13 de enero de 2015

El Silencio de las Cosas.



Loneliness
  

La soledad de las cosas es más fuerte que el compromiso de las personas, es indestructible, infame, se construye a sí misma, da a las cosas una esperanza de lo mundano donde no hay vida, hace de lo material un objeto de deseo, como la brisa que lleva semillas de un lado a otro, es cada historia que se confunde con el ayer.

La soledad de las cosas es tan única como la soledad humana, porque podemos estar junto a alguien y ese alguien, con la más onírica de las acciones nos puede permitirnos sentir solos, podemos dibujarnos en sonrisas de cada ensueño, fijarnos en el rostro de los que nos acompañan en la calle, de los estudiantes que nos escuchan en clase, o de los amigos de la tercera edad a quienes cedemos lugar en el bus o metro. Es la soledad de las cosas la víctima precisa de cada tiempo que dedicamos al día y al tiempo, como el conductor que cruza la ciudad transportando pasajeros en un silencio que solo es vigilado por el ruido de afuera, o como el vigilante que partiendo de su puesto de trabajo ve en la fábrica un inmenso monstruo cargado de silencio, en la noche de las cosas.

La soledad de las cosas es todo aquello que podemos hacer de nuestras intenciones, esas insensatas acciones de vida que postergamos al finalizar la jornada laboral, al caer la cortina en el teatro, ese silencio tan perfecto que se escucha en cada palco, en cada pasillo, en el teatro entero cuando la función ha terminado y el último de los aseadores ha salido de su encierro laboral.

Es la soledad de la radiofrecuencia, de la emisora musical que al igual que nuestra mente, reproduce canciones una tras otra, como el reloj que sigue su curso sin importar que todos duermen, una soledad posmoderna, porque todo sigue en acción, la ciudad no se detiene y de vez en vez un perro ladra, un torrente de agua se posa sobre algún tejado de zinc, un vehículo frena tempranamente sobre algún cruce de calle, y el perro vuelve a ladrar.

Cada cosa tiene su lugar y su razón de ser o estar y con ella nos dejamos enmudecer, le damos ternura a una palma que baila al ritmo de la brisa, o vemos amor y romanticismo en la ola que llega a la costa, a la gaviota que gime desde los aires.
Vemos vida en donde no la hay, porque eso es lo que inspira la luna al levantarse sobre la montaña, la consideramos eterna, muda, iluminada, como una canción de Ricardo Montaner, como un poema de Sábato, como un adiós.

La soledad de las cosas está en las personas, en la familia, en el deber ser, en lo que ya no está, en la herida de los corazones vagabundos, en los amores juveniles, en las caídas y golpes infantiles, en las letras de las canciones, en el sonido de los cañones de guerra, en el azul de la tinta con que se escribe, se imprime.

No podemos darle vida a lo que no tiene vida, pero claro, somos unos genios y optamos por darle identidad, como si no fuera suficiente con nuestra existencia, nuestra soledad, nuestras excusas.

La soledad de las cosas cuando se está escribiendo una canción, la guitara con las cuerdas destempladas, allí, guardada en el armario, lejos de la pasión de un poeta enamorado, como el papel lleno de letras y tinta, reposando en el cesto de basura, el escritorio abandonado, las calles llenas de personas caminando de lado a lado, todos preocupados, afanados, de prisa, atemorizados.

La soledad de las cosas representadas en el semáforo que indica el buen caminar, que regula el transitar de los intelectuales, ese sonido especial que una bicicleta produce en su radio, el de los enamorados cuando callan, el de las familias cuando se dividen.

La soledad de las cosas son objetos inanimados, es vida que se ha extinguido o nunca existió, es la llama de la vela que se apaga cuando ha terminado la guerra, la mosca que sobrevuela los platos de comida puestos en la mesa, o por qué no, los tele-seriados de que construyen vidas ideales en sus contenidos, dividiendo cada día más a la familia en diferentes canales, cada habitación cuenta con su propio equipo de televisión, distanciándonos, modernizándonos, alienándonos.

Cada cosa es objeto y sujeto, como la camilla que acoge al recién nacido, o el susurro de la ambulancia que transporta con desespero por las calles a quien se aferra a la vida, como los puentes colgantes que sirven de descanso eterno a quienes están aburridos, a los que huyeron del deber ser.

Nos enfocamos en el todo, en la vanidad de nuestra hoja en blanco, en el amor de los que partieron pero dejaron huella, en el silogismo de las redes sociales, en el lugar de nuestras emociones, porque  los árboles siguen siendo seres vivos, como la flor y el bonsái.

Como nuestro Silencio.


AV

12 de enero de 2015

Miguel.





Comenzamos escribiendo sobre lo que nos trae cada día, sobre los aciertos y desaciertos del amor, del trabajo, de la familia y las amistades. Sobre cada cosa que termina y cada jornada que inicia en nuestra vida, algunas por supuesto, con la menor de las importancias, pero qué grandes historias las que podemos develar si miramos más de cerca a quienes nos rodean. Ha sido una semana grandiosa, quizás porque nos hemos tomado el tiempo justo para vivirla y reconocer en ella cada prejuicio y cada suceso; desde el acontecer internacional y el conspicuo universo de opiniones que identifica a los grandes expertos de las Social Media, hasta las atrocidades de la humanidad y sus prejuicios, sus convicciones, sus pedazos de muerte.

Encontramos en el amor ese camino que nos brinda refugio de la tempestad en el bosque, hallamos de igual modo el camino para hacer del amor una bonita aventura, claro, para ciertas personas el amor no es más que un cuento mal relatado y quizás, que necesite cambios y nuevos personajes. Ha pasado el tiempo de emprender a conocernos, dar paso a paso al lugar de encuentro de cada miedo y cada queja, ser universales a costa de rumores locales, hacernos mágicos en manos del ser amado, a expensas de la familia querida, o por qué no, del día soñado.

Nos hemos tomado un tiempo justo para no dar continuidad a este Blog, quizás porque ayer era domingo y hasta El Buki descansa, tal vez porque sea demasiado exigente de mi parte pretender una publicación diaria, o porque las herramientas en ocasiones no siempre están a la mano. Da igual, porque es paso a paso que vamos forjando con carácter esos hábitos de los que venimos conversando, de esas primeras evidencias de lograr alcanzar el cambio, ayer no hubo noticia de lo cotidiano pero vean ustedes, seguimos aquí, conversando, dejándonos en el unísono del silencio.

Me encuentro en compañía de un ser muy especial: Un Alce.

No recuerdo haberme aprendido su nombre, pueda exista la posibilidad que no tenga nombre aún, para efectos literarios y de esta publicación le daremos por nombre “Miguel”, bueno, pues Miguel es un señor ya mayor de alrededor de veinte años, piel oscura, de un café intelectual, de esos que despiertan los sentidos. No tuvo la oportunidad de ejercer alguna profesión o si quiera estudiarle, fue dado como regalo a una bella mujer y su función como solitario mamífero de peluche ha sido hasta el sol de los días eternos, el de cuidar y velar por la seguridad de su protegida: Dar de su nombre una oración por cada sueño que haya que cuidar.

