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13 de julio de 2017

Hay Veces (Antes)






Mr Bojangles.
Original cat painting By: Sarah Taylor

Cada viaje trae consigo una carga de emociones que son en su mayoría, expectativas de la travesía que comienza. Para Mario tal travesía era más bien la continuidad de una ansiosa búsqueda de redención y perdón.

Hay veces en que no se quiere ver a nadie, a nada, ocasiones en que el alma solo quiere soledad y extremo silencio. Sabía que había cometido un error fatal, que María estaba molesta y casi que con el corazón listo para abdicar toda posibilidad de hacer real ese mundo que alguna vez juntos soñaron. De hacer ¡zas! esa ensoñación que habían reservado para el futuro.

Hay ocasiones en que la mente no quiere ni tocar el cuerpo de quien se ama, momentos en que solo se desea ahogar el alma en un grito para poder olvidar (o aliviar el dolor).

El tren comenzó a tomar rumbo al sur, sentado al costado izquierdo del pasillo, en silla de ventana, comenzó a observar el paisaje gris de una ciudad que comenzaba a volverse verde y azul, se sentía triste, pero así como el sol hacía desaparecer la neblina, sus emociones se desvanecían acorde se acercaba el tren a la ciudad de destino.

Quería olvidar por un momento la imagen sonriente de María en su mente, pero no se atrevía por la sencilla razón de que aún le soñaba, a diario. Le deseaba, le dejaba amarse en su inconsciente, como un segundo volumen de la memoria.

Le acariciaba en su mente. 

Recorría los verdes campos del valle por la ventana observando el azul del cielo golpear los cultivos de arroz y caña de azúcar; la acariciaba lentamente dejándose guiar por el deseo, la acariciaba hasta sentirse impotente.

Deseaba morir con ella, poder olvidarse del mundo entero y encerrarse con ella en un universo paralelo, morir si fuese justo, juntos por supuesto, olvidar todo ser vivo y materia, olvidar todo pasado y recorrer las estrellas como un único ente de amor.

Sonaba lindo en su mente, sin embargo, era de no atreverse a tales deseos, de alguna manera por más poeta que fuera, su interacción con el mundo real le daba golpes al pecho, como esa señal egoísta de querer vivir en el hedonismo de la poesía y la urbanidad.

Mientras recorría los campos del valle en tren, comenzaba a reflexionar (quizás a  angustiarse levemente) sobre lo que fue su relación, los errores cometidos, los anhelos extintos; pensaba, que habían ocasiones en que a pesar de no saber qué le ocurría, algo se movía a sus adentros.

Ocasiones en que le era imposible saber qué es lo que pasa adentro de sí (todo el tiempo), se sentía vulnerable, como la niebla que cedía ante el poderoso sol de la mañana.

“Somos gatos en celo” se dijo a sí mismo. 

Jugaba con las llaves golpeándolas contra la ventana, jugaba con la figura de las gotas de agua y el vidrio empañado por el calor interno (intenso). Sentía comportarse como un felino rebelde, como un ente sin rumbo, una célula que explota ante toda presión.

Sentía que ya nada podía detenerlo. Iba camino a casa de Lucía a buscar a la que jura, es el amor de su vida.

El tren directo al sur proseguía su camino con más calma que la que se sintiese en el corazón de un poeta despechado.

Quería escribir alguna canción que le inspirase el trayecto, pero nada le surgía, quizás, porque se sentía vacío, como queriendo ahogarse en un grito, como queriendo olvidarse del mundo mismo, o de ella, de María.

O quizás, era simplemente esa ansiedad que le llevaba a no saber qué es lo que pasa adentro de sí.


***
De la Serie: Canciones de Amor y Otros Demonios.
Adaptación Libre de la obra: La célula que explota (1990) [Vol. 2]
Compositor: Saúl Alfonso Hernández Estrada.


AV

12 de julio de 2017

Buenos Días Señor Sol (Para Vos)




Sunrise. By: Nicole Wong


Se había despertado desde hace ya mucho rato, temprano en el amanecer había visto al sol salir como una ligera línea de luz entrar en su ventana entre la cortina y la pared. Estaba acostada boca arriba con la ansiedad sobre el pecho, era el día en que se vería de nuevo con Mario después de una semana de haber roto la relación, relación que ella había acabado en defensa de su honor y dignidad.

