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Los Gatos de Cristal.
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La Ciudad de la Melancolía .
24 de julio de 2015
Lenguaje
5 de febrero de 2015
Disperso: Extrañamente disperso.
25 de junio de 2014
A Usted: Gracias
20 de febrero de 2011
El Caballero Oscuro

Imagen Tomada de: Halloween Scarecrow Black Cat Art Original Gothic Painting. New York, United States 2009
Confieso abiertamente que me gusta leer su blog. Es un espacio de buenas letras, se disfruta leyendo las ocurrencias de un fulano que a la vida se le ocurrió traer a este mundo. Un sujeto lleno de historias y pensamientos humanistas. Un personaje que bien ha vacilado en los peores escombros de la literatura, un falso profeta en citadinas conversaciones, todo resumido en una brillante manera de darle vigor y rigor a un ejercicio tan puro y tan eterno como lo es el arte de escribir. Me gusta leerle, lo confieso, porque sus letras me seducen, me atraen, reflejan en mi imaginación ese enésimo sentido de empatía.
La vida tiene una manera extraña y vulgar de burlarse de nosotros, algunos pagan sus errores siendo cuestionados por los propios amores que cultivan, otros son desterrados de manera crucial de una comunidad o alguna reunión familiar. En el peor de los casos la justicia toma postura y da cárcel o sentencias dolorosas a quienes han cometido acciones que para ojos de la civilización son crímenes atroces, otros han sido bendecidos con la magia de la literatura pero castigados con la ingratitud de la lectura.
Estamos en un mundo difícil, no es secreto para nadie que guste o no la nostalgia es una constante en varias generaciones del tercer mundo. Nos han inventado historias y nos han leído notas de prensa. Nos vendieron la utopía con la llegada del mundo virtual, nos seducen con la interacción en tiempo real y nos embriagan con el poder de los medios. Esas mismas desgracias son sabiamente manipuladas y ejercidas abiertamente por aquellos que conservan el don de la literatura.
Premios, festivales, entrevistas, Blogs, canciones, poemas, cartas, suspiros. Todo en la misma vasija de emociones que se despliegan y repliegan en la conciencia del lector. Aquel que fue un buen amigo hace mucho tiempo hoy severamente ha dado postura (con sus argumentos tan válidos como los míos) a la distancia. Da y recibe, escribe y publica, reseña y reflexiona. Es a mi parecer uno de los seres más humanos que puedo conocer, tan noble como austero, tan amable como bellaco.
De fieras nos libramos día a día inclusive al salir del banco o al terminar una cena en un restaurante casual. Los horarios de la mente se desviven cuando de escribir se trata. En mi caso soy sensato con ellas y por eso no escribo, soy pendenciero de melancolías y cofradías, soy mediocre si es necesario serlo. Prefiero el autoexilio, la autocensura, prefiero darle a las historias miles de páginas pendientes, así se me es más fácil revivirlas en mil y una forma distinta. Él, por supuesto que hace lo mismo, pero las escribe al fin y al cabo. Es un Lord si los ingleses me permiten dar el aval, un caballero que sin saberlo, ha dejado su escudo de armas en otras intenciones y ahora se presenta en otros colores.
Como cualquier mortal todos cometemos errores, nos distanciamos, nos enajenamos, nos enfrentamos y confrontamos. Nos autoexiliamos, permitimos la censura con el mismo desinterés con que permitimos cambiar de canal en el televisor de la sala. Permitimos que se nos trate como a lectores de forasteros virtuales, al fin y al cabo esa es la función de un blog. Permitimos que los minutos sean inquilinos al mejor estilo de una canción de Arjona, permitimos ser hijos de la cotidianidad dando rienda suelta a todos los clichés posibles.
Es una buena idea leerle, porque me recuerda que él sigue siendo humano, me reafirma que tiene buenos sentimientos. Puede estar equivocado, pero esa es una postura personal, pues para bien o para mal, la maldad es un punto de vista.
Disfruto leerle, pero no disfruto de su presencia física. Me desespera, me incomoda. Es un ser tan oscuro como quien les escribe y por eso el sentimiento es correspondido. Prefiero dejarlo en manos de las casualidades de la vida, la diferencia es que algún día creí en él. Ahora no se qué creer.
Lo bello de la escritura es que nos perdona en esos mundos infinitos de querernos y leernos, de apoyarnos y seguirnos, de cometer errores y publicar omisiones. Sólo somos hijos de las casualidades de la vida, pero no lo niego, disfruto leerle y lo seguiré repitiendo por las veces que sea necesario.
