24 de septiembre de 2022

Noticias (Recorridos)

 


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Somos creadores de historias con el día que nos llega: Por ejemplo desayunamos algo de fruta, algo de harina y quizás un poco de proteína blanca, o quizás no desayunamos sino que salimos de prisa a llegar a nuestro compromiso (con algo de tardanza tal vez), ahí quizás yace una historia cotidiana que nunca fue anotada en el devenir escolar.

Vemos en el paisaje de la ciudad una cotidiana muestra de distancias y cuentos viejos, aquel edificio gris que ahora es rechazado por los jóvenes adultos, o aquella calle que en su haber ha visto sufrir más corazones que lo que ha transitado por sus alrededores. Aquel parque donde ya no se avistan niños sino jóvenes ansiosos en conversaciones taciturnas.

Nos recorremos permanentemente por toda la vida hasta encontrarnos en alguna canción. Cuando nos enamoramos por vez primera y la asociamos al momento musical de la época, cuando nos enfrentamos a nuestro primer reto mortal (la vida en sí) y tuvimos como respaldo aquella canción desubicada.

Ese recorrido de la vida se sumerge por supuesto en la puerta de los sueños, esos pedazos de muerte que tanto aliento dieron a Edgard Allan Poe; recorrido mismo que se disfraza de experiencia y termina es por envolvernos en ingenuas preguntas sin respuesta, preguntas que se nos reflejan en los ojos, como niños esperando el arcoíris.

Hay silencios cómodos que nos guían a la sabiduría, lo simple de la vida.

Al placer mundano de lo cotidiano: Un dulce de guayaba, una paleta de frutas, un café quemado o por lo menos, una silla en el transporte público.

Placeres que se derivan en reflexiones no tan cómodas: Una enfermedad, la soledad del alma, la silla vacía.

Hay ruido que nos da tranquilidad, como un placebo de la vida: Sencillo, sucio, extenso.

Al placer permanente de los secretos, donde la voz la alzamos con la tranquilidad de saber que nadie nos escucha, nos juzga.

La variable insana de una idea que para otros es una simple tontería pero que para nosotros, en el ruido de lo inservible, puede ser la tabla que nos salve del naufragio: La soledad.

Hay paisajes cotidianos que ya existen desde antes de nuestro nacimiento, que nos fueron heredando en fábulas, en cuentos y anécdotas familiares. 

Los mitos que creamos en el apellido, propio y ajeno: Los amigos.

Somos paisaje para algunos allegados, disfrutan de nuestra presencia y nos dan aliento a la estética que nos hace humanos, nos aportan ideas para ser mejores, otros nos brindad ideas para desaparecernos en el ruido.

Somos seres de constante transformación, podemos ser punto de llegada para algunos y enseñarles lo poco que sabemos: ¿Sabías que “Beat it” de Michael Jackson fue creada con la guitarra de Eddie Van Halen?

Somos puerto de partida para quienes saldrán de nuestra vida en la búsqueda quizás de una vida mejor, servimos de inspiración para no volver a ser lo que se fue.

Dejamos la enseñanza pero nos dieron la lección: ¿Sabían que el remix creado por Bayside Boys junto a la coreografía de la bailarina Mia Frye fueron los verdaderos promotores de “La Macarena” de la agrupación musical Los del Río?

Podemos rodear al mundo con nuestras ideas, dejar en el camino miles de intenciones y a ellas darles nombres y rituales. Podemos ejercer presión sobre cada deseo para que llegue a hacerse realidad y aún así, seguir cayendo en cada espera que nos impone la vida. No es llegar rápido a donde vamos apresurados, es llegar a tiempo aún si la vía está en construcción.

No podemos ofrecer lo que no somos, el poeta no puede mentir en su obra, el pintor no puede negar su intención, el músico jamás entonará la confusión de sus emociones. Todos sonreímos al público pero aun el más infame de los actores, cae ante su propio silencio y deja en el escenario un poco de aquello que lo aqueja.

Precursores de la cotidianidad, escritores de la libertad.


AV



22 de septiembre de 2022

Rastros (Palabras)

 


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Hay días que podemos convivir con la tranquilidad a flor de piel a pesar de todos los pendientes que la vida nos presente en el centro de mesa, días que como hoy, inician con el fervor de una cita importante y se van enrollando en un bucle de afanes, de incertidumbre, de oscuridad, de paisajes sonoros, ruidosos, absurdos, agrios, ingratos.

