento y se recostó en posición fetal en su cama, Fabio Andrés se despidió y tomó un taxi rumbo al restaurante donde estarían Marino y Abril cenando; en el trayecto escribía mensajes a Ignacio pero no salían, como si la señal estuviera bloqueada o la cuenta del chat cancelada, esto preocupaba cada vez más a Fabio Andrés.

“¿Qué le habrá pasado al pendejo de Ignacio?” Se preguntó.

En medio de la oscuridad Sara Carolina logró vislumbrar en alguna parte en medio de la nada, a Ignacio, caminaba desorientado con su vistosa camisa de flores, intentó acercarse para ver qué ocurría, pero no le era posible coordinar sus movimientos, como si fuese más bien una marioneta.

Ignacio caminaba cansado, llevaba alrededor de un día deambulando en el otro lado, donde el tiempo y el espacio son un concepto. Además de cansado, estaba desorientado, recordaba haber visto a su amigo Jose Isidro, recordaba incluso haberse despedido de Emanuel en algún momento, en alguna vida.

Simplemente caminaba, como un ente sin ritmo ni sentido.

Sara Carolina volaba, flotaba, divagaba, como un ente sin ritmo, sin sentido.

A la mañana siguiente Fabio Andrés se organizó desde temprano para salir rumbo a la oficina, si bien acostumbraba llegar a tiempo para las reuniones programadas, en aquel jueves decidió salir con más tiempo de antelación para sentarse a pensar un rato. Su socio, Marino, siempre llegaba muy temprano así que no sería una sorpresa verle allí también.

Abril Barona de Caicedo madrugó para iniciar los trámites de velación y posterior sepelio. Rebeca, la gata, estaba su lado.

Julio Washington no pudo dormir como lo deseaba, sentía que la vida estaba dando giros demasiado impertinentes, lo ocurrido con Ignacio era algo que jamás en su existencia había presenciado, no le era posible entender o dar crédito a lo que había sucedido. El pacto de silencio con Sara lo dejó más perplejo, el no poder hablar de lo que sentía o pensaba le llenaba la mente de pensamientos obtusos, como un recipiente que se cargaba de aguas negras. Miró el reloj y dio cuenta de que eran las seis de la mañana con algunos minutos.

Pasó la noche de largo, casi.

Alrededor de las tres de la mañana despertó, intentó dormir pero su solución fue jugar en la consola hasta las cuatro y media de la madrugada, tiempo en que el sueño le permitió volver a dormir, hasta las seis de la mañana.

Revisó el chat del teléfono móvil y allí vio que la última conexión de Sara Carolina fue a las siete y cuarenta y dos de la noche anterior.

Juan Alfonso Mosquera despertó temprano, aquella mañana de jueves sentía más ligero su cuerpo pero seguía agobiado por el fallecimiento, por demás inexplicable, de su amigo Jose Isidro Segundo. Se organizó lo mejor que pudo y salió a recoger a doña Abril, como parte de sus compromisos de buen amigo en apoyar a la madre en tan difíciles y perplejos momentos, durante el trayecto recibió un mensaje de Fabio Andrés:

- ¿Sabes algo de Ignacio? -

Llegó hasta el apartamento donde reside Abril, mientras la esperaba respondió al chat, en esta ocasión con una fuerte sensatez y esquivo mensaje:

- No tengo ni idea dónde andará metido, no quiero más noticias trágicas, por favor. -

El día apenas comenzaba para todos, incluso Marino que pasó la noche leyendo algunos casos de su oficina como mecanismos de defensa ante el dolor de lo ocurrido, decidió madrugar para estar puntual a las seis de la mañana tomando un café en su despacho. Allí vio llegar a Fabio y con un abrazo, silencioso y cortes, le dio los buenos días.

Fabio Andrés se fue para su oficina, se quedó leyendo el listado de mensajes de su teléfono móvil, y ante la respuesta de Juan Alfonso, decidió terminar el malestar con un mensaje más conciliador:

- A todos nos duele lo de Emanuel y Jose Isidro, Alfonso, pero entendeme hombre que Ignacio lleva dos días desaparecido. Algo le debe de pasar. Nos vemos ahora en la funeraria. -

A las seis con treinta y ocho minutos de la mañana, Juan Alfonso llegaba a Medicina Legal para la firma de documentos y demás trámites que él como abogado, apoyaría a doña Abril Barona de Caicedo. De allí continuaron el trayecto a la funeraria para iniciar todo en la jornada de despedida.

Julio tomó el teléfono después de dormir otro instante, eran las siete de la mañana de un jueves cualquiera de marzo. Observó en el chat y allí le apareció Sara Carolina entre los contactos:

“En Línea”.

 AV.

15 de octubre de 2025

El Heredero. (El Deseo)


III.

Harry Manuel retomó el contacto con la desconocida alemana, una mujer joven que por su foto de perfil daba la impresión de ser confiable, se saludaron en el chat y conversaron desde asuntos superfluos hasta grandes relatos de la privacidad y los anhelos de la edad.

Como muestra de buena fe la dama brindó un deseo de cortesía, insistió en que podía hacer magia y darle a Harry Manuel aquello que siempre ha querido ser o tener.

Con algo de desdén pensó un rato en la oferta, aquella muestra gratis a la que respondió con un tono retador, pidiendo como deseo ser poliglota. Ella, con el carisma de un carnicero, preguntó exactamente en cuáles idiomas estaba interesado.

