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11 de enero de 2017

Los Gatos de Cristal.




Todos tenemos historias que nos marcan en la vida, de amores que fueron y no fueron, de trabajos que quedaron o se perdieron, de victorias deportivas o fracasos académicos. Tenemos historias de amigos que ya no están, de canciones que se grabaron en el gramófono mental y perduran aún hoy día. Historias de todo color y sabor, una presencia eterna en el diario de las notas mentales.

En esta oportunidad me refiero a una historia en particular, bueno, todas son particulares. 

Hagamos memoria al año 2002, una noche de domingo, televisión nacional (no contaba con cable en el apartamento de entonces), se aventajaba el frío por entre las paredes y la soledad de un aparta-estudio no daba abasto a la inmensa incertidumbre de saber qué ocurría.

Rondando por los albores de los 17 otoños iniciaría la semana de un nuevo periodo académico en la universidad jesuita de la ciudad, el frío no mermaba y el hambre comenzaba a golpear en el intelecto. Al cumplir el primer año de vivir fuera de la casa materna, tendría dentro de la decoración uno que otro artilugio que permitiera conservar esa conexión con mis padres, más allá de una fotografía familiar. Como es bien sabido mi gusto por los felinos, contaba entre mis pertenencias dos gatos de porcelana (macho y hembra) que estaban sentados en dos patas mientras que con las patas delanteras sujetaban un corazón con un “Te amo”, era lo más simbólico en el apartamento con relación a mis padres y la ausencia o distancia que sentía, en especial al vivir en una ciudad tan lejana como la capital del país.

Cada Gato estaba ubicado encima de un televisor viejo y con barriga pronunciada, de esos televisores que se conectaban con antena de polo a tierra. Durante las noches dominicales la distracción la brindaba el Canal 1 con los inolvidables cañonazos de don JB TV y el seriado de tele realidad “Pandillas Guerra y Paz”. No había nada más por ver; mis artes culinarias (tal cual sucede al día de hoy) no son las mejores cuando de preparar arroz blanco ha de tratarse, sin embargo, con las cremas, las sopas y las carnes rojas mi talento se supera en consideraciones.

Mientras terminaba el programa musical de JB TV, comenzaba a preparar el arroz y daba paso a la carne, dicho proceso duraba aproximadamente 45 a 60 minutos entre poner el arroz en el agua (sin sal, obviamente) y tener la cena lista, mientras el tiempo pasaba, me acostaba en la cama a ver la televisión y de manera itinerante daba revisión al arroz esperando a que “secara” para así poner a preparar la carne y claro, darle mirada de que no se quemara.

Al regresar a la cama después de un par de idas y venidas, noté con un poco de duda que uno de los gatos estaba girado, es decir, ambos estaban ubicados de frente en sincronía con la pantalla del televisor, el gato estaba girado hacia el lado izquierdo. Sin darle importancia y pensando más en mi TOC solamente lo giré como debería de estar y seguí con mi menaje en acción.

De regreso a la habitación era ahora la gata la que estaba un poco girada, no del todo, hacia el lado izquierdo, como si se fijara en el gato. Me llamó la atención y la ubiqué como debía.
Durante un largo tiempo sentía la presencia de algo más en la habitación, desde meses atrás para ser sincero, pero desde la frivolidad de la educación recibida en casa no daba lugar a ese tipo de posibilidades, sin embargo, el corazón no miente y si algo he tenido en la vida, ha sido la sensibilidad para algunas situaciones como la que menciono en esta oportunidad. Sin dar espacio a creencias varias, notaba que se movían sigilosamente tales felinos.

Al cabo de una hora el arroz quedó quemado en la base y sin sabor, la carne quemada y con demasiada cebolla y tomate, el agua de panela lista con el limón (más agua que panela), serví la comida y me senté en la cama frente al televisor a cenar, el programa musical llegaba a su final y se daría inicio al programa de seriado de los adolescentes pandilleros. Comía con más hambre que atención por el programa de televisión en sí.

Ambos gatos estaban giradas a cada lado, me levanté de la cama más molesto que antes y los regañé – cómo si ellos me escucharan y fuesen a obedecer -  haciendo hincapié en que no quería que se movieran. Les suplicaba que dejaran “la pendejada”.

Hicieron caso por un rato – pienso a mis adentros – sin embargo si hay algo caprichoso en esta vida, son precisamente los fulanos que no pertenecen a esta vida. Como si desafiara todas las leyes del hombre, el gato de  porcelana saltó (digo saltar porque no hallo otro eufemismo que haga justicia a lo que vi aquella noche) cayendo en frente mío, sobre el tapete junto a la cama. Observé con más miedo que rabia, el animal de porcelana estaba intacto en el suelo, semanas atrás cuando hacía limpieza en la habitación, sin querer tumbé el muñeco del televisor y cayó sobre el tapete donde se le partió una pata a pesar de haber sido una caída suave, en cambio, en esta ocasión se databa de una caída con mucha velocidad y así y todo estaba intacto, sin un rasguño.

La gata de porcelana comenzó a girar lentamente, muy despacio casi sin poderse notar el movimiento, pero sabía que se estaba moviendo. Cuando me agaché para recoger al gato de porcelana y ver que no tenía ni un rayón la gata de porcelana estaba ya girada totalmente hacia el lado derecho. Sentí un frío penetrante, fuerte, había un ambiente a soledad poderoso en el cuarto, pesado, me incomodaba estar allí y me asfixiaba la situación.