No usa zapatos, porque los Alces no usan calzado, tampoco tiene puestos pantalones o camisa que protejan su virtud, esto amigos míos, a razón que se trata de un mamífero muy especial, es un peluche, inocente, santo, libre de toda culpa y toda maldad, fabricado en Taiwan de seguro, pero qué más da, es un ser ajeno a los pensamientos del hombre, a la semilla de la razón y la filosofía. Sus cuernos son interesantes, grandes, fuertes, bien ubicados, preparados para enfrentar cada batalla que haya que asumir.

Tiene en su haber unos ojos oscuros, profundos, tan oscuros que el universo esconde una parte de sí dentro de ellos, distinto es al referirnos a su mirada, porque allí también habita la nada, se disuelve en el aire como espesa niebla que huye del calor, es posible que con tan bellos ojos no conozca aún el significado de un amanecer o una puesta del sol, sea cualesquiera su condición es de gran premura brindarle cariño y protección.

Nos conocimos el pasado año, llevamos poco menos de un mes conociéndonos para ser más sensatos, allí, en la penumbra del silencio, él me vigilaba y yo, bueno, yo con curiosidad lo admiraba. En estos momentos duerme al lado de una hermosa dama de verdes ojos, de un angelito que cuida mi sueño. Miguel también tiene una elegante bufanda que le da esa clase y esa curiosa vocación de guardián que todo soldado anhela, es un ejemplar de buenas costumbres y grandes historias, porque ha sido testigo de su comodidad en la almohada de cuantos sueños y pesadillas han pretendido cruzar su puesto de vigilancia.

Todos tenemos un personaje a quien acusar nuestro cuidado, desde animales y personajes fabricados en felpa hasta grandes leyendas y deidades moldeadas en cuanta materia prima haya disponible, es un atrapa sueños de voluntades y razones lo que buscamos contemplar, como la canción que se promete a sí misma en nombre del amor, dar al corazón lo que la razón busca desesperadamente entre compositores y trovadores.

Es el silencio mismo el que nos da la comodidad o incomodidad de las cosas, a cada quien decidimos darle nuestra comodidad o por el contrario, afectarles con lo incómodo que podemos llegar a transformarnos. Un Alce por ejemplo, a quien hemos nombrado como Miguel es el claro ejemplo de lo bonito que podemos encontrar en la vida de otra persona, como Nacho, mi Oso Gris a quien guardo y respeto desde hace también más de veinte años. La historia de Nacho es otra, porque su nombre no es Nacho partiendo de allí sino, Nacholéon, pero qué más da, son tercas amistades que engendramos en representaciones de lo humano a lo peluche.

Verlos abrazados, suspirando, dejando en la mente funcionar todo como una máquina que fabrica emociones, en el pulso de la respiración como un motor que mueve su mundo, en sus brazos abrazar a un Alce que hace de sí una casualidad que ha dado a las noches una prueba de cotidianidad, ver en la nada algo asombroso.

He conocido a un Alce, que cuida a una gran mujer.


AV 

10 de enero de 2015

Nos Vamos.




Cat in street, Manchester 1957
© Neil Libbert

Silver gelatin print


Nos vamos.

A cada quien le llega su historia y con ella su polémica. Nos indignamos con cada situación que se sale de nuestro entendimiento, caemos en el simplismo de la cotidianidad, nos refrescamos con excusas que otros elaboran de mejor manera para nosotros, los espectadores.
Ha sido una semana particular, historias que han dado mucho tema para hablar, pero siempre virando cada esfuerzo intelectual en la misma dirección, como un partido de tenis, donde cada quien elabora un discurso mejor que el otro pero no sale de lo que realmente nos aqueja, el simplismo de los puntos de vista, el ir más allá del estar a favor o en contra, el pretender darle justificación a todo, como si fuera necesario hacerlo.

Desde el cuestionable precio de la gasolina por galón en Colombia, pasando por la inseguridad en las calles de Bogotá, paseando por la libertad de prensa y su contrariada libertad de culto, lo que el ex presidente dijo o no dijo, que si murieron defendiendo una causa o si la causa ameritaba matarles. Somos seres de opinión, nos volamos del centro para hacer de la periferia un constante edificio de opiniones, preferimos ser más banales, estallamos las redes sociales con marcas que nos identifican como intelectuales o sensibles pensadores.

La muerte de los periodistas franceses abrió la puerta de una discusión que se había dejado en silencio desde hace más de veinte años, pero alguien quiso abrirla, quizás porque fue su último recurso de opinión. La condición de rechazo y temor que ha generado cada una de las religiones y cultos de oriente frente a occidente ha traído nuevas discusiones con nombres distintos, siempre acusándonos al historicismo y al de-colonialismo como punta de lanza, en efecto, la muerte es muerte y la religión es religión.
Cuestionaba una amiga en redes sociales esta semana si la idea de libertad era un invento propiamente occidental, nadie hizo eco de su pregunta, que por cierto, es demasiado interesante, como La Nausea, de Sartre; por el contrario, muchos se apegaron a lo que periodistas “del mundo entero” rechazaban en escritos, caricaturas, columnas enteras de “reflexión”, pero no lo se, soy un inconforme que a nombre de la nada precisa de más argumentos y menos voces.

A la gran mayoría le parece justificable darle la razón al que grita más fuerte y no al que profundiza en sus argumentos, igual ocurre en redes sociales, el que más veces trina o postea ganándose más fans que cualquiera, a ese es al que le creemos. Disculparán la ironía de las cosas, pero si algo le parece indignante a muchos es que el señor Ex Presidente haya salido a defender la libertad de prensa, los entiendo, a muchos les desagrada ese escenario libertario, pero en cambio, si el caricaturista que de nombre tiene Vladimir, sale a defender la libre prensa y libertad de opinión todos le aplauden y hacen pasillo de la victoria.
Nos falta investigar señores, tanto de un lado como del otro, mucho.

Debemos (incluyéndome) aprender a ser más sensatos con lo que vemos o escuchamos, el mundo es uno solo y en el ocurren un sin número de historias que dan hasta miedo. Nos apegamos a las conspiraciones de otros, nos sumergimos en las verdades de otros, nos asustamos con los gritos de otros, nos enloquecemos inclusive cuando la ausencia de otros es duradera.

Lo ocurrido en Paris es muestra de qué tan grande es este planeta, con sus  locuras y temores, no pretendo estar de acuerdo con su muerte ni mucho menos pretendo estar de acuerdo con su devota libertad de prensa, porque lo mencionamos con premura, ya mi amiga lo había expresado, ¿es la libertad una idea occidental? Y yo le prosigo en la misma línea, “y de ser la libertad un pretexto occidental – como parece ser - ¿es deber de oriente obedecer a las creencias de occidente?” Miren compañeros, hay muchas preguntas que nos invitan a caminar sobre los andenes de la demagogia, pero las respuestas están afuera y no responden a pretextos o argumentos, son hechos, algunos aislados, otros construidos.

