31 de diciembre de 2010

Mensaje Fin de Año



Imagen Tomada de: Ben Killen Rosenberg

Siendo el último día oficial del año, comienza uno a leer todo tipo de reflexiones y frases célebres en la página de inicio de nuestras respectivas redes sociales. Agüeros en tonos de burla, algunos consejos para mejorar y ser cada día una persona más útil para la sociedad, mensajes de despedida o reseñas de bonitos momentos que se compartieron, sea en la distancia o en la intensidad, con aquellas personas que tanto apreciamos (extrañamos) y deseamos en una proximidad de tiempo-espacio que nos detiene en ansiedad.

Poco a poco, con el paso de los años hasta llegar a este, he perdido la costumbre de escribir a quienes quiero y aprecio. No es que sea ingrato o desinteresado con la causa, mejor, he dejado en la causa la desfachatez de no volver a escribir, una perezosa pero sana costumbre de no dejarnos matar por la nostalgia de fin de año. Esa melancolía oficial que a todos nos busca faltando 12 horas para el fin del año y cinco minutos para el mismo instante.

Ni hablar de los famosos o intensos que con su red social de confianza despliegan al mejor estilo de las organizaciones militares, una estrategia de total cobertura en mensajes y reflexiones, en lluvia de imágenes y profundas acusaciones, de buenos deseos, de agüeros, de miedos, de olvidos, de todo lo que se les cruza por la cabeza sin siquiera llenar una taza de porcelana con buenas intenciones.

No niego que me molestan algunas cosas que la gente de a pie suele hacer en estas temporadas de fin de año. No es que sea de mejor clase social o de distinta estirpe, por supuesto que también disfruto y extraño algunas costumbres que de niño hacia con mis primos en Bogotá o en Girardot, pero el caso que me atañe en este escrito va más allá de decirle adiós al año viejo, se centra en particular en esa hipócrita necesidad de creer que todo fue bueno y lo que vendrá será mejor.

Sufro como vendedor ambulante cuando no escucho ciertas canciones antes de que termine el año viejo, sufro como guarda de seguridad en navidad cuando no hablo con los seres que aprecio, pero de allí a tener que cargar en mi piel el dolor de todos los días pasados para dejar en un mensaje de buenas intenciones la llegada del año que viene, no. Siempre son respetables las costumbres, es parte de la cultura popular y ello es lo que nos define, pero no me siento en condiciones de dar bendiciones o palabras insensatas sólo porque la emoción de momento me lo pide. No doy abrazos a extraños, ni grito, ni hago bulla, solo digo “Por fin este año se acabó” y doy un beso a mis padres y familiares cercanos. Por supuesto hace mucho tiempo perdí la costumbre (y ganas) de salir a correr al teléfono o coger el celular y llamar a cuanto amigo, cercano, conocido o pendiente para decir lo que todos ya han dicho y no se cansan de decir, “feliz año”.

No sé si con el paso del tiempo me he vuelto amargado, es posible, pero es parte de lo que me define y me hace ser una persona especial, demasiado especial dirían algunos fulanos, pero en el fondo, es parte de esa sinceridad (un poco fría para algunos) que me gusta sostener con las personas que realmente valoro o con las que definitivamente no me simpatizan. Nadie me tiene que caer bien, y de igual modo no estoy para gustar de todos, pero es esa nostalgia de fin de año la que hace que reflexionemos y llamemos, en mi caso, solo pienso y pienso, deleito esos recuerdos y llego a mis propias conclusiones. Las cosas no se borran del tiempo con la misma facilidad con que las borramos de la memoria.

Este ha sido un año complejo para mí, y de seguro que para muchas personas lo ha sido en igualdad de situaciones. Para otros ha sido un año exitoso lo cual me alegra y extiendo mis felicitaciones, pero no es más que una noche y una fecha. ¿Todo termina esta noche y mañana empieza de cero? Evidentemente no. Mañana es sábado, día feriado en algunos países, en otros no. Es un día para salir a pagar recibos, declarar impuestos en algunos países, para descansar en otros, el caso es que el próximo lunes continúan las cuentas del 2010 y los pendientes toman su curso normal y nos remiten a esas nostalgias del año viejo. Ahora bien, estamos en una nueva década, ya es este el segundo año en llegar de una nueva década, eso sí es novedad, pero son novedades de pocas importancias y seguidores.

Pensemos entonces, de los amigos nuevos en facebook, los mensajes curiosos de Twitter, las fotos casuales en la web, los escritos en los Blog´s que seguimos, las cartas de amor de nuestra pareja, la mirada de nuestra mascota, las borracheras de los días casuales, pensemos en todo lo superficial y dejando un espacio reducido para lo formal, lo importante, lo urgente, lo laboral, lo oficial, todo aquello que se dice vale la pena, damos gracias y adiós. Un buen balance de año lo dirá la memoria.

Feliz noche para todos.

AV

30 de diciembre de 2010

Espíritu Americano (I)



Imagen Tomada de: http://www.wallcoo.net/ Funny Cat Painting by Lowell Herrero

En muchas ocasiones he recorrido diversos lugares del mundo y ha sido la música la que precisamente ha logrado llamar mi atención. Quizás se trate de canciones sin profundidad alguna o producto de un excelente trabajo en el departamento de mercadeo, en todo caso, la música siempre logra causar impresiones en nosotros y esas impresiones terminan siempre en un hermoso proceso neurológico de apreciación de nuestros sentidos y nuestra memoria. Esa mezcla de deseos, satisfacciones, recuerdos bellos, recuerdos llenos de nostalgia o de sentimientos tan puros como el amor, el miedo o el odio mismo.

