20 de enero de 2023

Tiempos (Enero)


Imagen tomada de:  https://www.istockphoto.com/es/search/2/image?phrase=gato+con+lentes


Vamos cursando los días de enero con total normalidad sin embargo como todo inicio de año surgen revoluciones que más que incomodar terminan por replantear la existencia de nuestra materia en este plano terrenal.

Algo que he logrado ir ajustando en mi aireada manera de ser es el poder tomar impulso antes de desaforar alguna versión de mis desencantos, incluso con muchos errores de por medio, pausar palabras, bajar el tono. De seguro ya no soy ese muchachito de ayer, el señor de hoy.

Tiempos.

Días en que no logramos comprender directamente las emociones o el valor con el que el otro nos señala. Momentos que se nos hacen imprescindibles para continuar junto a nuestros temores. Somos lo suficiente para lo que el camino nos determina, pero en ese trayecto también debemos de ser lo suficiente para decir no a aquello que nos incomoda, aunque la vida misma sea todo ello lo que nos incomoda.

Espacios.

Labores que debemos de cumplir en cada rincón de nuestra mente, diseñamos cuanto la vida nos exige, nos encontramos en pensamientos frecuentes. Vamos dejando de lado las pasiones de otros días y transformamos esa energía en relatos, nos creamos cuentos y fábulas para no caer en el abismo de la voz.

Días de enero que nos van mostrando en una serie de acontecimientos el modo mismo en que tenemos configurado nuestro mundo. Las rutinas que hemos tenido que re organizar ante las ausencias, los espacios que se han re creado ante la existencia de lo obvio, las decisiones y los afanes que cada lección nos llega al escritorio, como si fuera una tarea.

Aprendemos a tolerar todo lo que nos molesta pero es evidente que con la vida no nos podemos molestar, debemos de sobrellevarla y espantar en ella cualquier asomo de diálogo con el más allá.

Podernos decir internamente que todo estará bien, que así como muchos comensales, morimos por dentro ante cualquier injusticia, ante cualquier recuerdo o nostalgia.

Que nos cansamos en el trayecto, que una taza de café no es suficiente, que un cigarrillo se nos convierte más en un padecimiento social que en una salida fácil.

Espera.

No solemos darle lugar al calendario como si fuere un relicario de oportunidades, ni nos imponemos al misterio de una luna nueva para darle significado al año que empieza. Claro, tenemos rituales decembrinos y acciones de reflexión de enero, pero estos días de enero son esperanza y amargura.

Esperanza para lo que anhelamos sea mejor en los duros acontecimientos de nuestra existencia, anhelar llegar al fin del año con mejores cifras en cada indicador.

Decisiones.

Amargura ante la frustración de cada pendiente que el año anterior empuja a la orilla, como los desechos de una vida que nos sigue presionando para darle final a todo lo que no podemos tolerar. Decidir ante la duda.

Vamos caminando entonces, como se mencionó en anteriores escritos, dejando huellas que arden de pasión, mirando al horizonte con temor, eso sí, con un gesto de seriedad lo suficientemente convincente para que todos piensen que estamos en exitosa rebeldía.

Con voz tenue, con la pausa del malestar de turno, ya no vociferamos al opositor o incompetente sino que caminamos el sendero pensando en la alternativa requerida con una voz apagada, una mirada de perdón sobre la situación, manos vacías de poder y palabras de despedida.

Hay días de enero que aparentan existir con total normalidad, sin embargo como todo inicio de año surgen revoluciones que más que incomodar terminan por replantear la existencia de nuestra materia en este plano terrenal.

Hay días que no son normales, y enero.


AV

17 de enero de 2023

Intenciones (Suspira)


 Imagen tomada de: https://www.artmajeur.com/hanggaravicky2/es/artworks/15977770/galaxy-cat

GALAXY CAT (2022) Arte digital por: Vicky Hanggara.


Nuevamente la música es musa de inspiración, puente o canal de motivación para llevar en letras lo que por dentro se contempla. Somos caminantes que con nuestra propia sombra vamos de lado a lado especulando un futuro mejor, nos llenamos de expectativas ante las múltiples posibilidades de encontrar la felicidad que a la final terminamos siendo solo un transeúnte envuelto en la casualidad.

Observamos desde el silencio a cada sujeto que transita por la vía: unos se desplazan con tanto afán como si huyesen de la lluvia, otros se estancan en sus propias ideas y avanzan a paso lento, como si tuviesen una pena ardiendo en sus huellas. 

Desde el silencio nos cuestionamos nuestro lugar en ese pasillo, con nuestra sombra vamos alegando al tiempo la suerte que nos corresponde, el deseo mismo de ser y estar en otro lugar, de la desidia misma de recuerdos y sentimientos.

Una canción puede a bien darnos la luz que en la oscuridad las ideas nos suelen acongojar. Una canción por supuesto, puede ser el impulso para hacernos volar en aquel barranco de la vida, para bien o para mal, nos dejamos caer.

