27 de enero de 2011

Suspirando



Imagen tomada de: KennethMoyle: Procatstination III

Muchas canciones fueron regaladas en diversidad cantidad de eventos y reuniones pre matrimoniales. De costumbres y amores se han guardado amores refugiados en nombres y fechas especiales, fechas que han sido datadas en agendas y esquelas de diversos motivos y tamaño. Atardeceres que fueron tomados de la mano y asegurados en una fotografía. Fechas especiales que se hicieron especiales precisamente porque nunca se cuestionó lo necesario del sentir, lo inmenso y agradable que es sonreír y darle una huída a la juventud, darle una escarapela de identificación a todas las vivencias que por sencillas o descaradas que sean, se han comportado como una receta secreta en un importante restaurante local.

No somos buenos ni nunca hemos sido ejemplares en el arte de amar. Nos alejamos basados en errores y cuestionamientos improvisados por terceros. Somos carceleros de un secreto que no debería ser secreto, refugio de mundos inventados de manera casual por personajes casuales que se enamoran sin preguntar por qué. Tiempos que vemos pasar, palabras que estampamos en la piel de todos aquellos que nos brindan un abrazo, besos que regalamos como flores de alquiler.

Vivir se suma a una de las inmensas tareas que se deben cumplir a cabalidad a la hora de querer brindar una sonrisa de ojos enamorados. Pronunciar el nombre de quien queremos, dar esa felicidad a una soledad compartida y recordar que alguna vez estuvimos enamorados, que nos dejamos acompañar, que nos refugiamos en mundos improvisados, que dimos nombre a cada acción que sometida a discusión de pareja siempre fueron selladas con un beso o una hermosa relación sexual.

La nostalgia en el amor nos puede someter a una sonrisa descarada, a un murmullo de complicidad, en ocasiones a un llanto de melancolía. Sea porque le extrañamos, sea porque lo merecemos, sea porque el mundo es así y nadie puede evitarlo. Damos banda sonora a cada salida en pareja, damos amistades a una relación que trae en sus espaldas muchos personajes, más antagónicos que escuderos, muchos sombreros y pocas bufandas.

De nada tiene de mala inventarnos el amor a nuestro modo, darle rima a eso que otros creen es querer. Soñar y sonreír, disfrutar de cada momento y vivir, de ser poeta y cantar en la soledad de una mañana de inicio de semana. De obsequiar detalles, de escribir versos, de conversar largas horas en un mismo sentido, de ser monotemáticos en la eternidad de eso que hace bastante ha sobrepasado las costumbres de la amistad.

Dejarnos renunciar en amores guardados, de nombres que cuando se mencionan llevan al sufrimiento o al más eterno de los éxtasis. Encerrar en cuatro paredes el consuelo de los que no tienen soledad compartida, caminar con los que se refugian en solitarias noches de mensajería, en años de verdaderas intrigas y sufrimiento, de esos que por más colores que han vestido su sonrisa no han podido hallar su talla perfecta para ser amados. Nada tiene de malo, sólo tiene poco de comprensión.

Si alguna vez es el orgullo el que deletrea nuestras emociones, es la soledad la que aconseja nuestras sonrisas, es la nostalgia la que acaricia las tardes de viernes, es la costumbre la que nos cambia de ánimo, es porque son voces que hemos dejado escapar en las cacofonías del pasado. Necesario es retomar la sana costumbre de callar en el armario y salir a toda prisa a buscar a esos que creíamos fueron los que nos dejaron de querer, reconciliar las armas, dejar que la pólvora se humedezca un poco y nos de ese aroma amargo que protege corazones.

No ser herederos de la culpa, ni ser pensadores de aforismos irreconciliables, de ser poetas de travesías memorables de héroes y guerreros. Ser por el contrario amigos de la duda, ser jugadores de una partida de cartas, ser testigos de cómo el azar se deja intimidar por la convicción, ser ingenieros de un día que no pensamos vivir. Ser lo que mejor que nadie sabemos hacer, humanos.

No somos buenos ni nunca hemos sido ejemplares en el arte de amar. Nos alejamos basados en errores y cuestionamientos improvisados por terceros. Somos carceleros de un secreto que no debería ser secreto, refugio de mundos inventados de manera casual por personajes casuales que se enamoran sin preguntar por qué. Tiempos que vemos pasar, palabras que estampamos en la piel de todos aquellos que nos brindan un abrazo, besos que regalamos como flores de alquiler.

Somos orgullosos, somos olvidadizos, somos despistados, nos refugiamos en la constancia, nos dejamos mentar en la nostalgia de los ingratos, nos enfermamos en la soledad de los que nos comparten sus problemas, nos dejamos deletrear en palabras sin insignias y sin destinatarios. Nos dejamos sorprender por la duda metódica, nos ocultamos para que nada sea distinto. Seamos sensatos, es falta de locura la que nos evita ser humanamente especiales y valiosos.

Somos lo mejor que nos pudo haber ocurrido en la vida.

AV

19 de enero de 2011

Los Tesoros Perdidos


Imagen Tomada de: http://littlesanime.ru/

Las partidas son muy tristes, dejar de lado a un ser querido o desprendernos de un objeto que guarda importante valor sentimental, algún tótem que conserva la energía de esos momentos pasados, de esas excusas que se fueron quedando estampadas en pretextos, o en el caso más somero aquellas cartas guardadas en cajones ocultos.

