20 de abril de 2025

QUIERO

 



Imagen tomada de: https://streetartutopia.com/2021/03/22/street-cat-art-by-swiftmantis-in-papaioea-new-zealand/

Street (cat) Art by SWIFTMANTIS in Papaioea, New Zealand (March 22, 2021)


Después de un largo viaje siempre llega la reflexión en el bolsillo del pantalón, allí se reúne como una asamblea de ideas, la mejor de las intenciones por lograr tejer palabras que sirvan de inspiración o quizás, de llamado de atención, todo como un conjunto de personalidades que quieren dialogar.

Se abre oficialmente la temporada internacional de esta breve estancia en el día a día, una temporada que con altas expectativas me reprende con la intención única de ser una mejor versión de aquel yo que se peina con afecto frente al espejo.

Una temporada que me lleva a recordar los lugares a los que hace mucho tiempo no volvemos, como la casa de los abuelos, el parque de los helados o quizás, alguna avenida que caminamos tomados de la mano con aquellos que ya su ausencia nos grita en la memoria.

Una necesidad de poder sentarme, mirando al cielo sin importar la hora, busco a quienes me olvidaron, la palabra justa para darles las gracias por sus honores y cómo no, sus afectos.

Regalar en el tiempo vacío, un beso por cada herida que insiste en aparecer, cruzar las piernas y en una fotografía estampar el colorido diseño de unas medias que me anclan al niño que quiere crecer, al paisaje que de fondo brinda contexto a una taza de café, a una copa de vino o simplemente a un grupo de caminantes soñadores.

Recordar en el silencio lo que prometimos al niño interior, a ese joven entusiasta que busca ser escritor, a ese adolescente rebelde que quiere fortalecer los espacios culturales, al profesor que quiere enseñar lo que se hace presente en el mundo real, al esposo que amó cada día, que tomado de la mano su enamorada soñaba con un universo de grandes cosas que ahora, como todo en la vida, son aprendizajes, olvidos que nos hacen orar.

Caminar, porque eso hago con frecuencia cuando el nido de pensamientos quiere poblar a cada insensata palabra que se me escapa.

Escuchar mi canción favorita, pero qué cantidad de canciones las que he sembrado en vida, desde las fábulas de Milanés y Rodríguez, hasta las plegarias anglosajonas del rock.

Sin necesidad de sentirme desarraigado, dedicado mi día a día a la contemplación de lo cotidiano, descubriendo en cada ocaso, el atardecer justo que el tráfico suele interrumpir, besar en la lluvia el sonido coqueto de una espera, en el inclemente llanto de una cafetera o la sabia sonrisa de dos cubos de hielo en un vaso de whisky, en cada caso, darle a la normalidad de las acciones un protagonista permanente: mi mirada del todo.

No ser de un lugar específico, porque como bien mentaba, se abre la temporada internacional de este año retador.

Le prometí al soñador pos-pandémico, que celebraría mi cumpleaños siguiendo las estrellas en las cuatro estaciones, el otoño permanente de cada octubre. Desde Santiago, Salta y Río de Janeiro, hasta las paradisiacas playas del caribe o golfo mexicano. Una receta de ideas que deben siempre, caer en una taza de café, en una promesa convertida en proyecto.

Querer que las cosas sucedan, intentar siempre que lo que no es posible sea una propuesta y no una querella.

No puedo olvidarme de todo lo vivido sin pretenderme ser quien no soy, no puedo reflejarme en el agua de un río o en la ola de una marea insensata, me debo pues, a lo cotidiano del aire que acompaña a cada corriente de agua.

Me debo a mi madre, y en ella, a cada esfuerzo que el tiempo ha dado.

Quiero, porque puedo.

AV

14 de abril de 2025

Tiempo de Fe (Recordar)

 


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Siempre los momentos de compañía en familia son suficientes para re descubrirnos en el paso de los días, de sabernos siempre que estamos unos junto a otros, de esas anécdotas que la prisa nos entrega vamos creando nuevas historias, algunas más alegres que otras.

Nos reconocemos en cada acto, del nombre familiar a la memoria de los desprevenidos. Dedicarnos a firmar nuevos relatos mientras sopesamos las palabras advertidas de un tiempo que ya no nos pertenece.

Quienes viajan entre el ayer y el hoy, meneando su conciencia en un péndulo que dibuja el beso del primer amor junto a la despedida de aquella noche de lluvia, son preciso, quienes han visto la vida pasar en todos sus colores y facetas, son pues, aquellos seres que se han entregado en varios nombres y meses hasta terminar en el presente, en un letargo de incomodidad.