Canciones que nos determinan la forma de pensar o actuar (de caer).

Hay temporadas en que estamos de mejor ánimo para proceder el camino llano de la vida, por supuesto que nuestro pasado nos determina pero no lo suficiente como para permitir que terceros nos juzguen, precisamente, desde ese silencio en el que nos observan.

Podemos tener historias complejas, siempre lo he dicho, todos estamos rotos por dentro. Todos, usted que me lee, yo que le escribo, ellos que nos observan. 

Cargamos pensamientos y recuerdos que en algún momento nos rompieron el alma, nos derrumbaron, nos hicieron sentir alejados de cualquier víspera, pero esto no es motivo ni intención para seguir por la vida alegando tristeza y abandono.

Somos seres complejos y cargamos pensamientos que son más castigo que memoria, somos sujetos llenos de expectativas, de deseos, de miradas que buscan en el tiempo un segundo de paz.

Miserable es aquel que juzga a quién en su propia suerte se queda colgado en su silencio, como si juzgar fuera la solución a la tristeza o taciturna melodía. Como si la vida fuera un tintineo de pasos que en sus huellas arden recuerdos y paradojas. 

No, la respuesta siempre es no.

Todos podemos continuar en ese péndulo de vida y satisfacción, con sacrificio tal vez, con sangre quizás, lágrimas siempre habrá, sudor de vez en vez, pero es un camino que todos recorremos y en el que vamos conociendo todo tipo de personajes que, de nuestro lado podrán ser pertinentes o nocivos, a la final el camino es uno solo y entre mejor nos sepamos acompañar, mejor nos sabremos abrigar.

Dejemos en el libre albedrío la posibilidad de relacionarnos, de hacernos culpables de nuestros desiertos y nuestros jardines, de permitirnos conocer personas de todo calibre, que en sus sentimientos y sus intenciones nos permitan crecer o morir, que podamos vivir y re vivir toda canción, que en miradas de complicidad o rivalidad podamos entender nuestro lugar en el péndulo de la satisfacción, en el tintineo de campanas como si fueran huellas de fuego.

Que desde la sabiduría del silencio podamos construir cuantas palabras sean necesarias, redactar las mejores cartas y componer las grandes canciones de la humanidad. Que en la idealización del otro podamos figurar miradas de muchos colores, inclusive, delinear el silencio en melodías sensibles al tacto humano.

Que desde la impaciencia aprendamos que el camino es llano aunque se siente en ascendente premura, que aunque el tiempo sea un solo tintineo de huellas, el horizonte sea siempre el mismo sol (aun cuando la lluvia nos quite el sueño).

Que podamos ser y estar: sembrar decisiones y cosechar intenciones.

AV

11 de enero de 2023

Entretiempo (22)

Imagen tomada de: https://fineartamerica.com/featured/bee-witched-debra-hall.html

“Bee-witched” By: Debra Hall

Si bien no había sacado el momento para escribir cuanto ha pasado por mis pensamientos, bastante se ha reflexionado desde los últimos meses del año que terminó. Año de aprendizajes como reiteran varios contertulios en sus redes sociales, tiempo de transformación como bien se resaltó en este blog con las enseñanzas del profesor Salazar, el piloto Hernández y el gran amigo Diego Alejandro.

Se cierra entonces un año 22 cargado de fuertes lecciones. Más allá de las opacas situaciones que impactaron mi estabilidad (e inteligencia) emocional al punto de derrumbarme en mis propias lágrimas, fue un año que dividido en dos sucesos particulares me aventaron al vacío sin consideración.

De una parte reintegrarme a la sociedad como un ser ahora en solitaria vocación por buscar una vida mejor, con muchas emociones que licuadas en llanto fueron simplemente un sendero de malas decisiones, angustias e incluso rabietas. De otra, el menester ejercicio de querer conservar lo que me sostenía en ese preciso sendero y de ahí la importancia de las lecciones del gran amigo y piloto el señor Hernández: Cuidar el trabajo, cuidar la salud y cuidar los sueños.

Ante mi ausentismo en gran parte de los momentos clave que debí de dar atención terminé por cargar una maleta muy pesada en esa triada llamada trabajo-salud-sueños.

Gracias al Buki no hubo repercusiones en mi salud, pero sí enfrenté un incómodo suceso en el trabajo al punto mismo de recordarme el abismo llamado amor, finalmente la lucha más grande fue en el cuidado de los sueños, porque de los sueños es que nos construimos como seres humanos, son los sueños o anhelos lo que precisamente nos dan energía para cada mañana amanecer con ganas de salir.

En esto que llamaré “entre tiempo” tuve a bien la oportunidad de conocer muchas personas y como buen idiota, tuve por supuesto la insolente ración de ingratitud, en otros contextos puse a prueba mi inteligencia dejando en evidencia su incompleta estructura para tomar algunas decisiones. En otras situaciones logré sin sentido lógico salir adelante al punto mismo de superar las expectativas de lo soñado, a la final, un sendero húmedo con sabor a sal.

