22 de diciembre de 2008

Yo También






En tiempos de pensar y recordar, de ocio y lectura ociosa, he recogido estas cosas que a uno le pasan y que tarde o temprano uno termina confesándolas o revelándolas en un Blog, para ese tipo de tristezas o alegrías, risas o lágrimas, olvidos o recuerdos es que presisamente nos amarramos en una silla y nos quedamos perpléjos ante la pantalla plana de la memoria, aún así es de gran evidencia y vitalidad murmurar ciertas letras que sí se nos escapan en el abecedario.



En este orden de ideas, "Yo También..."



- He Pataleado de niño para ir al médico a vacunarme (aún de viejo).

- Tengo Familiares que viven en los Estados Unidos y que se fueron por miedo a la situación del país.

- He Sentido Envidia por el éxito del prójimo pero después se me pasa rapidíto no mas...

- Le Creí a Uribe la Primera Vez que le dio por lanzarse a esa vaina de la Presidencia de la República.

- La He cagado pero en forma con más de una señorita decente de casa y buena familia.

- He sido víctima de la vilencia femenina, con cachetada y que tales.

- Hice trampa en más de un examen en la universidad, y pocas las veces me he arrepentido.

- He creído en las personas equivocadas.

- Ví más de una estrella fugáz en el cielo.

- He dejado de hacer lo que me gusta por cobarde.

- Fui al estadio a ver a mi equipo amado.

- Fui a la Bombonera y al Monumental de Núñez.

- Fui al canal de Panamá.

- Fui a la casa de mi abuela sólo por la comida que cocina.

- He estado tragado de esa mujercita que todos detestan y que nadie me recomienda.

- Me he estrellado con la mujer que no es.

- Le he mentido a mis padres.

- Me leí 100 Años de Soledad y La Divina Comedia.

- Hice llorar a más de uno con mis suaves palabras.

- Duermo de día.

- Odio al América de Cali.

- Gusto del cine y no me importa ir solo a ver películas.

- Tengo Pornografía en el Computador.

- Llamé a colgar a la casa de la niña que me gustaba.

- Llegué tarde a mi casa sin permiso de mi mamá.

- Soñe con ver Ganar a mi Equipo una Final de la Copa Libertadores.

- He comido por obligación.

- He Tenido Sexo sin amor.

- He Tenido Sexo de Borrachos.

- Me disfrazé de Superman y Spiderman de Niño.

- Me comí más de un gol en partidos importantes.

- He sido suplente en un equipo deportivo. (Ponga aquí su deporte)

- Tuve el cd Negro de Metallica y el Unplugged de Nirvana.

- Me gasté la Plata que no debía gastarme.

- Me quedé esperando llamadas como un guevón.

- He llorado por un amigo.

- He dedicado canciones.

- Me fumé un porro en el Chorro de Quevedo.

- Me he vomitado en lugares inapropiados sin avergonzarme de ello.

- He sido despectivo con comentarios racistas, clasistas o discriminatorios de manera letal.

- Compré el Cd de Clásicos de la Provincia de Carlos Vives.

- Vi Escalona y Café con Aroma a Mujer.

- Odié a Carlos Antonio Vélez (aun).

- Perdí una Materia por Güevon.

- Falté al colegio fingiendo estar enfermo.

- Me He enamorado de alguna profesora.

- Planee un conquiste con lujo de detalles.

- Robé Cigarrillos, Chiclets, Condones en un Supermercado de cadena.

- He apostado Dinero en Actividades Deportivas y recreativas.

- Tengo gatos.

- Me he ido a los golpes por motivos estúpidamente innecesarios.

- Salí en televisión.
- Creo aun en la gente.

- Fui Robado en la cara de la manera más olimpica de todas.

- Fui a Comer Sancocho de Gallina a Ginebra, Pance y la Casa de los Suegros.

- Se Cocinar.



Entre otras veinte mil cosas que se pueden escribir aca y que uno sabe que también las hizo y que otros seguramente hicieron.



Este Viernes hay AJIACO en mi casa con mis amigos. A ponerse el delantal !!



En fin....