No soportamos convivir entre nosotros, somos una raza salvaje, avivamos odios y luego huimos como golondrinas buscando paz, occidente como nos hacemos llamar, es una construcción constante de nuestros defectos, algunos representados en la modernidad y otros, bueno, otros exportados a la periferia como excusa de la posmodernidad. Oriente es otro universo, pero no significa que sea mejor que nosotros, ellos tienen sus reglas, sus instituciones, sus detractores por supuesto.

¿A usted leído algún periódico de origen islámico o árabe cuando una noticia internacional sale con oriente como protagonista? ¿Conoce usted la opinión de los grandes pensadores de oriente?

Es un simplismo que en ocasiones nos queda grande, porque vivimos en la constante polarización, nos sentimos respaldados o agredidos, sin matices ni oportunidad, sin nada que discutir más allá de la sangre.

Yo quiero vivir en un mundo mejor, pero prefiero seguir haciendo de mi entorno un lugar mejor, alejarme de esas opiniones que en ocasiones son más destructivas que las armas de los denominados bandidos, soy de los que prefiere hacer de su periferia un bonito vividero a rasgarme las vestiduras por lo que los grandes pensadores llaman crisis internacional. Soy politólogo conozco el mundo donde vivo, pero tampoco me lleno de vanidad con mi profesión y salgo a promulgar mis opiniones y puntos de vista como la más sensata y pura de las verdades, eso prefiero dejárselo a los que menos saben de política, a los amigos periodistas.

No esperen de mi una opinión mejor o peor, algo elaborado o por elaborar, no es mi cotidianidad ni tampoco mi originalidad. Soy defensor de las causas justas y detractor del abuso en todas sus manifestaciones, rechazo la violencia en todas sus formas y me indigno cuando los débiles caen forzados a las voluntades de los poderosos, pero yo no me llamo Charlie, ni tampoco Javier; Soy amigo de los que no tienen voz y trato de ayudarles a encontrar su camino para construir sus propios discursos, no soy amigo de tomar la voz de otros para hacer de ella un discurso encubierto en símbolos y esperanza.

Nos vamos, porque para aprender a hablar, hay primero que caminar.

AV.

9 de enero de 2015

Te Regalo Una Canción.






Hace cuatro años y un poco más de tiempo, producto de un insensato distanciamiento, de comenzar a recorrer cada camino de manera apartada, con direcciones ajenas, en puertos desconocidos fuimos dejando a las ironías la responsabilidad de escribir nuestra historia, a la final, fue la nostalgia la gran ganadora, la que se llevó las tardes con sus noches, donde ya no había atardeceres para compartir, solo noches oscuras de incertidumbre y ansiedad.

Me alejé como las golondrinas que huyen del invierno, más por cobardía y miedo que por necesidad, era más bien una necedad que ambos teníamos en la sombra al caminar, lo sabíamos, pero no nos importó sino cuando ya las sombras estaban demasiado delgadas ante el sol. Te pedí que me regalaras una canción pero más que una canción, era una vida entera donde los verdes ojos se fundieran en los marrones ojos, ser uno mismo en el otro.

Te regalo una canción para que cada día tenga su propia melodía, puede ser un bolero o un Blues, algo suave quizás, una canción que te permita ser y crear, estar y llegar, una canción que pueda alimentar tu alma como la flor que se alimenta del rocío de la mañana, como la locura que necesita del amor para poder crecer, como los locos que fueron desapareciendo cuando dijeron que estaban locos.

Ahora soy yo quien quiere regalarte una canción, porque aprendí de las heridas, conocí cada paso dado y en ellos fui viendo el reflejo de mis decisiones, de mis acciones y mis pretensiones. Me fui dibujando lentamente en un aprendizaje que aún hoy a cuatro años de habernos separado, sigue dándome muchas enseñanzas, más lecciones que información, por eso quiero con una canción volver a enloquecer, darle al mundo esa pasión delirante que nos lleve de la mano, nos encierre en los jardines, en sus noches con sus estrellas.

Una canción que nos refresque la memoria, porque el corazón es una bóveda con demasiada información, y nosotros, bueno, nosotros somos dos forasteros que volvieron a la estación, a esperar, esperar para encontrarnos. Una canción que delire con tu nombre, te haga elevar, te lleve de ida y regreso a los atardeceres cerca a los cultivos de algodón de colores, o que simplemente nos deje en un café de la ciudad, a la espera de ese beso que se dio por vez primera.

Una canción que pueda compartirse con una botella de vino, quizás en un bonito almuerzo, pero que se deje seducir por un café y en medio de todo, sea eterna, porque nos merecemos la eternidad.

Te regalo una canción para que Simona pueda dormir, para que Martina la escuche y se identifique con el sonido de su voz, que sirva de guía en las noches entre almohadas y peluches, una canción que al igual que el cascabel, pueda darle a las chinas ese familiar encuentro en los pies de la cama, disfrutar de su compañía y claro, que sea con una buena canción.

Una melodía suave, que inspire calma y no ansiedad, que se deje escuchar y no nos convoque al afán de un reproductor de sonido. Entendernos uno al otro, aprender a construir procesos y castillos, un salvaje monumento para los sueños y metas que se pierden en ocasiones, en el cansancio de los pasos. Una canción que pueda acompañarnos siempre que se permita recordar que se cuenta con el otro, que se es un equipo.

Un piano que se pierde en sus notas, volando una a una por la corriente del aire, ser magia y hacer magia. Unas cuerdas ingenuas, que se mezclan, como el arpa que invade la habitación, o como la persistencia de una percusión que quiere dar ritmo a lo que el eco se devora, perdernos en la mirada, en lo justo de unos ojos verdes, en lo sensato de unos ojos marrones que aún deliran por amor, que se quedaron allí para volver.

Una canción que nos enseñe a sonreír, que nos invite a mirar al cielo, suspirar, decir nuestros nombres con cada estrella o nube que esté ahí para esperarnos, que nos lleve a tomarnos de las manos, a sentir con un beso como lentamente el mundo va girando alrededor del sol, porque somos hijos del sol, insensatos, testarudos, tímidos, soñadores, humanos, demasiado humanos.

Te regalo cada una de mis canciones, siempre que nos lleven a encender la llama que ilumine nuestros rostros, que haga vida lo que para otros ha sido rutina, que de ese impulso y ese orden que la vida nos pide para superar cada uno de los retos que se viene ahora en el camino.

Una canción para caminar juntos.



AV

8 de enero de 2015

¿Maná? ¡Si señor!




