26 de enero de 2016

Cuestión de Nostalgia (I)




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A partir de la nostalgia comenzamos a construir un nuevo mundo donde no caben ni los estereotipos sociales de la buena educación ni mucho menos las exigencias de ley con que se acostumbran a formar a los empresarios y ejecutivos del mañana. Las escuelas de negocios (mal llamadas Administración de Empresas) comenzaron a cambiar el modelo de enseñanza, los llamados clásicos siguieron siendo clásicos pero ahora las teorías administrativas del mañana (realmente del ayer) comenzaron a fijarse en temas propios de las ciencias humanas.

Preocupaciones como el discurso gerencial, la apariencia física del personal, la identidad con los productos de la compañía (y no con la empresa en sí), el cambio en las modalidades de contratación (tercerización) y una fuerte desregularización del empleo invocando al neo empleado a ser su propio jefe o emprendedor, han dado a que la administración de negocios sea ahora un asunto cada día más propio de las ciencias sociales y la estrategia y no de las ciencias de la organización. 

Quizás es una visión que recoge en gran medida las decisiones de urgencia que en la década de los noventa se tomaron en gobiernos morosos en América Latina. La esencia del endeudamiento pasó al discurso de lo cotidiano y se convirtió en un ejercicio “snobista”, se lograría a llegar ser persona aquella que recibiese un crédito financiero.

Preocupaciones que tienen más de nostalgia que de revolución industrial. Es menester entender que tanto las preocupaciones gerenciales como los cambios en la contratación y los asuntos organizacionales dejaron de ser labores de la industria, pasaron a ser secciones de jefaturas administrativos, luego a ser sectas de profesionales de la psicología y por último pero no menos importante, son interpretaciones culturales donde los Politólogos, Sociólogos y Antropólogos comienzan a definir el perfil de las organizaciones transformadas. Cuestión de Gestión Humana que llaman.

Es una nostalgia que pesa además porque quienes están ahora en cargos ejecutivos y gerenciales son precisamente aquellos que vivieron su infancia (real infancia) bajo el Ojo de Thundera, bajo las ocurrencias de un conejo burlón como Bugs, bajo las acciones violentas de grandes pensadores como Stallone, Willis, Schwarzenegger o modelos ejemplares como Basinger, Kinski, Kelly Lebrock, Shiiffer, Fox o inclusive la eterna Amparo. Se trata de una nostalgia que en la década de los 80s fue marcada por la calidad de productos que hoy son ley del mercado. ¿Qué ha ocurrido? Quienes toman las decisiones en el presente sabe que su poder adquisitivo no es ajeno sino que les pertenece a tanto nivel que su egoísmo se convierte en una política de consumo.

Tanto el desarrollo tecnológico como el desarrollo de identidad deben de derivar en el individuo, su rol individualista será premiado por el consumo popular y con ello el mercado tendrá cada vez mayores segmentos o nichos de atención. Las legiones del cine, las series de televisión, las marcas de ropa que ya no existe o modelos de zapatería o estampados que no volvieron son tendencia en los últimos 5 años a raíz de esas decisiones gerenciales. El teletrabajo que fue tendencia en la década de los sesenta retoma ahora su lugar, porque es más importante la independencia productiva del empleado que el gasto que genera su presencia en una planta física.

El individualismo se toma las mismas formas de realizar las transacciones comerciales y relaciones de mercado. No hay tiempo para reunirnos, pensemos solos y aprobemos propuestas por videollamada o chat. Si nos reunimos, que sea para firmar o para decir adiós. ¿de dónde viene este modelo? ¿Suena algo familiar?

La urgencia de la guerra en el cine y la televisión daba la representación rebelde que la música respaldó desde finales de los setenta, las crisis económicas que no dieron a familias funcionales un lugar al padre y la madre en la mesa del comedor sino, que el televisor de la sala fue la base de la educación. Niños que odiaron el ausentismo y ahora de adultos detestan las multitudes, porque reaccionan a la ausencia con rechazo. Jóvenes que en el cine de terror, acción, ciencia ficción y comedia desahogaron emociones y construyeron líderes, fanatismos, son los coleccionistas del hoy, los productores de sus propios deseos.

El mercado debe de esperar, porque cada vez menos colectiva será la manera de relacionarnos cuando los jóvenes de ahora sean gerentes. O dicho de otro modo, los cargos gerenciales serán removidos y solo tendremos sujetos con nombres propios. El discurso ampliará sus explicaciones a las marcas y productos, no al sujeto que los diseña o comercializa. No importará quien tome las decisiones o qué día habrá junta de negocios.

Quizás la nostalgia es la base de todo porque una sociedad que reprime su consumo es una sociedad que rechaza con fervor las ideas “innovadoras”, pero en esa lucha de Innovación y Nostalgia ambos extremos salen ganadores porque ambos comienzan a generar valor en la comunidad, pero en el medio se queda el modelo gerencial estandarizado, el del jefe, el del gerente, el de recursos humanos, el de los horarios de entrada y salida, el de las prestaciones sociales. Ese modelo, terminará por asfixiar a quienes temen por emprender (o desregularizarse), terminará por quebrar una burbuja de relaciones comerciales (guetos), se someterá a nuevos mercados intentando absorberlos sin darse cuenta que ya están sometidos.

Todavía existen empresas que prometen ascensos.

Todavía existe la nostalgia.


AV

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