Nuestros días y noches son palabras que se edifican en el paisaje de lo cotidiano, damos agenda a las horas y cuantificamos los espacios de reposo, nos llenamos de emociones que defienden cada paso que damos, hasta que nos agotamos.

Son aquellos personajes que como hoy, reaparecen en llamada telefónicas que nos afanan, nos inundan de locura y comenzamos a correr de un lado a otro para dar solución a eso que no debería de estar en complicadas vicisitudes.

Cada mañana es un cuento y cada noche una fábula de aprendizaje, cada momento es un derroche de segundos y silencios. Me encuentro en frente de una taza de café esperando iniciar clases, me encuentro conversando en mi silencio con canciones de hace 20 años, me hallo bajo un puente de dudas que están hostigando cada alternativa que aparece.

Me estoy encontrando.

Hay rastros de tiempos mejores que me adornan en decisiones a tomar, se me llenan los bolsillos de fragmentos de historias. Hay retos que he ido acumulando en cada maleta como un anciano que acordándose de su infancia, gasta cuánto motivo para vivir existe, como una ruleta.

Se va desapareciendo el sentido de la vida en múltiples personajes: El profesor, el amigo, el hijo, el productor, el mensajero, el estudiante, el desaparecido.

Me encierro en mis pensamientos como un refugio militar, surgen impulsos de agradecer a cuanto fulano ha estado allí para en un abrazo confesarlo uno a uno mis sueños, mis días grises, mis canciones preferidas, mis derrotas, los temores del tiempo futuro.

Son tiempos de tomar decisiones y dar postura a paredes que han rendido su color al derroche de las horas vividas. Faltos de aire como dice la canción, llenos de nada como narra la melodía, cansados de perder, anécdotas sueltas en el suelo de la habitación esperando a ser reconstruidas en una nueva aventura.

Escritos cortos para dejar en menguante el rastro de una queja, palabras repetidas en cada párrafo.

Titulares de la cotidianidad.

AV

21 de septiembre de 2022

Espectadores (Café)


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Night By: Lee Art

Estamos cómodos, nos tomamos un café y pensamos en las tareas del día a día, vamos tejiendo emociones sobre el hilo de humo que huye del envase, bebemos con calma, con la prudencia de un abandonado que llega a la memoria.

Hoy es un día normal para muchos, estamos a mitad de semana y vamos contemplando los deseos de viernes y sábado en la agenda, nos vamos despojando de los afanes que trae el lunes y las exigencias del martes. Nos vamos, diría el rencor de los olvidados.

Es un día de sol para muchos, de fantásticas experiencias para quienes llegan por vez primera al lugar deseado, un día en que el mundo gira por igual para todos, donde la fortuna nos abre puertas y el infortunio cierra cortinas.

Nos envolvemos en las ideas de todo lo que nos identifica, de una taza de café que sirve de testigo a la ansiedad de los jóvenes de siempre, de un cúmulo de imágenes que en pantallas variopintas socaban emociones, suspiran.

Pensarnos en algún momento de incomodidad no necesariamente es una acción por el cambio.

He deseado tanto la comodidad que lucho por ella día tras día. ¿Por qué debo de salir de esa zona de confort por la que tanto he luchado? ¿No es precisamente mi lucha por llegar aquí la que me premia con no hacer nada?

Una taza de café a mitad de la semana, a mitad de la tarde es un premio al esfuerzo de quienes en la noche han entregado sus ideas y mejores cumplidos. No hacer nada quizás sea el mejor regalo para quienes se han puesto la camiseta en nombre de un alto especulador.

Disfrutamos de un buen libro, de una buena conversación con amigos, disfrutamos de cada día que vivimos y de cada año que cumplimos, de cada mirada que se nos cruza en el camino. De unos ojos cafés, una sonrisa o un mensaje de amor en una canción desesperada.

Bebemos de la taza de café, se ha enfriado un poco y el aroma cambia su nota a algo acaramelada, se vislumbra un delgado hilo caoba en el borde, sumergimos pensamientos en la soledad de una cafetería y avivamos el gusto por lo que hacemos y descansamos, por aquello incluso que hemos dejado pendiente.