No estaba muy segura de si era una buena idea haber aceptado la visita de Mario a casa de su hermana, en especial, porque su hermana no parecía verse bien de ánimo, quizás por la situación, quizás por la soledad que le abarca día tras día, o quizás por el tema de tener que volver a empezar en su vida.

Acostada observaba la ventana, se dejaba inundar de pensamientos, se llevaba a donde le llevasen las ideas o la nostalgia, lo que primero avanzara.

Como un golpe letal entró el sol por la ventana, como si le hubiese roto el cristal hasta más no poder. 

Al menos la mañana venía bien, quizás con ella la rutina pudiese cambiar, sin embargo, era su ansiedad la que le hacía entender el mundo de ese color.

Se sentó sobre la cama y como quien suplica al creador del cielo y de la tierra observó por la ventana las ligeras luces del amanecer. Quería, deseaba, que el dios mismo de la vida buscase a Mario y le diera la fuerza para  encender de nuevo su voz, porque en el fondo, todos amamos la vida a pesar de que nadie tenga el valor de hacerse un lado por amor. Qué ironía, pensaba sentada en su cama.

Un silencio incómodo recorría la casa. Parecía más como si un fantasma recorriese el mundo entero con el deseo infame de asustar a todos, pero pobre de sí, preciso este día era un día donde no habría a quien asustar.

Sintió los pasos de Lucía en la casa, de seguro también estaba despierta desde temprano, miró el reloj y ya eran casi las siete de la mañana; No había dioses a quiénes acudir, Mario vendría ya en camino o por lo menos, alistándose para salir rumbo a la casa, sentía perder en el fondo la voluntad de querer vivir o amar de nuevo, como si llevase en una mano el oro y en la otra la mediocridad y tuviese que decidirse, como si fuese un tesoro publicitario.

Se puso en pie y sin quitar la vista en la ventana vio cómo los rayos de luz comenzaba a llegar al borde de la cama – Calienta ya mi cama señor Sol – murmuró mientras se imaginaba cabalgar en una de las estelas de luz hacia un mundo perfecto, - Nunca se sabe cuándo dejarás de darle al planeta luz y calor – Sonrío para sus adentros y comenzó a organizar la cama, coqueteaba con el frágil deseo de una infancia vivida muchos años atrás en esa casa.

En definitiva, todos amamos a alguien y necesitamos de alguien y ello lo tenía muy claro María Isabel. Su hermana, Lucía, también sabía con certeza que no debíamos de andar solos por este mundo, quizás de allí su desgano en una bella mañana soleada.

Terminó de organizar la cama y en ese instante Lucía entró a la habitación.

- ¿María? –

- ¡Hola! Hace un bonito día, al menos la mañana viene bien –

- No pensé que estarías despierta tan temprano –

- Yo tampoco, pero supongo, es un buen día para escuchar Rock´n Roll – Sonrió.

- Supongo – respondió Lucía.

***
De la Serie: Canciones de Amor y Otros Demonios.
Adaptación Libre de la obra: Va Por Vos, Para Vos (1982) [Zas]
Compositor: Miguel Ángel Mateos Sorrentino.


AV

11 de julio de 2017

Al Comenzar la Mañana (Mucho por Andar)



"Going to Work" By: Joy Campbell.


Pasa la vida y el tiempo no se queda quieto, llega el silencio y consigo trae el frío y la soledad. 

Es una mañana nublada, con poca luz y mucha niebla. Lucía ha madrugado a causa de un mal sueño, se acomoda en la entrada de la casa a ver el sol salir y suspira un poco en coquetería con el frío viento que llega del norte, se sumerge en un juguetón piropo con la soledad.

Se cuestiona sueños viejos y nuevos, deja caer una bocanada de nostalgia y observando el valle se pregunta a sí misma: “¿Y en qué lugar anidare mis sueños nuevos?”, suspira nuevamente y se sirve una taza de café recién colado. Se queda de pie junto a la entrada de la casa, pensando una y otra vez, “¿quién me dará una mano al despertar?” Se sentía frágil.

Quizás el saber de la pronta llegada de Mario le daba malestar, o el imaginar la posibilidad de  una vida feliz para su hermana María le diera más envidia que dicha, de seguro de allí radicaría su amargura, o su exacerbada nostalgia.