AV

14 de diciembre de 2008

Memorias del Silencio


Imagen Tomada de: http://www.alientimes.orgpmwikiimagesphotoscat1.jpg


Quiero conocerte, saber que me aferro a la almohada en tiempos de lluvia, saber que nuestro tiempo se escribe en incomprendidas letras y canciones, en tierras lejanas y olvidadas, en susurros que el viento trae desde el pacífico y lleva hasta la sabana cundinamarquesa, somos hijos de esos olvidos que nos hacen humanos en tiempos de bestias.

En pleno celo o en pleno acto de machismo, en esa historia de la humanidad contada en varios ciclos, en esos circos que nos presentan fieras y tragedias, en esas salas de cine donde se esconden los nervios y se impregnan los sudores de la cobardía, allí donde suelen caminar las sombras y volar las gaviotas, en ese estanco del tiempo donde embarrado aun, se conserva el deseo de escapar y gritar, de dejar el silencio en manos de un relojero, de caminar sin senderos, solo tirarnos en la playa y darle serenata a los zancudos.

Dormir, dormir, dormir.

Amigos infieles que pasan vidas enteras enterrando nuestros secretos en palabras de cristal, en esas burbujas que sólo el jabón cuando limpia sale por doquier, esa espuma que ni en la mas extensa realidad de los olvidados existan esas canciones para quedarnos allá. Muchas listas de nuestras vivencias y de nuestras remembranzas se estropean en el papel mojado de la primavera, en ese sarcasmo del trópico que nos regala cada noviembre, inclusive hoy en pleno diciembre sabemos que cuando llueve es porque esta historia no ha llegado a su final.

Con el vuelo de Ícaro, esos minutos perdidos en llamadas que suenan sutiles y venideras, de esos tragos que no nos olvidamos ni invocamos con la insensatez del error, esas melancolías parias que nacen en grupos diminutos, en esas bacterias que nos amarran al logro y la meta.

Dícese de poeta, escritor y artista. De docente y amigo, de nubes y jardines, de importaculismos y programas de entretenimiento, de canciones y de historias históricas, de hombres armados y amigos renegados, de cercas y de cerdos, de feriados y errores.

Iba para alguna parte, se detuvo a pensar, esos segundos de mas que nos dan identidad y pasión, de esos latidos de corazones que engañan al abecedario y matarían palabras en fábulas urbanas, en vísceras exageradas propias de la cotidianidad, en noticias y obituarios, en reseñas y en breves, en ciertos ciclos y en letargos de sueño.

Oportunidades a secas, lecturas frívolas, recuerdos mañaneros, sonrisas adquiridas en vientos del pacífico, historietas sin héroes, entretenimiento para adultos en manos de niños curiosos, agrupaciones de temáticas generales, olvidos casuales, clásicos sin auditorio, días que se quedan en la memoria.

Como la cáscara del limón que nadie come, solo la acidez de su fruto le da sentido a la piel.

AV

7 de diciembre de 2008

Por Así Decirlo


La Imagen es tomada de: https://www.allposters.co.uk/-sp/Cat-in-the-Stairs-Posters_i2548291_.htm


Aquí sentado comiendo carne frita y arroz, escuchando Rey Ruíz y viendo por la ventana la pólvora quemarse mientras las velas se besan en su danza de descomposición unas a otras, mi deseo por fumarme un cigarrillo se cierra en mis labios y no cruza esa frontera del pensamiento a la omisión, pues tengo prohibido fumar en la sala.

Caída la noche los gatos juegan en el jardín con los faroles que mi madre he ubicado para la ocasión, vecinos y descuidados caminan con cara de asombro o reprobación mientras observan el alumbrado que decora cada casa, cada diseño brilla por su elegancia o falta de estética, para bien o para mal solo un listón de velas se deja vacilar con el silencio de los pasajeros vecinos. Aquí sentado solo y aburrido, comiendo carne y pensando en una cerveza busco mi aguapanela de confianza y me acerco al televisor, es domingo, no hay nada novedoso que ver.