Desconocidos nos rodean y conversan de temas varios, de proyectos, de sueños, de fiestas pasadas, de familiares que ya no están, de tareas incumplidas, de buenos y malos jefes, algo de romance, algo de política, conversaciones de frustraciones deportivas, de desesperadas búsquedas, de tranquilas emociones. Todos nos rodeamos de desconocidos en un café, todos somos una isla en un archipiélago de comodidades e incomodidades.

Todos tenemos frío.

Me gusta esperar el impacto del paso siguiente, dejar sumergirme en conversaciones taciturnas, ahora todo es escrito, leemos las emociones que nos comparten. Redactamos órdenes y compartimos instrucciones a través de medios digitales, poco a poco vamos dejando de encontrarnos a tomar café, a comer algo de postre.

Nos visitamos en el recuerdo de una caricatura.

Venimos a este mundo a ser espectadores de la democracia, a vigilar las acciones de quienes no conocemos. Venimos a existir y a servir, a dar el apoyo al amigo desventurado o simplemente a dejarnos cómodos en un simple estado de soledad.

Cae la noche en este soleado día, guardamos regalos en la maleta para futuras oportunidades, vamos preparando los argumentos para el equipaje de la mañana siguiente. Nos conformamos con sentirnos libres, con terminar una taza de café sin reproches y llegar a casa a descansar, o preparar la tarea de la correspondiente jornada.

Vivimos a la expectativa anhelando la calma de una zona de comodidad, hablamos con todos de todo y dejamos que se riegue nuestro sentir en el vacío de un día cualquiera. Vivimos, porque para eso hemos nacido.

Se termina la taza de café.

AV


20 de septiembre de 2022

Sueños (Cosmos)

 

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Cat in Cosmos By:Raphaël Vavasseur

Por lo general nos imponemos retos en el día a día que nos hagan sentir vivos, que nos lleven en un torrente de adrenalina por los caminos de la satisfacción y nos liberen de la depresión. Nos encerramos en pensamientos desafiantes que nos obliguen a desarrollar desde el interior las más osadas acciones con tal de superar aquello que juramos alcanzar.

Es difícil, quizás porque para algunos es garantía de ansiedad y estrés, para otros se convierte en un tobogán eterno de frustración, de golpes contra el calendario, de insoportables ritmos marcados por el minutero de un reloj despiadado y distante. Se hace complejo, porque hasta la más noble de las intenciones conlleva algo de veneno, de estupor en el hacer. Intenciones que se corrompen en ocasiones por el afán de la meta anhelada, lo imperfecto de la humanidad hecho desespero.

Nos equivocamos con frecuencia y de allí arrebatamos aprendizajes a cada asunto, quizás para algunos es menester entregar en terceros la bondad del error cometido, para otros, sea tal vez más oportuno callar ante la falla y fugarse de la responsabilidad, uno que otro es más consecuente y se toma personal la falla alcanzada, dándose latigazos de culpa aún sin ser necesaria la sanción.

Aprender a equivocarnos es una escuela de libre acceso, de muchas herramientas y de pocas aventuras, más bien desventuras.

Aprender a ganar es tal vez un intensivo curso de bondad que se adquiere después de haber cursado muchas clases en la escuela de la equivocación, porque ganar conlleva una responsabilidad para con uno mismo y es precisar lo que se hizo bien en un entorno de enfermas decisiones.

Juramos alcanzar metas para satisfacer placeres personales, nos volvemos hedonistas, nos esforzamos para ser helénicos en luchas en ocasiones inexistentes, solo la vanidad de Narciso, el cantar de un juglar que sin pasión enamora a quien le escuche.

Nos cuestionamos todos los días, nos juzgamos en el silencio de un momento de duda, nos imponemos bloqueos que atraviesan lo mental hasta servirse de una parálisis cognitiva, abrazamos el miedo todas las mañanas y rogamos al santo más popular que nos de una mano en eso que nosotros mismos hemos inventado.

No somos los mismos, las pesadillas nos pueden transformar, sólo las metas logradas nos purifican del barro que ensucia las nobles intenciones acercándonos otra vez a ese niño que observando el infinito se ahoga en sus pensamientos buscando la idea siguiente.