Todos tenemos momentos que hemos dejado de conservar, situaciones que se han deleitado de nuestras sonrisas, que nos han hecho brillar los ojos sea por un instante mínimo, sea por una eternidad. Promesas que nos hacemos al finalizar cada año, retos que nos proponemos superar al inicio de cada enero, imágenes que se nos vienen a la mente cuando en palabras de despedida, en lágrimas que se conservan en el aire, en huellas que se dejaron en la entrada de cada casa y cada ventana.

Una y mil veces somos creadores de universos paralelos, millones de ocasiones guardamos en nuestra habitación esperando recordar con la nitidez del caso cada emoción que nos causa re vivir lo que ya no se puede revivir. Negarnos a perder la memoria, atarla, amarrarla, someterla a nuestros juicios, a nuestros deseos. Esos caprichos que tanto daño le han hecho a la historia de la humanidad.

Los amores han de venir en cada etapa de la vida hasta llegar el que más se complementa con nuestros defectos. Los amigos se construyen en salidas y encerradas hasta que llega el que nos deja salir sin presionarnos por volver. Los recuerdos se enredan en las preocupaciones cuantas veces sean necesarios, hasta que llega la nostalgia y con el veneno de la melancolía nos enseña la diferencia entre un recuerdo y una historia.

Los años se nos van a ritmo de dolor. Siempre nos quejamos por todo lo malo que nos ocurre, nos dejamos desestabilizar por cada obstáculo que después de todo no es más que un sol cualesquiera en un día normal. Son las esperanzas, esas malditas esperanzas, que con Violines y Teclados de fondo nos recita sus mejores versos, nos jura eterna sacristía y nos oculta ese miserable ejercicio del aprender a saludar a quien apenas vamos a conocer y despedir a quien ahora debe marcharse, quizás para nunca más volver, quizás para regresar con otras intenciones.

Somos producto de un rollo inmenso de aflicciones culturales, como si las subculturas y la identidad nos costara construirlas por separado, como si nuestra soledad fuera un trofeo para el estante de las Venganzas no cobradas, como si nuestro consuelo fuese una plegaria en el idioma de los extranjeros, esos forasteros que llegan con las mejores de las intenciones pero que no respetan este territorio lleno de tesoros que llamamos vida.

Quizás sea esa misma melancolía la que nos llena de faltas, después de todo, somos un listado de actividades por desarrollar, un Check In de emociones y valores que hemos aprendido a adornar con besos y abrazos.

Reformamos constantemente nuestro entorno con nuevos vestuarios para dejarnos sorprender por los silencios de la calle. Nos prometemos mantenernos en los mismos lugares y con las mismas costumbres esperando a que regresen nuestros seres queridos, a que nuestra memoria aprenda a proyectar en una pared las sonrisas de cada acto que en colectivo fueron fantasías maravillosas, de esos benditos caprichos que nos permiten ser alquimistas, abrazar la suerte y detener los momentos que cambian nuestro cuerpo.

No necesitamos un cajón o algún agenda para preservar esos tesoros, si bien la memoria es traicionera y con fecha de vencimiento, nos apoyamos es en la cotidianidad para extrañar momentos, dándole arte a la alegría, dándole motor a la lenta y tediosa labor de crecer. Nuestros tesoros ahora en ojos mayores, en seres que con vida o sin ella, nos detienen siempre en el mismo lugar, nos hacen reflexionar antes que frenar.

Para siempre queremos nuestro tesoro, para siempre seremos esclavos de nuestras riquezas. Seremos arquitectos de nuestra celda, o cerrajeros de nuestra bóveda. Nuestros amores serán nuestras verdugos y la nostalgia nuestro veneno.

Al despertar todo será distinto.

AV

11 de enero de 2011

Regresando



En realidad regresar a mis escritos con un aire musical como batería de fondo me da cierto suspiro de que me encuentro de nuevo en casa. Con mis cigarrillos de regreso y mi dosis justa de aguapanela me dispongo a dar libertad a mi pensamiento y a mis letras muy lejos de lo que quizás fue un tedio intelectualmente hablando, muy sano y bien merecido.

Los tiempos siguen su curso aun cuando nos encontramos en un nuevo año y bajo los agüeros de muchos creemos que va a ser distinto que el anterior. En cierto sentido sí será distinto al anterior y no solo por la fecha sino, porque las cosas las forjamos con nuestro propio andar y le damos lo que pensamos es la dosis justa de sentido a cada cosa que emprendemos. Sin embargo, este seguirá siendo la continuación de los días. Seguirá siendo el mismo plano terrenal con las obligaciones pendientes de meses previos, con las necesidades vigentes de días pasados, las deudas de decisiones desafortunadas y una que otra oportunidad de triunfo, para todo en especial la música, los años pasaran como siempre lo han hecho, con calma y dando espacio para cada sonido ambulante.

Nos da alegría encontrarnos de nuevo con aquellos que no vemos desde uno o dos meses, o algunos con un par de semanas. A otros ya no los volveremos a ver, hemos decido no verles y nos encontramos con la paz de saber que es una sabia decisión, oportuna y con secuelas interesantes. Otros ya no podemos verlos porque han decidió partir lejos, otros se los ha llevado la vida, se los ha llevado a donde nos escuchan pero no les escuchamos.