No saber, no entender, no estar en mente a pesar de presenciarlo todo con el cuerpo, de ser parte de un lugar con el poder de incomodar y asustar, de proceder del tiempo donde el respeto emanaba palabras y la autoridad preparaba la cena.

Quienes en la fe del día a día agradecen no poder entender nada, con la necesidad misma de sentirse comprendidos, quienes al tiempo han proclamado luchas internas esperando al amanecer poderlas resolver con un saludo cordial.

A estos amables ciudadanos es a quienes el sol ilumina con la misma necedad que a los que aun no han aprendido a hablar.

Es necesario, para nosotros, para todos, poder reinventar un mundo mejor, porque sabemos que a quienes viven olvidando cada minuto, nos van a olvidar también, y en ese doloroso momento un acto de fe nos une en reconciliación.

Siempre los momentos de compañía en familia son suficientes para re crear nuevas historias.

Algunas más alegres que otras.

AV.

9 de abril de 2025

Insomnio

 


Imagen tomada de: https://co.pinterest.com/sasseptember/ivan-glock/


Afuera la noche, adentro el cansancio. Dormía en su cama con el afán de recuperar las fuerzas de una jornada laboral, abrazaba la almohada y emanaba un calor corporal propio de un buen ciudadano, afuera, el frío de la noche viajaba entre corrientes de aire, algunas gotas de agua rebotaban en la ventana.

Escuchó el llanto del bebé, otra vez. Despertó con la incomodidad de quien debe atender a quien no está.

Se dio vuelta sobre la propia cama queriendo ignorar a quien lloraba, quizás de hambre, porque para un bebé es perentorio alimentarse sin importar la noche o el día. El llanto era tenue, quizás conciliador, por momentos emanaba potencia y se escuchaba en todo el recinto.

Afuera en dónde la noche abriga a los olvidados, seguía lloviendo, con fuerza, con rabia, con la potencia misma de quienes escapan. Adentro, sobre la calma de una residencia genérica, el llanto del bebé despertaba a nuestro buen ciudadano.

Sintiendo la incomodidad de siempre, se levantó de la cama y caminó por la habitación, buscando, observando, intentando entender. Salió a la habitación contigua, encendió la luz y tomó por sorpresa la soledad de quien lo ha perdido todo.

Siguió su curso hasta la cocina, calentó un poco de leche y con algo de miel la endulzó, una galleta de soda, un poco de dulce de mora sobre la galleta.

Se sentó por un instante mientras preparaba la bebida de leche, el llanto del bebé había cesado, una oportunidad ligera para volver a dormir. El sonido del horno microondas daba la señal de que el envase de leche estaba caliente y listo para su consumo, en la temperatura recomendada.

Regresó a la habitación y sentado en el borde de la cama, tomó con calma cada sorbo de la bebida, comió las galletas y elevó dos oraciones a sus santos de devoción, el llanto del bebé reiniciaba.

Desde ya tres noches consecutivas, el llanto se hacía presente siempre sobre las dos con treinta minutos de la mañana, interrumpiendo el descanso de aquel buen ciudadano que anhela madrugar en paz para ir a trabajar.

Cada noche, aquel llanto desesperaba a quien le escuchara, el buen ciudadano, sin entender el origen del mismo, insistía en buscar en las habitaciones de su residencia, a sabiendas pues, que no había vecinos en su entorno. No lograba comprender por qué le aquejaba un neonato a altas horas de la mañana, ni mucho menos, de dónde provenía.

Terminó de beber el vaso de leche como método para combatir el insomnio, volvió a la cama y en un intento por dormir escuchó una ligera sonrisa, de bebé por supuesto, que le susurraba desde debajo de la cama, un rasguño leve y un poco de compañía.

Abrió los ojos, esperando no encontrar nada.

AV

8 de abril de 2025

Tareas (la mañana puede esperar)

 


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Con la ferviente lluvia de los tiempos de abril me acomodo en el caprichoso momento de querer madrugar a trabajar. Madrugué porque debía de atender una importante reunión, de esas que se convierten en compromisos de mediana complejidad.

Me serví un café y con el sabor dulce del deber cumplido procedí a preparar el material de resto de labores, todo como debe de ser en el menester desempeño de un joven de cuarenta y un octubres de vigencia. 