Volver a empezar es importante para todos, en especial cuando el juego de la vida sigue en curso, no dejar apagar el fuego que se consume dentro del alma, ni dejar que el alma se convierta en un adorno más de la casa. Lucía tenía claro que debía de continuar sonriente, ser consciente que cada mañana es un nuevo día bajo el sol del valle y que allí precisamente, es donde reza eso que llama hogar.

Sentía un poco de aburrimiento en su estar, no era claro si se tratase de María y su situación sentimental con Mario, o si se tratase más bien de una nostalgia que ha comido de las galletas del pasado abriendo heridas donde antes hubo anhelos.

Se fueron los aplausos de un pasado festivo y algunos recuerdos de Lucía solían viajar en el eco de la gloria. De esa bulliciosa emoción de crecimiento profesional.

Con toda la claridad del día que comenzaba, se detuvo a ver el valle iluminarse lentamente con el sol que despejaba la niebla, pensó en lo joven que es su hermana María y se dijo a sí misma como un murmullo que suplica perdón: “Yo seguiré adelante atravesando miedos mientras ella seguirá en pie construyendo sus miedos propios”, suspiró, para luego cerrar: “Sabrá Dios cuándo sea el momento para volver a empezar”.

Si se tratase pues de volver a empezar, bien tendría entonces que salir de casa y dar esos pasos hasta las calles de su ciudad, dejarse recorrer el alma en un juego que aun sigue en curso y encender la feroz llama de su alma, ahora bien, Lucía no era precisamente ese tipo de mujeres fuertes que sirven de musa a los intelectuales y bohemios de la nación, quizás de allí su malestar con la relación de su hermana María Isabel y Mario.

Queda mucho por andar en los caminos de la vida, mucho pasado por corregir y mucha verborrea  por distribuir en reuniones familiares, lo más importante, organizar la casa para la llegada de Mario, quién sabrá qué clase de huracán será su presencia en el andar de María.

Mañana será un nuevo día bajo el sol, eso está claro para Lucía, pero el hoy es hoy y el sol apenas se asoma por el valle, así que entró a la casa dejando su taza de café en la mesa de comedor, se dirigiría a despertar a María para comenzar a arreglar casa y cocina.

“Son casi las siete de la mañana y queda mucho por andar” Se dijo a sí misma, no había nada más que refutarse, “Sabrá Dios cuándo sea el momento para volver a empezar” susurraba mientras caminaba al cuarto de televisión a despertar a María Isabel.

¿Qué le pasaba a Lucía?


***
De la Serie: Canciones de Amor y Otros Demonios.
Adaptación Libre de la obra: Volver a Empezar (1997) [Volver a Empezar]
Compositor: Alejandro Lerner.


AV

10 de julio de 2017

Emprender el Viaje (Ángeles Caídos)





Art of Lowell Herrero

Cada mañana trae su afán. Mario comenzaba desesperadamente a organizar sus pertenencias y artículos de valor en una mochila mientras contaba una y otra vez su lista de accesorios para llevar. Sería un viaje inicial de dos a tres horas en Bus, si estaba de suerte, conseguiría pasaje en el tren.

Salió con la puntualidad que su ansiedad le permitió abordar, llegó a la estación de buses al otro lado de la ciudad y encontró que solo había pasaje para viajar dentro de una hora y media. No le era conveniente si seguía en mente con el plan de llegar a almorzar con María.

La estación de trenes estaba cerca, alrededor de veinte minutos tomando un taxi, por la cercanía el valor sería de una carrera mínima y quizás con suerte llegaría para tomar un puesto. 

Comenzaba a recordar pasajes de su vida, especialmente de su niñez, de sus tiempos de viajar en Tren rumbo a las vacaciones en casa paterna, pero sabía que el tiempo no le era favorable y ante ello decidió, como un acto de amor, al mundo hacerle frente.

Tomó camino a la estación de trenes, por cada tropiezo o caída sentía en su profundo corazón que debía de seguir, de hacerle frente, como un hechizo cotidiano, como un afán súper humano.

Sabía que no abandonaría nunca su deseo por estar con María, que jamás dejaría de lado ese sentimiento tan profundo que le empujaba a buscarle, como si fuese un mundo exclusivo para ángeles caídos.

