12 de julio de 2022

El Soñar de los caminantes (III)

Imagen tomada de: https://www.deviantart.com/brinymarin/art/Fog-Cat-565617786

Fog Cat by BrinyMarin (2015)

En marzo de 2008 comencé a relatar de manera jocosa pero superficial, el brote de mi primera cana y con ella, di mención por los lados a un tema que ya me tentaba querer resurgir, algo maldito.

Para el mes de abril de ese mismo año (más como rutina que como novedad) me quejaba del ejercicio del escritor y en esa queja, nuevamente mentaba por así decirlo, al libro maldito. En febrero de 2015 me senté a insinuar un escrito sobre ese tema que por muchos años dejé que fuera de autocensura. Surgió un primer post que a pesar de su joven redacción expresaba un suceso paranormal que me ocurrió y que en consecuencia me desató en la memoria, lo ocurrido en el 2001.

Para el mes de julio de 2015 proseguí con otro escrito, quizás más formal dónde relataba los adornos que siempre me han teñido de rojo el amor por la escritura. Sin embargo daba más giros sobre la misma baldosa que en relatar aquello que en mis entrañas había parido. Hablar del tema ha sido esquivo.

Hablemos:

El “Soñar de los Caminantes” surge en el año 2000 como un cuento libre hecho a mano y en una calurosa tarde de agosto. Estaba en furor la convocatoria del concurso nacional de cuento y a esa convocatoria es que se escribió “El Olvido de un alma”, relato virgen de un moribundo que perece en casa y sus familiares años más tarde, aún retoñando su ausencia deciden mudarse a otro domicilio, siendo esta alma atrapada en un mobiliario que ya no le pertenecería. Ahí empezaría la historia de quien sería mi antagónico durante años.

Después de participar del encuentro nacional de escritores jóvenes en Medellín (Colombia) la historia tomó forma y nació un capítulo más formal, luego un segundo capítulo (cada capítulo realmente era un cuento completo) para el año 2001 tenía una trilogía escrita y a satisfacción del autor, culminada.

Mi antagónico perecía en letras cotidianas.

Fue al momento de abrir vuelo en el año 2001 que una serie de sucesos paranormales comenzaron a tener conexión con mi capacidad de escritura. Mi quehacer literario, mi precoz aventura del mundo, mis lecturas de medianoche de obras no tan santas, incluso, mi devoción al ocultismo fueron un coctel molotov de energías que se cruzaron hasta dar vida a algo.

Alguien.

Fue en el apogeo de la licenciatura en ese año que nacería un capítulo 4, de esa narración tendría como producto una dualidad del bien contra el mal donde el mal tendría una base de reflexión filosófica y el bien, una de estructura moral. De esa dualidad se desprenderían personajes inspirados en un mediocre plagio del relato de la divina comedia, pero con el impulso de una fe desvanecida que desconocería todo aquello llamado vida.

Para el año 2002 estaría escrito el capítulo 5, como una especie de precuela de lo ocurrido con el personaje en aquella casa abandonada, de aquella historia escrita en 2000 y que para entonces estaba en el climax de… ¿una maldición?

Los manuscritos originales fueron destruidos por una pataleta que hice al terminarse el capítulo 3, preciso antes de viajar a Bogotá. El disco duro del computador fue formateado por iniciativa de mi padre quien nunca me consultó para hacerlo y claro, toda la información se perdió (Otra pataleta). Pero para el año 2002 estaban en una caja de cartón los manuscritos impresos y en el disco duro (que estaba formateado) el archivo original así, casual, sin nada que cuestionar.

En el año 2003 cuando regresé a la ciudad de Cali para una nueva temporada de cambios, me traje en pecho y espalda el terror de haberme enfrentado a unos seres que no sabía que existían.

Durante el actual año 2022, escuchando los podcast de varios periodistas versados vine a entender que mucho de lo que viví no era tan particular sino mas bien, algo tan corriente que existen logias y dogmas especializados en ayudar a quienes sufrieran de esas visitas.

En el año 2005 escribí un borrador del capítulo 6 aun estando en la ciudad de Cali y sin poner en duda lo vivido, entendí que allí había algo.

Algo que hoy duerme [conmigo].

AV

11 de julio de 2022

Espejos (Pasajeros de un viejo relato)

Imagen tomada de: https://i.pinimg.com/originals/fc/9b/69/fc9b690305287cca733925c417d4e56e.jpg


Otro fin de semana de tomar con calma los pasos dados, de reseñar relatos.