A la música debemos mucho en la vida, desde lo más trivial del caso hasta lo más cultural de la ciencia; desde el aspecto antropológico e histórico es la música la que en sus diversas notas musicales e instrumentos, cada uno en su respectivo proceso de evolución, marcan un sentido lógico de las cosas. Sea para alarmar o advertir, los diversos ruidos dieron identidad con el tiempo al espíritu de la seguridad y la confianza. En el desarrollo de la guerra a partir de las que fueron llamadas las Guerras Totales y sus posteriores Guerras de Tercer Tipo, la música se convirtió en el mejor instrumento para humillar y someter al contrincante.

El espíritu de guerra y la entonación de himnos y cánticos de guerra es lo que con el paso de las batallas y los inicios del siglo XIX terminarían en los Himnos, la construcción de identidades y los denominados nacionalismos que, por supuesto, se adornaría de Banderas, escudos e historiadores.

Ahora ubiquémonos en pleno siglo XXI y retomemos el discurso de las identidades y los nacionalismos. Evidentemente en plena era de la información y las nuevas tecnologías, el despertar de las industrias culturales y el fracaso de la administración cultural, todos los factores se van al piso y se someten más a una libertad de culto a ciertas culturas y procesos musicales ajenos a nuestra nación. El espíritu americano, aplicando a este caso en particular muy bien retrata todo ello, es pues, un espíritu de libertad y anclaje, donde el mestizaje cultural ya no es racial sino, identitario, en el que se puede construir cualquier imaginario y ser aplaudido por su mejor bandera: el mercadeo y la globalización.

Algunos momentos en particular me gestaron esa sensación de estar en tierras americanas más que antes. Cuando aterrizó el avión en el aeropuerto internacional de Miami la coincidencia del misterioso universo del Pop se alineó hacia mí (no sé si a mi favor o a mi desgracia) y en el auricular del reproductor musical (que estaba en modo aleatorio) que llevaba en el avión comenzó a sonar Lady Gaga – Poker face, por supuesto que la canción duró todo el trayecto que demoró el avión en ubicarse en su estación de parqueo.

Cuando hacía la fila en el departamento de Inmigración, la remodelación del aeropuerto me dejó atónito, un bello e inmenso hall quedó como escenario de espera mientras se cruza para ser atendido por algún oficial de los EEUU, en ese inmenso recinto, a pesar del murmullo que se escuchaba en la fila de miles de latinos y viajeros cansados, sólo una cosa se me pasaba por la mente mientras admiraba los inmensos ventanales: Jurassic Park.

La maldita canción o banda sonora de dicho filme no se podía despegar de mi mente y ver además el inmenso lugar de entrada me hacía sentir en la entrada de dicha isla famosa de los años 90s. Un poco del espíritu americano quizás, un poco de todo.

En algún Mall en particular, mientras almorzaba a las seis de la tarde (después de casi media hora de indecisión) llamó mi atención en medio del descuido dejarme sorprender por un televisor inmenso en medio de la plazoleta de comidas, allí, estaba el maestro, rey de reyes, el grande amado y odiado. Michael Jackson.

Curioso comer algo mientras a todo volumen se escucha Billie jean y todos como de costumbre disfrutan su cena sin prestar atención a algo que para mí como turista es algo fuera de lo común. A eso súmele una hamburguesa doble carne con queso y mucha tocineta. Ese es el espíritu americano.

Acompañando a mi madre en sus diligencias, en varios almacenes y locales comerciales al entrar siempre había algo de música para amenizar la estancia en el recinto. Lo mejor fue escuchar a Lady Gaga o Madonna en almacenes como Guess, Armani, Victorias Secret, Dior. Mucha variedad de artículos para comprar, pero una sola identidad para ofrecer.

Escuchar Bon Jovi en una licorera mientras se pide unos cigarrillos o beber una cerveza con REM son cosas que pueden ocurrir en cualquier momento o lugar, pero por supuesto, pocos damos importancia a esos momentos sencillos, a esas nimiedades de la vida que en nuestra cotidianidad debemos mentar y recalcar con orgullo patrio. Con orgullo latino (plop!)

Lo interesante de los viajes es pues, reconocer aquellos sucesos ambulantes que nos permiten ser parte de un descuido del universo Pop. Nos guste o nos disguste, somos hijos de una generación de inconformes que si bien no somos similares a los cánticos del siglo XIX bien sabemos iniciar identidades con las excusas del siglo XVIII.

Este, es el espíritu americano.

AV

Belleza Americana



Imagen Tomada de: http://abduzeedo.com/20-beautiful-pictures-cats "waiting for my cat prince" by: Paulo Gabriel Porto Alegre - Brazil.

Hay lugares casuales en los que se puede apreciar la belleza de una mujer sin caer en lo obsceno o hacer viraje en lo vulgar. En la jornada de hoy estuvimos recorriendo algunos almacenes y centros de comercio y sin proponerlo, daba en el punto de encuentro de todo tipo de belleza de las honorables herederas de Eva.