Sin pensar en mi vestimenta de noches de domingo, bajé corriendo por las escaleras (vivía en un segundo piso) con los muñecos de porcelana en la mano. El vigilante de turno (todos de hecho) conocía un poco de mis ataques de ansiedad y mis frecuentes bajadas a la portería tarde en la noche, con la excusa de conversar con alguien.

Le conté lo ocurrido y en evidentes términos el fulano no daba credibilidad a nada de lo que yo relataba. Tomé con rabia el muñeco y lo estrellé contra la pared del edificio. El animal rebotó como una pelota de goma sin verse afectado en nada. Me dolía porque era la única conexión material con mis padres, ese recordatorio que siempre guardamos en el estante de lo inverosímil.

Me molestaba en el alma, porque sentía que se burlan de mi (los gatos, además del silencio del vigilante), sentía que me retaba, que algo me confrontaba o hacía de mi distante actitud un motivo para buscarme. Duré alrededor de una hora explicando al vigilante lo ocurrido y sumándole un par de relatos más que me habían ocurrido en las últimas semanas. Al cabo de un rato, pasó el camión de la basura, aproveché y tiré ambos muñecos esperando no volver a verles nunca.

A pesar que los gatos de porcelana ya no existirían en el estante del televisor, tanto el amor y recuerdo por mis padres, como el recuerdo de los hechos de aquel domingo no se fueron nunca del lugar. Había una complicidad indeseada entre el ambiente y mi incertidumbre.

Comenzaba una temporada de fuertes experiencias, de burlas, de iras, de rencores y de frías reacciones al calor de un fenómeno poco normal.

Fueron pocos los cercanos que escucharon mis versiones (varias de hecho) de lo ocurrido, todas concluyendo con un temor por algo que no conocía ni quería conocer. 

No volví a comprar muñecos decorativos por mucho tiempo.



AV 

29 de julio de 2015

La Ciudad de la Melancolía .




"Marshy the Marsh Cat" By: Paula Villanova

Me encuentro con maletas listas y a disposición de emprender mi viaje de rutina a las húmedas tierras del Chocó. Calles polvorientas que hacen un Quibdó una capital natal que se desvela entre el comercio y la expectativa de una mejor calidad de vida, de una ciudad que se sonríe a sí misma en medio de los calores de un sol que no da tregua  a los desesperados, de un cielo que se descubre al majestuoso río atrato pero que no es tolerante con las avionetas que en desespero buscan salir del caraño.

Tanto que nos llenamos de historias en cada viaje, que nos envolvemos en el lenguaje de la melancolía, donde las canciones se van desvaneciendo en un radio que pierde su fuerza, que deja su energía en unas pilas agotadas, en una esquina donde se comercia cerveza y se espera a que llueva, o a que deje de llover, a la final el juego es esperar, ver la vida desfilar en fundaciones y organizaciones de ayuda social, vernos reflejados en locales que se remodelan apresurados, porque hay que vender.

Recorrer las calles es viajar en medio de un bulevard que no quiere servirse al progreso, una ciudad que no debería jamás enfrentarse a las intolerables convicciones del tiempo, ya lo mentaban los juglares en el alto Magdalena cuando observaban al progreso como un demonio, como un inmenso tren que arrasaba con todo lo que se le cruzara.

Una ciudad que se deja coquetear por todos, porque sabe que todos quieren estar con ella pero no para ella. Una ciudad que se lleva en el corazón de los poetas y bohemios, una ciudad que ve a sus hijos despejar las calles con el paso de la edad, jóvenes que encuentran en Medellín o Bogotá recetarios para su melancólica historia de vida, noches en que el fuerte viento canta con el silencio, fuertes brisas que dejan su lamento en los recovecos de edificios lejanos.

Noches que se desviven en una fiesta constante, una parranda que se construye no para la celebración sino, para la distracción. Aprender a entretenernos en el rutinario don de la música y la palabra, acostumbrarnos a ocupar el tiempo libre en canciones, los más afortunados, en programas de televisión.

Nos recordamos en esperanzas, porque no las vivimos de infantes. Nos especulamos en proyectos y soluciones a crisis que llevan más imaginarios que problemas, porque la crisis del Chocó no es su pobreza, es su amplia brecha con el mudo real: En el mundo real no se es permitido vivir de la naturaleza y ser fieles a la belleza interior. Se exige lo contrario.

Grandes juglares viajaron por los pantanos y trochas de la gran Colombia, dejaron en sus caminos mujeres embarazadas, hombres heridos y despechados, botellas vacías de licor, pañuelos renegados al olvido, dejaron muchas letras y miles de lamentos. Más que un trabajo social, ser juglar se convirtió en la primera mitad del siglo XX en un oficio intelectual, un recetario de reconstrucción histórica.

Grandes desafíos que terminaron en leyendas. Ciudades enteras se vieron forjadas con vallenatos y poemas, el gran porro y la cumbia que fueron dando a la voz femenina esa tristeza que la compañía no podía  calmar en los tiempos de azules y rojos. Aquellos generales que enamorados de la mujer equivocada comprendía que la guerra era mejor imaginarla que vivirla.