Fantasmas me visitan con la permanencia de un recuerdo o un deseo, vigilo en el silencio cada ausencia que la vida me sacude. Me encuentro en el espejo, me desvelo en una cama grande.

Cada día trae una serie de experiencias que nos van alimentando el alma y el cuerpo, en esas experiencias vamos conociendo a los que dicen ser nuestros amigos como también a aquellos que van llegando a nuestra vida de un modo desaplicado.

Sobre la ventana, allá donde la lluvia comparte esquina con las palomas apareció la oportunidad de conocerme y reconocerme. Estuve brincando entre los puntos comunes de una vida y otra, de un deseo y un anhelo.

Me vi en ese joven asustado que enfrentaba los peores fantasmas de un viejo barrio de Bogotá, pero también me vi en el gran señor que con odio en su corazón y un poco de fuerza logró ponerse de pie y enfrentarse a los peores demonios de una amistad.

Encontré ternura en una navidad blanca, un disfraz de Superman y quizás muchos dulces de guayaba en la cocina. Me vi sentado en las escaleras del Hotel Tequendama un 18 de octubre cualquiera con lágrimas en el rostro ante la soledad fría de una ciudad que no sabe que uno existe.

Recuperé algo de cordura con los esfuerzos que de la Comunicación a la Ciencia Política lograron en mi formar a este profesor.

Vi los amores de la vida, esos que fueron presa de un insensato corazón, los que se marchitaron sin un adiós a cambio, los que me ayudaron a recuperar tiempo para después cortarlo todo en un grito. Vi todos los colores del amor y en ese prisma la vi a ella brillando, con sus ojos esmeralda diciéndome adiós.

Me vi sentado en la línea de tiempo como un cachorro que quiere jugar pero no sabe a dónde correr, armando sueños en telares de múltiples formas y colores, con muchos personajes, alguno sensatos y otros ingratos.

Los vi a ellos, a los que dijeron que me cuidarían, allá a lo lejos con actitud de vergüenza, como si algún ilícito hubiesen cometido y yo ni por enterado. También vi a esos que con armas a la mano me hirieron de gravedad, estaban allí con una sonrisa cómplice a la espera de brindar una copa.

Muchos personajes desfilan por la memoria como canciones dejando en la inmensa bóveda sentimientos mundanos, otros que nos despojaron de algo de humanidad y nos convirtieron en algo más material.

Relatos que se tejieron entre lágrimas y delirios, argumentos que se forjaron entre paseos vacacionales y travesías de urgencia.

Vi la cotidianidad como un tríptico de muchos colores en la pared, vi a la ansiedad sentada contra esa pared conversando con la vida misma, a la depresión transformándose en acción, a la felicidad que callaba ante la tragedia, a la memoria, que también fue nostalgia.

Pude verme en un espejo singular, en un juego de palabras que tengo que reordenar.

AV

7 de julio de 2022

La Cosecha (Caminates)

 



Imagen tomada de: https://co.pinterest.com/pin/running-cat-painting-art-print-earth-colors-cat-watercolor--815573813832068958/


Somos caminantes y dejamos huella, somos nómadas y vamos como depredadores acabando con lo que encontramos. Somos espirituales y nos entregamos a la esperanza, sucumbimos ante el miedo, gritamos y reímos. Somos seres básicos, fallidos.

En este andar por la vida hemos ido conociendo todo tipo de personajes, amigos para darles sustantivo, unos de gran recordación y otros que fueron más bien fugaces, a todos por supuesto se llega al lugar común de afirmar que por alguna razón hicieron presencia en la vida.

Hay a quienes uno añora con el duelo mismo de extrañar a los abuelos que ya no están en la familia, un cariño tan grande que su ausencia hoy es un vacío insoportable. Hay personajes que siguen constantes, como un paisaje que adorna la cotidianidad y en ella se ha edificado un manual de comportamiento tolerable a lo que se llama amistad. Incluso, hay personajes que a pesar de haber sido fugaces, dejaron una huella tan clara como si fuese una etiqueta de por vida en el alma. Un karma.

Recuerdo mucho a Julio César, a quien la vida me lo puso de nuevo en el camino el año pasado, apareció exclusivamente para mostrarme el camino en dos asuntos puntuales, para volver a desaparecer. Inolvidable la gran Paulina, una mujer maravillosa que siendo ella misma y su amor por el Independiente Santa Fe me abrió una amistad pura y sincera que durante la década del dos mil figuró como eterna.