Me siento en mi PC y abro mi página de inicio, doy vueltas por Google, miro algunas cosas en youtube, me río un rato con este video y termino regresando al Messenger; Nadie habla nadie escribe, todo pasa y nadie insinúa salidas o falsos positivos, todo es callado en un ambiente virtual propio de la soledad.

Mañana es día feriado, mañana no se trabaja, se duerme hasta las doce.
Encuentro en el servicio de mensajería de Microsoft a una de mis amigas del sur, conversamos un rato intercambiando comportamientos y costumbres de cada una de nuestras culturas, concluíamos en la adicción por el licor de los días feriados, del desocupe que las noches como estas generan en seres como nosotros, ella en Buenos Aires yo en Santiago de Cali, ella sola y sin licor, yo solo y sin licor, ella es media noche, yo soy ocho de la noche.

El ambiente folclórico de Vicente Fernández irrumpe en la zona, se escuchan canciones y melodiosas voces entonar vivencias latinoamericanas, las estrellas no están y la pólvora arranca vuelo a buscarlas, digo en mis adentros mientras veo a mi padre tomar su whisky y a mi madre jugar con sus faroles la necesidad de salir a correr y beberme la vida en una noche, simplemente regreso a mis inicios y buscando a Julieta encuentro a mis vecinitos jugando con chispitas mariposas, este incidente como otros muchos me dieron entonces esa voluntad de detener mis actividades y concentrarme en mis necesidades.

Oficialmente doy la bienvenida a diciembre y sus costumbres latinoamericanas, una cotidianidad que nos abunda en el abuso de confianza y en la confianza de los vicios. Muero por natilla y empanadas, no se imaginan el antojo tan felino que me acorrala, esperemos podamos disfrutarlo con el pasar de los días y las ocasiones.

Llego diciembre y Don gato se queda su casa, bienvenido sea pues este mes y todas sus costumbres latinoamericanas, una cotidianidad que nos inunda de expresiones y expresionismos, de bebidas y motivos, de calles y pensamientos.


Diciembre al fin y al cabo… Feliz día de las velitas.


AV

30 de noviembre de 2008

Una Canción Para Noviembre



“Me encuentro contigo a solas, sentado en el espejo de esos días que se fueron con el hambre, donde las sombras juegan ajedrez y los zancudos duermen en tu piel….”

Siendo expectantes con el silencio de los meses que han dejado huella, encuentro en esta ocasión un cenicero de recuerdos que no me permite entender los sentimientos que para otros es cosa normal, miro con el ritmo de Andrés Calamaro lo que fueron las semanas y los días de este noviembre ingrato y a su vez, amable. Me recojo por pedazos en los días hasta llegar a concluir la desaparición de algunos y de otros en mi colectiva memoria, me refiero pues a esos personajes que han decidido partir para no volver, de esos que en el misterio de la razón humana han caído en la mundana necesidad de partir.

Canciones y mensajes, moral y economía, orgullo y miedo, pasión y ciencia, estrellas y cielos abiertos, luces de corazones dormidos que no despiertan aun cuando uno los llama por teléfono, o de esas desmemoriadas ocasiones de unión que terminaron en decepción y reconciliación. Me refiero pues a caminar con la memoria encontrando en las huellas novembrinas esas oportunidades que para otros eran ocurrencias o locuras, huellas que bajo las lluvias del invierno colombiano fueron borradas en la ventana del esfuerzo, aun así el voto de confianza se atrapa es con actos y no con silencios.

Tomarse unas cervezas hasta agotar el deseo de llamar, tomarse un descanso hasta dormir en el temor, beberse la ansiedad con cigarrillos y aguapanela, despedirse sin decir adiós y mentarle el apellido al que nunca llegó. De momento nos resta esa vespertina necesidad de adelantarnos a los hechos y querer progresar en el camino que todos dicen debe ser el correcto, lo que no entienden esos que dicen llamar caminos es que mi camino ha sido trazado desde hace mucho, inclusive empezándolo a recorrer que aquellos que apenas dicen llegar a la madurez de la academia.