Tiempos de amores y esperanzas que se tacharon con el bareque de los nuevos vecinos, igual a los desplazados que fundaron el ficticio Macondo, llegaron desde Fundación y muchos otros lugares, ese mágico país costero que se re fundó en el desespero, ese espejo que en la segunda mitad del siglo XX tuvo que vivirse en el otro país, el del pacífico.

Aquellos juglares del Pacífico no fundaron ciudades ni dejaron leyendas, no hubo hombres heridos ni militares enamorados, porque en estas zonas el amor es de otro tono, el hombre es más institución que persona, se es justo con el poderoso y cruel con el despojado de esperanzas. Recordarnos en miles de estrellas caídas, en cuentos de esclavos y resentimientos. No es pues escribir sobre la desgracia de un pueblo unido sino, aprender a conocer a un pueblo que aun unido, tuvo que sostenerse entre lágrimas y violencia, porque su problema jamás fue de pobreza.

Reconocer una tierra de tradición europea en la miseria misma del olvido, de un majestuoso río que se presume de valiente pero que nadie lo quiere navegar porque los bandidos esperan más arriba en la ribera. No se permiten morir historias ni anécdotas, pero se nos hace mejor hablar de la industria cultural y la no tan recordada leyenda paisa, del país paisa por conveniencia y necedad, de esa terquedad que a la final se quedó en cada calle y hogar.

Reinventar el cuento o dejarlo morir, no hay tradición oral que de continuidad a los juglares olvidados, a esas guitarras que entonaron melódicas notas de borrachos y bohemios. La percusión y la marimba que más que una fuerza musical fueron una revolución en sí, porque la iglesia siempre ha sido amiga de lo establecido y no de la tradición local.

Lo cultural se hace inmarcesible, los agentes culturales en su parte terminan siendo más perecederos que las instituciones que dicen defender. 
Ahora cada calle tendrá de adorno el mejor mensaje del mundo, porque estamos en campaña y el progreso hay que traerlo.

Porque ellos – dicen – son el cambio.

AV

24 de julio de 2015

Lenguaje



Imagen Tomada de: www.dreamalittlebigger.com  
Catty Art – Feline Silhouette Paintings Tutorial by Allison Murray 


En ocasiones, las piedras son solo eso, piedras. No podemos imaginarnos que son algo diferente o que simbolizan algo especial, no, simplemente son piedras. No podemos pretender entender a las personas, buscar leer su mirada o hacer de su gestualidad un lenguaje comprensible al entendimiento humano, no se nos hace fácil entendernos entre humanos, fallamos constantemente en el milenario arte de la comunicación oral, ahora complejizamos todo esperando entender comportamientos y conductas que de nada dicen y mucho nos preocupan.

Nos formamos como ciudadanos para amar de manera incondicional, para dar por el otro lo que de mejor modo nos salga, somos seres solitarios en un mundo que día a día se va volviendo una maraña de aplicativos y artilugios de intercomunicación, de un entorno donde las palabras hacen más ruido y en el que las imágenes son más avasallantes que antes; nos comprometemos a entender el humor y la ironía, a preguntarnos día a día sobre el qué o para qué de las cosas, darle fe a las personas que no conocemos para que por medio de un usuario nos den un nuevo orden del día a día, de ese intrínseco modo de interactuar entre seres humanos.

Dejamos que el amor por el amigo, la familia, la pareja, la ciudad misma o las grandes corporaciones que nos adornan la felicidad con sus maravillosos productos y servicios crezca de modo exponencial, somos presa constante de la frustración cuando algo no sale acorde a nuestras expectativas. 

Nos dejamos influenciar con facilidad de bonitas intenciones, de brillantes y coloridas marcas o aromas, de excusas que indignan o de palabras que alientan, a la fina terminamos todos en lo mismo: Entendiendo lo que nos frustra, pero de comunicación interpersonal cada vez muy poco.

Nos enojamos porque somos humanos, nos gusta reír y correr, disfrutamos de un beso y de caricias, nos apegamos a eso que nos brinda el estado de comodidad, de esa felicidad o estabilidad que trae consigo el tiempo y el esfuerzo invertido. Nos hallamos rodeados de mucha comunicación, día a día crecen los canales para comunicarnos, día a día fracasan nuestros intentos por ser claros en el mensaje porque otras variables que surgen lo vuelven poco viable, poco transparente.

Entre silencios y monumentos vamos construyendo mensajes en líneas de texto, en renglones que de algún modo incomprensible logran generar acento, tonalidad, dan gestualidad a una simple palabra o a una imagen que sonríe o llora, algún personaje sin nombre que resume el cómo nos sentimos con una sola imagen.

En ocasiones cambiamos de estado de ánimo pero no de tonalidad en el mensaje porque la tonalidad se vuelve silencio, el acento se hace gramatical, el verbo se hace constante y se resume a pronombres y adjetivos cada día más excluidos o reemplazados por imágenes.

Podremos escribir miles de versiones de una misma historia y asimismo, podremos encontrar miles versiones de una historia que hemos leído, nos llenamos de confusiones, de mal interpretaciones y hasta de vagas dudas que no nos permiten aclarar nada.

Somos vagos al hablar, se nos hace limitado el discurso, el lenguaje se hace etéreo en una espiral de imágenes y grabaciones de audio y video, se nos vuelven fotografías los momentos, se nos vuelve rutinario el hablar. Dependientes.

