30 de noviembre de 2008

Una Canción Para Noviembre



“Me encuentro contigo a solas, sentado en el espejo de esos días que se fueron con el hambre, donde las sombras juegan ajedrez y los zancudos duermen en tu piel….”

Siendo expectantes con el silencio de los meses que han dejado huella, encuentro en esta ocasión un cenicero de recuerdos que no me permite entender los sentimientos que para otros es cosa normal, miro con el ritmo de Andrés Calamaro lo que fueron las semanas y los días de este noviembre ingrato y a su vez, amable. Me recojo por pedazos en los días hasta llegar a concluir la desaparición de algunos y de otros en mi colectiva memoria, me refiero pues a esos personajes que han decidido partir para no volver, de esos que en el misterio de la razón humana han caído en la mundana necesidad de partir.

Canciones y mensajes, moral y economía, orgullo y miedo, pasión y ciencia, estrellas y cielos abiertos, luces de corazones dormidos que no despiertan aun cuando uno los llama por teléfono, o de esas desmemoriadas ocasiones de unión que terminaron en decepción y reconciliación. Me refiero pues a caminar con la memoria encontrando en las huellas novembrinas esas oportunidades que para otros eran ocurrencias o locuras, huellas que bajo las lluvias del invierno colombiano fueron borradas en la ventana del esfuerzo, aun así el voto de confianza se atrapa es con actos y no con silencios.

Tomarse unas cervezas hasta agotar el deseo de llamar, tomarse un descanso hasta dormir en el temor, beberse la ansiedad con cigarrillos y aguapanela, despedirse sin decir adiós y mentarle el apellido al que nunca llegó. De momento nos resta esa vespertina necesidad de adelantarnos a los hechos y querer progresar en el camino que todos dicen debe ser el correcto, lo que no entienden esos que dicen llamar caminos es que mi camino ha sido trazado desde hace mucho, inclusive empezándolo a recorrer que aquellos que apenas dicen llegar a la madurez de la academia.

Noviembre se quiere quedar pero no puede, porque octubre no le dijo nada y a diciembre no lo quiere incomodar, los retos y las felicitaciones se comienzan a mezclar en necesidades básicas insatisfechas, en deudas y en monótonas sensaciones de vivir. Queriendo despertarse en esa parte de la historia donde los héroes no son héroes o donde las brujas buscan príncipes azules es que las canciones quedan para causar posteridad, ese consuelo donde buscamos quedarnos antes que los demás, donde solos o mal acompañados seguimos siendo nosotros mismos.

Ardiendo en esas lluvias que taponan calles y derrumban hogares, en esas pirámides que movilizaron a miles de colombianos, en esas cartas que denunciaron a los no mencionados, en esos días que los exámenes midieron la fuerza y la voluntad de la memoria, donde aquellos amigos que se fueron han regresado y los que dicen estar allí han desaparecido.

Canciones que no se escriben para cantar, poemas que no escriben para dedicar, cuentos que se escriben solo y que al igual que el sexo se convierten en experiencias llenas de egoísmo e insensatez.

Invisible como el dolor y fuerte como el recuerdo del hogar, olvidamos ese manto que nos cubre en la razón y en el silencio, nos dejamos madurar por palabras de otros. Somos poco frontales a la hora de desahogar nuestras inconformidades y es tal vez por eso que los cobardes abundan.

Bienvenido a este silencio para contar.


AV

20 de noviembre de 2008

MISIÓN CUNDINAMARCA PARTE X


Foto Tomada en las Calles de Girardot (agosto 2008)
Observaba en la distancia las hojas secas caer, sin preocuparse por la ingratitud del tiempo continuaba su paso lento sobre el antejardín mientras recordaba los días e inclusive años que había vivido en constante soledad, acostumbrado al buen vino y su paquete de cigarrillos se reflejaba con su sombra en el agua que aun quedaba por el suelo. Con la escoba en su mano derecha y su mano izquierda sobre la cintura sentía como la brisa fría de la muerte enamorada paseaba por su cuello, como el beso de un niño a su primer amor, tan sutil, tan suave, tan ajeno que se llegaba a percibir el mismísimo aroma del cemento recién humedecido, esas caras que se asoman en la conciencia, que se encierran en recuerdos y lápidas pasajeras cual fotografía del viejo mundo.