“CINCO” escribió en letra mayúscula junto a un emoticón de un diablo travieso, en un chat lleno de stickers e insinuaciones.

Cinco fueron los idiomas entregados: Francés, Alemán, Portugués, Ruso y Japonés. Harry Manuel sintió un ligero dolor de cabeza y acto seguido, un malestar de garganta que le obligó a declarase en incapacidad.

Marcela, la madre, cuidó durante dos días, con algo de sopa caliente, jugo de naranja con jengibre, todo en aras de que su hijo, el eterno niño estuviese libre de todo mal.

Después de dos días de fiebre, Harry intentó leer algunos textos en inglés para corroborar si el deseo había sido cumplido. Al ver que no dominaba el idioma, se sintió estafado, a la final sabía que era una broma y no podía acusar a la dama de abusar de su confianza, pues en realidad no existía ninguna transacción vigente.

Cecania retomó el contacto en el chat, así que comenzó a escribirle a Harry en alemán, él sin notarlo, respondió el saludo con excelente gramática y fluidez, durante un tiempo conversaron por escrito, hasta que a través de un mensaje de audio (en ruso) dejaron de lado las letras para pasar a las expresiones fonéticas. Así sucesivamente avanzó la comunicación, fue allí cuando cayó en la cuenta que estaba dominando otros idiomas distintos a su natal español, la sorpresa era además que jamás estuvo el idioma inglés en el listado de opciones.

Se sintió complacido, con el ánimo alto como nunca en su vida había despertado, el deseo de prueba había sido cumplido sin falta alguna.

Esa misma semana terminó la propuesta final para el cliente de Portugal, entregó el material pendiente al otro cliente, al de Italia y en su cuenta bancaria vio reflejada la transferencia de Euros deseada, se sentía perfectamente vivo.

Estaba triunfando sin salir de casa.

Semanas después, retomó el contacto con la misteriosa mujer alemana, ya por los primeros días de diciembre. Siempre amable y atenta le respondía a las dudas en alemán, en ocasiones en español, todo en aras de facilitar las emociones del ahora políglota Harry Manuel.

Volvieron a hablar de la propuesta principal, de aquella opción de cambiar de vidas, ante tal pretensión Harry exigió como primera condición que ella diera todos los detalles de lo que significaba ceder su vida presente.

Cecania le dio toda la información del intercambio en errante explicación. Sin tomar con seriedad la respuesta, siguió preguntando por el paso a dar, insistía en entenderlo todo a pesar de las respuestas vagas que ella le brindaba.

Después de un insistente interrogatorio, Harry Manuel logró que Cecania, en un excelente español le enviara un audio con una explicación más detallada de la transferencia prometida. Mencionó que él pasaría a llamarse Kaín, que viviría donde ella está actualmente, en una ciudad de Alemania y con los mismos lujos y pesares. Le hizo saber que del mismo modo tomaría su vida en Colombia y pasaría a llamarse Harriet, el equivalente de Harry.

El asombrado caballero sentía que podía pedir más. Su ambición le empujaba a no ser él mismo, deseaba como alguna vez lo fue su hermano, un ser socialmente bien relacionado, con prominente salario y triunfos para cada proyecto laboral.

Cecania con su imparcial sonrisa observó la pantalla del teléfono y envió un audio ahora en un fluido Japonés, aceptando las condiciones insinuadas, solo faltaba como si se tratase de un contrato, confirmar el deseo a modo de formalidad.

Harry aceptó por supuesto, porque eso hacen los desesperados. Mientras terminaba de escribir en el chat su aprobación del trato, pensaba por momentos en el plan que diseñaba para otra empresa de Italia, que el señor Ferro le había recomendado precisamente.

Cecania desapareció como si nunca hubiesen sido amigos, quedando el chat en un mensaje final: Ok.


AV.

2 de febrero de 2023

Pausas (Cambios)

Imagen tomada de: https://streetartutopia.com/2021/09/16/meow-meow/

Street art cat by: Tianooo The Cat (Manchester, England)


Hay caminos que se recorren con la tranquilidad de saber que hay tiempo a nuestro favor, trayectos que se viven en el variopinto museo de la cotidianidad, sin afanes, alejados de cualquier preocupación.

Divisamos las vitrinas de locales comerciales con ofertas de toda índole, ropa para dama, artesanías de la región, telas y telas, joyería y relojes, tecnología de media punta y alguna sin punta. Siempre a su entrada en pasillos de amplio desdén, una respetada dama vendiendo fritos de gran atractivo culinario, cerca quizás otro que venda arepas con o sin relleno, chorizos de pronto.

Observamos un cielo juguetón que se esconde tras los inmensos ventanales de edificaciones de antaño, cuadradas, rústicas, mudas.

Recorremos la vida con la misma impertinencia con la que la soñamos. Esas calles que atrás fueron patio de juegos hoy son la pasarela del adulto que se apresura a llegar a tiempo a una cita. Recorremos las calles con el mismo impulso con el que las recordamos, incluso, si se nos hace urgente olvidarlas.

Somos seres de costumbres y vamos creando rutinas en específicos lugares de la ciudad, sin importar su tamaño nos identificamos en trayectos o sectores que nos van marcando identidad. Si llegamos a una nueva zona por la razón que la vida nos empuje, allí estableceremos una base de operaciones para nuestras costumbres ciudadanas: Un café, una panadería, un parque, una esquina, un lugar.