El amor escapa a todo, lo brindamos en el lenguaje, construimos historias y emociones, las extendemos a los amigos o familiares, a las personas que hemos elegido para amar o a los que nos han elegido  como suyos, volvemos a la final a lo mismo, a querer entendernos más allá de lo dicho, querer explicarle al universo universal lo que el otro siente o le ocurre sin querer preguntárselo,  nos volvemos visionarios del lenguaje, intrusos del silencio.

Adivinos o no, solemos darle simbolismo a todo y lo ajustamos a la conveniencia de nuestro conocimiento, nos ensañamos con lo moral y lo ético, nos virtualizamos con las sonrisas y los miles de muñecos sonrientes que se disponen en un catálogo de imágenes. Nos convertimos en expertos comediantes y hasta en intelectuales con el don de la ironía.

Nos volvemos guardianes del lenguaje, del amor, de los sentimientos, expertos en tecnología y hasta desarrolladores de propuestas para pequeñas corporaciones, nos volvemos lo que siempre hemos sido pero al servicio de una plataforma diferente a la que le llaman innovación.

Nos volvemos aire y tierra, nos volvemos maestros del lenguaje, lastimosamente somos solamente un arquetipo entre muchos, el producto de lo que consumimos.

En ocasiones, las piedras simplemente son eso, piedras.


AV

5 de febrero de 2015

Disperso: Extrañamente disperso.






Esta semana retomé con debilidad mi bonita costumbre de darle disciplina a este blog, hacer de las letras una constante mejor y de ellas, un historia para contar, sin embargo propiamente dicho en palabras de mi enamorada, se me notó inconcluso, etéreo, variable, ajeno a la esencia de cada cosa y cada lugar, como si las historias no se permitiesen a sí mismas ser verdades encontradas, como si mejor nos retiráramos del álamo y viéramos en un atardecer partir las mejores horas de nuestras vidas sin haber aprendido nada de ellas.

No restan mejores motivos ni más faltaba, es que somos humanos y me declaro verdugo de la humanidad, captor y juez si es necesario, pero nuestra condición de humanidad no puede hacernos perder la cordura, pero somos expertos en ese oficio tan milenario; no me permito ser insensato más allá de lo acostumbrado, pero así se me recibió dentro del espejo de los días.

No me refugio en la costumbre, pero trato de darle a la sensatez un poco de ternura. 

Vengo de una breve semana extensa en la que he dejado caer a sus pies mis desaciertos, un poco de pereza quizás, un poco de hedonismo tal vez, pero a la final se resume en una semana más extensa que las demás a tal punto de llevarme a escribir ante ustedes una entrada algo dispersa, me acuso de recibido y de culpable, pero no vengo a evangelizar mis temores o deudas, mejor a sellar las costumbres.

A estos días ya hemos por empezado otras ociosas actividades, verme en los verdes ojos del amor reflejando sueños y proyectos a mediano plazo, encontrar en mis tardes libres un reflejo de la memoria y dar a las nuevas tardes un oficio con prospectiva regional; Ahora ya no le damos a la disciplina un hábito de año nuevo sino, una excusa demasiado válida del día a día, ese hermoso universo donde guardamos los relojes de la nostalgia.

No es para menos, también encuentro en la mente ocupaciones que no deberían de estar allí pero igual comprendo es la frecuencia de los tiempos, pensarse en deudas de la madurez o en facturas del deber ser, recurrir a los esfuerzos de otros o vernos en ese vacío inerte de la depresión, enlodarnos incluso con el dolor ajeno, sabernos propios de la desidia de la angustia, o del amor propio quizás. 
No es que las cosas estén mal, porque de hecho me encuentro feliz con lo que ocurre actualmente en mi vida, debe ser por el contrario ese afán de bienestar el que me ha sabido acoger que no hallo fórmula alguna para asumir con calma y sin presiones cada reto que el camino me dibuja, aprender a ser.

Se vienen semanas de viaje, emprender una nueva rutina dentro de tierras bordeadas por manglares y cultivos piña, nuevos aprendizajes y retos de interés, sea quizás esa la razón de mi distraída lectura, de ese insomnio que me arropa cada día previo a lunes, incoherente el modo de asumir los retos, pero humano el decir cómo afrontarlos

No saben ustedes lo difícil que es cuando llega ese bloqueo mental, esa idea insensata que se te cruza por la puerta de salida de cada una de las ideas, de esa espera que hace de las noticias cotidianas llanos titulares de bastas vivencias, es como el niño al que el helado se le cae al suelo en un día de invierno, nadie sufre por él, aunque en el fondo todos creen entender su desgracia.

Pueda que encuentre en desbloqueo mental con prontitud o no, se por lo menos que se me vienen cuatro semanas de exigencias varias de carácter laboral, sé también que las presiones del tiempo siguen vigentes y en evidencia dejo mi poesía, porque hasta para escribir se me ha fundido la bombilla.

Esperar otra semana quizás, o un par de días, ojalá horas (de sueño), esperar al mañana, o seguir así,

… disperso, extrañamente disperso.