Con bolsas plásticas, cajas de cartón, cestos de basura y muchos motivos empacamos cosas que ya no nos sirven, hacemos esa limpieza que se debe sanamente hacer con mayor frecuencia pero que procrastinamos por el lujo de no hacer nada. Redactamos cartas de agradecimiento, realizamos llamadas y saludamos a los vecinos, retomamos nuestra rutina y damos un golpe de suerte a nuestros motivos para reiniciar labores con la mejor de las suertes, la mejor de las compañías y la mejor de las excusas.

Regresamos a nuestra tradicional siesta de fin de semana, a ver nuestros programas de televisión favoritos y a leer aquellas notas que siempre nos parecen oportunas. Nos enfermamos, nos dejamos invitar a una copa y correr por las calles de la ciudad, a besar a nuestros seres queridos y a ver esas películas que nunca nos cansamos de apreciar.

Un año nuevo con semanas encima se da cabida para un diario de artilugios, de detalles que conservamos en el bolsillo de la chaqueta, los envolvemos en sonrisas y damos remedio a todas las quejas que podamos anular en veces repetidas de excusas de años anteriores. Por supuesto, miramos con nostalgia la partida de esos bellos recuerdos y los mentamos en reuniones sociales. Todo con el propósito de darle al absurdo un lugar de honor en nuestra cotidianidad.

Un año nuevo que inicia y un reguero de momentos que se acomodan en fila india para ser vividos, experiencias que se deben esclavizar mundos paralelos, darnos espacio para todo, darnos una plegaria en este cuerpo de débiles aforismos, darnos todo para recordar.

Nos esperan muchas notas sin cantar.

AV

4 de enero de 2011

Vodka



Imagen Tomada de: http://www.syntheticsoul.com.au/black_and_white.html

Quiero tomarme ese trago fuerte que me hace sentir placer y me invoca en un cigarrillo a dar conversaciones felinas en un club de caballeros. Sentado sobre mi ego y con el movimiento intermitente de mis ojos auguro un nuevo son, disfruto de una melódica excepción, de un sorbo frío de Tónica, de un frío hielo sobre el paladar.

Quiero seducirme en ese juego de los ecos de la guitarra, en el estribillo de reuniones sociales, de letras con aroma a papel, de libros viejos y armarios gastados por el tiempo. Saltar del tapete y recorrer la habitación en búsqueda de un cenicero, de una canción para sermonear a la vida, de un amor que se escapó por la ventana de la memoria, porque bien lo dijo un fulano en alguna red social, las Novias son pasajeras, las Ex Novias, son eternas. La música es universal.

Sentarnos a no hacer nada, en el minimalismo de la pereza, en el goce de un eco sinfónico, de un hilo de humo que abraza el techo, de un juego de adivinanzas que nos roba secretos, nos desdibuja en el transparente y húmedo vaso de Vodka. Esos sonidos ambulantes que con sonrisas y espejos dejamos en la soledad de una tarde cualesquiera sea de la capital, de una charla de jóvenes despreocupados, desmemoriados, descontextualizados.

Entendernos como una generación de incomprendidos es un cliché que se repetirá constantemente en cada año iniciada una generación, será tan universal como las guitarras que quieren sugerir paseos por Roma, que quieren acercar unos a otros, que quieren suspenderse en la ciudad de la furia, o que quizás, sean parte del aire.

Quiero tomarme ese trago fuerte de Vodka, compartirlo con mis amigos del recuerdo, enredarme en el presente de un pasado, de un cenicero artificial con el humor de cada uno de los invitados, esos fragmentos de seducción y de vida, esos cigarros que abrazados en el tejado se fumaron y se extinguieron como cualquier canción de una generación suspendida en el tiempo.

Qué mejor mapa que el pasado para darnos un paseo por el museo de la memoria, darle luz a esos escalones que de madera suenan sus pasos, de esas palmas que discretamente siguen el ritmo de una canción, de un rock que se pega en la piel, que sea perfecto para deletrearlo en un estado total de embriaguez, de un secreto que nos identifique en los latidos de un trago fuerte de licor, de una imagen empañada en el vidrio de la sala, de la casa de un solitario juego de cartas, de la casa de un pasado que no nos llevó.

Juegos completos para todos los gustos, de azar y de afán, juegos de roles y de pasiones, juegos para vivir y para morirnos, juegos para embriagarnos o desintoxicarnos. Juegos de seducción y juegos de instigación. Con suaves melodías o inclusive fuertes discusiones, con dudosas menciones y perplejas revelaciones, con años perdidos y tiempos pasados, con relojes coleccionables y manillas memorables. Con los mejores amigos, con los peores ciudadanos, con los mismos de siempre, con el rock en nuestra espalda, la guitarra en el bidé, el mundo a nuestros pies. Todo, con su juego y sus reglas, con sus notas musicales y sus voces inmortales.

Quiero tomarme otro trago, porque este cuento ya terminó.

AV

3 de enero de 2011

Del año y otros fragmentos



Mañana es el último día en esta ciudad, luego, se comenzará a preparar todo para el viaje de regreso y en cierto sentido asumir la responsabilidad de pequeños pendientes que se tienen desde antes de haber partido de casa.