Con el ferviente calor de los años me dejo atrapar por la maraña de pensamientos que adornan mi tiempo, esas ocurrencias que una a una se van decantando en forma de tarea, informe, correo o explicación, todo junto como un trueque de formalismos y espejismos de la vida adulta.

Quizás incluso, en el devenir de los buenos tiempos, una balada acompaña en el parlante de una oficina a quien con juicio busca dar la mejor versión sí mismo, por demás la mañana puede esperar, aunque la lluvia no se detenga del otro lado de la ventana.

Siempre tenemos una intención y un buen mensaje que compartir a quien en la distancia extrañamos, damos plegarias por su bienestar. Intenciones que repetimos siempre, porque no es otro el propósito que esperar lo mejor de los demás.

Sentado sobre un escritorio atendiendo los pormenores de cada asunto, un silencio abordó con prematura frialdad la mente de este, su buen amigo y escritor. El vacío de las ideas, el frío de un insensato momento que abraza la espalda, la mirada que se cruza con la pared de enfrente para hacer simbiosis de lo innecesario.

Un vacío tan grande que en la quietud de una nube caprichosa, se ha perdido cualquier idea o tarea que se estaba ejecutando. Un inesperado estado catatónico que resumido en pánico nos ha engendrado el miedo mismo, al mañana pendiente.

Ahora que se retoma actividad cotidiana pero con algo de cautela, queda en el escritorio la frase extinta: Hay que dejarse atrapar por la maraña de pensamientos que adornan al tiempo libre.

Aun cuando sea tiempo perdido.

AV

1 de abril de 2025

EL OPTIMISTA

 




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Tenía la cabeza llena de artimañas y seres rastreros de muchos colores y texturas, la órbita de sus ojos vitoreaba palabras, como un calamar atrapado en una red de pesca. Se sentía incómodo, golpeaba el brazo del sillón con premura, su mente viajaba a una velocidad que hace años luz no hacía, era una especie de renacer mental o incluso, de un posible malestar existencial.

Se levantó con toda seguridad y tomó el teléfono, ubicado a una distancia sin importancia se desplazó como una sombra en la arena. Levanto el auricular y marcó sobre el disco, un número de siete dígitos, necesitaba conversar con alguien antes de que su mente estallara en una sinfonía de dudas.

-     ¿Alo? –

-     Si, aló. Buenos días. -

-     Buenos días, comuníqueme por favor con Melquisedeck. –

-  Se ha comunicado usted con Melquisedeck. –

-    Hola Melquisedeck, está usted en comunicación telefónica con Alirio. –

-   Hola Alirio, he notado en su voz un tono amistoso y familiar, sospeché que se trataba de usted. –

-   Mi amigo Melquisedeck, permítame si su tiempo es favorable, extenderle un espacio de diálogo, presencial por supuesto, y que sea con una bebida fría, me es perentorio hablarle, así como usted, escucharme. –

-    Alirio, mi tiempo es valioso y escaso, así que no veo problema en podernos saludar y beber alguna cortesía de su parte. –

-  Gracias Melquisedeck, nos vemos si está de acuerdo, a las en punto, sobre la salida del sol. – 

-      Si Alirio, estoy de acuerdo, Entonces nos vemos allá, a las en punto, sobre la salida del sol. Sugiero, además, llevar abrigo, Doña Clementina nos ha informado al grupo de mensajería de la comunidad, que por hoy habrá clima templado. –

-     Gracias Melquisedeck, procuraré llevar abrigo. –

-  Antes de finalizar estimado Alirio permítame elevarle consulta: ¿Sobre qué temática en específico me convoca con tal premura y ansiosa cordialidad? –

-   Oh excúseme Melquisedeck, ha sido una total afrenta de mi parte convocarle a una cita sin darle primero los puntos de atención. –

-  No se preocupe Alirio, lo noto en desacostumbrada preocupación, es usual fallar en esas nimiedades. – 

-  Gracias Melquisedeck por entenderme, ahora para dar respuesta a su consulta, debo de señalar que ha ocurrido algo extraordinario, por ello mi interés en convocarle. –

-    Claro cómo no. ¿De que asunto va esto? –

-    He visto a un ser humano, Melquisedeck. –

-     ¿Un ser humano? –

-       Un ser humano. –

-     ¿En dónde has visto a un ser humano? –

-     Allá, al fondo de la posada, cerca de la residencia de Emilia y su hermana, Apolonia. –

-     ¿Están ellas enteradas de tu avistamiento? –

-   No Melquisedeck, he guardado silencio, pero me es imposible olvidar la desagradable apariencia de sus extremidades, ver esas falanges en cada miembro me hace sentir vértigo, incluso, devolver intenciones. –

-   No es para menos amigo Alirio. ¿Prefieres exponerme el caso en detalle allá a las en punto, sobre la salida del sol? –

-     Prefiero, Melquisedeck. –

Colgó el auricular y mirando un punto fijo en la pared, entró nuevamente en reflexión, su mente tomaba vuelo nuevamente, ahora su afán era llegar a las en punto, pues su deseo de hablar con alguien había sido cumplido.