Noviembre se quiere quedar pero no puede, porque octubre no le dijo nada y a diciembre no lo quiere incomodar, los retos y las felicitaciones se comienzan a mezclar en necesidades básicas insatisfechas, en deudas y en monótonas sensaciones de vivir. Queriendo despertarse en esa parte de la historia donde los héroes no son héroes o donde las brujas buscan príncipes azules es que las canciones quedan para causar posteridad, ese consuelo donde buscamos quedarnos antes que los demás, donde solos o mal acompañados seguimos siendo nosotros mismos.

Ardiendo en esas lluvias que taponan calles y derrumban hogares, en esas pirámides que movilizaron a miles de colombianos, en esas cartas que denunciaron a los no mencionados, en esos días que los exámenes midieron la fuerza y la voluntad de la memoria, donde aquellos amigos que se fueron han regresado y los que dicen estar allí han desaparecido.

Canciones que no se escriben para cantar, poemas que no escriben para dedicar, cuentos que se escriben solo y que al igual que el sexo se convierten en experiencias llenas de egoísmo e insensatez.

Invisible como el dolor y fuerte como el recuerdo del hogar, olvidamos ese manto que nos cubre en la razón y en el silencio, nos dejamos madurar por palabras de otros. Somos poco frontales a la hora de desahogar nuestras inconformidades y es tal vez por eso que los cobardes abundan.

Bienvenido a este silencio para contar.


AV

20 de noviembre de 2008

MISIÓN CUNDINAMARCA PARTE X


Foto Tomada en las Calles de Girardot (agosto 2008)
Observaba en la distancia las hojas secas caer, sin preocuparse por la ingratitud del tiempo continuaba su paso lento sobre el antejardín mientras recordaba los días e inclusive años que había vivido en constante soledad, acostumbrado al buen vino y su paquete de cigarrillos se reflejaba con su sombra en el agua que aun quedaba por el suelo. Con la escoba en su mano derecha y su mano izquierda sobre la cintura sentía como la brisa fría de la muerte enamorada paseaba por su cuello, como el beso de un niño a su primer amor, tan sutil, tan suave, tan ajeno que se llegaba a percibir el mismísimo aroma del cemento recién humedecido, esas caras que se asoman en la conciencia, que se encierran en recuerdos y lápidas pasajeras cual fotografía del viejo mundo.

Como si las cosas cambiaran con el pasar del viento, ajenas ventanas del otro lado de la calle aun conservan gotas de lluvia en su marco, los muros grises duermen con el bochorno de la tarde, cada hoja cae a ritmo de lágrimas, su cuerpo se estanca en el pavimento a esperar que el reloj marque las tres de la tarde, guardar la escoba y recoger las hojas y ramas caídas, cerrar el portón azul y comenzar a preparar el café de la tarde.
Girardot continúa con su tiempo muerto, las cosas no avanzan ni se proponen avanzar, las familias tradicionales de la calle 20 siguen escondidas en la siesta de la tarde y se levantan con el café de las cinco, aún cuando faltan casi dos horas para ello algunos niños merodean entre casas y esquinas, juegan con el balón y sonríen con la poca luz de un cielo nublado, el calor no merma solo descansa sobre hombros de trabajadores y ancianos que juegan a vivir sentados en sus sillas mecedoras.

Las imágenes continúan apareciendo de manera desapercibida en la memoria y evitan contener lágrimas en el rostro de algunos pocos, los platos sin ser lavados todavía adornan la cocina, sobre la estufa un sartén con manteca deja en evidencia una carne que quedó frita tres horas antes. La nostalgia ha regresado a la memoria de los descuidados, aquellos que nunca se ensimismaron con la partida de los abuelos, ni los que se asustaron con la pólvora en meses feriados.
Recordar esas tardes de silencio entre el almuerzo consumido y el café de las cinco dieron creatividad a los propietarios de almacenes y cafeterías, quizás para una cerveza o algún helado, el servicio de videojuegos por hora comenzaba a llenarse en la esquina en la casa de la familia Luna, uno a uno llegaban los niños con monedas y tiempo libre, las vacaciones daban sus primeros inicios en un calendario escolar propio del interior del país, los viajantes que llegaban a ese pueblo cundinamarqués se centraban en el descanso o en la búsqueda de un bus para ir a nadar a los centros recreacionales de Melgar, los pocos que pernoctaban en Girardot cumplían con dormir y recordar, porque antes de empezar a gestionar un presente o evaluar la llegada de algún futuro, Girardot era ante todo un mundo para llegar a dormir y recordar.