Sabía en su interior además, que el amor mismo que sentía le llevase a recibir, de parte de ella, algo tan valioso que dejara mudos a los mismos ángeles del camino, que le ayudase a recuperar el tiempo perdido y por qué no, que le diese los frutos suficientes para llenar su vacía alma, su agotado espectro.

Mario tenía la esperanza (muy vaga por cierto) de encontrar en casa de Lucía, la hermana de María Isabel, una fiesta grande y pintoresca, una fiesta soñada donde pudiesen conversar y bailar, donde pudiese decirle a ella, a María, que por amor es que uno hace lo que siente, y que por ese mismo deseo, el del amor, es que se pueden con el corazón llegar a observar ángeles caídos al costado del camino.

Poder expresarle en palabras sinceras, y no en canciones, que por amor es que seguiría el camino de buscarle, el camino de entregarle su alma si fuese justo y necesario y cómo no, poder, por amor (o en nombre del amor, quizás) seguir sin importar el costo de la vida.

En realidad eran más las expectativas que el principio de realidad que adornaba la mente de Mario, su deseo por estar de nuevo con María le llevaba, incluso, a inventar caminos y canciones, a encontrar ángeles caídos donde solo hay vacíos en el pavimento, a escuchar el susurro del mundo y a levantarse siempre, por cada caída que tuviese.

Llegó a la estación de trenes y tarareando una melodía ("Uh uh uh... Mírame... Uh uh uh") miraba la hora en su reloj de mano, eran las siete de la mañana y el tablero en la estación informaba que el próximo tren partía a las siete y treinta minutos.

El tiempo justo para comenzar a viajar al Sur.


***
De la Serie: Canciones de Amor y Otros Demonios.
Adaptación Libre de la obra: Es por Amor (1986) [GIT Volumen 3]
Compositores: Pablo Guyot, Willy Iturri, Alfredo Toth.


AV

9 de julio de 2017

Al final de la Tarde (María)




Princess Moe


La llamada no había sido la más oportuna, después de todo sabía que en su corazón había vida suficiente para seguirla llenando de amor, se molestó profundamente con su hermana, sentía como un acto de traición el que le hubiese pasado la llamada en vez de negarla, como esperaba que lo hiciera.

Su hermana por supuesto, si bien no estaba de acuerdo de la relación de María Isabel con Mario, era de las que pensaba que las relaciones debían de cerrarse y la mejor manera de hacerlo era hablando, no huyendo. No quiso dar explicación alguna y prefirió hacer silencio a los reclamos que recibía.

María Isabel salió molesta de la casa de su hermana, a una velocidad que le era inmarcesible a la memoria. Pensaba en  las palabras de Mario, pensaba en su relación, como si hubiese sido una especie de Amor Bilingüe o de malabar emocional.

Mientras caminaba recordaba de todo un poco, sentía que la brisa de la tarde que iniciaba era justa para su andar, sentía un poco de pena por la ciudad, quería recorrer las calles dejando que su mente le llevase por la memoria de los besos negados, el recuerdo de aquellos besos en la oscuridad del pasado.

Se le nublaba la vista, le dolía recordar aquellos besos que Mario le brindaba, le dolía pensar en que ese amor que alguna vez fue puro ahora estaba manchado, un amor de besos negados que ahora nunca más regresarían, o por lo menos, eso deseaba en su corazón.

Caminaba pensando en su pasado, en las palabras de Mario y en la cita que tendrían al día siguiente. Algo extraño podría ocurrir, quizás volver a sentir en sus labios el frío de los besos, o sentir quizás los labios de Mario de una manera que sabía, jamás les volvería a sentir.

Caminó toda la tarde, en momentos se sentaba a reflexionar sobre la ciudad, en recordar un poco de su vida en familia o de su infancia inocente, pero siempre terminaba dando vuelta a la memoria y recordaba las palabras de Mario, de lo que se habían dicho telefónicamente y de cómo se llegaba a sentir traicionada por su  hermana.

Eran sus penas las que deambulaban por las calles, bajo un farol comenzó a suspirar en el pasado, como si le robara besos a todo aquel que caminara por su lado, como si le robara vida a cada ser que le acompañase en su andar. 

Mientras yacía en un callejón, reflexionaba, se castigaba, se culpaba, se afligía a mordiscos  del pasado, como si se fuera infiel a sí misma por aceptar la cita con su ex pareja, o su pareja, no sabía ahora distinguir el trato.

