28 de marzo de 2010

Una Canción Paramar




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Music Cat 2007 © Digital Graphics - Print on Canvas 60x50 cm

Me ha pasado que escucho una canción y de repente, al mejor estilo de la represión, siento una nostálgica fuerza en el corazón, un extraño suceso de humor negro, un pellizco de vida que me manda a otros tiempos y otras latitudes. En alguna ocasión Misión Cundinamarca se dejó evidenciar en un breve sonata de populares notas musicales, de poemarios de pueblos del viejo Cesar, ahora, viendo las aguas retirarse con calma hacia el mar noto con alguna impaciencia el paso del tiempo en olas.

Quiero descubrirme en esos abrazos sinfónicos que dan melodía a títeres dominicales, de una extraña suerte escuché entonces esa canción que casi retrocediéndome diez años en el péndulo me dibujaron a un joven de cabello largo, vestiduras oscuras, mirada seca y parca, ciertos ademanes fuertes en cigarrillos fuertes, tiempos pesados en periódicos nacionales. Inclusive lograr observar con sed ese tiempo que ha sido dibujado para el corazón, tiempos en los que el mismísimo amor está condicionado con canciones que ya ni las mismas princesas buscan en bares.

Un extraño viaje en el tiempo emocional, esa memoria emocional que nos invita a decidir si sí o si no, que nos deja en ese matiz de grises, en esferas lunares de distintas etapas o fases, en luces de manantiales y películas de grandes obras literarias. Mentirnos, dejarnos persuadir, gritar, escaparnos, escribir, refrescarnos bajo la lluvia mientras seguimos gobernándonos en pasionales recuerdos, en canciones que como cajas musicales adornan nuestras dudas. Muy curioso el caso en el que por querer ser más joven al día anterior, terminamos por aferrarnos a sucesos musicales muy puntuales.

Bien lo conversaba con el ahora mi gran socio y llegábamos a las cualidades de las viejas bondades. No dábamos al divorcio una opción pero sí una banda sonora, en ese santiamén de miles de invocaciones dejamos en el corazón esos esfuerzos de la lluvia por remodelar al mundo entero, lo inexplicable se mezcla con los miedos de la razón, gritar tan alto como se pueda.

Es curioso en ese sentido, que escuchar una canción de la manera más desprevenida nos obligue a detener el paso, a observar a nuestro alrededor, a buscar al culpable o al transmisor, darle a la voz un corazón de conciencia, una historia épica o pélvica, un descubrir de vidas arrancadas o de tiempos desesperados. Las canciones nunca dejaran de ser canciones, solo modifican una tonalidad de la realidad, le da un nuevo sentido al “aquí” y al “ahora”. No se le permite a las canciones imponer nombres, ni el más endemoniado de los despechos ha sido sepultado con el obituario de una canción, hay que aprender a distinguir el calor del verano al calor del invierno.

Observarnos en esas gotas de agua que viajan con desespero hacia el mar, escribir nuestra historia a partir de canciones, de melodías de diversas notas musicales y tempos desorganizados, de percusión y guitarra, de trompetas y maracas, de boleros y marchas, de himnos y villancicos. Cada historia nos ha permitido dejarse acompañar por canciones ya sea de manera directa o indirecta, esa sinestesia habitual de darle sentido a todo lo que hacemos.

Sigo escuchando esa canción. ¿Cuál es tu canción?

AV

1 comentario:

:: Theraq :: dijo...

Definitivamente; El Oso, de la pelicula de Tango Feroz... Y si, toda mi vida tiene melodía, más no necesariamente una banda sonora.