Se puso un sombrero de ala ancha y cerrando la puerta de su elevador, se retiro para encontrarse con su cordial amigo, sobre la salida del sol.

AV

28 de marzo de 2025

Una ingrata reflexión de viernes (Marzo)



 

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Es viernes, llueve con el consuelo de que la jornada para muchos ha llegado su final, como una cortina de agua que nos permite sentarnos a pensar sobre los logros y pendientes que quedaron sobre la taza vacía de café.

Algunos, descuidados o con afán, salieron de sus recintos dejando aquella taza sin lavar, una ligera marca oscura con formas abstractas en su fondo, una señal de esperanza, de ser recordada por su vacío.

Un vacío que alguna vez fue bebida, una taza que en su momento fue motor de productividad, un momento que se convirtió en salario, en escape, en el anhelo de llegar a casa bajo una cortina de agua que abraza a la ciudad.

El ánimo de un día que da premisa a un fin de semana de cierre de mes, un mes que en letras de varios poetas y transeúntes se ha hecho eterno, cumpliendo quizás la abandonada tarea de enero. Esa infame gira de noventa días en cuatro semanas.

Un marzo que como castigo divino fue bañado en agua de manera permanente hasta robarle la energía a aquellos hogares alejados de la realidad. Hasta robarnos besos donde no había palabras justas.

Hogares que con afán han escapado de la prudencia y se han envuelto en maromas varias para completar el sustento de una factura que no da espera. Un afán por demás, poético, diría Estanislao.

¿Habrá prisa más inexacta de aquel que busca en el tiempo una promesa de un mundo mejor? ¿No es pues el tiempo el único recurso renovable que los dioses lloran? ¿No es la lluvia un paraje de tiempo inexacto?

Dejamos la voz en susurros de días variopintos.

En besos monocromáticos, que alguna vez fueron susurros variopintos.

Días como el de hoy que inició con noticias provechosas para el joven oficinista del siglo XX, que en sus horas permitió el conocer nuevos comensales a quienes dio gusto probar un poco del Café Especial que se suele brindar en reuniones y diatribas.

Café que llega desde el norte del Valle, una región próspera y eterna, suspendida en una promesa, una región que con estadísticas se ha reconstruido entre paisajes y demagogias.

Congelada en el tiempo, suspendida, a veces, alterada.

De un buen café a un almuerzo coqueto de frijoles y plátano maduro, de un afán a un deseo de descanso, de otra reunión a la misma mesa con la taza de café vacía, de esa reunión a un compromiso, de allí a ver la lluvia aparecer a través de la ventana.

Un día que llega con el consuelo del mañana arrepentido, de esa tarea que desde el jueves dejamos a la espera de ánimos y pretensiones, de este viernes que nos llevará con el caer de la noche a un encuentro de buenos amigos, buenos vecinos, buenas conversaciones.

Buenas conversaciones quizás, o grandes seriados y películas en la intimidad de la casa, en completa soledad, en grata compañía, en minúscula intención de reflexión.

Los viernes no se puede insistir en la reflexión porque su ingrata labor, cobra factura en el ánimo de los sábados vespertinos, la pasión de los adolescentes del ayer que hoy no quieren madrugar, de un despertar que ve al sol salir por la ventana, como un búho vigilante sobre la almohada.

Como una cortina de agua que nos prepara para el domingo.

AV

27 de marzo de 2025

Parafraseando (Musas)

 




Imagen tomada de: https://collections.artsmia.org/art/72892/cats-gerhard-marcks

Cats (1921) By: Gerhard Marcks; Publisher: Müller & Co. Verlag, Potsdam, Germany; Printer: Staatliches Bauhaus.


El tiempo es una musa constante en estas letras, la lluvia puede ser quizá un permanente testigo de los contextos donde se escribe este noticiero lleno de seres y apropiadas costumbres, de beneficios y oficios adquiridos, un blog de escritos en exceso amigables, pero nocivos como el azúcar.