Guitar Cat by: kraftzarco


El año 1992 tuvo la particularidad de lanzarnos al mercado el disco “¿Dónde jugarán los niños?” de la agrupación mexicana Maná. Si, lo sé, comenzamos mal con este texto, de hecho, con el blog o hasta quizás, con el año, pero se deberá entender compañeros y lectores que en esta oportunidad la referencia se debe a un caso particular.

Prosigamos, Maná es de esas agrupaciones musicales del Pop Rock latinoamericano que para gusto o disgusto de muchos (incluyéndome) ha marcado una historia musical, hasta ha ganado el título de leyenda en algunos países o programas de televisión, su proceso ha sido interesante, porque al igual que en su momento Soda Stereo, Maná se perfilaba para grandes cosa, se retaba a sí misma, desafiaba a pocos con su estilo taciturno, pero a la final es el tiempo el gran ganador porque su existencia ahora es pues, una parodia de sí misma.

Lo particular volviendo el tiempo atrás, es que en aquel año noventa y dos Maná logró tocar el cielo con sus manos, dirigirse a la audiencia con un disco que logró debutar con gran agrado, romper marcas y premios. Si bien “¿Dónde jugarán los niños?” fue su tercer disco, logro con ese en particular marcar a una generación entera, servir de puente entre grandes y chicos, propiamente hoy a más de veinte años de su lanzamiento, son las canciones de ese disco en particular las que siguen gustando, las que nos llevan a recordar anécdotas, y por qué no decirlo, las que siguen sonando en cuanta fiesta uno se imagina (e indigna).

El álbum comienza con “De pies a Cabeza”, canción que se hizo de más al realizarse en Colombia un seriado de televisión con el mismo nombre y con el cabezote musicalizado con la mentada canción. Marcó años en los domingos, inclusive, se volvió referente más de personajes que la banda musical en cuestión. La siguiente canción titula “Oye mi Amor” y aquí comenzamos a encontrarnos en esos lugares comunes, canción que fue muy exitosa en la radio noventera pero que a hoy día ya suena en fiestas y despedidas, mejor pasar la página.

Me Vale, tercera canción (en su orden) del álbum no requiere presentación alguna y es que quizás a ello se deba su éxito, fue una canción a la que se explotó en exceso su cuestión comercial, ícono inflado de la rebeldía adolescente del momento, descuido de la memoria, pero infaltable lugar común de cualquier referente.

Aquí comienza lo interesante porque quizás es lo que realmente me lleva a escribir sobre estos personajes, y es que la cuarta canción lleva por nombre “Huele a Tristeza” y con ella se abre un telón que es mejor recordar a diferencia de sus predecesoras, porque es en las baladas donde Maná logra realmente mostrar el gran grupo musical que fue, o mejor decirlo de otro modo, el gran acierto musical que tuvo en su longeva carrera.  “Como te Deseo” es una de las canciones más famosas del disco, su ritmo pop hace que la nostalgia acuda a ella cada vez que se habla de la música de los noventa.  La sexta canción del álbum es “El desierto”, poco conocida para algunos, de interés para otros.

“Como Diablos” es una de mis canciones favoritas, saben bien amigos lectores que mi marca Registrada de Inviabilidad no escatima en gastos, y esa canción es parte de  esa esencia. “Vivir Sin Aire” “Te Lloré un Río” “Dónde Jugarán los niños” y “Cachito”, en ese orden, son las canciones que completan el listado y cada una se hace especial al ser precisamente baladas que llegaron con buena letra y ritmo, son de esas cosas que hacen especial algo que no tiene por qué serlo.

Cierro en este orden la descripción del disco como objeto musical, ahora hablemos del disco como objeto de lo emocional. Nos resulta vergonzante escuchar Maná en estos tiempos donde la música ha evolucionado y se ha diversificado de la misma manera, con la claridad además de que la calidad de tal agrupación musical ha venido en decadencia, inclusive ganándose mi odio y repulsión ¿la razón? La versión que hicieron de “Hasta que te Conocí”, una de las baladas más delirantes y espectaculares del divo Juan Gabriel.

No acostumbramos a identificarnos en la música sino, en lo que la música conlleva, sean recuerdos, personas, sentimientos, sueños. Es en este caso particular que se trata de mi infancia, porque aquel mágico año noventa y dos hubo dos discos que se quedaron tatuados en mi memoria: El que nos convoca en el presente escrito y, “Cuenta conmigo” de Jerry Rivera. Ambos fueron la banda sonora de muchas actividades de mis vacaciones y relaciones interpersonales en aquel año y durante los siguientes, era quizás, la marca registra de los noventas, mis noventas.

A todos nos ocurre pues que se nos atraviesa en la vida algún cantante o agrupación musical que de manera vergonzosa, conservamos en secreto el gusto por sus canciones, en mi caso ocurre lo contrario, de manera secreta conservo mi gusto musical digamos, “Fino”, de manera pública e irresponsable hago saber de mi inviable y adquirido mal gusto musical. Me considero de cierta manera un analista del consumo cultural, a nivel intelectual (y laboral) disfruto de la antropología como ciencia que me respalda cada estudio y análisis, entender a la sociedad a partir de su consumo es algo delirante en mi vida académica, pero al traer esos asuntos a lo personal, caigo en la cuenta de que soy un objeto cultural no identificado, como la memoria, que se nos escapa con los años.

Disculparán la incomodidad que nos trae estos temas cuando de gustos se trata, ahora muchos con la bandera del deber ser sugieren lo que se debe escuchar y no escuchar en la radio, Maná y Ricardo Arjona son quizás ese par de ejemplos que en redes sociales se acostumbra censurar, como si fuese del todo vergonzoso ser consumidor de sus productos establecidos.

Me es mejor cerrar el asunto con muchas otras canciones, discos, historias, pero la cotidianidad es una musa que vive de la nostalgia,  un callejón oscuro que se ilumina de los desaciertos de otros, de mi proceder personal ante la mirada de un mundo que cada día va más rápido, un mundo que se consume con más premura, de seguro a todos nos viene a la mente algún suceso en particular con cada una de las canciones mencionadas en esta entrada, desde la ya fastidiosa “Me Vale” hasta la nostálgica “De pies a Cabeza” y es que señoras y señores, en medio todo, estamos ante uno de los tesoros más valiosos de la historia de la música latinoamericana porque este álbum en particular se convirtió en un clásico.

Justo es pues aprender a referirnos a nosotros mismos por canciones y menciones, también darle lugar a cada historia musical que merezca referencia histórica, injusto es negarnos esos placeres culposos de aquellos años noventa, porque fuimos niños en su entrada y hombres a la salida.

Donde jugaron los niños del ayer.


AV

7 de enero de 2015

Una Historia para Contar.



Cats Love Bubble Gum / Deidre Wicks



Todos tenemos una historia para contar, nos llenamos de información que compartimos con amigos y familiares, anécdotas y recuerdos, sentimientos que se nos escapan o por el contrario, fantasmas que se nos encierran en el armario.