Nuestra primera estación de paso fue en el sur-este de Miami, un local comercial exclusivo de artículos deportivos. En la búsqueda de mi regalo de navidad que no fue, entramos al almacén y vaya sorpresa para mi gusto al disfrutar la vista con la admiración por la belleza femenina de todo tipo de mujeres en edad adulta dedicadas a una vida deportiva. Mujeres con sudaderas, con ropa ligera y un cuerpo trabajado con los mejores esfuerzos de las diferentes disciplinas deportivas sería pues un buen lugar para ir a recrear la vista, similar, a la esperanza que se despierta en un Gimnasio.

Terminada nuestra visita, continuamos el recorrido a otro tipo de local comercial, un almacén de artículos del Hogar, especializado en los dispensarios de Cocina, Baños y zonas de decoración (jardinería en su mayoría) que sin saberlo, terminó siendo el almacén ideal para ir a mirar mujeres bellas mayores para un joven de mi edad. Algunas con la evidencia de una cirugía plástica /estética, otras con el paso de los años de manera lenta y cuidadosa, quizás el vestuario o la manera de caminar, diferentes razones pueden ser, pero en todas, siempre latente la posibilidad de disfrutar de una buena “catana” para dejarnos asombrar.

Todas de todo tipo y para diversos gustos: Rubias, peli rojas, castañas, de ojos claros, ojos oscuros, altas, de mediana estatura, con silueta natural pero seductora, con cirugías y atractivas. Algunas mayores de los 40, otras disfrutando de las virtudes de los 30. En todos los casos una belleza ´particular´ buscando artículos para el hogar.

Junto al almacén, quedaba una tienda de mascotas, tienda en la que se vende todo tipo de cosas aptas para el cuidado de esos seres a los que tanto amamos, nuestras mascotas. Para mi deleite, observaba que entraba y salía de dicho almacén un número considerable de féminas en comparación con la cantidad de hombres asistentes. La edad era la variable más dinámica de todas, pudiendo observar bellas señoritas adolescentes hasta interesantes madres de familia, todas preocupadas por el cuidado de su mascota mientras yo, me dejaba preocupar por esas sensibles damas de gran corazón.

Al finalizar el día fuimos a un famoso almacén de artículos para dama, puesto que mi abuela y mi madre querían averiguar algunos cosméticos y dejarse tentar por alguna que otra promoción. No podía creerlo pero sí disfrutarlo, estaba pues, nuevamente en un centro de encuentro de grandes proporciones para la belleza femenina. Jovencitas, jóvenes, damas, señoras, señoritas, otras no tan señoritas, todas asistiendo a comprar sus productos favoritos sin importarles los precios, yo, disfrutando de la variedad de damas, podría afirmar que me sentía en un casting para un comercial de United Colors of Benetton.

Lo grandioso de la belleza femenina es precisamente la naturalidad con que se muestra, en ocasiones un traje sencillo o un movimiento sencillo de cabello, una mirada despistada, una manera inocente de caminar, unos zapatos, un jersey, cualquier situación cotidiana para la vida podemos captarla con la atención de ese segundo de vida y darle grandes dimensiones a una belleza que para otros está opacada.

La mejor belleza siempre afirmamos está en nuestra tierra y como no, siempre diremos que las mujeres de nuestra ciudad son las más bellas. En ese y todos los casos, es la belleza la que se considera universal y no territorial. Ahí el secreto del éxito de último almacén que visitamos, un breve pero claro mensaje de Victorias Secret´s.

La belleza también se lleva por fuera.

AV

Discreta Soledad





Hace dos noches conocí a Miriam, una anciana vecina especial. Físicamente se ve joven y alentada, de ojos claros y con la energía paisa que caracteriza a los de su tierra. De todo el “vecindario” es la única amiga de mi abuela, palabras de ésta. Mi abuela la defiende y le quiere como alguien de su misma sangre, ambas, llenas de edad, de experiencia y virtudes disfrutan mutuamente de su compañía, de esa paciente empresa de querer a alguien que no es de nuestra obligatoria estirpe.

Miriam es my especial, ya lo mencioné. Vive en un apartamento mucho más pequeño que el de mi abuela, así que ya se imaginarán la magnitud del espacio. De un solo ambiente, se descubre una cama en la pared de lado izquierdo, sobre la pared del lado derecho se divisa la cocineta y una pequeña mesa que bordea el espacio de la nevera. En los laterales se encuentra cada puerta de entrada y salida del apartamento, la principal y la que dirige al jardín externo. Las paredes se hallan en exceso de decoración con artesanías y artilugios propios de Colombia. En síntesis, es un escenario lleno de nostalgia, donde la soledad se decora con el pálido de las blancas paredes y el estrecho del recuerdo, de un ambiente que grita soledad, que grita compañía y querer.

Este vecindario es especialmente para personas mayores (ancianos) y muchas de ellas se hallan en total soledad. Algunas han sido abandonadas por sus hijos, otras han perdido o no se tienen referencias de su familia, algunas viven en tranquilidad y disfrutan de la visita de sus hijos, nietos y quizás, hasta bisnietos. Toda la variedad del caso se reúne y en el más simpático sentido de la justicia divina, cada quién vive con la soledad que se merece.

Matrimonios de ancianos que viven en felicidad esperando su último minuto, o de solteros o viudos que no alcanzaron la paz familiar y en la más miserable de la soledad se encuentran esperando la santa compañía de un ángel que los libere o de un demonio que les condene.

Observar a Miriam y reflejar a mis abuelos, me cuestiono en sobredosis de melancolía lo que será ese último arriendo que pagaremos en la vida. Cada quien vive su soledad a su modo, hasta en la más joven de todas las generaciones. Con aquel recuadro, reforcé mi pensamiento sobre el sentimiento que me aprisiona y me incomoda. Esa necesidad de querer salir alguna parte, de negar todo aquello que se vive y de manera hipócrita gritar compañía y resguardo. Pero es en esto que escribimos lo que nos significa recibir un nuevo año o un nuevo día.