Se disfruta re pensar cuanta mínima situación sea atrapada en el momento inoportuno, porque preciso, para poder ser costumbristas y escribanos, es la imprudencia del mirar y el escuchar la que nos atañe en historias varias.

Poder viajar y extender nuestro reino a imaginarios de otras latitudes es un premio a quienes se han atrevido a dejarlo algo atrás, dejar de pensar como siempre es menester tarea de cabildantes y maestros de escuela, nosotros, los que caminamos con las manos guardadas en el pantalón somos más bien de soñarnos en paraísos prometidos: Un crucero por el río Nilo, un viaje en globo por Capadocia, un viaje en tren por Suiza, una tarde en Puerto Colombia o simplemente, una caminata en las montañas de los Andes.

Cada quien tiene sus paisajes mentales, sus deseos internacionales, cada quien como decía, tiene sus paraísos prometidos, esas postales de lo sagrado.

Me es difícil cómo no, darle aliento a palabras que en el más popular de los sentidos se abren paso en entradas esporádicas, porque aun cuando es cotidiano, el sentido de esta página es más casual que las nubes en el cielo. Sin forma ni destino, sin itinerario ni cronograma, como una esmeralda en la arena del mar, que siendo confundida con un trozo de vidrio, encuentra la paz en lo mundano del ego humano.

Pero es ese aliento el que hace de lo inusual, un eco romántico de frases bien organizadas. Como la música, como la pintura, como un buen vaso de jugo de lulo, de esos que deja bigote.

Procuro encontrar el mérito a cada descuido, me esfuerzo incluso en darle nombre a todo ello que para los viajeros es un paisaje sonoro. Porque de esta vida somos pasajeros, somos como el miedo a perder que nos va llevando en rutinas, como el amor por la soledad que nos va empujando en vergüenzas, somos palabras sin sentido en los labios correctos.

No está de más buscar un tema central y sobre tal acontecimiento escribir un buen cuento o una reflexión que conlleve a algún aprendizaje, no está mal, ni de más, no está, incluso. No somos gestores de experiencias ni mentores de cotidianas referencias, somos pasajeros, insisto.

Somos parte del tiempo.

AV

26 de marzo de 2025

Pesadilla (El visitante)

 




Algunos de mis amigos cercanos tienen a bien saber de mis intimidades cuando surgen novedades casuales, de esas irresponsables que sacuden vidas y nos derivan en preocupaciones.

Por ejemplo, conversaba con Diego Alejandro de cómo la vida pierde los colores y en ellos, se van imágenes que quizás pensábamos estaban prestas a ser admiradas. 

Reflexiones que se avecinan en estas letras que por más que intenten ser amistosas, suelen ser ingratas y hasta complejas, unas reflexiones que se destinan ser olvidadas, así como a veces, se olvidaron de mí. Por demás no es otra la visita a este noticiero que lo inmarcesible de lo cotidiano, de esos sucesos que se van iluminando en minutos pendencieros.

Cruzamos frases de profunda paciencia con seres que nos incomodan, pero somos igual de tratados al pesar de una ilusión que ronca con el tiempo.

En compañía de Martina, la mayor, dormía a profundidad hasta que el onírico universo de las deidades me hizo sentir, pensar, que un visitante de misteriosa procedencia se arrojara sobre la cama, a altas horas de la madrugada. En ese salto, impetuoso por demás, Martina atacaba y atrapaba a quien yo no podía ver.

Volví a quedar dormido con el pensamiento latente de que mi negra había atrapado a aquel invasor, pero es ese el misterioso empuje de lo que no entendemos lo que me hizo despertar horas más tarde, abriendo los ojos con una pregunta en particular: ¿Dónde está y qué fue lo que atrapó Martina?

En evidente condición no había nada sobre la cama, Martina seguía durmiendo como la dama que es, yo, sentado sobre el borde simplemente pensaba si fue un sueño o si realmente algo ocurrió.

Una cotidianidad de empujones, de bromas, de silencios, de partituras regadas sobre el suelo, como una alfombra de papel que espera a la pintura caer en una tarde de oficios.

Sin entender qué era o qué fue, sin saborear al invisible capricho de lo que no entendemos, como señalaba el señor Colón: un tema incompleto porque le falta respuesta.

Martina, quizás, esté escribiendo su versión de los hechos, de la pesadilla, del visitante, del cansancio de las 04:00 am, del devenir de la cotidianidad en sus bigotes, de todo en cuanto ella asuma como los caprichos de una gatuna adversidad.