La vida es de oportunidades y con ellas de grandes aprendizajes, siempre es grato en cada aprendizaje dejarnos sorprender por cada decisión tomada o evadida y entre esas, cada encuentro asumido. Ayer tuve la fortuna de reunirme con dos amigas a las que aprecio en demasía y a quienes ya tenía tiempo de no ver, nos sentamos como los viejos amigos que somos y nos conversamos al caer de la tarde, cada una con su Té de limón para el calor, yo un poco más conservador opté por una cerveza fría, siempre comenzar es difícil y más cuando el querer hablar hace de cada tema algo importante o incómodo, como las verdades o las atenciones.

MariaPaula es quizás la más oportuna de las dos en cuanto a romper silencios, Inés Elvira -  que por cierto nunca me mandó el escrito para #Proyecto31 - es  la más joven y tímida, ya con los años ha dado de sí misma para afrontar algunas ironías de la vida, para otras continúa siendo esa pequeña niña que observa al mundo, prefiriendo no emitir juicio u opinión alguna.

Iniciamos nuestra jornada recordando viejas historias, porque eso es lo que hacen los amigos, vivencias de unos y de otros, giramos luego al tema de las reflexiones de la vida, de conectarnos, entendernos y ser empáticos con cada declaración, ser amigos a pesar del tiempo y la distancia que nos ha marcado.

Cada uno trae tras su espalda una historia de amor y dolor, cada uno cuenta en su haber grandes derrotas y expectativas con el año que inicia y desde allí es que nos encomendamos a lo cotidiano de unas simples palabras para tener una historia para contar, para sumergirnos en la mente del otro, ser espectadores de los dolores y afanes, del extremo ejercicio de la contemplación, de la madurez de una migraña.

Una historia para contar es tan simple como se quiera escuchar, o mejor aún, como el que la quiera contar, es hacer de cada palabra un detalle artístico o un mero ejercicio de prosaica, es darle vida a eso que necesitamos confrontar por medio de terceros, y claro, como cada historia siempre nos confundimos con los principios hasta llegar a los finales, porque se nos convierte en un juego cíclico donde cada tema, como silla musical, va girando a esperar su turno, y el miedo de todo, es incomodarse en la palabra, tal vez por ello es que con María Paula e Inés disfrutamos de tal memoria, porque no nos incomoda en lo absoluto cada tema o silencio, porque con los amigos, también hay que aprender a callar.

Hablamos de nuestros pesares, nos dimos aliento pero también nos tomamos en distancias prudenciales, porque siempre hay temas o personajes que es mejor no mentar, como las espinas de una rosa.

Hoy tengo la oportunidad de reunirme con un grupo especial de amigos, a cada uno su historia y con ella, su aprendizaje. Con ellos también haya lecciones aprendidas y monotonías asumidas, es esa estética de lo cotidiano lo que nos va enlazando en cada diáspora del universo, con sus canciones, sus películas, sus revistas e imágenes.

A cada personaje su realidad y con ella, el inventario de sus culpas, a cada amigo, su realidad y con ella, los fantasmas en el armario. A cada silencio, mis historias y con ellas, los cadáveres debajo de la cama.

Es un nuevo año y como todo, son muchas las expectativas, bueno, yo he decidido aterrizarlas a los hábitos, aprender a ser disciplinado con la cotidianidad y sensato con este blog, porque cada día trae sus noticias, sus elocuentes e impredecibles menciones.

Su estética.


AV

6 de enero de 2015

A Cuba con Amor.





Bueno, he terminado de jugar una larga tanda de Candy Crush y ahora prosigo como espero, sea habitual, a escribir mi post diario en este, su blog. ¿En qué habíamos quedado? Ah, sí, habíamos quedado en el asunto del mapache, que animal tan bonito, tímido, pero con seguridad en sí mismo, de mirada astuta, locuaz, jovial, ¡hasta emprendedor debe de ser ese animalito!

Esta temporada ha estado marcada por el tema de las relaciones (inexistentes) entre los EEUU y Cuba, no pretendo por supuesto politizar el tema en este espacio de reflexión, poco suelo hacerlo en este Blog que más bien se esfuerza por hacer de lo cotidiano, un encanto floral.

Cuba es ese sueño que de jóvenes muchos (me incluyo) alguna vez consideramos como destino turístico, atractivo lugar para ir a turistear, tomar ron y fumar un habano. Hablar de la revolución, dejarse impactar por el ayer y el hoy mezclados en música y arquitectura, en imaginarios de latinoamerica, a la final, eso es Cuba, un imaginario no de la revolución socialista, sino, un imaginario de los latinoamericanos: Mezcla de Bohemia, Hedonismo y resistencia.

Las cubanas son unos personajes únicos, exóticos. Desde su belleza de la cual se habla en muchas obras literarias y plásticas, hasta su intencionalidad. La cocina cubana es de las mejores, además, de mis preferidas pues no acude al pescado o similares para hacer de la mesa un punto de encuentro, por el contrario, se delita uno con granos, variedad en arroz y el adorado chancho. De este modo, retomando el punto anterior, las cubanas son personajes más de ficción que de admiración, no porque se hable mal de ellas, sino, porque ellas mismas se hablan a mal.

Grandes mujeres, de carácter fuerte, con fuerza en sus palabras y su modo de administrar el corazón, herederas de la huella antillana, dueñas del presente y conocedoras del futuro, inclusive, fabricantes de cuentos y de historias.

Cuba algún día será tema de conversación por sus paisajes y no por sus pasajes políticos, sin embargo, en “La Nueva Habana”, ese esquinero centro de Miami que bordea la Calle 8 se discute a diario sobre la salud de Fidel, sobre el bienestar de los presos políticos, sobre la ausencia del poder o el exceso de poder, qué más da, se discute y se delibera, se construye y se reconstruye la tradición, se legitima y se desestima. Como todo, los cubanos pensantes viven más pendientes de la revolución que “fracasó” en Camagüey, a lo que realmente fracasó en Hialeah, en esa Florida dónde toman café a cambio de dólares.
Y es que como se pregunta mi tío, ¿qué será de la vida de los cubanos de La Nueva Habana cuándo se muera Fidel? ¿De qué van a conversar? Imagino, de la vida y obra de Fidel, de lo que hizo y no estaba bien, de lo que dejó de hacer, de lo que hubiera pasada si, o mejor no, así, como todo, su prosaica arremeterá como fusil americano, al nuevo sistema.

A propósito del posible restablecimiento de relaciones entre el Norte y el Caribe – tema en el que no ahondaré – es costumbre hallar en los cubanos republicanos de Miami un rechazo rotundo a tal escenario, no porque desconfíen de un nuevo amanecer en la isla caribeña, o porque el gobierno de Obama haya puesto sus ojos en el “Castro-Chavismo” como salida a la crisis interna, la respuesta es más sencilla e igual que desconcertante. Al terminar “el conflicto” entre ambas naciones, termina por igual circunstancia la financiación externa de ONGs cubanas que tienen como razón social la lucha contra establecimiento de los hermanos castro.