Por mentar algún par.

Personajes claves que con errores y faltas fueron dejando atrás lo que quizás parecía iba a ser un aprendizaje permanente. Otros fueron menos agradables pero dejaron un propósito común. Algunos son eternos, como el olvido mismo, como la voluntad popular, como el universo: inexplorados.

Son seres de toda índole que se suscriben a las etapas de la vida, a dinámicas laborales, emocionales, sexuales, económicas o incluso, espirituales. Son frutos que servimos en la mesa al momento que la maestra vida considere deba de serlo.

Todos, absolutamente todos nos complementan, nos fragmentan, nos aportan o hurtan un poco de vida. Cada cual en su función única: enseñar.

Hoy la estoy pasando de manera atenta. Sensible hasta la raíz, las respuestas me las está dando la vida en otros nombres y otros rostros: Transformación.

Personajes que de la nada reaparecen para darnos el mensaje, el consejo, la herramienta que se necesita. Otros que fueron permanentes pero con una participación pasiva hoy son grandes contribuyentes: Héroes.

Llamadas, reuniones, detalles.

Aunque en la cotidianidad hay amigos que en el horizonte cuentan como estrellas, desde el silencio se convirtieron en paisaje. No los juzgo, pero tampoco puedo ser permisivo con el adiós. Solo quererles en sus justas proporciones.

Me siento en bonanza no por la cantidad sino, la calidad, y qué gran dicha además, seguir conociendo y reforzando lazos con nuevos protagonistas, labor que parece habíamos olvidado ejecutar: Nómadas.

Somos los amigos que cosechamos.

AV

6 de julio de 2022

Soñadores (Made for Us)

Imagen tomada de: https://w0.peakpx.com/wallpaper/743/461/HD-wallpaper-black-and-white-cat-b-w.jpg


Sonreímos, porque en la vida lo hacemos cuando nos sentimos plenos.

Hacemos una broma, un chiste, jugamos con el contexto y damos vida a un momento de tensión, le bajamos un poco la presión a las preocupaciones.

Una canción, una taza de café, un almuerzo.

Recordamos lo importante que ha sido construir juntos una vida, de los sueños que se cimentaron cuando se podía soñar sin riesgo a heridas futuras. De la terquedad e intransigencia que me quedaron de mis propias palabras, como una serie de acciones que hice o incluso dejé de hacer, sin tener claridad sobre el móvil de cada historia fui construyendo un relicario negacionista, una pared a la que después llamaría soledad.

Nos identificamos en las metas y anhelos del otro, un impulso torrencial, paternal, que invita a escuchar toda historia de vida para luego hacerla propia y querer protegerla de todo mal.

Nos asomamos por la ventana para ver el día llover o a las estrellas titilar en un cielo cómplice. Queremos que no falte nada sobre la mesa, que jamás haya tristeza en los corazones ni lágrimas en el rostro, pero irónica que es la vida, son estos deseos sobreprotectores los que nos determinan el espinoso camino del adiós.

Salimos a cenar, en un ambiente agradable comenzamos el diálogo esperado por cada uno. Sabíamos en dónde terminaría pero no cómo continuaría, ahí la magia del diálogo, los malabares de continuar una vida juntos pero separados. De entender los sueños de cada uno, de saber que los anhelos a veces son rutinas, o que las expectativas están construidas en temores previos, chiquitos, diminutos, peligrosos.

Pasaron los días y el diálogo sigue en construcción, no porque no se haya dicho lo suficiente, sino, porque nunca es suficiente para terminar de construir. Aún en la despedida la estructura de las ideas es tan importante como la estabilidad de la bienvenida.

Algunos días no estamos para estructuras.

De la memoria rescatamos lo mejor de cada uno, porque en definitiva han sido recuerdos maravillosos, tan amenos, que duelen. Porque no hay tragedias que etiqueten el diálogo iniciado, tampoco agresiones que dificulten su evolución, solo caminos separados.

Estar siempre al alcance del otro, no para reconstruir una vida, sino, para despedir de la mejor manera aquella que se vivió.

Somos el amor que dejamos, somos la vida que construimos, los sueños que conversamos, somos las canciones que tarareamos, los libros que regalamos, las mascotas que adoptamos.