Dejar pasar los momentos del calendario en una copa de vino y en los descuidos de la vida, suplicar perdón por aquellos a los que dejamos, los que abandonamos en silencio o a los que no pudimos despedir.

Aprender a valorar lo que no nos pertenece, darle a la vida un abrazo de gratitud y esperar a llegar algún puerto seguro. Dejar a los que queremos el querer que les pertenece, agradecer a la vida uno a uno los labios que hemos besado y los cuerpos que hemos abrazado, las manos que hemos estrechado y los saludos que hemos considerado, dejarnos suspender en un sueño compartido y más precario que la soledad de los últimos días, sea, la compañía del final de cada año, mes y día.

Miriam vive tranquila aun en su soledad y ello es de admirar, feliz de disfrutar de su compañía casual y sus visitas intermitentes. Con la conciencia de los años vividos y la nostalgia de los días pasados sonríe llena de vida con conocimiento de causa que inicia nuevo año y llegan nuevas experiencias. Preparando el ágape y haciendo inventario de las botellas de licor y las porciones de comida para servir, se olvida de la decoración de sus paredes y del frío de su jardín.

Una soledad que se hace Precaria según el recetario de cada quien.

AV

8 de diciembre de 2010

Más allá del Occidente

Imagen Tomada de: Mark Liddell – Cat Soap (R)

Luego de que el avión retomara su curso rumbo al sur, mi pensamiento sumido en un refectorio de improperios y deseos propios de adolescente, quise hacer caso omiso a miles de imágenes que se estancaban en mi mente. Algunas ficticias, otras reales como los recuerdos y la nostalgia, algunas deseosas de hacerse realidad, otras rellenas de pasado y con un aroma a vida que asfixiaría hasta al más honesto de los fieles.

Una semana llena de viejos recuerdos, caminar por una calle y encontrar un momento interesante del pasado, virar por alguna esquina y rememorar un beso, un abrazo, una cerveza. Salir a tomar el Bus y enfrentarse a un desmemoriado número de acontecimientos propios del ayer, mirar a los cerros de Bogotá con la misma nostalgia con que se piensa en la cordillera occidental del Valle, dejarme asombrar por lo invisible de la maldad que recorre a una ciudad que hace mucho dejó de cuidar ciudadanos. Un veneno hermoso y duradero, un veneno hermoso y eterno.

Aquel sábado 17 de octubre de 2004 quedó grabado en mi memoria selectiva como muchos otros acontecimientos, en esa ocasión, sentado sobre las gradas de la entrada oeste del Hotel Tequendama, con un cigarrillo en la mano, una chompa azul en mi espalda y miles de estrellas mudas observándome en el cielo. Mi silencio se quedó congelado por un mármol barato que se esculpía en cada baldosa de tan prestigioso hotel. Me sentía solo, no toleraba cumplir años en un momento tan cautivo y lleno de soledad, esa misma que jamás me importó. Llegué a la conclusión en aquel entonces que esa ya no era mi ciudad, que yo ya no pertenecía a ella ni ella a mí, que nuestra relación Ciudad-habitante había llegado a su fin. Fue un duro golpe al estómago.

El denominado “Mal Capital” en ocasiones se impregna en la piel de los más incautos provincianos de nuestra patria querida, un pequeño deseo por pertenecer a una gran capital y decir abiertamente que es la mejor ciudad del país. Por supuesto que todos han pasado por allí, pocos son los que se quedan pegados como disco rayado. Ese mismo mal se te mete como un veneno delicado, delgado y espeso. Un veneno que te enrola con las noches frías, que te encierra en un armario de relojes y oportunidades, de espejismos y vacaciones invisibles.

Encontrarme con viejos amigos me sirvió de receta para calmar mi dolor de nostálgica penumbra, de una suicida vocación de poeta que llevaría a lo más absurdo de mi prestigio a recorrer los pasos en un callejón sin importancia. Encontrarme con viejos amigos también me sacudió la cabeza por un instante permitiéndome pensar en voz alta y con claridad en los sentidos. Algunas decisiones han sido modificadas, otras han sido respaldadas por el frío de la gran ciudad, unas pocas por el peso de la nostalgia y otras por el deseo de querer existir.

Hoy cerca de 6 años después de ese incidente resuelvo con franca osadía una mirada al cielo despejado de mi Bogotá y abriendo los brazos en el más tímido de los discursos, me reprendo en un hermoso discurso de renovación. Hoy, con gripe y mucha flema por donar a los más necesitados me relevo en un plan de calor y reflexión, pero siempre asumiendo que a este lado de la cordillera, en este occidente perímetro, se vive según las exigencias, y de allí el secreto por pretender renovar o procrastinar mitos resguardados, el deseo de escribir o seguir leyendo, el deseo de permitir que otros regresen o se vayan de nuestras vidas.

Permitir que mi Occidente sea el oriente de otros.

AV

30 de noviembre de 2010

El Gato en el Espejo (Gato Negro)




Imagen Tomada de: Cat In The Mirror - ©2009-2010 ~ABcreatorOfGrotesque

A veces, cuando me siento a escribir es porque tengo algo en la garganta a punto de salir, es porque tengo una idea merodeando en mi mente sin detenerse, es porque mi corazón quiere estallar en llanto, sea de dicha o de tristeza. Es cuando el aliento me reforma en constantes suspiros y me sumerge en un juego de adivinanzas y aforismo.