De un visitante que se dejó atrapar.

AV

22 de marzo de 2025

Encuentros. (No)

 



Imagen tomada de:  https://fineartamerica.com/featured/portrait-of-cat-in-linol-cut-graphic-design-generative-ai-art-momente.html?product=greeting-card

Portrait of Cat in linol cut graphic design. By: Art Momente

No.

Ni siquiera intentando con algo de magia, de esa que cae de las estrellas en tiempos de lluvia, incluso, en condiciones favorables como un suspiro enamorado o una bendición de madre a hijo, se logrará el favor de los dioses para sonreír donde alguna vez hubo soledad y amargura.

No es pertinente dar a la amargura un lugar de importancia, como un sabotaje a cualquier proyecto de felicidad, tampoco es pues, que la felicidad sea un proyecto costoso o ambicioso, más bien, son nimiedades en medio de grandes ciudades pobladas.

Reflexiones, aflicciones, acciones.

Nos invitamos en el espejo a conversar sobre lo justo, la transición misma de un estado de ánimo a un pensamiento de consuelo, en ese espejo, donde las sonrisas son nuestra contraparte, nos dejamos seducir por la idea misma de que estamos haciendo lo correcto.

Nos construimos en imaginarios de vidas pasadas, de ocurrencias que en el tiempo de los perdedores, sugerimos volverlo a intentar. Pero es que en precisa melancolía, no es pertinente volverlo a intentar, porque en las despedidas hay manifestaciones profundas, palabras o excusas, igual da, todo como un tormento de emociones que abre heridas, que rompe todo lo que la ilusión alguna vez decoró en buenas intenciones.

Tal vez.

Salir a caminar con las manos guardadas en los bolsillos como mecanismo de defensa, bajar la cabeza y mirar en detalles las líneas que separan el pavimento, para no pisarlas. Una nube coqueta sonríe dejando caer algo de agua, una lluvia ligera, de esas que nos rememoran lo impertinente que es hablar de amor en llanuras de grises trovadores.

Quizás.

Ayer, como el día presente, no son más que etapas de transición en las ideas del joven poeta, del verdugo que camina cazando minutos, de ese ser lleno de buenas intenciones que se acongoja ante el gris de un mundo que reitera lo excelso de los dioses, los imaginarios que desvisten al estado de ánimo.

De aquellas ocasiones en que sentados en un andén nos quedamos reflexionando para acaparar las mejores ideas, en alguna de ellas, haya pues consuelo, exista una minúscula intención de felicidad, de momentos en donde somos espectadores del mundo, de unas ganas insaciables de hablar de todo, de las historias que se nos cruzan, de las múltiples avenencias que los dioses suelen corregir.

No hay modo alguno de que se nos convierta en paisaje el silencio de los malaventurados, no hay tiempo que logre dejar atrás el universo mismo que en aquellos ojos se pueda observar, no hay suspenso en las frases del adiós, porque incluso en las sensatas conversaciones los dioses suelen tomar nota de todo aquello que los humanos solemos compartir, porque la palabra es humana y en ella, nacen las deidades desesperadas.

Todos queremos volverlo a intentar, pero incluso, a veces, solo a veces, la vida no es suficiente.

No.


AV


17 de marzo de 2025

Nada que perder. (Lunes)




Imagen tomada de: https://www.pictorem.com/616405/cat%20angry%20oil%20painting%20angry%20cat.html


Amanece la semana con lluvia, como un presagio de que todo sigue en su curso, como una semana que responde a las mismas necesidades de la anterior aun cuando el domingo fue un simple ciclo de reflexión.

Un lunes que nos promete una semana de reuniones y eventos ya programados en agenda, no hay espacio para citas o encuentros extra laborales, todo se fija como un horario de aprendices que paso a paso queremos evadir, pero que a la final somos simplemente un producto de buena conducta.

La semana pasada con la misma lluvia y otros ecos, fue de aquellas en que las emociones y un par pensamientos se salieron de control, situaciones que me acongojaron en el menester de un aprendiz. Una semana que tallando mi sombra contra las paredes de lo cotidiano me exigieron callar cuando en el fondo quería gritar.

Somos seres en exceso sensibles, aprehendemos de cuanto nos ocurre, del viento que nos susurra pasados vividos, de la luz del sol que nos señala en pasos encubiertos, del aroma a tierra húmeda que nos advierte de esos pensamientos mezquinos, del amor que queremos dar y se nos pierde al fondo de una taza de café.