El amor por cuba se cubre pues de dinero y mucha nostalgia, muchas historias que desaparecieron con el año nuevo del 59, o de esos inmensos cultivos que fueron desapareciendo desde la guerra de los siete años, o quizás, desde la inspiración misma que a bohemios y poetas, cantantes y pintores ha inspirado en su rol de musa. A sus mujeres, que desde el carácter y la belleza hasta la dominación y olvido han permeado muchas páginas con nombres y apellidos impronunciables, a una Cuba que desde su rol de víctima ha dado más perdedores que historiadores al mundo, porque se reinventa en la misma hoja, no se deja reescribir, no se permite escapar en las letras, o en algún óleo que sueña con Paris.

Nos es más sencillo hablar de La Nueva Habana en Miami, o de los guetos en Nueva York, desatendernos de la política para intentar en la literatura y las artes escapar del costumbrismo de una revolución que no revolucionó al mundo, o de unos misiles que jamás se dejaron ver.

A Cuba, mi amor, pero más que mi amor, su rencor.


AV 

3 de enero de 2015

Cita con un mapache.



A Day in the Life of Yield

Hoy me puse mi camiseta de Linterna Verde y salí al parque con mis abuelos, fuimos en familia a recorrer cada lugar del maravilloso mundo de Kendall, nos fuimos en familia como estampida de búfalos a luchar contra el aburrimiento. Pero mucho antes de emprender tal camino, otras varias ocurrencias pasaron en nuestro bello acontecer.

En casa de los abuelos nos esperaban ya con todo listo, luego de casi cuarenta minutos de impulso, salimos de casa y emprendimos camino hacia la zona de Kendall, otro distrito dentro del variopinto Miami. En el camino paramos en “El Pollo Tropical” para comprar, como es evidente, un gran pollo asado, supongo de origen tropical, para almorzar en el parque, darle un poco de caché al plan de Picnic familiar.

El Pollo Tropical es un restaurante de comida peruana, muy reconocido entre los latinos residentes en la zona, su fuerte como su nombre lo expone, es el pollo asado, como si esa fuera nuestra bandera cultural a lo largo y ancho del planeta pues todos los latinos valoramos más el pollo asado sobre la mesa, que cualquier manjar de la biblia. Mi tío hizo el deber y se compró un pollo grande para toda la familia, gran porción de papa frita y buena dosis de salsas y aderezos para la ya mencionada harina.  

El carro quedó impregnado del olor a pollo y con el, todos sus ocupantes.

Al llegar al Parque de Kendall, un lugar muy bonito y que evidencia la cultura y arquitectura anglosajona, nos ubicamos en una bonita zona de picnic, con mesas en madera y bellos prados sobre el horizonte, a nuestra espalda una cancha de beisbol, a nuestra derecha un circuito de curvas, rampas y obstáculos para deportes extremos como patineta, patinaje entre otros, más al fondo, pero muy en el fondo, las canchas de soccer. En términos generales una zona muy agradable para pasar un día de descanso en familia, o salir a hacer deporte y bajar esos kilos de más que nos trae siempre la navidad.

Pasar tiempo en familia es algo que muchas veces no valoramos sino hasta que hemos perdido a un familiar o, cuando hay una recompensa de por medio y quizás, muchos hijos asumimos el rol familiar más desde la recompensa y la búsqueda que desde la disciplina del buen amar, sea el caso de quien sea, siempre es justo para el alma, como camino de la serenidad aprender a identificarnos en cada escenario de la vida donde haya tiempo para compartir. 
Quizás estas fechas del diciembre que ha terminado, o de los Reyes Magos que se aproxima para el caso de nuestros hermanos mexicanos, es temporada de reflexión y promesas, donde unificamos abrazos y buenos deseos en la mesa, en la cocina, en llamadas telefónicas y por qué no, en innumerable cantidad de mensajes expuestos en redes sociales, a la final, cuando toda esta temporada ha culminado, son pocos los círculos que comenzamos a reducir para dar fe y cariño a ese núcleo familiar.

Hoy precisamente, esa señorita de verde mirada agendó también  una salida en familia, porque es esa familia que hace muchos años no se reúne a diatribar sobre cada gen o cada quién. Aquí, a más de miles de kilómetros de distancia, en un parque americano, dispusimos la mesa con un honorable pollo asado (supongo de nacionalidad peruana) y conversamos sobre lo cotidiano y mundanos de nuestros recientes días en casa, mi abuelo, un niño de más de noventa años terminó su plato de comida y salió a cazar monedas de a centavo, porque solo él es el experto en encontrar monedas donde nadie es capaz de sospechar.

Finalizada la hora del almuerzo, mi tío se llevó a los abuelos a caminar por el parque y mi madre prefirió ir a dormir al carro acompañada por mi padre, otro niño de setenta y pico noviembres de vida, por mi parte, con mi camiseta de Linterna Verde y mi cámara fotográfica inicié la caminata a mi modo por los alrededores del recinto, siguiendo, como Alicia que busca al conejo, a una ardilla coqueta, roedor de fina y juguetona cola que andaba tras la pista de algo de comer. 
En el trayecto logré ubicarme detrás de un poste y de la manera más ignorante pero a mi criterio, efectiva del caso, pude fotografiar al roedor aquel, bueno, la calidad de la fotografía no tiene tema en este apartado.

Cerca, en la zona verde de al lado, un par de muchachos categoría rodillones jugaban a lanzarse la pelota (de béisbol, una práctica muy americana pero bueno,  resultaron ser argentinos, vea usted. Allí, en el fondo un hermoso mapache comenzó a subir sin ser descubierto a un frondoso árbol del parque, con mi visión original y un poco de empeño logré retratar al animal con mi cámara, me fui acercando hasta estar en el árbol mismo dónde el mamífero de grandes bigotes me observaba. Intenté por varios momentos fotografiar pero fue en vano, cual felino esquivó cada disparo de mi cámara pero jamás se escondió, siguió uniforme en su rama sentado sobre su cola, observándome, quizás, reflexionando sobre mi astuto rol y es que amigos lectores, jamás en mi vida había visto un mapache, solo en la televisión o el cine.

Pasaron los minutos, él en la rama y yo abajo mirándole con detenimiento, cruzamos miradas como dos mamíferos que se descubren entre sí, nos dejamos llevar por la fresca brisa de la Florida, fuimos uno solo con la naturaleza, fuimos silencio en el atardecer. Al tiempo el fulano decidió bajar de su árbol y como cualquier animal, emprendió carrera hasta otra zona despejada, él como cualquier otro animal (supongo) evidenciaba en su rostro y prisa un temor por la humanidad, yo también.

Mis abuelos regresaron de la caminata con mi tío, avanzamos juntos hasta el carro y comenzamos a prepararnos para regresar a casa, la jornada había terminado y la familia permanecía unida.

El carro conservó el olor a pollo durante todo el trayecto de regreso.


AV. 