De este entre tiempo es que se retoma el nubarrón de la nostalgia, una pizca de melancolía si le podemos denominar así, repensando nombres, momentos, labores, incluso pendientes, en todo ello, la notable ausencia de los que uno pensaba estarían allí pero no los juzgo, a veces la gente piensa que alejarse es un favor.

Rabia.

Un cierre de año con tres meses que se fueron en el más salvaje carro de balineras sobre una loma de incertidumbre llamada vida. A una velocidad en la que los pensamientos tuvieron que convertirse en instinto, ser obedientes con el plan de trabajo diseñado y con mucha vocación de fe para su adecuado resultado.

Se sintió la ausencia, bastante, casi como una inmensa sala de teatro con un solo asistente. Se sintió el desapego hacia ciertos propósitos, porque cuando las cosas ya no nos pertenecen terminamos por convertir en paisaje lo que para otros en un maravilloso logro de vida.

A bien puedo señalar la oportunidad de vivir, de darme cuenta lo mucho que tengo pendiente por terminar, de esos sueños que estaban guardados en una gaveta sin fecha de caducidad y que debía de retomar. De reconstruir mi esencia y mi nombre. Claro, hay que limpiar el desorden y quitar las manchas que se dejaron en muchas personas porque está en evidencia que cometí muchos errores, algunos a hoy día los sigo pagando, pero también conocí a algunos ídolos, también estreché manos y di abrazos a personas maravillosas que sin tener carga alguna me recibieron en su sonrisa.

Ternura.

Resaltar en ella el valor de la familia, mi madre. De entender que estamos juntos en este plano y allí es lo más importante a cuidar, los amigos aparecen cuando consideran es menester hacerlo, pero a la soledad que fui sometido doy gracias al Buki el coraje y valía de mi madre, una vez más su fuerte carácter lleno de amor logró de alguna manera, sostener mi mano mientras hacía maromas en ese húmedo sendero del que les hablé líneas arriba.

Sigo resolviendo asuntos personales del 22, ahora hay nuevos retos en el 23 y cómo no, con ellos tendré que a juicio de una buena planeación organizarme para retomar la esencia de quien soy. Redescubrir a ese “Don Gato” que con mucha pasión construyó lo que casi perece por la falta de luces en el camino. Retomar la escuela, aprender cosas nuevas y ahora sí, intentar paso a paso, volver a conquistar el mundo soñado.

En este entre tiempo todos sufrimos, a todos nos pasaron cuenta de cobro en errores y descuidos. Muchos nos dejaron, otros tuvieron que partir de este plano y su ausencia es un vacío que merece un brindis y una lágrima de corazón. Vivimos retos que no pensamos que serían así de exigentes justo después de pasar dos años de pandemia y crisis social.

Hay que continuar y jamás olvidar lo importante: Nuestro tiempo.

AV

17 de octubre de 2022

Torbellino (Soliloquios)




El reloj no se detiene, la energía continúa en movimiento y las emociones se aprehenden de cuanto recuerdo deambula en las paredes.

Hay sonrisas que inevitablemente siguen vigentes en la memoria, se aparecen como un virus que se apodera de la memoria interna.

Hay canciones y momentos que siguen vigentes sembrando sentimientos distintos a los que quizás en su tiempo fueron ejemplares, hay un vacío enorme que se vislumbra a lo largo del horizonte, donde el atardecer ruge con su rosa y naranja querer.

Son días de cambio, sí, tiempos de transformación y claro de quejas y sollozos.

Me encuentro sentado en soledad viendo el fin de semana terminar su jornal y en la oscuridad de un viaje, ver anochecer todo aquello que transmuta a la soledad.

No imaginé que todo retornaría en un torbellino destructor, que todo eso que con amor se ha conservado en la gaveta, ahora empezaría a dar pulla y a escapar uno que otro quejido en mi interior. No lo creo, porque siempre le he dicho a todo aquel que me ha consultado por mi sentir, que todo lo tengo en un sentimiento de amor incurable, que en el perdón y la reflexión guardo paz por aquella persona que con tanto amor me brindó importantes días de su vida, pero algo me ocurre. 

Algo oscuro me abraza, algo ininteligible me empuja a conversar con lo que ha callado siempre, me alega por esto y lo otro, me resalta lo que está ausente o lo que fue llevado sin avisar.

Me da malestar y con el algo de indignación ante el espejo, me resisto a dejar que lo que otrora octubre fuera amor y luz, hoy sea silencio y pesar. Me niego porque ante todo a la memoria hay que darle la paz que en los actos del pasado fueron tejidos de amor.

Pero el amor duele, duele cuando no está.

Duele el amor cuando se ha terminado y se recuerda en una canción o una fotografía. Porque no la canción, ni la fotografía son culpables de haber registrado una gran felicidad en un momento determinado de la vida. Duele porque a la memoria solo se llega de manera individual, en soledad quizás, o en letanías tal vez.

