Foto Tomada de: http://insanityraven.blogspot.com/2007/08/fotos.htmlAV
Foto Tomada de: http://insanityraven.blogspot.com/2007/08/fotos.html
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Quizás escribir nos es simplemente la salida, a veces la salida está es adentro.
AV.
Y me sentaba a escribir, a decir lo que hace mucho no decía, a murmurarme en la pared de al lado de la cama, a sentarme frente a la ventana y fumarme oraciones que no fueron ofrendadas, a escaparme de mis silencios y sentarlos en la esquina. Me miraba en el pasado como el vagabundo que extraña la comida recién servida, como el cocinero que extraña el sazón del hogar materno, como el poeta que no muere sino que se reinventa en cuentos y reseñas, como las aves que dejan al mar en sus costas para embarcarse en veranos repetitivos.
Y me sentaba a escribir, no para pensar en ella, ni en ellos, ni en esas ocasiones de desprecio furtivo y de odio contra el sistema que los rebeldes llaman leviatán, no me siento a escribir por capricho ni por necesidad, solo por cobardía, por dejar servido el plato frío del orgullo y envolverlo con papel aluminio.
Me siento es para leerme en líneas blancas, no para pesarme en la balanza de la cordura y la conciencia, no para envejecer en la intelectualidad de la escuela, no para retar al olvido y escudriñar en ventanas cerradas, ni para violar mensajes y sugerencias. Me siento por capricho, para contradecirme y contrariarme, para dejarme en esa redundancia que nos suplica de más y más.
Sentarse a escribir, no encuentro otra opción. Conversar, hablar, charlar, mendigar, pensar, caminar, en este orden de ideas todo lo anterior se resume a nada, se cierra en un breve lapso de tiempo desperdiciado, la hora de escribir se asemeja a la hora de sueño, donde cerramos los ciclos y abrimos la correspondencia que nos llega en suspiros.
Estuve cerca a una temporada de reflexión, una temporada de gatos abierta a nuevas experiencias, a olvidarme de los problemas de siempre y tratar de enmendarme en una dosis doble de identidad, de asegurarme en otros espacios y quizás con otros actores, cerrando puertas a un lado, abriendo puertas al otro, escuchando propuestas musicales en un lado, oyendo ruidos por el otro, caminando de cerca a las amistades, viviendo con cambios significativos y bla bla bla.
Se bien que me espera afuera, allá, al otro lado, donde la experiencia no cuenta y los pensamientos tienden a ser redundantes, miro el Facebook un rato, leo el correo con afán, miro mi agenda y empiezo a pensar en esa cuenta regresiva que me depara noviembre, en fin, todo se cuela en ritmos y esperanzas, en constantes palabras de aliento que para este entonces son pocos los mortales que como yo podrán darme consejo o concejo alguno, ni para escucharlo, ni para reunirlo. Soy un gato raro, sí, raro.


¿Sabes cuándo parar?
A consideración del tiempo es que me dejo sonrojar con un sarcasmo acosador en el espejo del baño, me visto y me río, me recojo por partes y las camino cada una en su orden hasta interpretar mis silencios, silencios de cama, silencios de baño.
Estuve durmiendo como hace mucho no lo hacía y el resultado nuevamente fue ese vacío de barro que se me introduce en la escritura y se plasma en la visión mundana del sueño; visionando aquellas amistades de infancia, esos descuidos del miedo y uno que otro amor de concreto, de ciudad y de playa, de pueblo y de memoria. Me detengo en un ir y venir del universo, me despido de los males que me sobornan en la web y me amarro a estas mágicas letras que huyen del agosto, del sucesor de julio que me dio de todo y nada a su vez.
Se acercan las brisas de noviembre, se acercan los pasos gigantescos del desprevenido proyecto de vida, me observo con malicia y servidumbre, me duermo antes de que se nuble la colina, dejo en maullidos los juegos de la realidad y me embauco en una aventura literaria prófuga de Cundinamarca.
Hoy por hoy veo la llegada de Noviembre como una señal de dividir en dos esas partes terrícolas que dejamos en la arena, pero son en pleno septiembre que las cosas se detienen.
Primero fue Octubre que Noviembre.
AV.


Por una jarra de aguapanela me muero, me dejo caer… me encierro en hilos de humo que ya no quiero respirar, me dejo sorprender con la melancolía del amor, esa mirada que se escapa en matices, que se humedece en inocentes palabras, en despedidas dolorosas, agujas que me siguen y me conciernen, palabras propias de ángeles y demonios, de santos y pecadores, adicciones que me hunden en la piel, que me alejan de casa.
No me arrepiento de los actos, me arrepiento de las palabras, de esos hilos conductores que nos encasillan en madrugadas, nos acaban en un dos por tres, necesidades que dejo al libre albedrio de la locura, de la ignorancia o quizás de pataletas de infante. Soy lo que soy y vivo de lo que soy, nací para dejar huella no para morir en ellas, no soy monumento ni documento, no soy memoria ni letras, soy aire, soy fuego, soy tierra, elemental como el olvido, como el cuerpo que busca piel, la carne que se queda guardada en el tiempo. Aquellos tridentes de la soledad.
Estoy cometiendo el pecado capital, mentirme a mí mismo, estoy escribiéndoles para que lean este ciclón de susurros que me inundan en la mente, los dedos se me enredan en la ropa, no son capaces de tomarme, de evaluar mis acciones, será miedo? Será aquello que dicen es la adolescencia? No!!.
Le madrugo a mis adicciones, le temo a la costumbre que se rompe como el silencio en misa, como las heridas de un largo viaje, como el conocimiento que se desmiente, como el pasado que nunca fue. Quiero cometer el error más grande del mundo, aunque quizás ya lo hice, pero sé que aun falta más cosas por hacer, empiezo a sentirme en una espiral de puertas cerradas, en un cerco donde sólo el calor del sol me castiga, donde la sed me acorrala y me coarta la libertad, donde no hay aguapanela, donde no hay futuro claro, solo dudas, malditas dudas.
Me tomo por un costado, me muero en un demonio lleno de nombres, de dulces que me buscan para viajar por la sangre, para enmudecerme en chocolatinas y uvas pasas. Mis manos ahora se caen, se enloquecen cuando se tocan en pasión, esa fría y suave maldad del tiempo, quiero atraparme en una cama que me deje dormir, no que me mate en sueños.
Es hora de regresar a los tejados y hablar con la Luna.
AV.
Noches nubladas, algunas con frío. Brisas que se pierden en el diccionario, que estancan procesos con dinámicas aleatorias, noches de frío en brazos prestados, cambios climáticos en hojas blancas y recuerdos revividos por encima del bien y del mal.