De estas costumbres es que fuimos emergiendo como ciudadanos, nos aprendimos las reglas de convivencia que fuimos observando en los adultos, nos esforzamos por llegar a lugares que se nos daban prohibidos por la edad, nos escapábamos de las diligencias para llegar a casa, refugiarnos en ese único lugar del mundo que consideramos perfecto.

De estas ciudades nos fuimos volviendo responsables, crecimos, engordamos, desafiamos a la autoridad, obedecimos a la soledad, abnegación profunda ante la ansiedad. Ciudadanos que queremos conocer el mundo y hacernos globales, incapaces de adornar la rutina de expectativa, mas bien, expertos en desdibujar las razones y argumentos en precisos silencios, incómodas sonrisas.

Una responsabilidad que se construye con valores y datos aprendidos en casa, de consejos y hematomas adquiridos en la escuela, de muchas monedas y sillas perdidas en la calle, en el amor, en el entusiasmo de un mundo mejor. Responsabilidad que nos invita por supuesto a soñar, a ser capaces de proyectar una vida mejor a la que se tiene en el presente, algunos románticos quizás pretenderán retomar la vida que en su ayer disfrutaron, como si estancarse en la memoria diera caminos y tranquilidad.

Amantes de los atardeceres, cielos rosados, anaranjados, cielos azules que se mezclan en la profundidad de la noche, depredadores del cambio. Coherentes claro con lo deseado pero cobardes con el riesgo y el cambio.

Deseos que no llegan por temor a vivir el peso de la vida, porque todo tiene peso, un canje. Coherencia que se nos escapa en las palabras de terceros, nos dejamos influenciar en la perspectiva de otros deseos, aunque estemos en la misma calle, con el mismo afán, con el hambre intacta.

Hay caminos que se deben de recorrer con tranquilidad, sin afanes, con la coherencia del pensamiento y el tiempo, con los colores de la cotidianidad en el bolsillo, alejados de cualquier preocupación, de cualquier modo son los sueños y la responsabilidad ciudadana los imaginarios que nos esperan en el cruce peatonal.

Huele a empanadas.

AV

17 de enero de 2023

Intenciones (Suspira)


 Imagen tomada de: https://www.artmajeur.com/hanggaravicky2/es/artworks/15977770/galaxy-cat

GALAXY CAT (2022) Arte digital por: Vicky Hanggara.


Nuevamente la música es musa de inspiración, puente o canal de motivación para llevar en letras lo que por dentro se contempla. Somos caminantes que con nuestra propia sombra vamos de lado a lado especulando un futuro mejor, nos llenamos de expectativas ante las múltiples posibilidades de encontrar la felicidad que a la final terminamos siendo solo un transeúnte envuelto en la casualidad.

Observamos desde el silencio a cada sujeto que transita por la vía: unos se desplazan con tanto afán como si huyesen de la lluvia, otros se estancan en sus propias ideas y avanzan a paso lento, como si tuviesen una pena ardiendo en sus huellas. 

Desde el silencio nos cuestionamos nuestro lugar en ese pasillo, con nuestra sombra vamos alegando al tiempo la suerte que nos corresponde, el deseo mismo de ser y estar en otro lugar, de la desidia misma de recuerdos y sentimientos.

Una canción puede a bien darnos la luz que en la oscuridad las ideas nos suelen acongojar. Una canción por supuesto, puede ser el impulso para hacernos volar en aquel barranco de la vida, para bien o para mal, nos dejamos caer.

Canciones que nos determinan la forma de pensar o actuar (de caer).

Hay temporadas en que estamos de mejor ánimo para proceder el camino llano de la vida, por supuesto que nuestro pasado nos determina pero no lo suficiente como para permitir que terceros nos juzguen, precisamente, desde ese silencio en el que nos observan.

Podemos tener historias complejas, siempre lo he dicho, todos estamos rotos por dentro. Todos, usted que me lee, yo que le escribo, ellos que nos observan. 

Cargamos pensamientos y recuerdos que en algún momento nos rompieron el alma, nos derrumbaron, nos hicieron sentir alejados de cualquier víspera, pero esto no es motivo ni intención para seguir por la vida alegando tristeza y abandono.

Somos seres complejos y cargamos pensamientos que son más castigo que memoria, somos sujetos llenos de expectativas, de deseos, de miradas que buscan en el tiempo un segundo de paz.

Miserable es aquel que juzga a quién en su propia suerte se queda colgado en su silencio, como si juzgar fuera la solución a la tristeza o taciturna melodía. Como si la vida fuera un tintineo de pasos que en sus huellas arden recuerdos y paradojas. 

No, la respuesta siempre es no.

Todos podemos continuar en ese péndulo de vida y satisfacción, con sacrificio tal vez, con sangre quizás, lágrimas siempre habrá, sudor de vez en vez, pero es un camino que todos recorremos y en el que vamos conociendo todo tipo de personajes que, de nuestro lado podrán ser pertinentes o nocivos, a la final el camino es uno solo y entre mejor nos sepamos acompañar, mejor nos sabremos abrigar.

Dejemos en el libre albedrío la posibilidad de relacionarnos, de hacernos culpables de nuestros desiertos y nuestros jardines, de permitirnos conocer personas de todo calibre, que en sus sentimientos y sus intenciones nos permitan crecer o morir, que podamos vivir y re vivir toda canción, que en miradas de complicidad o rivalidad podamos entender nuestro lugar en el péndulo de la satisfacción, en el tintineo de campanas como si fueran huellas de fuego.