Sueños de una vida conjunta, de un diálogo permanente: Estructuras.

AV

5 de julio de 2022

Lágrimas (Made for you)


Curios by Lim Heng Swee.


En un ejercicio de reflexión solemos revisar el pasado y en este buscar las razones de lo que se hizo mal. Se instiga a cada pensamiento con el fin mismo de desmenuzar sus ideas hasta convertirlo en un ramillete de pensamientos vacíos.

Nos cuestionamos, siempre nos cuestionamos. Queremos saber en dónde se cometió la falta. Queremos aprender de lo vivido, pero es que en carne propia es la única manera de adquirir ese aprendizaje, jamás se nos abre esa misma posibilidad en la vida de otros.

Preguntamos al universo cada detalle de lo que no comprendemos. Dibujamos la soledad en la pared, la miramos fijamente, le damos forma con la yema de los dedos, la acariciamos con la rústica textura de una pared insensible, a la final solo es eso, una pared.

Por su parte, la soledad es algo que se lleva en el bolsillo del pantalón. Se guarda, se emancipa en el tiempo, se sumerge en el pecho, se acomoda a cada situación, se disfraza de fiesta, se vuelve un artículo de oficina, una herramienta de escritorio. A donde estemos, siempre habrá una pared que sin tener nada que recibir nos recibirá cada golpe que le demos con el puño.

No somos constructores de soledad ni mucho menos, somos gestores de ansiedades, nos vamos desenvolviendo en la identidad y forma de vida de quien nos acompaña en el camino, a su imagen y semejanza vamos construyendo nuestras expectativas, le damos forma y nombre a los sentimientos, a la intensidad de la vida.

Nos excusamos en “el hubiera” como si diera respuesta a lo que no entendemos. Basta de pretender ajustar el universo a una palabra, basta de intentar frenar el curso de la vida con una canción o una frase, debemos de soltar, de aprender a observar la pared sin querer golpearla, de escuchar las canciones de la cotidianidad sin darle nombre y lugar a cada historia.

Es difícil.

Es complejo.

La cotidianidad se desdibuja otra vez, en una pared blanca, en el vacío de un salón, en la historia de una canción, en un trozo de papel, en una habitación vacía, en una silla sin ocupar.

Solemos convertir los temores en arte, en dibujar el dolor en festivas canciones o poemas, darle color a esa pared blanca con la excusa de que la vida es un carnaval. Pero no siempre es así.

No basta con vivir la vida a su ritmo y querer entender el carnaval del que se habla, tampoco es hacer alarde de la soledad que cuestiona toda la existencia. No es observar la pared o la habitación vacía.

Es aprender, con lágrimas, a dar su lugar a la cotidianidad.

AV


4 de julio de 2022

Frágil (el abismo)


Hay momentos en que enfrentar a lo desconocido nos hace seres valientes, con la fuerza suficiente para tomar decisiones y con ellas alcanzar el deseo. Otros momentos requieren por el contrario contar con un equipo de apoyo, personas que nos orienten con sus ideas, sus puntos de vista, palabras de aliento o el simple silencio de saber que están allí.

Nos hacemos fuertes, es nuestra naturaleza poner el rostro al mundo y confiar en que se saldrá avante sin embargo también es cierto que aun en la postura más firme nace en ese silencio una mirada que busca explicaciones al vacío.

Siempre lo he dicho, todos estamos rotos por dentro unos más desesperados que otros. La mayoría vivimos con miedo, indecisos o incluso resistentes. Como si el silencio fuera un vestuario pre requerido para la vida.

Las cosas no están bien, estoy con la voluntad a medio camino.

Si bien quisiera poder conversar con amigos y allegados, es ese silencio el que me abriga como un mal innecesario, me balancea de lado a lado y promete hacerme sentir mejor. La vida da cambios y muchos llegan por voluntad propia, por conflictos de terceros o por mutuo acuerdo con las partes.

Debo tener sobre la mesa las sabias palabras del licenciado Hernández, pero no es fácil. La fragilidad de estos cambios trae consigo un replanteamiento de la vida tan profundo que el abismo mismo me aterra.

Bien hablaba días atrás con el fotógrafo Muñoz: soy como un niño que está sentado al borde de un barranco viendo sus piernas colgar mientras la brisa apremia al eco. Estoy en un estado de irresponsabilidad afectiva al punto mismo de que puedo ser un perfecto veneno para mi propia existencia.