Ha sido un fuerte día porque si bien se ha dado al proceso la correspondiente labor de esperar, inhalar, exhalar, respirar y sollozar, no es suficiente.

No.

Meses de cambio, de transformación y en ella, de divagar ante los deseos del futuro y los deseos del pasado. Qué fuerte es encontrar diferencias en aquello que fue soñado a cuatro manos y a dos voces, con aquello que hoy es soñado en soledad.

Se aprende del error y se hace la labor de revisar todo aquello que se pudo hacer mejor, se aprende en uno mismo, pero no os digamos falsedades y es que aprender desde el otro no es una labor vigente, por el contrario se nos vuelve una muralla de imaginarios y mitos sin fundamento, una colosal plegaria de nombres, objetos y pendientes.

Hay tiempo para recrear en el olvido todo lo que a bien debemos de ajustar para que el camino que se recorre sea un trayecto amigable y poco doloroso, si bien hay paradas técnicas en dónde el llanto y la desidia retoman protagonismo, son precisamente esos mismos sucesos los que van dando valor al aprendizaje y cómo no, al agradecimiento.

Tiempos por igual en que sin andar de a mucho, estáticos en una cama o en un sofá se sobrepone a la nostalgia y se da paso a un sinsentido de excusas.

Me declaro, pero no me escucho.

Me pierdo en torbellinos, en excesivos pensamientos, furtivos algunos, otros llenos de canciones y melodiosas esperanzas.

De seguro alguien me está esperando en la parada del bus.

AV


12 de octubre de 2022

Transformación (Apuestas)

 

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La vida nos da sus lecciones de alguna manera, ajustada a la realidad que estamos acostumbrados a navegar, no significa lo anterior de que haya aprendido algo en los recientes días o que quizás de mi parte haya un crucero emocional en diversos umbrales hasta llegar a la verdad requerida, no.

Sigo en tránsito.

Estas lecciones se dan porque en el momento de recorrer los pasillos de lo indomable nos acomodamos a lo absurdo de lo obvio. Me explico. Somos sujetos de emociones fuertes, nos confrontamos a diario en decisiones, temores, confusiones que en su mayoría siguen vigentes, allí yace la base de lo absurdo; nos acomodamos a lo conocido y de eso apartamos lo feo para endulzarnos con lo fácil, lo obvio.

Si somos seres dramáticos, la vida nos dará el drama esperado y con este el aprendizaje sin hacer falta el correspondiente juego de luces y confetis. Si somos seres de silenciosas acciones entonces la vida de muda manera y con el frío de otoño nos golpeará tan fuerte que pensaremos que ha sido una señal.

No es pues que tengamos que recibir una notificación con el mensaje explicado y con correspondiente infografía, a veces es solo mirarnos al espejo y reconocer en esos ojos el estado del alma.

Conversaba con una especial amiga de la vida y a bien coincidimos que el tiempo y espacio han estado en permanente transformación, en giros que para algunos como nosotros, los cachorros de ayer y hoy, hemos confrontado con lo más significativo de nuestra vida.

La fe.

La pasión.

Coincidimos además de que hay que descansar, es momento de una pausa y con ésta de un ejercicio de replantear todo aquello que condicionamos importante. Porque lo importante fue pero no sabes si lo siga siendo. Porque lo que amamos ahora no existe o se ha transformado. Porque lo que nos dignifica ahora no nos reconoce de la misma manera.

Es el efecto helado de chocolate, donde lo amamos de infantes pero ahora de adultos muchos se han alejado de ese sabor en particular. Aquello que construimos con los anhelos de juventud se va reconfigurando con las ansias de la vida adulta. Es coincidir en cada mensaje que nos llega en forma de tarea, viaje o promesas.

Es la vida y sus lecciones un permanente escollo de tropezar con la misma piedra mientras no se aprenda por qué está allí esa piedra. Nos quejamos claro, porque es un deporte de infinitas acciones. ¿Aprendemos?

Pero es cierto por igual que la manera de aprender varía en cada personaje, cada mensaje tiene una codificación mística que permite que se de esa transformación anhelada y no la otra transformación, la permeada.

Somos sujetos de emociones, insisto. Somos seres en tránsito, resisto.

Cada reto que construimos a lo largo de la vida se nos va convirtiendo en un aliado o un antagónico y allí no podemos permitir ser víctimas de las emociones ni tercos ante las señales pero qué difícil que se nos convierte el caminar.

Soñar.

Han sido días muy difíciles en los que la solución a cada reto se ha dado en personajes y palabras de aliento de diferente origen, no necesariamente del nido central o las zonas de confianza.

A veces, solo a veces, se escucha el ruido demasiado tarde.

AV



11 de octubre de 2022

Transformación (Preguntas)


 

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Hay momentos en que de lo más profundo del corazón surge esa inquietante pregunta que de algún modo, sigue vigente en todo aquello que el profesor Salazar reza como “transformación”. Observo al sujeto del espejo y en sus ojos cansados encuentro algo de expectativa, quizás haya pasión vigente, se tenga en buen tenor la vocación por hacer de este un mundo mejor, quizás simplemente sea el rostro de una sorprendida mueca de adultez.