María Isabel caminaba, como una mujer bonita sin lienzo, como una flor marchita que solo quiere  reflexionar, como si le perteneciera a la noche que recién comenzaba a susurrar bajo la luna muda.

Como si se tratase de otra María.

***
De la Serie: Canciones de Amor y Otros Demonios.
Adaptación Libre de la obra: María (1992) [Café Tacvba]
Compositor: José Alfredo Rangel Arroyo (Joselo).


AV

6 de julio de 2017

Sin Título (Mario)


Amsterdam cat with telephone


Como un cuero caliente reventaba su mejilla en el teléfono, las manos exasperaban al ambiente con su olor a pintura, al desastre de partituras, ropa sucia y latas de cerveza, se sumaba ahora pinceles, periódicos y envases de témpera regados por doquier. Parecía un Circo, pero era su morada.

Ansioso por la llamada esperaba el repique del teléfono al otro lado del auricular, no sabría por dónde comenzar la conversación o de qué manera suplicar para que le comunicaran con su amor fallido, algo debía de inventar, algo sencillo, simple, que le llevase a un diálogo mágico, como antaño.

- ¿Si, bueno? – Contestaron la llamada. Mario lleno de expectativa y ansiedad tomó un respiro de esos que llenan de oxigeno hasta la planta de los pies y dejó socavar un tímido saludo de amistad.

- ¿Camila?, ¡Hola!, te saluda Mario, espero no interrumpir nada importante –

- Hola Mario, ya sabía que eras tú, de alguna manera ya tenía en mente que ibas a llamar. Supongo no llamas precisamente a saludarme o darme noticias de arte o música popular.

- Claro que no Camila, en ello tienes razón, sé que es algo complejo, pero quería saber si tu hermana se encontraba contigo, me encantaría hablar con ella.

Camila giró su cabeza hacia su hermana, estaba sentada en la cama doblando la ropa que hacía falta, la taza de café estaba en la mesa del televisor y el vacío de la discusión previa estaba cortado en un halo de ingenuidad absoluta, la llamada además de interrumpir una conversación de hermanas, había lanzado una alerta de desastre que nadie esperaba.

Le hizo una mueca con la nariz y aceptó pasar al teléfono, esperaba que fuera una conversación breve pero su corazón le advertía del desastre que podría avecinar en breves.

- ¿Si? – Preguntó despectivamente. Sabía que Mario detestaba ese trato tan parco.

- Hola. Sé que no es el momento más oportuno, pero llevo días sin saber de ti, supuse que estarías en casa de tu hermana, así que me atreví a llamar. Necesito hablar contigo –

- Lo siento poeta, no quiero hablar contigo nunca más, siento que ya fue suficiente para nosotros –

- No, por favor, déjame hablar. Es importante lo que tengo para decir – Replicó Mario, con más llanto que calma.

- Sé breve, por favor – Sugirió Ella a sabiendas además, de que era una bomba de presión lo que estaba por estallar en esa llamada.

- Me haces mucha falta, solo quiero abrazarte, que me abraces, sin palabras, sin excusas o reclamos. Solo quiero sentir un abrazo tuyo de nuevo –

- Lo siento, esos tiempos ya pasaron –

- ¡No!, en serio. Necesito que dejemos de lado esta apariencia de barro que tenemos, que no vivamos de recuerdos que nos contaminan. Que podamos hablar por encima de los prejuicios y los miedos –

- ¿De esos abrazos que llegan hasta los huesos y nos hagan despertar? – Preguntó ella con más ironía que interés por el tema en sí.

- ¡Claro! – respondió Mario con ansiedad, su voz quebrada parecía cobrar ahora vigor. – Si es necesario, que me despiertes lejos de esta torpe selva a fin de siglo, que me ayudes a ser mejor persona para ti, para los dos –

- ¿Qué quieres? –

- Por favor, No preguntes qué es lo que pasa, no traigo heridas, solo el deseo de sentirte en casa de nuevo, saber lo cierta que es la vida cuando estoy contigo –

- No Mario, ya las cosas no son así – Insistió, más con el deseo de colgar la llamada que en profundizar en los argumentos.