Una buena canción suele acompañar este tipo de relatos, más reflexivos que literarios, este tipo de entradas en las que una buena dosis de sinceridad se ve opacada por una alta dosis de metáforas, por un símil de posibilidades regadas por toda la conciencia.

No estoy en una buena temporada, lastimosamente la vida da unos giros imperdonables, cambia de estación el reloj y mi conciencia se ve afectada con todas las proporciones del caso en un ruedo de melancolía y actos depresivos. Letras muertas que se dejan nacer aun sin ser discutidas con el comité de censura y reformas. Quisiera ser un poco más estable, un detalle de sensatez que me permita beber con calma del amargo vino barato, que me deje reflexionar de manera positiva y no como un acto impositivo de rivalidad conmigo mismo.

Ella me lo recuerda en todo momento, el secreto está en saber perdonar, en querer renacer y en un cuerpo nuevo exorcizar todos esos odios y esas culpas que me trinan día a día. No logro ubicarme, algo ha salido del carriel, algo me tiene flotando en andamios de infelicidad.

Necesito un buen motivo para detenerme en el camino haciendo un alto productivo. Necesito una idea feliz que me retorna ese estado natural de dicha y buena vida. Necesito volver a sonreír, encontrarme, volver a lo básico, seguir en la perseverancia y retomar el liderazgo perdido con los años, necesito re-fortalecer mis andanzas, necesito muchas cosas, pero al igual que hace cinco años, mi vida se envuelve en un torbellino de temores, de una cobardía absoluta propia de mendigos, me encierro en una jaula inmensa en proporciones, pero pequeña de soluciones, me dejo cegar con la luz del sol por miedo de salir de la caverna.

Extraño intensamente muchas cosas, otras me asustan, estoy en ese lado en el que la sinceridad es más molesta que los consejos de un buen adulador.

Lo confieso, me he llenado de odio, me es imposible perdonar. Tengo una cicatriz que con el transcurso de los días se humedece con sangre fresca, un ardor insoportable que me envenena la conciencia y me mata neuronas por doquier. Aun no sé si el odio es el propio ejercicio eclesiástico de la autoflagelación, de la culpa que no perdona, o, si es propio de esas acciones que me han afrentado algunos sujetos que sin importarles los medios, me han herido para cumplir sus fines.

Sí, he perdido la fe, la esperanza de creer en que todos pueden ser buenos, en que nadie hace daño a los amigos, en que la hipocresía sólo es propia de políticos y empresarios. Pero lo he vivido en carne magra, no puedo dejar rodar esos recuerdos, esa memoria tan cotidiana que me da condenas en tazas de café. Sí, lo odio, a él y otros más, pero no puedo devolver el tiempo, no puedo retener los recuerdos. No puedo dejar de darle importancia a aquello que ha sido dominado por el tiempo.

No sé si sea catarsis u otra dignidad propia de poetas y sofistas, pero debo decirlo, debo escribirlo, tan negro como la noche, tan lejano como el viento, tan tenebroso como la dignidad de un ciervo herido.

Puedo permitirme mentir un poco, puedo permitirme ser cruel, puedo permitirme engañara y dejarme engañar, puedo permitirme muchas cosas, pero nadie me quitará lo que puedo escribir, en cambio, yo puedo deletrear lo que puedas leer.

Puedo mirarme al espejo y seguir haciendo preguntas, puedo caminar y revisar estantes en calles mundanas, puedo retomar los sueños, puedo ser un estúpido, puedo ser lo que soy.

Puedo encontrarme al otro lado del espejo, puedo dejar mi garganta estallar, puedo dejarme cegar, puedo amar, puedo odiar, puedo escribir sin ser ni dejar de ser.

Puedo ser a veces un Gato Negro.

AV

26 de noviembre de 2010

Carvajal



Lo conocí por descuido del universo, sentados en un muro cualquiera de una universidad, cabello largo y revoluciones por doquier. Muchos sueños en cada mano, formularios firmados y entrevistas concedidas. Con una hoja de color amarillo se firmaba el ingreso a aquel claustro de educación superior, a un nuevo horario de cotidianidades y murmullos. Sus sueños de cine se evidenciaban en un ejercicio melodramático, un castigo propio para justificar las ficciones de la televisión en los desaires de la realidad.

Inquieto como él solo, lleno de vitalidad, de errores, de aprendizajes, lleno de mundo y de universos paralelos. Radiohead simbolizaba mejor que nada su amor por lo propio, y sus gafas de marco ancho no dejarían para la casualidad una cicatriz que le modificaría su modus operandi. De camiseta blanca con estampados artesanales y pantalones anchos, cadena en sus bolsillos y muchas ganas de enamorarse. Fuimos un grupo selecto de amigos, de transeúntes pasajeros en una universidad estacionaria.

Con el paso de los meses, de los años, de esos momentos invisibles fuimos forjando como el ámbar, una relación de afecto sorprendente. Siempre la distancia nos mantuvo unidos, a pesar de vivir en un mismo municipio, siempre las distancias se evidenciaban en metas. Quizás mi autoritarismo y esa testaruda manera de relacionarme con el otro no impedía que fuese comprendidas mis intenciones, él por supuesto, con su terquedad al mejor de los niveles, sabía perfectamente a donde se dirigían mis aseveraciones.