Confieso abiertamente que me gusta leer su blog.
AV
9 de mayo de 2009
Elemental

Imagen Tomada de:
https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhi3sdl6uQxIqsMDSyNWwb_QbgECDG0DZ7B_oZUG56UEjR7Dubj6lqfiCup1glp5uy9JOkn0l71o8tj6vdXj7h1NUUVDs0UpGRi2HF6tOyJ7ui6GrkEIN2vfY9_bNRvQF9qmel2Ug/s400/lace_cat.jpg
Soy aire que viaja por el camino, me siento con la calma de los días. El sol quema desde lo alto ese arenoso espacio de reflexión, esos avistamientos de locura donde la edad no tiene significado alguno. Razones para creer en esos que están en nuestra memoria, esas discrepancias con el deber, nuestra familia escogida con el letargo de los caminos.
Esta es una temporada de silencio, un ciclo de respuestas sin pregunta, de conclusiones que en consonancia con el tiempo están dibujando sonrisas en amistades pasajeras, nuevos domingos y uno que otro Lunes de casualidad, ajenos al vecindario. Música para festejar goles en torneos importantes que transmiten por televisión, canciones de los años ochenta que se desconocen en el ipod del adolescente caleño.
En cartelera significo mis reflexiones y las escribo con el mismo animo con que me bebo una cerveza con tequila, la misma calma con la que la música deja existir con el paso de los años, los amigos que conversan con nuestros mensajes de texto, amores que no existen en mi mirada, sombras de alquiler que cambian con los pasos en el buses y peatones.
Soy Fuego que viaja por el camino, me siento con la inquietud de los días. La luna en su soledad enfría desde lo bajo de las aguas esas lagunas de reflexión, esos escondederos de cordura, donde el amor significa más que el pensamiento, esas dicotomías que suelen dejarse en la razón, esa familia que se escoge en la brisa de los caminos.
Esta es una temporada de gatos. Ciclos musicales que van ambientando la banda sonora de mi vida, esa primera persona que les escribe a veces en discursos de tercera personas, paredes que se pintan con el arte de un niño de cuatro años, cuentos que se suscriben a listas de calles y aromas urbanos, emociones que impregnamos en el perfume de una madrugada, en el aliento de un almuerzo bien acompañado, en la soledad de la escuela.
No hay ciudades en cartelera para querer visitarlas, ese turismo que le dejamos jugar a la mente en centros comerciales, imaginarios sociales que justifican actividades culturales, políticas locales para la réplica de problemáticas mundiales, gritando en voces de aliento para decirle a la vida que todo es mejor cantando, tranquilos que aquello que se está escribiendo pronto llegará a su final.
Soy agua que viaja por el camino, me siento con la ansiedad de los segundos. Soy de carne y hueso, observa mi aire suspirar las cenizas de tus reflejos, ese agüero que el tiempo nos ha heredado, esos juegos que tu delirio de intelectual y bohemio nos ha gastado, aburriendo nuestras noches de locura, hartando nuestras canciones y nuestras letras, dejando en la televisión las respuestas para los demás.
No hay vanidades que valgan más que lo escrito, argumentos que rebotan en el ego, el orgullo que compartimos como familia de amigos, el dolor que nos separa como seres humanos, la ignorancia de el silencio, el dolor del trabajo que no nos compete.
Soy Tierra que soporta el camino, me siento con la esperanza de cambio, el afán de los días que de la nada nos encierran en ciclos complejos, por ahora los cambios se sienten en la piel, en la conciencia esos cambios quizás tardarán más de lo previsto. Fotografías que rompen la cotidianidad, copas de vino tinto que se acorralan en mesones sin avisar. La inocencia brilla por su ausencia en hojas blancas, la ingenuidad por el contrario brilla por su presencia en los amarres de todos los dolores que suplican nuestro ropaje. Amigos para etiquetar.
No hay ideas sueltas sin dolor semanal, lo dejamos todo en manos de la ignorancia metódica, separamos nuestras labores en almas laborales y cuerpos dormilones, mascotas que justifican el cristal de nuestra ventana, ya cuando te sientes acorralada es que consideras importante la necesidad de gritar en desespero.