AV

25 de junio de 2014

A Usted: Gracias



Imagen tomada de:

Hoy amanecimos con esta canción en el corazón, una hermosa balada de los Fabulosos Cadillacs que su vocalista, Vicentico, hizo nuevamente famosa hace pocos años en uno de sus discos como solista. Esta canción en particular creo ya la había mentado en anteriores entradas de este ya olvidadizo pero muy afectuoso Blog, sin embargo esta oportunidad quizás es de más reflexión que otra cosa (como todas en este Blog), pues su razón y sentimiento provienen de allá, de dónde nos llaman y no escuchamos las voces pero si las palabras.

A estos años siempre nos llegan las preguntas y temores que el tiempo libre y la falta de tiempo, en sus paralelas proporciones siempre nos aguantan, nuestras cuestiones y temores, a veces parte del olvido nos consume, nos aleja de esa sazón de ser niños y nos arremete con un fuerte suspiro como grito de auxilio.

Guardar silencio puede ser la peor de las decisiones en ciertos temas, pero en otros es quizás la más prudente de las acciones, siempre hallamos la manera de dejar que la prudencia, con más vistos de miedo que de valentía, nos permita identificar el camino para dejar fluir las palabras o emociones de cada caso, lastimosamente seguimos siendo humanos, más humanos que siempre, seguimos siendo niños buscando el abrigo de mamá.

Uno en la vida aprende con el tiempo que no todo lo que nos duele o confronta son problemas sino, dilemas. Aprender a tomar decisiones, asumirlas, delegarlas y guiarlas, ser parte del proceso, ser creadores del proceso, ser fugitivos del proceso, ser presos dentro del miedo. Tengo miedo, y mucho, pero soy consciente de mis acciones y retos, tengo a mi lado los mejores amigos que quizás la vida escogió para mí en esta etapa de mi vida, tengo las mejores de las intenciones y con ellas, la más bonita voluntad para atender el llamado (llamados) de cada dilema de la vida, esos que precisamente cada noche voy guardando en la almohada.

En esta oportunidad hablamos con el corazón, no con el alma.

Dormir con pensamientos que invocan al insomnio, o que nos llevan a viajar en pasajes incomprensibles de la memoria, aprender a reconocernos en el Hipnos, ser pasajeros en el Thánatos, dejar de ser; luego de dar vueltas en la cama más veces de las debidas y de ir a tomar agua para la sed, con más frecuencia que la costumbre logré conciliar el sueño alrededor de las 4am, extrañamente hacía más calor en mi habitación que en el resto del vecindario, llovía inclusive.

Fui cayendo profundamente en esa espiral sin fin del descanso, en ese relámpago inconsciente  donde Arjona compone sus canciones, en ese universo inmaterial dónde Coelho escribe sus recomendaciones para la vida. Allí, sin ubicación ni exilio estaba con mis compañeros de clase, esos generosos y hermosos amigos que el Posgrado me ha permitido conocer, místicamente cada uno representa a un arquetipo o deidad, de esas conjeturas propias de Carl Jung. No estaban todos presentes, pero sí quizás los que en ese momento, en ese sueño o proyección necesitaba que estuvieran, uno a uno comenzamos a conversar como es nuestra costumbre hasta que al final, como si se tratase de una reunión de despedida tomé la voz de mando y a manera de discurso comencé a dar mis palabras finales.

Comencé por cada uno expresándole mis afectos y ofreciendo mis excusas por mí actitud en los últimos meses, luego, dirigiéndome al aforo en general empecé a desahogar mis penas y temores, a explicarles el por qué de mi comportamiento, mis actitudes, mis silencios y mis distancias. Empecé a dejar fluir la palabra y con ella las emociones, las lágrimas y la rabia hasta finalizar con un tranquilizador “gracias” y sus sugerentes palabras de agradecimiento a cada uno de los contertulios.

Recuerdo que comenzamos en el salón de clase, pero a medida que avanzaba el, digamos, “sueño”, iban cambiando los escenarios o telón de fondo, en el momento más álgido del discurso estábamos ubicados sobre la entrada del túnel de la avenida Colombia o Boulevard del Río, al terminar, nuevamente estábamos en el salón de clase.

Me desperté a las 6 de la mañana y estaba más descansado que nunca, finalmente desde hace semanas estaba buscando alguien para conversar, alguien objetivo o por lo menos neutral, que tomara distancia pero todos mis intentos eran fallidos y quizás por ese motivo es que el silencio era el mejor ya su vez, el peor camino.

Gracias a usted, porque no se finalmente quién fue, pero allí llegó cuando le necesitaba; no sé si era El Buki o Morgan Freeman, si era Saori o Jesús, pero ahí apareció y allí me escuchó, me dejó hablar.

Tanto mi novia como yo logramos sentir en la noche presiones y hasta incomodidades, como si se tratase de la llegada de algún transeúnte que no había sido invitado, estábamos incómodos, sin embargo, fue ese invitado el que se sentó conmigo, me llevó de la mano a ese macrocosmos y a manera de sueños y personajes estratégicamente escogidos se sentó a escucharme. Realmente no se qué o quién fue, no sé si quizás fui yo mismo en un acto de supervivencia, esos hermosos encuentros del yo real con el yo personal.

No sé realmente a quien adeudo la ternura de esta noche recién, lo bonito de todo es que aún no se qué hacer, pero por lo menos me he quitado una carga emocional de encima, el paso a seguir pues, es ocuparme para así dejar de preocuparme.

A usted, muchas gracias.