Días que con sus quejas y reclamos no sientan en el banquillo de lo ineludible, nos persigue como un cuento de terror para que reinventemos su final a sabiendas pues, de que la esencia de la historia es la misma.

Alguien tiene que caer.

Fue una semana, como me lo explicaba mi amiga Isabella Bedoya, donde marzo con su energía nos tomó a todos por sorpresa, porque es evidente, nadie espera nada de marzo. Días dispuestos a re conocernos en los complejos trayectos de las emociones.

Tener que navegar entre la decepción y la frustración, ubicarnos en tramos de rabia, donde el malestar quiere insultar y gritar, pero la sapiencia nos lleva a callar y sonreír. Excelentísimas deidades que nos nombran cada error o cada descuido como si fuese la receta de un menú pretencioso, con invitados lúgubres llenos de parsimonia.

Conversaba pues, que la semana se cerró con decepciones que quizás ya estaban advertidas: “Allí no es”.

Recalca mi gran amiga Gloria Eugenia.

Y es que allí nunca fue, podría responderle con esa amabilidad que siempre deparo para con ella, un ser de luz en tiempos de cavernas.

La frustración del deber cumplido y el mérito revertido, de esas soledades que se abrazan en mente y cuerpo aun rodeado de amigos, sin importar si la cerveza está fría o el café dulce. Sin tener mérito abrazar la crisis y aprender de ella o dejar, en los aprendizajes un par de canciones de rock n roll.

Una semana que inicia con lluvia como secuela de la que se fue, de esa que nos dejó muchas emociones de las que juro, sigo aprendiendo sin saber la cátedra a la que me han inscrito.

Días sospechosamente pasajeros, días de amigos y allegados preguntando por nuestro bienestar, personajes que a modo coloquial o de profunda amabilidad se preocupan por nuestra situación actual, a quienes todo podemos convidar, confesar o contrariar.

Días, como hoy, que no tenemos nada que perder.

AV

4 de marzo de 2025

Fragilidad (Agua)

 


Imagen tomada de: https://www.tokyoweekender.com/tw-community/tw-creatives/tw-creatives-chaykov-giant-cat/

Giant City Cat. By: Chaykov.


Una gota de agua cae, se desliza sobre la corrugada superficie de una palmera, mojada y sin orientación deja en desilusión sus hojas rígidas producto de un fuerte temporal, de una permanente soledad, acompañando una avenida.

Un grupo de hormigas se refugia bajo el castillo de arena, una infraestructura estéril, libre de violencia, cargada de expectativas y agua, mucha agua.

A la distancia, sobre una ventana cerrada, una paloma se equilibra en el borde de un edificio olvidado por la modernidad, paloma que con su grisáceo plumaje, gorgorea con la cabeza ladeada buscando una oportunidad sobre el cableado urbano, esas cuerdas de paz que conectan a la ciudad.

Abajo, en la entrada del edificio, está Ernesto, un saludable canino de pelaje rubio, largo, lacio. Con la lengua afuera deja notar que su cuerpo pide agua, tiene sed, pero el agua está llegando desde arriba, las profundidades del cielo ingrato de la ciudad.

Abajo, otra vez abajo, aparece Marcelo, un ingrato estudiante de posgrado, quien con una bufanda tejida por su madre, pretende evadir el frío de una ciudad atravesada por sueños ajenos. 

Quizás Marcelo espera que su peludo amigo, Ernesto, proceda a orinar con prontitud, pues el clima no permite salir hasta el parque, pero allá, en el olvido de los callejones, hay muchos colegas de Ernesto que escondidos con miedo como abrigo, esperan que la lluvia deje vivir.

La vida pues, como un presagio del tiempo, se estremece ante un nubarrón que proveyendo a las calles de riachuelos, juega coquetamente con el tiempo de los enamorados, aquellos jóvenes que en el pasar del tiempo se quedaron a la espera de cruzar la ciudad para encontrarse en un beso cordial.

No se trata de que el tiempo sea un enemigo, porque en el ciclo de los hechos, no hay bandos ni perfiles, solo agua y a veces, sed.

Lejos, en alguna casa habitada por tres generaciones, una gotera invade la paz de una mujer mayor. Mujer que hoy la reconocen sus vecinos como líder comunitaria, liderazgos bajo una permanente gotera. En aquella casa, cuando el agua invade la rutina, las palabras obscenas invocan la gestión del gobernante de turno, pero el agua sigue su curso, viajando por un lado se encuentra con los riachuelos ya mencionados, se une como una danza arcana y viaja buscando al río.