Hoy años más tarde y desde otra orilla, en las cercanías de la cordillera Occidental a la misma hora y con una taza de café en la mano el ejercicio de recordar retornaba a las tardes que dan inicio a unas nuevas vacaciones, la ausencia de familiares y de ese clan Vargas que se homenajeaba en la década de los ochenta ahora brillaba por su ausencia, el regreso a la tierra paterna quizás se referenciaba no en un equipaje o un boleto de bus sino, en esos nombres que ahora no existen en la vida de los vivos, en el valle del cauca.

Girardot ahora a pesar de estar en el letargo del tiempo, sigue siendo un pueblo para recordar, pueblo en el que muchos inclusive siguen durmiendo.
AV.

13 de noviembre de 2008

Vacilaciones

Mi Julieta

Una canción linda para inspirarse, la soledad golpeada por la brisa del ventilador, el calor trasciende el concreto y se ensimisma en la agradable escritura y lectura, en ese estado de letargo constante. Llegando al consumo de mil velas y al vaivén de lo romántico observo como la tinta se inspira, se intimida, se pierde, se embellece, se enamora, se ruboriza, se pierde con el calor y se aguanta en el amable ritmo del silencio.

Salgo de mi habitación y observo a Julieta recostarse junto a los peldaños que bajan de las gradas, sintiendo curiosidad por su calma miro mi sombra reflejada en la puerta blanca y recuerdo que estar solo es quizás lo que no permite que se concentre el temor y la angustia. Entro al baño y después de orinar fijo mi mirada en algunos productos y situaciones fuera de rutina que reposan en la pared junto al lavamanos. Un cepillo de madera que en la mañana mi padre estuvo utilizando para peinar su blanca cabellera es mara Cat Chow, gran sorpresa, no sé si fue el asombro o la risa curiosa lo que me inspiró a seguir husmeando en ciertos productos y artilugios que poco cuidado les presto, productos que para otros son corrientes, para mí son absurdos o inútiles, están de adorno o por descuido pero que no deben de permanecer en ese lugar de aseo y protección.

Continúo con la observación y encuentro otra joya que me deja mucho que pensar. Un tarro de Menticol (con oso polar a bordo) tiene su líquido interior de un color amarillo marrón, recordando un poco mi niñez caigo en la cuenta de que el Alcohol de dicha marca es de color verde, azul aguamarina y amarillo, sin embargo el aspecto del envase y la tapa blanca añeja me deja con el temor de tener un veneno letal en mi baño, reviso con cautela las marquillas, el precio aun conservado en el envase dice que el producto tiene un costo de $4.400 (cuatro mil cuatrocientos pesos colombianos) y su fecha de vencimiento dice que es el 12 de diciembre de 2002.

Continúo la inspección ya de carácter alarmante en los productos de aseo personal jurando no encontrar otra sorpresa por el estilo y lo primero que observo es que el shampoo de mi padre es de cierta marca femenina (el envase) pero el contenido es distinto a lo que la etiqueta asegura. Retiro la mayoría de los productos del baño y los tiro al cesto de basura. Bajo a la cocina esperando comer algo que calme mi ansiedad, encuentro ensalada de frutas y Arroz con Pollo.

Subo con la resignación bajo el hombro y al entrar a la habitación un batallón de hormigas reposa en mi jarra de aguapanela, el calor se eleva y la música no deja de sonar. Cayendo en la cuenta de la variedad musical del reproductor mp3 noto ciertas canciones fuera de época en la lista de reproducción, canciones como El Tiburón (Proyecto Uno), Fiesta Caliente (Ilegales) La Ventanita (Sergio Vargas) y otras del mismo corte sonrío con complicidad en el asunto y me siento a leer noticias de actualidad. Todo este tiempo dedicado a exageraciones y silencios, observar y callar, lamentar y reflexionar.

Quizás en la misma ausencia es que está esa compañía que demandamos.

AV.

10 de noviembre de 2008

Exageraciones



Exageraciones, vacilaciones, historias e historietas. Nudos en la garganta, saliva que incomoda y pensamientos que nos empuja a lo cotidiano, situaciones que nos decepcionan o nos enaltecen, que nos llevan en el ritmo indeterminado de las decisiones, impulsos al fin y al cabo. Conservamos nuestros vestidos y nuestras fotografías, estampamos en la memoria tatuajes que sirven de evidencia para un recuerdo desapercibido, para vacilaciones amargas con nombres propios, nos enfrentamos en el silencio y como gotas de agua aguantamos el desespero del tiempo perdido, caemos en lo profundo de nuestras palabras y las mezclamos con canciones.

Han pasado ya pocos días desde el último esfuerzo, sin mirar atrás este año para mí ha terminado, sin embargo se siente esa adrenalina que se queda en las esquinas, se siente el desespero de días pasados, se mezcla la mensualidad del esfuerzo con el insomnio del pensamiento, se juega ahora en la inactividad del arte, la insatisfacción quizás de lo mentado, ese tabernáculo de emociones que dejamos más lejos de la Atalaya, de la inconsciencia y la merienda, silbidos de pasión que se dilatan en la oscuridad, como la melodía de una canción de tiempos lejanos que ha regresado a la moda de la radio, recetas y jarabes, juegos y esfuerzos, videos y fotografías, ojos que miran en la discordia.

Noche tras noche llegó noviembre y se fue, se quedó con el cansancio de octubre, la inseguridad de septiembre, el esfuerzo de agosto, la calma de julio y el descuido de junio. Mes a mes nos dividimos en funciones y maromas que terminan en actos de fe, de esas creencias que superan la capacidad de amar o aguantar, de caminar a ritmos incondicionales y ajenos, agüeros para trabajar y espejismos para descansar, ensimismados en las rondas del trabajo le damos a la mística un poco de ciencia y a la ciencia un poco de fe.

El arte, ese juego de clases que no tiene término medio, la cultura: ese juego de conceptos que no tiene matices, la fe: esa palabra de antónimos desconocidos o poco pronunciados. Todos envueltos en esfuerzos y exageraciones que terminaron en vacilaciones, en rencores y en perdones, en juegos culturales que dan miradas profundas a las ideas del grupo, del colectivo que se sienta a pensar.

Con argumentos y pasatiempos mezclamos las emociones, las evidenciamos y le damos prensa a los deseos, materializamos los sueños en documentos oficiales, oficializamos los esfuerzos en razones sociales, le damos a la cultura esas exageraciones que el arte le da a los artistas, esas concepciones de lo social que lo territorial marca en el papel.

Finalmente no son más que noticias de lo cotidiano.

AV.

4 de noviembre de 2008

Silencio Artesanal

La Foto es Mía

Era como sentarse a escribir un cuento de ficción, con el melodrama de la cotidianidad y los clichés del olvido, con el amargo sabor de un día sin habla, el frío desayuno o en el caso más íntimo, el frío de las sábanas. Pensar cada momento vivido se dibujaba como un ejercicio de interlocución con el pasado y el presente, esas escrituras de la merced que no respetamos ni conciliamos en la privacidad, demonios o fantasmas, realidades o negaciones, armarios con puertas abiertas y brisas frívolas, nombres que se quedaron en el calor de Cundinamarca.

Me senté a escribir “El Soñar de los Caminantes” como asesino que ruega por su vida, me esquivé muchas responsabilidades para darle paso a esas cotidianidades que en el frío de Bogotá se volvieron mundanas y llenas de pestañas, enredándonos en los misterios de lo superficial es que precisamente damos entendimiento a nuestra soledad y la amargamos con el cuestionamiento de la existencia humana, esa filosofía que nos da ratos de buena música y buenos motivos.

Queremos y deseamos, podemos y nos enredamos, nos comprometemos y nos desubicamos, nos despedimos y regresamos, nos disfrazamos y nos identificamos. Misión Cundinamarca siempre ha quedado en el tintero de lo pasado y lo escrito, ahora bien es que se supone su regreso como un alcancía que nunca dejamos llenar, la leímos hasta lo posible con esas señas que lo incógnito nos plasma en el desorden de las ideas familiares, llegamos a algún punto de sentirnos identificados con la ansiedad de otros que es quizás por ello que aun permanecemos allí, como espectadores y depredadores, como seres de luz que producen sombras al paso.

La ansiedad me ha regalado un dolor de cabeza para compartir con mis amigos, me ha dotado de cierta ignorancia propia de los miserables, lleno de notables fatigas me reúno en mi silencio con otras fatigas, colecciono inquietudes y rememoro en la distancia esos muertos que dibujamos en murales, de esas olas que callejeras llegaron al mar sin decir algo importante, esas coincidencias de lo plano, de lo natural, de lo bello que es estar estresado, cansado, agotado, nervioso y lastimado.

Me reflejo en pasos mudos y recuerdo que todo es perfecto, que el licor no falla y que el estar vivo es sinónimo de seguir creyendo, miro el cielo, camino despacio, miro el suelo, camino despacio, miro al frente y me detengo en el vacío. Tres golpes en la espalda y ya es un nuevo amanecer, la flema en mi pecho escupe con rabia esos dolores de cabeza y se murmura un nuevo aire a violencia en la habitación, soy de esos que no escribe y pienso en hacer murales, contradicciones de lo plano, de lo estático, de lo bello del nadaísmo y lo absurdo de la filosofía.

Devolver atenciones acaso, o morir en visitas para despertar en terrenos planos y solitarios, al fin y al cabo todo es un ciclo.

Nervios de acero y piel de papel, mirada de poeta y ceniceros a doquier, con el dolor del tango y la ingratitud del vallenato me pierdo en letras buscando etiquetas.

Duele aún después de haber dormido.

AV

20 de octubre de 2008

Hoy es un día Azul

Hoy es un lunes azul, un día para tomar decisiones difíciles, viscerales, terribles, radicales y espantosas, pero decisiones que son por el bien de muchos que desconocen la actividad de pocos.


Hoy es un día lleno de azul pero no de ese azul que inspira a los poetas, ni del azul que ahoga a los cielos, es un día en el que sentarse a discutir con el vacío es necesario, un día que quizás ya se ha vivido en tiempos de atrás.

Pensar es cuestión de acomodar las neuronas y vacilar en varios intentos de supervivencia, intentar ahogar las palabras y hablar con mesura, paciencia para digerir las noticias del cotidiano horario, momentos que se guardan en un bolsillo roto, monedas que caen y pagan el barato suspiro de la soledad, emociones encontradas y dudosas, emociones que nos hacen humanos y mundanos pero que no nos degeneran.


Nos reverenciamos en un abrir y cerrar de ojos, dejamos en el ego ese orgullo escondido que nos inspira a escribir, a pintar de azul el dolor y dejar en el verde el olvido de otros, números que no dejan en calma los pensamientos, deberes pendientes que no se sellan ni motivos que se guarden en el sombrero.


Sin aire y sin ganas de festejar, se fue el tiempo con la experiencia a su lado, alrededor de la soledad sentimos el festivo hedor de otros, de la mirada clandestina de los minusválidos, de esas vísceras exageradas de la memoria que dan pulso a la razón, hoy quizás por ser azul es que atropellamos en el escrito de forma ridícula, ofendemos al lector con secretos que no están publicados, pero publicamos en el lector el azul incierto de nuestra incertidumbre.


Hoy es un día de tomar decisiones, hoy es un azul que no vale la pena observar, hoy por hoy quedamos a la diestra de la soledad, sin padres y sin razones.

AV.

17 de octubre de 2008

MISIÓN CUNDINAMARCA PARTE IX



Hoy después de 3 meses siento de nuevo ese pulso, siento ese empujón que me subasta las ideas y me las enloquece con recuerdos, siento la brisa seca de hace diez años, siento ese fuerte calor que en las noches se calmaba con cerveza Águila, sí, siento correr las aguas con mayor cercanía, me observo en ese cielo despejado y claro, me camino y en círculos de memorias y en palabras de otros, siento nuevamente mi propia Misión Cundinamarca.