Es importante contar siempre con un amigo o un aliado que nos de la esperanza de que las cosas van a salir bien, que nos acerque un poco a esa realidad inventada y le de una pizca de cinismo, que nos permita entender que todo ocurre a un ritmo que no siempre está en nuestra capacidad de cumplimiento.

Poder contar con familiares que se unan al deseo y den abrazos de apoyo, no palabras de cansancio.

No es para nada sano escuchar aquellas frases que juzgan la idea enamorada, que cuestionan las intenciones encomendadas a lo imposible. De imposibles es que viven los enamorados.

Se nos hace urgente sentirnos vivos no en la meta de un sueño propuesto sino, en el cómplice saludo de cada mañana, que nos de luz y no oscuridad el recibir apoyo de allegados, que puedan entender el vacío en el que caemos cuando el tiempo corre a otro espectral entorno.

¡Qué difícil es poder compartir la visión de la vida a quienes no sueñan!

Es difícil permanecer estáticos en un mismo rincón, por el contrario somos seres inquietos que, huyendo de los propios pensamientos (o peor aún), persiguiendo aquellos pensamientos, somos capaces de recorrer al universo entero para poder llevar la luz a donde la oscuridad nos acongoja.

Pensar en colectivo es una virtud de quienes encerrados en la memoria pregonamos ideas de cambio, a partir de zonas de control emocional. Somos presos de nuestras intenciones.

El reto más grande está siempre en nuestro interior, superarnos y aprender a perdonarnos, ser consecuentes con la escuela del éxito y la escuela del fracaso, soltar ese grillete que a veces como premio nos encuentra en un bucle de satisfacción.

Caminar sobre los sueños, con los pies en la tierra.


AV

19 de septiembre de 2022

Márgenes (Universo)

 

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https://www.behance.net/gallery/13790589/Games-of-shadow

Games of shadow By: Pavlina Jane.

Escuchaba en días recientes el podcast del maestro Juan Jesús y entre las muchas reflexiones e invitados que han pasado por sus minutos de audio, me llamó mucho la atención una frase del maestro (por favor todos de pie) Juan Friedman (pueden sentarse) quien resaltaba que el universo sigue en crecimiento, en formación constante.

Tal como los días de la creación relatados en el génesis bíblico (de occidente), señalaba el maestro Friedman que allá a lo lejos en el espacio hay evidencia de creación constante, de expansión. De nuevos territorios en formación, una mágica relación de la ciencia y la divinidad explicando la creación del hoy. Entender el tiempo en esa estela de años luz que se vuelven complejos aún a los lentes de grandes artefactos creados por la humanidad.

Bajo esta premisa comenzar a explorar lo desconocido en medio de lentes y robots que sin tener consciencia reportan la magia de lo innombrado conlleva a viajar ansiosamente a espectrales territorios en que la vida es una quimera.

Existe mucho misticismo sobre lo que nos rodea, desde las profundidades de un mar que no hemos podido entender ni avistar, hasta el brillo intocable de una luna que aparentemente está estudiada pero que nos observa con el misterio de un profundo agujero.

Una alquimia que convierte la naturaleza pasiva de un bosque en la fría y salvaje humanidad del infierno, distancias recorridas entre cordilleras o constelaciones.

Búsquedas de un sentido estricto de lo humano.

Ignorar el rugir del jaguar, confundir el orden de lo establecido en la colmena con la estrategia de las vainas de orcas caprichosas.

Sentar bandera sobre la blanca y muda cima de la montaña, pisar el rostro del desprotegido con la sima de un gobierno despótico. Querer comprender el corazón del desarraigado o la poesía del enamorado.

Escucharnos en las baladas de un Salmo, en la sonata de un rebelde solitario o la súplica canción de un infante que observa el terror desde la ventana.

El mundo se disfraza de muchas formas y con sus fenómenos escrutados engendra mitos y leyendas, terror en libros de consumo masivo, titulares de prensa en pequeñas localidades o ideas de negocio en grandes redes informáticas, donde lo humano destruye lo que la fe anhela.

Somos seres débiles, sensibles, egoístas, intransigentes, que del dolor sacamos argumento para agradecer más dolor. Entidades con ademanes de irresponsable placer.

Si, el universo se sigue expandiendo y nosotros pretendiendo explorarlo, pretender identificar lo desconocido en un alfanumérico tablero, guardar los descubrimientos en el ego de la academia, en el desespero de la industria.