Que desde la sabiduría del silencio podamos construir cuantas palabras sean necesarias, redactar las mejores cartas y componer las grandes canciones de la humanidad. Que en la idealización del otro podamos figurar miradas de muchos colores, inclusive, delinear el silencio en melodías sensibles al tacto humano.

Que desde la impaciencia aprendamos que el camino es llano aunque se siente en ascendente premura, que aunque el tiempo sea un solo tintineo de huellas, el horizonte sea siempre el mismo sol (aun cuando la lluvia nos quite el sueño).

Que podamos ser y estar: sembrar decisiones y cosechar intenciones.

AV

20 de septiembre de 2022

Sueños (Cosmos)

 

Imagen tomada de:

https://www.catster.com/lifestyle/raphael-vavasseurs-cat-art-mixes-comics-with-the-classics 

Cat in Cosmos By:Raphaël Vavasseur

Por lo general nos imponemos retos en el día a día que nos hagan sentir vivos, que nos lleven en un torrente de adrenalina por los caminos de la satisfacción y nos liberen de la depresión. Nos encerramos en pensamientos desafiantes que nos obliguen a desarrollar desde el interior las más osadas acciones con tal de superar aquello que juramos alcanzar.

Es difícil, quizás porque para algunos es garantía de ansiedad y estrés, para otros se convierte en un tobogán eterno de frustración, de golpes contra el calendario, de insoportables ritmos marcados por el minutero de un reloj despiadado y distante. Se hace complejo, porque hasta la más noble de las intenciones conlleva algo de veneno, de estupor en el hacer. Intenciones que se corrompen en ocasiones por el afán de la meta anhelada, lo imperfecto de la humanidad hecho desespero.

Nos equivocamos con frecuencia y de allí arrebatamos aprendizajes a cada asunto, quizás para algunos es menester entregar en terceros la bondad del error cometido, para otros, sea tal vez más oportuno callar ante la falla y fugarse de la responsabilidad, uno que otro es más consecuente y se toma personal la falla alcanzada, dándose latigazos de culpa aún sin ser necesaria la sanción.

Aprender a equivocarnos es una escuela de libre acceso, de muchas herramientas y de pocas aventuras, más bien desventuras.

Aprender a ganar es tal vez un intensivo curso de bondad que se adquiere después de haber cursado muchas clases en la escuela de la equivocación, porque ganar conlleva una responsabilidad para con uno mismo y es precisar lo que se hizo bien en un entorno de enfermas decisiones.

Juramos alcanzar metas para satisfacer placeres personales, nos volvemos hedonistas, nos esforzamos para ser helénicos en luchas en ocasiones inexistentes, solo la vanidad de Narciso, el cantar de un juglar que sin pasión enamora a quien le escuche.

Nos cuestionamos todos los días, nos juzgamos en el silencio de un momento de duda, nos imponemos bloqueos que atraviesan lo mental hasta servirse de una parálisis cognitiva, abrazamos el miedo todas las mañanas y rogamos al santo más popular que nos de una mano en eso que nosotros mismos hemos inventado.

No somos los mismos, las pesadillas nos pueden transformar, sólo las metas logradas nos purifican del barro que ensucia las nobles intenciones acercándonos otra vez a ese niño que observando el infinito se ahoga en sus pensamientos buscando la idea siguiente.

Es importante contar siempre con un amigo o un aliado que nos de la esperanza de que las cosas van a salir bien, que nos acerque un poco a esa realidad inventada y le de una pizca de cinismo, que nos permita entender que todo ocurre a un ritmo que no siempre está en nuestra capacidad de cumplimiento.

Poder contar con familiares que se unan al deseo y den abrazos de apoyo, no palabras de cansancio.

No es para nada sano escuchar aquellas frases que juzgan la idea enamorada, que cuestionan las intenciones encomendadas a lo imposible. De imposibles es que viven los enamorados.

Se nos hace urgente sentirnos vivos no en la meta de un sueño propuesto sino, en el cómplice saludo de cada mañana, que nos de luz y no oscuridad el recibir apoyo de allegados, que puedan entender el vacío en el que caemos cuando el tiempo corre a otro espectral entorno.

¡Qué difícil es poder compartir la visión de la vida a quienes no sueñan!

Es difícil permanecer estáticos en un mismo rincón, por el contrario somos seres inquietos que, huyendo de los propios pensamientos (o peor aún), persiguiendo aquellos pensamientos, somos capaces de recorrer al universo entero para poder llevar la luz a donde la oscuridad nos acongoja.

Pensar en colectivo es una virtud de quienes encerrados en la memoria pregonamos ideas de cambio, a partir de zonas de control emocional. Somos presos de nuestras intenciones.

El reto más grande está siempre en nuestro interior, superarnos y aprender a perdonarnos, ser consecuentes con la escuela del éxito y la escuela del fracaso, soltar ese grillete que a veces como premio nos encuentra en un bucle de satisfacción.

Caminar sobre los sueños, con los pies en la tierra.


AV

25 de abril de 2015

Primer Día.




Todos tenemos un primer día para cada cosa, no es igual que la primera vez pero se llena de más emoción porque se prepara la ansiedad desde noches previas. Un primer día para viajar o salir a conocer algún lugar especial, un primer día para salir de casa y enfrentarnos a otro mundo como lo es la escuela o la oficina. Un primer día para descansar.