Han sido semanas de mucha presión, semanas en que me he encontrado en el borde del abismo observando el fondo de este como una pileta de agua cristalina, jugando con las palabras no dichas. Me asfixia el silencio, siento que me aprieta el alma y me estruja el estómago, ser resiliente se vuelve una lucha permanente de pensamientos propios y esperanzas insanas.

Entonces me pregunto en constante momento desde la semana pasada a nuestra lectura si todo esto vale la pena. Me asomo por todos los rincones que la vida me deja perdiendo en cada uno de ellos algo de mi fe. Me asfixia la soledad, no tener un equipo de apoyo, un círculo que nos rodee con sus reclamos, sus apreciaciones de lo mundano o sus visiones de lo futurible.

La nostalgia se convierte en sed, seca a garganta y en lamentos nos hace imaginar alternativas condiciones de vida, quizás en alguna de ellas las cosas salen bien y nos dejan libremente caminar. El hombre del espejo está cansado, veo tristeza en sus ojos, algo de buen humor en sus palabras pero la tristeza no se puede ocultar por más maquillaje que se interponga en el cascarón.

Una nostalgia que con el deseo de lograr cambios significativos se sumerge en esa pregunta transformadora, momentos en que el esfuerzo ha sido tan digno que es solo fantasía. Días en que la dedicación ha sido atrapada por la falta de voluntad de quienes dicen ser nuestros aliados. Una soledad que trasciende lo emocional.

Un silencio angustiante, frío, calculador, intransigente.

Egoísta.

A veces se siente algo de calor y uno se ilusiona con merecer algo mejor. Que el tiempo no se detiene pero nos lleva en su carril veloz. A veces se siente algo de calor y en confianza avanzamos con las ideas propuestas, con el buen ritmo de la esperanza. A veces, solamente a veces.

Con ilusiones labramos el plan pero con acciones es que vamos escapando a los atisbos de los tiempos difíciles y es preciso allí donde concurre nuevamente esa pregunta transformadora.

Sentado sobre un banco de madera, bajo un árbol de guayaba y con la frescura de una tarde de octubre, de esas que amenazan con lluvia, siento ese frío del alma al interior del estómago. Me avanza un calambre sin precisar, una angustia que me recuerda que todo sigue su curso, como el avión que va en picada, o la alta ola que ya en su pico más alto emprende el viaje a tierra (con ganas de llevárselo todo).

Camino de lado a lado, me hago preguntas y las respuestas me arrancan la calma, me llevo en los bolsillos las preocupaciones y encuentro alrededor soledad, desinterés, impaciencia.

No juzgo a quienes no están, porque sería insensato con quienes han estado, por supuesto. Pero qué clamor que contrae a todo esto el ver que quienes dicen estar, están ocupados.

Bien podría acusar al viento y sus corrientes que no son asuntos de voluntad sino, de agenda. Inconcebible que día a día, se llegaron a cumplir hasta 6 meses esperando a que alguno de quienes hoy leen estas letras, sacaran un espacio para escucharme, para proponerme, para caminar de mi lado o simplemente, para decir: no, gracias.

Una fragilidad que se convierte en pesadilla, una mirada del contexto que se nos escapa en buenas intenciones y va alejándose en el libro de las preguntas. Momentos propios o ajenos, aprender a sobrellevar en el peso del camino los rechazos y desplantes que la vida y sus principales actores nos va germinando.

Se quieren muchas cosas pero ante todo, la terquedad y perseverancia se atrapan en el frio silencio de la soledad. No tengo claridad si es virtud o defecto, si es una intransigencia enfermiza o una resiliente etapa de vida, un camino de casi cuarenta años o un desliz de los últimos cuatro.

Un libro de preguntas que escribo a diario como parte de una transformación no deseada, es claro que nadie quiere que le arranquen de la manera más intempestiva todo aquello que alguna vez dio identidad.

Hay momentos en que de lo más profundo del corazón surge esa inquietante pregunta que de algún modo, sigue vigente:

¿En qué momento se fue todo al carajo?

AV


3 de octubre de 2022

Correspondencia (Refugiados)

 

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“Night is the Mother of Counsel” By: CatalinPrecup (2012)

Ha llegado el momento de poder fijar la mirada en el espejo y escudriñar en ella todos los temores que tanto se han cargado en el tiempo. Vislumbrar en la retina del otro, el del espejo, esas dudas que uno siente que viajan en las articulaciones del cuerpo humano, el cuerpo vivo.

Momentos de entender las emociones y aprender (otra vez) a pilotear esta nave para no accidentarse en los terrenos de lo inverosímil. Momento en que parado sobre la arena observamos una inmensa ola que ya levantada en su pico más alto, besando al sol y dando colores al aire comienzo a tomar la fuerza para arrasar con todo aquello que no esté preparado para seguir en pie.

