8 de abril de 2014

Te Amo



Entonces le dejé un mensaje en el chat, le dije que la amaba, finalicé la conversación con un corazón, de esos que vienen en las opciones de los emoticones. Me respondió con asombro, más indignación que asombro diría yo, explicándome que no podía amarme, que era un sentimiento y una frase muy fuerte, algo que no podía tomarse a la ligera.

Siempre lo supe, simplemente necesitaba decírselo, hacerle notar que me ignoraba, porque en realidad no la amo, ni la he amado jamás, pero sí logré mi propósito, llamar su atención para que comprendiera que me tenía en el jodido mundo de la ingratitud, y es que hacerle entender a alguien que uno también necesita que le escriban, que le respondan los mensajes es un ejercicio de delicadas pretensiones, pero es más abogando por el respeto que uno se merece que por la real necesidad de comunicación.  

En otra oportunidad, a otra señorita le escuché en reiteradas menciones hablar de lo mal que le iba en el amor, era una (sigue siendo)  mujer muy bella, muy inteligente inclusive, pero para esa época de su vida quizás estaba con el ánimo por los suelos, quizás solo necesitaba un empujón a la carrilera del tren o quizás, quizás, quizás, solo estaba despechada.

Es normal en dichos casos encontrarse con mujeres que consideran ser desafortunadas en el amor, así que decidí darle lo mejor de mí. No le di mi corazón, ni mi dinero, ni mi tiempo, ni siquiera le di mis ideas, solo le di mi experticia en molestar la vida: en cada oportunidad que la señorita escribí algo en su red social de 140 caracteres, yo le respondía que la amaba.
Siempre, siempre, siempre le dije que la amaba, a pesar claro que no sentía nada por ella, y es que claramente ella lo sabía pero ya empezaba a fastidiarle mi reiterada expresión de acoso y amor. Aprendimos juntos (ella y yo) a no molestar más, a querernos por la clase de amigos que somos, a entender pues, que quejarse del amor no era la solución, pues siempre habría un idiota en alguna parte dispuesto a decirte que te amaba.

Un amigo tiene por usuario un nombre más femenino que abstracto, es parte quizás de esas conceptuales decisiones que tomamos a la hora de crear perfiles en redes sociales o en chats grupales, cualesquiera sea la ocasión, el “Username” de aquel fulano - al que quiero mucho y es gran amigo de esta casa – se presta para toda clase de interpretación más por el género femenino que por la misma cultura LGBTI, ya imaginarán ustedes el “bocatto di cardinale” que es para este, su servidor, entender el juego y lo abstracto como algo íntimo y especial.

En primera instancia, se optó por darle un trato de señorita a este personaje, claramente era un acto de solidaridad no solo con su “Username” sino, con su lindo y sensible corazón (aunque usted no lo crea), seguidamente se le empezó a brindar afecto y mucha compañía en la red social, habíamos logrado, desde la política del amor (?) darle trascendencia a un banal nombre de usuario. Cuenta la leyenda y algunas reuniones sociales donde los Hernández, que el personaje en cuestión comenzó a recibir vía mensaje interno comunicados, propuestas y hasta dedicatorias sacadas desde lo más sensato del deseo, el amor había triunfado otra vez, aunque para nuestra “señorita” se tratara tristemente, de muchas propuestas de corte homosexual que claramente, no serían correspondidas.

En una de las múltiples organizaciones educativas donde laboraba, tenía como compañera de trabajo a una señorita de voluptuosas curvas, de bella figura y claro, enmarcado en un acento paisa que solo era odiado por sus congéneres, pues para los hombres era un delicado veneno adornado de bonitas palabras (lo normal).

En el escenario laboral muchos de mis colegas reconocen mi seriedad y en ocasiones, frialdad en el trato, marcando siempre las distancias y dejando en claro el rol de cada parte según el ejercicio o contexto donde nos encontremos. Con la señorita la finalidad y el trato era el mismo, siempre dejando las distancias y mi apoyo o rechazo a decisiones que se tomasen en el contexto meramente laboral.
A partir de un proyecto en particular ella comenzó a buscarme con más frecuencia que los favores que solía pedir, era evidente que en mis manos estaba una de las fases importantes de reestructuración de la empresa y el rol de la señorita le pedía que rindiera cada vez más resultados en una relación de tiempo a la que quizás la misma no estaba acostumbrada.

