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“Professional
Illustration Of A Cat Hacker Wearing Glasses And Headphones At Computer
Background”
En ocasiones nos detenemos de tanto andar sin saber que
el cansancio pesa más en las ideas que en el músculo de cada pierna, exigimos
algo de agua ante la sed de una buena marcha, o quizás una buena taza de café
que sirva de suspiro para el inicio de una jornada exigente, algo de dulce para
acompañar los pensamientos, algo de sal para escapar.
Solemos caminar tantas veces que ya el camino se nos hace
parte del paisaje cotidiano de lo que somos. En ese tracto de cemento y veredas
adornadas de vacas y aves de rapiña, encontramos la soledad que una mañana que
recién despierta se disfruta en silencio.
Con la frecuencia de cualquier día nos sorprendemos con
lo insensata que puede llegar a ser la vida aun cuando el esfuerzo ha sido
permanente para alcanzar la divinidad del “yo no fui”. Personajes que nos
saludan y desean buenos días con la misma mano con la que esperan golpear la
mesa cuando algo no es de su gusto.
Seres que deambulan entre pasillos como si estuviesen
huyendo del infierno de los días y sus tardes, que sufren en el afán de ver a
otros padecer su mismo dolor, que sin entender que la vida es un permanente
relicario de consecuencias y girasoles, insisten en desear el mal y otros pequeños
detalles de mal gusto.
Pasillos dónde se puede encontrar lo sublime de una
mirada que hace tiempo no se cruza, donde las palabras pueden servir de puente
para alcanzar la tranquilidad de un mejor día, gestos y ademanes que pueden señalar
respeto o repudio, a la final todo enredado en la misma maraña invisible de lo
cotidiano, callejones en los que una y mil veces se van a enfrentar los egos
agotados de académicos y aprendices.
Hay días sospechosamente light, insistía el maestro Calamaro,
días que por el bien de los olvidados es mejor vivirlos en silencio sin
pretender dar ideas o saludos de buena fe a quienes en su maraña de intenciones
rebuscan motivos para perjudicar a los pocos que quedan alrededor.
Es triste.
Lamentable diría un viejo conocido: Don Trino.
Hay caminantes de diferentes edades que terminan
consumidos por el mismo odio que les inspira cada mañana aparecer en sus
pasillos y escritorios, que sueñan desesperar a los nobles testigos con sus
sonrisas cargadas de malas intenciones y peculiares actos de insensatez.
Recordé pues las luchas y avenencias de los días pasados,
desde amargas despedidas y cordiales tareas, hasta las mas insensatas y crueles
querellas que siempre en el escritorio de imprudente, se convirtieron en vitamina
para el bullicio y no la paz.
Se me es partícipe nuevamente de estos escenarios donde
una y muchas veces se quiere lastimar, se busca herir, de esos paraderos de sentimientos
que desde lo más humano e imperfecto que alguien pueda ser, se inunda la
habitación con ruidos molestos, ademanes que parecen rituales y alianzas que en
lo justo de los seres de bien, son solamente conflictos irregulares.
Hace rato decidí que la paz es un concepto que depende siempre
de la capacidad misma de hacerla una realidad, un escenario donde se pueda
convivir entre disensos y reportes del clima.
Decidí que caminar en pasillos donde todo es conflicto es
parte del proceso de crecer, porque el mundo es como es y se debe de aprender a
andar entre sus bastidores.
Que con la frecuencia de cualquier día nos sorprendemos
con lo insensata que puede llegar a ser la vida de otros, su deseo mismo de
entristecer nuestros soleados momentos. Que los amigos nos pueden decepcionar y
también salvar.
Que siempre hay un esfuerzo permanente para alcanzar la
divinidad del “aquí estoy”.
Personajes que son parte de las noticias de lo cotidiano.
AV.



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