17 de noviembre de 2010

El Museo de la Memoria

Imagen Tomada de: http://www.messybeast.com/kucinta.htm

KUCINTA - THE LOVE CAT OF SINGAPORE - AND THE BOBTAILS OF MALAYSIA
(OR "MOGGIES AND MERLIONS")
Copyright 1994, 1995, 2003 Sarah Hartwel

Pensar en el hermano que vive lejos, saber que ya no está en casa ni que nos acompaña en la cena, ese al que le mofamos la navidad o le damos un abrazo al terminar el mes de diciembre. Pensarnos en la ventana, observando nuestro reflejo mientras una lluvia tropical con las mejores mañas de una rabia occidental, desdibujarnos en la taza de café, en la cucharada de azúcar que nos sobra en la mesa, pensar en todo lo que no comprendemos, en lo que hemos visto partir lejos de nuestra memoria.

La música tiene ese sin fin de manera de hacernos estrellar contra el muro sin necesidad de empujarnos, ese lenguaje etéreo de identificarnos en cada ocasión y buscar un escape en un estribillo o un tempo bien chill out.

Es esa distancia de la memoria que cuando no vemos a los hermanos los comenzamos a extrañar, a pensar en ellos en víspera de diciembre, olvidarnos de sus disfraces en las fiestas de octubres pasados, de conversaciones en mesas de cafetería y paseos al centro de la ciudad. En proyectos en conjunto, en pasiones que se unen como un nuevo golpe a la memoria, esos territorios de paz que hemos dejado escapar, esos silencios que hemos permitido comenzar, conversaciones que a duras penas se someten a un chat.

La memoria es un museo enorme donde dejamos de manera selectiva los momentos, personajes, nombres, canciones y experiencias al servicio de la comunidad. Nos dejamos desnudar por favores del pasado, nos cansamos de la nostalgia y a ritmo de melancolía escupimos esas lágrimas de rabia e impotencia, nos esforzamos por volver a vivir cada presente, por esclavizarnos mutuamente en un pensamiento inmaterial. Cada día lo vivimos y lo susurramos, llegamos en la noche a casa y vemos en el vacío del todo ese frío infiel de una presencia que ya no está.

En su reemplazo, conocemos nuevos héroes, nuevos personajes que de algún modo nos enseñan un poco de todo aquello que habíamos olvidado aprender, nos recitan las frases y consejos que en otras circunstancias esperábamos que otros nos los dijeran. Nos fuimos a lo más lejano de la soledad para encontrarnos en una espiral de indecisiones, de tentaciones también. Nos sometemos a una página en blanco y leyendo lo que no está escrito recitamos el nombre de cada uno de los que han partido, de cada mirada que no está para presionarnos, para apoyarnos, para aconsejarnos, para dejarnos ser.

A otros los hemos matado con la misma frialdad con la que la ciencia y el miedo han asesinado a dios, los hemos desterrado de ese espacio de comodidad que conservábamos en casa, los hemos dejado a la intemperie de un nuevo mundo sin nosotros, de ese modo narcisista de querer sobrevivir, de exorcizar ese veneno que nos brindaban por amistad. Por supuesto, otros han fallecido en nuestro museo, no llegaron si quiera a una galería o algún zaguán en particular, sólo los abandonamos sin saber que ellos nos admiraban y respetaba, por el contrario, los dejamos en el espeso humo de la confusión y les dimos la espalda pensando que eran ellos quienes nos abandonaban.

Las relaciones humanas ahora siguen sujetas a las mismas costumbres de nuestros antepasados, con las mismas normas de supervivencia, las mismas razonas para escribir canciones e inspirarnos en obras de arte conceptual, años que no han variado, vestimentas de cada época trastocadas por palabras de aliento y actos de fe, murmullos que cotidianidades compartidas, de esas rutinas que aun en la distancia anhelamos revivir. De esos amigos y hermanos que hemos visto partir en silencio.

No hemos partido a ningún lado, ellos no se han alejado, su sombra sigue en el pasillo, su calor se conserva en el asiento, su cuerpo sigue aferrado a la memoria, dejándose extrañar como un cliché en una comedia de la vida, en un cenicero de motivos y un candelabro de expectativas.

Nos burlamos de la melancolía mientras la nostalgia disfruta con nuestro silencio, nos dejamos caer en soledad y sin conciencia pura, nos negamos a abrir puertas que otros esperan cruzar.

Monumentos de la memoria al fin y al cabo.

AV

1 comentario:

Nivia Garcia dijo...

"Las relaciones humanas ahora siguen sujetas a las mismas costumbres de nuestros antepasados" Somos pasado presente y futuro; y no con el sermon religioso de la tierra venimos a la tierra volvemos; sino con la retaila sociologica, de la sociedad somos y somos la sociedad.

Te sigo !! ^^!!!