Primero me agregó al chat personal, luego por mensajería de telefonía móvil y así sucesivamente hasta invadir todo medio o canal de acceso de comunicación personal. Ante el panorama y haciendo uso de mi sentido común comencé por alejarle de mi con estrategias básicas de comunicación asertiva para Dummies.
Primero le pregunté cuando tenía tiempo para salir a tomarnos un café, por la calidad del proyecto me aceptó la invitación casi que al nivel de decirme que si era el caso, ella misma preparaba el café.  Salimos a un establecimiento local (la cafetería) y conversamos, me pidió el primer favor que ya sabía que iba a pedirme, con excusas y buenas evasivas superé tal presión, pero quedaba la estela de una nueva petición.

A la jornada siguiente me pidió otro favor, menos pretencioso que el anterior, pero favor es favor. Con disgusto pero siempre sonriente, le hice el favor, pero no le quedé debiendo el favor. Por mensaje interno le dije que la amaba, ella, un poco sorprendida me respondió que me quería mucho, que yo era un lindo. Las cosas estaban funcionando como yo lo necesitaba.  A la siguiente semana, le reiteré que la amaba, ella, con su sonrisa enmarcada con acento paisa me respondía nuevamente que yo era un lindo. Seguimos esa rutina un par de días más con la perseverancia e intensidad que solo mis amigos me conocen, y claro, las cosas se estaban dando como yo lo deseaba, ya la señorita no me buscaba, no me pedía favores, no me escribía pero seguía sonriente en su puesto de trabajo.
Se había conseguido otro labrador que le hiciera los dichosos favores y yo, bueno, yo seguí trabajando tranquilo sin tener a una bella compañera de trabajo con acento paisa (del Quindío) buscándome para que hiciera lo que según el manual de funciones, era su trabajo.

Una vez más, el amor había triunfado y consigo, las intenciones de quienes lo buscan o lo refunden. Es que es de este modo que siempre creemos que amar o ser amados es un acto de protección, de necesidades básicas y no, se debe de entender también que el amor o mejor, las luchas en nombre del amor (así como la guerra en nombre de la paz) son necesarias para conseguir resultados diferentes, para hacernos abrir los ojos ante sucesos de nuestra vida, ante problemas que se pueden prevenir, o simplemente ante el bonito ejercicio de complicarle un rato la vida a los aburridos que no entienden que reír es un ejercicio necesario.

Punto para el amor.


AV

2 comentarios:

Iván Sánchez dijo...

¿El respeto que uno se merece? me encanta como sutilmente se disfraza una necesidad emotiva en una formalidad derivada de la comunicación y atinente a un valor social.

¿Qué determina ese punto en que se ama al alguien? porque yo he sentido muchas veces que cuando lo he dicho ha sido mentira, y sin embargo encuentro que el verbo es usado con ligereza, porque se aman las fotos de alguien, se ama la comida que se ingiere, se ama realizar ciertas actividades, y por tanto el amor tiene tantos grados y variaciones, que no parece serio nunca cuando se dice, salvo que esté acompañado de toda una gama de gestos, símbolos y circunstancias que hagan esa comunicación real, vívida.

Sobre su amor de 140 caracteres, ya escribiré algo como el amor en los tiempos del Twitter...

Ya acabando de leer, si claro, el amor se anota muchos puntos, por repetición, por acción y por omisión; pero creo que antes que por amor, el mundo se mueve por la lujuria, por la pasión y por el odio...

PUNTO PARA EL AMOR.

Diego Guerrero dijo...

Es bonito aprender algo cada día. Hoy, por ejemplo, aprendí cómo no permitir que una mujer pretenda marranearme así, tan de seguido, tan olimpicamente.

(Refresca saber que has retomado el blog. Es grato leerte, siempre)