AV

20 de febrero de 2011

El Caballero Oscuro

Imagen Tomada de: Halloween Scarecrow Black Cat Art Original Gothic Painting. New York, United States 2009

Confieso abiertamente que me gusta leer su blog. Es un espacio de buenas letras, se disfruta leyendo las ocurrencias de un fulano que a la vida se le ocurrió traer a este mundo. Un sujeto lleno de historias y pensamientos humanistas. Un personaje que bien ha vacilado en los peores escombros de la literatura, un falso profeta en citadinas conversaciones, todo resumido en una brillante manera de darle vigor y rigor a un ejercicio tan puro y tan eterno como lo es el arte de escribir. Me gusta leerle, lo confieso, porque sus letras me seducen, me atraen, reflejan en mi imaginación ese enésimo sentido de empatía.

La vida tiene una manera extraña y vulgar de burlarse de nosotros, algunos pagan sus errores siendo cuestionados por los propios amores que cultivan, otros son desterrados de manera crucial de una comunidad o alguna reunión familiar. En el peor de los casos la justicia toma postura y da cárcel o sentencias dolorosas a quienes han cometido acciones que para ojos de la civilización son crímenes atroces, otros han sido bendecidos con la magia de la literatura pero castigados con la ingratitud de la lectura.

Estamos en un mundo difícil, no es secreto para nadie que guste o no la nostalgia es una constante en varias generaciones del tercer mundo. Nos han inventado historias y nos han leído notas de prensa. Nos vendieron la utopía con la llegada del mundo virtual, nos seducen con la interacción en tiempo real y nos embriagan con el poder de los medios. Esas mismas desgracias son sabiamente manipuladas y ejercidas abiertamente por aquellos que conservan el don de la literatura.

Premios, festivales, entrevistas, Blogs, canciones, poemas, cartas, suspiros. Todo en la misma vasija de emociones que se despliegan y repliegan en la conciencia del lector. Aquel que fue un buen amigo hace mucho tiempo hoy severamente ha dado postura (con sus argumentos tan válidos como los míos) a la distancia. Da y recibe, escribe y publica, reseña y reflexiona. Es a mi parecer uno de los seres más humanos que puedo conocer, tan noble como austero, tan amable como bellaco.

De fieras nos libramos día a día inclusive al salir del banco o al terminar una cena en un restaurante casual. Los horarios de la mente se desviven cuando de escribir se trata. En mi caso soy sensato con ellas y por eso no escribo, soy pendenciero de melancolías y cofradías, soy mediocre si es necesario serlo. Prefiero el autoexilio, la autocensura, prefiero darle a las historias miles de páginas pendientes, así se me es más fácil revivirlas en mil y una forma distinta. Él, por supuesto que hace lo mismo, pero las escribe al fin y al cabo. Es un Lord si los ingleses me permiten dar el aval, un caballero que sin saberlo, ha dejado su escudo de armas en otras intenciones y ahora se presenta en otros colores.

Como cualquier mortal todos cometemos errores, nos distanciamos, nos enajenamos, nos enfrentamos y confrontamos. Nos autoexiliamos, permitimos la censura con el mismo desinterés con que permitimos cambiar de canal en el televisor de la sala. Permitimos que se nos trate como a lectores de forasteros virtuales, al fin y al cabo esa es la función de un blog. Permitimos que los minutos sean inquilinos al mejor estilo de una canción de Arjona, permitimos ser hijos de la cotidianidad dando rienda suelta a todos los clichés posibles.

Es una buena idea leerle, porque me recuerda que él sigue siendo humano, me reafirma que tiene buenos sentimientos. Puede estar equivocado, pero esa es una postura personal, pues para bien o para mal, la maldad es un punto de vista.

Disfruto leerle, pero no disfruto de su presencia física. Me desespera, me incomoda. Es un ser tan oscuro como quien les escribe y por eso el sentimiento es correspondido. Prefiero dejarlo en manos de las casualidades de la vida, la diferencia es que algún día creí en él. Ahora no se qué creer.

Lo bello de la escritura es que nos perdona en esos mundos infinitos de querernos y leernos, de apoyarnos y seguirnos, de cometer errores y publicar omisiones. Sólo somos hijos de las casualidades de la vida, pero no lo niego, disfruto leerle y lo seguiré repitiendo por las veces que sea necesario.

Confieso abiertamente que me gusta leer su blog.

AV

9 de mayo de 2009

Elemental



Imagen Tomada de:
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Soy aire que viaja por el camino, me siento con la calma de los días. El sol quema desde lo alto ese arenoso espacio de reflexión, esos avistamientos de locura donde la edad no tiene significado alguno. Razones para creer en esos que están en nuestra memoria, esas discrepancias con el deber, nuestra familia escogida con el letargo de los caminos.

Esta es una temporada de silencio, un ciclo de respuestas sin pregunta, de conclusiones que en consonancia con el tiempo están dibujando sonrisas en amistades pasajeras, nuevos domingos y uno que otro Lunes de casualidad, ajenos al vecindario. Música para festejar goles en torneos importantes que transmiten por televisión, canciones de los años ochenta que se desconocen en el ipod del adolescente caleño.
En cartelera significo mis reflexiones y las escribo con el mismo animo con que me bebo una cerveza con tequila, la misma calma con la que la música deja existir con el paso de los años, los amigos que conversan con nuestros mensajes de texto, amores que no existen en mi mirada, sombras de alquiler que cambian con los pasos en el buses y peatones.