Como si las cosas cambiaran con el pasar del viento, ajenas ventanas del otro lado de la calle aun conservan gotas de lluvia en su marco, los muros grises duermen con el bochorno de la tarde, cada hoja cae a ritmo de lágrimas, su cuerpo se estanca en el pavimento a esperar que el reloj marque las tres de la tarde, guardar la escoba y recoger las hojas y ramas caídas, cerrar el portón azul y comenzar a preparar el café de la tarde.
Girardot continúa con su tiempo muerto, las cosas no avanzan ni se proponen avanzar, las familias tradicionales de la calle 20 siguen escondidas en la siesta de la tarde y se levantan con el café de las cinco, aún cuando faltan casi dos horas para ello algunos niños merodean entre casas y esquinas, juegan con el balón y sonríen con la poca luz de un cielo nublado, el calor no merma solo descansa sobre hombros de trabajadores y ancianos que juegan a vivir sentados en sus sillas mecedoras.

Las imágenes continúan apareciendo de manera desapercibida en la memoria y evitan contener lágrimas en el rostro de algunos pocos, los platos sin ser lavados todavía adornan la cocina, sobre la estufa un sartén con manteca deja en evidencia una carne que quedó frita tres horas antes. La nostalgia ha regresado a la memoria de los descuidados, aquellos que nunca se ensimismaron con la partida de los abuelos, ni los que se asustaron con la pólvora en meses feriados.
Recordar esas tardes de silencio entre el almuerzo consumido y el café de las cinco dieron creatividad a los propietarios de almacenes y cafeterías, quizás para una cerveza o algún helado, el servicio de videojuegos por hora comenzaba a llenarse en la esquina en la casa de la familia Luna, uno a uno llegaban los niños con monedas y tiempo libre, las vacaciones daban sus primeros inicios en un calendario escolar propio del interior del país, los viajantes que llegaban a ese pueblo cundinamarqués se centraban en el descanso o en la búsqueda de un bus para ir a nadar a los centros recreacionales de Melgar, los pocos que pernoctaban en Girardot cumplían con dormir y recordar, porque antes de empezar a gestionar un presente o evaluar la llegada de algún futuro, Girardot era ante todo un mundo para llegar a dormir y recordar.

Hoy años más tarde y desde otra orilla, en las cercanías de la cordillera Occidental a la misma hora y con una taza de café en la mano el ejercicio de recordar retornaba a las tardes que dan inicio a unas nuevas vacaciones, la ausencia de familiares y de ese clan Vargas que se homenajeaba en la década de los ochenta ahora brillaba por su ausencia, el regreso a la tierra paterna quizás se referenciaba no en un equipaje o un boleto de bus sino, en esos nombres que ahora no existen en la vida de los vivos, en el valle del cauca.

Girardot ahora a pesar de estar en el letargo del tiempo, sigue siendo un pueblo para recordar, pueblo en el que muchos inclusive siguen durmiendo.
AV.

13 de noviembre de 2008

Vacilaciones

Mi Julieta

Una canción linda para inspirarse, la soledad golpeada por la brisa del ventilador, el calor trasciende el concreto y se ensimisma en la agradable escritura y lectura, en ese estado de letargo constante. Llegando al consumo de mil velas y al vaivén de lo romántico observo como la tinta se inspira, se intimida, se pierde, se embellece, se enamora, se ruboriza, se pierde con el calor y se aguanta en el amable ritmo del silencio.

Salgo de mi habitación y observo a Julieta recostarse junto a los peldaños que bajan de las gradas, sintiendo curiosidad por su calma miro mi sombra reflejada en la puerta blanca y recuerdo que estar solo es quizás lo que no permite que se concentre el temor y la angustia. Entro al baño y después de orinar fijo mi mirada en algunos productos y situaciones fuera de rutina que reposan en la pared junto al lavamanos. Un cepillo de madera que en la mañana mi padre estuvo utilizando para peinar su blanca cabellera es mara Cat Chow, gran sorpresa, no sé si fue el asombro o la risa curiosa lo que me inspiró a seguir husmeando en ciertos productos y artilugios que poco cuidado les presto, productos que para otros son corrientes, para mí son absurdos o inútiles, están de adorno o por descuido pero que no deben de permanecer en ese lugar de aseo y protección.

Continúo con la observación y encuentro otra joya que me deja mucho que pensar. Un tarro de Menticol (con oso polar a bordo) tiene su líquido interior de un color amarillo marrón, recordando un poco mi niñez caigo en la cuenta de que el Alcohol de dicha marca es de color verde, azul aguamarina y amarillo, sin embargo el aspecto del envase y la tapa blanca añeja me deja con el temor de tener un veneno letal en mi baño, reviso con cautela las marquillas, el precio aun conservado en el envase dice que el producto tiene un costo de $4.400 (cuatro mil cuatrocientos pesos colombianos) y su fecha de vencimiento dice que es el 12 de diciembre de 2002.

