
30 de mayo de 2008
Moribundo Silencio

28 de mayo de 2008
Profunda Inconciencia

25 de mayo de 2008
Corazón de Arena

No quiero confundir la suavidad de la arena con la suavidad del barro, porque es el agua la que moja lo suave de lo que recordamos, no quiero triunfar en la plaza porque quiero esconderme en ella, si usted quiere imaginarse al gato corre detrás de la rana, esta es la hora para nadar en su estanco, brindarle esos mensajes que murieron en el tiempo y recuperar quizás los maullidos que se murieron en el asfalto. Con lluvia o sin lluvia, es un corazón de arena el que late y se deja marcar, el que se hunde en la mirada de los sospechosos y se deja morder, ¿Y la rana? Ella sigue con su olvido.
Yo sigo con el recuerdo, con esos antojos que se quemaron en la piel, mientras escapo de la indecisión que me soborna con antojos prestados y me exonera con murmullos mundanos.
AV.
22 de mayo de 2008
El Día después de Ayer

AV
20 de mayo de 2008
Sentimiento Redundante

Loco y callado, mirando de reojo a ese destino llamado soledad, redundante y repetitivo como la memoria, mediocre e impuntual, víctima del amor profano, esos apócrifos que se redactaron en nombre de las instituciones de la fe, esa soledad que se mezcla con leche y se bebe con galletas, que reduce en el chocolate esa dignidad propia de musas y profetas. Soy una sombra que camina en septiembre huyendo de los vientos de agosto, soy un octubre que se estanca en la puerta del almanaque, que se niega a existir, que se muere por febrero, que se estanca en ideas sueltas y clichés llenos de palabras y frases populares.
Soy la memoria del minusválido, soy la camilla del abandonado, la memoria del abandonado, la noticia que destruyó a familias enteras. Soy un error ortográfico, un músculo recién relajado, un mundo en primavera, una guerra en proceso de tregua, un personaje sin novela, una novela sin drama y sin valor. Recién caída la noche me transformo en ese lobo que no entiende el papel de la luna, que se extingue como un dinosaurio hambriento, que se enloquece en una muda soledad, ese lobo que resiste al egoísmo del amor y a las monedas de la limosna. Loco y callado, mirando de reojo a ese destino llamado soledad, redundante como la fe y la esperanza, víctima de lo más profano del amor, hijo de una feria y refugiado de un festín.
No soporto escribir cuando converso con mis letras, cuando me enredo en mis notas y termino siendo un objeto literario y no un objetivo literario. Los acuso a algunos de ustedes de ladrones de sentimientos y de noches de sueño, a esas estrellas que no se estrellaron, esas palabras que se quedaron en el calor de la cama y que no son capaces de madurar con el calor del sol. No soporto verme de reojo mientras en el espejo la eternidad me hace señas con una carta en blanco, mientras el agua del baño se purifica con las lágrimas de la cocina, no soporto sobrevivir con un beso cuando el problema requiere más que un abrazo, cuando la cotidianidad se regresa al pasado y en una noticia llena de morales recuerdos se nos vuelve cotidiana, nos acecha y nos injerta en el corazón una copia del testamento.
No soporto ver ese diploma en tu rostro cuando es la sonrisa la que se gradúa de ingrata y no tu memoria, no soy un error ortográfico que se repite en la escuela, no soy ni siquiera una novela, me arrincono en el desierto y bebiendo arena le digo a usted querido lector que si sabe o tiene razón de ella, dele de mi parte una fuerte cachetada y un beso en la garganta mientras me acomodo en la calle, con mi memoria en una botella y mi comida en una agenda, esa hipocresía que me da de vivir, para sentarme más tarde al frente del Banco nacional y gravarme en la memoria de las noches ese egoísmo que sólo nosotros, las especies en vía de extinción solemos coleccionar.
Miradas que se quedaron en miradas, miedos que se transformaron en miradas: Esos silencios eternos para contar.
15 de mayo de 2008
No Puedo Escapar