Soy Fuego que viaja por el camino, me siento con la inquietud de los días. La luna en su soledad enfría desde lo bajo de las aguas esas lagunas de reflexión, esos escondederos de cordura, donde el amor significa más que el pensamiento, esas dicotomías que suelen dejarse en la razón, esa familia que se escoge en la brisa de los caminos.

Esta es una temporada de gatos. Ciclos musicales que van ambientando la banda sonora de mi vida, esa primera persona que les escribe a veces en discursos de tercera personas, paredes que se pintan con el arte de un niño de cuatro años, cuentos que se suscriben a listas de calles y aromas urbanos, emociones que impregnamos en el perfume de una madrugada, en el aliento de un almuerzo bien acompañado, en la soledad de la escuela.
No hay ciudades en cartelera para querer visitarlas, ese turismo que le dejamos jugar a la mente en centros comerciales, imaginarios sociales que justifican actividades culturales, políticas locales para la réplica de problemáticas mundiales, gritando en voces de aliento para decirle a la vida que todo es mejor cantando, tranquilos que aquello que se está escribiendo pronto llegará a su final.

Soy agua que viaja por el camino, me siento con la ansiedad de los segundos. Soy de carne y hueso, observa mi aire suspirar las cenizas de tus reflejos, ese agüero que el tiempo nos ha heredado, esos juegos que tu delirio de intelectual y bohemio nos ha gastado, aburriendo nuestras noches de locura, hartando nuestras canciones y nuestras letras, dejando en la televisión las respuestas para los demás.
No hay vanidades que valgan más que lo escrito, argumentos que rebotan en el ego, el orgullo que compartimos como familia de amigos, el dolor que nos separa como seres humanos, la ignorancia de el silencio, el dolor del trabajo que no nos compete.

Soy Tierra que soporta el camino, me siento con la esperanza de cambio, el afán de los días que de la nada nos encierran en ciclos complejos, por ahora los cambios se sienten en la piel, en la conciencia esos cambios quizás tardarán más de lo previsto. Fotografías que rompen la cotidianidad, copas de vino tinto que se acorralan en mesones sin avisar. La inocencia brilla por su ausencia en hojas blancas, la ingenuidad por el contrario brilla por su presencia en los amarres de todos los dolores que suplican nuestro ropaje. Amigos para etiquetar.
No hay ideas sueltas sin dolor semanal, lo dejamos todo en manos de la ignorancia metódica, separamos nuestras labores en almas laborales y cuerpos dormilones, mascotas que justifican el cristal de nuestra ventana, ya cuando te sientes acorralada es que consideras importante la necesidad de gritar en desespero.

Soy Espíritu que viaja en rincones de ansiedad, solo el camino se vuelve real. Perdemos el control de las cosas en la carpa del tiempo libre, libros que reciclamos, cerraduras que abrimos, baños que lavamos, pantallas que colgamos, espejos que limpiamos, almohadas que renovamos, cepillos que reutilizamos, papeles que se quedan en el sobre de manila, como los bandidos que se escabullen con el primer silbido.
Demasiadas cosas a la vez terminan por desinformar, las ideas ahora no quieren escribir, de hecho es la estupidez y la malevolencia la que se pierde en esfuerzos innecesarios. Todo se comunica, todo se simplifica, todo se resfría, todos somos de tierras lejanas.

Vestigios de tiempos modernos.

AV

28 de enero de 2009

En Memoria de Ayer

Imagen Tomada de: http://eltiempohabitado.files.wordpress.com/2007/11/gato.jpg

Voy a contarles una historia triste, un recuerdo que me sacude la piel y me aleja de este lado humano que conservamos en el cajón de la mesa de noche.

Cuando estudiaba en el colegio, muchos de mis compañeros que se graduaron en mi promoción (la gran mayoría) iniciaron el colegio en segundo de primaria conmigo, dadas las circunstancias se formaron grandes amistades o grandes costumbrismos, con el paso de los años se fueron formando las infaltables rivalidades y las no menospreciables parejas, parches, grupos, combos, etc.

Entre esas amistades, tuve problemas con un par de personajes, pero nunca pasaron a mayores, simplemente terminaron en rivalidades que sobrepasaron los límites de la ceremonia de grado en cuanto a líneas de tiempo se refiere, asimismo tuve la oportunidad de forjar grandes amistades que poco a poco con el paso de los años en la universidad se fueron debilitando hasta desaparecer en su totalidad, hasta acá todo lo que les he comentado es natural que suceda, inclusive daría mi palabra en asegurar que a ustedes les ha ocurrido algo similar.

Una persona en particular marcó mi vida de estudiante bachiller por razones múltiples, no me refiero evidentemente a la persona más alegre del mundo, ni a la más popular o “recochera” del grupo de clases, simplemente se trataba de un personaje que siempre se caracterizó por ser calmado, nunca discutía con alguien, nunca utilizó malas palabras o gestos obscenos, jamás le vi insultar a alguien o desear el mal, presentaba sin embargo algunos inconvenientes de aprendizaje pero era un buen estudiante, era una oda al esfuerzo y a la superación.
Físicamente era de baja estatura y su rostro toda su vida de estudiante estuvo marcado por el acné, pero su bondad y lealtad le daban ese respeto que uno tiene entre caballeros.