Nos abrigamos en la esperanza de una idea nueva, vamos paso a paso avanzando en nuestros ideales, de nuestras convicciones y prejuicios, realizamos todo un plan de cómo llegar y cómo actuar, imaginamos que tanto nos podría ocurrir, si conoceremos a alguien especial o si nos quedaremos solos. Nos reflejamos en esa expectativa del primer día que llega, nos dejamos enredar en las ideas, divagamos lentamente sobre nuestra manera de comportarnos, de querer encontrar el actuar correcto, el andar necesario, la vestimenta idónea para la ocasión o por qué no, las mejores palabras para cada conversación, dejarnos vestir por un discurso primaveral.

Ese primer día nos llena de muchas ideas, a todos nos llega un primer día desde el inicio de los tiempos, desde la misma niñez cuando por vez primera nos vamos en una ruta escolar, esperando un lugar para sentarnos y vivir a la expectativa del recorrido, ese primer día de llegar al salón de clases y encontrar en menos de 3 segundos de reflexión ese lugar en el que nos sentiremos cómodos durante la jornada escolar.

Un primer día en el que salimos a nuevos círculos sociales, día en que nos sometemos a la alienación de otros que quieren al igual que uno, hacer de su primer día una jornada única, especial, perfecta.

Nos encontramos un primer día en el que dudamos de nuestras capacidades y nuestras intenciones, perdemos un poco de confianza, pero solo al inicio, porque luego retomamos nuestras maestras artes y damos de nosotros lo mejor en cada acto. Es un primer día porque sencillamente una primera vez puede ser un ejercicio de horas o minutos, el día por su parte, es un mundo entero para conocer, navegar en sus horas y sus espacios, dejarnos recorrer por la ansiedad de pies a cabeza, llevarnos a un lado de otros, dejarnos asombrar por el discurso de los personajes que van apareciendo en las calles, en las habitaciones, en los mensajes, en los imaginarios de quienes nos hablan, aprender a entender que somos ahora parte de algo que por ser este, el primer día, nos puede llevar a sentirnos ajenos, díscolos, torpes, enfadados y por qué no, obtusos.

Un primer día es también una oportunidad para comenzar de nuevo en aquello que damos por sentado, es darnos ese respiro que un nuevo empleo o un nuevo lugar de hábitat nos pueda traer, es dejarnos comprender que somos seres pensantes y llenos de vida, de emociones y muchas motivaciones, que nos dejamos acelerar en el afán de las dificultades, nos suponemos únicos y es esa unicidad la que hace que nuestro primer día nos ponga a prueba la capacidad asertiva de persona que podamos ser.

Teñirnos en las palabras de una asesoría, de un recorrido dónde se nos dan las explicaciones de una nueva función, de un empleo nuevo o una nueva asignación, igual caso para ese día porque bien podemos no entendernos en el qué hacer y pasar el día con el asombro de un nuevo lugar o, por el contrario encerrarnos en las labores de ese nuevo qué hacer a tal punto que no logramos realmente asumir o comprender el lugar en el que nos hemos inmiscuido.

Un primer día nos lleva de una rutina a otra, nos saca de una actividad familiar a familiarizarnos con esporádicas salidas, con suspiros llenos de nombres y apellidos. Porque el primer día de los enamorados es único y especial, se planea todo, se piensa cada detalle y se programa cada actividad para que todo luzca perfecto y lleno de amor, a otros quizás más nerviosos ese primer día se les permite vivir solo con el deseo de ver a la persona de la cual se han enamorado o, por qué no, se quieren enamorar. 
Porque ese primer día es el que vale las ganas y los antojos, vale ceder y querer depender, vale salir y escapar en ideas que al otro día puedan sonar absurdas o aburridas, porque se vale soñar en ese primer día, se tiene licencia para obrar de buena fe pero con torpeza. Es el primer día en que se da espacio para expresar eso que de algún modo en cartas, blogs, reflexiones y suspiros hemos mentado de esa figura que anhelamos. 
Es el primer día donde los enamorados juegan al amor, se permiten conocerse de un modo tierno y especial porque al segundo día ya llegan las ideas a hacer su aporte, el deseo pasa a ser real, el destino deja de ser melancolía.

También hay un primer día para los aburridos, porque así como la escuela, el trabajo o el amor, los aburridos encuentran en ese primer día el reto de aprender a vivir consigo mismos, porque conocernos como nos conocemos nos toma toda la vida, para algunos es una tarea que queda inconclusa, para otros es un dogma en el que nos llenamos de alimentos especiales y silencios espirituales con tal de aprehender de nosotros lo que mejor tengamos, es reflexionar en la constancia de las cosas, diatribar en esos días que ya fueron para encontrar los que queremos que sean.

Es esa doble calzada que se cruza en los caminos: Hallamos por una parte ese camino donde todos los días son el primer día porque se ha decidido vivir a conciencia y entregados a una fe que nos guía a alguna parte. De otro lado, otro camino nos expone esas emociones fuertes que nos identifican incitándonos a reaccionar, para bien o para mal pensándose más como un último día que realmente en un primero, tal vez sea pues, porque para aquellos el primer día es el que sigue mañana, imaginando un mañana que nunca llega porque se estancan en el aquí y en el ahora. Es atrevernos como gitanos en una escuela propia de la vida.

Debemos ser cautelosos, porque al hablar de un primer día nos aferramos a la idea de que va a existir un segundo y un tercer día, muchos días más, cada día le damos su significado y hasta un lugar en el almanaque, eso está bien, felicitaciones. No podemos dejarnos invadir la idea que cada día hay que vivirlo como el último, porque entonces ¿de qué valió cada suspiro, cada pensamiento, cada momento que nos llevó a esta primera vez? Es mejor vivir cada día como el primero, porque en el primer día se construye, se sueña, se llena de esperanza una idea hasta florecer en un proyecto de vida, en una meta personal.