Continúo la inspección ya de carácter alarmante en los productos de aseo personal jurando no encontrar otra sorpresa por el estilo y lo primero que observo es que el shampoo de mi padre es de cierta marca femenina (el envase) pero el contenido es distinto a lo que la etiqueta asegura. Retiro la mayoría de los productos del baño y los tiro al cesto de basura. Bajo a la cocina esperando comer algo que calme mi ansiedad, encuentro ensalada de frutas y Arroz con Pollo.

Subo con la resignación bajo el hombro y al entrar a la habitación un batallón de hormigas reposa en mi jarra de aguapanela, el calor se eleva y la música no deja de sonar. Cayendo en la cuenta de la variedad musical del reproductor mp3 noto ciertas canciones fuera de época en la lista de reproducción, canciones como El Tiburón (Proyecto Uno), Fiesta Caliente (Ilegales) La Ventanita (Sergio Vargas) y otras del mismo corte sonrío con complicidad en el asunto y me siento a leer noticias de actualidad. Todo este tiempo dedicado a exageraciones y silencios, observar y callar, lamentar y reflexionar.

Quizás en la misma ausencia es que está esa compañía que demandamos.

AV.

10 de noviembre de 2008

Exageraciones



Exageraciones, vacilaciones, historias e historietas. Nudos en la garganta, saliva que incomoda y pensamientos que nos empuja a lo cotidiano, situaciones que nos decepcionan o nos enaltecen, que nos llevan en el ritmo indeterminado de las decisiones, impulsos al fin y al cabo. Conservamos nuestros vestidos y nuestras fotografías, estampamos en la memoria tatuajes que sirven de evidencia para un recuerdo desapercibido, para vacilaciones amargas con nombres propios, nos enfrentamos en el silencio y como gotas de agua aguantamos el desespero del tiempo perdido, caemos en lo profundo de nuestras palabras y las mezclamos con canciones.

Han pasado ya pocos días desde el último esfuerzo, sin mirar atrás este año para mí ha terminado, sin embargo se siente esa adrenalina que se queda en las esquinas, se siente el desespero de días pasados, se mezcla la mensualidad del esfuerzo con el insomnio del pensamiento, se juega ahora en la inactividad del arte, la insatisfacción quizás de lo mentado, ese tabernáculo de emociones que dejamos más lejos de la Atalaya, de la inconsciencia y la merienda, silbidos de pasión que se dilatan en la oscuridad, como la melodía de una canción de tiempos lejanos que ha regresado a la moda de la radio, recetas y jarabes, juegos y esfuerzos, videos y fotografías, ojos que miran en la discordia.

Noche tras noche llegó noviembre y se fue, se quedó con el cansancio de octubre, la inseguridad de septiembre, el esfuerzo de agosto, la calma de julio y el descuido de junio. Mes a mes nos dividimos en funciones y maromas que terminan en actos de fe, de esas creencias que superan la capacidad de amar o aguantar, de caminar a ritmos incondicionales y ajenos, agüeros para trabajar y espejismos para descansar, ensimismados en las rondas del trabajo le damos a la mística un poco de ciencia y a la ciencia un poco de fe.

El arte, ese juego de clases que no tiene término medio, la cultura: ese juego de conceptos que no tiene matices, la fe: esa palabra de antónimos desconocidos o poco pronunciados. Todos envueltos en esfuerzos y exageraciones que terminaron en vacilaciones, en rencores y en perdones, en juegos culturales que dan miradas profundas a las ideas del grupo, del colectivo que se sienta a pensar.

Con argumentos y pasatiempos mezclamos las emociones, las evidenciamos y le damos prensa a los deseos, materializamos los sueños en documentos oficiales, oficializamos los esfuerzos en razones sociales, le damos a la cultura esas exageraciones que el arte le da a los artistas, esas concepciones de lo social que lo territorial marca en el papel.

Finalmente no son más que noticias de lo cotidiano.

AV.

4 de noviembre de 2008

Silencio Artesanal

La Foto es Mía

Era como sentarse a escribir un cuento de ficción, con el melodrama de la cotidianidad y los clichés del olvido, con el amargo sabor de un día sin habla, el frío desayuno o en el caso más íntimo, el frío de las sábanas. Pensar cada momento vivido se dibujaba como un ejercicio de interlocución con el pasado y el presente, esas escrituras de la merced que no respetamos ni conciliamos en la privacidad, demonios o fantasmas, realidades o negaciones, armarios con puertas abiertas y brisas frívolas, nombres que se quedaron en el calor de Cundinamarca.

