30 de marzo de 2026

Emanuel Contreras Hitschfeld (La Casa Azul).



 Imagen creada con IA: https://gemini.google.com/


Emanuel Contreras Hitschfeld llegó a Colombia en un enero de 1999, estaba con el cabello largo y los bolsillos llenos de expectativas, sus primeras misiones en el país fueron buscar refugio y una oportunidad para re iniciar sus metas personales: Ser un sibarita.

Nació en Puerto Octay, en Chile, pero su crianza de juventud estuvo en Mendoza, Argentina. Allí aprendió de los placeres del buen vino, de la magia del Malbec y de los retos insolentes de un sol austral que no da espera a los temerosos. Si bien la dictadura argentina no le tocó en carne viva ser peregrino de la paz, tuvo que buscar suerte en otras fronteras ante la caída inminente del modelo económico de aquellos fraudulentos años noventa.

Al llegar a Colombia se instaló en Armenia, pero un coqueto terremoto le hizo cambiar de opinión terminado por irse a vivir a Cali. Pasó gran parte de sus jóvenes años trabajando como consultor en temas publicitarios, pero decidió por su cuenta estudiar Derecho en la Universidad Franciscana, por recomendación de las amistades que fue forjando en esos años.

Con el paso de los años y el apoyo de uno de sus clientes, un empresario de la industria automotriz, fundó la Casa Azul, en homenaje a Mendoza, su ciudad amada. Allí comenzó a funcionar como un bar de vinos, pero el tiempo y la dinámica le fueron llevando a que se convirtiera en un centro social de debate, encuentro de intelectuales de clase media alta y uno que otro universitario que llegaba por recomendación de algún amigo.

La barra del restaurante comenzó a funcionar como un lugar de encuentro entre desconocidos que fueron forjando amistad. Allí preciso Alfonso Mosquera conoció a Don Emanuel, como le decían los allegados quizás por la edad o la apariencia física de un hombre con cabello cano y facciones marcadas en el rostro, nada parecido al joven de hace 25 años que llegaba a Colombia con su cabello largo.

Alfonso terminó sus estudios de Derecho en la Universidad Católica y allí fue que invitó a sus colegas a visitar la Casa Azul, entre estos invitados participaba José Isidro Segundo, en frecuentes días.

Muchos años más tarde, posterior al encierro de la pandemia se consolidó un plan de día martes para hacer debates políticos o en ocasiones, audiciones de música.

Emanuel compartía con los pocos amigos sinceros que cosechaba, canciones de sus artistas argentinos y chilenos, ellos en reciprocidad le educaban en el amplio mundo de la salsa caleña, y otros, como José Isidro, preferían la electrónica europea de los años ochenta, aquel género representado por Depeche Mode, New Order, los Pet Shop Boys y Erasure.

Don Emanuel, como le decían algunos, fue aprendiendo de la vida de la ciudad y con ello le tomaba más afecto que siempre, su gusto por las mujeres jóvenes se saciaba por el ambiente intelectual que aparentaba, entre sus musas, una joven Raquel, periodista y experta en redes sociales.

Raquel tomaba vino con frecuencia, incluso desde que entabló una relación secreta con Emanuel, asistía cuatro de los cinco días de la semana laboral pues la oficina del periódico era relativamente cerca al barrio El Peñón, donde estaba la Casa Azul. Una mujer muy bella que recibió con los años, el apodo de Raquel Frontera, por el vino que precisaba tomar.

Emanuel, de apellido Contreras disfrutaba de sus afectos y cómo no, adoptaba en ocasiones el mismo nombre: Emanuel Frontera.

Alfonso era el más puntual de los visitantes, siempre aparecía a las tres de la tarde, porque según él, a esa hora ya no había juzgado decente que visitar, el trayecto a casa se interrumpía por unas copas de Brandy y unas empanadas de carne molida, las favoritas del menú, según él. José Isidro llegaba en la noche, siempre pasadas las seis, porque prefería el ambiente fresco al calor de la tarde.