- Se que tu silencio es de inconformidad, pero necesito de ese silencio que me da calma, de regresar a esas noches en que todo transcurría despacio, como la nieve, que pudiésemos juntar nuestros cuerpos en una canción, en un poema, en esas sonrisas que nos despertaban a fines del tiempo mismo – declaró casi que entregando su dignidad en esa llamada.

- No Mario, no insistas. No sé realmente qué es lo que quieres o necesitas, pero más allá de los miedos o prejuicios que dices dejar de lado, sí necesito que me dejes en paz, que no me preguntes nada, ni que me busques, no quiero tus abrazos ni tu calma. ¡Me desesperas de hecho!. Por favor no vuelvas a llamar, en serio –

- Pero… - replicó Mario.

- Lo siento, tengo que colgar – Dijo ella.

***
De la Serie: Canciones de Amor y Otros Demonios.
Adaptación Libre de la obra: Hoy Necesito (1999) [Cousas de meigas]
Compositores: José Teodomiro Cardalda (Teo), Juan María Montes Gonzalo, María Isabel Monsonis Díaz.

AV


5 de julio de 2017

Cada Mañana (Y sus colores)



Imagen tomada de:

Cat in Window Painting



Después de una larga noche de llanto y poesía ilegible, nada mejor para el alma y el cuerpo que un buen día de sol.

Cada mañana que se vive, cada calle que se recorre, cada esquina donde nos escondemos, los amores del ayer, el sagrado esfuerzo de cada madre por sus pequeños, los zapatos del día de grado, los domingos ensayando con la banda musical del colegio, cada momento del ayer, todo lo que nos pueda dar la memoria para aliviar al corazón es bienvenido. 

Absolutamente todo.

Mientras Cristo sigue ahí en la cruz observándonos, y mientras la catedral siga siendo eso, una catedral de fe y desespero, el mundo no dejará de gritar gol, ni de sacudirse a sí mismo ante cualquier injusticia. Mientras sigamos a la memoria en el llanto de los amores fallidos, todo girará sin sentido, incluyendo a los amores que se van.

Un buen día de sol siempre es pues bienvenido, en especial para Mario, joven poeta de suicidas intenciones. La reciente ruptura con ella le ha dejado más que convaleciente, le ha roto el amor por sí mismo, le ha llevado al oscuro pozo       de la resignación. En este buen día soleado, Mario se ha levantado y quizás por la gracia del Cristo que está en la cruz, o de otra deidad, no lo sabemos, ha comenzado a explorar el antiquísimo arte de la pintura.

Tomo una vieja sábana blanca (de esas que nunca conocieron una lavadora) y la colgó sobre la pared, martilló sus puntas y con clavos la aseguro para fingir un lienzo. Comenzó por dibujar un ilegible espectro de múltiples colores, regaba pintura por doquier esperando dar forma a algo que no sabía que era. Daba sentido a su propia existencia en la irreversible manía de dibujar seres abstractos.

Comenzó a proyectar su vida en la obra sin forma ni nombre, dejando que el aroma a pintura le llevara en el recuerdo a los ojos de ella, le dejase sentir aquello por lo que alguna vez fue compositor, por esa mirada que alguna vez le dio vida.

Por cada pincelada, dejaba fluir su ego por toda la habitación, como un emperador que deja caer sobre su pueblo la vanidad de sus decisiones, dejaba fluir las lágrimas que aún le quedaban como un adorno extra para ese cuadro de vísceras emociones, de llenarse de argumentos para vivir y no morir en estúpidas razones.

Comenzó a dar forma a su espectro de obra y allí mismo a la memoria.

Comenzó a recordar el ayer y el antes de ayer, de cuando él prefirió irse en los brazos de otra fémina, de cuando regresó para ocultar su error y pretender que nada de lo que pasaba era real.

Comenzó a recordar de los días en que la sutileza de la vida les daba la energía suficiente para amarse el uno al otro, para perdonarse aún cuando la mentira era un secreto protegido por el mismísimo sello de Caín.

Comenzó a recordar con cada pincelada en sus canciones, en sus acordes de guitarra y sus sueños frustrados, en su deseo de ser un cantante reconocido, un poeta, bohemio, seductor y adultero de la nueva ola, por el contrario, se encontró consigo mismo en una habitación desordenada, cargada del hedor de la tristeza, de un destino errante que solo dejaba marcas en la piel, de un deseo de querer volver a verla, de un inexplicable sueño de fuga que le diera el pasaje de tren que necesitaba para poderla visitar.