Mientras el universo se expande nuestro espacio se reduce, pero también surgen debates de otros universos con similitudes de colores y fracciones. Creencias emergen y la fe se sostiene en instituciones excesivamente humanas.

El universo se sigue expandiendo y con él, la búsqueda de la luz.

AV


7 de septiembre de 2022

Lugares (Ilusiones)

 

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https://pin.it/1YOMjip  

By:  Aissa Ibárcena

Hay lugares tristes, están dentro de la memoria, se refugian en algo de ilusión, se colorean con lo vivido en tiempos donde no había nada distinto a lo que el presente permitiera observar.

Hay lugares que en compañía son únicos y dan vida al universo entero, lugares que se descubren tomados de la mano, que se dibujan en emociones fuertes, de esas que anhelan una eternidad que la razón no es capaz de cuestionar, libre de errores, de problemas, sin puntos de llegada, solo escenarios únicos y humanos.

Hay lugares que en tiempo pasado fueron la adoración de un modo de vida, de una fantasía que se dejaba describir entre sonrisas y promesas.

Lugares para hacer promesas, para ilusionarnos de todo aquello que quizás desde la infancia se construyó en el imaginario del deber ser. Lugares en donde el viento nos despeina y nos genera dicha inmarcesible, donde el calor nos acerca en quejas de complicidad.

Lugares que nos encantaron con sus paisajes despertando el deseo de querer vivir allí, de jurar regresar con prontitud para seguir sintiendo esa felicidad que el alma espera.

Lugares que ahora son jóvenes para el transeúnte taciturno.

Lugares que son espejismos de melancolía, porque a la memoria le debemos el anhelo de una vida mejor y no de un presente recorrido. Lugares que no son lugares cuando la soledad nos toma la mano, creciendo como un jardín abandonado.

Hay encuentros que fueron hechos para no repetirse, que duraron quizás 7 años, 6 meses, 5 días o simplemente 4 horas. Encuentros que dieron base arquitectónica a cualquier proyecto de vida en lugares sin magia. Un callejón en Brasil, una playa en Aruba, un parque en Colombia o una ilusión en New York.

Hay promesas que no se cumplen porque el deseo no es fortuna del destino, palabras que se riegan sobre el viento para ser deseadas pero no escuchadas, letras que plasmamos en mensajes de pareja, de amigos, de familiares, insumos para conectarnos con nosotros mismos a través de los ojos de aquello que decimos amar.

Amamos lo vivido y deseamos que sea infinito, como las canciones que nos gustan o los libros que nos recomiendan.

Nos convertimos en pensamientos permanentes: Recordar una mueca, una cena, una caminata bajo las estrellas en la playa o una carrera desesperada en los pasillos de algún aeropuerto. Tormentos de una paz vivida.

Brindamos por la memoria de los que no están, por la soledad que nos queda en el bolsillo de un pantalón, por los vacíos de una maleta que alguna vez cargó en su interior desiertos enteros de promesas, de lágrimas que primero fueron sonrisas en trayectos inexplorados.

Hay lugares para sentarnos a recordar lo que pudieron ser razones para ser más humanos.

Hay lugares para dejarnos en meditación permanente, para dedicar canciones a los que ya no están, esos que dejaron de ser tiempo y espacio.

No existe lugar alguno para despojar la memoria, ni equipaje donde asegurarla, solamente trayectos reiterativos de compañías pasadas, humedecidas en lágrimas.

No hay lugar para observar las ilusiones.

AV


17 de agosto de 2022

Melancolía (Confianza)



 

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Un poco de esperanza.

Solo necesitamos un poco de esperanza.

Confianza, a veces, nos falta una pizca de confianza.

No es que estemos en arcaica soledad o que dependamos de una valoración positiva sino, mas bien entrar en profundas aguas, frías, solitarias, ausentes, llenas de dudas y especulaciones. Sumergirnos en la conciencia de los débiles y ser uno de ellos, reflejarnos en pasos frágiles, candentes, de sucias palabras.

Hablar de confianza es pretender entendernos a nosotros mismos ante un espejo. Hablar de esperanza es comprender las palabras cuando salen del espejo y no correr de temor, por el hecho mismo.