El tiempo para descansar quizás ha terminado, para otros por cuestiones diversas digamos apenas inicia, de igual modo, es el mes de enero y con él ya se da inicio formalmente a todas las actividades que cualquier ciudadano del mundo debe responder prontamente terminadas las fiestas de fin de año y celebraciones santas de navidad.

Mi caso es particular, y es que debo llegar a casa a terminar el inicio de un plan de trabajo para este año con el propósito de ser mejor persona y alcanzar esas metas que se han procrastinado de alguna manera. En lo personal, se llega renovado a casa y con la esperanza de un mejor mañana, sin importar que todavía arda en la piel esas decisiones y emociones de días pasados.

Musicalmente es un año que no dejó nada asombroso, más bien un año de repeticiones y emociones que todas de alguna manera giraron en espiral en algunas canciones o sonsonetes similares. Extrañando por supuesto con más ahínco que nunca a esos amigos que se me fueron lejos, o pidiendo nostalgia en esos corazones de los que me alejé hace mucho tiempo, o de los que estamos lejos aun cuando nos conocimos de mera casualidad.

Un año que se quedó atrás perdiendo el sentido de la vida y dejándose adobar en el llano recuerdo de un ritual más, un año que se perdió como un acto de fe, reuniendo en familia esas alabanzas al sentido de la vida y rogando por un mejor porvenir.

El andamiaje de las emociones terminó con la última lágrima que no se podía escapar en la página de los pendientes del año. De igual modo me quedó tranquila la conciencia con respecto a todo lo que se hizo y sin divagar tanto en las sombras, reafirmé mis sentimientos y afectos hacía algunos de mis seres cercanos, mis defectos mejoraron en estilo y no han dejado de ser lo que me dignifican como ser.

Ser humanamente imperfecto quizás sea la mejor colonia que uno pueda conservar en el estante de aseo personal, la arrogancia, la mala memoria, la impaciencia y las miles de palabras obscenas que le dedicamos al prójimo cuando de histeria sufrimos, son una sumatoria de bendiciones para ejercer nuestro libre albedrío y nuestro derecho a querer y no querer.

Este viaje familiar llega a su fin, pero el disfrute de unas vacaciones en familia es quizás un punto de vista que se asume en distintas posturas al interior del hogar. No es ser mal agradecido o ingrato con la vida, por supuesto la decisión de viajar fue mía y la asumo como una sabia decisión, dios sabrá hasta cuando estarán mis abuelos con vida y disfrutaré de sus peripecias, pero de allí, a disfrutar en su totalidad el plan familiar ya es lo que se nubla en el literario amor por lo propio.

Llegar a casa y observar el año 11 con buena cara, ahora con los afanes de la memoria será ir de paso en paso a un decálogo de recomendaciones para saborear en lo posible, las semanas una a una que van llegando en este año de conejos. Los retos no van a desaparecer y las aventuras serán cada vez más abstractas, el egoísmo no desaparecerá de la noche a la mañana ni las mañas dejarán de ser mañas, todo en su debido lugar y en su horario correspondiente.

Se deberán mejorar ciertas cosas como la rutina y la dieta, los horarios de descanso y las prioridades en la agenda, pero de todo lo anterior siempre se conservará la cordura y compleja manera de ser para conmigo y para con los demás. Seguiré queriendo a quienes quiero, seguiré sintiendo malos sentimientos y profesando malos pensamientos hacia quienes no me agradan o no me merecen y, terminaré el camino de la redención en un bonito homenaje y ritual de perón consigo mismo, aspirando a llegar a encontrar el perdón en el otro que no lo ha pedido.

Buenas nuevas y muchas noches.

AV

1 de enero de 2011

Sentimiento Stereo



Imagen Tomada de: http://animalmascota.com/

Algo que corroboré anoche, en posterior abrazo de año nuevo con familiares y lejos de amigos y cercanos, fue precisamente que hacemos parte de la única generación que disfrutó con lujo de detalles a Soda Stereo. Aquellos que nos encontramos en el rango de 35-25 somos una generación de inconformes que gozamos con la magia y esplendor del momento, el despertar de un movimiento importante para la reivindicación cultural de América latina (?).

Ser joven en especial en las décadas de los 80s y 90s fue un lujo y un crimen que muchos pagaron y otros pocos disfrutaron. Crecer con el movimiento de principios de ochentas con la nueva ola conocida como Rock en tu idioma y que se llevó posteriormente el título de Rock nacional sirvió para marcar en voces y coros, ese inconformismo de la época para con los problemas de corte social y político. Sólo en los 90s hubo un par de agrupaciones destinadas a reivindicar la causa de aquellos que no tenían voz, para el resto, el movimiento se tergiversó en el bien o mal llamado Rock en Español y no fue más que la causa de reproducir canciones sin cortesía política o sentido local.

Si bien para unos fue un movimiento de representación y quizás, rebeldía, para nosotros, los que heredamos los rezagos de los ochentas y nos criamos en la desconocida década de los 90s, vimos en otro matiz ese movimiento llamado Rock en español. Lo disfrutamos como debió ser a ojos de otros despistados, como un momento histórico de buena música y muchas canciones de despecho o rebeldía, pero una rebeldía ajena a la de los 80s, esta era quizás un poco más suave, menos contestataria ( a excepción repito, de un par de agrupaciones y varias canciones ) y con mayor contenido Pop.