Me senté a escribir “El Soñar de los Caminantes” como asesino que ruega por su vida, me esquivé muchas responsabilidades para darle paso a esas cotidianidades que en el frío de Bogotá se volvieron mundanas y llenas de pestañas, enredándonos en los misterios de lo superficial es que precisamente damos entendimiento a nuestra soledad y la amargamos con el cuestionamiento de la existencia humana, esa filosofía que nos da ratos de buena música y buenos motivos.

Queremos y deseamos, podemos y nos enredamos, nos comprometemos y nos desubicamos, nos despedimos y regresamos, nos disfrazamos y nos identificamos. Misión Cundinamarca siempre ha quedado en el tintero de lo pasado y lo escrito, ahora bien es que se supone su regreso como un alcancía que nunca dejamos llenar, la leímos hasta lo posible con esas señas que lo incógnito nos plasma en el desorden de las ideas familiares, llegamos a algún punto de sentirnos identificados con la ansiedad de otros que es quizás por ello que aun permanecemos allí, como espectadores y depredadores, como seres de luz que producen sombras al paso.

La ansiedad me ha regalado un dolor de cabeza para compartir con mis amigos, me ha dotado de cierta ignorancia propia de los miserables, lleno de notables fatigas me reúno en mi silencio con otras fatigas, colecciono inquietudes y rememoro en la distancia esos muertos que dibujamos en murales, de esas olas que callejeras llegaron al mar sin decir algo importante, esas coincidencias de lo plano, de lo natural, de lo bello que es estar estresado, cansado, agotado, nervioso y lastimado.

Me reflejo en pasos mudos y recuerdo que todo es perfecto, que el licor no falla y que el estar vivo es sinónimo de seguir creyendo, miro el cielo, camino despacio, miro el suelo, camino despacio, miro al frente y me detengo en el vacío. Tres golpes en la espalda y ya es un nuevo amanecer, la flema en mi pecho escupe con rabia esos dolores de cabeza y se murmura un nuevo aire a violencia en la habitación, soy de esos que no escribe y pienso en hacer murales, contradicciones de lo plano, de lo estático, de lo bello del nadaísmo y lo absurdo de la filosofía.

Devolver atenciones acaso, o morir en visitas para despertar en terrenos planos y solitarios, al fin y al cabo todo es un ciclo.

Nervios de acero y piel de papel, mirada de poeta y ceniceros a doquier, con el dolor del tango y la ingratitud del vallenato me pierdo en letras buscando etiquetas.

Duele aún después de haber dormido.

AV

20 de octubre de 2008

Hoy es un día Azul

Hoy es un lunes azul, un día para tomar decisiones difíciles, viscerales, terribles, radicales y espantosas, pero decisiones que son por el bien de muchos que desconocen la actividad de pocos.


Hoy es un día lleno de azul pero no de ese azul que inspira a los poetas, ni del azul que ahoga a los cielos, es un día en el que sentarse a discutir con el vacío es necesario, un día que quizás ya se ha vivido en tiempos de atrás.

Pensar es cuestión de acomodar las neuronas y vacilar en varios intentos de supervivencia, intentar ahogar las palabras y hablar con mesura, paciencia para digerir las noticias del cotidiano horario, momentos que se guardan en un bolsillo roto, monedas que caen y pagan el barato suspiro de la soledad, emociones encontradas y dudosas, emociones que nos hacen humanos y mundanos pero que no nos degeneran.


Nos reverenciamos en un abrir y cerrar de ojos, dejamos en el ego ese orgullo escondido que nos inspira a escribir, a pintar de azul el dolor y dejar en el verde el olvido de otros, números que no dejan en calma los pensamientos, deberes pendientes que no se sellan ni motivos que se guarden en el sombrero.


Sin aire y sin ganas de festejar, se fue el tiempo con la experiencia a su lado, alrededor de la soledad sentimos el festivo hedor de otros, de la mirada clandestina de los minusválidos, de esas vísceras exageradas de la memoria que dan pulso a la razón, hoy quizás por ser azul es que atropellamos en el escrito de forma ridícula, ofendemos al lector con secretos que no están publicados, pero publicamos en el lector el azul incierto de nuestra incertidumbre.


Hoy es un día de tomar decisiones, hoy es un azul que no vale la pena observar, hoy por hoy quedamos a la diestra de la soledad, sin padres y sin razones.

AV.