Conversamos el tema con una botella de aguardiente y quizás sirvió en ese instante para una ligera distracción pero para el día siguiente no había almuerzo familiar que me diera la misma oportunidad de hallar calma.

Solté en llanto todo lo que pensé no debía de estar ahí, donde duermen los miedos. Mi madre me abrazó.

Hoy retomo escritura y claro, la música no falta. ¡Pero cuánto duele la música cuando te es propia en su dolor!

En la tormenta: convicción que todo pasará. Dijo el licenciado Hernández.

AV

1 de julio de 2022

Detalles (Sin presente)





Imagen tomada de: http://solanajoy.com/cats/2018/6/12/mewsic-for-airports-flying-with-cats-part-2 

Ya lo hablaba en la entrada anterior: Nos transformamos y debemos de vivir con ello, sabias palabras del profesor Salazar.

Compartir en familia para las temporadas de feria o vacacionales son quizás uno de los grandes tesoros del latino. De esos espacios en familia nacen momentos para siempre y esos recuerdos uno los quiere compartir con esos amigos que no estuvieron en el viaje, brindar un detalle como muestra de “Te tuve en mente en esta experiencia”.

Dar un presente a alguien es en tal caso un esfuerzo de doble vía. De una parte exalta la creatividad, sentido del gusto o afecto que sentimos por ese sujeto al comprar “algo” que consideramos, le puede gustar o necesitar. De otra parte, podemos caer en el incómodo ejercicio de regalar ese souvenir que todos llevan, ese "todostienen” que se convierte engorroso, incómodo, ofensivo.

En el primer caso un perfume, una corbata o incluso una prenda de vestir si bien recae en lo genérico, está bien hacerlo conmigo. En el segundo caso, un llavero. Creo incluso, alguna vez mencioné este tema en alguna entrada de este blog, cuando estaba activo.

Pensar en un detalle que impresione o agrade a nuestro destinatario se sobrecarga hoy en día. Es como si los dioses del mercadeo hayan realizado junta en tiempos de pandemia y decidiesen que a partir de la fecha cada detalle debe de contar con un sentido específico, en un contexto especifico y de una utilidad específica.

Es como si se condenara a la industria del peluche, del perfume o del calzado y se sustituyera por una industria intelectual de sostenibilidad: Este muñeco ha sido tejido por sujetos libres, en un país democrático que paga seguridad social a sus empleados, quienes son además supervivientes de un conflicto armado, democrático, incluyente y plural.

Desde un tiempo para acá dejé de llevar regalos a mis allegados por cada viaje que realizaba. Leía en sus gestos la frustración de recibir el “todostienen” del momento. Pensé también que esforzarme en encontrar ese algo que era objeto de deseo sería un buen detalle, pero me desinfló la ingratitud. Me desinfló saber que yo no estaba en la misma “vibra” de quien era mi interlocutor.

Ahora la reflexión está en la intención. De seguro seguiré pensando en quienes hacen parte de mi triste corazón y algún detalle podré brindar, desde el imán de nevera hasta el chocolate de moda. O por qué no, la camiseta estampada con el paisaje de turno.

He regresado a casa y como siempre, hay soledad en mi interior.

AV 

25 de junio de 2022

Transformación (O de por qué volví en el 2022)


Imagen tomada de: https://www.pinterest.com/pin/98727416814905571/ 

Razón tiene un gran amigo, el profesor Salazar: Psicólogo, docente y músico. En la vida siempre estamos en permanente transformación y siempre, hay que intentar entender lo que nos ocurre, porque claro, para transformar hay primero que reconocer. También tiene razón Diego Alejandro, debemos de escoger lo que queremos para nuestro beneficio propio, nuestro deseo de existencia. Finalmente y no menos importante, debo de resaltar por igual las palabras del licenciado Hernández, quien en su particular expresión me recuerda la importancia de cuidar la salud, cuidar el trabajo (empleo) y cuidar los sueños.

Tres personajes que han de adherirse a los caminos de este servidor. Y largo trayecto que se ha dado al punto mismo de tener mucho tiempo de no asomar por este viejo blog.

Me enamoré, me casé, viajé, viví y estudié dos veces más de las necesarias en Colombia. Ahora retomo porque me toca. Porque las palabras se me van si no las organizo.