Inclusive para perdernos en el fracaso hay un primer día, pero no debemos quedarnos en ese día eterno cual espiral de la marmota, es mejor, sentarnos a vivir ese día hasta identificar lo que realmente nos podría dar el día siguiente, querer cambiar las cosas y acomodarlas a nuestro modo, a nuestras cuentas.

En esta oportunidad es el primer día para mi amiga y confidente doña @mary_magnum , a quien dedico este pequeño pedazo de día, porque es su primer día en una nueva etapa como dicen las tarjetas de regalo. 
Un camino que ha iniciado y que desde hace tiempo venía delineando más con ansiedad que con frescura. Pues bien, ahora estamos acá, es el primer día, bien pueda y comienza a volar. 

Un primer día para estudiar.


AV

5 de febrero de 2015

Disperso: Extrañamente disperso.






Esta semana retomé con debilidad mi bonita costumbre de darle disciplina a este blog, hacer de las letras una constante mejor y de ellas, un historia para contar, sin embargo propiamente dicho en palabras de mi enamorada, se me notó inconcluso, etéreo, variable, ajeno a la esencia de cada cosa y cada lugar, como si las historias no se permitiesen a sí mismas ser verdades encontradas, como si mejor nos retiráramos del álamo y viéramos en un atardecer partir las mejores horas de nuestras vidas sin haber aprendido nada de ellas.

No restan mejores motivos ni más faltaba, es que somos humanos y me declaro verdugo de la humanidad, captor y juez si es necesario, pero nuestra condición de humanidad no puede hacernos perder la cordura, pero somos expertos en ese oficio tan milenario; no me permito ser insensato más allá de lo acostumbrado, pero así se me recibió dentro del espejo de los días.

No me refugio en la costumbre, pero trato de darle a la sensatez un poco de ternura. 

Vengo de una breve semana extensa en la que he dejado caer a sus pies mis desaciertos, un poco de pereza quizás, un poco de hedonismo tal vez, pero a la final se resume en una semana más extensa que las demás a tal punto de llevarme a escribir ante ustedes una entrada algo dispersa, me acuso de recibido y de culpable, pero no vengo a evangelizar mis temores o deudas, mejor a sellar las costumbres.

A estos días ya hemos por empezado otras ociosas actividades, verme en los verdes ojos del amor reflejando sueños y proyectos a mediano plazo, encontrar en mis tardes libres un reflejo de la memoria y dar a las nuevas tardes un oficio con prospectiva regional; Ahora ya no le damos a la disciplina un hábito de año nuevo sino, una excusa demasiado válida del día a día, ese hermoso universo donde guardamos los relojes de la nostalgia.

No es para menos, también encuentro en la mente ocupaciones que no deberían de estar allí pero igual comprendo es la frecuencia de los tiempos, pensarse en deudas de la madurez o en facturas del deber ser, recurrir a los esfuerzos de otros o vernos en ese vacío inerte de la depresión, enlodarnos incluso con el dolor ajeno, sabernos propios de la desidia de la angustia, o del amor propio quizás. 
No es que las cosas estén mal, porque de hecho me encuentro feliz con lo que ocurre actualmente en mi vida, debe ser por el contrario ese afán de bienestar el que me ha sabido acoger que no hallo fórmula alguna para asumir con calma y sin presiones cada reto que el camino me dibuja, aprender a ser.

Se vienen semanas de viaje, emprender una nueva rutina dentro de tierras bordeadas por manglares y cultivos piña, nuevos aprendizajes y retos de interés, sea quizás esa la razón de mi distraída lectura, de ese insomnio que me arropa cada día previo a lunes, incoherente el modo de asumir los retos, pero humano el decir cómo afrontarlos

No saben ustedes lo difícil que es cuando llega ese bloqueo mental, esa idea insensata que se te cruza por la puerta de salida de cada una de las ideas, de esa espera que hace de las noticias cotidianas llanos titulares de bastas vivencias, es como el niño al que el helado se le cae al suelo en un día de invierno, nadie sufre por él, aunque en el fondo todos creen entender su desgracia.

Pueda que encuentre en desbloqueo mental con prontitud o no, se por lo menos que se me vienen cuatro semanas de exigencias varias de carácter laboral, sé también que las presiones del tiempo siguen vigentes y en evidencia dejo mi poesía, porque hasta para escribir se me ha fundido la bombilla.

Esperar otra semana quizás, o un par de días, ojalá horas (de sueño), esperar al mañana, o seguir así,

… disperso, extrañamente disperso.


AV

14 de enero de 2015

Sobredosis.




The Story of a Seagull and the Cat
by: Lina Dudaite


Cada jornada trae su momento y en el nos opacamos con la esperanza de hacerlo único, de volverlo éxtasis, de enfilar nuestras intenciones con palabras ordenadas de manera poética, que se dejan conquistar tras sí, como los niños que observan la vida pasar en la mirada de sus abuelos, como las nubes que sobrevuelan muy de prisa el cielo marchito, dejando su sombra gris sobre el verde césped del cementerio, del amor en los tiempos de la amistad.