17 de octubre de 2008

MISIÓN CUNDINAMARCA PARTE IX



Hoy después de 3 meses siento de nuevo ese pulso, siento ese empujón que me subasta las ideas y me las enloquece con recuerdos, siento la brisa seca de hace diez años, siento ese fuerte calor que en las noches se calmaba con cerveza Águila, sí, siento correr las aguas con mayor cercanía, me observo en ese cielo despejado y claro, me camino y en círculos de memorias y en palabras de otros, siento nuevamente mi propia Misión Cundinamarca.

Terminal de Transporte de Girardot. Diego Luis camina de lado a lado junto a Marco, uno de mis amigos de infancia girardoteña, nos cerramos el paso con carcajadas y nos bebemos más de lo mismo, Ricardo callado sigue detrás con el niño Kevin, todos en juego de palabras continuamos y nos encerramos al aire libre. Difícilmente puedo recordar algunos hechos, mi memoria merodea con espasmos de locura, quizás porque mi misión al fallecer mis abuelos ya no es sobre las vivencias en la calle 20 de Girardot, no, ahora es quizás un péndulo de recuerdos y nostalgias.

Después de morir mi abuela Olga y los Vargas tomar rumbos distintos, la casa grande que ya no era tan grande se cercaba tras sus rejas azules y relataba mentiras mezcladas entre Olaya y Ávila, merodeábamos sin cesar entre escalones de madera, ventanas de madera y secuelas de licor siguen en la familia, pero mis historias de calles infantiles o de adolecente no son en sí un nudo que narrar, es quizás por ello que Girardot se selló en mi memoria, porque después de 1999 todo era otro andar.

Salimos para Ibagué en el Bus de las ocho de la noche, mi tío Diego se despidió de los muchachos mientras yo simplemente observaba esa vieja terminal y me subía al bus, no sabía que era la última vez que los vería, sólo pensaba en irme con mi tío a Ibagué y comenzar quizás aventuras o relatos pasajeros, pero jamás pensé que sería mi último Bus de retorno al Valle del Cauca, ya no regresaría más a Girardot, no lo tenía claro aún.

Colombia continúa en procesos de conflicto, la zona de distención ha dejado de existir y las Fuerzas Revolucionarias siguen plagiando civiles en las carreteras colombianas, Jaime Garzón moriría al mes siguiente de mi viaje a Ibagué y la Casa Grande dejaría del todo de ser grande, mi tío Fernando tomó rumbo a Estados Unidos siguiendo un sueño americano que Cundinamarca no le pudo ofrecer, Juan Carlos Vargas ya tiene dos hijas, una adoptada y otra en brazos, su nombre: Tania Vargas.

Borro de mi memoria los últimos rezagos de una infancia sobre el río Magdalena, ahora, pisando tierras tolimenses comienzo otro tipo de aventuras, expresamente comenzaba a escribir mis primeros relatos serios, ya no me basaba en ficciones sino en desilusiones. La casa de los Ávila en Ibagué recibió a un Diego desempleado y un Armando escapado, vivimos cerca de mes y medio en esa casa, el éxito de la época estaba ahora en manos de Noelia, mi desespero se encuentra cercado por una ciudad que no identificaba; comencé a trabajar en Bavaria como supervisor de entregas, la mayor parte del tiempo lo pasaba en las bodegas del centro de la ciudad observando la entrega de los camiones a la central, ganaba quince mil pesos a la semana, poco y mucho, poco para mi tiempo, mucho para mis desocupaciones.
Semanas después comencé a trabajar directamente en los camiones y con un fuerte lazo de amistad con Gerardo, un conductor de Bavaria, realizamos las entregas en las tiendas y bares de la ciudad, viajamos a El Espinal, Melgar y Tocaima, la mayor parte del tiempo lo pasábamos hablando de mujeres, ese descubrimiento sexual que se sellaba en el viaje anterior.

Regresé a Cali a continuar mis estudios, viajé a Bogotá a iniciar mis estudios superiores, regresé a Cali a continuar mis estudios, pero Girardot ya no era tema de conversación en la Familia Vargas, la casa y la descendencia recaía en Rocío y Juan Carlos.

Nuevamente la Casa Amarilla quedó sola, sin abuelos, sin viajeros, sin huéspedes, ahora era una casa llena de concreto y recuerdos, recuerdos que se esparcieron de mi memoria.
Los viajes habían terminado.

AV.

16 de octubre de 2008

Mi Historia Interminable



Imagen tomada de: http://cricketdiane.files.wordpress.com/2008/02/2-11-08-aceo-sea-cat-cdcp08-acrylic-mat-2b.jpg


<"La Fantasía no es una forma de evadirse de la realidad, sino un modo más agradable de acercarse a ella"> Michael Ende.