Todo cambió de manera brusca con la llegada de la pubertad y la reserva de la identidad; cuando comenzamos a cursar alrededor de grado 9º y 10º se contaba con nuevos compañeros de curso, personajes que no habían crecido con los demás en el mismo salón y que llegaban con una actitud sobradora y agresiva, así fue que muchas veces el abuso y el maltrato comenzaron a ser constantes sin alguno de nosotros poder defenderle, por un lado por la diferencia física y de fuerza, en ocasiones por el maldito silencio que todo lo aprueba y lo secunda, la indiferencia o el ignorar lo que sucede nos daba esos espacios de tiempo que permitían que nuestro compañero fuese objeto de burla.

Tiempo después de la ceremonia de grado me lo encontraba con frecuencia y seguíamos conversando, por mi parte siempre se le rendía el mismo respeto y buen trato de caballeros, jamás permití que la hipocresía o el engaño (que es un arte muy puro y dañino) se atravesase en nuestra amistad, pero fue entonces la distancia y la individualidad que siempre me caracterizó lo que me dio el cuchillo para matar a esa oveja.
Recibí una llamada alrededor del año 2002 de parte de mi compañero, yo me encontraba de vacaciones en la ciudad de Cali y mi mente estaba en otra parte y con otros asuntos propios de esa cotidianidad que construía titulares; se trataba de mi amigo de toda la escuela, hablamos un rato y con tal naturalidad de la frialdad lo traté y lo saludé, desconociendo lo que ocurría al otro lado del teléfono no mostraba interés en la llamada, pero fueron esas palabras las que clavaron la oportunidad para cometer quizás ese error que cargo como un puñal en la conciencia.

Me informaba que se encontraba en proceso de recuperación de una crisis nerviosa, que había estado internado un par de semanas o quizás menos en una clínica de reposo esperando poder calmarse.
Jamás en mi vida sabía a qué se refería tal situación, pero ofrecí mi apoyo como palabras de borracho, continuaba comentándome de su inconveniente y que era probable que se retirase de sus estudios universitarios por recomendación del médico (yo continuaba sin darle importancia), terminó por pedirme el favor de que le acompañase a tomar algo y conversáramos, pues demandaba la necesidad de hablar con alguien. Me negué y con una excusa netamente estúpida deje pasar el momento y simplemente dije adiós prometiendo devolverle la llamada.

Hoy casi 7 años después del incidente no he retornado esa llamada, pero sí me enteré de lo que ocurrió posterior a nuestra conversación. Mi amigo que creció en el mismo colegio terminó encerrado en el Hospital Psiquiátrico al serle diagnosticada una Esquizofrenia incurable, sólo medicable con medicamentos anti psicóticos.

Para mi dolor de conciencia me lo encontré en un par de ocasiones en la calle (en ambas ocasiones estaba acompañado de dos personas con perfil de Enfermeros), sin inmutar palabra alguna y sin entender el por qué, le di la espalda sin siquiera iniciar un intercambio de miradas.

Con los sentidos arrojados me siento pues como los gatos: largos de cola y tristes de cabeza.

AV.

4 de diciembre de 2007

Elegía (y de como la Muerte es amiga del alma)




De Miguel Hernández


(En Orihuela, su pueblo y el mío, se me ha muerto como del rayo Ramón Sijé, a quien tanto quería)


Yo quiero ser llorando el hortelanode la tierra que ocupas y estercolas,compañero del alma, tan temprano.


Alimentando lluvias, caracolasy órganos mi dolor sin instrumento,a las desalentadas amapolas daré tu corazón por alimento.

Tanto dolor se agrupa en mi costadoque por doler me duele hasta el aliento.


Un manotazo duro, un golpe helado,un hachazo invisible y homicida,un empujón brutal te ha derribado.


No hay extensión más grande que mi herida, lloro mi desventura y sus conjuntosy siento más tu muerte que mi vida.


Ando sobre rastrojos de difuntos,y sin calor de nadie y sin consuelo voy de mi corazón a mis asuntos.

Temprano levantó la muerte el vuelo, temprano madrugó la madrugada, temprano estás rodando por el suelo.


No perdono a la muerte enamorada, no perdono a la vida desatenta, no perdono a la tierra ni a la nada.


En mis manos levanto una tormentade piedras, rayos y hachas estridentes sedienta de catástrofes y hambrienta.

Quiero escarbar la tierra con los dientes, quiero apartar la tierra parte a parte a dentelladas secas y calientes.

Quiero minar la tierra hasta encontrarte y besarte la noble calavera y desamordazarte y regresarte.


Volverás a mi huerto y a mi higuera: por los altos andamios de las flores pajareará tu alma colmenera de angelicales ceras y labores.

Volverás al arrullo de las rejasde los enamorados labradores.

Alegrarás la sombra de mis cejas, y tu sangre se irá a cada lado disputando tu novia y las abejas.


Tu corazón, ya terciopelo ajado, llama a un campo de almendras espumosas mi avariciosa voz de enamorado.

A las ladas almas de las rosas del almendro de nata te requiero, que tenemos que hablar de muchas cosas,

compañero del alma, compañero.


(El rayo que no cesa)


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Es uno de los mejores escritos de la literatura española, uno de mis favoritos, es una libre diatriba entre lo bueno y lo malo, lo puro y lo emblemático. Espero les guste.


AV