2 de enero de 2015

Sin Título.




El de hoy quizás ha sido el día más variado de todos los que llevo en este paraíso americano, caracterizado por la unidad familiar, se ha visto envuelto en bruscos cambios de ambiente y de fuertes reflexiones que aquejan a la memoria, desde los suaves vientos del consumo hasta los enajenados nubarrones del adiós, todo junto a una incomprensible costumbre de querer dar nombre a cada cosa.

Iniciamos la tarde procrastinando con redes sociales para luego finalizar con un breve pero elocuente escrito sobre lo que han sido estos días de inicio de año, escrito que por supuesto pueden encontrar en este su blog de confianza. Para ese entonces, nos deleitamos con una breve pero clásica melodía del pop rock norteamericano  para con ella dar inicio a la escritura y posterior lectura de la jornada, siempre además de la mano de una taza de café (que por cierto, ahora desde un tiempo para acá consumo sin azúcar).

Alrededor de las tres de la tarde salimos con mi tío rumbo a casa de mis abuelos, allí nos encontramos con mi madre y acto seguido salimos a realizar unas diligencias que estaban al pendiente  en la agenda de la familia Salcedo; previo a este suceso, durante el trayecto de la casa de mi Tío a dónde mis abuelos, sostuvimos quizás la conversación más extensa que hemos podido amedrentar en estas ya casi tres semanas que llevo de residencia, iniciamos con un breve análisis de mi parte de la gran posibilidad que hay de que los estadounidenses tengan como próximo presidente de la república a otro Bush -  por favor, no olviden estas afirmaciones que hago y en lo posible recuérdenme dentro de un par de años darles una explicación más a fondo del asunto – seguidas pues, por las interpelaciones de mi tío sobre el tema de las relaciones políticas entre Republicanos y Demócratas. 

Una miopía de carácter Bipartidista tradicional.

Continuamos el análisis con la especulación de una posible contienda electoral entre el pequeño Bush y la gran Hillary Clinton, interesante escenario a decir verdad, acto seguido el tema lo desvió mi tío dando fuertes críticas al mundo conocido por sus desmadres y desastrosos actos en contra del medio ambiente, acusando a unos y otros del fin de los buenos tiempos, pasamos a recordar aquellas tardes soleadas donde el majestuoso río Magdalena en su ribera recibía curiosos niños como nosotros para abrazarnos en su s aguas, para identificar en el presente pues, lo triste que ha cambiado su curso. Toda la reflexión se mutó a la irresponsabilidad del ser humano, a la desastrosa manía de acabar con lo que tiene por privilegiar a unos pocos.

Al iniciar la diligencia, llegamos a un hogar para ancianos a  mi concepto, de dudoso perfil pero para gusto de mis padres y mi tío. Un hogar para adultos mayores, con habitaciones muy sencillas y zonas de esparcimiento muy desagradables para la mente de un niño anciano, pero ante todo me limité a opinar y ser más bien un espectador de tal situación. Una muchacha de origen venezolano, hija de un español y una ecuatoriana nos hizo el recorrido por las instalaciones del Hogar santa Anna (ironías de la nostalgia).

El espacio es agradable y muy aseado, sin embargo no deja de ser para mi concepto un Hospital y si me lo preguntan, lo que menos quiero para mis abuelos es que vivan sus últimos días en una clínica, independientemente de los lujos que acuse tener, no soy partidario de tal establecimiento, sin embargo ante tal discusión mi rol fue mejor como espectador y ajeno a la voluntad de mi madre y mi tío, pero ya imaginarán ustedes el torrente de ideas y excusas que circulaban por mi mente, pasando de la sencillez de una tarde soleada en la Florida, al existencialista ejercicio de un hijo único que comienza a pensar en la tercera edad de sus padres.
Intenso.

Salimos del recinto y retomamos la avenida Sw 117, la discusiones entre mi madre y mi tío sobre los pros y contra del lugar, además de las consideraciones sobre el precio a pagar en caso de acordar contrato alguno llevaron el tema por un largo tiempo, casi, sobre el trayecto completo. Llegamos a un cementerio, un lugar muy bello cerca a la reconocida calle 8 de Miami, en el también reconocido sector de Kendall.

Fueron muchas las fotografías que tomé al camposanto en mención, a pesar de ser un lugar de reposo para los que ya se fueron, es en su igual condición un lugar de silencio y mucha paz, caminamos buscando el “lote” que mi tío compró tiempo atrás para residir allí a mis abuelos el día que sea la hora, en el paso a paso observaba cada mausoleo y tumba exhibida en una inmensa zona verde, mis pensamientos pasaban ahora de la tercera edad a la última hora, esas pequeñas reacciones que sólo un hijo único como yo puede acechar.

Pensar en la última hora y dejarla pasar como un mal momento o, pensar en la última hora y comenzar a poner en tinta y papel los planes de acción para cuando ese suceso ocurra.

Actuar.

Finalizado el ejercicio de contrición, retomamos camino y fuimos a una exclusiva Librería del sector, al entrar, fui recibido por una promoción de libros de ciencia ficción y afines, ya entrado en gastos, me sumergí góndola tras góndola, de fondo sonaba esta canción.

Después de realizar un par de compras para mi gusto personal, entramos al almacén de al lado, el reconocido Best Buy para realizar de mi parte la pesquisa sobre mi urgido Disco duro externo pues si no lo saben amigos míos, el que tengo ya sobrepasó su cupo, es tiempo de cambiarlo, lamentablemente no pudimos realizar tal fin pues su precio excedía mi presupuesto y el apoyo económico de mi madre no estaba para estas compras, suceso que originó de allí hasta nuestro próximo punto de llegada todo un análisis sobre el precio del dólar, su influencia en la economía de los colombianos, la causante del precio del Galón de gasolina en Colombia comparado con EEUU y así sucesivamente.

Pasamos de las reflexiones de la memoria, a las lamentaciones del bolsillo.

A la salida del almacén, sonaba esta canción y una sonrisa cómplice se dibujó en mi rostro, justamente en el 02 de enero del año 2014 estaba pues con mi compadre David Guillermo disfrutando de la vida decembrina de Cali y con ella, de lo que dignifica una buena amistad. Nos acompañaban también de manera itinerante, el joven e ingrato Diego Alejandro y la prima. Respecto al tema musical, dimos mucha cuerda con el mismo por lo menos lo que fueron los dos primeros trimestres del año.

De regreso a casa paramos en el supermercado local, había que comprar algunos insumos para el desayuno y demás comidas del fin de semana, pues hay que alimentar 5 bocas y el consumo cada día es mayor. Paseamos por todo el almacén comprando que una cosa, que la otra, que el queso, que la leche, que galletas para los abuelos, que Maní para Ana Karina, que Cereal para el desayuno de mi tío, que los limones para el café de la abuela, así sucesivamente fuimos dando compra a cada punto del listado, de la merienda, mientras eso ocurría, sonaba esta canción.

