15 de julio de 2017

Un Chico Ejemplar (¿Será?)



 Just Desserts Cat By: Amber Alexander

Se sentaron a conversar, porque eso hacen las hermanas.

Lucía organizaba la mesa para disponer el desayuno que junto a María habían elaborado, algo sencillo por supuesto, no tenían el tiempo que deseaban para preparar un banquete pues en menos de tres horas llegaba aquel invitado que tanto esperaban, pero que poco deseaban (o por lo menos Lucía así lo asentía).

María estaba ansiosa, tenía la seguridad de las palabras (una a una) que iba a brindar a Mario en aquella conversación, su corazón por el contrario, se debatía en habitaciones extrañas, como un reguero de sentimientos que se atropellaban entre sí, se deslizaban.

Se remendaban sin importancia alguna en una espiral que a María parecía no importarle, o quizás, parecía más bien, no detectarla (a tiempo).

Pensaba en Mario, en su manera falaz de aparecerse y desaparecerse (esconderse), en su modo casi que de animal nocturno de estar presente y ausente a la vez, de su modo de ser oscuridad y estrella en el cielo de María, ello le incomodaba, demasiado, le producía rabia y desespero, la transportaba a muchos lugares lejos de él, sin embargo, no sabía bien qué fue aquello que tanto le tuvo a su lado el tiempo que duraron.

Mario (pensaba María), era de esos vagos radiantes de vida que podían desordenarle la cabeza a cualquiera, de enredar el alma y guiar por miles de senderos al corazón del otro, como un juego donde la meta es perderse y encontrarse, ser fugaces en la oscuridad.

- ¿Qué tanto piensas María? pareces otra persona –

Miró a Lucía, sentada en el comedor con su camiseta estampada de The Beatles y una tajada de pan en su mano levantada.

- Nada, aquí pensando en Mario, en lo que se viene –

- ¿Y qué es tanto lo que debes de pensar? ¿Acaso no tienes ya claro lo que vas a decirle? –

- Si, pero… ¿y si me equivoco? –

- ¿ah? – Replicó Lucía, más con un gemido que con una palabra legible.

Para María, Mario era de esos fulanos que tenían el don de ser eternos en el pensamiento, de convertirse en un susurro aislado en medio de la tormenta, de ser único en medio de la multitud, en medio de los miles de rostros que uno encuentra en la ciudad.

Sabía que no era un chico ejemplar. Le dolía recordar las veces en que la mentira y el cinismo fueron plato del día en su relación, su ingratitud o inclusive, su descuido por los detalles le hacían convertirse en una especie de príncipe azul (desteñido) que arreglaba todo con un poema, una canción o unos acordes de guitarra como muestra de cariño.

No estaba segura de equivocarse, dudaba en sí si estaba en la correcta decisión de dejarle y darle a la vida la oportunidad de presentarle (algún día) al verdadero amor de su vida, o, si era por el contrario, ese el amor que merecía (su vida) y lo estaba dejando perder por un mero capricho de la vanidad.

- No creo que te estés equivocando, es muy joven y además, si bien es simpático no tiene ni los pies ni el bolsillo necesario para estar cuerdo en esta realidad –

- Si, pero que sea lo que Dios quiera ¿No? -

- ¡Cómo se te ocurre!, está bien que te conviertas en una idiota por andar pensando en ese mengano que ni corazón debe de tener, pero lo que está mal es que te quemes la cabeza pensando en seguir esa relación tan tóxica que vivieron -

- Pero, ¿y si él es el príncipe desteñido de mi cuento de hadas? –

- ¡Serán cuentos de Habas más bien! – increpó Lucía. Estaba molesta, comenzaba a irritarse y en su mente no dejaban de aparecer recuerdos, nombres, lugares, emociones del ayer. Justificaba la situación de María para permitir ese desorden en sus ideas, pero ahí, en el fondo de sus confusiones, era consciente de que el pasado estaba llamando a la puerta.

- Lucía, Mario puede ser un completo vago, si esa es la palabra que buscas, pero es noble, fue mi amigo, mi compañero, mi propio verdugo. No puedo dejar pasar la oportunidad si quiera de pensar Lucía, solo de pensar, si este adiós que está tan cerca sea el definitivo –

- Claro que lo será María Isabel, claro que lo será. Ni siquiera entiendo por qué lo invitaste cuando podías haber cerrado ese capítulo de tu vida con una llamada telefónica –

- Pues pueda que mi error sea precisamente ese, ser tan torpe y tan permisiva con ese vago sin corazón que tú llamas –

- No María, no solo eso. Tu pecado es ser ingenua, ser compasiva, tolerante, hasta tonta pensaría –

- ¡Lucía! – Gritó María Isabel, le molestaba el nivel de agresión que ascendía en el discurso de su hermana, sabía que más allá de la visita de Mario, algo más le preocupaba. – No aceptaré que me trates de esa manera, ¿quién tiene o no la autoridad para decidir si Mario es o no la persona indicada para mí? ¿Quién? ¿Ah? ¿Tú?, no creo –

Lucía guardaba silencio mientras jugaba con la cuchara dentro de la taza de café.

Para María, la vida es un conjunto de decisiones pero también de suerte, del azar de la rueda de la fortuna y las bendiciones del cielo. Sabía que su relación con Mario era más que dañina, tóxica, pero necesitaba confirmar con verle, si era o no la decisión acertada el dejarle para siempre, así fuese una discusión sin fundamentos.

Continuó con su desayuno, evadía a Lucía y mirando por la ventaba se preguntaba en qué momento llegaría Mario. 

Se preguntaba si la vida misma era un juego y ella, una desafortunada.


***
De la Serie: Canciones de Amor y Otros Demonios.
Adaptación Libre de la obra: Y, ¿Si Fuera Ella? (1997) [Más]
Compositor: Alejandro Sánchez Pizarro.

AV


No hay comentarios.: