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17 de febrero de 2025

Lunes (febrero)

 

Imagen tomada de:  https://thumb.ac-illust.com/b0/b0741c9195ee69b8ef8ca01242294bf6_t.jpeg 


Los lunes son un día particular, todos iniciamos la semana con las tareas ya en mente de lo que se tiene que resolver, lo que hay que preparar y lo que se tiene con urgencia que atender. Son jornadas que se reparan en calendarios y anotaciones, espacios de revisión que además deben de ser consumados en un comité o junta. 

Los lunes son días especiales porque preciso cada quien los asume con la aventura de sus emociones. Si bien algunos lo notan como un día que trae pereza o aburrimiento ante la interrupción del descanso dominical, es bien sabido que la jornada tienen su propio color e intensidad según quien las viva, nosotros mismos dignificamos nuestro día a día.

Ante la dignidad de los momentos que vivimos, encontramos amigos a los que confiamos nuestras preocupaciones, compañeros que nos reciben en silencio para escuchar cada queja o protesta, que nos dan su tiempo, sagrado como las emociones de quien escribe, para permitirnos ser, por más salvajes o cultos, una maquina de expeler lamentaciones de la semana vivida.

¿Cómo nos ha tratado febrero? ¿Cómo nos ha recibido este lunes de almanaque? Cualquiera que sea la respuesta nos cultivamos en las palabras que escuchamos, en los saludos y buenas intenciones de quienes nos dan la mano.

Somos reflejos permanentes, la proyección de quienes nos ocupan la atención, somos instantes en la agenda de alguien más.

Podríamos enamorarnos un lunes incluso, podríamos, como consecuencia del domingo, querer abrazar al mundo entero con la tímida sintonía de un mes corto.

Cada día trae su afán, cada febrero tiene su lunes especial.


AV


11 de enero de 2016

Días Nuestros (2015)





El año concluye como los días dejan en sí caer las horas a la noche, las palabras se vuelven elocuentes y los abrazos aparecen de repente en toda escena familiar. Las distancias se acortan y ahora con el respaldo de la tecnología, los mensajes se hacen más allegados y efectivos, se descubren nuevas ansiedades y se renuevan miedos, las promesas de año nuevo se caen en el pavimento con el transcurrir de las horas, el nuevo año llega y nosotros aquí, viéndole pasar.

A once días del  nuevo año comenzamos por ver que la rutina se torna más real, que regresan las horas de antes y del mismo modo nos dejan sobre el escritorio los pendientes de esos meses que dejamos escapar. 
Pasadas dos semanas es que nos vemos dibujados en recuerdos de aquello que no se cumplió de año inmediatamente anterior. Imaginarme a golpes en cada día del año, en cada preludio, en cada obsesión, en cada rabieta y sonrisa.

Ver el año que terminó con la lupa del día once de año siguiente, como si los primeros diez días hubiesen sido un mero formalismo del descanso y la procrastinación, o por qué no, de la mera irresponsabilidad de la pereza y la rebeldía.

Rebuscamos frases célebres o aforismos para dar mayor importancia a nuestras tardes en redes sociales, nos desubicamos con las canciones de cada momento y balbuceamos en esas tareas pendientes, bueno, aquí mi tarea pendiente de iniciar de nuevo.

Un enero que llegó con regalos del sur de la Florida, enero en el que los amigos se reunieron y destaparon sus emociones, enero en que en un pic nic cerca al museo de arte moderno vimos pasar la tarde, dejamos los regalos al costado y renovamos el beso de amor que tras 21 días habíamos dejado en pausa. Un enero donde finalizaron los miedos de año anterior y comenzó por dejarse conquistar por retos que el mismo año quince daba en silencios pausados. Un enero donde conocí a Melissa.

Febrero insensato y casual, febrero de aprendizajes, febrero con sabor a queso y a plátano verde, al calor del río Atrato. Un febrero de suspiros y sueños en pareja, de empezar en casa de nuevo, de dar clases en donde siempre se quiso estar, donde siempre se pudo soñar. En marzo nos hicimos amigos de Fiona, una sencilla señorita de ojos grandes y ladridos fuertes, un marzo además que dejó consigo las flores de la amistad a piel, un marzo donde cumplió años el hombre más viejo de mundo, marzo donde nos fuimos encontrando en la crisis hasta hacer parte de ella, hasta inundarnos en las metas de otros y entender pues, que a esas metas es que no nos debemos de someter.

Un marzo des-complicado hasta llegó abril, un abril cargado de pésimas películas de terror (cortesía de Diego Alejandro),un abril en el que nos enamoramos más y más, porque el amor es una institución que se construye día a día, un sentimiento que se conserva en el más frágil de los elementos de la vida, un concierto de El Buki en Cali.

Abril de chikungunya, abril del cumpleaños del mejor de los amigos. En mayo nos decepcionamos de las oportunidades y abrimos paso a la fuga, mes en el que me aparté de las malas administraciones y decisiones permeadas por la avaricia y la celebración indebida de cargos, un mayo en el que los amigos nos unimos para tomar decisiones pero que a la final fueron las más egoístas decisiones las que se quedaron en su lugar.

En mayo todo comenzó de nuevo, nos alejamos de algunos, de otros tomamos la certeza de darles un segundo plano, a otros, el mismo viento se los llevó hasta desaparecerlos del panorama cotidiano. No fuimos a Bogotá  porque nos dejó el avión pero viajamos a Sevilla, primero a Tulua, así sucesivamente fuimos llenando los compromisos del amor hasta hacer frente a la familia de la mujer amada, me presenté ante mis suegros y cuñados, ante mi nueva familia.

Vimos el concierto filarmónico de Star Wars, conocimos a la princesa Leia más joven de esta galaxia.

Junio es hermoso porque los amigos se unieron en otro importante evento, en una ronda de canciones que terminaron con todo el amor del mundo alrededor de un pastel de corazones, un junio que dejó consigo libros y más libros (cortesía también de Diego Alejandro), un junio en que terminamos una tesis para iniciar otra, un junio en que el amor llegó a su año nuevo. Jugamos bolos, jugamos Bingo, jugamos a escapar, jugamos hasta la última noche del mes.

Julio gallardo e infantil, conocimos a los Minions y con ellos nos motivamos a comer tres cajitas felices porque eso es lo que hacemos los amigos, vimos Pixeles juntos en el cinema, porque eso es lo que hacemos los amigos, salimos a tomar el té y claro, salimos a bailar con las primas de Rita Shirley. River Plate campeón de América.

En agosto tomamos juguitos en Japy, Diego Alejandro llegaba de  viaje de Ipiales y  la señorita que vendía los jugos prometió llevarlo a conocer Caleñas la próxima vez que viniera a Cali. Agosto lleno de música, de cerveza, de rock & roll. Jugamos Monopolio, comimos sobre-barriga y festejamos el milagro de la vida, el triunfo de una nueva etapa. Iniciamos semestre en la universidad pública, viajamos a los años 20 y retomamos la docencia ahora en la universidad claretiana.  Los Guayacanes florecieron llenando de color la ciudad.

Volvimos al río Atrato, festejamos en Bandola, jugamos Risk por primera vez en años y dimos adiós al mes con la mejor de las intenciones hasta que llegó septiembre.

Negro como el olvido, como las sombras que traen consigo dudosas intensiones, septiembre de cumpleaños de amigos, pero también de malas noticias para la salud  familiar. Septiembre de visita del Papa a Cuba y de Aterciopelados a Cali, septiembre del Caribe Funk, septiembre de los Vargas y los Higuera, de terminar experiencias y aprender de otras vidas.

En octubre festejamos la vida, vivimos la sonrisa de mis padres, subimos a 32° y con los mejores amigos sonreímos en cuanta selfie dibujamos en la red, leímos a Stephen King, comimos hasta más no poder y esperamos una lasaña que solo en diciembre llegó. Un octubre que me acercó a las nuevas amistades que El Buki me regaló en el año quince, amistades como Karen Melissa y Felipe, el mismo señor Jesús Trujillo y los pequeños anfitriones de la ruta 66.

Encontrar de regreso a Sammy, comenzar a tomar café en una taza especial, llevar cosechas a la casa, viajar por el Quindio y cerrar noviembre con otra visita al río Atrato.

Los mejores atardeceres del año los viví en el Chocó, pero los mejores atardeceres del año los compartí con mi amada en las calles de Cali, Palmira y el eje cafetero, hasta que la quise enamorar un poco más, hasta que en noviembre decidimos juntos amar nuestras noches.

Llegó diciembre y ya estábamos estrenando un nuevo hogar, llegó diciembre y dejamos de contar historias para vivir de pleno, llegó el episodio séptimo de “Star Wars”, llegó el momento de reflexionar.

Llegó enero y en otra oportunidad reflexionaremos sobre lo que fue diciembre y enero, y qué mejor tarea pendiente que continuar escribiendo, qué mejor inspiración que recopilar lo que se robó el silencio.

Lo que quedó con el atardecer.


AV.

3 de febrero de 2015

Una Semana.




Black cat in sleeping

Imagen tomada de: 



Y Julieta se recuesta sobre la cama, su negro pelaje se resiente contra las sábanas, cierra los ojos  y con un coqueto ronroneo deja de mover su cola, se relaja, se duerme, se desviste a sí misma en un letargo de calor. Junto a ella estoy sentado leyendo una crítica cinematográfica, una de tantas quizás, porque no soy director de cine o productor alguno, más bien soy un insensato, hijo del sol y amigo de los gatos y desprejuiciado para ver películas de todo tipo, pero no, algo ocurre.

De fondo suena “La Gata Bajo la Lluvia” de la talentosa Rocío Durcal, junto a su armoniosa voz se escucha de mi lado el itinerante ritmo de un ventilador que lucha contra el aire calienta, aquí sentado en mi escritorio, como si recorriera un boulevard en Barcelona, o una plaza en Moldovia, me muevo entre canciones y letras que hablan de cine, a mi lado, Julieta duerme, duerme porque eso es lo que hacen las divas.

Ha pasado alrededor de una semana y media o un poco más desde nuestro último encuentro, me he dejado caer en esa espiral de reflexiones taciturnas, en ese relámpago de vida que se nos escapa con el tedio de las tardes, el ocio del tiempo libre, tiempo el que hemos visto recoger en las hojas de los árboles, en la brisa de un febrero que ha llegado cargado de tiempo, un febrero marrón.

Mientras escribo me dejo coquetear por la pausa de cada pensamiento, dejar pasar las canciones y observar la pared inerte, encontrar en ella el calendario de este año con las fechas importantes reseñadas en tinta negra y roja, ver un reloj de pared que solo sirve para decoración, porque su estruendoso tic tac desesperaba mis tardes, porque de un repentino ataque de ansiedad y euforia decidí arrancarle la batería, como si le quitara la vida a alguien, como si cometiese crimen alguno sobre la inocencia de otros, como si mis emociones gritaran, como si el silencio muriera con cada tic tac, porque preferí darle fin a ese aparato a tener que darle fin a mis excentricidades fisiológicas, a la final era solo un reloj de pared.

Ha pasado una semana en la que he iniciado mis labores como docente nuevamente, a diferencia de mis anteriores cursos me llena de pasión el saber que se ha regresado a la casa, al alma máter, a esa institución que aguantó mis revoluciones y caprichos, a esa institución que a hoy casi 4 años después, he regresado para no encontrarme allí, ver como se desdibuja mi sombra en el asfalto de sus aulas, ver la pasión perdida de tanto tiempo, los cambios que los días traen, que las noches callan.

Suena ahora “El espejo” de la talentosa y muy cuestionada Yury, el ventilador continúa su lucha con el calor de esta habitación. Aquí aún con la pijama puesta y leyendo artículos varios en especializados Blogs de arte y cultura encuentro mi desidia, me despego del tiempo y voy cultivando mis tristezas, como la ardilla que sale a buscar alimento en la más fina de las calles, que se esconde en los árboles, que huye de todo, hasta de su propia comida.

En tiempos de reflexión los mejores aliados son el silencio que una constante rutina pueda construir, y es que en la soledad de las cosas empezamos a entender que ese ruido externo va desapareciendo en la medida en que nos vamos inmiscuyendo en los pensamientos, como el trayecto en Bus de una ciudad a otra, donde vemos el paisaje pasar ante nuestro asombro, abriendo la mente a reflexiones pendientes, agendas vacías.

Tiempo que nos invita a vivir cada sentimiento como si fuera el único que se tuviera, confiarnos a nosotros mismos los retos de año que ya ha iniciado, empezar a ser negociadores de la disciplina, porque a esta semana y media quizás, es a la que le he permitido no hacer lo que de días atrás he prometido conjurar: Encontrarnos en el blog casi a diario.

Nos vestimos en el orgullo y la pasión, es el mejor traje que un emperador pueda vestir en temporada de gatos, y es que claro amigos míos, me he enamorado. He encontrado nuevamente ese silencio cómplice que me invita  a perderme en una azul mirada, o verde, o miel, o de todos los colores. Pero también me he permitido iniciar nuevos compromisos en otras latitudes, enfrentar los problemas de otros y construir un sueño de vida, ayudar a quien no sabe como dejarse ayudar.

Disfrazar las noches con una copa de Martiny y algunas canciones de música pop, más anglo que británico, pero pop al fin y al cabo.

Me detengo por un momento, pierdo la noción del tiempo y de las canciones que nos acompañan, solo me concentro en el ventilador, en ese ruido constante de calor, busco evadirme en Tuiter, distraigo mi lectura en cortas reflexiones que pensadores más famosos que yo han permitido publicar, no es que este triste o deprimido, sino, estar siempre reflexivo sobre lo que hacemos y dejamos de hacer, como si llegar al vientre de los días nos diera el impulso suficiente para dejarnos caer.

Han transcurrido las canciones en su justa cantidad, ella sigue durmiendo, relajada, dando muestras de vida en un suspiro felino, en su amor por lo propio. Con su pelaje negro y sus patas cubiertas de blanco, siempre de etiqueta lista para caminar con orgullo, sus ojos amarillos cerrados, porque sabe que la observamos, que hablamos de ella.

En la cocina la ingeniera doméstica plancha la ropa, está escuchando la radio local y en ella surgen las baladas de hoy, observo su desidia con cada prenda de vestir, asumo el calor que le debe de acoger como un abrazo, como si le apretara la vida contra la puerta del horno, como si fuese preferible dejarse ahogar en una bocanada de humo, en su propio sudor. 
Regreso a la habitación y nos recibe una balada del ayer interpretada por la bella de Marisela, “A Escondidas” dice que se llama la canción, nos habla del amor y el desamor, yo me sonrío un poco y pienso en mi enamorada, en la distancia que nos acerca, porque ya nada nos separa.

Ha transcurrido su buen tiempo y con él sus historias, como el aprender a conocer mejor a los amigos, o el conocer mujeres hermosas que nos premian en la vida con una bella amistad, el aceptar una copa o aprender a pagar por cada copa que se nos brinda, el querernos como somos y salir bajo el inclemente sol de domingo para dar un beso.

Comernos un helado de Café, tomarnos unas cervezas en lata o viajar gratis en el sistema de transporte público. Escuchar baladas o morir de calor, viajar de un lado a otro o sencillamente comenzar a planear el viaje a Quibdó, sernos fieles en el tedio del tiempo libre, volver a escuchar las mismas canciones.

Julieta acaba de despertar y en la radio comienza a sonar Costumbres, de la Rocío Durcal...


AV

20 de febrero de 2011

El Caballero Oscuro

Imagen Tomada de: Halloween Scarecrow Black Cat Art Original Gothic Painting. New York, United States 2009

Confieso abiertamente que me gusta leer su blog. Es un espacio de buenas letras, se disfruta leyendo las ocurrencias de un fulano que a la vida se le ocurrió traer a este mundo. Un sujeto lleno de historias y pensamientos humanistas. Un personaje que bien ha vacilado en los peores escombros de la literatura, un falso profeta en citadinas conversaciones, todo resumido en una brillante manera de darle vigor y rigor a un ejercicio tan puro y tan eterno como lo es el arte de escribir. Me gusta leerle, lo confieso, porque sus letras me seducen, me atraen, reflejan en mi imaginación ese enésimo sentido de empatía.

La vida tiene una manera extraña y vulgar de burlarse de nosotros, algunos pagan sus errores siendo cuestionados por los propios amores que cultivan, otros son desterrados de manera crucial de una comunidad o alguna reunión familiar. En el peor de los casos la justicia toma postura y da cárcel o sentencias dolorosas a quienes han cometido acciones que para ojos de la civilización son crímenes atroces, otros han sido bendecidos con la magia de la literatura pero castigados con la ingratitud de la lectura.

Estamos en un mundo difícil, no es secreto para nadie que guste o no la nostalgia es una constante en varias generaciones del tercer mundo. Nos han inventado historias y nos han leído notas de prensa. Nos vendieron la utopía con la llegada del mundo virtual, nos seducen con la interacción en tiempo real y nos embriagan con el poder de los medios. Esas mismas desgracias son sabiamente manipuladas y ejercidas abiertamente por aquellos que conservan el don de la literatura.

Premios, festivales, entrevistas, Blogs, canciones, poemas, cartas, suspiros. Todo en la misma vasija de emociones que se despliegan y repliegan en la conciencia del lector. Aquel que fue un buen amigo hace mucho tiempo hoy severamente ha dado postura (con sus argumentos tan válidos como los míos) a la distancia. Da y recibe, escribe y publica, reseña y reflexiona. Es a mi parecer uno de los seres más humanos que puedo conocer, tan noble como austero, tan amable como bellaco.

De fieras nos libramos día a día inclusive al salir del banco o al terminar una cena en un restaurante casual. Los horarios de la mente se desviven cuando de escribir se trata. En mi caso soy sensato con ellas y por eso no escribo, soy pendenciero de melancolías y cofradías, soy mediocre si es necesario serlo. Prefiero el autoexilio, la autocensura, prefiero darle a las historias miles de páginas pendientes, así se me es más fácil revivirlas en mil y una forma distinta. Él, por supuesto que hace lo mismo, pero las escribe al fin y al cabo. Es un Lord si los ingleses me permiten dar el aval, un caballero que sin saberlo, ha dejado su escudo de armas en otras intenciones y ahora se presenta en otros colores.

Como cualquier mortal todos cometemos errores, nos distanciamos, nos enajenamos, nos enfrentamos y confrontamos. Nos autoexiliamos, permitimos la censura con el mismo desinterés con que permitimos cambiar de canal en el televisor de la sala. Permitimos que se nos trate como a lectores de forasteros virtuales, al fin y al cabo esa es la función de un blog. Permitimos que los minutos sean inquilinos al mejor estilo de una canción de Arjona, permitimos ser hijos de la cotidianidad dando rienda suelta a todos los clichés posibles.

Es una buena idea leerle, porque me recuerda que él sigue siendo humano, me reafirma que tiene buenos sentimientos. Puede estar equivocado, pero esa es una postura personal, pues para bien o para mal, la maldad es un punto de vista.

Disfruto leerle, pero no disfruto de su presencia física. Me desespera, me incomoda. Es un ser tan oscuro como quien les escribe y por eso el sentimiento es correspondido. Prefiero dejarlo en manos de las casualidades de la vida, la diferencia es que algún día creí en él. Ahora no se qué creer.

Lo bello de la escritura es que nos perdona en esos mundos infinitos de querernos y leernos, de apoyarnos y seguirnos, de cometer errores y publicar omisiones. Sólo somos hijos de las casualidades de la vida, pero no lo niego, disfruto leerle y lo seguiré repitiendo por las veces que sea necesario.

Confieso abiertamente que me gusta leer su blog.

AV

24 de febrero de 2009

Vagos Deseos de Febrero

Imagen Tomada de: http://www.tendencias21.net/photo/1107745-1413300.jpg

Esta mañana conversaba con un placer extraño, me proyectaba en otras tierras y me rendía tributo en brazos ajenos, como si deseara poder terminar el día en una cama prestada, bajo unas sábanas ajenas y con palabras al oído. Esa extraña sensación que las verdades nos demandan en días inesperados, escuchando quizás una buena canción nos introducimos en el ritmo que las palabras nos apremian y dejamos fluir miles y miles de versos.

Nos atravesamos en discursos bilaterales y eyaculamos en un pestañeo, dejamos de rendir homenaje a la soledad para comenzar a suplicar que el tiempo sea veloz y pasajero, agredimos la lentitud de la ansiedad con sueños y pensamientos que nos transportan a otros escenarios, a otros aromas y quizás a otros mundos.

Bastante tiempo llevamos programando nuestros viajes, nuestros caminos y fijamos fechas en el calendario para que nuestros proyectos tomen forma y se forjen en un equipaje. Quien quiera que sea el portador de las buenas noticias es evidente que lo esperamos día a día en el desespero de la imaginación, le servimos una taza de café y le suplicamos que llegue pronto. Lo observamos de pie a cabeza le mentimos un poco para probar su fidelidad y le ofrecemos una onza de lealtad.

Me siento cómodo, sin preocupaciones ni aseveraciones, si bien el tiempo me permite estresarme y apurarme, correr y volar en azules descuidos, también me sonroja la mirada y me hace aguantar un poco la respiración para hablar, se me desnudan los pies con la pasividad con que determino las decisiones y escribo sus consecuencias, sembramos ideas en graneros prestados.

Ahora el medio es propicio para la planeación de un ataque frentero de felicidad, quizás, la ansiedad no se queda de lado y es precisamente ese ataque inesperado el que nos llega por la espalda, como cantante sin voz dejamos en los gestos las expresiones de nuestros delirios, esos delitos que redactamos en miradas callejeras, en la barra de algún café o en el pupitre de la academia.
Vagabundeando por los libros, enviciado con la esperanza de partir, modificando uno que otro paradigma personal y moviendo de lado a lado las predisposiciones del corazón le damos a la razón una canción para morir, alimentamos con fríjoles y arvejas el descuido del corazón y nos bebemos toda una botella de licor. Brindamos por la casualidad!

Con ciertas dudas aun viajando por el interior de los miedos, acongojamos la voluntad y la cobardía en un salto de felicidad, nos importa poco la reacción en cadena de nuestros temores, porque sabemos que es hora de iniciar ese viaje que para muchos es simplemente un día normal, porque sabemos que es hora de cepillar y planchar, de lavar y acomodar, de guardar y empaquetar, de saltar y correr, de disimular y aguantar, aguantar hasta el final, intentarlo miles de veces y poderlo contar después.

Es hora de vagabundear por las ideas que nos sobran en las noches.

AV

16 de febrero de 2009

Madrugando al Olvido


Imagen Tomada de:
Madrugarle al olvido, hacerse notar con letras que quizás se soñaron y se guardaron para esa nota especial. Sin nombres propios o sustantivos que merezcan su protagonismo se baja en calma a un estado de tranquilidad y ansiedad singular, a esa doble emoción de querer acomodarse a las ideas y a los sentimientos en un despertar de febrero.

Con el encanto de la sensatez olvidamos los dolores del alma para enfocar los esfuerzos en los descuidos de la moral, en la herida abierta de la infancia y las continuaciones de la adolescencia en la siguiente vida. Olvidar para madrugar, trabajar, quedarse quieto en una canción y observar esa nota musical que se repite con frecuencia, esa sensación de vida que se nos va, que se nos escapa como un punto valioso.

Detenemos la rutina para caminar tranquilos por esas mañanas con brisas frescas y frías, días en que amanece con ambiente de lluvia, con ese deseo de mojar el asfalto aun estando nosotros presentes, asimismo nos encubrimos en una esquina o algún almacén, quedamos quietos al primer trueno y contestamos con dos pasos de huída, intentamos escaparle a una lluvia de madrugada. Salimos a recoger la prensa y comprar naranjas, salimos a respirar esa mañana de febrero con el orgullo de haber culminado la semana anterior, nos disponemos a celebrar bebiendo una taza de chocolate.

Desde lejos nos acomodamos a las circunstancias de la cotidianidad, las vemos llegar en tempranas ocasiones y la dejamos entrar, porque en la noche solo hablamos de lo que ocurrió en el día, en cambio en esas mañanas de ahora el cielo nos habla y nos expone sus pronósticos de viaje. El destino de los poetas y el reto de los guerreros, el camino del héroe, el trayecto del salvavidas, las decisiones del General, las notas de la prensa y las mañanas de nosotros, todos con su respectivo ofrecimiento dejan para la posteridad canciones sin dueño.

Inclusive esas canciones sin dueño caminan buscando ser escuchadas en las noches para regresar en las mañanas. Se cuelgan de la puerta del placer para fingir felicidad, se consuelan con vueltas y palabras desmedidas, regresan cada mañana temprano y como si nada hubiese ocurrido nos regalan su melodía y nos suplican su escucha.

No se trata de madrugar todos los días para sentirse vivo, inclusive nos sentimos más vivos cuando caemos dormidos que cuando despertamos, se trata es de evidenciar nuestra capacidad de asombro dormida que tenemos en el abrigo, en esas hojas que caen humedecidas por el ayer, esos pasillos rumbo a nuestras decisiones que se pintan en cuadros de marquetería de bajo presupuesto.

Nuestro rostro se refleja en el agua de las calles, nuestros pasos dejando barro y huellas a la entrada del hogar nos disimulan de la insensatez, nos retornan la juventud y la niñez, esas cosas que sin querer se fueron en el primer sol de enero. Fingiendo felicidad, bebemos ese vaso de leche mojados por la lluvia y con el frío de la madrugada, intentando olvidar ese atrás que quedó con el nombre de nuestras amistades y familiares, dándonos una austeridad en el día de hoy.

Jurando no jugar en segundas partes, le madrugamos a ese olvido que tanto nos cuesta.

AV.

4 de febrero de 2009

Febrero (5 Minutos Más)


Imagen Tomada de: http://msnbcmedia1.msn.com/j/msnbc/Components/Photos/071009/071009_catTrain_hmed_4p.hmedium.jpg


Una semana llena de pensamientos y conversaciones, de miradas variopintas y sentimientos cruzados, banderas que izamos en la soledad de un suspiro, tiempo que nos robamos en el letargo de la tempestad, agua que cae y café que se bebe. Un cigarrillo para apaciguar la ansiedad y quizás un poco también de cerveza, mencionamos en nuestro obituario los momentos que marcaron las vivencias de la compañía amarga y los resaltamos con aforismos plagiados.

Sentarse a iniciar febrero se remonta en el equilibrio de los treinta y un días pasados, suficiente tiempo para pensar y sentarse a buscar la ética de la cotidianidad, a encontrarle moral a los sentimientos que se refunden en conversaciones virtuales o imágenes mentales. Días que pasamos de sobra y que ahora añoramos con la voluntad del parapléjico, querer e intentarlo, soñarlo y justificarlo.
Un buen café en una buena taza nos embriaga de ansiedad al ritmo de canciones latinoamericanas, inventamos historias como excusas para endulzar las miradas que se nos escapan a otras mesas en una cafetería, esos pasos que contamos con sigilo para hundirnos en la rutina sin romper las barreras del anonimato. No pronunciamos nuestro nombre ni dejamos que otros lo hagan, mantenemos en secreto los problemas y estallamos con cualquier intento de equilibrio, la estabilidad se fuga tras una puerta abierta y sólo nos queda la preocupación en el marco de esa ventana que acuñamos con el sudor de las noches; Gatos que duermen sin querer despertar, oficios que heredamos de la cotidianidad y los acompañamos de café, cigarrillos que permanecen como instituciones en nuestra honra y olvidos que intentamos revivir cual diseño de sonrisa que fingimos en el trabajo.

Los cambios tienen la fea costumbre de llegar sin avisar, uno tras otro se acomodan en nuestros bolsillos y suplican por ser tenidos en cuenta, si bien somos seres de costumbres, las costumbres también sufren y se lamentan, suelen viajar por nuestras calles e intentan cruzarse con nuestra mirada de manera sensual o violenta. Noticias cotidianas que nos atropellan en la casa, hogares que dibujamos en paredes extrañas para reconciliarnos con la política, cambios que se quedan en la constante rutina y que piden ser resaltados, dibujados, cambios que quieren ser invisibles a nuestra viciosa voluntad.

En ocasiones junto a esa taza repetida de café caemos en la cuenta de las oportunidades disparadas al aire, vemos como se desinfla el ego en un sobre de azúcar o en el caso dramático de las historias, olfateamos en el humo del cigarrillo la huída de nuestras emociones, quedamos sensibles y desnudos, opacados por las conversaciones de otros, afligidos quizás en un lugar inhóspito o acorralados en nuestra propia conciencia, damos sabor a la cordura, damos para no recibir, damos al vacío sin especular nada.

En tiempos aleatorios quedamos circundados de la ociosidad, la convertimos en rito y la echamos al temor de nuestras noches pasajeras, seguimos bebiendo café mientras pensamos en cerveza, seguimos buscando miradas en cafeterías mientras suspiramos en letras, seguimos vivos por casualidad mientras pensamos en vasos de agua, frívolos y sin censura nos escribimos unos a otros esperando dar la cachetada al que no la ha invocado, mero reflejo de la cotidianidad.

Ahogados de tanto respirar hacemos una pausa y retomamos las horas reales del tiempo, reconocemos que sólo han transcurrido cinco minutos mientras abrimos el corazón en llanto y desespero, sabemos de vicios que guardamos en el espejo. Cinco minutos que sobrepasaron nuestros esfuerzos y que llegamos a creer que fueron vidas enteras, minutos que se fortalecieron con nuestras ideas y dieron inicio al mes de febrero, minutos llenos de sentimientos y remordimientos.

Aun iniciando febrero seguimos consolándonos con esa tasa de café y cinco minutos más.

AV