Esta es mi historia interminable, mi relato.



Los libros llegan a nuestras manos de manera extraña, se quedan y se impregnan con mensajes que de algún modo son incomprensibles, historias que se relatan basadas en personajes inexistentes, relatos que narran acontecimientos históricos, historias que permanecen en memorias y tiempos remotos. Estos libros son como los amigos, no todos son iguales, y a cada uno le aprendemos algo, o inclusive le robamos ese tris de esencia humana.


Para esta temporada las cosas andan complejas, encerrándome en distancias y silencios, esos silencios que gritan desesperadamente, inclusive distancias que cierran puertas y ventanas, que nos nublan en inesperadas acciones, reacciones alérgicas a cambios o a momentos que para el presente son arbitrarios, pero cuando los empezamos a observar como un recuerdo es que le damos el valor que le atañen. Vemos retirar los amigos en la distancia, pero los atrapamos en recuerdos, la capacidad de tomar decisiones nos confronta con la incapacidad de asumir condiciones, nos envolvemos en sueños prestados.

Las historias deben ser contadas y construidas, deben terminar para dar un nuevo inicio, debemos aprender a darle nombre a las cosas para darles valor, sin importar que en un pasado su nombre fuese distinto. Aprender a olvidar y volver a recordar, aprender a permanecer en esa esencia que nos dictamina la esperanza, la Fantasía de soñar con personajes extraños, personajes que dan titulares a nuestra cotidianidad.


Aquí os entrego algunos fragmentos de esa Historia Interminable que he empezado y concluido de leer, sin embargo mi historia apenas comienza, pero ésa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión, por ende...

Página 37: Bastian recuerda su relación distante con su padre, llora en memoria a su madre e intenta retroceder el tiempo para evitar la debacle, sólo se rinde ante sí mismo, y me demuestra lo prescindible de las relaciones humanas sobre la base de las relaciones familiares. Paredes invisibles que no distinguimos.


Página 44: Las decisiones de Atreyu. Comprender las decisiones de la Emperatriz Infantil y conectarlas con la pureza de un niño. Volver a lo básico quizás…


Página 62: La Vetusta Morla habla con Atreyu, el tiempo y el espacio cambian, las necesidades y las esperanzas también, pero la cura está en saber darle un nuevo nombre a las cosas, no tratar de modificarlas, solo saberlas nombrar de nuevo. Sin nombre no se puede vivir… interesante!!


Página 124: “Sin embargo, una cosa rara es que el horror pierde su espanto cuando se repite mucho…” No sobra decirlo, no sobra leerlo, no sobra pensarlo, así nos volvemos y nos envolvemos, así nos reflejamos y nos pensamos, es eso de lo que definimos soñar lo que nos hace eternos y distantes en el tiempo y el espacio, el horror de decirlo no se compara con nuestro horror de repetirlo.


Página 129: “quizás los que decían que no había fantasmas sólo tenían miedo de reconocerlo” Incesante y angosto, corto y mundano, largo como las mentiras, solitario como los secretos, los fantasmas y las letras sólo existen si las historias los convocan, antes, son solo patrañas de la soledad, letras muertas al fin y al cabo.


Página 226: “- Los caminos de Fantasía – dijo Graógraman – Sólo puedes encontrarlos con tus deseos. Y sólo puedes ir de un deseo a otro. Lo que no deseas te resulta inalcanzable. Eso es lo que significa aquí las palabras <> y <>.” La voluntad del caminante se siembra inclusive sin existir camino, esas dudas que nos llevan a lugares inciertos, o esos miedos que nos encierran en plazoletas y callejones, nuestras palabras siempre serán más poderosas que nuestras razones, aun cuando no sepamos su significado, eso es lo que realmente nos vuelve humanos, lo que nos dicta de carne y hueso. Inclusive se puede caminar y desear en silencio.


Página 275: Atreyu conversa con Bastian Baltazar Bux. Recuerdan viejas historias, narran sus ciclos y reciclan sus olvidos, allí, en medio del amor por lo narrado Atreyu descubre el olvido de Bastian, Bastian por su parte sólo enuncia la preocupación de Atreyu. La culpa se la asumen al ÁURYN, pero Bastian se la regala a la cotidianidad. Es ahí cuando nos enseña que a veces los deseos nos enseña el camino, pero nos oculta la meta, inclusive nos vuelve esclavos del camino y presos de una meta inerte.


Es difícil e imperdonable sacrificar recuerdos a cambio de presentes.