Lamentablemente los hechos ocurridos con el señor Cerati dieron un vuelco a la memoria, y más potente que la adrenalina recibida en 2007 por la noticia de una gira de reencuentro de aquella banda que lideró la causa de los que no tienen causa, fue el deceso de un rey que ahora en estado de coma inducido, sirve como alerta para una generación sigue vigente con sueños stéreo, que quiere viajar a la ciudad de la furia, esa generación donde nos preferimos fuera de foco, donde nada es personal, solo rock en español.

No olvidaré jamás aquella noche de año nuevo en Envigado con los que eran entonces mis amigos de “Toma la Palabra”, una noche en la que al sonar las campanas de media noche y celebrando la llegada del año 2001 (hace diez años ya!!), dejamos servida la comida y todos de pie abrazándonos dejamos que “Zoom” nos diera esas notas musicales para bailar el año nuevo.

Me sorprendió en el calor de la conversación post año viejo, evidenciar que mi Tío, un cuchacho de cincuenta años casi, desconocía en su totalidad a Gustavo y su trío música de años atrás. Como buen hermano, le conté un poco de la historia de aquella agrupación musical, de las consecuencias para el rock, le expliqué lo que significó pues para la generación de entonces gritar a todo pulmón esos versos que sólo Gustavo pudo brindarnos. La gran mayoría no fueron de su autoría, pero sí tuvieron su energía y su impecable voz como un sonsonete que marcaría el designio solitario de toda una generación.

Puedo decir que pertenezco a la generación Stereo, a aquellos que admiramos y crecimos, nos enamoramos y seducimos, nos escapamos y fuimos cómplices con canciones y sonetos propios de un trío de Buenos Aires. Le hablé un poco de otros grandes que aparecieron en el camino, como Andrés y Fito, un poco de Caifanes, otro poco de aquellos prisioneros y un tanto de la que sería la invasión española, pero de todo ese combo evidentemente le hice entender que a Gustavo, a ese rey sin corona le deberíamos gran parte de lo que nuestra generación pudo cantar en cuanto estadio estuvo presente.

Los vimos volver, los vimos dar esas gracias totales a nuestra adolescencia, a nuestras noches de rock en español. A esos que con un vino barato o una chica especial dimos besos y abrazos, donde dejamos que el temblor se tomara nuestras piernas, donde dejamos en los juegos de seducción signos y viajes, citas a ciegas, balanza de locura en una generación que desocupada por los afanes de los 80s y los descuidos de los 90s dimos al movimiento del rock en español una espera eterna.

Las nuevas generaciones conocen a Gustavo como solista, otros incautos desconocen en su totalidad a este genio del rock en nuestro idioma. Pero sin importarnos ese vacío negro que hay entre los señores de 35 y los jóvenes de 18, sabemos en el fondo, que a este tipo de hitos especiales, sólo nos llega una vez y en un momento determinado.

Ahora mi tarea es compartir un poco con mi tío y aquellos que no tengan conocimiento del camino recorrido por Cerati, esas canciones que a veces en vergüenza damos esperando a que pase el temblor.

Una generación que no quiere despertar, ni verle dormir eternamente, una generación que conserva ese sentimiento stereo, ese lenguaje universal que sólo el rock en español nos pudo regalar. A Gustavo, Gracias Totales.

Nada más que dar.

AV

31 de diciembre de 2010

Mensaje Fin de Año



Imagen Tomada de: Ben Killen Rosenberg

Siendo el último día oficial del año, comienza uno a leer todo tipo de reflexiones y frases célebres en la página de inicio de nuestras respectivas redes sociales. Agüeros en tonos de burla, algunos consejos para mejorar y ser cada día una persona más útil para la sociedad, mensajes de despedida o reseñas de bonitos momentos que se compartieron, sea en la distancia o en la intensidad, con aquellas personas que tanto apreciamos (extrañamos) y deseamos en una proximidad de tiempo-espacio que nos detiene en ansiedad.

Poco a poco, con el paso de los años hasta llegar a este, he perdido la costumbre de escribir a quienes quiero y aprecio. No es que sea ingrato o desinteresado con la causa, mejor, he dejado en la causa la desfachatez de no volver a escribir, una perezosa pero sana costumbre de no dejarnos matar por la nostalgia de fin de año. Esa melancolía oficial que a todos nos busca faltando 12 horas para el fin del año y cinco minutos para el mismo instante.

Ni hablar de los famosos o intensos que con su red social de confianza despliegan al mejor estilo de las organizaciones militares, una estrategia de total cobertura en mensajes y reflexiones, en lluvia de imágenes y profundas acusaciones, de buenos deseos, de agüeros, de miedos, de olvidos, de todo lo que se les cruza por la cabeza sin siquiera llenar una taza de porcelana con buenas intenciones.

No niego que me molestan algunas cosas que la gente de a pie suele hacer en estas temporadas de fin de año. No es que sea de mejor clase social o de distinta estirpe, por supuesto que también disfruto y extraño algunas costumbres que de niño hacia con mis primos en Bogotá o en Girardot, pero el caso que me atañe en este escrito va más allá de decirle adiós al año viejo, se centra en particular en esa hipócrita necesidad de creer que todo fue bueno y lo que vendrá será mejor.