La melancolía llega a casa como el viejo andariego que ha recorrido el mundo sin encontrar la felicidad anhelada. Se sienta en un rincón y reflexiona sobre el deber ser de una vida caminada a lo ancho de cada historia vivida. Nos acaricia como un canto de sirena, nos acicala, nos atormenta, nos reta.

Estar en soledad es comprenderse a uno mismo, saberse manejar ante ataques de rabia, corregir las palabras que dejamos salir en encuentros no deseados. Limitarnos ante la duda del prójimo. No somos lo que hacemos, somos lo que aparentamos.

Cualquiera puede parecer retador o verdugo, no estamos para coordinar ideas abstractas. Estamos rotos, quebrados, fingiendo ser correctos paladines de la cotidianidad. Ante las palabras de otros somos armas a tomar, como si la pared misma fuese un ejército de recuerdos que desea ser estropeado de un solo golpe.

Como si viviéramos en mil lugares y en ellos mil historias nos llevaran de regreso a donde la tristeza alguna vez fue felicidad.

Como si cada aliento llegase en amigos que juran saber lo mejor de nosotros, o por qué no, como si lo mejor de nosotros se negase a llegar a cada ser que nos rodea. Taciturnos, circunspectos, intransigentes, egoístas, humanos, jodidamente humanos.

Tímida voz de rechazo que se queja de los consejos que otros predican cuando la soledad es constelación. Agudas palabras de rechazo que se escupen cuando el consejo de otros es invitación a caminar los mismos linderos del pasado. Agresivas miradas que nacen de un silencio incómodo que parece melancolía, pero que a la hora de la verdad es solo poesía.

Vivimos en un mismo lugar, nuestro lugar, nuestra melancolía.

No se trata solamente de confiar.

AV

31 de julio de 2022

La memoria del cansancio (Un Abrazo)



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The Cat Hug

 https://www.posterlounge.com/p/722429.html

Hay días en que nos sentimos desolados, quizás un poco ajenos al ciclo social de interacción constante, quizás nos vemos en reflejos que no son propios de nuestro sentir interior. Caminamos agotados, cansados, no queremos que nos hablen, no queremos trabajar o llegar al siguiente lugar.

Momentos que tienen relevancia cuando un abrazo se da por espontáneo saludo entre dos amigos o colegas, momentos que se llenan de tristeza cuando el abrazo surge de una esperanza que se ha roto recientemente, momentos que, incluso, se derivan de una casualidad que encuentra a dos extraños que desde el deseo se unen para desahogar una emoción, un grito de gol o una histeria ante un herido en combate.

Hay días en que el ánimo está por debajo de cualquier nivel soportable, temporadas en que nos referimos a la cotidianidad como un tedio que no deja vivir.

No es fácil.

Abrazo grande para Paula, Daniela (Bluelain), para Diego Alejandro, Dianita Diaz, al piloto Mauricio, también para la ingeniera González y cómo no, a mi Katya en la distancia.

No todos los días debemos de ser sonrientes aun cuando haya sol.

Han sido semanas de grandes retos, he tenido que dar respuesta a exigencias que de alguna manera han surgido porque de ellas algo se debe de aprender. La última de ellas se ha forjado en el credo del amor: poder ver al ídolo cantar en vivo mis canciones favoritas, salir a recorrer místicos escenarios y conocer personas maravillosas, aprender de ellas, hacer de mi sueño un sueño de ciudad.

No hay nada de malo en rendirnos, son consecuencias de un cansancio que a veces se aprehende del alma y en ella asienta preocupaciones de nuestra tonta creación.

No me olvido de mis cachorros a quienes adeudo mucha ternura.

A Valentina y Nicolás, poderles apoyar, acompañar, dar un poco de agua para la sed, dejarnos en la intimidad de un consejo algo de vida para continuar. Un abrazo.

A eso que llamamos rutina también le infringimos un poco de rencor, la vemos con los brazos alzados para defendernos del impacto, nos acomodamos en lugares estratégicamente visibles y la esperamos para contra atacarla y demostrar que aun el más intransigente de los actores, puede retirarse de la obra.

No somos perezosos ni cobardes, somos humanos y tenemos derecho a sufrir por amor, a extrañar la salud de un familiar, a perder una batalla contra alguna enfermedad o padecer incluso la pesadez del día a día en jornadas largas de trabajo. Podemos sufrir por un proyecto que de modo inconcluso nos cuestiona las horas de sueño, nos desvela en su egoísta pesar o nos derrota en la incertidumbre.

