17 de febrero de 2026

Una y otras veces (Noticias de lo cotidiano).

 


Imagen tomada de: https://pngtree.com/freebackground/professional-illustration-of-a-cat-hacker-wearing-glasses-and-headphones-at-computer_15555996.html

“Professional Illustration Of A Cat Hacker Wearing Glasses And Headphones At Computer Background”


En ocasiones nos detenemos de tanto andar sin saber que el cansancio pesa más en las ideas que en el músculo de cada pierna, exigimos algo de agua ante la sed de una buena marcha, o quizás una buena taza de café que sirva de suspiro para el inicio de una jornada exigente, algo de dulce para acompañar los pensamientos, algo de sal para escapar.

Solemos caminar tantas veces que ya el camino se nos hace parte del paisaje cotidiano de lo que somos. En ese tracto de cemento y veredas adornadas de vacas y aves de rapiña, encontramos la soledad que una mañana que recién despierta se disfruta en silencio.

Con la frecuencia de cualquier día nos sorprendemos con lo insensata que puede llegar a ser la vida aun cuando el esfuerzo ha sido permanente para alcanzar la divinidad del “yo no fui”. Personajes que nos saludan y desean buenos días con la misma mano con la que esperan golpear la mesa cuando algo no es de su gusto.

Seres que deambulan entre pasillos como si estuviesen huyendo del infierno de los días y sus tardes, que sufren en el afán de ver a otros padecer su mismo dolor, que sin entender que la vida es un permanente relicario de consecuencias y girasoles, insisten en desear el mal y otros pequeños detalles de mal gusto.

Pasillos dónde se puede encontrar lo sublime de una mirada que hace tiempo no se cruza, donde las palabras pueden servir de puente para alcanzar la tranquilidad de un mejor día, gestos y ademanes que pueden señalar respeto o repudio, a la final todo enredado en la misma maraña invisible de lo cotidiano, callejones en los que una y mil veces se van a enfrentar los egos agotados de académicos y aprendices.

Hay días sospechosamente light, insistía el maestro Calamaro, días que por el bien de los olvidados es mejor vivirlos en silencio sin pretender dar ideas o saludos de buena fe a quienes en su maraña de intenciones rebuscan motivos para perjudicar a los pocos que quedan alrededor.

Es triste.

Lamentable diría un viejo conocido: Don Trino.

Hay caminantes de diferentes edades que terminan consumidos por el mismo odio que les inspira cada mañana aparecer en sus pasillos y escritorios, que sueñan desesperar a los nobles testigos con sus sonrisas cargadas de malas intenciones y peculiares actos de insensatez.

Recordé pues las luchas y avenencias de los días pasados, desde amargas despedidas y cordiales tareas, hasta las mas insensatas y crueles querellas que siempre en el escritorio de imprudente, se convirtieron en vitamina para el bullicio y no la paz.

Se me es partícipe nuevamente de estos escenarios donde una y muchas veces se quiere lastimar, se busca herir, de esos paraderos de sentimientos que desde lo más humano e imperfecto que alguien pueda ser, se inunda la habitación con ruidos molestos, ademanes que parecen rituales y alianzas que en lo justo de los seres de bien, son solamente conflictos irregulares.

Hace rato decidí que la paz es un concepto que depende siempre de la capacidad misma de hacerla una realidad, un escenario donde se pueda convivir entre disensos y reportes del clima.

Decidí que caminar en pasillos donde todo es conflicto es parte del proceso de crecer, porque el mundo es como es y se debe de aprender a andar entre sus bastidores.

Que con la frecuencia de cualquier día nos sorprendemos con lo insensata que puede llegar a ser la vida de otros, su deseo mismo de entristecer nuestros soleados momentos. Que los amigos nos pueden decepcionar y también salvar.

Que siempre hay un esfuerzo permanente para alcanzar la divinidad del “aquí estoy”.

Personajes que son parte de las noticias de lo cotidiano.

AV.

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