Sufro como vendedor ambulante cuando no escucho ciertas canciones antes de que termine el año viejo, sufro como guarda de seguridad en navidad cuando no hablo con los seres que aprecio, pero de allí a tener que cargar en mi piel el dolor de todos los días pasados para dejar en un mensaje de buenas intenciones la llegada del año que viene, no. Siempre son respetables las costumbres, es parte de la cultura popular y ello es lo que nos define, pero no me siento en condiciones de dar bendiciones o palabras insensatas sólo porque la emoción de momento me lo pide. No doy abrazos a extraños, ni grito, ni hago bulla, solo digo “Por fin este año se acabó” y doy un beso a mis padres y familiares cercanos. Por supuesto hace mucho tiempo perdí la costumbre (y ganas) de salir a correr al teléfono o coger el celular y llamar a cuanto amigo, cercano, conocido o pendiente para decir lo que todos ya han dicho y no se cansan de decir, “feliz año”.

No sé si con el paso del tiempo me he vuelto amargado, es posible, pero es parte de lo que me define y me hace ser una persona especial, demasiado especial dirían algunos fulanos, pero en el fondo, es parte de esa sinceridad (un poco fría para algunos) que me gusta sostener con las personas que realmente valoro o con las que definitivamente no me simpatizan. Nadie me tiene que caer bien, y de igual modo no estoy para gustar de todos, pero es esa nostalgia de fin de año la que hace que reflexionemos y llamemos, en mi caso, solo pienso y pienso, deleito esos recuerdos y llego a mis propias conclusiones. Las cosas no se borran del tiempo con la misma facilidad con que las borramos de la memoria.

Este ha sido un año complejo para mí, y de seguro que para muchas personas lo ha sido en igualdad de situaciones. Para otros ha sido un año exitoso lo cual me alegra y extiendo mis felicitaciones, pero no es más que una noche y una fecha. ¿Todo termina esta noche y mañana empieza de cero? Evidentemente no. Mañana es sábado, día feriado en algunos países, en otros no. Es un día para salir a pagar recibos, declarar impuestos en algunos países, para descansar en otros, el caso es que el próximo lunes continúan las cuentas del 2010 y los pendientes toman su curso normal y nos remiten a esas nostalgias del año viejo. Ahora bien, estamos en una nueva década, ya es este el segundo año en llegar de una nueva década, eso sí es novedad, pero son novedades de pocas importancias y seguidores.

Pensemos entonces, de los amigos nuevos en facebook, los mensajes curiosos de Twitter, las fotos casuales en la web, los escritos en los Blog´s que seguimos, las cartas de amor de nuestra pareja, la mirada de nuestra mascota, las borracheras de los días casuales, pensemos en todo lo superficial y dejando un espacio reducido para lo formal, lo importante, lo urgente, lo laboral, lo oficial, todo aquello que se dice vale la pena, damos gracias y adiós. Un buen balance de año lo dirá la memoria.

Feliz noche para todos.

AV

30 de diciembre de 2010

Espíritu Americano (I)



Imagen Tomada de: http://www.wallcoo.net/ Funny Cat Painting by Lowell Herrero

En muchas ocasiones he recorrido diversos lugares del mundo y ha sido la música la que precisamente ha logrado llamar mi atención. Quizás se trate de canciones sin profundidad alguna o producto de un excelente trabajo en el departamento de mercadeo, en todo caso, la música siempre logra causar impresiones en nosotros y esas impresiones terminan siempre en un hermoso proceso neurológico de apreciación de nuestros sentidos y nuestra memoria. Esa mezcla de deseos, satisfacciones, recuerdos bellos, recuerdos llenos de nostalgia o de sentimientos tan puros como el amor, el miedo o el odio mismo.

A la música debemos mucho en la vida, desde lo más trivial del caso hasta lo más cultural de la ciencia; desde el aspecto antropológico e histórico es la música la que en sus diversas notas musicales e instrumentos, cada uno en su respectivo proceso de evolución, marcan un sentido lógico de las cosas. Sea para alarmar o advertir, los diversos ruidos dieron identidad con el tiempo al espíritu de la seguridad y la confianza. En el desarrollo de la guerra a partir de las que fueron llamadas las Guerras Totales y sus posteriores Guerras de Tercer Tipo, la música se convirtió en el mejor instrumento para humillar y someter al contrincante.

El espíritu de guerra y la entonación de himnos y cánticos de guerra es lo que con el paso de las batallas y los inicios del siglo XIX terminarían en los Himnos, la construcción de identidades y los denominados nacionalismos que, por supuesto, se adornaría de Banderas, escudos e historiadores.

Ahora ubiquémonos en pleno siglo XXI y retomemos el discurso de las identidades y los nacionalismos. Evidentemente en plena era de la información y las nuevas tecnologías, el despertar de las industrias culturales y el fracaso de la administración cultural, todos los factores se van al piso y se someten más a una libertad de culto a ciertas culturas y procesos musicales ajenos a nuestra nación. El espíritu americano, aplicando a este caso en particular muy bien retrata todo ello, es pues, un espíritu de libertad y anclaje, donde el mestizaje cultural ya no es racial sino, identitario, en el que se puede construir cualquier imaginario y ser aplaudido por su mejor bandera: el mercadeo y la globalización.