No estamos preparados para los cambios, no somos responsables de los caprichos del azar. Somos métodos, somos historias, somos caricaturas. Somos palabras que se refugian en el discurso de un tercero, somos testigos de caminantes que han dejado de soñar.

Nos refugiamos en cada consecuencia que las circunstancias exprimen, como un juego de palabras en un entramado de adivinanzas, donde todos somos buenos, somos trabajadores, donde todos somos la evidencia de una vida pasada, donde nos entendemos por miradas cansadas y no por las expectativas de la memoria.

Ha llegado ese momento de comenzar a caminar hacia adelante aún si duele el trayecto, de guardar en silencio los dolores y esperar que quienes observan guarden prudencia en vez de importunar con sus preguntas o incluso, intervenir con sus acciones llenas de sal.

Caminar de modo tal que sigamos haciendo historia con las huellas que quedan en la arena húmeda, donde la conciencia nos deje luchar contra nosotros mismos si es necesario, donde nos podamos defender de los malos pensamientos y dejar en correspondencia mil y un historias que hayan transcurrido en la pantalla de un viejo cinema.

Momento en que las historias que vivimos son propias y en silencio se condensan emociones antes no identificadas. Emociones que no cuestionan y con algo de rabia o temor, nos empujan hacia el bullicio de muchos ignorantes.

No entendemos en su totalidad los sentimientos que nos fluyen en soledad, aquella rabia sobre los que no están, o aquel amor imparable que ante la amistad surge a pesar de no estar siempre correspondido. Sentimientos que nos pueden mostrar la luz en la escalera, sentimientos que nos pueden barajar las posibilidades de vida que podríamos a bien recorrer.

Sentimientos que nos esclavizan sin importar el origen que tanto nos estrujó.

Caminamos para dejar al futuro una semilla ajena a los registros del pasado, porque no queremos revisitar los dolores de quienes alguna vez lo intentaron, ni tampoco recaer en las emociones perdidas de quienes en nombre del amor, se encerraron en soledad. Es mejor pensar un futuro donde la libertad sea sinónimo del deber cumplido, de aquello que murió con una sonrisa en el rostro y no con una mueca de tragedia en el alma.

Alguna vez esperé que todo retornara con la misma benevolencia con la que hemos dado la mano, a pesar de no suceder, siempre nos regimos a la buena fe, a la voluntad que nos hace humanos.

Imperfectamente humanos.

Una vez escribimos una historia nacen de ella preguntas y personajes que van a querer tener su propia página. Una vez tomamos decisiones, aparecen dolores y pensamientos que ponen en tela de juicio cada consecuencia de la decisión tomada, para bien o para mal terminamos siempre en el péndulo de un silencio incómodo y adulador.

Llega el momento en que no podemos determinar si lo que hacemos es parte de una idea oportuna o es un tiro cargado de azar. Rogamos por alcanzar la meta y en ella la tranquilidad de lo que siempre nos ha significado el esfuerzo invertido.

Recientemente vemos en el abismo el reloj marcar cada minuto, sentimos el vértigo y recordamos las palabras y miradas de quienes se oponen de manera directa o indiferente a lo que nos reza.

Dejamos que todo aquello que nos convoca sea amable con nuestro ser a pesar de saber en el fondo lo duro y espinoso que es todo aquello que implica lo que hemos construido. Dejamos todo en una hoja de ruta que por ciertas condiciones se lleva lo mejor de nosotros.

Nos sucede todo aquello que merecemos.

AV


28 de septiembre de 2022

El Soñar de los Caminantes (IV)


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https://fineartamerica.com/featured/electra-susan-maxwell-schmidt.html?product=art-print

Electra Art Print By: Susan Maxwell Schmidt

Muy bien.

Retomemos esta conversación: hay algo que hoy duerme conmigo. Es un pensamiento recurrente que se asoma con un poco de moral de vez en cuando. No se trata pues de afirmar una presencia o una entidad en determinado lugar, gracias a Dios podría decir que estoy limpio y libre de parásitos.

Es una conversación solamente, dónde algo de ansiedad y temor principalmente, deambulan entre las emociones del adulto solitario. Estoy afrontando algo de pesadez en mi cotidianidad, la mente me pide resolver asuntos terrenales que por diferentes caminos se me han vuelto complejas condiciones de vida.

Hay que tomar un respiro quizás y darle premura a lo que aqueja.

El primer cuento que escribí en términos de formato de concurso fue “El olvido de un alma”, diría que estuvo en un primer borrador en el año 1998 y se fue madurando (en medio de mi inexperta escritura) hasta tener una oportuna versión final. Fue el año 2000, recuerdo mucho a la profesora Liliana, una mujer joven que siempre me impulsó en mi circuito escolar a escribir, a desarrollar mis historias a fondo y no dejarme bloquear por ideas externas a mi sentir, en ese preciso año 2000 un mes antes del inicio del ciclo escolar recibí la noticia de que mi obra sería ganadora de un concurso importante, más ansiedad que persona fui a la espera de iniciar el colegio para compartir mi felicidad y agradecimiento a la profesora que había confiado en mi.

