25 de junio de 2014

A Usted: Gracias



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Hoy amanecimos con esta canción en el corazón, una hermosa balada de los Fabulosos Cadillacs que su vocalista, Vicentico, hizo nuevamente famosa hace pocos años en uno de sus discos como solista. Esta canción en particular creo ya la había mentado en anteriores entradas de este ya olvidadizo pero muy afectuoso Blog, sin embargo esta oportunidad quizás es de más reflexión que otra cosa (como todas en este Blog), pues su razón y sentimiento provienen de allá, de dónde nos llaman y no escuchamos las voces pero si las palabras.

A estos años siempre nos llegan las preguntas y temores que el tiempo libre y la falta de tiempo, en sus paralelas proporciones siempre nos aguantan, nuestras cuestiones y temores, a veces parte del olvido nos consume, nos aleja de esa sazón de ser niños y nos arremete con un fuerte suspiro como grito de auxilio.

Guardar silencio puede ser la peor de las decisiones en ciertos temas, pero en otros es quizás la más prudente de las acciones, siempre hallamos la manera de dejar que la prudencia, con más vistos de miedo que de valentía, nos permita identificar el camino para dejar fluir las palabras o emociones de cada caso, lastimosamente seguimos siendo humanos, más humanos que siempre, seguimos siendo niños buscando el abrigo de mamá.

Uno en la vida aprende con el tiempo que no todo lo que nos duele o confronta son problemas sino, dilemas. Aprender a tomar decisiones, asumirlas, delegarlas y guiarlas, ser parte del proceso, ser creadores del proceso, ser fugitivos del proceso, ser presos dentro del miedo. Tengo miedo, y mucho, pero soy consciente de mis acciones y retos, tengo a mi lado los mejores amigos que quizás la vida escogió para mí en esta etapa de mi vida, tengo las mejores de las intenciones y con ellas, la más bonita voluntad para atender el llamado (llamados) de cada dilema de la vida, esos que precisamente cada noche voy guardando en la almohada.

En esta oportunidad hablamos con el corazón, no con el alma.

Dormir con pensamientos que invocan al insomnio, o que nos llevan a viajar en pasajes incomprensibles de la memoria, aprender a reconocernos en el Hipnos, ser pasajeros en el Thánatos, dejar de ser; luego de dar vueltas en la cama más veces de las debidas y de ir a tomar agua para la sed, con más frecuencia que la costumbre logré conciliar el sueño alrededor de las 4am, extrañamente hacía más calor en mi habitación que en el resto del vecindario, llovía inclusive.

Fui cayendo profundamente en esa espiral sin fin del descanso, en ese relámpago inconsciente  donde Arjona compone sus canciones, en ese universo inmaterial dónde Coelho escribe sus recomendaciones para la vida. Allí, sin ubicación ni exilio estaba con mis compañeros de clase, esos generosos y hermosos amigos que el Posgrado me ha permitido conocer, místicamente cada uno representa a un arquetipo o deidad, de esas conjeturas propias de Carl Jung. No estaban todos presentes, pero sí quizás los que en ese momento, en ese sueño o proyección necesitaba que estuvieran, uno a uno comenzamos a conversar como es nuestra costumbre hasta que al final, como si se tratase de una reunión de despedida tomé la voz de mando y a manera de discurso comencé a dar mis palabras finales.

Comencé por cada uno expresándole mis afectos y ofreciendo mis excusas por mí actitud en los últimos meses, luego, dirigiéndome al aforo en general empecé a desahogar mis penas y temores, a explicarles el por qué de mi comportamiento, mis actitudes, mis silencios y mis distancias. Empecé a dejar fluir la palabra y con ella las emociones, las lágrimas y la rabia hasta finalizar con un tranquilizador “gracias” y sus sugerentes palabras de agradecimiento a cada uno de los contertulios.

Recuerdo que comenzamos en el salón de clase, pero a medida que avanzaba el, digamos, “sueño”, iban cambiando los escenarios o telón de fondo, en el momento más álgido del discurso estábamos ubicados sobre la entrada del túnel de la avenida Colombia o Boulevard del Río, al terminar, nuevamente estábamos en el salón de clase.

Me desperté a las 6 de la mañana y estaba más descansado que nunca, finalmente desde hace semanas estaba buscando alguien para conversar, alguien objetivo o por lo menos neutral, que tomara distancia pero todos mis intentos eran fallidos y quizás por ese motivo es que el silencio era el mejor ya su vez, el peor camino.

Gracias a usted, porque no se finalmente quién fue, pero allí llegó cuando le necesitaba; no sé si era El Buki o Morgan Freeman, si era Saori o Jesús, pero ahí apareció y allí me escuchó, me dejó hablar.

Tanto mi novia como yo logramos sentir en la noche presiones y hasta incomodidades, como si se tratase de la llegada de algún transeúnte que no había sido invitado, estábamos incómodos, sin embargo, fue ese invitado el que se sentó conmigo, me llevó de la mano a ese macrocosmos y a manera de sueños y personajes estratégicamente escogidos se sentó a escucharme. Realmente no se qué o quién fue, no sé si quizás fui yo mismo en un acto de supervivencia, esos hermosos encuentros del yo real con el yo personal.

No sé realmente a quien adeudo la ternura de esta noche recién, lo bonito de todo es que aún no se qué hacer, pero por lo menos me he quitado una carga emocional de encima, el paso a seguir pues, es ocuparme para así dejar de preocuparme.

A usted, muchas gracias.


AV

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