Algunos momentos en particular me gestaron esa sensación de estar en tierras americanas más que antes. Cuando aterrizó el avión en el aeropuerto internacional de Miami la coincidencia del misterioso universo del Pop se alineó hacia mí (no sé si a mi favor o a mi desgracia) y en el auricular del reproductor musical (que estaba en modo aleatorio) que llevaba en el avión comenzó a sonar Lady Gaga – Poker face, por supuesto que la canción duró todo el trayecto que demoró el avión en ubicarse en su estación de parqueo.

Cuando hacía la fila en el departamento de Inmigración, la remodelación del aeropuerto me dejó atónito, un bello e inmenso hall quedó como escenario de espera mientras se cruza para ser atendido por algún oficial de los EEUU, en ese inmenso recinto, a pesar del murmullo que se escuchaba en la fila de miles de latinos y viajeros cansados, sólo una cosa se me pasaba por la mente mientras admiraba los inmensos ventanales: Jurassic Park.

La maldita canción o banda sonora de dicho filme no se podía despegar de mi mente y ver además el inmenso lugar de entrada me hacía sentir en la entrada de dicha isla famosa de los años 90s. Un poco del espíritu americano quizás, un poco de todo.

En algún Mall en particular, mientras almorzaba a las seis de la tarde (después de casi media hora de indecisión) llamó mi atención en medio del descuido dejarme sorprender por un televisor inmenso en medio de la plazoleta de comidas, allí, estaba el maestro, rey de reyes, el grande amado y odiado. Michael Jackson.

Curioso comer algo mientras a todo volumen se escucha Billie jean y todos como de costumbre disfrutan su cena sin prestar atención a algo que para mí como turista es algo fuera de lo común. A eso súmele una hamburguesa doble carne con queso y mucha tocineta. Ese es el espíritu americano.

Acompañando a mi madre en sus diligencias, en varios almacenes y locales comerciales al entrar siempre había algo de música para amenizar la estancia en el recinto. Lo mejor fue escuchar a Lady Gaga o Madonna en almacenes como Guess, Armani, Victorias Secret, Dior. Mucha variedad de artículos para comprar, pero una sola identidad para ofrecer.

Escuchar Bon Jovi en una licorera mientras se pide unos cigarrillos o beber una cerveza con REM son cosas que pueden ocurrir en cualquier momento o lugar, pero por supuesto, pocos damos importancia a esos momentos sencillos, a esas nimiedades de la vida que en nuestra cotidianidad debemos mentar y recalcar con orgullo patrio. Con orgullo latino (plop!)

Lo interesante de los viajes es pues, reconocer aquellos sucesos ambulantes que nos permiten ser parte de un descuido del universo Pop. Nos guste o nos disguste, somos hijos de una generación de inconformes que si bien no somos similares a los cánticos del siglo XIX bien sabemos iniciar identidades con las excusas del siglo XVIII.

Este, es el espíritu americano.

AV

Belleza Americana



Imagen Tomada de: http://abduzeedo.com/20-beautiful-pictures-cats "waiting for my cat prince" by: Paulo Gabriel Porto Alegre - Brazil.

Hay lugares casuales en los que se puede apreciar la belleza de una mujer sin caer en lo obsceno o hacer viraje en lo vulgar. En la jornada de hoy estuvimos recorriendo algunos almacenes y centros de comercio y sin proponerlo, daba en el punto de encuentro de todo tipo de belleza de las honorables herederas de Eva.

Nuestra primera estación de paso fue en el sur-este de Miami, un local comercial exclusivo de artículos deportivos. En la búsqueda de mi regalo de navidad que no fue, entramos al almacén y vaya sorpresa para mi gusto al disfrutar la vista con la admiración por la belleza femenina de todo tipo de mujeres en edad adulta dedicadas a una vida deportiva. Mujeres con sudaderas, con ropa ligera y un cuerpo trabajado con los mejores esfuerzos de las diferentes disciplinas deportivas sería pues un buen lugar para ir a recrear la vista, similar, a la esperanza que se despierta en un Gimnasio.

Terminada nuestra visita, continuamos el recorrido a otro tipo de local comercial, un almacén de artículos del Hogar, especializado en los dispensarios de Cocina, Baños y zonas de decoración (jardinería en su mayoría) que sin saberlo, terminó siendo el almacén ideal para ir a mirar mujeres bellas mayores para un joven de mi edad. Algunas con la evidencia de una cirugía plástica /estética, otras con el paso de los años de manera lenta y cuidadosa, quizás el vestuario o la manera de caminar, diferentes razones pueden ser, pero en todas, siempre latente la posibilidad de disfrutar de una buena “catana” para dejarnos asombrar.

Todas de todo tipo y para diversos gustos: Rubias, peli rojas, castañas, de ojos claros, ojos oscuros, altas, de mediana estatura, con silueta natural pero seductora, con cirugías y atractivas. Algunas mayores de los 40, otras disfrutando de las virtudes de los 30. En todos los casos una belleza ´particular´ buscando artículos para el hogar.

Junto al almacén, quedaba una tienda de mascotas, tienda en la que se vende todo tipo de cosas aptas para el cuidado de esos seres a los que tanto amamos, nuestras mascotas. Para mi deleite, observaba que entraba y salía de dicho almacén un número considerable de féminas en comparación con la cantidad de hombres asistentes. La edad era la variable más dinámica de todas, pudiendo observar bellas señoritas adolescentes hasta interesantes madres de familia, todas preocupadas por el cuidado de su mascota mientras yo, me dejaba preocupar por esas sensibles damas de gran corazón.

