30 de mayo de 2008

Moribundo Silencio



Hoy amanecí con ganas de morir al igual que ayer, amanecí pensando en otras épocas y en otros tonos, viendo mil tonalidades en la esfera de la psiquis y jugando a ser grande en la memoria de lo colectivo. Me sentí amarrado y pesado, con los párpados arrugados de tanto observarse a sí mismos, de cara a la pared y en posición fetal, luchando con la almohada para sentirme vivo, tratando de progresar en mi silencio sepulcral, un silencio tal de poetas que hasta la literatura muere en el.

Hoy el servicio no está disponible, como es costumbre suelo cerrar mis ojos antes de darme cuenta de lo oscura que es la habitación, me duermo estando de pie y comienzo a pensar en esos años ya vividos, donde me encierro como una espiral y donde me niego a crecer, esos años donde el día me seduce con la noche, donde las palabras no se escuchan pero si se sienten. Se me enreda la piel con la suavidad de la mendicidad, se me escabulle en el alma la necesidad de continuar, de dejarse palpar y dar el paso adelante, pero a toda costa siempre termino es dando dos pasos para atrás, donde nada me espera, donde nada me busca, donde todo muere, un silencio tal de caminantes que hasta los pasos mueren en el.

Hoy he visto discutir a mis padres de nuevo, ya es una constante. Siento arder esa herida que dizque cicatrizó tiempo pasado, pero mentiras, ella sigue ahí dándome dolores de cabeza y problemas de pies a cabeza, me mata suavemente, al ritmo de un beso prestado, me sacude sin proponérselo, dejándome en el camino sin rumbo y sin compañías, me escupe y me lame, me deja muerto. He visto a mis padres agredirse de manera cordial, con los caprichos de la inmadurez en un par de cuerpos cincuentones, preocupante la cara del dolor, de la necesidad y la maldad, esos corazones que se rompen para fragmentar hogares, esas discusiones a las que asisto como testigo no deseado y me enloquecen, me amarran en una impotencia donde solo puedo observar y ser observado, donde no opino ni intervengo, solo observo, como el niño que muere delante de sus padres, un silencio tal de familiares que hasta los hogares mueren en el.

Hoy me siento mal, se me arruga la conciencia con el dolor de los actos ajenos, me desvisto en una corazonada propia de invasores y pasajeros, me dejo llevar en un camino sin amistades, no digo que no tengo amigos porque si los hay, y de los mejores, aquellas amistades que me han enseñado a valorar lo poco que me define como ser humano.

Me siento informal y sumiso, me siento pesado, como si me cayera en un vacío y la gravedad me absolviese sin querer hacerlo pero con esos recuerdos que me enseñan a recordar, que me embarazan en un abrir y cerrar de ojos, juegos de fabulas que me rinden tributo en la noche y me arrebatan la capacidad de asombro para dar pie a una nueva generación de trágicas y dramáticas espirales de fe, como el cuchillo que rebana la comida, que amordaza mis entrañas y deja ese aroma a muerto por toda la sala para quejarse luego, todo un melodrama sacado del más profundo de los silencios, un silencio tal de asesinos que hasta la muerte muere en el.

Hoy me desconecto, me niego a existir, me niego a ser y a estar. Hoy solo quiero sentarme y mirar al vacío para pensar en la caída, me deprimo en lo más bello del amanecer, en ese sol vallecaucano que nos cubre con su calor con los farallones en nuestra espalda, hoy me asomo por la ventana y olfateando el asfalto me deleito con la soledad de la calle, intento ignorar todo lo que sucede a mi alrededor, pero mi entorno se niega ignorar las cosas y me sacude con sus indirectas, con sus enseñanzas absurdas y sus clásicas lecciones de vida, no quiero ser humilde ni bondadoso, no quiero pensarme más allá de una cama en la que me acuesto a morir, en la que me encierro y sin negarme placer alguno cierro los ojos para decir adiós, en ese silencio tan fino y tan pulcro que hasta mi muerte se siento sola y desconsolada, un silencio tal que hasta mi propio silencio muere con el.

No intenten despertarme, solo quiero estar allí.

AV

2 comentarios:

Hannaluna dijo...

Hermosas palabras para un sentimiento tan triste.

De nada sirven los abrazos al viento, sin embargo en un intento fallido por despertarte de la depresión. Te envío un abrazo radiante de Luna. Que te envuelva sin saber como, que te haga reír aún con el amarillo taxi de cualquier cosa...

Sigo abrazando.
Luna,.

Anónimo dijo...

intento desifrar aquel sentimiento que nos invade por igual a todos los seres humanos, unos lo queremos vomitar a gritos, y otros simplemente deciden dejarlo en para su interior,
aquel sentimiento nos hace diferentes del resto de la humanidad.

esta sapita salta constantemente a tus pensamientos..