Una balada romántica se escucha en el radio de la cocina, la mujer de edad avanzada, cierra los ojos recordando otros tiempos, de igual ingratitud con el agua, pero de mejores compañías, porque en esos tiempos el amor era más fuerte que el cambio climático.

Canciones que juegan con la memoria, goteras que crean canciones en los tejados, palomas que gorgorean haciendo el coro de un bullicio cotidiano.

Una palmera que en un acto de ternura se sacuda ante el insistente coqueteo del viento.

Una ciudad que con sus ojos marrones, carga el universo en suspiros permanentes. Ernesto ya encontró donde orinar, pero Marcelo no sabe hacia dónde voló su bufanda. Sigue pensando si realmente valía la pena salir a perseguir aquellos sueños ajenos.

Tan frágil, como una gota de agua.

AV


1 de marzo de 2025

Tranquilidad (Malos pensamientos)

 



Imagen tomada de: https://images.app.goo.gl/o7fyTr639wBNFnEb6 

A SMURF CAT WALKING IN THE FOREST

 

Muchas veces caemos en pensamientos producto de la saturación, nos alejamos de ese momento de paz para cuestionar cada acción, para poner en duda cada situación que vivimos.

Se nos hace exagerado notar cómo lo que teníamos en calma se nos va desestabilizando de la manera más absurda posible. Recuerdo a mi gran amigo Julio César, quien caminando en un descuido, dejó caer el teléfono móvil en un volcán, perdiendo toda comunicación, fuera del país.

Un genio, a decir verdad.

Situaciones coloquiales como perder el autobús o dejar caer un billete de alta denominación sin darnos cuenta. Alguna vez, producto de la irresponsabilidad y el júbilo de la edad, dejé caer una alta suma de dinero, mucha, para darme cuenta de la pérdida tres días después.

Un hombre astuto, a decir verdad.

Nos preocupamos mucho a decir verdad, preciso caso por andar en ocupaciones innecesarias. En otra ocasión, fui a visitar a un viejo compañero en el otro extremo de la ciudad, al llegar al recinto entré en cálida armonía a saludar a la familia, todos reunidos en la sala, conversando, sorprendidos por mi llegada. Amablemente me recibieron y se presentaron.

Mi amigo, hombre valeroso y honrado, me llamó con un susurro tierno, dejando notar en su mirada que yo estaba dentro del apartamento equivocado.

Detalles.

Estas distracciones nos van encerrando en malos pensamientos, porque nos sentimos derrotados, avergonzados. Nos caemos en el pozo de la tristeza, la desesperación nos engaña con maldiciones o plagas de mala suerte. Es que no es natural perder dinero o sufrir el daño de equipos en un periodo de tiempo corto, como si la vida quisiera vernos caer, como si la derrota fuera en esencia, una temporada y no un concepto.

Nos abrazamos en silencio, perdemos la tranquilidad y en auxilio corremos tomando decisiones a veces, desacertadas. Nos pasamos noches en insomnio, involuntario por supuesto, pero incluso las noches tienen su coqueto proceder para robarnos la calma.

En soledad y con las paredes como testigos abrimos la mente a deidades de toda índole, esperando que alguna de estas traiga la calma y el milagro que nos excusa. 

No se trata por demás pretender caer en el fanatismo de una actitud positiva fáctica. No siempre la vida es rosa o se mejora con una intensión de ánimo, no siempre los problemas se sobrellevan con gratas compañías o una taza de Té de frutos rojos.

A veces, los genios y astutos ciudadanos, requerimos de un abrazo, pero detrás de aquel abrazo se necesita también dinero, trabajo, comida, sustento, porque los problemas son pequeños demonios malcriados que hay que alimentar para que desaparezcan.

No se trata de inventarnos escenarios de tranquilidad, incluso, los malos pensamientos son ramificaciones de un árbol más complejo, un árbol que en sus frutos brinda veneno, brinda salud. Brinda, de acuerdo a la temporada, el sustento que la vida debe (debería) de soportar. 

Somos seres que colapsamos fácilmente, pero podemos apoyarnos en el silencio de quien con su afecto, nos espera, nos acompaña, nos aconseja, nos alimenta, de ese sujeto que abre su vida para abrazarnos aun cuando el deseo de estar solos es inmarcesible.

Mis mejores deseos, mis palabras para un mundo distinto, a quienes sufren hoy de estas temporadas de derrotas y retos, mis palabras de aliento.

Una calma que se pueda recuperar.

AV