24 de marzo de 2009

Recordar


A algunas personas les gusta recordar, yo escribo para recordar. Es ese placer que los embarca en sensaciones de momentos y personajes, les agrada sentir vida inclusive cuando lo que se recuerda ya no nos pertenece o se halla lejos, sentir el vacío de nuestras manos y culparnos por el bolsillo roto del pantalón, por el sendero que y ano está o que simplemente nunca existió.
Sentir la adrenalina en el cuerpo y dejarnos caer, sentir el golpe, hallar la salida en vacíos que sólo están en nuestro interior, recordar lo que es vivir basados en memorias y recuerdos. Lágrimas que caen cuando estamos solos, cuando nos mencionan el nombre de ese que se nos fue, de esos amores o familiares, de esas mascotas u oportunidades, de todo lo que nos identifica y que hora tras hora se nos fue hundiendo en una canción o un adiós.

Recordar trae alegrías, trae emociones, nos dibuja en tiempos que sabemos ya no tenemos en el presente, en palabras que a oídos del prójimo son nocivas y especulativas. Recordar que para vivir necesitamos esa esperanza que nos mantiene a flote, que nos acaricia el cabello y cierra nuestras ventanas, ese recordar que se nos extinga con sentimientos de ira, de culpabilidad, de letras y encierros, de amigos que no están ni que piensan volver.

Rendirnos paso por paso.

Algunas veces sentimos la necesidad de ser misántropos y no observar más allá de nuestra debilidad, recordar nos puede convertir en seres fuertes y con carácter, también nos puede someter a debilidades y hacernos sentir vulnerables día tras día.
Pensamos en lo que pudo ser o lo pudimos haber hecho, nos castigamos cuando sabemos que por culpa del descuido permitimos fallar, permitimos hacer daño o que nos hicieran daño, permitimos sonrojar nuestra fuerza cuando leemos esos adioses que se estancan en nuestros oídos.
Noticias que nos enloquecen, que nos castigan, nos dejan quietos, nos enmudecen.

El silencio juega un papel fundamental en nuestra historia, es la tinta que nos guía palabra por palabra, la cinta magnética de nuestra memoria donde dejamos escuchar cada pensamiento, los plasmamos en actividades que intentamos distraernos, los ubicamos en cajones que no queremos abrir o no nos interesa asumir, la cobardía del olvido con el dolor del que se ha ido, nos sentimos solos, como los recuerdos, solos como los momentos que no están en nuestro presente.

Cotidianidades y vanidades, sentimientos y recuerdos, familiares y amigos, canciones y testimonios, búsquedas desesperadas y pasos ahogados, silencios prestados e ilusiones desamparadas. Recordar es lo que nos hace sentir vivos, algunas narraciones o algunos cantos, es ese ejercicio de recordar lo que nos recuerda nuestra condición de humanos, de seres mortales, lo que nos impide pecar en el altruismo o en el egocentrismo materialista, es lo que nos llama la atención con constancia, a sabiendas de lo que se ha ganado o se ha perdido.

Recordar todo eso que tenemos para contar, que nos hace únicos y también nos identifica con los otros, esa unión de vivencias y emociones que compartimos con frecuencia. Recordar que somos lo que somos.

No en vano al olvido siempre lo seguiremos invitando a cenar, porque esa es nuestra llana necesidad de curar.

AV

1 comentario:

HannaLuna dijo...

Que sería del hombre sin recuerdos????
Qué sería de la Luna sin ellos??
De las musas??

....
No todo tiempo pasado fue mejor.. pero vale la pena acordarse hasta de eso..
Abrazo