Jugamos a ser adultos, conversamos de sexualidad y violencia, nos afanamos con la política y damos un voto de confianza o rechazo, juramos hacer de nuestro primer salario una gran fiesta nacional, callamos ante la voluntad de otros, nos entrometemos en la incomodidad del prójimo, enmudecemos ante una canción desesperada, pero nos cegamos a los veinte poemas previos de amor. Melancolía y justicia, guitarra y ron, comida y silencio, pasajeros que llegan desde las lejanas calles para encerrarse en sus redes sociales, allí, al borde de la plaza.

Llegamos a lo contemporáneo, nos sometemos al examen médico de rutina y vamos poco a poco haciendo propias de nuestro discurso palabras esdrújulas como “Triglicéridos”, vemos en las baladas un indicador de vejez, nos ofuscamos con la rebeldía de las opiniones expresadas por el desconocido que nos acompaña en la fila, lamentamos diligenciar formularios o firmar pendientes.
Volvemos a la escuela para aprender algo nuevo.

Sabemos que el tiempo ha sido miserable cuando las candidatas al reinado nacional de belleza son más jóvenes a nuestra edad, cuando los deportistas se consagran teniendo diez años menos a nuestra expectante rutina, nos odiamos en el discurso del pre candidato presidencial, pero no nos entrometemos en los asuntos de lo público, porque acusamos, que eso es para ladrones y desocupados.
La vida nacional nos va consumiendo con sus temas diarios, los amigos se van desapareciendo al mejor estilo de los dinosaurios de Charly García, vamos reduciendo la dosis de azúcar en el café y acogemos en el deporte una distracción personal, más licor importado y menos cerveza nacional.

Llegan los hijos, esos pequeños seres que soportan nuestras frustraciones,  esos diminutos ángeles a los que comenzamos a moldear con la paciencia que nunca tuvieron nuestros padres, allí, en el supermercado mientras se hace fila para pagar la merienda es cuando reflexionamos y en un llanto mudo y desgarrador, con el pensamiento como sistema de correo, pedimos excusas a nuestros padres, quizás, por aquello del corazón vagabundo.

Conocemos amores y desamores en el camino, los perdemos por inútiles, nos pierden por soberbios, les ofrendamos canciones y atardeceres, nos regalan sonrisas y gemidos, nos ofuscamos con el tiempo, nos regalan sus mejores días. Somos constantes en la desidia de las opiniones, las peores de todas: Nuestra opinión personal.

No podemos pretender encontrar en nuestro pasado un olvido que nos permita ser, no debemos oprimir las ganas de vida con un reproche de la memoria, inclusive, emitimos juicios de valor cuando cruzamos la línea de lo moral y damos identidad a un recuerdo, con nombre propio, con colores y sonidos, con el aroma de la soledad; mejor es imponer la soledad en la conciencia, aprender a conocernos y dar a cada crisis un significado, dar a cada oportunidad un reto y una experiencia de vida.

¿A cuántas noches tendremos que dar conteo regresivo para comprender que el olvido no es un verbo sino, un adjetivo de lo que dejamos de vivir?

Podemos enredar cada ocasión con los deseos personales, podemos sobreactuarnos en cada experiencia vivida y narrarla con la más déspota de las voces, levantarnos en medio de la conversación y retirarnos como el soldado que humilla a la cónyuge, como la violencia que una mirada puede gestar. Nos merecemos mucho en la vida, pero no el sentirnos evacuados de la agenda cuando los deberes del ideario humano nos excluye, ya vivimos lo que fue el rechazo y la experiencia, nos hicimos adolescentes en la era de la juventud desesperada, nos hicieron jóvenes en la era de la adultez olvidada sencillamente porque nos retrocedieron el discurso, nos postergaron la madurez a otra espera para así encontrarnos en cada de nuestros padres con la misma frecuencia con que los hijos del ayer cuestionaban a sus pares.

Debemos aprender a esperar, de eso se bastante porque para escribir hay mucho que esperar.
Debemos aprender a encontrarnos en el espejo antes que en los ojos de los demás y podría atreverme a afirmar que de eso se bastante también, porque en la espera es que aprendí a encontrarme, a escucharme.

Conocemos todo tipo de personas en el camino y a la misma velocidad las vamos eliminando de nuestro armario, pocos quedan al borde de la cama y otros menos favorecidos terminan en una servilleta con la historia por contar, no nos interesa invitarles una taza de café ni mucho menos ofrecerles fuego para su cigarrillo, inclusive, hasta ahora se nos señala por fumar.

No importa cuánto haya por contar, terminamos excediendo la naturaleza de los sentidos, nos enajenamos a una película antigua, algunos emulan ser un cuento de Woody Allen, otros se sienten cómodos con la escritura de Clive Barker o Lovecraft, a la final todo es un cuento por contar, una historia por juzgar, desde Arjona hasta Bukowsky, desde lo literario hasta lo estrafalario.

Reconocernos en lo obsceno, identificarnos en la espera diaria, soportar cada etapa como una dedicación personal, una exigencia profesional, gritar ¡Basta! O someternos a la cotidianidad. Ser exagerados, para aprender a soportar lo mínimo que nos corresponde.

Caer en la sobredosis de la vida.


AV

2 de enero de 2015

Primero.




Arranca el nuevo año y con este las reflexiones del año que pasó, las memorias de los momentos vividos, las personas queridas y claro, los seres que ahora no nos acompañan. Es una fecha particularmente especial porque gran parte de la humanidad enfoca sus energías en recordar lo que pasó o pudo pasar y  otros pocos, en lo que quieren que suceda en este año que ya ha dado inicio.