No somos exigentes para dar una sonrisa al sol cada mañana, no somos espontáneos para bailar bajo la lluvia siempre, no. Somos notas musicales que en cada octava se señala el ánimo de nuestra propia existencia, nos permitirnos estar cansados de la vida, de caminar, pero nunca de soñar.

Somos soñadores que permanente nos reconstruimos.

Cada semana trae un peso distinto, cada día nos deja el calor de una idea repentina, de una nueva canción o incluso, de una nostálgica melodía que nos ajusta el cuerpo para el día a día.

Caminamos agotados, cansados, no queremos que nos hablen, no queremos trabajar o llegar al siguiente lugar. Caminamos animados, con la esperanza de cruzar la meta en pocos pasos, estallamos en palabras y buscamos a quien adornar la jornada con nuestras canciones, luchamos por conservarnos en el mismo lugar, nuestro lugar.

Nos aferramos a un abrazo por ajeno que sea.

AV

19 de julio de 2022

Cancionero (Azul Índigo)


 Imagen tomada de:  https://www.theatlantic.com/science/archive/2019/02/cat-psychopaths/583192/

What is it thinking? By: Sergey Zaykov / Shutterstock

Estuvimos sentados conversando pasada la medianoche, Juancho se tomaba un Gin Tonic y Piyo deambulaba por el bar saludando a los asistentes con un vaso de Whisky en su mano derecha. Había algo de intimidad en el lugar, unos pocos nos quedamos para disfrutar de un encuentro de amigos, viejos amigos que con el corazón puesto en el año 1988 rescatábamos de la memoria esa explosión del rock en español.

Sentados en la oscuridad de un sábado que ya estaba siendo domingo, Juancho comenzó a señalar la importancia de escuchar las canciones, de entender que la música tiene una estética única que narra historias, vivencias, reflexiones de vida que en ocasiones, no logran trascender en la radio. Se quedan estáticas en los acordes y estribillos que el público entona, esas canciones que se convierten en himnos de una generación mientras dan cobijo a otras que por lo general no logran saltar a escena a pesar de su mensaje.

Azul Índigo es el quinto álbum de Compañía Ilimitada, grabado en el año 1995 se hizo famoso en la radio nacional por ser el hogar de dos canciones emblemáticas de este dueto del rock colombiano: Azúl Índigo, canción que da nombre al álbum y Santa Lucía, una versión balada del gran clásico de Miguel Ríos que en la voz de Piyo revolucionó la música en nuestro país.

En este álbum hay dos canciones que en palabras de Juancho tienen trascendencia en sí:

Paisaje Desierto: escrita por Piyo Jaramillo presenta una connotación de la interacción colombiana de ese mundo indígena y la voraz acción del hombre occidental. Un paisaje que llora un mar quizás, pero que realmente retoma la reflexión del cuidado ambiental desde el lenguaje de la siembra, inspirado en los alabaos del pacífico colombiano, en los paisajes de la ciénaga de Santa Marta, una canción que llorando la destrucción del territorio a mano del hombre mestizo, quiere ver el sol, quiere ver vida.

Sycodelya Nuclear: Con una fuerte influencia de The Beatles se narra una historia de amor en nostalgia, de detalles y esperanzas, de cuentos en una ciudad que se dibuja en las palabras de un enamorado. Re imaginar la vida y con ella crear paisajes excéntricos que permitan dar lugar al amor, poder expresar en mezcla de colores y sonidos un sentimiento que termina siendo una canción de catarsis diría, en la que se abre el alma a un sentimiento tan original como el amor con la alegoría de una nostalgia tan cotidiana como aquello que queremos expulsar.

Hay canciones para cada ocasión y en eso Juancho nos resalta obras como Vuelta Atrás, Noche Clandestina, Máscaras, Cometas y Si usted supiera. Una historia musical que a primera vista no está en el radar del radioescucha común de los años ochenta y noventa, por supuesto que mucho menos en la del actual adolescente, pero que de estas canciones han derivado las vivencias de un dueto de jóvenes músicos que en el año 88 encontraron (en sus manos) la llave de una puerta que gritaba desesperadamente ser abierta. Creadores de himnos y monumentos, compositores de lo cotidiano y amigos de la sensatez.