Llegó septiembre (calendario B) y al empezar el ciclo escolar tuve la frustrante noticia de que la profesora Liliana no hacía parte del plantel. En su reemplazo llegó Adriana, otra mujer joven pero que desconocería en su totalidad mi proceso de casi 6 años.

Fue la primera frustración que traería este escrito en las circunstancias que derivarían con el pasar del tiempo, porque a los caminantes los sueños los defines, y porque en los sueños se construyen universos.

Llegué a la ciudad de Medellín y tuve la oportunidad de conocer personajes importantes en el circuito literario colombiano, como el escritor Castro Caycedo, al gran poeta Niño, además de algunos líderes culturales de la región antioqueña como lo sería la Fundación Arte y Ciencia, entidad que creo, me cambió la vida.

Rituales y pensamientos que nos guían entre páginas y caminos, son solo eso, rituales y caminos, tinta en papel, frases y conexiones de ideas en diferentes expresiones literarias. Todo se detallaba y se maduraba en una serie de conversatorios y talleres recibidos, fue una experiencia que luego, a las dos semanas, reafirmé al volver a Medellín ahora para un encuentro de Periodismo Juvenil, donde me encontré con los líderes de Camaleón como al gran Julián Quintero.

La historia de cómo esta obra literaria tomaría forma y fondo, quizás ya se las he narrado en anteriores entradas y en ese orden de entradas he dado giros sobre múltiples temas y sensaciones, más duda filosófica que rituales esotéricos.

El primer escrito señalaba algo como esto:

“No me encontraba solo, me encontraba en compañía de otro caminante, de otro indeciso, otro débil como yo. Sí, débil de pensamiento y consciencia, débil de cuerpo y de alma, tan débil en su forma de mirar la vida que incluso recuerdo sus permanentes quejas, una frustrante convivencia de la vida y su existencia. Gabriel (su nombre) siempre se cuestionaba el cómo, el por qué, el cuándo y el dónde de todo, hasta de sus inicios vitales.”

Evidentemente ha habido ajustes de redacción y forma en lo que fuese un intento de reflexión filosófica en un personaje particular. Sería un escrito auténtico en una edad corriente de descubrimiento permanente, incluso a día de hoy me sigo cuestionando todo como lo hacía el personaje de nombre Gabriel, para entonces no había fuerza que le diera poder a lo que el pensamiento sembraba tiempo después, cuando una segunda parte fue escrita esperando modernizar la existencia de una idea vacía.

No hay imposibles para el universo y cómo no, para la memoria. Las letras se pueden retomar y nuevamente limpiar la energía con que fueron redactadas, esperar que la mente y el corazón permitan un cruce de caminos sano, de nuevas intenciones y menos frustraciones, hoy sería feliz que la profesora Liliana diera lectura a esto que fue un intento de saltar al vacío.

Porque en las letras, están los caminantes.

AV

27 de septiembre de 2022

Preocupaciones

 

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Hay preocupaciones que nos comienzan a perseguir en cada trayecto como una sombra, se impregnan en cada pensamiento y logran hacernos sacudir hasta el más firme de los huesos como si tuviéramos ganas de bailar en un mundo de desesperados.

Estas preocupaciones deambulan por la eternidad, al principio nacen como una idea recurrente y nos acosan como una canción de temporada, luego se van excitando en nuestra mente y cruzan el pabellón de lo inservible para instalarse cómodamente en algún nervio, como un trastorno.

Las rechazamos con esfuerzo, dejamos que todo fluya y ocupamos la mente en las complejas tareas del día a día, despertamos en el hacer de cada actividad. Estamos programados para ejecutar, pensar lo justo y ser suficientemente necesarios. Podemos invertir las ideas en tiempos de ocio, como crear recetas de coctelería, componer canciones o escribir un blog.

Estas ideas recurrentes que ahora son trastornos, se camuflan en la esperanza de otra idea no tan recurrente. Encuentra en la ingenuidad una propuesta algo donde madurar. ¿Queremos programar un viaje? ¡Qué rico sería ir a otra ciudad!

Allá, donde la ingenuidad se combina con los sueños y anhelos, las ideas recurrentes, los trastornos, los pesares y fobias se sientan a conversar en un foro de inquietudes: ¡Hay que crear una preocupación mayor! – concluyen -.

Somos exageradamente humanos pero nuestra esencia es infinitamente emocional, energética, oral. Allí dónde el habla comienza a dar forma a aquello que la mente objeta, es dónde se confronta por igual el quejido de aquello que no hemos dado atención.

Hay preocupaciones que insisten en permanecer a pesar de que de nuestra parte se haya derrumbado una torrencial lluvia de ideas para darle solución, como si el capricho de existir fuese suficiente para no ceder.