Cumplimos sueños pasajeros, esas esperanzas cortas de fuerza pero que daban importancia a nuestra manera de concebir al mundo. Nos confiamos esos secretos de cuanto amor conquistábamos. Él enamorado de las mujeres alternas, de tatuajes, piercing, cabello negro y tez blanca como la lana virgen. Yo, feliz recordando un pasado que ya no estaba, con mi cabeza en otra ciudad, recordando a un flaca que me había dejado entusiasmado, reviviendo noches de fiesta en un aparta-estudio lejos de mi nuevo hogar. De cierto modo la nostalgia nos unió. Él pensando en sus amores pasados, yo intentando revivir amores pasajeros.

El arte no podía ser excusa, y liderando enfermedades sociales logramos gestar una revolución, pequeña, pero revolucionaria. Siempre mi mejor confidente, pero tal era la distancia de nuestras heridas pasadas, que eran precisamente las cicatrices las que nos recordaban el por qué decidimos ser amigos. Compartíamos la nostalgia de una Bogotá distante, nos entendíamos perfectamente en las noches de vino y cigarros. Recuerdo bien nuestras cajas de vino en las escaleras de un centro comercial del centro de la ciudad, recuerdo bien nuestros primeros diseños, unos afiches de bajo presupuesto pero que daban la motivación necesaria para materializar parte de nuestra revolución: Nos habíamos inventado un Festival de Arte que con el paso de los años, sería visto como el mejor proyecto de una ciudad desesperada por el arte.

El amor cobra caro los errores, quizás porque de falsos amores hemos sido testigos, víctimas quizás, pero soportando los caminos que decidimos tomar, alejamos nuestras reuniones a un cordial saludo por correo, por chat o simplemente por teléfono. Olvidamos en ocasiones nuestros rostros, el brillo de nuestras miradas, pretendiendo no ser los mejores amigos nos dejamos engañar por el mismo hombre. Un personaje que de nada debe a la vida, pero que con sus infantiles reservas, logró rompernos, en diferentes escenarios, el lazo de la confianza. Un mal que llegó por buen camino, porque nos unió de nuevo. Él dejó de ser amigo de aquel infeliz, a mí, ese infeliz me robó la esperanza, pero me devolvió a un viejo amigo que se había refugiado en su talento.

Muchos son los recuerdos, pero también hemos escrito promesas, retos, desafíos que queremos superar para encontrarnos, sea ya en Buenos Aires, en Barcelona, en cualquier café del mundo que nos permita fumarnos un cigarrillo y compartir una botella de brandy, o una vieja caja de vino.

Lo quiero y lo extraño. Pero lo apoyo y lo sigo. Quizás mi liderazgo universitario sirvió de base para despertar en él ese líder que nuestra revolución estudiantil demandaba. Yo me embriagué con el poder y la gestión administrativa. Él se embriagó con el arte y la gestión cultural. Juntos, sinónimo de búsqueda, gestamos pues muchos hijos, algunos de carne y hueso, otros de papel.

Si hay algún hombre que me ha enseñado con su experiencia a comprender el amor y saber lo que significa reamente amar, ha sido él. Sus lecciones no tienen editorial registrada. Pero bien me ha evidenciado la manera como se debe dar la vida por un hijo, o correr detrás de una mujer, o respetar a unos padres y amar incondicionalmente al más ingrato de los familiares, o por supuesto, conservar el mismo brillo por un amigo, tal como ocurrió aquella vez primera en un muro, de una universidad.

Hoy no se trata de Radiohead, ni revoluciones estudiantiles. Quizás ahora nuestras charlas tienen de fondo un Blues, un Jazz, o simplemente unas baladas románticas de los años sesenta. Nuestra revolución ahora es personal, y cada uno libra su propia batalla, siempre con la promesa de unirnos nuevamente en un futuro construido para dar muestra de lo que realmente es el poder de la amistad.

A Él, una botella de Gato Negro por favor. Para mí, una botella de Brandy si es tan amable.

AV

24 de noviembre de 2010

Absurda



Imagen Tomada Por Absurda en el año 2008. Los Derechos pertenecen a ella.

Ella es una mujer muy particular. Le escribo todas las noches, siempre, que la oportunidad se presenta conversamos sobre esas banalidades propias de una trivia de impacientes y despreocupados. Mucho el tiempo que ha transcurrido desde nuestra primera conversación. Era una chiquilla de 19 octubres calendario. Su simpatía es algo que se asemeja a la sensatez de un idiota dispuesto a dejarse convencer, una simpatía pura, llena de inocencia, una ingenuidad encarnada en nostalgia, embebecida por la nostalgia y un río pasajero.

Una muda realidad se ha sabido espesar en su sombra, una normalidad que le ha acompañado desde el vitral de un universo paralelo que corre en sus palabras, un chiquilla que si bien cuenta ahora con veintitantos años no ha dejado de cuestionar al universo, de dar el paso a seguir en las incomprendidas palabras de una realidad que no da tregua. De un esfuerzo que se vuelve conjunto en su lente, de una maravilla de letras que se apoderan de su premura, un afán propio de la prudencia y la condescendencia, una manera de triunfar ante el espejo de los cristales de su mirada.