Página 319: La voluntad de Bastian cede poco a poco, se entrecruza con el miedo y se mezcla con la ambición. Xayide lo manipula con su sufrimiento y estratagema, juega con su joven poder, le ofrece orgullo a cambio de voluntad. Siempre seremos piadosos para los demás, pero para con nosotros siempre somos domadores de leones sin dientes, somos y seguiremos siendo víctimas de nuestros vacíos, esos vacíos que llenamos con voluntades pasajeras.


Página 348: La Torre de Marfil arde en llamas, muchos habitantes de Fantasía han caído bajo el ejército de Atreyu. Bastian observa al lado Xayide, sin inmutarse contempla su nuevo reino, no quiere pensar en las heridas o la sangre que ha manchado al laberinto del jardín. Atreyu lucha para vencer a Bastian y salvarlo de sí mismo. ¿Cuántos amigos reúnen ejércitos para salvarnos de nosotros mismos? Nuevamente las historias deben ser contadas en otra ocasión.


Página 369: “Bastian ya no quería ser el más grande, más fuerte o más inteligente (…) Había recibido tantas cosas en Fantasía que ahora, entre todos aquellos dones y poderes, no se sabía encontrar a sí mismo” En ocasiones nos encerramos en nuestros rumbos, los deshojamos, los mordemos, recibimos cuanto deseamos pero ahora repetíamos la historia interminable, pero no la anterior, sino una nueva, la Nada ahora no se apoderaba de Fantasía sino de Bastian, cuantos días no hemos sido víctimas de nuestros dones y poderes, dejando atrás nuestra real y única esencia, cuanto estamos dispuestos a seguir haciéndolo.


Página 417: Todo ha terminado, Fantasía vive y Bastian vive, su padre es otro, su mirada ha brillado, el señor Koreander entiende su propia historia y comparte con Bastian la importancia de una nueva historia interminable más allá de los libros, hay muchos caminos para llegar a Fantasía.




Lección aprendida.



AV.

5 de octubre de 2008

Distancias de Octubre

En un puerto de viejos recuerdos, lleno de distancias y nubes rojas, brisa fresca que huele a amapola, amores que se quedan en espejos sucios y sin uso. Frases musicales bajadas de un servidor virtual, vida de pobres corazones en canciones de artistas argentinos, rosas de colores en cabellos olvidados, recorridos con cintas y letras en el césped, mentiras de duendes y milagros que despiertan enamoradas, llenas de vida, de distancia y mujeres que recuerdan lo importante de hablar en voz baja, de pensar en floreros sin agua y resistencias a la norma, dolores que se quedan en fuego lento, casas que quedan de puertas para la calle, futuro que se mueve de un lado a otro, todo en la distancia del fenómeno del niño, del que dicen que ha crecido sin quererlo tanto.

Sin danzar y pedaleando a gritos sobre el mar, navegando en costas desconocidas, el cielo dispuesto a dar sol a cambio de oraciones, a cambio de cuentos propios de la intelectualidad, números que se quedan en el pizarrón, en la diadema de la señorita, en la falda de la maestra, en el asiento del abuelo, en la camilla del hospital, en la pared de la infancia y en los sueños de la cama; como el crucifijo que se perdió en el parque, que se quedó sobre un banco y sobre un señuelo, fingir que todo cambia y nada mejora, fingir que estamos en agosto o que el año pasado fue mejor, fingir y resistir.
Acabar de comenzar lo que la utopía ha dado fin, desmentir las lágrimas de un triste recuerdo, patético el andar en ciclos y maravillas, en libros que despiertan en sentidos somnolientos, en distancias que se repiten y se niegan en frases de una conversación virtual y burletera, como el burdel que se burla de los recién llegados.

Mientras se aprietan los dientes y se lee la prensa, mientras el amarillismo colombiano nos da noticias de niños y niñas en crisis, mientras el ausentismo nos invita a firmar referendos y protestas, mientras los grupos de facebook nos dan ideas de qué hacer o leer, mientras las letras de la música nos argumenta el dolor, mientras las noticias nos informan de los cambios en el Cali Exposhow o alguna feria citadina, mientras seguimos siendo leyenda para nuestros sucesores, o quizás, mientras sigamos replanteando juegos y espectáculos es que nos dan la lección en distancias urbanas.
Nos preguntamos si todo está bien, si cada cosa se encuentra en su lugar o si las mujeres son las mismas todas las semanas del mes, o si la droga es la culpa de la drogadicción, si el alcohol es el culpable del año nuevo, si la religión nos permite o nos impide, si todo es sinónimo de abundancia, si egoísmo es antónimo de soledad. Queremos tener culpas para seguir sin mirar atrás, somos hijos de la telenovela, de esa década ajena que nos aventó en la lectura de periódicos y publicidad gratuita, sin más anda nos vamos por andamios de edificaciones en construcción, en escuelas en modernización y partidos sin dirigentes.