Historias sexuales, eróticas, llenas de eufemismos propios de la intimidad y con la elegancia de la mediocridad me dibujan un sabor a sexo en el deseo reprimido de publicar, por la sencilla razón que son historias que me llenan la cabeza de letras en momentos imposibles de escribir. Son historias que se asoman desde una ventana hecha de neuronas y neuróticos, son historias que se niegan a existir y me impiden escapar. Historias ficticias como inventarse la realidad del otro se me incrustan en el ejercicio de observar y ser observado, se someten a la voluntad de mi imaginación para ponerlas en un plano ficticio de este mundo real, se comportan de manera acelerada, en ocasiones ocasionándome largas noches de insomnio, porque sencillamente querían estar allí. Para maldición de este servidor, es en esas noches donde me siento frente al mentado Blog con la disposición de expulsarlas y redactarlas, pero es la maldita hoja en blanco la que se quema en mi mente y me nubla por completo, burlándose de mi capacidad creativa de existir, me deja en blanco como hijo desamparado, me deja solo y con las manos llenas de trabajo sin terminar, me obliga a retirarme de esa contienda con la frustración de nunca haberlo si quiera errado.
Historias que coloco sobre la mesa para discutir con mi ego y mis miedos, historias que cuando quiero imprimirlas en un silbido de locura se me pierden en el arrogante ritmo de la soledad y abusan de mi condición de viajero, se me encarrilan en otros momentos con un dulce de espontaneidad lo suficientemente venenoso como para hacerme olvidar de todo aquello que quería revelar. Es como esa lucha de secretos que se guardan en un cofre, donde lo que importa es el cofre y no lo que realmente guarda, donde lo que realmente nos afecta es la ubicación del cofre y no la persona que lo ve. Nos presentamos como escritores y lectores, pero pecamos en la lectura impropia de experiencias ajenas que pretendemos personalizar en nuestro esfuerzo literario, esa lúdica constante que nos humilla cuando de redactar innovadoras experiencias se refiere.
No quiero ser receptor de palabras, ni repetidor de comentarios, pero estoy cayendo en el olvido de la consecución de historias a partir del deseo de la ingratitud, sólo la paciencia nos hace verdaderos sabios. Cuando una historia me invada la conciencia, dejare de ser consciente y me encerraré en mi inconsciente, para vivirle y huirle sin temerle a mi propia hoja en Blanco.
5 de mayo de 2008
Amarga Sobriedad

AV
4 de mayo de 2008
Santos de Mayo

AV
28 de abril de 2008
Desde la Ventana

21 de abril de 2008
A Lo Natural
Esa contaminación auditiva y visual que nos inunda en las calles, que nos somete a cambios fuertes en la identidad, esa contaminación que se convierte en modo de vida en los callejones sin salida que nos inventamos en el pasar de la rutina, basura emocional, basura espiritual, basura medieval al fin y al cabo. Avanzamos al ritmo del tercer mundo, nos enajenamos con las curiosidades de los países desarrollados e inclusive nos entregamos a los vicios de las calles, ese caminar pausado y temeroso que nos promete en tiempos electorales esa consigna que dicen es "la cultura ciudadana". Esa premisa que repudiamos en la casa y en la escuela, que nos la metieron por los ojos en los noventa y que hoy en pleno decenio nuevo llamamos reciclaje, pero es que si vamos a reciclar debemos por empezar a reciclar esos malos sentimientos y odios guardados que en reciclar papeles, cartón y botellas.
Hay ciertos empaques o bolsas plásticas que según el color nos indican donde se deben botar los desperdicios que diariamente mal implementamos, así y todo, confundimos el cartón y el icopor con el color del basurero donde debemos de arrojarlo para poder reciclar, finalmente en este asunto voluntad hay y mucha, pero educación y conciencia poca, es decir, decidimos reciclar y ahorrar agua cada vez que una campaña de prevención o imposición política nos lo exige, pero en estos laboratorios sociales se nos olvida colocar alguna bolsa plástica que de determinado color nos enseñe a reciclar esa intolerancia y ese rencor que llevamos en los bolsillos, o por lo menos innovar con algún artilugio que al igual que en los automotores, nos regule el CO2 que sacamos de nuestro cuerpo, para el caso de nosotros los mortales, el CO2 (Conciencia Doblemente Oxidada) se repliega como virus por los espacios del hogar hasta inunda escuelas, parques y lo más absurdo de todo, los semáforos.
Reciclemos la pobreza, Reciclemos el hambre, reciclemos todos los esfuerzos para sembrar amapola o promover espectáculos humanos en circos legislativos, tratemos que nuestra conciencia se disperse un tiempo y como gota de agua ayude a nacer un río de tolerancia y respeto, un mínimo de amor y sentido de pertenencia, para que los tratados internacionales promovidos por la ONU y UNESCO se dediquen a rifar anchetas y no a mendigar protestas.
Al fin y al cabo todo este mundo color rosa o este imaginario de la Paz Perpetua que promovemos en Blogs, Murales, Graffitis, Caricaturas, Literatura y Academias sociales no se quede como un cliché o un espasmo de pasión secular, sino que se determine como el modelo de Statu Quo que se debe dictar en las escuelas básicas primaria y fortalecer en los escenarios de la educación media y superior, ahora bien, todo nace como un modelo de consumo y producido, un modo de vida y no como un reglamento o un fisco normativo. Quisiera en estos momentos que esta semana de la tierra tuviese el protagonismo que merece y no ese anónimo rol de documental que asume en la programación de las dos principales redes mundiales de TV.
Absurdamente me siento a escribir este post como tributo a GAIA, como un breve homenaje a esta semana verde que se promueve en algunos canales de tv, lastimosamente se y estoy convencido que las necesidades ante este tema se rezan en otro tipo de movimientismos y no estos espacios de reproducción intelectual, es decir, donde logramos es escribir cosas que ya sabemos pero no movilizar a los lerdos que ya conocemos. Espero lograr algo con este sencillo escrito, si quiera una crítica negativa, pero moverle el traste a algún desprevenido.
Suerte y que sigan su rumbo.
AV