Noche a noche hemos logrado conversar aun sin pretender profundizar en ello, pasos que marcamos de manera virtual, una compañera que se desafía constantemente, que me desafía a su manera y yo la acompaño a la mía. Una cómplice de dudas y externalidades, de conversaciones he mencionado constantemente. Nos inventamos personajes, le damos rigor a la felicidad de aquello no queremos espetar, nos endeudamos en sonrisas que dan al absurdo, un sentido de comprensión, y es que ella, siendo Absurda como se define, no deja tregua a las hadas, se sumerge en su pequeño recinto y junto a melina, su perra de confianza, entona canciones sentada en el teclado. Se deja soñar en oficinas grandes con jefes malhumorados, con recorrer al mundo y darle al arte una nueva identidad, dejarse seducir por sus propias preguntas, dejarse desafiar por el filo de un río que no la deja de observar.

Noche a noche he encontrado en su presencia una grata compañía. Desde el Messenger hasta el Twitter, de las curiosidades del Facebook hasta los inalcanzables límites de la imaginación. Una amiga que ha llegado con buenas intenciones, tímida y frágil, delicada, pequeña, inteligente, Profesional.

Quise hacer de su talento una galería de arte, pero las oportunidades se esfumaron más su talento sigue vigente como una botella de vino en altamar, esperando a ser recogida y lanzada más lejos. Llegar a puerto nuevo, recorrer cielos distintos. Subir a un avión y pintar al cielo del color anaranjado que quiera mezclar.

Hemos encontrado en ELMO un compañero de burlas, un pequeño personaje de conversaciones, pero también, en la seriedad de un buen consejo hemos abastecido la rutina de canciones y videos particulares, covers, fotografías y Blog´s de diversa índole, todos, con el propósito de someter a discusión nuestro sentido de la realidad.

La prefiero como es, pero la quiero en especial afecto, una pequeña gigante.

Queremos la felicidad del mundo para los niños, desciframos misterios de la cotidianidad en tres puntos suspensivos, le dejamos renglones completos a la filosofía barata, a la psicología de lo absurdo, quizás, porque es el mejor remedio para evadir las frías noches de cada semana, esas madrugadas donde los noctámbulos, huyendo del insomnio se leen con frecuencia.

La Imagen de esta entrada es de su autoría, una fotografía de Gepu. Una gata que se convirtió en la mascota del grupo de psicología al que asistía, de allí su nombre. Hoy en día Absurda siguió con sus multiples obligaciones, encontró un trabajo y dedicó su tiempo a su estudio, en ese instante, en pleno año 2008, Gepu continuó con su felina vida habitando un edificio de univalle, tal y como lo afirmó.

Ahora, con el 2011 asomándose a las huestes de diciembre dejamos a las criaturas del universo continuar con su misterioso modo de hacernos comprender que la vida, llena de fantasía, de rutinas ficticias y conversaciones noctámbulas debe continuar. La prefiero así, artista.

Muchos amigos han llegado a la cotidianidad con un nuevo sesgo de vida, muchos llegan para quedarse y enseñarnos muchas cosas, otros llegan para irse con lo mejor de nosotros. Por supuesto no es el caso de ella. Ella ha llegado para quedarse quién sabe hasta cuándo.

Gracias por su amistad, por su Absurda compañía.

AV

23 de noviembre de 2010

Noticias de lo Cotidiano




Imagen Tomada de: http://martineroch.net/ - gone-fishing

Muchas veces cuando las cosas no nos importan las dejamos como si fuese un recipiente en el lavaplatos. Cosas indeseadas, ignoradas, a la espera de un poco de limpieza y buen trato. Lo mismo ocurre con los recuerdos. Si usted es lector frecuente de este Noticiero bien sabrá de primera mano que la principal musa de este Blog es precisamente la musa del recuerdo, pero también sabrá con profundo conocimiento de causa, que esa misma musa es la que encarcela, bloquea, encierra, reprime y mata.

La diferencia entre una musa que inspira, y un sentimiento que atormenta está en las palabras. La musa del recuerdo bien me ha llevado a tierras llenas de vida y que han necesitado de muchos kilómetros para ser revividas. Pero aquella que reprime es la que con frecuencia nos recuerda de lo que estamos hechos. Sucede pues que la Nostalgia y la Melancolía se sucumben en un coctel de grandes recuerdos y muchas imágenes desechadas.

No olvidará por supuesto que la música es un elemento importante, así como el agua, indescifrables iconos de nuestra literatura. Música que inspira, que nos permite viajar y reconocernos, que tomándonos de la mano nos enseña a perdonar, nos enamora, nos guía por un camino de amigos que se han estancado en un enorme mural. El agua, como símbolo de eternidad y renacimiento se hace sentir, se llueve, se riega, se impregna en la piel a modo de sudor, en lágrimas, en saliva, en palabras sacadas de lo más visceral de las entrañas. Un blog visceral, escrito por un ciudadano cualquiera, por un inconforme que todavía cree que el mundo puede ser mejor, por un fulano que cree en la gente, que sueña despierto, que se deja castigar por la nostalgia, que se deja humedecer por la vida, que se deja escuchar en canciones repetitivas.

Sentirá usted en ocasiones empatía, pues bien sabemos que los caminos de la vida se atraviesan con éxito cuando donamos sangre a la empatía, cuando el pellejo se calienta con el calor de un fuego ajeno, cuando las palabras que se leen las sentimos tan propia como el silencio de una noche de navidad. El clima, factor fundamental para adornar cada historia, partes del cuerpo que se atienden con premura, que se les da la importancia que una corazonada demanda. Letras que se dejan morir en la cotidianidad, que se guardan para ser escritas en la noche.