Al finalizar el día fuimos a un famoso almacén de artículos para dama, puesto que mi abuela y mi madre querían averiguar algunos cosméticos y dejarse tentar por alguna que otra promoción. No podía creerlo pero sí disfrutarlo, estaba pues, nuevamente en un centro de encuentro de grandes proporciones para la belleza femenina. Jovencitas, jóvenes, damas, señoras, señoritas, otras no tan señoritas, todas asistiendo a comprar sus productos favoritos sin importarles los precios, yo, disfrutando de la variedad de damas, podría afirmar que me sentía en un casting para un comercial de United Colors of Benetton.

Lo grandioso de la belleza femenina es precisamente la naturalidad con que se muestra, en ocasiones un traje sencillo o un movimiento sencillo de cabello, una mirada despistada, una manera inocente de caminar, unos zapatos, un jersey, cualquier situación cotidiana para la vida podemos captarla con la atención de ese segundo de vida y darle grandes dimensiones a una belleza que para otros está opacada.

La mejor belleza siempre afirmamos está en nuestra tierra y como no, siempre diremos que las mujeres de nuestra ciudad son las más bellas. En ese y todos los casos, es la belleza la que se considera universal y no territorial. Ahí el secreto del éxito de último almacén que visitamos, un breve pero claro mensaje de Victorias Secret´s.

La belleza también se lleva por fuera.

AV

Discreta Soledad





Hace dos noches conocí a Miriam, una anciana vecina especial. Físicamente se ve joven y alentada, de ojos claros y con la energía paisa que caracteriza a los de su tierra. De todo el “vecindario” es la única amiga de mi abuela, palabras de ésta. Mi abuela la defiende y le quiere como alguien de su misma sangre, ambas, llenas de edad, de experiencia y virtudes disfrutan mutuamente de su compañía, de esa paciente empresa de querer a alguien que no es de nuestra obligatoria estirpe.

Miriam es my especial, ya lo mencioné. Vive en un apartamento mucho más pequeño que el de mi abuela, así que ya se imaginarán la magnitud del espacio. De un solo ambiente, se descubre una cama en la pared de lado izquierdo, sobre la pared del lado derecho se divisa la cocineta y una pequeña mesa que bordea el espacio de la nevera. En los laterales se encuentra cada puerta de entrada y salida del apartamento, la principal y la que dirige al jardín externo. Las paredes se hallan en exceso de decoración con artesanías y artilugios propios de Colombia. En síntesis, es un escenario lleno de nostalgia, donde la soledad se decora con el pálido de las blancas paredes y el estrecho del recuerdo, de un ambiente que grita soledad, que grita compañía y querer.

Este vecindario es especialmente para personas mayores (ancianos) y muchas de ellas se hallan en total soledad. Algunas han sido abandonadas por sus hijos, otras han perdido o no se tienen referencias de su familia, algunas viven en tranquilidad y disfrutan de la visita de sus hijos, nietos y quizás, hasta bisnietos. Toda la variedad del caso se reúne y en el más simpático sentido de la justicia divina, cada quién vive con la soledad que se merece.

Matrimonios de ancianos que viven en felicidad esperando su último minuto, o de solteros o viudos que no alcanzaron la paz familiar y en la más miserable de la soledad se encuentran esperando la santa compañía de un ángel que los libere o de un demonio que les condene.

Observar a Miriam y reflejar a mis abuelos, me cuestiono en sobredosis de melancolía lo que será ese último arriendo que pagaremos en la vida. Cada quien vive su soledad a su modo, hasta en la más joven de todas las generaciones. Con aquel recuadro, reforcé mi pensamiento sobre el sentimiento que me aprisiona y me incomoda. Esa necesidad de querer salir alguna parte, de negar todo aquello que se vive y de manera hipócrita gritar compañía y resguardo. Pero es en esto que escribimos lo que nos significa recibir un nuevo año o un nuevo día.

Dejar pasar los momentos del calendario en una copa de vino y en los descuidos de la vida, suplicar perdón por aquellos a los que dejamos, los que abandonamos en silencio o a los que no pudimos despedir.

Aprender a valorar lo que no nos pertenece, darle a la vida un abrazo de gratitud y esperar a llegar algún puerto seguro. Dejar a los que queremos el querer que les pertenece, agradecer a la vida uno a uno los labios que hemos besado y los cuerpos que hemos abrazado, las manos que hemos estrechado y los saludos que hemos considerado, dejarnos suspender en un sueño compartido y más precario que la soledad de los últimos días, sea, la compañía del final de cada año, mes y día.

Miriam vive tranquila aun en su soledad y ello es de admirar, feliz de disfrutar de su compañía casual y sus visitas intermitentes. Con la conciencia de los años vividos y la nostalgia de los días pasados sonríe llena de vida con conocimiento de causa que inicia nuevo año y llegan nuevas experiencias. Preparando el ágape y haciendo inventario de las botellas de licor y las porciones de comida para servir, se olvida de la decoración de sus paredes y del frío de su jardín.

Una soledad que se hace Precaria según el recetario de cada quien.

AV