Al llegar a casa de los abuelos, la reflexión seguía latente en mí: Desde el futuro político de los estadounidenses y por ahí derecho, de los latinoamericanos, hasta el futuro de mis abuelos, terminando en la vejez de mis padres. Intentar volver al presente con discusiones infames como lo es el precio del dólar o qué tipo de Maní le gusta a mi Anna no despejaron del todo el torbellino de ocurrencias y desavenencias.

Esa humanidad que a nosotros los hijos únicos nos da más fuerte que la costumbre.

Comimos un buen plato de Moro preparado por María, una cubana que atiende a mis abuelos una vez por semana, tomamos un par de vasos de jugo de naranja y emprendimos camino de nuevo a casa de mi tío, dejamos el mercado y me quité los zapatos. La jornada había terminado.

Ahora me dispongo a tomarme un Screwdriver como cada noche, no sin antes retomar los vastos caminos de la reflexión e intentar plasmarlos en este Blog de ocurrentes letras, pues a la final este collage de atenciones no me dejó otro camino que el de hablar sin un nombre poder dar.

Sin un título para adorar.

AV.


Primero.




Arranca el nuevo año y con este las reflexiones del año que pasó, las memorias de los momentos vividos, las personas queridas y claro, los seres que ahora no nos acompañan. Es una fecha particularmente especial porque gran parte de la humanidad enfoca sus energías en recordar lo que pasó o pudo pasar y  otros pocos, en lo que quieren que suceda en este año que ya ha dado inicio.

Gran particularidad de estas fechas es además, encontrar en redes sociales demasiado información sobre la vida de cada quien, de manera excesiva muchas personas publican reflexiones, mensajes, videos, fotografías y hasta datos inconclusos de su permanencia en este fin de año. Cas interesante el de esas mujeres que se encierran en sus habitaciones para tomarse fotografías a sí mismas (selfies) en sensuales posiciones y sonrisas, con guiño en la mirada y mucha luz, para luego publicarlas en la red social de confianza, el preciso lugar donde más permanecen los hijos y amigos de los hijos, ante eso… ¿para qué la necesidad de encerrarse a tomar las fotografías?

Si algo ha servido este nuevo día es también para conocer y re – conocer personas en mi listado de contactos de la dichosa red social, es sorprendente la cantidad de personajes que hacen parte de mis contactos y que no conozco o recuerdo con facilidad, ha sido un ejercicio interesante el estar atento a cada fulano para saber a quién dar de baja y a quien saludar para retomar el contacto; lo que me preocupa es que en su mayoría son mujeres y mi temor es a que piensen que estoy en plan de coquetería y pues no, no soy así.

Continuemos con las fotografías, muchos celebraron la despedida del año catorce de una manera algo excesiva, otros fueron  más sobrios y en familia dispusieron una cena y brindis. Otros, viajaron hasta el otro lado del planeta, o del país, inclusive, muchos más vinieron a Colombia a compartir al lado de sus seres queridos y familiares, en síntesis, muchos disfrutaron de este ágape decembrino en buena compañía, brindo pues, por los pocos como José Miel, que tuvieron que recibir el año quince en franca soledad o, al lado de un insensato compañero de rutina.

Muchos engalanaron sus mejores vestuarios, supongo a primera vista, muchos estrenando. Otros fueron más despreocupados y acudieron a su rutinaria vestimenta sin proponerse exagerar, las fiestas de fin de año son para eso, para disfrutar sin exagerar. A los que se fueron para no volver, a los que ya no traen consigo el mejor de sus trajes sino, el recurso de la memoria, salud y espero desde allá, desde el otro lado nos contemplen cada una de las estupideces y negligentes acciones que como buenos humanos apostamos cometer.

Los mejores platos de comida en otra red social se pueden apreciar no en la noche del 31 de diciembre sino, entre el 01 y 02 de enero. En estos días muchos acuden a lo que sobró de sus fiestas de fin de año para recalentar el plato entero y comenzar a convidar con amigos y extraños, con vecinos y allegados. Tal cual fue el caso de una fulana que fue convidada por su vecina a sentarse en la mesa y disfrutar ambas familias de un suculento caldo de costilla.

Hoy prefiero hablar como espectador, como el insensato observador que desde su comodidad se entera de cada suceso que ustedes compañeros, hacen públicos en redes sociales. Ya la intimidad y la propiedad dejan de ser del todo privadas desde el momento mismo en que sus intenciones y emociones se hacen públicas en cada red social, sea pues, por medio de una fotografía, un video o una ingeniosa tarjeta de celebración. Así, desde mi comodidad comprendo también cada rol y cada labor que tenemos en nuestro entorno; el caso más admirable es el de las neo madres que nos acompañan en cada web social de internet.

Cada madre, desde la más joven hasta la más madura,  hace de su bebé un objeto de deseo, convierten la inocencia y belleza (no todos) en un mecanismo de interacción social, desde mensajes de apoyo y felicitación, hasta agradables palabras o desagradables reacciones. Los niños tienen la particularidad de transformar a todos la manera de ver al mundo, pero las madres… las neo madres hacen que el mundo transforme su manera de ver a los bebés en cada red social.

Los mensajes… cada expresión en su mayoría acudiendo a una deidad y dando gratitud a su condición de persona. Desde la antropología uno comprenderá cada símbolo y código social, aportando nuevos conocimientos y cimientos a una interesante deliberación académica sobre el rol del ser humano y sus instituciones de valor, pero todo se va al carajo cuando en esas mismas reflexiones los códigos materiales y de intercambio sobrepasan en valor, a las deidades que nombran. Somos unos genios donde la ciencia no entra.

Finalmente, hoy 02 de enero sigo atento a cada personaje que sigue en mis redes sociales, porque desde la distancia, lejos de los amigos y el amor, es muy teso uno pretender salir y llevar a cabo cada idea loca que de costumbre se hace en dichosa temporada. Mejor me dedico a la contemplación, a esperar los momentos de arranque, porque así como muchos, yo también he comido lo suficiente como para guardar en la nevera, he escrito mis mejores intenciones en mensajes que trascienden más allá de lo normal, rayando en lo absurdo o quizás, en lo exagerado. También tengo comida en la nevera, una deliciosa “paleta de marrano” como le llaman los cubanos, y sin duda, también me tomé fotografías al lado de mi familia no sin antes agradecer a El Buki por los retos ofrecidos y los favores recibidos.

A la espera de ver a mi Anna, de abrazar mi ingenuo y caro amigo Luifer y los jóvenes David Guillermo y Diego Alejandro. A cada cual su historia de vida, asimismo, a la espera de los planes de vida, porque si de algo ha servido este cierre de temporada ha sido el de replantear y sugerir cambios, el de acusar términos y organizar mecanismos de acción, ya los propósitos de 2015 son meras expresiones de fin de año, pues desde esta casa se habla más de los hábitos a cumplir y, los logros a seguir.

Primero, lo primero.

AV