Miramos de manera advertida a todas direcciones, buscamos consejo en otros fulanos igual de preocupados, con asuntos personales que atender, con afanes propios y vacíos existenciales prematuros. A esos fulanos les dedicamos una inquieta mueca de comprensión, porque estamos solos, vivimos en un mundo de frecuentes preguntas sin respuesta.

Cuando damos alternativas a todo aquello que nos aqueja, cada alternativa, como una espina en enredadera, va afilando preguntas que a bien puedan desbaratar el propósito de solución o bien pueden dar complejidad a una preocupación emergente. Como un juego de voces donde gana quien más alto habla.

A cada alternativa se le va dando un plan, una hora, un lugar, unos actores válidos y unos favores. Pero qué lástima es la vida y qué oscuro es el mundo cuando debemos de sobrevivir a costa de la voluntad de un tercero.

¡Qué miserable es la existencia de aquel que depende de otros para ejercer su derecho a vivir!

Nos arrojamos de cabeza al agua, como el ave que caza a su pez, sin miedo al impacto y con la certeza de que se atrapará al pez mismo, jamás pensando en el riesgo de un mal movimiento o la frustración de confundir un pez con un alga. En ese intento de decisión firme y constante vamos atacando a las preocupaciones y creamos propósitos.

No podemos caer en desespero, debemos de dar a lo sereno espacio de reflexión, a lo altivo algo de complicidad y mucha adrenalina quizás, a lo íntimo y personal, algo de olvido, quizás.

Quizás.

Podemos soñar a diario y enfrentar diferentes versiones de nosotros mismos, podemos cumplir las labores del día a día de acuerdo a un plan de acción y en ese plan dejar fluir pensamientos recurrentes, podemos incluso, no hacer nada y allí, en la nada, encontrar ideas perturbadores de lo que la nada misma dignifica.

Fantasías.

Como el aire que respiramos y el café que bebemos, no tenemos la conciencia exacta de cómo y cuando ha sido necesario cada suspiro, cada sorbo de oficina, el origen y destino de los pensamientos que se anidan mientras el café hace su efecto en el empleado del mes.

Mientras el oxígeno se convierte en preocupación.

AV


26 de septiembre de 2022

Tareas de escritorio (Voces)

 


Imagen tomada de:

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Hoy amanecí cansado, con un ligero dolor en las piernas como si hubiese corrido la media maratón de la ciudad. Amanecí con el ánimo un poco quieto, con más preocupaciones que ocupaciones (y eso ya es mucho decir), amanecí porque debo de continuar, tarde porque poca voluntad tenía para iniciar la jornada pero tengo a tres bendiciones que alimentar y claro, ellas no permitirían que me quede en cama cuando el plato está vacío.

Hay días que una voz de aliento es algo clave para el devenir del trabajo pendiente, un breve saludo o un cortejo de oficina (de esos que suman puntaje en el escalafón docente). Días en que llegamos con la cabeza tan recargada que al momento de empezar a labrar no sabemos con exactitud cuál es el primer ítem de tanto por cumplir.

Momentos que llenamos con dudas y ansiedad, replicamos canciones a nuestro gusto y dejamos que su ritmo nos vaya despojando de las cargas, pero entonces en la comodidad de un estribillo retomamos ese pensamiento recurrente de asuntos pendientes. Es como si nos gustara sufrir.

A los afanes de la vida siempre nos llega una impresora que no funciona, un internet que no avanza o un tráfico ejemplar que nos encierra en el trayecto.

Afanes que para poderlos sortear nos comparten retos y tareas simples pero con detallitos específicos que nos van estrujando en la ignorancia de la vida. En estos afanes llegan los lunes, con la expectativa de poder dar al inicio de semana ese ritmo de trabajo deseado, planificado, diseñado por nosotros mismos, con nuestro orden y desorden, con nuestra fe y nuestra entrega.

Llega un lunes con el cansancio del deportista de alto rendimiento, con el afán del desesperado que sufre en remordimiento, con la sed músico que no llega a tiempo. Lunes que simplemente juegan en el calendario lunar una fecha más, al igual que ayer o mañana, lo pendiente, pendiente estará.

No es que existan días imposibles sino que solo respondemos con nuestras capacidades a cada espectro de luz que nos va dibujando el cansancio. A estos retos que vamos cargando en la espalda y que esporádicamente van aumentando su peso, damos resistencia física y mental para lograr llevarlos a su lugar de recogida, no solo es cuestión de actitud, porque incluso con el desdén de la vida, hay que cumplir por igual.

Hoy amanecí cansado, con un ligero dolor en las piernas como si hubiese corrido la media maratón de la ciudad. Amanecí con muchos pensamientos reunidos conversando entre sí. 

Ideas de futuros mejores, señales de un presente sensible, canciones de un pasado que yo no pude recuperar.

Hay días que una voz de aliento es algo necesaria, o simplemente es eso: una voz.


AV