Sabía que ella lo quería olvidar, que no le dejaría aparecerse de casualidad por su camino, pero también sabía que podría llamarla al único lugar donde no le rechazarían la llamada: la casa de la hermana, porque claro, era ese el único lugar al que él imaginaba que ella podría ir, aunque fuese en otra ciudad.

Terminó (o eso pensaba) su que hacer y con las manos aun con pintura fresca tomó su teléfono buscando en su libreta de contactos el número de la que alguna vez fue su cuñada. Observó la pintura, una y mil veces, trató de darle un nombre o un significado, no le surgía nada, ni talento ni emociones.

En silencio y con teléfono en mano, buscó valor donde no había vida, comenzó a girar en sí mismo, a girar y a girar, como el sol alrededor de la tierra, como la vida alrededor de la historia, tomó valor y marcó la llamada que tanto desearía le contestaran.

Mientras esperaba a que le contestaran, giraba en su habitación, daba vueltas y pensaba en el tiempo, en el capricho mismo de la vida y sus razones. Solo giraba.

Como si las mariposas fueran vestidas de mil colores por la vida.

***
De la Serie: Canciones de Amor y Otros Demonios.
Adaptación Libre de la obra: Mariposa tecknicolor (1994) [Circo Beat]
Compositores: Eduardo Dutra Villa Lobos, Herbert Lemos De Souza Vianna, Rodolfo Paez.


AV

4 de julio de 2017

Cuando Todo Termina (Hoy)




No habían transcurrido ya los días y sus semanas cuando la nostalgia atacaba de nuevo, sentía un poco de revés en la conciencia con la decisión tomada, pero sabía en el fondo de su corazón que era lo mejor para los dos.

Estaba radiante, bella, con una sensualidad que ni proponiéndoselo la obtendría en una sala de belleza. Se sentía plena (y culpable), perfecta, viva entre el cielo y el suelo.

Se había mudado a casa de su hermana. La habitación de televisión pasó a ser una vez más, una habitación de huéspedes sin fecha de retiro, era una relación mutilada por el tiempo pero fiel a la tradición familiar.

Se sentaron las hermanas en la antigua sala de televisión a tomar algo de café mientras se organizaba la ropa pendiente. Se hablaba con claridad, se entendía a ciencia cierta que todo concluye y a la final nadie ni nada puede escapar del escabroso ardor de los amores fallidos.

Todo tiene un final y se hace necesario el poder comprender que ni la vida misma (aunque sea eterna) ni el llanto puede opacar la risa, o viceversa, da igual, así es el amor, al principio se cree que no tiene medida, luego se deja de querer.

          - O se consigue otra mujer  - le increpó su hermana.

Le miró con cara de reproche pero sabía que tenía razón así que no le refutó el comentario. Siguió doblando ropa y dejó caer sobre la cama sus más sinceras palabras desde aquella tarde de domingo en que se marchó: - Todo me demuestra que al final de cada día, y al siguiente (inclusive), de nada me sirve creer en el mañana, pues termino fracasando” – se limpió una lágrima que intentó salir por el ojo derecho - además – agregó - ¿de que vale ganar, si después perderé? –

Su hermana le observaba taciturna, sabía que sufría por dentro, que olvidar era un proceso de largos pasos y de mucha paciencia, virtud de la que carecía su pequeña huésped. – Pueda que lo que hayas comenzado no sea ahora eterno, pero debes de reconocer que hay mucho por vivir en este nuevo día, en el presente – fue lo único que se le ocurrió responder.

-       ¿El Presente y nada más? –
-       Si, nada más –
-       Bueno, al final de cuentas termino cada día y empiezo cada día creyendo que todo fracasó. ¿Será ese mi modelo de presente? ¿Mi condena? –
-       Por supuesto que no –

Suena el timbre de un teléfono móvil, una llamada interrumpe a las hermanas en su más vaga reflexión.

-       ¡Cuánta verdad hay en vivir solamente el momento en que estás!, ¿eh? – Replicó mientras miraba el remitente en pantalla.


***
De la Serie: Canciones de Amor y Otros Demonios.
Adaptación Libre de la obra: Presente (1970) [Cuero Caliente]
Compositor: Ricardo Soulé.

AV