Terminal de Transporte de Girardot. Diego Luis camina de lado a lado junto a Marco, uno de mis amigos de infancia girardoteña, nos cerramos el paso con carcajadas y nos bebemos más de lo mismo, Ricardo callado sigue detrás con el niño Kevin, todos en juego de palabras continuamos y nos encerramos al aire libre. Difícilmente puedo recordar algunos hechos, mi memoria merodea con espasmos de locura, quizás porque mi misión al fallecer mis abuelos ya no es sobre las vivencias en la calle 20 de Girardot, no, ahora es quizás un péndulo de recuerdos y nostalgias.

Después de morir mi abuela Olga y los Vargas tomar rumbos distintos, la casa grande que ya no era tan grande se cercaba tras sus rejas azules y relataba mentiras mezcladas entre Olaya y Ávila, merodeábamos sin cesar entre escalones de madera, ventanas de madera y secuelas de licor siguen en la familia, pero mis historias de calles infantiles o de adolecente no son en sí un nudo que narrar, es quizás por ello que Girardot se selló en mi memoria, porque después de 1999 todo era otro andar.

Salimos para Ibagué en el Bus de las ocho de la noche, mi tío Diego se despidió de los muchachos mientras yo simplemente observaba esa vieja terminal y me subía al bus, no sabía que era la última vez que los vería, sólo pensaba en irme con mi tío a Ibagué y comenzar quizás aventuras o relatos pasajeros, pero jamás pensé que sería mi último Bus de retorno al Valle del Cauca, ya no regresaría más a Girardot, no lo tenía claro aún.

Colombia continúa en procesos de conflicto, la zona de distención ha dejado de existir y las Fuerzas Revolucionarias siguen plagiando civiles en las carreteras colombianas, Jaime Garzón moriría al mes siguiente de mi viaje a Ibagué y la Casa Grande dejaría del todo de ser grande, mi tío Fernando tomó rumbo a Estados Unidos siguiendo un sueño americano que Cundinamarca no le pudo ofrecer, Juan Carlos Vargas ya tiene dos hijas, una adoptada y otra en brazos, su nombre: Tania Vargas.

Borro de mi memoria los últimos rezagos de una infancia sobre el río Magdalena, ahora, pisando tierras tolimenses comienzo otro tipo de aventuras, expresamente comenzaba a escribir mis primeros relatos serios, ya no me basaba en ficciones sino en desilusiones. La casa de los Ávila en Ibagué recibió a un Diego desempleado y un Armando escapado, vivimos cerca de mes y medio en esa casa, el éxito de la época estaba ahora en manos de Noelia, mi desespero se encuentra cercado por una ciudad que no identificaba; comencé a trabajar en Bavaria como supervisor de entregas, la mayor parte del tiempo lo pasaba en las bodegas del centro de la ciudad observando la entrega de los camiones a la central, ganaba quince mil pesos a la semana, poco y mucho, poco para mi tiempo, mucho para mis desocupaciones.
Semanas después comencé a trabajar directamente en los camiones y con un fuerte lazo de amistad con Gerardo, un conductor de Bavaria, realizamos las entregas en las tiendas y bares de la ciudad, viajamos a El Espinal, Melgar y Tocaima, la mayor parte del tiempo lo pasábamos hablando de mujeres, ese descubrimiento sexual que se sellaba en el viaje anterior.

Regresé a Cali a continuar mis estudios, viajé a Bogotá a iniciar mis estudios superiores, regresé a Cali a continuar mis estudios, pero Girardot ya no era tema de conversación en la Familia Vargas, la casa y la descendencia recaía en Rocío y Juan Carlos.

Nuevamente la Casa Amarilla quedó sola, sin abuelos, sin viajeros, sin huéspedes, ahora era una casa llena de concreto y recuerdos, recuerdos que se esparcieron de mi memoria.
Los viajes habían terminado.

AV.