Soy Espíritu que viaja en rincones de ansiedad, solo el camino se vuelve real. Perdemos el control de las cosas en la carpa del tiempo libre, libros que reciclamos, cerraduras que abrimos, baños que lavamos, pantallas que colgamos, espejos que limpiamos, almohadas que renovamos, cepillos que reutilizamos, papeles que se quedan en el sobre de manila, como los bandidos que se escabullen con el primer silbido.
Demasiadas cosas a la vez terminan por desinformar, las ideas ahora no quieren escribir, de hecho es la estupidez y la malevolencia la que se pierde en esfuerzos innecesarios. Todo se comunica, todo se simplifica, todo se resfría, todos somos de tierras lejanas.
Vestigios de tiempos modernos.
AV
28 de enero de 2009
En Memoria de Ayer
Imagen Tomada de: http://eltiempohabitado.files.wordpress.com/2007/11/gato.jpg
Cuando estudiaba en el colegio, muchos de mis compañeros que se graduaron en mi promoción (la gran mayoría) iniciaron el colegio en segundo de primaria conmigo, dadas las circunstancias se formaron grandes amistades o grandes costumbrismos, con el paso de los años se fueron formando las infaltables rivalidades y las no menospreciables parejas, parches, grupos, combos, etc.
Una persona en particular marcó mi vida de estudiante bachiller por razones múltiples, no me refiero evidentemente a la persona más alegre del mundo, ni a la más popular o “recochera” del grupo de clases, simplemente se trataba de un personaje que siempre se caracterizó por ser calmado, nunca discutía con alguien, nunca utilizó malas palabras o gestos obscenos, jamás le vi insultar a alguien o desear el mal, presentaba sin embargo algunos inconvenientes de aprendizaje pero era un buen estudiante, era una oda al esfuerzo y a la superación.
Físicamente era de baja estatura y su rostro toda su vida de estudiante estuvo marcado por el acné, pero su bondad y lealtad le daban ese respeto que uno tiene entre caballeros.
Todo cambió de manera brusca con la llegada de la pubertad y la reserva de la identidad; cuando comenzamos a cursar alrededor de grado 9º y 10º se contaba con nuevos compañeros de curso, personajes que no habían crecido con los demás en el mismo salón y que llegaban con una actitud sobradora y agresiva, así fue que muchas veces el abuso y el maltrato comenzaron a ser constantes sin alguno de nosotros poder defenderle, por un lado por la diferencia física y de fuerza, en ocasiones por el maldito silencio que todo lo aprueba y lo secunda, la indiferencia o el ignorar lo que sucede nos daba esos espacios de tiempo que permitían que nuestro compañero fuese objeto de burla.
Tiempo después de la ceremonia de grado me lo encontraba con frecuencia y seguíamos conversando, por mi parte siempre se le rendía el mismo respeto y buen trato de caballeros, jamás permití que la hipocresía o el engaño (que es un arte muy puro y dañino) se atravesase en nuestra amistad, pero fue entonces la distancia y la individualidad que siempre me caracterizó lo que me dio el cuchillo para matar a esa oveja.
Me informaba que se encontraba en proceso de recuperación de una crisis nerviosa, que había estado internado un par de semanas o quizás menos en una clínica de reposo esperando poder calmarse.
Jamás en mi vida sabía a qué se refería tal situación, pero ofrecí mi apoyo como palabras de borracho, continuaba comentándome de su inconveniente y que era probable que se retirase de sus estudios universitarios por recomendación del médico (yo continuaba sin darle importancia), terminó por pedirme el favor de que le acompañase a tomar algo y conversáramos, pues demandaba la necesidad de hablar con alguien. Me negué y con una excusa netamente estúpida deje pasar el momento y simplemente dije adiós prometiendo devolverle la llamada.
Hoy casi 7 años después del incidente no he retornado esa llamada, pero sí me enteré de lo que ocurrió posterior a nuestra conversación. Mi amigo que creció en el mismo colegio terminó encerrado en el Hospital Psiquiátrico al serle diagnosticada una Esquizofrenia incurable, sólo medicable con medicamentos anti psicóticos.
Para mi dolor de conciencia me lo encontré en un par de ocasiones en la calle (en ambas ocasiones estaba acompañado de dos personas con perfil de Enfermeros), sin inmutar palabra alguna y sin entender el por qué, le di la espalda sin siquiera iniciar un intercambio de miradas.
Con los sentidos arrojados me siento pues como los gatos: largos de cola y tristes de cabeza.
AV.
4 de diciembre de 2007
Elegía (y de como la Muerte es amiga del alma)