No estoy solo. Sumado a las amables y leales expresiones del profe Salazar, Diego Alejandro y el compañero Hernández, tengo al maestro Juan Gabriel con sus canciones dando la luz a esos imposibles que en ocasiones la razón no tolera al corazón.

Estoy triste, quizás mucho no lo sepan, pero estoy aprendiendo nuevamente. A reconocerme, a reconfigurar a ese Don Gato que desapareció, porque de unos años para acá volví a ser Armando. Y preciso en el año 2021 me convertí en José. No está mal, son procesos que uno no escoge, es el vivir en sí lo que nos va identificando entre el ser y el hacer. Ya había olvidado eso del tener.

Fundé una entidad sin ánimo de lucro, retomé el Nocturno y ya van 7 ediciones en curso, gané premio de Ministerio de Cultura, me dediqué a la docencia, ¿Ya les conté que me casé?, fundé un cineclub, viajé al caribe, estuve en un par de Junta Directiva, tengo tres gatas, cuatro con Julieta a quien de seguro muchas ya conocen. Fui feliz.

He conocido muchos personajes en estos año, como los ya mentados caballeros que abren este escrito. También mujeres fantásticas que son hoy grandes amigas de este caminante. La ingeniera González, la Doctora Landázuri quien otrora fue mi estudiante, la señorita Santander, la Maestra Emilia y la maestra Cabrera, a la Musicoterapeuta Katya Paola y la Magister Diana Marcela, saludos a Paulina en Buenos Aires. 

Digamos que he sido bendecido por El Buki en cuanto a amistades refiera la vida. Soy feliz.

Conocí muchos artistas, homenajee a otros que lo necesitaban, abrí puertas a los que recién llegan, a los que esperan también les quiero entregar mi corazón.

Murió mi padre, lo lloré, lo lloro, lo extraño.

La vida es un conjunto de situaciones que en definitiva desconozco. Pero bien lo señala el profesor Salazar, todo se transforma, nosotros nos transformamos porque venimos de un universo que está en permanente movimiento, agite.

Volveré a escribir quizás, este es un intento inicial, no definitivo.

Canciones, muchas canciones regresan. Vi a Jerry Rivera en vivo, fui feliz.

Estoy triste, pero de esta tristeza saldrá un mejor poema, o por qué no, una casual intención.

Gracias por leer, por estar, por preguntar. Termina otra canción de Juan Gabriel.

Su servidor, Don Gato.

AV

3 de noviembre de 2018

Sorpresas (Sin Engañar)




Berlin Street Art: Bicolor Cat on the Art Mile. By: Bülowstraße

Lucía cargaba en cada mano el peso de un almuerzo que se había comprometido en conseguir, más por la necesidad de huir del tedioso encuentro entre su hermana María Isabel y el infame de Mario, pero dicha escapada solo le traería lluvia y melancolía.

No sospechaba jamás de las sorpresas de la vida, suficiente con dejar en la jarra de la memoria el espacio suficiente para que fuese llenada de nuevo, no imaginaba perder el equilibrio en medio de la ancha calle a sus cuestas, no pensó, jamás, darle vida de nuevo a un asunto olvidado, pero qué se le iba a hacer, si precisamente la melancolía era eso, un descuido que estaba presto a llenar la jarra de la memoria cuando menos se lo esperase.

Cruzó la esquina y lo encontró impar, como quien juzga a los vivos desde el pedestal de una iglesia. 

El tiempo había transcurrido y su apariencia no era la misma, pero quizás su recuerdo le diera la vieja presencia con la que lo había dejado ir de su corazón.

Sabia que es la vida y caprichoso que es el destino, lo creía asunto olvidado y claramente no lo fue. Intentó escabullirse entre vitrinas y puestos de comida pero la atracción cósmica hizo lo suyo y sus miradas se cruzaron como dos nubes en invierno. Lucía sentía derrumbarse, irse en sí.

¡Lucía! -
- ¡Hola, qué sorpresa!

Un caballero de buen vestir, en exceso perfumado y calzado de marca se acercó ansioso mientras Lucía buscaba tras sus propios pasos escapar de tal encuentro.