El martes pasado, acordaron abrir una jornada de debate de cine clásico de los setentas. Alfonso quería iniciar con los pormenores de la saga de la Guerra de las Galaxias y su alta influencia de otras franquicias como Star Trek o Flash Gordon, de su lado Don Emanuel era más romántico y prefería se hablara del periodo pos dictadura de Chile, que consideraba estaba muy a la par a la realidad colombiana. José Isidro siempre prefería ausentarse a los debates, sentía que su magia estaba en escuchar y no decir nada, porque preciso le molestaba tener que dar la razón.

Un pesimista de corto alcance.

Alfonso llegó a las cinco de la tarde, aquel martes tuvo que responder correos y escribir varios oficios lo que le hizo demorar en su llegada a lo que era ya su segunda casa, allá estaba Don Emanuel, acompañado de una joven visitante, una amiga de otra amiga que llegó por recomendación.

Estaban conversando amenamente de la vida y otros males, dejaron al desnudo sus inclinaciones políticas y su indignación recurrente por los resultados de las encuestas para la primera vuelta presidencial, el ambiente polarizado del país llamaba la atención de estudiosos e ignorantes.

Alfonso saludó y preguntó por José Isidro, su amigo. Don Emanuel hizo un gesto de no saber y le ignoró retomando la conversación con la joven visitante, Michelle, dijo que se llamaba.

Michelle Cristina Rueda Panesso vino desde Medellín, allá creció y se formó como Administradora de Empresas Turísticas y Hoteleras, tema que le era de gran interés a Emanuel y por supuesto, servía de técnica de conquista si le sumaba a la conversación sus conocimientos en turismo y vino en su recordada Mendoza.

Alfonso dejó un par de mensajes a su amigo José Isidro Segundo, se sentó a fumar un vapeador con aroma a sandía dulce, sacó sus apuntes en su Tablet para estudiar lo que sería su intervención de ciencia ficción.

Otros invitados llegaron como Marino Ruales, Ignacio Méndez y Fabio Andrés Barona. Todos de profesiones variadas pero un mismo gusto y amor por la verbena intelectual: Brandy, Whisky, Vino.

Emanuel logró convencer a la señorita Michelle de salir, así que prefirió invitarla a su apartamento, cerca de la zona.

Salieron en el carro de ella, un discreto automóvil deportivo, se llevaron una botella de vino Malbec Blanco, de colección insistía Emanuel. Ella con la sonrisa de quien sabe lo que va a ocurrir hizo un gesto de agrado y sugirió algo de intimidad para la botella.

Emanuel comenzaba a cumplir su sueño de tener un encuentro sexual con una dama veinte años más joven, de cuerpo atlético y una belleza propia de las colombianas que tanto le agradaban, para no enojar a sus amigos invitados a la tertulia, les convenció de su ausencia dando una promoción de 2 x 1 en botellas de Whisky a su elección, siempre que no fueran de 18 o 21 años.

La conversación comenzó con el tema de rigor: Primera vuelta presidencial.

Alfonso quería hablar de naves espaciales, Fabio insistía en la crisis económica, Marino se quejaba del precio del dólar con la guerra de Iran, Ignacio estaba concentrado en su teléfono viendo las redes sociales.

Cerca de las dos de la mañana, Alfonso escribió un mensaje a Don Emanuel:

“Don Emanuel, Muchas gracias. Estuvo muy buena la promoción de botella de Whisky. José Isidro nunca vino, ya me voy para la casa. Saludos”.

No recibió respuesta, ni siquiera la notificación de haber sido leído el mensaje.

A la mañana siguiente, una llamada telefónica interrumpió su primera reunión de la jornada laboral. Un agente de policía notificaba del fallecimiento en condiciones extrañas y violentas, del señor Emanuel Contreras Hitschfeld.

Alfonso se quedó sentado en su oficina. Tomó el teléfono y escribió un mensaje a su amigo José Isidro:

“¿ve vos sabes qué le pasó a Don Emanuel? Me llamó la policía, dizque se murió anoche”.

AV.

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