Nos proponemos un silencio como mecanismo de defensa, nos medimos con regaños y regalías, con derechos prósperos y divinos, buenos amores, buenos licores, buenas lociones, buenas lecciones, nuevas habitaciones, no queremos olvidar ni callar, no queremos perdonar pero sí que nos perdonen, pedimos ser olvidados en listas particulares, en canciones dedicadas y recitales patéticos.
Nos aferramos a esos meses que nos miden en imposibles nostalgias, nos hacemos los de la vista gorda en tiempos de dieta, nos mortificamos por cosas que no son propias de la madurez, no visitamos a esos ingratos que nunca nos llaman, no le escribimos a esas musas que nos inspiran en tiempos de crisis, sólo nos dedicamos a festejar dolores y curas para las heridas, jugamos a la poligamia en rondas infantiles, en esas soledades compartidas sin amor, en esas letras blancas, en el obituario de toda canción.

Octubre me dijo que era hora de leer y caminar, pero aun quiero seguir escribiendo.

AV

3 de octubre de 2008

Perpetuo Cotidiano



Sentado escuchando lo nuevo de Ricardo Arjona, con un dolor de muela que me recuerda mi existir, con la respiración entrecortada y abstemio de fumar, miro ese sentimiento perfecto de dolor y melancolía. Las cosas con el paso de los días comienzan a tornarse difíciles, pero se resumen en retos interesantes que van forjando ese carácter vacío que duele en el tiempo, que se esconde en cuentagotas de miedos, en esperanzas de largo plazo, en sonidos húmedos y autoritarios.


Septiembre se fue, no dejó nada, solo empujones y zapatos sucios, noticias normales y curriculares, llenas de urbano consumo, lleno de fingidos y tiempos dolorosos, se fue para recibirme octubre con dolores físicos y emocionales, se vienen a mi parecer las cuatro semanas más exigentes del año, no las más importantes, pero si las más duras e inmaduras.


Miro mi trayecto en letras escritas en silencios sucesores, en creencias y disturbios sin sonido. Libertad de pensamiento que castiga sin justa causa la libertad de movimiento de mis obligaciones y relaciones, ahora el querer no es sinónimo de poder, ni tener es alquimia de adquirir, ahora venimos a pensar en un blog que se queda en el ciberespacio narrando plataformas de lo increíble que acontece en el mundo real, problemas de cambio en tiempos de letargo; pensarnos ahora este trayecto y recorrerlo sin queja alguna, motivarnos a distinguir entre una cosa y dos más, bebernos hasta la última copa de argumentos y saciarnos del amarillismo de la prensa, de una casualidad que se amontona en olvidos, lo que se calla se hereda.


Sentado con las notas del dolor mito los mitos y los documentos, identifico vacíos, miro escondites y escudriño en sus agujeros, querer y perder se cruza en los problemas de los otros, este tiempo ha sido constante, continuo, ingrato, auditivo, sonoro, mudo, han sido tiempos de concreto y agua, de manecillas que giran a la derecha pensando en la izquierda del tiempo, miro y observo, recuerdo esas letras del ayer, esos sueños que nos dijeron era el revés del futuro, el tiempo en segundos y en imprevistos, soledad al fin y al cabo, no le pidamos al amor que solucione los problemas que traemos desde solteros.


Venganza de gatos, luna para locos, hogar de historias y pensamientos sacados de la memoria, esa honra que nos metemos en el apellido y vagamos para dar adiós al mes de los silencios y la expectativa del que llega, jugar a ser grandes, como el tren que se quedó en el magdalena medio, el vapor que se fugó a los cielos sobre el majestuoso río Magdalena, como El Tiempo que ya no existe sobre la Jiménez, como el reloj que se perdió en el Bus o la esquina que no me vio partir.




No hay peso sobre la espalda, sólo hay esperanzas sobre el lomo, la sal se cae y nos identifica en un mar de celos, nos robamos el jugo del amor, nos dejamos embriagar por esas palabras de conversaciones de gatos, nos escapamos cuando más nos necesitan, nos dejamos convencer por los argumentos del periodismo sensacionalista y no por los hechos del pasado.


Quiero y deseo, ¿y vos?



AV