- ¿Cómo te va, mi amor? – Preguntó el caballero.
- ¿Cómo te va? – respondió una Lucía descontrolada y con aroma a Pollo Asado.
- Tiempo que ha pasado, ¿no te parece? –
- Si, bastante. Estás delgado –
- Sí, el deporte, lo retomé además claro, de una buena dieta de excesos y costumbres – replicó el galante caballero.
- ¿Eres feliz, mi bien? Sin engañar –
- No lo niego, me ha sentado bien retomar viejos hábitos, pero el trabajo me lleva de allá para acá y eso también me ocupa lo suficiente, como para saber si soy feliz. Pero bueno, … ¿y tu? ¿eres feliz? –
- Claro, trabajando duro, pero bueno, me encanta saludarte. Espero pases buen día, voy tarde y debo de llevar esta comida.
- Ah sí, bueno, si, entiendo, en todo caso, llámame y salimos a conversar con un buen café – replicó entregándole una tarjeta de presentación. La miró con desdén, su tono de voz quizás hasta le hizo recordar el por qué se había marchado.

En cuanto surgió la oportunidad siguió adelante en su camino sin fijar rumbo alguno, soltó una sonrisa nerviosa y escapó con la elegancia que intentó vender. Se sentía magullada, destrozada, sin pensarlo al detalle sintió de repente en su universo que el amor que había madurado con el tiempo, que la soledad había sido un aliado para su ausencia y no para olvidar.

Inmediatamente supo que fue un error, sintió empatía con María Isabel y retomó el rumbo a casa, se había desviado dos calles al este, como si se fugara de la policía o alguna autoridad municipal.

El amor a su puerta nunca volvió, pero el capricho del universo se lo cruzó en una calle mientras cargaba una bolsa de pollo asado y un envase de limonada.

Como una niña que salió a recorrer la vida sin esperar nada a cambio.


***
De la Serie: Canciones de Amor y Otros Demonios.
Adaptación Libre de la obra: ¿Cómo Te Va Mi Amor? (1985)
[Pandora]
Compositor: Hernaldo Zúñiga

AV

11 de mayo de 2018

Lágrimas (Un Mar)





Salió con un poco de prisa, no quería dejar sola  a su hermana más tiempo a sabiendas que Mario no era de total agrado, no deseaba imaginar en llegar a casa  y encontrarlos en un acto de reconciliación o algo peor, en un acto de despedida.

Guardó sus silencios en una mezcla de temor, sus lágrimas empezaban a reunirse como una orden sindical en su rostro, se escondían esperando el impacto necesario para aflorar. El ayer era pasajero y en ese lugar aún residían los besos que alguna vez le fueron un peso en la espalda. Miraba al olvido, sentía la injusticia rozar su alma junto a un ejército de lágrimas que afilaban sus discursos de rencor, sentía como sus pasiones morían, como si le tachara cada lágrima las canciones que le dieron vida alguna tarde de diciembre.

Recordó mientras caminaba la tristeza que le embargaba la vida, cargaba el almuerzo en una mano mientras en la otra jugaba a sostenerse, se sentía desahuciada, débil, sin posibilidades de retomar la dignidad que había protegido en el presente (el mundo giró y ella no se dio cuenta).

Una sonrisa burlona escapó de su malhumorada caminata, en el fondo sabía que era él, el del pasado, el que había perdido y no ella. Estaba plena, su vida marchaba a la perfección y en algún bar de la ciudad aquel espantapájaros que la dejó, quizás debió de llorar más que ella, cuando se encerró en su sala de costura a jugar a ser mayor.

No había corazón que soportara tanta injusticia o rencor, no había lugar en el mundo de Lucía que llevase espacio para un pasado que ya ocurrió, pero el mundo, en sus caprichos, giraba a toda velocidad dejándole un poco de derrota también.

Lo había perdonado, él la había dejado de buscar y a pesar de que ahora era demasiado tarde, su vida comenzaba a recordar en medio de una matutina caminata con un pollo asado en la mano, no le volvería a amar, de hecho nunca fue en su búsqueda, por el contrario le habría deseado lo peor, pero no siempre los deseos se hacen realidad.

Había llorado sus días y sus noches, quizás por ello era tan escéptica a la relación que su hermana María Isabel entablaba con Mario, no le gustaba para nada ese juego de perdedores dónde el ganador era aquel que quedara en pie. 

Era consciente que su pasado le era propio, pero temía verlo reflejado en la ahora relación de su pequeña y descuidada hermana.

Su alma estaba arañada, llena de olvido, llena de lágrimas.

***
De la Serie: Canciones de Amor y Otros Demonios.
Adaptación Libre de la obra: Te Lloré un Río (1992) [¿Dónde Jugarán los niños?]
Compositor: Fher Olvera.