Cuando las cosas nos importan intentamos compartirlas, las deseamos, las evocamos en un jubilo propio de una nostalgia futura, las enseñamos a los que consideramos deben conocerlas, las aprehendemos en almacenes de la memoria, las vestimos de seda y con un coctel de versos y metáforas, las embestimos en una página web.

Muchos recuerdos me llevan a viajar al pasado, a rememorar sucesos propios de mi vida, otros me aterrizan en puertos ajenos, en el corazón amigable de ustedes los que creen en lo que leen, aquellos que se dejan enredar en un hilo interminable, los escépticos no pueden faltar y sus críticas no se hacen esperar, pero nunca sus comentarios son visibles. Quiero repetir mil veces todo, canciones, estados de ánimo, variaciones del clima, calles puntuales, viajes especiales, amigos inigualables, despedidas memorables, encuentros sorprendentes, escritos vulgares.

Ya son varios los años que llevo escribiendo por este medio cuanto suceso se me recrea en la ficción de la cotidianidad. Una realidad con cierto porcentaje de ficción, ficciones con algún grado de verdad, palabras entre líneas que van dirigidas a sujetos en particular, oraciones e inclusive plegarias para pedir perdón, expresar odio, sugerir encuentros, revelar secretos, detener especulaciones, redactar motivaciones.

No basta con engañar a quien lee, ni con sugerir verdades, simplemente con respetar lo que se escribe, dejar que sea lo visceral lo que oriente la interpretación de la razón, dejar la portada a u gato de confianza, a un imaginario de la cotidianidad.

Dejar a los silencios suspirar, dejar a los lectores reflexionar.

AV

20 de noviembre de 2010

Job



Imagen Tomada de: Lonely Cat Toy © By: Sober Chick / Flickr 2007.

Es interesante entender cómo el único lugar donde te sientes más seguro es precisamente aquel lugar donde la soledad es tu único escenario, ese espacio de incomodidad donde tus pensamientos no son evidencia de sueños pasajeros, ese oscuro túnel donde los esfuerzos son simplemente excusas, ese mundo lleno de inquietudes y preguntas, aquel lugar donde sólo buscas estar tranquilo de toda evidencia del mundo conocido.

Regresamos en constantes lamentos al pasado que nos forja el carácter, a esas miles de ocasiones en las que una oración o quizás una súplica es el embudo de la veintena de agresiones que queremos expulsarle al dolor. No es que sean momentos de tristeza o dolor, tampoco es para entender esto como una manera de huir, pueda que sea la mitad de valedero, pero lo realmente importante es ese acto natural de querer volver a nuestro estado de naturaleza, a temerle a todos y no hacer caso a ese contrato social. Refugiarnos en ese miedo a ser agredidos y por medio de la violencia estar preparados a lo peor.

Cometemos en ocasiones actos de cobardía, nos refugiamos en tierras extranjeras, en seudónimos, en sueños, en excusas, retrasamos nuestras labores con el afán de no querer explicar nada. Siempre un no se por respuesta es el reloj de arena que nos avista de una soga templada que nos espera, es un nudo en el estómago que nos da miedo desenredar. Brillamos con luz propia, pero tememos a esa luz cuando nos reflejamos en el espejo, esperamos y esperamos, escribimos, cantamos, dormimos, caminamos, comemos, lloramos. Queremos ser, queremos gritar, queremos ocultarnos en los zapatos de otra vida, queremos equivocarnos para tener un motivo de culpa.

La soledad es un asunto complejo y entiendo a la perfección ese sentimiento tan universal como el amor. No es que busquemos redención ni se trata de ser otros, pero todos sabemos muy bien que es un acto de fe. He visto en muchas miradas esa soledad que se considera compartida, nos sentamos a conversar en la misma mesa y bebiendo del mismo café, pero cada quien se pierde en su universo, se cuestiona en su talento y no da pasos para revelarnos aquello que ocurre.

Me duele observar a mis seres queridos cuestionarse con la constancia de una tormenta, nos preguntamos si hemos obrado mal, si hemos dado la espalda en una descuidad maroma, o si nos hemos equivocado desde el principio. Vivimos el día a día y es ese paso de los días lo que da a la espera esa desesperante manera de vivir el fin de semana. Buscamos en el sueño esa barca que nos lleve lejos, que nos oculte del despertar de una desconfianza impropia.

En muchas ocasiones los problemas son señales, no para nosotros, para ellos. Son señales de que algo ocurre y no queremos enfrentarlo o convidarlo, por el contrario evitamos escuchar ese lamento que cual ala de ángel, vemos con temor, ese lamento que el alma reniega en la mirada de nuestros seres queridos, aquellos a los que hemos recibido en nuestro corazón, a esa familia que hemos tenido la oportunidad de construir a pesar de tener diferentes lazos consanguinidad.

Mi soledad es tu soledad, pero cada soledad compartida es un devenir de paradojas imposibles de ubicar, un factor en común imposible de coincidir. Nuestros actos se reservan en fiestas y alegrías, pero no aceptamos el propósito de la vida como algo conjunto, quizás es en ello que los suicidas hallan su soga, porque a diferencia del suicidio, el infierno de vivir en vida con la culpa de otros es lo que azota la capa de todos los mortales.

Si todos intentáramos ser los ángeles de otros, quizás el concepto del infierno fuera más unificado, quizás las escaleras al cielo no fueran inclinadas o por lo menos distantes.

Quiero darle un poco de redención a este mundo y sentir en él, el peso de los que se han ido.

AV