Un estribillo en nuestro idioma.

Cerca de las tres de la mañana comenzamos a retirarnos, Juancho y Piyo ya cansados solo quieren llegar a su lugar de descanso, no es para menos, es que se han traído un show de dos noches inolvidables.

Tuve la oportunidad de verles en vivo en el año 2009 en una gira de la que fui testigo sin ser invitado, pero en el 2019 asistí al musical “Cuando seas grande” en la que Ines Gaviria y Piyo Jaramillo nos dieron un viaje especial por la historia del rock en español. Allí pudimos conversar por vez primera.

Para el año 2021 la vida me premió con acercar esta búsqueda y revisar proyectos juntos. Al día de hoy nos encontramos nuevamente para compartir palabras que entre admiración y afecto, dieron a este cachorro, la felicidad más grata de aprender, otra vez.

Gracias a Diego Alejandro, al profesor Salazar y a la cantante Silvia Baoli (de ella les hablaré en otra oportunidad) por la grata compañía.

¿Cómo decirlo? Siempre en Contacto.

AV

13 de julio de 2022

Vivo (El presente)

 



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Nos sentimos vivos, dejamos que la música nos invada las emociones, nos permeamos de recuerdos y hasta de ideas de futuro, un futuro que no existe pero que queremos que suceda.

Nos dibujamos en el aire.

Hay días en que queremos sepultarnos en la tristeza y en ella cubrimos todo lo que nos hace humanos hasta escondernos de eso que tanto nos duele. Otros días somos un envase vacío que espera ser llenado con algo de afecto que terceros puedan depositar. Somos seres temporales que vamos buscando vida en el asfalto que caminamos.

He dado pasos de distintos colores siempre pretendiendo mantener en firme esto que me hace humano, me he dado a las creación nuevamente para poderme resignificar, no es que me haya perdido en un diálogo intrínseco, ni mucho menos. Es que estoy en poderme reubicar, hacerme responsable de mí mismo y todo aquello que tengo a cargo: Mis proyectos, mis días azules, mis días grises, mis silencios y las canciones que le derivan.

Somos seres de comunidad, somos agentes sociales que nos construimos en el otro, nos proyectamos, vemos en el reflejo de quienes nos rodean una parte de nosotros que ha sido construida en el trayecto de la vida, pero es ese mismo viaje en dónde nos hemos versado en distintas personalidades.

A bien conversaba esta mañana con el periodista Galeano acerca de la manera como descuidamos un poco de nuestro interior por estar atentos a ese exterior.

Hay temporadas en que sentimos que algo malo ocurre afuera y queremos escapar de ese mundano lugar, protegernos o quizás, escabullirnos al punto tal de desplazarnos del estamento social. Son esas temporadas en que deberíamos (del deber ser) preocuparnos más de nuestra salud mental, física, espiritual, pero poca consciencia tenemos de hacerlo.

Son esas temporadas en que debemos de reforzar los canales de supervivencia social, de encontrarnos en la mirada de esos amigos y familiares que a bien nos alientan a destacar la mejor versión nuestra. Es bien sabido por demás, que debemos de procurar una sana alimentación, pero qué difícil se nos hace ser saludables en un entorno donde la comida más nociva está al precio más asequible.

¡Qué desafiante es girar en ambientes prósperos para la salud mental cuando los distractores los tenemos en el teléfono móvil!

Hay un mercado afuera de esperanza y desesperación.

Encontramos múltiples terapias, recetas, organizaciones cívicas y hasta medicamentos que prometen una vida saludable. Es nuestro deber ser atentos a ese mercado para no caer en engañosas prácticas, ser valientes y cuestionar cuanta idea de futuro nos llega en forma de resultados inmediatos.

Vivir es un acto que se hace por siempre, vivir bien es algo que se nos dificulta cada vez más, en gran medida por la falta de información, nos cuesta protegernos incluso de nosotros mismos.

Hay días azules, hay días grises, pero siempre estamos allí como parte de ese universo buscando un futuro mejor, deseable, vivible, distinto a quien somos ahora, buscamos llegar al otro lado de nuestra existencia, por amor, por tristeza, por desespero, o incluso, por vanidad, buscamos poder llenar ese envase vacío.

Estamos en el presente y nos dibujamos en el aire.


AV