Gran particularidad de estas fechas es además, encontrar en redes sociales demasiado información sobre la vida de cada quien, de manera excesiva muchas personas publican reflexiones, mensajes, videos, fotografías y hasta datos inconclusos de su permanencia en este fin de año. Cas interesante el de esas mujeres que se encierran en sus habitaciones para tomarse fotografías a sí mismas (selfies) en sensuales posiciones y sonrisas, con guiño en la mirada y mucha luz, para luego publicarlas en la red social de confianza, el preciso lugar donde más permanecen los hijos y amigos de los hijos, ante eso… ¿para qué la necesidad de encerrarse a tomar las fotografías?

Si algo ha servido este nuevo día es también para conocer y re – conocer personas en mi listado de contactos de la dichosa red social, es sorprendente la cantidad de personajes que hacen parte de mis contactos y que no conozco o recuerdo con facilidad, ha sido un ejercicio interesante el estar atento a cada fulano para saber a quién dar de baja y a quien saludar para retomar el contacto; lo que me preocupa es que en su mayoría son mujeres y mi temor es a que piensen que estoy en plan de coquetería y pues no, no soy así.

Continuemos con las fotografías, muchos celebraron la despedida del año catorce de una manera algo excesiva, otros fueron  más sobrios y en familia dispusieron una cena y brindis. Otros, viajaron hasta el otro lado del planeta, o del país, inclusive, muchos más vinieron a Colombia a compartir al lado de sus seres queridos y familiares, en síntesis, muchos disfrutaron de este ágape decembrino en buena compañía, brindo pues, por los pocos como José Miel, que tuvieron que recibir el año quince en franca soledad o, al lado de un insensato compañero de rutina.

Muchos engalanaron sus mejores vestuarios, supongo a primera vista, muchos estrenando. Otros fueron más despreocupados y acudieron a su rutinaria vestimenta sin proponerse exagerar, las fiestas de fin de año son para eso, para disfrutar sin exagerar. A los que se fueron para no volver, a los que ya no traen consigo el mejor de sus trajes sino, el recurso de la memoria, salud y espero desde allá, desde el otro lado nos contemplen cada una de las estupideces y negligentes acciones que como buenos humanos apostamos cometer.

Los mejores platos de comida en otra red social se pueden apreciar no en la noche del 31 de diciembre sino, entre el 01 y 02 de enero. En estos días muchos acuden a lo que sobró de sus fiestas de fin de año para recalentar el plato entero y comenzar a convidar con amigos y extraños, con vecinos y allegados. Tal cual fue el caso de una fulana que fue convidada por su vecina a sentarse en la mesa y disfrutar ambas familias de un suculento caldo de costilla.

Hoy prefiero hablar como espectador, como el insensato observador que desde su comodidad se entera de cada suceso que ustedes compañeros, hacen públicos en redes sociales. Ya la intimidad y la propiedad dejan de ser del todo privadas desde el momento mismo en que sus intenciones y emociones se hacen públicas en cada red social, sea pues, por medio de una fotografía, un video o una ingeniosa tarjeta de celebración. Así, desde mi comodidad comprendo también cada rol y cada labor que tenemos en nuestro entorno; el caso más admirable es el de las neo madres que nos acompañan en cada web social de internet.

Cada madre, desde la más joven hasta la más madura,  hace de su bebé un objeto de deseo, convierten la inocencia y belleza (no todos) en un mecanismo de interacción social, desde mensajes de apoyo y felicitación, hasta agradables palabras o desagradables reacciones. Los niños tienen la particularidad de transformar a todos la manera de ver al mundo, pero las madres… las neo madres hacen que el mundo transforme su manera de ver a los bebés en cada red social.

Los mensajes… cada expresión en su mayoría acudiendo a una deidad y dando gratitud a su condición de persona. Desde la antropología uno comprenderá cada símbolo y código social, aportando nuevos conocimientos y cimientos a una interesante deliberación académica sobre el rol del ser humano y sus instituciones de valor, pero todo se va al carajo cuando en esas mismas reflexiones los códigos materiales y de intercambio sobrepasan en valor, a las deidades que nombran. Somos unos genios donde la ciencia no entra.

Finalmente, hoy 02 de enero sigo atento a cada personaje que sigue en mis redes sociales, porque desde la distancia, lejos de los amigos y el amor, es muy teso uno pretender salir y llevar a cabo cada idea loca que de costumbre se hace en dichosa temporada. Mejor me dedico a la contemplación, a esperar los momentos de arranque, porque así como muchos, yo también he comido lo suficiente como para guardar en la nevera, he escrito mis mejores intenciones en mensajes que trascienden más allá de lo normal, rayando en lo absurdo o quizás, en lo exagerado. También tengo comida en la nevera, una deliciosa “paleta de marrano” como le llaman los cubanos, y sin duda, también me tomé fotografías al lado de mi familia no sin antes agradecer a El Buki por los retos ofrecidos y los favores recibidos.

A la espera de ver a mi Anna, de abrazar mi ingenuo y caro amigo Luifer y los jóvenes David Guillermo y Diego Alejandro. A cada cual su historia de vida, asimismo, a la espera de los planes de vida, porque si de algo ha servido este cierre de temporada ha sido el de replantear y sugerir cambios, el de acusar términos y organizar mecanismos de acción, ya los propósitos de 2015 son meras expresiones de fin de año, pues desde esta casa se habla más de los hábitos a cumplir y, los logros a seguir.

Primero, lo primero.

AV